Para Anita Snape,

Si este fic consigue sacarte una risa, me daré por satisfecha.

Finales y juegos medievales

-Hermione…- Esperó.- Hermione…- Repitió con más énfasis.- No me ignores, sé que me estás ignorando.

-¿Si lo sabes porque insistes?- Espetó mordaz.

-Te voy a prohibir estar con Snape.- Dijo divertida.- Se te está pegando demasiado su carácter.- Bromeó. Hermione frunció el ceño pero luego sonrió.- Blanco y en botella Hermione, insisto porque sé que te pasa algo. ¿Qué pasó?

-¿Por qué tendría que pasar algo?

-¿Te piensas que soy tonta? Tienes la misma cara de un niño pequeño cuando hace una travesura.

-Me besó.- Dijo rápidamente.

-¿Quién?

-¿Cómo que quien?

-Claro, ¿quién te besó? ¿Sirius o Snape?

-Ah… Cierto.- Hermione se sonrojó.- El profesor Snape.

-¿Pero no te había besado ya?

-Bueno si… pues lo volvió a hacer.- Susurró intentando parecer seria, pero sin conseguirlo.

-¿Cuándo?

-Hace dos noches, en la fiesta de fin de año Hogsmeade, un poco después de las doce.- Indicó Hermione.

- Creí que estaba enfadado contigo y eso…- Recordó Ginny frunciendo el ceño.

-Yo también lo pensaba, pero parece que no… no lo sé.

-¿Y qué pasó?- Quiso saber la pelirroja.

-¿No te lo he dicho ya? Me besó.

-Sí, eso me lo has dejado claro, pero no me has dado detalles.- Sonrió con picardía.

-Ni te los voy a dar.- Dijo tajantemente.

-Sólo tú sabes cómo quitar la diversión.- Le reprochó mientras veía como su amiga escondía su rostro entre sus rizos castaños. A Hermione le pasaba algo, pero no quería contárselo, sabía que era por culpa de Snape o de Sirius, tenía que ser por ellos seguro. Pero si no quería decírselo, ella no podía sacárselo a la fuerza. Tendría que esperar.

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Hermione sonrió al entrar en el gran comedor después de las fiestas de Navidad. Cogió aire feliz y se fue a sentar con sus compañeros en la mesa. Se sirvió unos cereales y abrió uno de sus libros mientras el resto de sus amigos hablaban tranquilamente.

Dirigió la vista a la mesa de los profesores, no sabía si sentir alivio o inquietud al ver que ni Sirius ni Severus estaban allí. Acabó de desayunar y se fue a su primera tutoría del año. Entró en el aula puntual, cómo siempre y se sentó esperando por él.

Sin hacerse de rogar, el pocionista entró en el aula auxiliar a través de la puerta tras el escritorio. Snape estaba serio como siempre, aun así no pudo evitar sonreírle. La cara del hombre permaneció impasible, pero podría haber jurado que su semblante se hallaba un poco más relajado; por lo que sonrió un poco más ampliamente. El corazón de Hermione había empezado a latir con fuerza, estaba aliviada y mucho más tranquila ahora que lo veía, parecía que sus suposiciones en noche vieja habían sido acertadas. Parecía que Snape la había perdonado.

-Buenos días profesor.- Saludó alegre.- Espero que haya tenido unas buenas fiestas.- Comentó tranquilamente. Severus la miró unos segundos y asintió brevemente.

-Extendería el saludo, pero no entiendo cómo pasar unas fiestas rodeado de Weasleys y Potter puede ser bueno o agradable.- Masculló con acidez. Hermione sin embargo sonrió divertida. Una vez que omitías los prejuicios hacia ese hombre, y veías un poco más allá de sus máscaras, se podía apreciar su sentido del humor, era cortante, inteligente y sarcástico, y se había dado cuenta de que Snape realmente era divertido si una se fijaba bien.

-Le daré la razón en una parte solo.- Sonrió divertida.- Agradezco enormemente no vivir con Ronald o a estas alturas estaría en Azkaban por descuartizar a un mago.

El Slytherin la miró unos segundos, después se sentó en el escritorio.

-Bien, por mucho que me gustaría compartir formas de tortura hacia el tonto de su amigo, creo que lo adecuado sería continuar.- Sentenció con firmeza.- Hay mucho por hacer esta semana, realizaremos un lote completo de veritaserum por orden del ministerio, es una petición extraoficial del Kingsley, así que no puede quedar registrado. ¿Queda claro?- Preguntó secamente, a lo que Hermione rápidamente asintió.- Es posible que haga falta algún ingrediente más, habrá que comprarlo, pero no con el presupuesto de Hogwarts, no debe quedar constancia. Además, es hora de que aprenda algo más útil, así que nos dedicaremos a ver las diferentes fórmulas y hechizos de estasis, sus variaciones y contraindicaciones.- Susurró lentamente.- Pero no a un nivel curricular, esto va más allá. ¿Entendido?- Siseó un poco irritado.

Hermione asintió de nuevo. Snape movió la varita y un par de libros aparecieron sobre su mesa.

-Empiece con la formulación en fase tres para pociones con base lunar.- Apremió. La joven no dudó ni un segundo en abrir los libros y comenzar a tomar notas, fruncir el ceño y meterse de lleno entre fórmulas e ingredientes.

Miró un par de veces distraída al hombre que se encontraba tan serio y enfrascado en lo que parecía que eran correcciones de trabajos. Pero rápidamente volvía a concentrarse en lo que tenía que hacer. El tiempo se le hizo flexible, lo mismo le daba la impresión de que habían pasado horas, y solo habían pasado unos minutos, cómo pensaba que habían pasado un par de minutos y había pasado más de una hora.

Un bufido de molestia le llamó la atención cerca del medio día, no lo había oído en toda la mañana. No quiso levantar la cabeza, no quería que pareciese que estaba ansiosa por él; no era la imagen que quería darle. Sentía la confianza que había depositado en ella cómo algo frágil y muy preciado, algo susceptible de quebrarse en cualquier momento.

