Está historia se desarrolla durante los eventos de la Gran Agitación,!dos años antes de que Adam se convirtiera en He-Man, tras los eventos de una cruenta batalla en una ciudad fronteriza del Reino de Tratvera, ciudad que ya no existe. En estas ruinas llameantes de lo que antaño fue una otrora gran ciudad comercial, un niño huérfano caminaba con la mirada perdida en la nada por las calles destrozadas y llenas de cadáveres de lo que antaño fue su barrio, su vida había acabado, todo cuánto amo y aprecio pereció en la llamas, ahora era poco más que una cáscara vacía movida por puro instinto sin siquiera saber que hacer o a dónde ir.
Si esto ya no fuera bastante malo ya de por sí, las patadas del destino volvieron a darle en la cara cuando se topo con unas criaturas arrancandoles la carne de los huesos a sus muertos con pura fuerza bruta antes de que se percataran de su presencia. Estos seres tenían la piel azúl como su amo, y al igual que el no tenían carne en sus cabezas dejando ver la totalidad de sus cráneos que parecieran el cruce entre un caballo, un ciervo y un ave. Estos seres al ver al niño agarraron sus armas hechas de los huesos de sus muertes y se empezaron a acercar rápidamente al niño para matarlo.
El joven no hizo el menor intento de escapar, ya no tenía motivos para seguir viviendo y tan solo espero por el frío abrazo de la muerte. Pero este nunca llego y en cambio algo embistió a estos seres y los hizo estrellarse contra un pilar que se vino abajo y los aplastó. Cuando el joven vio quien había provocado esto vio a un hombre de baja estatura con una camisa amarilla, pantalones verdes con taparrabos marrón peludo, botas grises con mecanismo de resorte incorporados y un casco rectangular que le dejaba ver su cara, el tipo parecia no tener cuello.
— ¡Malditos Skelecons, atacar a un niño desarmado, sin duda son poco más que bestias! —Exclamo el hombre—. Dime niño, ¿Cómo te llamas?
El joven no respondió, pero se le quedó mirando algo extrañado y curioso.
— ¿Te encuentras bien? —Pregunto el hombre.
Siguió sin responder.
— ¡Diosa, creo que estás roto, será mejor que te lleve con el viejo barbudo de Tarrak, tal vez el sepa que hacer contigo! —Dijo el hombre llevándose al chico del brazo.
Ya una vez fuera de la ciudad en un campo que estaba siendo usado para atender heridos, el hombre finalmente encontró a Tarrak.
— No puedo hacer nada por su mente, Ram-Man —Dijo Tarrak en una de las pocas veces que pone una cara sería.
— ¿¡Que, por qué!? —Quiso saber Ram-Man.
— Tan solo míralo, el niño es una cáscara muerta en vida de su antiguo ser, por más que intente arreglar su mente, el que alguna vez fue ya se ha ido, lo único que puedo hacer es borrar su mente para que inicie una nueva vida desde cero sin recuerdos de la anterior, y aún así corro el riesgo de terminar de romper su frágil psique —Explico apuntando al niño que no mostraba reacción alguna.
— No es justo —Expresaba deprimido Ram-Man.
— La guerra nunca es justa —Dijo Tarrak—. Entonces que dices, ¿Lo intento?
Ram-Man se quedó viendo al muchacho durante un rato mientras consideraba la idea de Tarrak, por un lado le disgustaba borrar a la persona que alguna vez fue, pues tenía la esperanza de poder ayudarlo, pero por otra estaba la posibilidad de nunca lograrlo, y con la memoria borrada podría crearse una nueva vida feliz. Ram-Man no sabía que hacer en este tipo de situaciones, el es el tipo al que llamas si necesitas romper algo, no tratar de ayudar a un niño traumatizado, pero tampoco quería abandonarlo. Cuando por fin se decidió y empezaba a alzar la cabeza para hablar con Tarrak noto al ver al niño que algo le sucedía en los ojos, un brillo efímero cruzó por sus apagados ojos durante un breve instante. Si bien eso pudo haber sido simplemente el reflejo de la luz, Ram-Man lo tomo por la otra probabilidad.
