VI

Olvidada en la Nieve


.


—¿A dónde han ido? —preguntó Dégel, todavía algo enojado y un poco incómodo, a Albafica.

Cuando bajó a Acuario y no encontró a Lady Seraphina, Dégel tuvo que volver a Piscis intuyendo que la mujer del doceavo caballero había metido las manos (de nuevo) donde nadie la mandó a hacerlo. Siendo franco, Dégel no quería verse obligado a hablar con Albafica después de lo ocurrido anoche. Al menos no ahora.

Pero, si tenía que hacerlo lo haría.

—Fueron por algo de ropa para ella —respondió Albafica con seriedad—, no esperabas que usase la ropa de Agasha durante su corta estadía aquí, ¿o sí?

Escuchar eso le dio algo de alivio, pero también mucha culpabilidad. Es decir, ellas dos estaban comprando ropa, eso quería decir que no iban a tratar temas que debían, y Agasha seguramente se estaba manteniendo al margen, ayudando solo lo necesario.

De no ser porque había estado muy ocupado hasta hace poco, él mismo habría bajado con Lady Seraphina por algo de ropa para ella.

Se había intentado dar prisa para volver antes de que el sol saliese, sin embargo, el corazón de Kardia durante toda la noche anterior y parte de esta mañana no se le hizo la tarea fácil… ¿qué le pasaba? ¿Estaría empeorando?

Y por si lo anterior no fuese poco, el tenso encuentro que tuvo Dégel con Albafica y su mujer, todavía estaba bastante fresco, por eso resultaba incómodo para el santo de acuario hablar con su compañero ahora.

—Ya veo, así que Agasha está con ella —cansado, Dégel se apoyó en una de las columnas de la doceava casa.

—Deberías dormir mientras tanto —aconsejó Albafica—, fue una noche difícil.

—Lo fue, pero no hay tiempo para descansar. Todavía no sé qué demonios está pasando.

Dégel se llevó una mano a la cara no sabiendo cómo debía empezar a disculparse. Mientras atendía a Kardia, su mente procesaba lo más rápido que podía todo lo que había estado sucediendo en tan pocas horas.

—Nadie sabe qué está pasando —aclaró el Santo de Piscis con su ya conocida seriedad—. Pero… voy a confiar en las palabras de Agasha.

Sí, aunque no lo aceptase todavía, Dégel también debía disculparse con ella.

Fuese como fuese su versión, él se sentía terrible por lo que había ocurrido.

—¿Y qué crees que esté pasando con Lady Seraphina?

—Podremos tener muchas hipótesis al respecto, pero entre todo ello hay algo claro, al tocarte, Agasha tuvo acceso a un plano de sombras donde hizo contacto con una presencia que le otorgó una profecía que ella no recuerda haber oído o visto.

—Eso lo sé.

—Pero, cuando tocó a esa mujer, ella vio su vida y nada se ocultó de su visión —le recordó—. Te dijo cosas que hasta donde sabemos, sólo tú y tu amiga recuerdan. Y no sólo nos habló de ello… nos lo mostró también.

Tragando saliva pesadamente, Dégel recordaba bastante bien eso.

La noche había traído a Agasha no sólo parte de sus poderes como Sỹdixx, sino también algo más que, al parecer, mutó a lo largo del día. Justo después de haber sido víctima de un toque extraño de algún ser que todavía no se presentaba ante ellos.

En ese momento, hace unas horas, Agasha, con un aspecto bastante frío y tétrico, de pronto llegó, caminando amenazadoramente hacia el centro Santuario.

Cuando los estuvo a ellos dos, tanto a Albafica como a Dégel, enfrente; ella notificó su encuentro con la invitada inesperada y relató poco a poco lo que había hecho, empezando con una importante pregunta que Dégel no se esperó.

»¿Ustedes son amigos desde la infancia? —preguntó de pronto en un tono tan taciturno que era impensable creer que era Agasha (la chica de las flores) quien le hablaba—. ¿Seraphina y usted? ¿De verdad lo eran?

Cuando Dégel y Albafica se miraron las caras, volvieron a ella con más dudas que antes.

»Por favor, responda a lo que le pregunto —espetó ella insistente.