Un leve gruñido la hizo levantar la cabeza esta vez con más decisión. Hacía semanas que no lo veía con aquella expresión en su pálido rostro. Reconoció sus gestos incluso aunque sólo los hubiera visto un par de veces. Frunció el ceño sin poder evitar preocupación, lo miró y esperó. No sabía qué hacer… Es decir, por supuesto sabía qué hacer, pero no sabía, si ahora que él lo sabía todo, quería que ella lo ayudase de esa forma, cómo había hecho anteriormente.

Vio cómo se llevaba la mano a la levita, para soltar un par de botones. Era cuestión de tiempo que su brazo empezase a fallar también y que el dolor se hiciese más pronunciado. Pero simplemente esperó, con el corazón en un puño y latiendo fuertemente contra su caja torácica, con la respiración agitada y la preocupación impregnada en su rostro sin molestarse lo más mínimo en ocultarlo.

Cómo había vaticinado, su dolor empeoró y lo vio buscar la botellita con la poción que ya había visto usar más veces. Se levantó rápidamente y se acercó a él con decisión.

Se miraron a los ojos y por primera vez desde que lo conocía, no hizo falta que su profesor le dijese nada, lo entendía; sabía exactamente lo que quería sólo con verlo a los ojos, sólo con mirar aquellos profundos pozos oscuros.

Se acercó hasta que sus piernas tocaron el reposabrazos de su silla. Con las manos hábiles desabrochó los botones de su levita, quitó el pañuelo que llevaba a modo de corbata y desabrochó también su camisa blanca. Llegó hasta su cicatriz, y con extremado cuidado pero con seguridad, buscó exactamente los mismos puntos que había buscado las últimas veces. Posó los dedos sobre esos sitios y presionó.

Sólo hicieron falta un par de minutos para que la expresión de pocionista se relajara. Pero esta vez no apartó las manos, siguió masajeando, buscando nudos y puntos tensos en la cicatriz rosada que cubría su cuello y parte de la clavícula. Incluso se aventuró a meter la mano dentro de la camisa, por la espalda, hasta que su mano trazó una complicada cicatriz que cubría su omoplato, aunque no podía realmente verlo; pero estaba segura que la textura sedosa y llena de nudos del omoplato era también una cicatriz.

Snape, quien había dejado los ojos cerrados durante la mayor parte del tiempo, ahora los tenía abiertos, fijos en ella con expresión interrogante y curiosa.

-¿Mejor?- Preguntó la bruja con suavidad. En cuanto obtuvo la confirmación deseada, retiró sus manos lentamente, volviendo a colocar la ropa en su sitio, la corbata anudada en su cuello y la levita abrochada. Hermione cogió aire llenando sus pulmones todo lo que pudo. El olor de Severus llegó hasta su cerebro, registrándose en él, y recordándole con extremado detalle a sus abrazos, sus besos, y todas las veces que habían estado así de juntos.

Haciendo de tripas corazón, se separó un poco de él, se puso de pie y se apartó un par de pasos. No sabía en qué momento él se había levantado, estaba hipnotizada por aquella mirada penetrante que ahora mismo tenía a pocos centímetros de ella. El calor que desprendía su cuerpo era perceptible incluso con su ropa, incluso a esa distancia. Tragó saliva y levantó la barbilla.

¿Iba a tener que pedirle que la besara? ¿Necesitaba hacerlo?

Porque en aquel momento, era lo único que quería.

Le suplicó con sus ojos castaños, pero no hizo falta mucho. Snape se acercó a ella, la cogió por la cintura y la besó. Hermione suspiró contra él, contra sus labios, contra su cuerpo que se pegaba al de ella con necesidad. No se atrevió a moverse hasta que notó cómo Severus delineaba con extremada suavidad su labio inferior con su lengua, pidiéndole acceso, cosa que hizo sin pensárselo. Sus manos se movieron hacia arriba y las enredó en su pelo negro, atrayéndolo por la nuca, besándolo de vuelta mientras jadeaba suavemente contra su boca. Su aliento la embriagaba, el sabor a café de su boca sólo hizo desearlo más.

No se podía creer que la estuviera besando otra vez. Quedaban tan bien juntos, encajaban tan perfectamente, que en lugar de parecer que se habían besado hacía unos días por tercera vez, parecía que llevaban haciéndolo todos los días de su vida.

Snape apretó las manos en su cintura, maravillándose en cómo su cuerpo pequeño se amoldaba al suyo, cómo sus labios suaves y carnosos sabían a frambuesa.

Tras unos largos minutos, y dándose cuenta de lo peligroso que resultaba lo que estaban haciendo se separó de ella más rápidamente de lo que hubiera querido.

¿Cómo había podido dejarse llevar así en medio de un aula?

¡No era un chiquillo! No era un irresponsable. ¡Merlín! ¿Y si los hubiera visto alguien? Era un despropósito y un irresponsable y…

Se llevó las manos a la cara y tras unos breves momentos de incertidumbre y excitación visible, su rostro imperturbable y frío como el hielo volvió a él con una fuerza desproporcionada.

El silencio invadió el aula y ambos se quedaron callados, respirando, tratando de averiguar qué era lo que había pasado exactamente; tratando de averiguar qué pasaba más allá de aquel beso.

-¿Qué se supone que es esto?- Preguntó de repente Hermione señalándose a ambos. Snape no tuvo que preguntar a que se refería, sabía de sobra a que se refería.- ¿Qué es lo que hay entre nosotros profesor?- Quiso saber. Su tono no era demandante, no exigía una respuesta, sólo era la más inocente de las curiosidades. Pero era una pregunta justa.

El profesor la miró.

¿Qué tenían?

Snape frunció el ceño y se cruzó de brazos.

¿Qué, que tenían?

-Nada.- Dijo de repente. Hermione abrió los ojos con sorpresa y decepción.- Sé que soy una persona horrible, pero no puedo complacerla.- Sentenció Snape con frialdad.

-No es horrible.

-¿A no?

-No.

-¿Entonces que soy?- Sus brazos se apretaron contra su pecho y su barbilla se alzó con orgullo Slytherin.

-Alguien que tiene miedo.

-Yo no tengo miedo.