— ¡Ya verás, viejo, te demostraré que puedo ayudar a este niño a recuperarse sin borrar su mente! —Exclamo Ram-Man lleno de convicción renovada.
— Mi oferta seguirá en pie en caso de que te arrepientas, ¡Paz! —Exclamo antes de irse a volver a curar a los heridos.
— ¡Ya verás, niño, te ayudaré cueste lo que cueste! —Juraba Ram-Man apuntandole al niño.
El chico solo se le quedó mirando extrañado por lo que estaba haciendo, pero considerando que estás breves muestras de conciencia era la una reacción que tenía a estímulos externos fue visto por Ram-Man como señal de que aún no está perdido.
Cinco años después.
Los años habían pasado, y aunque Ram-Man no había logrado que el muchacho hablara si había logrado que empezará a reaccionar a su entorno y empezará a mostrar destellos de emociones, cosa que estaban demostrando que Ram-Man tenía razón, cosa que sorprendió a Tarrak.
— Debo decirlo, realmente no esperaba que llegaran tan lejos —Expresaba Tarrak viendo cómo Ram-Man entrenaba al chico en el manejo del hacha en el patio de entrenamiento del Palacio Real de Eternos.
— Quien diría que el cabeza de ladrillos de Krass tenía madera de papá terapeuta —Dijo Buzz Off.
— Supongo que no podemos juzgar un libro por su portada —Dijo Hawke.
— Muy bien chico, lo has estado haciendo bien, por lo que creo que es hora de pasar al siguiente nivel —Decía Ram-Man sacando algo de una caja muy grande—. Viendo que en estos cinco años ya me has sobrepasado en altura, y puede que crezcas mucho más, me he tomado la libertad de mandar a hacer esto.
Y saco un casco bastante parecido al suyo pero más grande, que al probarlo en el chico le quedaba grande, pero como bien había dicho estaba hecho para que le quedará conforme fuera creciendo.
— ¿Nos perdimos de algo? —Pregunto el Príncipe Adam llegando junto al Príncipe Dakon y Teela.
— Krass planea convertir al niño que adoptó en otro Ram-Man —Respondió Buzz Off.
— ¡Genial, ahora tendremos dos cabezas de ladrillos que vayan por ahí rompiendo todo a cabezasos! —Expreso sarcásticamente Teela.
— No seas así, Teela, me parece un lindo gesto por parte de Krass el querer ayudar a ese niño —Dijo Dakon poniendo sus manos detrás de su cabeza para relajarse.
— Además, tampoco viene mal tener otro demoledor en el equipo, Ram-Man ya hace bastante daño a las Huestes de Skeletor por si solo, si tenemos dos significaría más daño a sus huestes —Señalaba Adam.
— Bueno, si lo pones así —Dijo Teela medio avergonzada y sonrojada al mismo tiempo que su reacción provocaba lo mismo en Adam.
«¡Solo besense de una vez!», pensaron todos.
— ¿Y que te parece, te gusta? —Ram-Man sabía que no le respondería y aún así lo dijo porque consideraba importante decirlo—. Bueno, ya va siendo hora de practicar la embestida.
— Gr-gracias… Kras… Krass —Agradecio el chico.
De pronto todas las miradas si posaron incrédulos sobre el muchacho al oír sus primeras palabras en cinco años. En especial Ram-Man, quien no pudo contener las lágrimas al oír su voz y procedió a abrazarlo fuertemente.
— ¡Vez barbudo, te dije que podía lograrlo! —Exclamo Ram-Man apuntando a Tarrak mientras reía descontroladamente.
— No me va a dejar olvidar eso, ¿Verdad? —Pregunto Tarrak.
— Ve haciéndote a la idea de que va a restregar eso en tu cara cada que tenga oportunidad —Le hizo ver Adam.
Dos años más tarde.