Ante los ojos de ambos santos, Agasha había descubierto algo, pero no quería decirlo todavía. Dégel le respondió que, en efecto, lo eran. Y todavía reacio a creer que tenía a su amiga de vuelta, le preguntó a la jovencita, si acaso esa mujer, que poseía la apariencia de Lady Seraphina, le había dicho eso respecto a eso.

»No, Ella no me dijo nada; yo lo vi —masculló Agasha con una mirada que ninguno de los hombres había visto antes en ella—. Señor Dégel, esto es grave… porque esa mujer… ella murió hace tiempo. ¿No es así? A eso se refería cuando usted dijo que la "habían traído de vuelta".

Interesado, pero sin decir nada, Albafica miró a su colega afligirse por esa realidad. Luego, ante el silencio, él mismo le pidió a su mujer que explicase mejor lo que estaba tratando de decir.

»Lo vi todo cuando la toqué —dijo casi tranquila, pero por su expresión facial era claro que no lo estaba—. Incluso sentí lo que ella… cuando murió.

Dégel no supo cómo tomó eso Albafica, pero él se sintió muy mal, como preocupado. ¿Desde cuándo Agasha tenía esa habilidad?

»Sentí lo que ella no recuerda, y no sé exactamente por qué, pero incluso pude revivir en carne propia sus emociones al sentir que la vida se le iba.

Ambos Santos se quedaron de piedra ante esa revelación. Más porque Agasha hablaba de la muerte como si el tema le fuese familiar (un punto como cualquier otro) aunque dado su reciente historial con eso, casi hasta era normal que lo hiciese.

»Pero ese no es el caso. El caso es que ella no sabe que su alma ya no debería estar aquí, en este mundo.

»¿Quieres decir que ella básicamente no sabe que… murió?

Albafica habló por Dégel al ver que éste se hallaba enmudecido por lo que Agasha estaba diciendo con un alarmismo frío, como si presagiase (estando esta vez plenamente consciente) un nuevo desastre.

¿Era cierto que Lady Seraphina, la verdadera, estuviese de vuelta?

»Murió mientras dormía —respondió Agasha triste, teniendo algo de cuidado viendo que Dégel, aunque físicamente no lo demostrase, estaba afectado por cada palabra que decía—. Y eso es normal. Cualquiera al abrir los ojos luego de soñar que cae del precipicio se piensa que todo fue un sueño. Lo hace porque despierta y recupera la noción del tiempo. Pero aquí hay algo mal… ella no sabe que murió —luego los vio a los dos con una clara advertencia—, y su alma no debe hacerlo por ningún motivo.

De nuevo, ambos Santos se vieron las caras confundidos, luego volvieron a ella.

»¿Por qué estás tan segura de eso? —volvió a preguntar Albafica por Dégel.

»Es un alma, Albafica. No olvides lo que eso significa —respondió Agasha como si eso debiese ser explicación suficiente—. Ella ahora es un alma que no tiene ni la más mínima idea de qué estuvo pasando durante su deceso. ¿Y qué tal si esa alma fue adherida a un segundo cuerpo sin su autorización o conciencia?

»Pero, si realmente fue resucitada, ¿cuál es el problema? —insistió Albafica—, tú y yo también morimos y fuimos traídos de vuelta.

»Pero nosotros estábamos conscientes de que habíamos muerto. ¿Por qué ella no?

»¿Para evitarle penurias?

»No —Agasha espetó; luego negó con la cabeza—, escuchen, yo… tuve una mala sensación…

»¿Qué sensación? —habló Dégel, encontrándose a sí mismo con la voz para hacerlo.

Agasha dudó un poco, pero al final abrió la boca.

»De que si ella descubre que estuvo muerta… y por ende, recuerda cómo falleció… quizás… —ella miró fijamente a los ojos de Dégel—. Quizás el alma se desprenda de ese cuerpo y vuelva a morir. Aunque… de verdad… espero equivocarme.

Dado a que en estos días Agasha había estado despertando habilidades proféticas que aún les daba escalofríos a los dos Santos presentes, decidieron creer en ella.

Y ahora que Dégel lo recordaba, antes de desmayarse, Kardia le había advertido lo mismo.

»No permitas que sepa que debería estar muerta —le había dicho el octavo santo. Pero Dégel no lo mencionó en ese momento.

Dégel no tuvo tiempo de hacerlo entre la explicación de Agasha. Además, esa terrible advertencia los había tomado desprevenidos a ambos santos dorados.

»Por favor, dígame que aquí no hay nadie que la conozca y sepa de su muerte.

