13

Hinata

Ino estaba más que dispuesta a ayudarme. —Sé que solo te has ido un día, pero ya te extraño. Esta mañana tuve que lavar mi propia ropa sucia. Y anoche tuve que cocinar. Fue horrible.

Me reí. —Oh, ahora veo por qué todavía no me has sacado.

—Lo sé. Nadie tiene a una criada viviendo gratis. En serio H., nunca me di cuenta de lo mucho que hiciste en nuestra casa desde que viniste a quedarte con nosotros. Pero sin duda, Sai y yo lo notamos después de que nació Sum y te quedaste en el hospital. Te das cuenta de que no tienes que hacerte cargo de cocinar y de las tareas de la casa solo porque te dejamos quedar, ¿verdad?

Me encogí de hombros, incapaz de decirle la necesidad tan fuerte que tenía de pagarles de alguna forma. —De verdad lo disfruto. Nunca tuve que hacer ese tipo de cosas cuando crecí. Siempre tuvimos personas que cocinaran y limpiaran por nosotros, y mi madre hacía parecer que las tareas domésticas estaban por debajo de nosotros.

—Dios, es loco lo diferente que son nuestras madres cuando fueron criadas por los mismos padres.

Ino frenó en la entrada de la primera tienda de comestibles que encontramos en el vecindario de Naruto. Dios, ¿esa era una prostituta esperando justo afuera de la entrada? Cuando un carro destartalado se detuvo a su lado, la ventana del lado del pasajero bajó y el conductor le agitó algo de dinero en efectivo. Ella cojeó en su falda apretada y sus tacones y esperó en el asiento del pasajero. Ino y yo intercambiamos miradas similares y cautelosas.

—Bueno —dijo mientras retrocedía hacia la salida y nos dirigíamos hacia la tienda a la que íbamos más cerca de su apartamento—. Mi mamá siempre me hizo limpiar mi habitación y lavar mi ropa cuando cumplí dieciséis. Entonces tenía una súper noche y un desayuno de un sábado en la mañana al mes.

Ino no tenía idea de lo bueno que era tener a la tía Andrea como mamá y no a la mía. Pero no podía decirle lo afortunada que era. Así que me quedé callada y miré hacia atrás para comprobar a mis dos bebés. Eran tan lindos, trabados a sus sillas para coche, lado a lado. Boruto parecía un gorila pesado al lado de mi pequeña Sumire. Me sentí agradecida de tenerlos conmigo por el tiempo que Boruto estuviera bajo mi cuidado. Sabía que iba a extrañarlo como loca cuando Naruto ya no me necesitara.

Ir de compras con Ino y dos infantes fue una gran experiencia. Necesitábamos dos carritos de compra para llevar a los dos niños, y juro que Ino tenía un ohh y un ahh sobre cada marca de cereal y helado para niños; algunas veces en el fondo era como de cinco años, pero amaba eso de ella.

Tuve que revisar los gabinetes de Naruto antes de salir hacia la tienda para ver lo que necesitaba exactamente; lo juro, la lista habría sido más corta si en cambio hubiera escrito lo que no necesitaba. El hombre no tenía nada. Pero me dejó dinero, más del que Ino y Sai tenían para comprar comestibles. Así que podríamos haber llevado un poco.

Una cosa era segura, Naruto no iba a quejarse por una despensa abastecida en cualquier momento pronto, y ahora Boruto tenía pañales para varios meses. Ino tuvo el impulso de comprar una paleta en la caja. El olor a cerezas que salió tan pronto como lo desenvolvió y lo empezó, incluso antes de haberlo comprado, me llevó a lanzar mi propia paleta sobre el montón de comestibles.

Ella era una mala influencia.

En el apartamento de Naruto, los bebés se durmieron en las sillas para coche mientras Ino y yo nos sentábamos al frente, comiéndonos nuestras paletas.

En un semáforo, ella sacó la suya de su boca para menear sus cejas hacia mí. —Entonces, ¿cómo fue pasar la noche con Naruto?

Rodé los ojos y la señalé con mi paleta de forma amenazadora. —No empieces conmigo. Está casado.

—¿Y? Su esposa lo dejó.