-No es algo malo, yo también tengo miedo.- Confesó.- Pero no pasa nada.

-Si pasa Granger. No puede volver a pasar, ha dicho que le gusto.- Susurró lentamente mientras la mirada.- Y usted a mí, pero esto no lleva a ninguna parte… No somos compatibles. Quería que me decidiera, y eso he hecho, lo acabo de hacer.- La miró una última vez.- Lo siento, es demasiado complicado, a partir de ahora no mas abrazos, no mas besos, no mas citas, no mas nada… A partir de ahora soy solo su profesor, su tutor.- Su voz era tan neutra que eso sólo confundió mas a la bruja.

Pero asintió, no podía pelear por él eternamente.

¿Le molestaba?

Un poco.

¿Le dolía?

En cierta manera.

Pero mejor ahora que más adelante cuando sus sentimientos por él fueran realmente fuertes. Mejor ahora que no había pasado a mayores. Los daños eran mínimos, no inexistentes, pero si mínimos. Podía lidiar con ello.

-Muy bien profesor.- Hermione asintió complacientemente.- Si es lo que quiere así se hará.- Confirmó.

-Bien.- Snape cogió aire y desvió la mirada a otro lugar.- Nos vemos mañana señorita Granger.

-Hasta mañana profesor Snape.

El ex mortífago observó con resignación como la bruja de rizos indomables que le había quitado el sueño abandonada el aula dejándolo solo.

¿Era un cobarde?

Ciertamente lo era. Pero no le había mentido, era demasiado complicado.

Todo era demasiado complicado.

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-Hermione.- Saludó Sirius alegremente al verla.- Te estaba buscando, me preguntaba si…- Se quedó callado, mirando para ella. Observándola en silencio mientras leía las facciones de su cara.- Ven.- Ordenó con suavidad mientras la apartaba un poco en el pasillo.- ¿Quieres hablar de ello?

-No.- Declaró con firmeza.- De verdad Sirius, no quiero hablar de ello.

-Está bien.

-Snape es un cretino.- Habló de repente mientras bufaba exasperada y se cruzaba de brazos.

- Bueno… No me extraña.- Se burló.

-Estoy harta Sirius, ¿sabes que me besó en fin de año?- Le dijo indignada.- ¿Sabes que me acaba de besar ahora?- Indicó molesta. El estómago del animago se encogió. Saber que Snape había podido besarla y él no, le provocaban ciertos celos que no podía evitar y que nunca antes había sentido.- ¿Sabes que ha hecho?- Preguntó mientras esperaba una respuesta.

Black negó lentamente, no sabiendo que podía esperar, pero no debía ser bueno, no para Hermione al menos, que parecía enfadada y disgustada.

-Me ha dicho que no tenemos nada y que se acabó.- Soltó resignada.- Es cierto que no teníamos nada, así que en realidad no hay nada que acabar; pero ese no es el problema. ¿Para qué me besó si no tenía la intención de tener nada? ¿Si no le hubiera preguntado yo hubiera seguido con esto hasta que se cansase? ¡No soy un juego! No soy su juguete para tenerme disponible.- Espetó mordiéndose el labio.- Pero ahora ya está. Al menos no tengo que preocuparme de si me quiere o no me quiere, me lo ha dejado claro.- Suspiró y lo miró.- Perdona Sirius, dije que no te iba a decir nada.

-No te preocupes Hermione.- Le sonrió ampliamente.- Te iba a decir que si te venía bien tener la cita este sábado… Pero quizás no quieras tener nada que ver con… - Hizo una pausa.- Puedo esperar, o incluso cancelarlo si…

-No.- Se negó.- No voy a cancelarlo todo por él, es absurdo, además…- Hermione agachó la cabeza, sus mejillas sonrojadas la delataban.- Me sigues gustando Sirius.- Recordó avergonzada.- No quiero cancelar nuestra cita, y si… Me encantaría quedar este sábado.

-¿Segura?

-No te imaginas cuanto.

-Bien.- Le sonrió feliz mientras le guiñaba un ojo.- Debo irme, tengo clase en un rato, ¿porque no vienes luego a mi despacho y tomamos un té?

-Me encantaría.- Confirmó mientras observaba al hombre hacerle una breve reverencia y desaparecer por unos de los corredores. Cogió aire y dio media vuelta, justo a tiempo para ver la cara de Malfoy devolverle la mirada unos segundos antes de irse también.

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-Eres estúpido.

-¿Te ruego me disculpes?

-¡Eres estúpido padrino!- Le reprochó mientras entraba en su despacho cómo un vendaval.

-No me alces la voz. Yo no soy uno de tus amigos, no te olvides.

- ¿La has dejado?

-No había nada que dejar, sólo le he dejado claro lo que iba a ocurrir; nada más.

-Pues eso… eres un estúpido. ¿Qué demonios te pasa?

-Precisamente eso, no pasa nada.- Escupió con asco.

-Haz lo que quieras, pero luego no te quejes.- Declaró el rubio mientras agachaba la cabeza y se iba del despacho de su padrino. Negó lentamente mientras caminaba por los pasillos del castillo.- ¿Qué estás haciendo padrino?- Preguntó a la nada.- ¿Qué estás haciendo?

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-¿Vas a decirme donde vamos a ir?- Preguntó la bruja con curiosidad mientras bebía un sorbo de su té de menta.

-¿Y qué gracia tendría si lo hago?- Se rió. Hermione frunció el ceño mientras lo miraba con dudas.- ¿No te fías de mi?

-Claro que si.- Dijo rápidamente.

-Pues listo, ahora relájate y disfruta del té.- Indicó con tranquilidad, aunque la frente de la bruja seguía arrugada.- Es una cita informal, es todo lo que te voy a decir ¿Contenta?

-No ayuda mucho, pero algo es algo.- Se encogió de hombros.

Sirius colocó delante de ella una bandeja con galletas. Cogió una y Hermione lo imitó. La galleta era hojaldrada, dulce, se deshacía en la boca y las pepitas de chocolate se derretían en su lengua con una agradable aroma a chocolate y vainilla.

