"Sanar"
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Mentiría si dijera que no le afectó nada de lo que pasó. Porque sí le afectó todo.
De igual manera, se retiró del aula de casilleros, suspirando la derrota que recién sufría ardorosamente. Por una parte, sentía alegría por su amigo, que se veía tan realizado, feliz, completo. Pero por otra parte, dolía saber que él nunca tuvo una oportunidad para ser el elegido por Midoriya.
Tal vez Todoroki se sienta así, supuso en su eventual retiro.
Bueno, pero Todoroki no tiene miedo a decir sus sentimientos a todo el mundo, añadió para confortarse. Ese tipo no tiene vergüenza de nada.
Por lo tanto, necesitaba alejarse de esos dos tercos, antes de sentirse peor de lo que ya se sentía.
Es por eso, y que con justa razón salió del aula.
Caminó hacia ningún lado en específico, puesto que no tenía una idea clara de lo que haría después de salirse de ahí. Aunque no se lo pensó mucho, porque cuando puso el pie fuera hacia las afueras de las instalaciones de la U.A. se percató de que si bien, no le haría nada de malo ir por un helado en pleno fin del otoño.
Al contrario, le vendría bastante bien comer algo que lo congelara por fuera, como por dentro. De cualquiera manera, sanar la herida tardaría mucho tiempo de enmendarse totalmente, mas no dudaba que terminaría por curarse, teniendo los amigos que tenía, teniendo el apoyo de su familia, su autoestima que rebosaba con fuerza, sus metas que eran grandes, entre tantas cosas que lo movían.
Realizó mientras caminaba hacia el puesto de helados, que sí podía vivir una vida sin Midoriya. Él sí podía superarlo. Realizó que sí podía vivir sin Midoriya. En cambio, Bakugou no podía vivir sin Midoriya.
Lo sabía porque lo había visto en persona. Lo comprobó en la forma en la que se desmoronaba si le decían que lo perdería.
El reflejo inaudito que ejercían los iris de sus ojos rojos, de contraerse en relación a un miedo desconocido. Un miedo que también podría ser bien conocido por él, mas uno que no se admitía. Porque Bakugou no admite nada. No admite sus sentimientos, ni siquiera frente a Midoriya, quien fue bastante sincero con él en su confesión.
Bakugou grita sus sentimientos a través de sus acciones, de sus gestos espontáneos, de las formas que cobraban sus ojos, de los movimientos de su cuerpo que buscan clemencia.
Opinaba con la más solemne sinceridad, que su amigo era demasiado orgulloso, cosa que aunque se consideraba un defecto, podría ser un producto de su ADN. Algo que está incrustado en su genética, porque de haber otra explicación para justificarlo.
Caray, no existía.
No existía…
No hay motivos para replicar su designación con relación a lo sucedido en las últimas semanas, mismas que le trajeron muchos conocimientos. Más que dolor y tristeza, le brindaron maduración. Es decir, tener el coraje para afrontarse a sus demás metas, que arredrarse en el pasado. Que sin misericordia lo trató. Ni con un guiño amistoso.
Kirishima se siente desconsolado, pero no se inmuta. No se entrega en la desolación que supone ver a Midoriya con su amigo.
Kirishima no se entrega, porque él no es un perdedor. Es un hombre que busca sacarle el mayor provecho a sus errores, porque de nada sirve lamentarse por lo que pudo y no pudo haber sido.
Él ya vivía el presente con el dolor de no haber dispuesto de una oportunidad, pero de haberla dispuesto, no hubiera experimentado lo que es enamorarse la primera vez.
Aquellos ávidos pensamientos circulaban sobre su cabeza como rehiletes. Lo abanicaban tumultuosamente contra la realidad que acaba de ver con sus propias pupilas.
De cualquier manera, salió de la U.A. pasando por los terrenos a los que recorría con Midoriya durante sus citas, que para Midoriya no eran citas, pero para él sí.
Para poder llegar a la tienda de helados a la que iba con Midoriya casi todos los sábados por la tarde, luego de entrenar o hacer la tarea. Tenía qué pasar por la secundaria Aldera, la misma que Midoriya y Bakugou asistieron.
Cabía mencionar que cada vez que pasaban por dicha secundaria, Midoriya se tornaba triste en su expresión. Había notado aquel detalle desde la primera vez que fueron. Mas no se atrevió a preguntarle sobre el porqué. Y quizás no tendría oportunidad para indagar sobre eso en algún futuro.
Pidió un helado de vainilla en honor a su primer amor.
Una opción no tan plausible si se está triste, pero el tiempo y los vestigios que acompañaron el sentimiento que lo devoraba, no eran la mejor compañía que pudiera solicitar en una situación así. Mas no contendría sus acciones y comería del helado.