—Aún está casado con ella, y él no va a cambiar eso pronto. Ya te conté por qué tiene que quedarse así.

Tuvo que hablar entre dientes alrededor de su paleta cuando la regresó a su boca. —Sí, todavía no entiendo por qué eso no te deja reclamarlo, para todos es obvio que están completamente enamorados.

—Porque está casado, Ino In. —¿Cuántas veces tenía que repetir eso?

—Sí, pero no es como un matrimonio real. Ni siquiera se han besado.

Suspiré. —Pero él todavía se encuentra conectado de alguna forma a otra mujer. ¿Cómo te sentirías si Sai se casara conmigo solo para darnos a Sumire y a mí algún tipo de protección?

Ino frunció el ceño al instante. —Eso es diferente.

Levanté las cejas. —Oh, ¿lo es? ¿Cómo?

—Porque... porque Sai y yo ya estamos comprometidos.

—¿Y? —Levanté los brazos, necesitando más de una razón que eso—. ¿Qué pasa si Naruto y yo empezamos algo y decidimos que también queremos comprometernos? ¿Entonces qué? No puede divorciarse de ella.

—Está bien. Tienes razón. —Rodó los ojos antes de murmurar—: Solo quería que tuvieras un felices para siempre, como lo encontré yo.

Bueno, también yo. Pero Ino y yo éramos dos personas totalmente diferentes, y tuve la sensación de que nunca terminaría con ninguno de los regalos que a ella le fueron dados. Simplemente no me merezco eso, aunque ya recibí el más preciado paquete de todos, aún durmiendo la siesta al lado de Boruto en el asiento trasero.

Ino dejó el tema solo después de eso, gracias a Dios. Ella terminó quedándose el resto de la tarde para ayudarme a guardar los comestibles y jugar con los bebés.

Ella puso la canción "Happy" de Pharrell en su iPhone y bailó con Boruto en la cocina mientras Sumire dormía la siesta en el portabebé, y yo terminé como la ayudante para hacer las hamburguesas que cocinaba. Naruto entró desde la cochera en medio de nuestra fiesta de preparación de cena.

—Oye, hombrecito, ¿adivina quién llegó a casa? —Ino le sonrió a Naruto antes de soltar un silbido bajo de apreciación—. Guau. Sabes, todos los chicos Shinobi lucen bien en esas ajustadas camisetas negras que tienen que vestir para el club, pero este aspecto de taller mecánico grasiento y fresco te sienta incluso mejor. Delicioso.

Naruto me dirigió una mirada sorprendida. —¿La mujer de Shimura tiene algo por mí?

—¿Qué? —preguntó Ino, sin tener idea—. Puedo apreciar el atractivo estético de la belleza masculina cada vez que lo veo. A Sai no le importa si miro; sabe que nadie se le compara, pero en serio, tendré que comprar también este atuendo para él, así podemos jugar al Mecánico Travieso en algún momento.

—Guau. —Naruto sacudió la cabeza, aturdido—. Eres completamente lo contrario de tu novio, ¿no es así?

Ino frunció el ceño. —¿Qué quieres decir?

—En el trabajo, ese muchacho evita a las mujeres como a la peste, nunca les echa un vistazo, nunca comparte detalles sobre ustedes dos... quiero decir, aparte de la cosa de la mermelada.

Ino se quedó sin aliento, tornándose de un brillante rojo tomate. —Lo mataré por eso. Ahora, si ustedes dos me disculpan, tengo que ir a casa y.… castigar a mi hombre, probablemente con una de linda fresa o uva. —Se tocó la barbilla pensativa—. Aunque tiene una afinidad por la mermelada de durazno.

Mientras Naruto se soltó riendo, rodé los ojos. —Bueno, suficiente. Corten ese tipo de plática. No en frente de mis niños, por favor.

Ino arqueó una ceja. —¿Tus niños?

Me sonrojé demasiado, y encontré la mirada sonriente de Naruto antes de fruncirle el ceño a mi prima. —Los niños. Grr. Solo... deja de corregir mi gramática. Ve a casa y castiga a tu novio con mermelada de sabor, ya.