-No me gusta aprovecharme de los elfos, pero creo que les pediré más veces estas galletas

-¿Elfos? ¿Qué elfos?- La miró mientras le quitaba la galleta.- No me llames elfo.- Soltó el hombre.

-¿Las has hecho tú?

-Sí.

-Vaya…

-¿Vaya?

-Sí.

-Hay pocas cosas que se me dan bien, las galletas son una de ellas.- Comentó tranquilamente.

-¿Y las otras?- Preguntó inocentemente, pero tan pronto lo había preguntado se arrepintió de haberlo hecho. ¿Por qué todo sonaba siempre tan lujurioso?- Olvídalo, no he dicho nada.

-¿Segura?- Hermione agachó la cabeza avergonzada mientras negaba rápidamente y recuperaba su galleta. Sirius le sonrió divertido, de verdad que adoraba cuando esa mujer se sonrojaba así.

La bruja miró al hombre que tenía delante de ella, a Sirius Black. Se dedicó a examinar sus gestos, facciones, sus reacciones con ella, la forma en la que hablaba y la miraba; todo. Black era un Casanova por naturaleza, siempre lo había sido, coqueteaba de forma natural con todas y cada una de las mujeres, no siempre porque buscara sexo a cambio, si no porque era su manera de actuar. Un guiño, una sonrisa, un toque, unas palabras dichas de la forma correcta en el momento adecuado, y las mujeres caían a sus pies. Incluso había visto como Molly o Minerva habían caído un par de veces, sonrojándose ante él por alguna cosa; por supuesto, no era intencionado, ni mucho menos sexual.

Sin embargo, algo de eso había cambiado, si bien seguía con su sonrisa y sus palabras, desde hacía un tiempo parecía más comedido… Menos… Galán seductor y más hombre tranquilo.

¿Era eso posible? ¿Sirius estaba asentando un poco la cabeza?

No tendría ella nada que ver ¿no?

Es decir, la idea de saber que ese hombre estaba cambiando por ella, era aterrador y encantador al mismo tiempo. Todos podían cambiar ¿no?

Hermione levantó la mirada con idea de preguntarle algo, pero las palabras murieron en su garganta lentamente, suspiró, sonrió suavemente y mordió de nuevo otra galleta.

¿Por qué no podía disfrutar de ello?

La respuesta era fácil, claro que podía disfrutarlo.

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Era casi increíble lo rápido que se le habían pasado los días.

Hermione no paraba de dar vueltas. ¿Iba bien vestida? Se acercó al espejo y se miró por enésima vez, sabía que Sirius le había dicho muchas veces que le daba igual lo que se pusiera; pero a ella no le daba igual. Se miró de nuevo en el espejo y se dio cuenta de que llevaba medio minuto sin respirar.

Por Merlín, estaba nerviosa. ¿Por qué estaba tan nerviosa? Era Sirius. Ya había estado con él a solas muchas veces…

A solas… Pero no así. En un cita.

En una cita de verdad con Sirius, con lo que podía implicar o no.

Sabía que él no la presionaría de ninguna forma, sabía que no le haría nada que no quisiese, confiaba en él, se sentía segura a su lado, cómoda y cálida. Pero de alguna manera, eso no le ayudaba en esos momentos. En esos momentos en que sus nervios estaban descontrolados y por mucha lógica que usase para calmarse, era imposible.

Cogió aire y respiró.

Merlín, ¡los nervios iban a acabar con ella!

-No, no… así no voy bien.- Habló en voz alta mientras abría el armario de golpe.

-¿Qué haces?- Preguntó Ginny entrando en la habitación con una bolsa de patatas fritas en la mano. Se tumbó en la cama de Hermione que estaba llena de ropa.

-No lo sé… la verdad. ¿Qué hago?- Le preguntó nerviosa.

-Tú sabrás…

-Oye… ¿Voy bien? ¿Te parece que voy bien?- Preguntó atropelladamente. Se miró al espejó y se quitó el jersey que llevaba.

-Para.- Aconsejó la pelirroja. Pero Hermione había empezado a quitarse también las botas.- Hermione…- La llamó suavemente. La bruja se le acercó y le paró las manos.- Vas perfecta.- Aseguró tratando de tranquilizarla. Hermione cogió aire y procuró tranquilizarse.

-Tienes razón, sólo es Sirius.- Trató de convencerse.- Es un amigo.

Ginny se la quedó mirando con una ceja alzada.

-No creo que Sirius contemple eso de la friendzone.- Susurró como quien no quiere la cosa.- Y creo sinceramente que tú tampoco.

-¡Ginny! ¡No me estás ayudando!- Se quejó.- A todas estas, ¿querías decirme algo o sólo has venido a ver cómo me consumen los nervios?

-He venido a decirte que Sirius ya está abajo.- Comentó saliendo por la puerta.

-Espera ¿Abajo?

-Abajo.

-¿Abajo abajo?

-Abajo abajo.

-¿Abajo en los terrenos o abajo en el hall?- Preguntó.

-Abajo en nuestra sala común.- Comentó divertida mientras desaparecía. Las piernas de Hermione temblaron.

-Bueno, tranquila, relájate. Que solo es Sirius.- Se dijo así misma en voz alta mientras cogía el bolso. Salió de la habitación y bajó corriendo.

-Pensé que te habías arrepentido.- Sonrió el hombre mientras se acercaba a ella con cuidado y le depositaba un beso en la mejilla a la vez que la sujetaba por la cintura con un brazo a modo casi de abrazo; cómo había hecho ya varias veces. Sin embargo Hermione esta vez lo sintió distinto. Black se separó de ella un poco y sonrió.

-Yo os dejo, que tengo… Tengo que pulir el mango a la escoba…- Ginny le guiñó un ojo a la castaña mientras desaparecía por la puerta.

-¿A que ha venido eso?- Le gritó la bruja, pero su amiga ya había salido por el retrato entre risillas divertidas y delatoras.

-¿Lista?- Preguntó Sirius; la agarró de la mano y se acercó a la chimenea.- Confía en mí.

