Disclaimer: todo lo que reconozcáis pertenece a J.K. Rowling. Lo demás (trama, personajes originales...) pertenecen a Ada P Rix.


CAPITULO SIETE


Hermione se alabó a sí misma por sus nervios de acero. También se dio cuenta de que tendría que agradecer a Ginny y Alice su pequeña y malvada idea que había resultado tener increíbles resultados.

En un principio, no tenía la intención de disfrutar tanto de esto. Se suponía que iba a fomentar su confianza en sí misma y quitarle de la cabeza cualquier pensamiento negativo sobre Malfoy diciendo algo cruel sobre su cuerpo. Pero lo que no había previsto era su reacción a la reacción de él, que había sido... bueno...

Caliente.

La mirada que le dirigió, si no se equivocaba, fue de absoluta adrenalina y... ¿necesidad? Dudaba que fuera algo más que el shock de verla en ropa interior verde... pero esa mirada intensa había vuelto y no sabía cómo lidiar con ella.

El verde había sido idea de Ginny.

Después de que Hermione finalmente les dijera que se sentía un poco violada por el reciente asunto de la vista de Malfoy, y que probablemente les contaría a todos sus amigos Slytherin lo mal que lucía en ropa interior, a Alice se le ocurrió un pequeño y travieso plan.

― ¡Esto es genial! Tienes que vencerle en su propio juego, Hermione ― Gritó con entusiasmo ― ¡Ponte algo que lo deje muerto si te ve mañana!

Hermione sacudió la cabeza.

― No, no seré cosificada por...

― Oh, por el amor de Dios, Hermione ― dijo Ginny en un tono exasperado ―. No te estás cosificando a ti misma. Le estás haciendo saber que conoces su truco y que, si quiere mirarte, no verá nada más que una bruja segura de sí misma y de su cuerpo.

A Hermione seguía sin gustarle la idea, pero jugar al fuego con fuego era la única forma de ganar esta vez, ¿no?

Y ese verde le quedaba bien.

Era un encantamiento, por supuesto. No tenía ropa interior verde, así que esa noche se dispuso a convertir algunos de sus propios conjuntos en ese rico color esmeralda, listos para el día siguiente.

Ginny y Alice se sentaron más alejadas de ella en la mesa del desayuno para ver la expresión de Malfoy desde el otro lado de la habitación. Hermione podía verlas parloteando y riéndose entre ellas, sabiendo que estaban disfrutando de la incomodidad de Malfoy tanto como ella.

Con lo que no había contado era con la mirada de sus ojos. Se había propuesto ser atrevida y desafiante. Si quería criticarla o decirle lo fea que era, estaba preparada para el combate.

Pero lo que decían sus ojos era muy distinto. Lo que sus ojos le decían era que si no estuvieran separados por las mesas, la tiraría al suelo y...

Dios... eso no podría ser cierto, ¿no?

Lo vio apartar la mirada y ese pequeño hechizo bajo el que parecía estar por un momento se rompió. Miró a Ginny y Alice que le ofrecieron un silencioso aplauso. Hermione sonrió y sacudió la cabeza, decidiendo dirigirse a clase de Pociones.

Esta vez tenía que llegar pronto.


La erección número doce del día apareció antes de que llegara a clase de pociones. ¿Era posible que su polla empezara a irritarse por tener erecciones tan frecuentes?

Josie Wainright estaba delante de él, balanceando y agitando el culo al caminar. Una vista verdaderamente gloriosa.

Pero el andar de Granger...

¿Te puedes ir a la mierda? Se quejó internamente. No necesitaba que le recordaran el andar de Granger, ni sus largas piernas, ni sus magníficas curvas, ni la forma en que esos dos hoyuelos en la parte inferior de su espalda le hacían querer estirar la mano y...

No.

No habrá absolutamente ningún tipo de acercamiento.

A menos que fuera ella la que extendiera la mano para ponerla en su...

― Joder ― Se regañó a sí mismo. Intentó controlarse mientras bajaba por los mismos escalones en los que Granger lo había atrapado. Sólo que ahora esos mismos peldaños repetían la fantasía del primer día y estaba de vuelta en el punto de partida.