Ino echó su cabeza hacia atrás y soltó una carcajada antes de girarse hacia Naruto y entregarle a Boruto. —Tuyo, creo.

—Gracias. —Tomó al niño en sus brazos—. Y gracias por hacerle compañía a Lunita hoy.

—No, gracias a ti por arreglar mi motor —respondió Ino con una pequeña reverencia—. Funciona como un coche completamente nuevo.

Él suspiró, en desacuerdo. —Aún es un pedazo de mierda, así que hazme saber si algo suena extraño o actúa raro, especialmente si seguirás llevando a mis niños por todos lados en él.

Ino me miró en respuesta con una cara gratamente sorprendida, antes de gesticular las palabras—: Él es un guardián. —Luego, se giró de nuevo hacia Naruto y le acarició la mejilla indulgentemente—. Lo haré, jefe. Asumo que H. dormirá aquí de nuevo, ya que comprobé el horario de trabajo de Sai y sé que trabajarás esta noche en el club.

Naruto me miró, pero se giró para responderle a Ino antes de esperar mi respuesta. —Suena como un plan.

Ino le guiñó un ojo. —Entonces, cuida de mis niñas por mí.

Se puso de puntitas y le dio un rápido beso en su mejilla, justo donde acababa de acariciarlo. Luego se despidió de mí con su mano. —Hasta luego, Lunita. Te quiero.

Rodé los ojos. —Adiós, Belleza. También te quiero.

Después de que Ino salió de la habitación, oímos la puerta abrirse y cerrarse, y Naruto levantó las cejas. —Guau. ¿Siempre es tan...?

Me reí. —Sí. Sí, lo es. Pero la amo a muerte. Es la única persona en la que sé que puedo confiar implícitamente.

Su sonrisa se desvaneció y sus ojos se volvieron cálidos y cariñosos. — También puedes confiar en mí, ya lo sabes. Nunca dejaría que nada malo te suceda.

Aunque sabía que su afirmación tal vez no podría ser respaldada en el mundo real, era agradable escucharlo decir eso tan firmemente.

—Bueno, tú eres mi héroe —dije, haciendo que la declaración sonara frívola mientras arrojaba mi cabello sobre el hombro—. No esperaría nada menos de ti.

Me encantó saber que podía hacer tales afirmaciones arrogantes y audaces, y que él supiera que no era seria al respecto.

Sonrió e hizo un gesto hacia la mesa, que ya estaba puesta con sus platos disparejos y cubiertos, sacando una silla para que me sentara. —¿Mi señora?

—Vaya, gracias. —Ya que Boruto podía sentarse bastante bien en la silla alta que Naruto le compró a la señora Rojas, lo coloqué en ella y le abroché el cinturón. Después de asegurarme de que Sumire seguía durmiendo en el portabebé, me senté en mi silla y Naruto la acercó a la mesa por mí.

Gimió y cerró los ojos después de tomar su primer bocado. —Engordaré si continúas alimentándome de esta manera. —Su voz era ahogada por tener la boca llena de fideos.

Resoplé y agité una mano, esperando hasta tragar para decir—: Oh, por favor. Calenté una pizza congelada, serví un plato de cereal, y revolví pasta. Definitivamente no es cocina gourmet. En todo caso, este tipo de comidas miserables te hará perder peso.

—Créeme. Estas han sido tres comidas más de lo que nadie ha cocinado para mí en años.

No me gustó saber que nadie cuidó de él. Era el tipo de hombre especial que debería ser mimado. Y a mí me encantaba dar esta mierda de mimos. Mi madre se horrorizaría si me viera ahora, pero en realidad adoraba ser ama de casa.

Creo que la vida de mamá me completaba.

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Naruto

Esa noche, llegué a casa del trabajo para encontrar a Hinata acurrucada en el sofá durmiendo.

—Oh, demonios, no. —Esto no iba a pasarme.

Si ella iba a pasar la noche en mi apartamento, no la quería en ninguna otra parte que en mi cama. Así que la recogí y la llevé a mi habitación. Ella se movió a lo largo del camino.

—¿Naruto? —Amaba su voz soñolienta, especialmente cuando ella decía mi nombre—. ¿Qué estás haciendo?