»No que yo sepa —Dégel palideció ante la posibilidad de equivocarse.

Lady Seraphina, la auténtica… estaba viva otra vez… y… ¿no sabía que había muerto?

¿Y qué tal si Agasha tenía razón?

¿Qué tal si su alma al darse cuenta de su deceso decidiese que no tenía por qué quedarse? O peor, entraba en un shock profundo que a la larga la volvería loca. ¿Y por qué ella no recordaba que ya había fallecido? ¿Será acaso porque en la inconsciencia del sueño su mente se desconectó y el alma no supo lo que había pasado hasta que ya no tuvo ningún sitio donde albergarse?

»¿Y qué propones que hagamos? —le preguntó Albafica a Agasha.

»Eso no lo decido yo —se desligó seriamente—. Señor Dégel, ella "renació" a su lado. ¿Qué es lo que usted propone?

»¿Yo?

»Por alguna razón, el autor de su resurrección debió haber unido sus caminos… tal vez a esto se refería el brillo extraño en la constelación de Acuario que vi —meditó casi más para ella que para los hombres que la veían—. No sé quién o por qué, pero lo hizo con la intención de involucrarlo a usted sentimentalmente en esto. Señor Dégel, séame honesto, ¿usted amaba a Lady Seraphina? ¿La ama?

Albafica le llamó la atención por preguntar algo como eso con tanta ligereza, pero Agasha lo miró mal.

»¿No lo ves? Esto es igual a cuando nuestras almas se unieron, Albafica —ella insistió—. Pero en esta ocasión estamos hablando de una unión forzada por la vida; no por la muerte. Si la vida une, la muerte separa; pero si aquí hay algo más allá de la muerte que trasciende y adhiere… entonces…

Demostrando que la Sỹdixx que dormía en ella estaba preocupada, Agasha miró a Dégel con insistencia.

»¿La amaba? —espetó mirándolo desde abajo, aunque fuese él quien estuviese siendo presionado.

»Era mi amiga.

»Eso no fue lo que pregunté —espetó casi enojada.

»¡Agasha! —intervino Albafica.

Atormentada en su propio mundo y en sus propias hipótesis, ella altaneramente apretó los dientes apartándose de los dos.

»¿Por qué no quieren entender? Escuchen… esto no se trata de ustedes —les gritó con tanta furia que el cosmos que despertaba durante la noche se estaba elevando—. ¡Los hombres no morirán si hablan con sinceridad, ¿no se dan cuenta de eso?! —gritó de pronto alterada, para después bajar el volumen—. Sean claros porque me rompen los nervios… —ella apretó sus puños, y volvió con Dégel—. ¿La amaba o no? Me refiero a ese tipo de amor en el que darías la vida por la de ella si fuese necesario.

Él no pudo responder. Se quedó callado. ¿Dar la vida? Él siempre había estado dispuesto a dar la vida por un ser querido; ya fuese ella, Unity, el estúpido de Kardia o incluso esta mocosa, quien comenzaba a romperle los nervios.

Pero, Dégel entendía que Agasha quería llegar a algo más y eso era algo que le irritaba.

Sus sentimientos eran suyos, ¡sólo suyos!

»No lo sé —suspiró con resignación.

Con la decepción pintada en la cara, pero igual de seria, Agasha se apartó.

»Entonces no hay nada que hacer —dijo con una frialdad que rebasaba la suya; como si supiese algo que no había dicho antes—. Ella morirá. Y lo hará, no porque usted "no" la ame; sino porque está bastante claro ante la primera prueba para salvarla, usted va a dejarla atrás —entonces dio media vuelta para irse.

Harto de ser sometido a estas cosas que para él no tenían ningún sentido, Dégel se descontroló.

»¿Qué…? ¡¿A qué te refieres con eso?!

Ella no respondió ni minimizó su paso. A velocidad luz, Dégel le dio alcance; estuvo harto de sus reclamos, la tomó fuerte del brazo para darle la vuelta y enfrentarse incluso a Albafica que le tomó la muñeca de la mano que sujetaba a Agasha.

Los tres se quedaron quietos en esa tensa situación.

»¡Jamás abandonaría a Lady Seraphina! ¡No la dejaría morir otra vez si tuviese la oportunidad de salvarla! —apretó su agarre todavía más—. ¡¿Quién te crees que eres para hablar así?!