Para cuando entró en la clase de pociones, su erección era feroz. Se sentó incómodamente en un asiento disponible, sus dos compañeros idiotas sentados a su izquierda. Agradecía que le dieran un poco de espacio para poder aclararse.

Hasta que miró a su derecha y allí estaba ella, sentada en la mesa junto a la suya.

Oh, esto no iba a salir nada bien.


Iba a explotar.

Nunca en su vida había sido tan importante su autocontrol. Pero hoy de todos los días ese mismo autocontrol parecía haber hecho las maletas, le sacó a Draco el dedo corazón y le dejó solo con sus pensamientos impuros y francamente sucios.

Ella sabía lo que le estaba haciendo.

Sentada ahí, fingiendo estar totalmente concentrada en su trabajo pero de vez en cuando se pasaba una mano por el muslo o se echaba a un lado sus largos rizos marrón claro y exponía su precioso cuello.

En un momento dado, podría jurar que había visto una sonrisa en sus labios. La muy zorra. Especialmente cuando se giró hacia él ligeramente mientras movía sus piernas y cruzaba la otra. Draco emitió un gemido silencioso pero gutural al volver a ver sus pechos. Esas bestias fantásticas... y él sabía dónde encontrarlas.

Vaya chiste de mierda, colega...

A la mierda, esta era su fantasía.

Estaban perfectamente apretados contra ese delicioso sujetador esmeralda que se había puesto para él. Que ELLA se había puesto para ÉL. Oh, era simplemente exquisito. ¿Tal vez buscaba una confrontación? ¿Quería que le preguntaran al respecto?

¿Tenía él la fuerza de voluntad para mantener una conversación con ella sin correrse en los pantalones?

Santo cielo, ¿a qué había llegado su vida?


Hermione se quedo en el aula para evitar la multitud. Guardó sus libros lentamente y tratando de evitar las miradas que le dirigía Malfoy, que también se había quedado en la clase y se estaba tomando su tiempo.

Se sentía algo inquieta porque Malfoy no le había quitado los ojos de encima durante toda la clase de pociones. Sabía que no era con desagrado, porque los ojos de nadie se pueden sentir tan concentrados en tu cuerpo y hacerte sentir empoderado.

El verde había funcionado definitivamente.

Estaría mintiendo si no hubiera probado su teoría sólo para ver qué tipo de reacción, si es que hubiera alguna, obtendría de él. Por eso se puso a hacer pequeños gestos como pasar las manos por los muslos o mover el culo en su asiento como si quisiera ponerse cómoda. En un momento dado le oyó hacer un pequeño ruido y le gustó la idea de que estuviera incómodo.

Pero ahora era una situación totalmente diferente. Porque ahora estaban solos en un aula y de repente, sintió que esa confianza podía abandonarla.

― El verde te sienta bien, Granger...

Su espalda se tensó ante sus palabras y se enfrentó a él, tratando de poner una cara valiente.

― Oh, ¿esto? Es sólo algo que tenía por ahí ― le contestó ella casualmente, tirando ligeramente de la tira del sujetador y viendo cómo sus ojos se fijaban en ese lugar ―. ¿Te gusta, Malfoy?

¡Whoa! ¿De donde había salido esa chispa de confianza? Se suponía que sólo quería fastidiarlo un poco.

Podía decir por su expresión y la forma tensa en que mantenía su cuerpo que estaba librando una batalla interna. No podía dejarla ganar. Nunca la dejaba ganar sus guerras.

Entonces se acercó a ella, su determinación desmoronándose en su comportamiento.

― Tengo que reconocer que es mejor que el melocotón... ― sus palabras salieron con dificultad. Realmente estaba librando una batalla contra su voluntad con... lo que sea que le pasara.

Hermione se apoyó en el escritorio, sus manos descansando a ambos lados de ella en los fríos bordes del mismo. Si él quería un desafío, ella le daría uno.

― Es seda también, si quieres echar un vistazo más de cerca... ― se mordió el labio y lo miró con los ojos entornados.

Esperaba que él se burlara, se diera la vuelta y se fuera; eso significaría que ella había ganado esta ronda.

Pero el siguiente minuto más o menos era todo un poco borroso, siendo sincera.