—No vas a dormir en ese sofá.

Se acurrucó más plenamente en mí y apoyó la mejilla en mi hombro. — Bueno, tú tampoco deberías.

Negué con la cabeza. —Mi casa, mis reglas. No se le permite a la nueva madre sexy dormir en nada más que una cama.

Ninguno de los dos mencionó la cama extra en la habitación de Fūka, y ella tenía que saber que estaba allí. Había pasado la puerta abierta para llegar a mi habitación no sé cuántas veces.

Supongo que en silencio estaríamos de acuerdo en que estaba fuera de los límites. Pero se sentía mal para ella dormir donde Fū había dormido. Se sentía como si Fūka hubiera ensuciado el colchón y lo hizo demasiado sucio para los gustos de mi Lunita.

Al entrar en mi habitación, vi que los dos bebés dormían en la cuna. Tuve que sonreír. Podrían haber sido hermanos. Era como si esto fuera cómo las cosas estaban destinadas a ser.

Hinata no se resistió cuando la puse en el colchón, pero agarró mi camisa cuando intenté enderezarme. —Tú también te quedas. En esta cama cabemos ambos, y estoy lejos de ser una modesta y virginal doncella. Además, confío en ti.

La parte de Confió en ti me convenció. La sangre subió por mis venas, caliente y gruesa. Mi piel se erizó, de repente muy sensible. Iba a dormir al lado de mi Lunita.

Oh, mierda. Ella iba a estar a mi lado, toda la noche.

Mi excitación palpitaba dolorosamente dura, pero asentí porque de ninguna manera iba a negarme. Entonces contuve la respiración, con un miedo irracional de que ella recuperara su sensatez si respiraba mal. Si supiera lo mucho que me excitaba la idea de acostarme a su lado, probablemente enloquecería.

—Solo... Eh, solo déjame cambiarme, y vuelvo.

Ella ya se había vuelto a dormir al momento en que regresé, usando una camiseta agujerada y un par de pantalones de chándal. Se había deslizado hasta el borde exterior, probablemente para tomar el lado más cercano a los niños, lo que significaba que tuve que trepar sobre ella para llegar a la parte interior de la cama presionada contra la pared.

—Buenas noches, Lunita —le dije en voz baja antes de besar la coronilla de su cabeza.

—Mhm —fue su única respuesta.

Sonreí, apagué las luces y me metí con ella. Las oscuras trenzas de seda de su pelo, iluminadas por la luz que estaba enchufada junto a la cuna. Quería extender la mano y tocarlo, pasar mis dedos a través de él, y llevarlo a mi nariz para oler. Pero era un buen chico y mantuve mis manos lejos de la mujer con la que había estado soñando durante la última década. Ella se encontraba a escasos centímetros de distancia, segura y protegida, y tan condenadamente hermosa. Nuestros niños dormían a unos metros de nosotros. La vida era malditamente espectacular.

Me quedé dormido con una sonrisa. Y de nuevo, me dormí hasta que Boruto me despertó en la mitad de la noche.

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La noche siguiente, Hinata se quedó otra vez, y durmió en mi cama. Una vez más. Y otra vez, me metí debajo de las sábanas con ella después que llegué a casa del trabajo en el club.

Pero a diferencia de las dos noches anteriores, me despertaron los sonidos de succión en la madrugada.

—¿Boruto? —murmuré, rodando hacia ella.

—Ya se ha ido a dormir —respondió ella—. Ahora estoy con Sumire.

Mierda, ella no debía levantarse muchas veces. —¿Necesitas que haga algo?

—Nop. Está todo cubierto. —Y así lo hizo; ella había arrojado una manta por encima de su hombro, cubriendo toda la acción.

Mis ojos entrecerrados de repente no estaban tan entrecerrados por el sueño. —¿Estás amamantando?

—Ajá.

Suspiré y volví a cerrar los ojos. —Eso es tan ardiente. Las madres que amamantan son geniales. Si no estuviera tan cansado, estaría increíblemente excitado en este momento.

Al diablo; ya me estaba poniendo duro.

Se rió en voz baja. —Vuelve a la cama, Naruto. — Jugó con mi pelo con sus dedos.