-Sabes que confió en ti.- Contestó rodando los ojos con impaciencia. ¡Claro que confiaba en él! Qué tontería. Sirius se acercó a ella un poco, mirándola con aquellos ojos grises y su sonrisa cautivadora en la cara. Sus manos aun seguían sujetas y Hermione dejó de respirar por un momento.

-Y sin embargo estás nerviosa.- Comentó con suavidad. Las mejillas de la bruja se enrojecieron y Sirius sonrió aun más. Era absolutamente adorable.- Confía en mí.- Dijo de nuevo.- Me conoces…

-Lo sé…

El hombre tiró algo en la chimenea, metió a la bruja dentro, y gritó algo ininteligible. Hermione salió de la chimenea despedida, cayendo sobre un suelo de madera. Tras ella apareció Sirius sonriendo mientras salía de entre las cenizas impoluto, mientras que la joven bruja que todavía estaba en el suelo trataba de quitarse el hollín de encima. El hombre se acercó a ella sonriendo, y la ayudó a alzarse con delicadeza mientras le quitaba una ceniza de unos de sus adorables bucles castaños.

-Genial.- Se quejó la bruja.- Ahora parezco un vagabundo.- El profesor movió suavemente la mano y todo el hollín y las cenizas desaparecieron del pelo y la ropa de Hermione.

-¿Mejor?

-Gracias.

-Perdona mis modales, que descortés antes; así no es cómo debería empezar una cita.- Se disculpó.- Buenas tardes Hermione, hoy estás especialmente preciosa.- Mencionó Sirius con una pequeña pero sincera sonrisa.

-Si claro.- Se burló la joven mirándose ambos.

-Si claro… ¿por qué?

-¿Me estás llamando a mi preciosa? ¿Te has visto?- Le increpó la bruja. Sirius se miró en el reflejo de una ventana.

-Lo siento,- se disculpó mirándose un momento.- Te conozco, así que se me ocurrió llevar ropa muggle, para no llamar la atención. ¿Tan mal voy?

-¿Mal? ¡Me dijiste que era una cita informal!

-Y lo es…

-¿En serio? - Se quejó.- Pareces un modelo de portada de revista y yo parezco recién salida de un albergue para indigentes.- Sirius no puedo evitar una ligera carcajada. Pero no consiguió que el ceño de Hermione dejara de estar fruncido…

La bruja lo miró aun más, ¿así que eso era informal para él? Íbamos bien.

-No es verdad, estás increíble, cómo siempre; y esto es algo casual muggle que tenía perdido por el armario.

-No estás haciendo que me sienta mejor.- Se quejó de nuevo la bruja. Ella llevaba un simple jersey azul de cuello alto a juego con unos pantalones vaqueros ajustados y unas botas de montaña de ante grises. Llevaba el pelo suelto y apenas se había maquillado. Sólo un poco de base y porque la crema hidratante llevaba un poco de color y un ligero brillo en los labios que no era otra cosas que protector labial. Encima llevaba su abrigo gris oscuro de lana.

-Pero si estás preciosa.

-¡Voy con botas y pantalones tejanos!- Volvió a quejarse.

-Estás perfecta, te lo creas o no. ¿Porque nunca me crees cuando te digo que para mi eres preciosa lleves lo que lleves?- Aclaró mientras le ofrecía la mano. Hermione aceptó resignada. Se sentía el patito feo al lado de aquel hombre atractivo. Sirius llevaba un jersey blanco de lana merina, un pantalón chino de color negro sujeto con un discreto y elegante cinturón negro. Sus discretos botines también negros de cuero encajaban perfectamente con aquel look, bajo el brazo llevaba un grueso abrigo de lana gris parecido a los que solían llevar los antiguos soldados en la WWII. Lo más informal, casual y despreocupado de lo que fue capaz, pero en realidad había conseguido un aire elegante, atractivo. Precisamente como si hubiera acabado de salir de una sesión de fotos de una revista de moda.

Hermione no tenía una autoestima baja, no se consideraba atractiva, pero tampoco se consideraba fea. Pero al lado de aquel hombre era como la mujer de Shrek.

-Alguien debería decirte más a menudo lo atractiva que eres, para que dejes de dudar de ti.- Comentó con firmeza mirándola a los ojos.- ¿Nos vamos?- La invitó a salir con amabilidad.

Salieron de la sala con tranquilidad. El lugar parecía una casa señorial o un palacete. Estaba en perfecto estado, los tapices, cuadros, muebles, todo parecía cuidado. El ambiente cálido. Se notaba que las chimeneas estaban encendidas, sin embargo parecía deshabitada. A medida que avanzaban la bruja no pudo evitar observar las obras de arte, jarrones...

-¿Es tuya?- Preguntó curiosa.

-¿La casa?- Sirius hizo una pausa.- No, es de Lord Jarek Wiekneesnewski.

-¿Quién?

-Lord Jarek Wiekneesnewski.- Repitió con calma.

-Y donde está Lord Wien… -La joven frunció el ceño. Que apellido mas difícil.- ¿Dónde está Lord Jarek?

-No está.

-Dime que no nos hemos colado.

-¿Por quién me tomas?- Comentó haciéndose el ofendido mientras sacaba un manojo de llaves.- Jarek es un amigo de la Orden, en aquella época nos la dejó como casa franca. Nos era bastante útil para salir de Inglaterra. No está deshabitada, pero casi, viene muy poco por aquí. Fue un buen recurso incluso cuando no era por la guerra, de hecho la usaba más yo, que él.- Sirius la condujo a través de algunas salas y pasillos.

-¿Y porque la usabas mas tú?- Preguntó la bruja. Sirius se limitó a mirarla con una sonrisa de medio lado mientras soltaba una pequeña carcajada. Hermione se enrojeció al momento, seguro que aquella casa era donde llevaba a sus interminables conquistas.

-No es lo que estás pensando.- Aseguró el hombre.

-¿Y qué es lo que estoy pensando?

-No traía a mis citas aquí si eso era lo que estás pensando; venía sólo a relajarme, es un lugar ideal para ello.- Afirmó.

-Yo no he dicho nada de eso….