Agasha no mostró dolor, aunque claramente estaba soportándolo. Del mismo modo, Albafica apretó con el doble de fuerza la muñeca de Dégel quien hizo una débil mueca y sin embargo se negó a soltar a Agasha.

»Yo no dije nada —ella miró casi burlona la mano de Dégel—, me lo está diciendo usted… justo ahora.

»Agasha, basta —le exigió Albafica a ella para ver a su compañero, con una fiera amenaza—, suéltala, Dégel.

Tétricamente calmada, convocando un cosmos siniestro, la chica alzó el mentón.

»No se vayan a soltar —musitó ella, inhalando profundo, cerrando sus ojos—. Ahora veo… a dos niños. Pero uno siempre corre más que el otro…

En medio de su monólogo, el cosmos en Agasha se hizo helado, tanto como el de Dégel; pero ni uno de los caballeros pudo explicar de dónde salía este misterioso cosmos congelado, que, de alguna manera, la chica estaba produciendo como si fuese algo normal para ella hacerlo.

»Ese niño siempre deja atrás a la niña que desesperadamente intenta alcanzarlo… pero encima de su frustración pinta una sonrisa y engaña a todos a su alrededor.

De pronto ella puso su otra mano sobre la de Albafica, quien se negaba a dejar a Dégel.

»Mírenlo.

Ambos Santos por un segundo se sintieron envueltos en ese recuerdo, de pronto ni Albafica ni Agasha estaban con Dégel, aunque eso le dejó de importar al Santo cuando se percató de que tampoco estaba viendo una ilusión.

Dégel reconoció el sitio que veía desde arriba, en el cielo.

Recorriendo el lugar con la mirada, él reconoció al niño que jugaban en la nieve y a la niña que intentaba seguirlo. O más bien, Lady Seraphina quien trataba de alcanzar al niño que pronto se convertiría en el Santo de Acuario.

»Los hombres son tan fáciles de engañar con una sonrisa amable, aunque esta sea falsa.

Dégel oyó la voz de Agasha mientras veía a la niña caer por culpa del vestido ampón y al niño no dándose cuenta de ello.

De no ser porque estaba seguro de que esos en efecto eran ellos, Dégel habría pensado que eso era un truco de Agasha. Pero no. Esto en verdad había pasado, porque él recordaba ese día.

No eran frecuentes sus momentos de felicidad siendo un niño, así que cada uno lo rememoraba bien. O eso había pensado.

Porque ahora que lo veía desde esa postura, hubo algo en este recuerdo que le provocó a Dégel un gran malestar. Desde el cielo, que era de donde estaba viendo todo, Dégel pudo notar que, la niña estaba levantándose con esfuerzos sintiendo dolor en su rodilla; luego se vio a sí mismo, como un chiquillo, gritándole por quedarse atrás y que debía ser más rápida o la dejaría ahí.

El niño estaba jugando, muy ocupado pensando en sí mismo, sin darse cuenta que ella estaba herida.

El corazón de Dégel le dio un vuelco cuando Seraphina le sonrió asintiendo con la cabeza, diciendo con un falso tono de broma que sólo estaba dándole ventaja, pero en sus ojos se notaba su sensibilidad siendo golpeada y el hecho de que le costaba correr con esa herida y el enorme vestido que le quitaba oxígeno debido al corset que ya empezaba a usar aún para su corta edad.

Ella, con esfuerzos, intentaba con todas sus intenciones ir a su ritmo, aunque todos sabían que jamás podría hacerlo dado a que sus vidas eran demasiado diferentes.

Dégel era criado como a un guerrero. Ella como a una dama.

»¿Reconoces esa sonrisa, Dégel? ¿Entiendes lo que te estoy mostrando? —preguntó Agasha de nuevo con dureza.

Esta vez cambió el panorama a una donde Lady Seraphina, siendo una adolescente, se despedía de él luego de hacerle un chiste sobre querer ir al Santuario que culminó con él rechazándola como otras veces.

»Una sonrisa no siempre describe la felicidad o la tranquilidad de una persona. A veces es sólo la mejor forma que encontramos para ocultar el dolor que sentimos en el corazón. Dolor que nos tragamos como un vaso de sangre hirviendo para evitar que otro se sienta mal por nosotros.