Sus ojos divergieron a los alrededores, mirando con cierto desinterés a las personas que pasaban la tienda sin querer una probada de algo frío, sino que quizás optaban por algo cálido para calentarse.
Lo que no anticipó fue que hallaría a Todoroki sentado sobre una mesa, completamente solo.
Pestañeó en un intento de corroborar que su compañero de clases en verdad estaba ahí, en vez de ser un producto de su imaginación.
En cuanto lo divisó tal cual, realizó cuán solitario se veía desde atrás y cómo su cabeza gacha apuntaba a su helado de color blanco, del que supuso que era vainilla.
¿Será que él también se sentía tan triste como él?
No lo pensó, pues se acercó a Todoroki. Y tomó asiento frente a él.
El bicromático lo observó sin haberse inmutado con su presencia. Al contrario, lo vio como si fuera de lo más normal.
Todoroki asintió, sin tener un motivo para hacerlo.
Quizás era su costumbre asentir cuando alguien lo abordaba, pero eso no exhumaba que era un poco cómico, cuando lo hacía.
—Este lugar tiene buenas nieves— Comentó Todoroki, enseñando su helado blanco.
—Sí— Respondió Kirishima, un tanto sacado con la actitud del chico. —¿Vienes mucho aquí?
—A veces— Sopesó Todoroki. —¿Tú?
—Sólo he ido con Midoriya— Reveló él, consumiendo su helado que amenazaba con derretirse. Todoroki cabeceó en asentimiento. —Esta es la primera vez que vengo solo.
—También he venido aquí con Midoriya— Añadió éste. —Aunque he venido algunas veces solo. Últimamente me es habitual ir solo a muchas partes.
Kirishima asumió que se debía a su amor no correspondido por Midoriya, que frecuentaba los lugares a los que solían ir juntos, solo. Tal vez lo hacía como una manera de revivir el recuerdo, o, en todo caso crear uno nuevo.
Mas no se aventuró en asumir cosas de más, si apenas estaba conversando con alguien que no le era común frecuentar.
—¿A ti también te pasa?— Lo interrogó Todoroki.
—¿Qué cosa?— Frunció el entrecejo en desconcierto.
—Venir solo a muchas partes— Apuntó él.
—Pues, no— Contestó.
—Hm— Meneó la cabeza, intrigado. Comió de su nieve, colocando su atención en su labor. —Bueno, yo acostumbro a estar más tiempo solo que acompañado. Pero no es tan difícil como parece.
—¿Tú crees?
—Lo creo—Hizo una pausa, añadiendo:—Me gusta estar solo. No tengo problema con estar solo, aunque disfruto de la compañía de mis amigos. La verdad es que…— Suspiró. —Muchas veces prefiero huir del resto.
—¿Por qué?— Interrogó interesado en el punto.
La expresión estoica de Todoroki entristeció un poco.
—La persona que me gusta— Dijo. —No me corresponde. Y el remedio que me queda para sentirme mejor es permanecer solo con mis sentimientos, en lo que trato de sanar.
Kirishima guardó silencio, sabiendo que lo que dijo Todoroki es cierto.
—Estar solo es una manera de sanar— Manifestó Todoroki.
—¿Eso es lo que estás tratando de hacer?— Cuestionó Kirishima, frunciendo el ceño significando que estaba intrigado.
Todoroki asintió.
—Y tú también,¿no es cierto?— Le devolvió la pregunta el bicromático. Kirishima levantó una ceja, sin entender el sentido de la pregunta, por lo que añadió:—Tú también estás tratando de sanar—Pausa. —Sanar de Midoriya, porque no correspondió tus sentimientos.
—Ah— Dijo en reconocimiento, llevándose una mano a su nuca, en lo que seguía terminándose el helado. —Bueno— Se rió nervioso por ser interrogado sobre su vida amorosa, de la cual de 'amorosa' no tiene nada.
—¿Me equivoco?— Asumió Todoroki, tras haberse terminado el helado blanco y tirado a la basura que quedaba a unos cinco pasos lejos de donde estaban sentados.
Sin ninguna razón, se sonrojó furiosamente.
—No, no te equivocas— Admitió él.
—Eso significa que estamos tratando de superar que Midoriya no nos quiere de regreso— Manifestó el bicromático, con cierta resignación en su tono y su mirada. Antes de que él replicara, Todoroki irrumpió:— Bueno, yo de alguna manera sabía que era un imposible, porque sé que Midoriya quiere a Bakugou y que es mutuo entre ellos.
Kirishima se atragantó con el helado, mirándolo sorprendido.
—¿Cómo lo supiste?
—Por observación— Se encogió de hombros. —Bakugou es demasiado obvio con sus sentimientos. Me extraña que Midoriya no se hubiera dado cuenta en algún momento.