-Pero lo has pensado, te conozco demasiado.- El hombre abrió la puerta invitándola a salir a un patio de armas. Estaban rodeados de una imponente cadena montañosa. La nieve brillaba por todas las zonas de montaña, pero sobre todo las más abruptas donde no había arboles. Un viento helado les dio de lleno en la cara. Era pleno invierno y estaban en zona de montaña. Hermione rechinó los dientes. No llevaba ropa de abrigo, no lo suficiente para lidiar con aquellas temperaturas de todas formas.

-Perdona, soy un desconsiderado al no haberte avisado de las temperaturas.- Sirius agitó su varita, de la nada comenzó a formarse un gorro de lana, seguido de una bufanda y unos guantes. Los cogió en el aire, y se los colocó. Después agitó una vez más la varita y Hermione sintió como su abrigo y lo que acababa de colocarle Sirius, empezaba a vibrar y a emitir un suave y agradable calor.- Mucho mejor así.

-Gracias. Si; definitivamente mucho mejor así.- Asintió mientras se refugiaba tras la ropa.

Sirius se sacó unos guantes de cuero negros que se colocó en las manos.

-¿Vamos?

-¿A dónde?

-Allí.- Señaló el hombre a lo lejos, en el valle a tres o cuatro kilómetros de ahí, se veía un pequeño y asilado pueblo cubierto de nieve.- Zakopane.

-¿Y qué vamos a hacer allí?

-Ya lo verás.- Sonrió mientras comenzaba a bajar por las grandes escalinatas de piedra que daban a un camino empedrado.

-¿Vamos a ir andando?- Preguntó con curiosidad mientras le devolvía la mirada.

-Si, Zakopane es muggle. Por lo que no es buena idea aparecernos allí. ¿Algún problema?- Quiso saber.

-Para nada.- Sonrió por primera vez mas relajada.- Estoy en tus manos.

-Eso me gustaría.- Comentó en voz baja aunque Hermione lo oyó claramente, sus mejillas se encendieron de nuevo.- Pues vamos…- Susurró cambiando de tema.

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Pasearon por un camino empedrado que serpenteaba montaña abajo entre arboles y nieve. Más de treinta minutos después vieron por primera vez la primera casa a las afueras del pueblo. Era completamente de troncos de madera, con techos empinados de pizarra negra cubierta de nieve y porches antiguos acristalados. Tras pasar un puente de piedra y madera de estilo medieval, un pequeño grupo de casas de madera y piedra se arremolinaban a orillas del río.

El bullicio se empezó a escuchar. Pero seguía sin ver a nadie. Caminaron por la calle unos metros hasta que doblaron una esquina. La plaza del pueblo de estilo medieval se alzó ante ellos. El lugar estaba lleno de gente, había puestos de frutas, herreros con fragua, carpinteros, niños montados en ponys, juegos...

-¿Una feria medieval?- Preguntó la bruja sonriendo.

-Son las fiestas de invierno de Zakopane.- Contestó.- Pensé que te gustaría la idea.- Hermione sonrió y se acercó al primer puesto que vio. Una anciana tejía en un telar telas blancas con bordados de colores llamativos con motivos florales. Vieron halcones, cierres con gallinas, patos y cerdos, hornos de piedra con panaderos haciendo pan. Era como estar en un mercado del siglo XVI. Las personas iban ataviadas con lo que parecían trajes típicos con gruesos sombreros que protegían del frío y abrigos de piel de ante. Una señora se le acercó feliz ofreciéndole algo. Pero Hermione sólo podía asentir y sonreír no entendía… polaco.

-Sirius, ayuda.- Le pidió algo agobiada aunque en el fondo intentaba no reírse. Pero el hombre la ignoró divertido observando como aquella desconocida intentaba venderle quesos y embutidos locales. Después de aquella señora apareció otra mas, que le puso gruesas pieles en las manos, y otra que le ofrecía gallinas vivas.- Ayuda.- Pidió de nuevo mientras trataba entre risas y amabilidad declinar las ofertas de aquellas corpulentas mujeres polacas.

-Parece que te las apañas muy bien.- Se rió el hombre mientras lo observaba todo con los brazos cruzados.

-Traidor.- Se quejó la bruja sin evitar la carcajada. Sin embargo la bruja pareció por fin apañárselas bastante bien y rechazar las ofertas de las vendedoras.

Pasearon por la plaza viendo puestos de artesanía, comiendo todo tipo de manjares locales y dulces, observando a juglares haciendo malabares, y todo tipo de juegos medievales.

-Tienes que probar esto.- Comentó Sirius acercándole un bolsa de papel con algo dentro.- Faworek.

-¿Qué?

-Pruébalos.- El hombre cogió uno y se lo puso en la boca. Las orejas de Hermione se pusieron rojas como un tomate.- ¿No me digas que te da vergüenza?- La joven se acercó y le dio un mordisco. Parecían una especie de galletas con forma de lazos planos.

-¡Saben a vainilla!- Masculló sorprendida y encantada. Sirius se limitó a sonreírle, acercó una mano y le quitó una pequeña miga que tenía en la comisura. Hermione se acercó a él inconscientemente, quería estar más cerca de él.

Alguien la empujó sin querer haciéndola a un lado, una pequeña marabunta de gente se estaba arremolinando en los alrededores de un pequeño escenario de madera.

-¿Qué ocurre?- Le preguntó a Sirius.

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-¿De verdad Hermione?- Le dijo mientras la señalaba. Hermione empezó a reírse mientras comía otra galleta y aplaudía entusiasmada, el hombre de ceremonias ataviado con pieles tradicionales hablaba rápidamente en polaco, y Hermione no entendía ni una palabra. En realidad no entendía el polaco, pero por el contexto y los gesto podía entender lo suficiente para saber lo que estaba a punto de pasar.- ¡Está bien! ¡Vale!- Sirius se quitó el abrigo y los guantes y se los lanzó.- No sé porque demonios hago esto.- Murmuró para sí mismo aunque en el fondo estaba divertido.

Sirius estaba en medio de mas hombres, casi todos le sacaban una cabeza y medio cuerpo, eran corpulentos y regios. Uno de ellos le dijo algo que Black pareció medio entender. Entonces se colocó en una lateral, le dieron un hacha y le pusieron delante un tronco.