Maldita sea. —Sí, esta noche voy a tener un sueño húmedo sobre esto. Entonces volví a dormir con su increíble risa.

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Hinata

Al inicio del cuarto día jugando a la niñera Hyuga, estaba agotada, y sin embargo extrañamente vigorizada. Me sentía bien. Bien conmigo misma, sobre lo que hacía para Naruto y Boruto, por cómo pasaban mis días. Simplemente con todo.

Sin embargo el cansancio empezaba a afectarme. Hoy en día, me iba a dormir siempre que los niños lo hicieron. Además, me puse al día con todas las tareas domésticas, a pesar de que Naruto insistía en que no tenía que hacer tanto. Me sentí mejor estando en un lugar más limpio, además de que quería ayudarle desde que trabajaba como un perro. Y tuve que admitir que me encantó todo el aprecio que vi en sus ojos cada vez que venía a casa para una comida caliente o sábanas recién lavadas.

Oh, Dios. Me parecía a June Cleaver.

Siempre me había burlado de esas mujeres que no trabajaban, que se quedaban en casa, como una pequeña ama de casa obediente, descalza y embarazada, y siempre sudando sobre una estufa caliente. Pero después de ser esa mujer por los últimos tres días, sabía que nunca volvería a burlarme de ellas de nuevo.

Esta clase de vida adquiría un gran poder. No era un trabajo cómodo; era como una mano de obra esclava. Estaba tan cansada que a veces mis párpados dolían de mantenerlos abiertos a la fuerza. No me importaba cuánto Naruto estaba pagando, ninguna cantidad de dinero jamás lo compensaría. Excepto, que ya me sentía compensaba. Me fui a la cama todas las noches con una sensación impresionante, sabiendo que había logrado algo. Me puse un plan de cómo hacer frente a todos mis deberes, y llegué a cada meta, cada día.

Honestamente nunca me sentí tan bien conmigo misma como ahora.

Fue esta emoción —este amor que estaba cultivando por los bebés que criaba, así como el hombre que me miraba como si no pudiera hacer nada malo— que hacía que valga la pena. Incluso cuando Boruto se despertaba antes de lo habitual, justo después de que estuve con Sumire desde hacía dos horas, porque la chica no iba a volver a dormir, me sentía saciada.

Saliendo de la cama antes de que pudiera despertar a Sumire de nuevo, lo traje desde la cuna y volví al nido acogedor que había compartido con Naruto dos noches seguidas. Pero Naruto no se encontraba allí. Hice una pausa y ladeé la cabeza hasta que oí la ducha desde el único baño en el pasillo.

Vaya, ni siquiera me había agitado cuando sonó el despertador.

Tras acomodarnos Boruto y yo en la cama, me apoyé algunas almohadas detrás de la espalda, así podía sentarme cómodamente, y luego empujé mi camisón para desabrochar el sujetador.

—¿Estas hambriento, hombrecito? —pregunté mientras lo acunaba en su posición y atraje su cara hasta mi pezón.

No me di cuenta de lo que acababa de hacer hasta que empezó a chupar. La fuerza de sus tirones era mucho más fuerte que la de Sumire, y me sacó con brusquedad de mi niebla aturdida y medio dormida. Con un suspiro, me senté de golpe, de pronto completamente despierta.

—Oh, mierda. —Estaba amamantando a Boruto.

Esto tenía que estar mal. Él no era mío, y yo solo lo cuidaba por un par de días.

¿Qué diría Naruto si supiera?

Sin embargo, a Boruto no pareció importarle. El chico seguía bebiendo mientras sus regordetes dedos descansaron posesivamente contra el lado de mi pecho.

Al instante, algo se suavizó dentro de mí. Le acaricié la cabeza, dejándolo alimentarse. Amamantar no era nada nuevo; debería estar bien. Y Sumire no se tomaría todo. La bebé prematura rara vez bebía mucho; había suficiente para todos. Y todo el mundo dice que la leche materna era mucho mejor para un niño que la fórmula. Además, si ambos comían de esta manera, no tenía que levantarme tanto en medio de la noche, ir a la cocina, calentar un biberón, llevarlo de vuelta a la cama... bla bla bla.