Ram-Man y el chico mucho más recuperado, quien había revelado que su nombre es Orm, estaban huyendo de una oscura cueva repleta de Abominaciones con forma sobras Humanas que les arrancaban los corazones a las personas, luego embistieron cada uno una parte de la entrada para colapsarla.
— ¡No vuelvo a entrar a lugares oscuros, No vuelvo a entrar a lugares oscuros, No vuelvo a entrar a lugares oscuros, No vuelvo a entrar a lugares oscuros! —Repetía sin cesar Orm.
— ¡Lo mismo digo! —Dijo Ram-Man.
Desde ese día ambos desarrollaron un intenso miedo a la oscuridad.
Dos años más tarde.
Orm ahora mucho más crecido y vistiendo un traje parecido al de Ram-Man pero con la camisa roja, había quedado atrapado junto a varios Amos del Universo dentro de un templo mientras He-Man y Ram-Man peleaban contra los Guerreros Malvados afuera.
— ¡Genial! ¿Y ahora como salimos? —Quería saber Teela mientras veía la entrada derrumbada frente a ella.
— Esa era la única entrada, y todas las ventanas son demasiado pequeñas —Señalaba Mekaneck.
— Por no olvidar que el techo está cubierto de plantas devora hombres —Mencionaba Stratos.
— Sin mencionar que los gases tóxicos de abajo pronto llegarán aquí —Avisaba Dakon.
— ¡Tranquilos, gente, usemos la cabeza! —Dijo Orm apuntando a su cabeza.
Todos entendieron y tras unos dos minutos de constante carga lograron romper una pared usando a Orm como ariete Humano para salir de ahí y ayudar a sus compañeros.
— ¡Ese es mi muchacho! —Exclamo con orgullo Ram-Man al verlo mientras se enfrentaba a Clawfull.
Un año más tarde.
La Gran Agitación finalmente había acabado, pero no sin grandes perdidas, como la Ciudad de Eternos ahora reducida a un montón de ruinas, varios Amos y Guardias muertos en acción y muchos más severamente heridos para poder seguir combatiendo. Tal fue el caso de Ram-Man, quien perdió la movilidad del cuerpo tras quedar aplastado por un edificio que colapso sobre el durante la Caída de Eternos y ahora estaba postrado en una cama con Orm a su lado.
— ¡Krass, lo siento, si hubiera sido más rápido nada de esto estaría pasando! —Se lamentaba Orm.
— No te preocupes, estabas haciendo tu deber al salvar a esa familia y eso me llena de orgullo —Le tranquilizaba Ram-Man.
— ¡No puedo, no quiero volver a pasar por lo mismo de hace díez años, por favor no te mueras! —Suplicaba Orm.
— No voy a morir, pero mis días de embestir se han terminado, el doctor dice que incluso si recupero la movilidad de mi cuerpo la volvería a perder su lo sobreesfuerzo, así que hasta aquí llegué como Ram-Man —Explico Krass—. Pero por otro lado eso significa que tú viaje como Ram-Man recién empieza hoy.
— ¿Me estás diciendo que me heredas el título Ram-Man? —Pregunto Orm—. No sé si estoy listo para ello.
— Lo estás, lo has demostrado durante todos estos años, estás a la altura, y hablando de altura, eres un gigante más fuerte de lo que alguna vez podría llegar a ser, tú no necesitas resortes en las botas para impulsarte, ya puedes hacerlo por ti mismo, estoy seguro de que serás un mejor Ram-Man que yo, confío en eso con el corazón —Afirmo Krass.
— Si ese es el caso, tomaré el título y te juro que seré el mejor Ram-Man de toda Eternia —Prometía Ram-Man entre lágrimas.
— Se que lo vas a ser —Expreso Krass su confianza hacia su hijo adoptivo.
Y así fue como un nuevo Ram-Man se unió oficialmente a las líneas de los Amos del Universo y continuaría luchando junto a He-Man y su futuro hijo, He-Ro, en pos de salvar a todos en Eternia como lo hizo aquel quien lo salvó tiempo atrás. El continuaría con su legado, el legado de la embestida.