Antes de que pudiera decir nada, alguien había dado un grito de salida, y todos se habían puesto a dar hachazos al tronco.

Era un concurso de cortar leña.

Hermione empezó a reírse a carcajadas, Sirius era un mago urbanita y de familia rica, no podía imaginárselo cortando leña cómo un leñador de montaña. Le aplaudió, silbó y animó mientras lo veía pelearse con aquel tronco grueso. No lo estaba haciendo nada mal, aunque por supuesto iba perdiendo.

-¡Vamos Sirius!- Lo animó. Aunque no sirvió de mucho, el iba por la mitad cuando el vencedor se alzó con la victoria. Todos aplaudieron y uno de los polacos de su lado le golpeó la espalda divertido. Tras esto lo llevaron a un recinto rodeado de una valla de madera, había dianas pintadas en troncos gruesos y el suelo estaba cubierto de paja. Uno de los chicos le puso a Sirius tres hachas en la mano y le hizo señas para que lanzara.

Hermione sintió su mirada gris y una sonrisa de superioridad y diversión en su rostro que solo había visto una vez, cuando la había medio obligado a subir en escoba.

Alguien silbó y los hombres comenzaron a lanzar las hachas contra la diana. Hermione abrió los ojos con sorpresa y coreó con el resto de multitud cuando Sirius acertó con las tres hachas en la diana.

Una mano gigantesca se estampó en la espalda del ex presidiario dándole la enhorabuena mientras los conducían a otro sitio. La bruja pudo ver como Sirius se quitaba una fina capa de sudor de la frente.

Observó cómo le hacían señas e indicaban algo con la mano, después lo sentaron en una mesa y le pusieron delante tres jarras grandes de cerveza. Todos cogieron una, y Sirius los imitó.

La gente empezó a animar y gritar entusiasmados, a aplaudir y silbar. Alguien gritó, haciendo una cuenta a atrás, cuando se quiso dar cuenta estaban bebiendo las cervezas lo más rápido que sus gaznates pudieran tolerar. Cuando Sirius iba por la mitad de la segunda, el resto aún la estaban empezando.

-¡Vamos Sirius!- Gritó Hermione aplaudiendo. El hombre aceleró el ritmo y se bebió la última jarra de cuatro tragos. La multitud local estalló en vitoreos mientras alguien lo alzaba en hombros cómo si hubiera hecho la gran hazaña del día.

-Dobra, dobra…- Le gritó uno mientras estallaba su enorme mano de hombre de montaña en su espalda. Sirius avanzó dos pasos y trató de no tambalearse demasiado mientras se limpiaba la cara de cerveza.- Zwycięsca Black- Voceó el hombre mientras le entregaba una pequeña figurita de madera de un oso tallado con el nombre de la ciudad. Después levantó la mano del hombre y de nuevo el pueblo aplaudió.

-No está mal...- Se burló Hermione cuando unos minutos después la gente lo había librado.

-¿Para ser un mago rico de ciudad?

Hermione se rió y se acercó a él quitándole una brizna de paja del pelo y entregándole su abrigo.

-Ha sido muy gracioso, parecías un caballero de la edad media.

-Me alegro divertirte.- Sonrió mientras se colocaba el abrigo, los guantes y señalaba una pequeña taberna a sus espaldas.- Este caballero necesita reponer fuerzas. ¿Qué me dices mi lady?- Sirius hizo una reverencia exagerada mientras le ofrecía la mano.- ¿Me hará el enorme placer de acompañarme a cenar?- Preguntó con solemnidad y teatralidad.

Hermione le cogió la mano en señal de aceptación, pero no la soltó. Sirius la miró a los ojos con calidez mientras le besaba la mano, y ambos pasearon hasta la taberna de la plaza.

Cuando entraron; el calor abrumador de la chimenea, el olor a fuego y cerveza transportó a Hermione directamente a la edad medieval. Se sentaron en una mesa de madera desgastada con taburetes y bancos medio destartalados que había cerca de la chimenea. Las paredes eran de piedra y madera, con algunos objetos de madera decorando las paredes y flores desperdigadas por el local, junto a mesas rectangulares, y más bancos. Ambos se pusieron cómodos y tomaron asiento.

Un hombre viejo y corpulento colocó delante de ello dos jarras y se fue.

-No hemos pedido…- Hermione frunció el ceño pero no dijo nada más.- ¿Qué es?

-Yo diría que grzaniec.- Comentó mientras veía el contenido y le daba un sorbo.- Confirmo, es grzaniec.

-¿Qué?

-Cerveza caliente con especias y azúcar, es muy típico de invierno. Y se agradece que sea caliente dadas las temperaturas de esta zona.- Se alegró mientras le daba otro sorbo.- Esto es una taberna típica de aquí, no tiene carta ni menú, sólo sirven lo que tengan ese día.- Informó mientras le acercaba la jarra.- Pruébalo, te gustará.

Hermione asintió y le dio un sorbo mientras sonreía. El aroma amargo de la cerveza se enmascaraba gracias a las especias y la naranja, y el dulzor del azúcar y su temperatura la reconfortaban. No en sabor, pero en cuanto a sensación, le recordaba a la cerveza de mantequilla.

El tabernero se acercó con varios platos, dejando sobre la mesa un plato con quesos, mermelada de arándanos y pan, otro plato con una especie de empanadillas o dumplings y una hogaza de pan que puso en medio.

Hermione abrió los ojos con sorpresa.

-¡Somos dos! De aquí comen cuatro personas por lo menos.- Se quejó por la cantidad de comida.

-Estás en zona de montaña en invierno, la mayoría sólo hacen una comida al día, y suele ser a estas horas. Así que son normales las cantidades.

-Después de esto dudo mucho que puedo volver a subir el camino de vuelta al castillo.- Bromeó divertida ante los enormes platos- ¿Qué es?- Preguntó curiosa señalándolos.- Obviamente eso es queso, y esto pan, ¿pero lo otro?