Cuando me di cuenta que racionalizaba por qué no debía parar, me sonrojé. La pura verdad era que me gustaba cuidar de él de esta manera. Me gustó el vínculo, y amaba a este bebé.

Al final del pasillo, la puerta del baño se abrió. Contuve la respiración. Oh, mierda, mierda, mierda. Unos pasos en el pasillo me instaron a tomar una manta cerca y tirarla por encima de mi hombro, cubriendo por completo al bebé que alimentaba. Empecé a tararear en mi cabeza, aquí no pasa nada.

Naruto apareció en la puerta, vestido solo con una toalla. Mi boca se secó y se me olvidó lo que trataba de esconderle.

Se detuvo cuando me vio. —Oh. Estás despierta.

Estaba demasiado ocupada mirándolo para responderle. Sí, yo estaba definitivamente despierta.

Hizo un gesto hacia su tocador. —Olvidé traer mi ropa al baño conmigo.

Cuando entró y cruzó la habitación para abrir el cajón de arriba, agité la mano. —Créeme, no me importa. —En serio.

—En ese caso. —Me lanzó un guiño sobre el hombro y dejó caer la toalla.

Mi boca se abrió. Oh, dulce misericordia. Naruto Uzumaki Desnudo se veía increíble desde la parte de atrás. Su trasero era estrecho y esculpido a la perfección, y sus músculos de la columna se veían lisos y brillantes, mojado de la ducha. Mi mirada recorrió arriba y abajo, luego hacia arriba y hacia abajo de nuevo. Solo tenía tatuados los brazos y el cuello, ¿no? Ah, y su corazón. Recordé haber tenido un vistazo de aquel en Shinobi's durante la subasta, pero no había estado lo bastante cerca para ver qué había sido lo suficientemente especial para colocarlo directamente sobre su corazón.

Olvidé por completo los tatuajes cuando se inclinó para sacar un par de bóxers. Capté la visión más desnuda de la sombra de su polla colgando hacia abajo en la parte delantera y tuve que presionar mis piernas con fuerza. No se dio la vuelta hasta que tuvo un par de vaqueros y fue cerrando la cremallera en el proceso.

—Oye, tienes un poco de baba. —Se limpió la comisura de la boca—. Ahí mismo.

Empecé a levantar los dedos para limpiar el desastre antes de que me diera cuenta que bromeaba. Estrechando los ojos, murmuré—: Cállate —y le saqué la lengua. Entonces me reí de mi propia estupidez. Mientras mi mirada atrapó el único tatuaje sobre su corazón y no pude resistir la curiosidad—. No me has dicho lo que significaba ese —dije, señalándolo con mi barbilla.

Se quedó inmóvil, con una de esas expresiones de te atrapé con la mano- en-el-tarro-de-galletas. Luego pasó brevemente los dedos sobre él como si quisiera ocultarlo. Encogiéndose de hombros, jaló una camiseta blanca. —Solo una lista de nombres —dijo y agarró una camisa de trabajo recién salida de su armario antes de abotonarla.

Mierda, ocultaba algo. No podía dejar pasar esto. —Lo alcancé a ver en el club en la subasta. Pero nunca he estado lo suficientemente cerca para ver los detalles. ¿Cuáles son los nombres?

¡Já! Una pregunta directa. Vamos a ver como evade la respuesta.

—Solo... —Centró su atención en enderezar las arrugas inexistentes en su camisa—. Nombres.

No me desanimó. —¿De personas importantes?

—Ajá.

—¿Esto está de alguna manera relacionado con la razón por la que mi cumpleaños es el código de acceso a tu celular? Porque, ya sabes, también te negaste a hablar de eso.

Él levantó la cara para fruncirme el ceño. Pero no dijo nada.

—Está bien. —Lancé una mano—. Sigue adelante y déjame fuera. Una vez más. —Levanté la barbilla en una forma aireada y pretenciosa—. Está bien. Digo, pensé que estábamos siendo amigos y hablamos de todo. Pero no te preocupes. Entiendo. Sabes lo peor acerca de mí, pero yo no necesito saber nada sobre ti.