De pronto y como si estar cerca les quemase, tanto Albafica como Dégel se soltaron mutuamente para respirar algo agitados. Pero, Dégel era el único que estaba derramando lágrimas mientras temblaba y se enfrentaba a la mirada oscurecida.

»Esas no son tuyas —le aclaró Agasha sujetándose su brazo adolorido, el cual se había enrojecido mucho—. Sé sincero. ¿Cuántas veces pensaste que esa sonrisa era real?

Dégel no lo dijo en ese momento, pero lo supo.

Demasiadas.

Demasiadas veces lo pensó.

»Lamento decírtelo, pero en la gran mayoría; ella estaba mintiéndote.

Temblando, Dégel no supo cómo responder.

»¿Ahora comprendes por qué te digo que su destino ya está sellado? Porque como aquel niño dejó a la niña con la rodilla sangrando atrás en la nieve sin importarle si estaba bien o no… el hombre va a ignorar el dolor de la mujer hasta el final porque sencillamente su frialdad siempre le ha impedido hacer lo contrario —ella lo miró con desaprobación—. Te lo digo honestamente, Dégel de Acuario —lo tuteó a propósito—, si quieres que ella al menos tenga uno o dos recuerdos felices antes de volver a morir, tienes poco tiempo para hacerlo. De hecho, jamás has tenido tiempo para demostrarle lo mucho que te importa; ¿y sabes por qué? Porque ese frío corazón se niega a cambiar.

Después de decir eso Agasha se fue bastante más tranquila, bastante más fría, devuelta a Piscis.

Retomando el control de su mente y cuerpo, Dégel no pudo darle la cara a Albafica, así que se marchó a la habitación donde tenían encerrado a Kardia luego de que notificasen al Patriarca lo sucedido y éste declarase que dejasen al Santo de Escorpio cerca por si acaso.

Sentado en un banco de madera a un lado de la cama de su mejor amigo, Dégel apretaba los puños.

»Es tuya —le había dicho "Kardia" en su dudoso estado de sonambulismo. Ahora Agasha venía y le decía que no importaba lo que hiciese, Lady Seraphina iba a morir otra vez.

La verdadera Lady Seraphina iba a morir porque "él iba a abandonarla".

¿Entonces qué debía hacer? ¿Cómo debía enfrentar esta situación? Un paso en falso y perdería a su amiga para siempre… otra vez. Y para variar, en esta ocasión sí sería culpa suya si eso llegase a pasar.

»Como aquel niño dejó a la niña con la rodilla sangrando atrás en la nieve sin importarle si estaba bien o no… el hombre va a ignorar el dolor de la mujer hasta el final porque sencillamente su frialdad siempre le ha impedido hacer lo contrario.

Más tarde, esa misma noche, el corazón de Kardia comenzó a arder otra vez.

Había sido muy difícil combatir su estado, parcialmente porque Dégel ya estaba cansado, y parcialmente porque parecía como si el fuego que consumía al Santo de Escorpio se hubiese multiplicado en intensidad.

Kardia gritó en agonía por varios minutos hasta que el cosmos congelado de Dégel lo neutralizó pasadas unas horas.

El Santo de Acuario salió del Santuario de Athena, sólo cuando el Patriarca llegó para encargarse de lo demás, prometiendo que le avisaría si algo así volvía llegar a pasar.

Muy pocas veces en su vida, Dégel se había sentido tan estresado.

Ahora estaba tan cansado que lo único que quería hacer era dormir un poco por lo que le tomó la palabra a Albafica y se fue a su casa donde ignoró la puerta con el seguro roto.

Debía disculparse con Albafica, y con Agasha.

Sabía bien que se había excedido con la fuerza al tomarle de su brazo. De hecho, hasta se consideraba afortunado porque Albafica no tratase de matarlo por haberle hecho ese moretón a su mujer.

Tal vez y se estaba guardando el puñetazo para un mejor momento.

Con eso… y muchísimas otras cosas más en mente que involucraba a Lady Seraphina, Dégel cayó de cara contra el colchón dándose cuenta hasta esos momentos, que sobre éste estaba su capa bien doblada y con un aroma suave y delicado que le recordó a la menta sin embargo este era menos acentuado.

Ese dulce perfume le relajó bastante.

Dio dos grandes suspiros tratando de ubicar su cabeza en los asuntos con los que tendría que lidiar. Pronto todo dejó de importar, cerró los ojos inhalando ese aroma hasta que la inconsciencia lo atrapó.