-Diría que lo otro son pierogi, son como ravioles italianos, pero rellenos de patata con cebolla y cubiertos de panceta frita y crema agria, y este pan no es solo pan.- Se rió mientras destapaba la hogaza para descubrir una sopa pálida y blanquecina de increíble aroma agrio y ahumado.- Es zurek, sopa de centeno. Lleva salchichas, panceta, centeno… Deliciosa.- Indicó.

Hermione atacó rápidamente un trozo de queso, y abrió los ojos feliz.

-¿Te gusta?

-Merlín, si. Yo en otra vida he tenido que ser un ratón.- Bromeó.

-No creo, yo te veo más cómo una leona, un gato… Un felino en general.- Comentó mientras cogía uno de los pierogi.

-¿Un felino?

-Si, por esa gracia que tienen al moverse, esa belleza peligrosa y fiera…

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Hermione soltó una carcajada ante una broma de Sirius.

La joven se echó para atrás en su taburete, recostándose contra la pared de piedra, cerrando los ojos y relajándose un poco. Estaba a reventar.

-¡No he comido tanto en mi vida!- Se medio quejó mientras se llevaba las manos al estómago. – Me va a doler la barriga por todo lo que he comido.

-No exageres, a penas has comido.- Comentó mientras devoraba el último trozo de tarta de queso polaca.

-No sé como lo haces, pareces Ron. Sois como pozos sin fondo, comes como una lima y encima mírate.- Lo señaló.- Estás increíble.

-Gracias por el cumplido.- Agradeció, la castaña al momento se avergonzó por lo que había dicho.- Tienes que dejar de avergonzarte por todo.- Sugirió suavemente.

-Contigo a mi lado es complicado.- Confesó.

-¿Te incomodo?

-Sabes que no, sólo que me gustas… y…- Hermione suspiró y lo miró. No acabó la frase, y no tenía intención de hacerlo, pero no parecía que a Sirius le molestara.

-¿Quieres dar un paseo?- Preguntó el animago mientras intensificaba su mirada, sus ojos grises brillaban increíblemente, eran cálidos y agradables, y Hermione pensó que se perdería en ellos.

-Me encantaría.

Sirius pagó y ambos caminaron por el pueblo, ya era de noche, aunque no era tarde. Las farolas amarillentas iluminaban las casas de madera naranjas y la nieve, lo que envolvía a todo el pueblo en una agradable luz anaranjada que aportaba calidez incluso estando bajo cero. Sirius la agarró de la mano y después, la acercó a él abrazándola contra su cuerpo, después avanzaron así, juntos y medio abrazados. Cómo una pareja cualquiera.

Llegaron al puente sobre el río y Sirius se detuvo un momento, respirando el olor del hielo y el aire fresco que salía del agua que corría bajo ellos.

Acercó el cuerpo de Hermione al suyo, abrazándola por la cintura con dulzura pero con un potente deje de ansiedad que no podía ocultar. Hermione levantó la cabeza, mirándolo con aquellos ojos castaños que tanto le gustaban, con sus mejillas sonrojadas por el frío y sus labios rojos y carnosos. Se quitó los guantes, quitó las manos de su cintura y agarrándole la cara con suavidad la besó.

Suspiró contra sus labios aterciopelados y calientes a pesar del frío, llevaba tanto tiempo queriendo besarla que no se lo podía creer. Movió su boca lentamente, deleitándose en la suavidad del beso, en el aliento fresco de Hermione, en sus manos aferrándose a su chaqueta y en su respiración agitada.

Sirius gimió débilmente cuando notó a Hermione devolverle el beso, y creyó que el mundo se abriría bajo sus pies.

Él, Sirius Black, el Casanova, Don Juan… Había encontrado la horma de su zapato, esa mujer no era cómo el resto, ya sabía que era especial. Pero ahora que la besaba confirmaba que nunca había besado a nadie igual. Se apretó a ella con algo más de urgencia, volviendo su beso en algo lento y tortuoso, Hermione abrió la boca un poco mas y sus lenguas se tocaron un momento. Sirius gimió, la abrazó con fuerza y empujó contra la barandilla de madera del puente aumentando la intensidad, la presión, besándola con toda la ansía que había estado sintiendo.

Unos minutos después, y tras darse cuenta de que le costaba respirar Sirius se apartó de ella lentamente.

Hermione tenía los labios hinchados y la mirada vidriosa.

-Me moría por besarte.- Se disculpó.- Tenía tantas ganas de hacerlo desde hace tanto tiempo…- Confesó.

-¿Por qué no lo hiciste antes?- Preguntó con curiosidad mientras se acercaba a él y le daba otro beso, aunque esta vez mucho más corto.

-No quería que pensaras que eras una más de mis conquistas, no lo eres…- Hizo una pausa y la miró.- Sólo dime qué quieres y lo haré.

-Ahora mismo quiero volver.- Dijo, la mirada de Sirius se entristeció, pero Hermione sonrió mientras le cogía de la mano.- Pero me encantaría repetir las veces que hicieran falta.- Confesó.- Sin agobios y sin prisas.

-A tú ritmo siempre.- Susurró.- ¿Puedo besarte de nuevo?

-No tienes que pedirme permiso para eso Sirius.

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.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.- Fin del capítulo.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Ala…. Estoy segura de que este capítulo le gustará a muy poca gente, porque parece que odiáis a Sirius, pero no lo odiéis. Es un buen hombre y se lo está trabajando. Él tiene las cosas claras al menos, Severus no… así que no le podéis reprochar nada a Hermione por quedarse con Sirius (y a mí tampoco) aunque quizás muchas me odiéis pensar un cosa… Severus necesita esto, Severus necesita saber los errores que está cometiendo. Y los verá, le dolerá, pero los verá.

Necesita darse cuenta de lo tonto y estúpido que está siendo. Y Sirius es el único que podrá hacerle ver eso.

Ahora llega la temporada de Sirius… pero sabéis que no todo dura eternamente. Así que tened paciencia. Recuerdo que esto es, y siempre será un Sevmione, y hasta ahí os puedo decir.

Gracias a todas por los mensajes de apoyo. Por las lecturas, por estar ahí y por la espera. 16 capítulos significan 16 semanas aquí conmigo. Gracias.

Saludos de Cloe.