Esto hizo que Kirishima soltara una carcajada.
Al menos alguien había pensado como él.
—Yo pienso lo mismo— Concordó entre risas. —Me extraña que Midoriya no se hubiera percatado de lo obvio que es Bakugou. ¡Sus sentimientos están pintados en su cara! Solo falta que se tatúe sus sentimientos en su cara para que se dé cuenta.
—Dudo que ni con eso Midoriya se percate de los sentimientos de los demás— Comentó Todoroki, esbozando una ligera sonrisa. —No entiende las indirectas.
—Y, ¿desde cuándo sabes de que a Bakugou le gusta Midoriya?— Quiso saber, pues el tema de la plática se volvía interesante, como para marcharse tan rápido.
El bicromático hizo una mueca pensativa.
—Supongo que desde que los castigaron— Contestó sin mucho ahínco.
Parpadeó.
¿Desde hace varios meses se dio cuenta de que a Bakugou le gustaba Midoriya? Si él después de que los castigaron, no notó la diferencia en el trato mutuo. Menos lo notó en las miradas del chico explosivo hacia el pecoso.
Si que Todoroki prestaba más atención que él en muchos aspectos.
—Fue muy sencillo— Se animó a decirle. —Sólo bastó ver cómo Bakugou se ponía en aprietos cuando Midoriya se acercaba mucho; gritaba y trataba de alejarse. Le echaba la culpa a Midoriya de todo. Para mí es una actitud muy sospechosa, porque no te pones a la defensiva si alguien a quien consideras tu rival o amigo, se te acerca. Es común que entre amigos haya contacto.
—Cierto— Afirmó Kirishima, entendiendo su punto. —No me había fijado en eso.
—Entonces, observé detenidamente a Bakugou durante el tiempo que pasaba junto a Midoriya—. Prosiguió el bicromático. —Y fui notando patrones en su conducta que me incitaron a suponer que él gusta de Midoriya. Pero después ustedes me dijeron que lo cuidara porque no se juntarían con él y también noté muchas cosas— Hizo otra pausa. —Vi que veía mucho a Midoriya. Lo veía en todo momento, tanto que puedo decir que se me hizo bastante obvio que lo quiere con mayor intensidad que nosotros.
—Lo sé.
Dijo eso, porque sabía que eso era verdad. Pero más que ser cierto, sabía que Midoriya era una especie de capricho por haberse metido en donde no debía. Se inmiscuyó a una fuerza superior que la suya, y fue absorbido por el poder que tiene el pecoso. Un poder que ni el temido Bakugou puede resistirse.
El chico es casi un prodigio para conquistar corazones sin intentarlo. Si su quirk no era súper fuerza, sería el de atraer a las personas a su órbita sin mover un solo dedo.
Y quién sabe si ése era el quirk oculto de Midoriya.
Sin embargo, continuó conversando con Todoroki, quien parecía entender a la perfección sus sentimientos y su tristeza, puesto que sus palabras de consuelo servían para resarcir sus esperanzas y cosechar una sensación de alivio en su cuerpo que por un momento, juró que se había olvidado de lo sucedido en las pasadas semanas.
Una vez que él terminó el helado de vainilla, un gran peso de encima se esfumó de su espalda.
La tristeza se disminuyó un poco, y de paso, había hecho un nuevo amigo.
Lo que lo llevó a pensar que tal vez sanar de un amor no correspondido, no sería tan difícil como creyó que sería.
Pero sus pensamientos se vieron detenidos, cuando regresó a los dormitorios que fue abordado por Midoriya, quien lo esperaba en la entrada de las instalaciones con un aspecto preocupado.
Primero corrió a él, saludó a Todoroki, quien lo acompañaba, y después dirigió su completa atención a él, que no estaba del todo dispuesto a enfrentarse al sentimiento de desolación.
Mas Midoriya no lo dejaría ir sin dar pelea.
—¡Kirishima, escúchame!— Rogó el pecoso, juntando ambas manos en súplica.
Kirishima suspiró.
Esta no era la manera idónea para sanar, si el problema estaba frente a sus narices.
—Y, Bakugou, ¿dónde está?— Lo interrogó.
—Después de que te fuiste, Kacchan me dijo que estaba cansado— Expuso. —Y lo dejé en su habitación.
—¿Cansado?— Replicó extrañado.
Midoriya asintió.
—Eran las ocho y media— Repuso el pecoso. —Kacchan se duerme a las ocho. A veces a las ocho y media. Pero dijo que mañana podríamos hablar sobre lo que pasará entre nosotros.
—¿Qué significa eso?— Enarcó una ceja.
¿Qué no se supone que ya eran novios y estaban juntos ahora? No entendía qué es lo que necesitaban hablar si ya todo estaba solucionado.