No esperaba que él se metiera completamente en su espacio y se cerniese sobre ella. No esperaba que él pusiera sus manos a cada lado de ella, atrapándola. No esperaba que su frente se apoyara sobre a suya suavemente y desde luego no esperaba ver la expresión de frustración y sufrimiento en sus ojos hasta que los cerró.

Podía sentir su aliento en sus labios. Ambos estaban respirando con dificultad y aunque apenas se tocaban de la cintura para abajo, ella sabía que él estaba excitado.

¿Por ella? ¿Por la situación en la que se encontraban? ¿Por la frustración sexual reprimida que estaba soportando sin duda alguna?

No lo sabía. Tal vez una mezcla de todos ellos. Y todo lo que ella había hecho era avivar las llamas y atormentarlo aún más.

― Malfoy...― finalmente suspiró silenciosamente. Todo lo que hizo él fue gemir silenciosamente para sí mismo, manteniendo los ojos cerrados. Estaba luchando consigo mismo, a lo grande.

― Necesito ayuda...― finalmente respondió después de unos segundos. Era una respuesta gutural, se notaba que le había costado mucho admitirlo.

Con una confianza que nunca supo que tenía, Hermione decidió que eso era exactamente lo que iba a hacer. Ayudarle, porque en ese momento ya había sobrepasado su capacidad de ayudarse a sí mismo.

¿Por qué? Ya lo pensaría más tarde.

Sus ojos se abrieron de golpe y la miró con sorpresa cuando sus caderas se arquearon un poco y se encontraron con las suyas. Sintió su erección a través de su túnica, y un pequeño gemido se escapó de sus labios al contacto. Echó las caderas ligeramente hacia atrás y repitió el movimiento, esta vez con más suavidad y girando las caderas ligeramente hacia él para que pudiera sentir el impacto justo donde lo necesitaba.

― Joder...― jadeó de forma silenciosa, mirando hacia abajo al punto donde se conectaban sus cuerpos. Sacó la lengua para mojarse los labios y parecía estar a punto de perder el poco autocontrol que le quedaba.

Ella lo hizo de nuevo, pero esta vez él le dio un pequeño empujón, comenzando una sesión de sexo por encima de la ropa.

― Granger...― se las arregló para gruñir peligrosamente, mirándola a los ojos y buscando algún tipo de permiso.

Los ojos de ella le dieron la lujuriosa y peculiar señal que necesitaba antes de que su frente dejara la de ella y su cabeza se inclinara hacia abajo y se apoyara en su clavícula.

Sus manos habían dejado el borde de la mesa y ahora rozaban las caderas de ella, con un ligero roce que provocó un pequeño incendio en Hermione para el que no estaba preparada.

Sus ingles se rozaban entre sí de forma vertiginosa. Ella sabía que no debía sentir esto por él, pero era imposible resistirse ahora ya que ambos buscaban algo en el interior del otro que avivara las llamas. Hermione sintió que la mano de Malfoy levantaba su pierna, lo que sólo lo acercó a su centro y la sensación de él presionado contra ella era casi demasiado.

Sintió que sus labios recorrían su clavícula, sus dientes mordisqueando de vez en cuando y no pudo evitar dejar que su cabeza se echara hacia atrás para recibir su caricia.

Él se frotaba con una fuerza letal contra su centro, la sensación de su polla deslizándose contra su feminidad era maravillosa. Hacía pequeños gemidos contra su piel mientras aceleraba el ritmo. Ella tenía los ojos cerrados pero podía notar que él la había mirado brevemente.

¿Qué aspecto debía de tener con la espalda arqueada, la cabeza echada hacia atrás y los ojos cerrados por el placer? Draco seguramente pensaba que su aspecto tan excitada no era atractivo.

― Oh, mierda, no...― gimió él en su oído.

Hermione sintió cómo Draco se estremecía. Luego sintió cómo se tensaba el agarre a sus caderas y muslos drásticamente. No abrió los ojos, pero sintió como la soltaba tras calmarse. Momentos despues, el movimiento de su túnica le dijo que se había alejado.

Cuando abrió los ojos, él se había ido.

Y de repente, la confianza en sí misma que tenía hacía unos momentos también se había ido.