VI

Lo que había hecho era terrible, probablemente lo más egoísta que había realizado – y eso era mucho que decir. Los ojos inyectados en rojo de Courtney observaron como Duncan soltaba violentamente el agarre de su mano; el muelle se sacudió mientras el moreno se levantaba de su orilla. La sensación de libertad y empoderamiento que embriagó a la mujer durante cortos segundos se desvaneció junto a la figura del hombre que, admitió, seguía amando.

Lo que había hecho era terrible, e incluso hoy, no sabía si la fuerza que la había poseído aquella vez para correr tras él y detener su andar con un abrazo, había surgido de la culpa o el miedo. Ella, sinceramente, le apostaba a ambas.

— Basta — exclamó.

Hundió su cabeza en la chaqueta de cuerina de su acompañante, esnifando el olor plástico que esta expelía. La espalda de él era amplia y fornida y, sin embargo, sus débiles brazos lograron contenerlo y calmar su errante caminar.

— Suéltame — le ordenó.

Ella negó repetidamente, hundiendo aun más su rostro contra su espalda.

— No — repitió —, es suficiente.

Y fue en ese momento, mientras el atardecer caía sobre sus hombros en la solitaria playa, que Duncan se permitió perder el control y llorar, siendo sostenido por la chica tras de él. Sus lágrimas caían sin control, inundando su rostro hasta llegar a la comisura de sus labios; el sabor salado de estas le permitía volver en sí mismo y abandonar la pesadilla de culpabilidad y desesperación que parecía sobrepasarlo. Podría estar muriendo ahí y ahora y, sin embargo, no habría caído en ello en absoluto.

— Está bien — la chica arrullaba su llanto —, todo está bien, ¿sí?

Aunque fuera mentira. Aunque Duncan supiera de corazón que era una maldita mentira, se permitió acallar sus hipidos de rodillas en la arena mientras era acunado por el cálido pecho de su compañera. Y si la rabia, la impotencia y el miedo fueran un momento, él sin duda habría dicho que era precisamente ese.

— Era un niño — escuchó un susurro contra su oído —, nuestro hijo era un varón.

— ¿Qué?

Ella soltó una melancólica risa.

— Alejandro dijo que tenía tus ojos. Yo sinceramente no lo recuerdo, solo pude disfrutar un par de minutos a su lado — dijo la castaña, mirando al cielo —, pero creo que nunca sentí felicidad igual.

— Pero ahora…

— Vivo con ello, porque algún día podré volver a estar con él, ¿no?

Le sonrió. Como si su sonrisa, maravillosa y llena de vida, de alguna forma tratara de convencerlo de que en realidad no estaba muerta por dentro. Y es que Courtney, la desfallecida mujer que yacía a su lado contándole cuánto amó al hijo de ambos, era la mejor persona – en su opinión – que existiría jamás. Porque ella ciertamente tenía el derecho de odiarlo con cada fibra de su corazón y, sin embargo, seguía allí, acariciando su cabellera morena como si mereciera consuelo alguno.

— Puedo protegerte — le dijo. Ella volvió a sonreír.

— No necesito que me protejas. Ni tú, ni nadie — aclaró —, esta es mi lucha y mi destino.

— Estás demente si piensas que dejaré que alguien te haga daño después de lo de hoy. Pueden irse todos al mismísimo carajo excepto tú.

Duncan sabía que la chica esperaba a su agresor porque el morir podía devolverle la dicha de reencontrarse con su hijo – o no. Duncan sabía que los demás lo sabían, y que, probablemente, todos estaban en ese preciso lugar para evitarlo.

— ¡Campistas!

La conversación se vio interrumpida por el altavoz tras ellos.

— ¡La cena de bienvenida está a punto de comenzar! Si no están todos en el comedor en cinco minutos, me encargaré personalmente de patear sus traseros hasta acá.

Courtney le sacó la lengua juguetona.

— Es hora de irnos.

— Esta conversación no ha terminado.

Ella soltó un resoplido.

— No quiero seguir discutiendo sobre algo que no se puede cambiar — sentenció —, ¿no podemos fingir solo por el fin de semana que somos unos tontos adolescentes en un campamento de verano?

Él la miró como si hubiera dicho la estupidez más grande del mundo – era verdad –, pero, finalmente, soltó un suspiro y asintió, dirigiendo el camino hacia la construcción que Chris había denominado como "hotel principal".