Dégel durmió con el ceño fruncido. No quería que Lady Seraphina volviese a morir.

No quería perderla otra vez.

Pero, Agasha le había dicho sin tapujos ni acertijos que el destino de Lady Seraphina estaba sellado.

¿De verdad sería capaz de dejarla morir? ¿Ante la primera y más importante prueba, él fallaría?

Dégel ni en sus sueños pudo descansar un poco, ya que las pesadillas en las que veía a la mujer corriendo desesperadamente hacia él, y él alejándose de ella sin escucharla mientras la oscuridad la atrapaba, lo hicieron despertar de sobresalto pasada una hora desde que cerró los ojos.

—¿En serio piensas que vas a condenarla? —la voz masculina a sus espaldas no tuvo dueño cuando Dégel se giró para atacar a algún intruso.

Genial, ya estaba alucinando.

Creyendo que había imaginado aquellas palabras con una voz que nunca en su vida había escuchado antes, respiró agitado mientras pensaba y pensaba en qué debería hacer.

Cuando se levantó, estaba apretando los puños.

¿Qué debía hacer? La respuesta era bastante obvia.

Al diablo con lo que Agasha le haya predicho. Él no iba a permitir que Lady Seraphina muriese.

¡No iba a permitirlo!

—CONTINUARÁ—


Sé que me tardé un montón en publicar; pero tuve que revisar este capítulo antes de copiarlo y pegarlo aquí... como pude ya que fui bastante rápida en eso. Además de que tuve que volver a mis pasos y recordarme de qué iba este fic específicamente y en dónde me había quedado, lo que me llevó más tiempo del que quisiera. XD

Tengo un montón de favores que pedirles. =(

1.- Les pido que recuerden que intento llevar notas de lo que escribo para esta saga. Esto para evitar que se me vayan tantos huecos argumentales. Sin embargo, en eso, me agoto demasiado; BASTANTE; y para mi mala suerte, me cuesta mantenerme concentrada en lo que estoy más de cierto tiempo. Eso sin contar que estoy en otros fanfics para actualizar y básicamente yo soy mi propio beta-reader, por lo que si se me van algunos detalles, me doy cuenta... hasta que ya publiqué XD.

¡AHORA!

También les voy a pedir una segunda cosa: recuerden que no voy al par con el manga. Si se me van detalles, información, "hechos pasados" de los personajes, por favor, piensen que mi hámster mental no da para mucho y no puedo recordarlo todo. Si desean que se tome en consideració momento, díganmelo en los comentarios para que yo pueda siquiera pensármelo.

Así que les menciono, una vez más, que esto va a ser un grandísimo WHAT-IF, a base de fanfics, qué va a tomar muy poco del material original de TLC, en cuanto a historia se refiere... esto para que mi cabeza no explote, con tantos detalles, y yo pueda darles más fics como estos jejeje.

De hecho, tengo planeados varios "one-shot's" extras que todavía no puedo publicar porque contienen spoilers de lo que se viene.

Agregando más...

Por favor, piensen que me gusta ser "más o menos" realista, y no me gusta cuando, en los fics, todos los personajes son amiguitos y son comprensivos unos con otros.

Lo cierto es que yo soy una persona que se ha visto en demasiados conflictos (propios y ajenos) por lo que les pido que no vayan a malinterpretar el pleito de Agasha y Dégel; no me crucifiquen a ninguno, los pobres están tensos y tienen mucho en mente. También, consideren que los dos tienen sus propios límites en cuanto a paciencia se refiere, y si me voy mucho a lo OOC, ojalá puedan disculparme.

Bueno, por el momento esto es todo lo que puedo decir. Uf, me tardé mucho.

¡Gracias por leer y sus comentarios a...!

camilo navas, Malon 630, Natalita07, nemesisdea, y Anarosa.


Reviews?


Si quieres saber más de este y/u otros fics, eres cordialmente invitado(a) a seguirme en mi página oficial de Facebook: "Adilay Ackatery" (link en mi perfil). Información sobre las próximas actualizaciones, memes, vídeos usando mi voz y mi poca carisma y muchas otras cosas más. ;)


Para más mini-escritos y leer mis fics en facebook de Saint Seiya, por favor pasen a mi página Êlýsia Pedía - Fanfics de Adilay Fanficker ¡y denle like! XD