Sus hombros se desinflaron y su expresión se volvió sombría. —No seas así, Lunita. Yo…

—¡Estoy bromeando! —interrumpí rodando los ojos con una risa forzada.

Bueno, está bien. Sentí una pequeña punzada porque no se sintiera lo bastante cómodo para compartir algo conmigo, pero en serio…

—No tienes que decirme algo que no quieras. Entiendo. De verdad. Y lo siento por bromar al respecto. No era mi intención que te lo tomes tan en serio.

Expulsó lo que esperaba fuera un suspiro de alivio, pero algo en su rostro me dijo que no estaba muy tranquilo. Abrí la boca para seguir y seguir pidiendo disculpas por hacerlo sentir culpable cuando un crujido desde la cuna nos llamó la atención.

Naruto se apresuró a echarle un vistazo. —Voy por él —ofreció, solo para parar en seco cuando miró al bebé dentro. Sacó vacilante a Sumire de la cama y se volvió hacia mí. Cuando su mirada cayó y se fijó en el bulto donde Boruto seguía teniendo su desayuno, sabía que me había atrapado.

—Hinata... —dijo lentamente—. ¿Estás... alimentando a Boruto?

—Um... —La culpa en mi cara me delató totalmente. Sus ojos se abrieron de golpe. —Mierda.

—Lo siento. Lo siento mucho. —De inmediato aparté a Boruto de mi pecho y me cubrí—. Estaba medio dormida y muy acostumbrada a cuidar de Sumire así. No me di cuenta lo que hacía hasta que él ya estaba aferrado... —Vacilé cuando los ojos de Naruto se abrieron ante esa descripción—. Pero él lo tomó de forma tan natural y parecía feliz, así que no quería molestarlo.

Ahora, sin embargo, parecía un poco quisquilloso desde que lo había interrumpido en mitad de la comida. Pero lo giré sobre mi hombro y comencé a acariciar su espalda de forma rápida y nerviosamente. Mi mirada buscó a Naruto, tratando de medir su reacción, pero parecía más sorprendido que otra cosa.

—Oh, Dios. Crees que soy grosera y repugnante, ¿no?

—Creo que... —Negó con la cabeza como si no tuviera ni idea de lo que pensaba. Entonces pronunció—: Creo que estás alimentando a mi hijo de tu... tu...

—Se supone que es mucho más nutritivo de esta manera. —Hice un gesto vago a mis tetas—. Esta leche está llena de lucha contra la enfermedad... Cosas, ya sabes, para ayudar a protegerlo. Leí todo sobre ello. Obtendría una dieta mucho más saludable, más segura de esta forma. Además, Sumire nunca come lo suficiente. En general tengo que sacar un poco para evitar que mis pechos se lastimen. ¿Y por qué diablos me estás mirando de esa manera?

Él sonrió, y sabía que todo iba a estar bien. —Lo siento, yo solo... —Negó con la cabeza—. Esta tiene que ser la conversación más sexy que he tenido contigo. Por favor... Sigue hablando de tus pechos.

—Oh Dios mío. —Puse los ojos hacia el techo—. Naruto, esto es serio. ¿Tienes un problema con lo que hice, o no?

Movió a Sumire en sus brazos, balanceándose adelante y atrás para mantenerla feliz. —¿Por qué iba a tener problemas? Acabas de enumerar un millón de razones por las que es mejor para él.

—Debido a que... No sé. Él no es mío. Seguro alguien tendría un problema con eso... Por alguna razón.

—Bueno, ya que no están aquí en esta habitación, que se jodan.

—Pero... —Cerré los ojos y sostuve a Boruto apenas un poco más fuerte—. Qué pasaría si... y si provienen problemas de apego de esto... ¿O algo así? —Al igual que ya ocurría.

Naruto se sentó en el borde de la cama al lado de mi cadera. —Lunita, eres lo mejor que le ha pasado a ese chico. No me importa si solo le queda un día contigo o veinte, solo sigue haciendo lo que haces hasta que tengas que irte, y yo adoraré para siempre el suelo que pisas. Debido a que un pequeño pedazo de paraíso es mejor que ninguno. Si surgen, con mucho gusto lidiare con los problemas de apego. ¿Entiendes?