— Ah, ¡hasta que llegaron por fin! — exclamó Chris apuntando a la pareja —, me pregunto qué cosas estarían haciendo a solas.

Su risa resonó en el campo abierto. El resto de los miembros permanecían en silencio, tratando de ignorar el atrevimiento del socialité.

— Bah, público difícil — dijo poniendo los ojos en blanco — en fin, tropa de aburridos, espero que estén preparados para su primer desafío.

Todos se miraron entre sí. ¿De qué mierda estaba hablando?

— Eh, yo no firmé para eso — dijo Gwen arqueando una ceja —, estoy segura de que en la invitación decía "reunión".

— Y yo estoy cien por cien seguro que dijiste que era hora de cenar — esta vez fue Owen quien alzó la voz para recriminarlo.

El aludido sacó su móvil del bolsillo. Carraspeó su garganta disponiéndose a leer.

— "Al aceptar esta invitación se presume la autorización a Mclein Studios para la producción y transmisión en vivo de la temporada especial de la franquicia de Total Drama: "Total Drama: La reunión", así como la obligación de participar y cooperar en las distintas modalidades que dicho reality show establezca. Mclein Studios no se hace responsable del daño físico o moral que pudiera afectar a los participantes" — y, en cuanto terminó su discurso, apuntó a un arbusto tras de sí, del cual salió una enorme cámara —, ¡bienvenidos a la televisión en vivo, chicos!

Un gemido ahogado salió de la multitud. Más cámaras y aparatos de sonido emergían de escondites en el bosque, la mayoría apuntando a Duncan y Courtney. Instintivamente, Bridgette se posicionó frente a ella, intentando en vano protegerla de la intromisión de la telerrealidad.

— Mclean, esto no era parte del trato — amenazó la rubia —, tu sabes muy bien lo que esto implica.

Él se encogió de hombros.

— Esto implica que habrá un desafío que será transmitido en vivo para todo el mundo en un par de minutos. Y que el que se rehúse a llevarlo a cabo tendrá que largarse de aquí.

— ¡Tú sabes muy bien por qué estamos aquí! — gritó Bridgette nuevamente. Duncan suspiró aliviado al dar por probada su teoría —, acordamos cuatro días en el campamento, sin cámaras.

— ¡Oye, yo no acordé nada! Lo que hayan discutido mis agentes con quien-sabe-quién no me interesa. Ese contrato dice lo que dice y toca obedecerlo, ¿no?

La surfista rechinó los dientes del enojo, mientras Geoff a su lado trataba de calmarla con suaves palmadas en su espalda. Los demás permanecían en silencio mirándose unos a otros. Todos – menos, claramente, quienes no estaban enterados de la situación de Courtney – sabían que este encuentro había sido acordado para que Jay le perdiera la pista por algún tiempo.

La morena, aun aferrándose a la fría mano de Duncan, había comenzado a inhalar pesadamente. Sabía que si Jay la veía en televisión, sería cosa de tiempo para que él llegara hasta el lugar a buscarla. Miró a su alrededor, a sus excompañeros visiblemente consternados, preocupados ya no solo la seguridad de la chica sino también de la propia. Miró a Heather, a Bridgette, a Noah. Posó su vista sobre todos y cada uno de ellos, que ahora corrían peligro por su culpa.

Su maldita culpa. Otra vez.

— Me largo — exclamó ella —, trae tus botes de vuelva o lo que sea. Me voy a casa.

Todos la miraron. Bridgette a su lado tocó su hombro, ella rechazó el contacto, molesta.

— Eh, claro que no — dijo Chris frunciendo la nariz —, creo que tu sabes mejor que nadie lo que implica la violación de este contrato.

Ella, enfurecida, soltó la mano del moreno, quien aun se encontraba atónito ante la situación. Se acercó lentamente hasta el cuarentón, y lo empujó hacia sí agresivamente por el cuello de su camisa.

— No me importa. Tú sabes que no me importa. Tráeme uno de los botes de vuelta o ya sabes quién vendrá — exclamó, pronunciando perfectamente cada palabra —. Tú sabes lo que va a pasar, Mclean.