Rabió un poco.
Bakugou es demasiado complicado.
—Es que no lo he pedido que salga conmigo—Explicó avergonzado. —Pero descuida, le pediré que sea mi novio. Kacchan se merece que el momento sea inolvidable.— Su vergüenza se difuminó de su rostro, cambiando a un semblante de disposición. —Yo creo que él ha pasado por mucho recientemente y que le cuesta dejarse querer por sus amigos; en especial por mi. Sé que Kacchan piensa que le tengo rencor por nuestro pasado, pero quiero hacerle saber que no es así. Que yo no le guardo rencor por nada. Al contrario, le estoy muy agradecido por haberme presionado tanto para llegar hasta donde estoy.
—Bueno— Respondió Kirishima, menos descompuesto que segundos atrás. —Eso es cierto.
Su comentario había sido dirigido a la hora a la que su amigo se dormía.
—Pero, eso no era lo que quería hablar contigo— Cambió el tema abruptamente, sobresaltando a Kirishima. —En realidad, yo quiero pedirte perdón— Inclinó el torso hacia adelante en una reverencia contundente.
—¿Eh?
Pestañeó.
—Yo he sido un pésimo amigo contigo, Kirishima— Continuó Midoriya en el mismo tono. —No he sido justo con tus sentimientos, tampoco he sido lo suficientemente inteligente para darme cuenta de lo que pasaba frente a mi y te he lastimado— Su voz se quebró en lo último.
—¿Por qué dices eso?— Repuso, sintiendo la energía que transmitía el chico con un tamaño descomunal que calaba hasta los huesos.
—Porque le dijiste a Kacchan que nunca tuviste una oportunidad conmigo— Se irguió de sus disculpas, mostrando sus ojos lagrimosos. —Yo lo siento tanto, Kirishima— Movió la cabeza a los lados. —Fui tan ingenuo. Tan distraído. Tan cruel.
—No— Repuso, acercándose a su lagrimoso rostro. —No eres cruel. Fuiste distraído, pero no lo hiciste con mala intención.
—Aun así— Jadeó entre sus lágrimas. —Aun así perdóname, Kirishima. Sé que no merezco tu perdón— Tosió. —Al menos quería que supieras cuán arrepentido estoy de mi comportamiento.
—Midoriya, está bien— Lo reconfortó, aún sabiendo que lo perdonaría por lo sucedido, pues no lo culpaba de nada.
Todo había sido culpa suya.
—Está bien— Dijo con mayor firmeza, obteniendo una mirada entristecida del pecoso.
—No, no está bien— Repuso, calmando su lloriqueo. —He sido tan cruel.
—Midoriya— Espetó Kirishima. —No eres cruel, entiéndelo. Es parte de tu personalidad, no tienes por qué cambiarla por lo que pase a tu alrededor— Tomó sus mejillas entre sus manos, notando en seguida lo frágiles y tiernas que se sentían al tacto. —Tú sigue siento tu—Manifestó. —No importa en dónde estés o lo que suceda. Sigue siendo el mismo Midoriya que conozco. El único que quiero.
—Kirishima— Musitó conmovido.
—Yo te quiero— Soltó la verdad con el disparate de que sabía lo que hacía. —Te quiero, Midoriya. Así que por favor no cambies. No te sientas responsable por los sentimientos de los demás. No hables mal de ti, porque me duele verte tan triste por algo que no hiciste.
Las lágrimas del pecoso pararon su curso, dando pie a su respiración acompasada con la suya. Se miraban fijamente.
—Entiendo— Dijo Midoriya.
—Yo te perdono, porque te quiero— Añadió, apretando el agarre de sus mejillas. —Sé feliz con Bakugou, no te detengas por mí o por nadie más. Hazlo feliz. Sólo tu puedes hacer feliz a Bakugou.
Midoriya iba a decir algo, pero lo interrumpió con un fuerte y firme:—Hazlo.
Que fue suficiente para que el chico guardara silencio y asintiera a su petición.
—Está bien— Aceptó Midoriya con una mirada de solemnidad.
Y antes de que cada uno se fuera a su respectivo dormitorio, Midoriya lo abrazó.
Fue un antídoto que absorbió abiertamente, sin restringirse de disfrutar su mero tacto sobre su cuerpo. Aliviando su espíritu. Sanando su dolido corazón que palpitaba todavía por él.
Lo abrazó, sabiendo que ésa había sido la única vez que se habían abrazado.
Y tal vez, la última.
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NOTA: Un capítulo triste, pero necesario.
Izuku ha tomado riendas sobre el asunto y por fin, deja de ser tan denso.
Todoroki teniendo un poco de aparición en la historia, luego de que sólo decía unas cuantas líneas.