Una sonrisa iluminó mi rostro. —Entiendo.

Pero, vaya, este hombre era demasiado bueno para ser verdad. Siempre sabía exactamente qué decir para hacerme sentir mejor. ¿Era de extrañar que hubiera sido capaz de dormir junto a él toda la noche sin un solo reparo?

Nunca había sido capaz de conciliar el sueño junto a otro hombre; lo impedían demasiados traumas infantiles persistentes. Pero no hubo reservas al instar a Naruto para meterse en la cama conmigo. Claro, yo podría argumentar que había estado medio dormida y demasiado cansada para preocuparme. Pero, sinceramente, me sentía total y absolutamente a salvo con él. Me sentía protegida, y sabía que si alguna vez me tocaba, sería porque yo quería, y se aseguraría que lo disfrutara.

—Ten, intercambiemos —dije, alzando a Boruto cuando Sumire comenzó a quejarse—. Ella también debe tener hambre.

Él obedeció fácilmente, poniendo a mi hija en mi brazo libre. Después de que cambiamos, y metí a Sumire bajo mi manta, Naruto entrecerró los ojos a un feliz y balbuceante Boruto.

—Oh, no me sonrías con esa sonrisa lechosa, suertudo de mierda. No hay necesidad de refregármelo en la cara. Sé dónde ha estado esa boca.

—¡Naruto! —Rodé los ojos.

Me lanzó una mirada inocente. —¿Qué? Me lo está refregando en la cara.

—Eres tan chico.

—Diablos, sí, soy un chico. ¿Qué esperabas que fuera?

Su sonrisa era lenta y seductora, y me recordó que acababa de ver su tensa polla desnuda. No sabía cómo iba a arreglármelas para vivir con él durante una semana y media. Mantener las manos fuera de él mientras dormía a su lado cada noche era ya un reto, pero ahora que había visto como lucía debajo de la ropa, el desafío había aumentado a una misión imposible.

—Voy a hacerme un plato de cereal. ¿Quieres uno? —preguntó.

Entusiasmada porque él pensara en preguntar y estuviera dispuesto a servir, sonreí. Oh, sí. Ino había tenido razón. Éste era un incentivo.

Si tan solo estuviera disponible para quedármelo.

Negué con la cabeza. —No, gracias. Voy a agarrar un plátano más tarde.

Sus cejas se alzaron. —¿Plátano? ¿Tenemos plátanos?

Antes de que fuera capaz de responder, se había ido, disparado desde la habitación como un cohete. Segundos después, escuché—: ¡Mierda!

Marchó devuelta por el pasillo hasta que reapareció con un montón de alimentos cargados sobre el regazo de Boruto mientras llevaba al pobre muchacho como un cuenco humano. —Hinata, hay... Hay comida por todas partes. Y fruta. Me encanta la fruta.

Me reí, alegre de haber recordado ese detalle cuando fui de compras. — Lo sé. Lo compré, ¿recuerdas? ¿Con tu dinero?

—Pero... —Se acercó a la cama con su botín y dejó caer el montón del regazo de Boruto al colchón junto a mí—. Hay manzanas y naranjas, ¿y qué mierda es esto? —Tomó un bocado antes de gemir—. No me importa. Su sabor es increíble.

—¿No has visto todo lo que compré anoche, o la noche anterior, cuando estabas en la cocina, comiendo la cena...? ¿Y el desayuno?

—No. —Negó mientras se sentaba a mi lado en la cama, colocando a Boruto entre nosotros. Luego empezó un día de campo con la comida, dejando al niño comer brevemente su nectarina antes de robárselo de vuelta—. Estaba demasiado ocupado comiendo y mirándote, y corriendo a mi siguiente trabajo, entre el coqueteo de tu prima para notar mucho más.

—Oh, ella no estaba coqueteando contigo.

—Como sea. —Se encogió de hombros—. Sabes, si sigues tratándome así de bien, nunca podré dejar que te vayas.

No podía decir lo que sentía en realidad, que era, ¿quién dijo que quería irme? Pero lo pensé. Creo que íbamos a tener que preocuparnos más por mis problemas de apego que por los de Boruto.

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Continuará…