— Y tú sabes que eso a mí no me interesa, Courtney — le respondió con una sonrisa — todos accedieron voluntariamente a venir aquí. ¿De verdad quieres hacer un escándalo frente al mundo? Recuerda que no tienes una muy buena reputación allá afuera…

Las cámaras nuevamente la apuntaron. Recordó las crueles palabras que había leído en redes sociales sobre ella durante todos esos años, las miradas cómplices de la gente en la universidad, los dedos apuntándola por la calle. Personas que no tenían idea – ni la más mínima idea – de todo lo que había sufrido, ni siquiera de lo que estaba peligrando en esos precisos momentos. Y ella lo había permitido, otra vez. Su vida nuevamente no era suya, le pertenecía al espectador, le pertenecía a aquella persona que la iba a encontrar.

Gwen, desde el otro lado del comedor, vio como Courtney palidecía. Carraspeó un poco, tratando de enfocar la atención de las cámaras en ella.

— Bueno, ¿y qué es este desafío de mierda que quieres que hagamos? — alzó la voz. Los demás la miraron como si fuera estúpida —, ¿qué? Ya estamos aquí, después de todo.

Claramente ella tampoco estaba preparada para esas tonterías; ya era una señora mayor, después de todo. Pero, aun sin entender lo que sucedía, supo que tenía que tratar de ayudar a la castaña como pudiera. Tener un ataque de pánico frente a todas esas luces y cámaras no debía ser para nada agradable, pensó.

— Ah, mi gótica favorita viene a salvar el día, verás…

El desafío había sido una mierda, tal como Gwen había predicho. Al finalizar el primer día ya casi un cuarto del grupo había sido eliminado. Desde luego, nadie había abandonado la isla, pero Chris les explicó que no tendrían igual de tiempo en pantalla que los demás. Genial.

Trent yacía sentado en la banca de los perdedores junto a Sadie, DJ, Justin, Beth y Owen. El resto habían adelantado camino a la cabaña en la que dormirían por los siguientes tres días. Sus ojos, pesados por el cansancio, comenzaron a cerrarse lentamente. Quizás esta no había sido una muy buena idea después de todo. Sus compañeros lo miraban como si tuviera la lepra y nadie, además de Gwen, le había dirigido la palabra desde que llegó. Había visto muchísimos capítulos sobre reuniones en telerrealidad: probablemente este sería el peor de ellos.

Abandonó el lugar apretándose el entrecejo, mientras el resto lo seguía inquisitivamente con la mirada.

— ¿Qué vamos a hacer? — preguntó DJ —, creo que deberíamos decirles. Después de todo, corremos peligro aquí. Incluidos Trent y Gwen.

— No creo que sea una buena idea — apuntó Sadie —, Bridgette me dijo que Duncan ya sabe. Creo que con un imbécil dispuesto a morir por Courtney ya basta y sobra.

— Pero no es justo. Todos sabíamos a lo que veníamos menos ellos.

— No hables estupideces. Ni Courtney ni Bridgette sabían lo que planeábamos. Estoy seguro de que si les hubiéramos dicho no estaríamos aquí, en primer lugar — Justin tomó la palabra —, y, sinceramente, creo que habrían tenido razón

Beth le pegó un codazo.

— Claro que no. Sería exactamente igual, idiota. Jay ya estaba en Ontario para el momento en que Chris envió las invitaciones. Era cosa de tiempo que la encontrara. Por lo menos aquí le hemos dado un poco más de tiempo.

— ¿Tiempo para qué? ¿para que llegue aquí y la mate? ¿después qué sigue? ¿que nos mate a nosotros? Esto no es un estúpido programa de televisión. Es la realidad, Beth.

Los cuatro se encogieron en la banca. Ninguno recordaba cómo fue que se metieron en esta terrible situación, pero todos – todos – estaban de acuerdo en que no podían quedarse ajenos. Que si la ley o la jurisdicción no estaban a favor de Courtney, ellos sí lo estarían. Pero, ¿sacrificar sus vidas por eso? Jay era un hombre peligroso y la mayoría se había enterado muy tarde. Ellos no habían firmado para esto.

— Estoy seguro de que Heather tiene un plan — Owen alzó la voz, optimista —. Estoy completamente seguro de que esta historia tendrá un final feliz.

Pero, ¿sería verdad?

La figura que observaba, pensativa, tras el arbusto no lo tenía del todo claro.