Disclaimer: los personajes no son míos, les pertenecen a sus respectivos dueños.
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Capitulo 7: Deadeye Joe
La lluvia caía sobre ellos. Dos personas marcadas por la guerra. Dejaron de lado las armas de fuego. Optaron por unas mas veloces, unas a las que se podrían considerar una extensión corporal, cuchillos. No pestañeaban. Sus respiraciones eran lentas. Sólo ellos dos en esa calle vacía, con los rayos iluminando la oscura ciudad.
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Nack se despertó en la mañana. En la habitación no había nadie excepto él. Al estar lejos de su granja, lejos de Sticks y de la tranquilidad de las praderas, su sueño se interrumpía. Se levantó de la cama y salió afuera. Sky Sanctuary era hermosa a las primeras horas de Sol. Nack asentó la cabeza al ver una patrulla de guardias equidnas pasar a su lado. Caminó hasta detenerse en los jardines. Tanto él como los demás, sabían que Shadow irían por ellos, y serían buscados de la misma forma como a Joe. Estando lejos de las manos del erizo oscuro, podían terminar el trabajo.
-Buenas.
La comadreja ladeó la vista, encontrando a Gabriel Reyes apoyado en el tronco del cerezo. Lo nuevo de verlo, es que no traía encima su armadura.
-Oh Gabe. Pensé que seguías durmiendo. – Nack inició la conversación.
-Me desperté temprano. – Dijo mientras se refregaba el cuello.
-¿desayunaste? – Preguntó la comadreja. Gabriel negó.
-Buenos días muchachos.
Ambos escucharon la femenina voz. Perci traía consigo dos tazas humeantes de café, que una le entregó a Reyes.
-Uh lo lamento Nack. – Dijo ella. – Pensé que dormirías hasta tarde. – Sonrió tras beber un sorbo del café junto al serio sujeto a su lado.
La comadreja quedó tildado por segundos.
-Ehhh... – Nack sacudió su cabeza. - ¿Alguien vio a Widow? – Cambió de tema.
-Debe estar durmiendo, sabes que tiene que descansar por esa herida. – Dijo Gabriel. – Igual ¿Desde cuando ella duerme tranquila?
-Ya que estamos solos, quiero decirte algo sobre ella: Esto no va a terminar bien.
-Lo sé Nack. – Reyes bebió del café. – Joe se refería a ella como una bomba de tiempo, y creo que con lo que está pasando, está a punto de explotar. ¿Saldrá herida? Si ¿Vivirá? Voy a evitar que le pase algo.
-También yo. – La comadreja juró con decisión. – Desde el primer día que la vi, supe que algo malo estaba pasando. Cada tanto se inyectaba un líquido en su cuerpo, que la hacía un poco… fría. Como para evitar algo. Nunca me contó todo lo que vivió, seguro no quería contármelo en el momento.
-¿Cómo que no? ¿Acaso no pasaban todo el tiempo juntos? – Preguntó Perci.
-Si pero, quería tocar el tema y Widow lo desviaba. Solo espero que con lo que nos contó, no sea una trampa. – Nack se cruzó de brazos, preocupado.
Parecía broma, pero todo caía en Widowmaker.
Angela Ziegler se percató de que eran las diez de la mañana y la francesa aún no salía de su habitación. Entendía que estaba herida pero por lo menos tendría que haber desayunado o levantarse de la cama. Caminó hasta el lugar y dio leves golpes a la puerta. La llamó por su nombre tres veces y nada. Pensó que aún seguía durmiendo, de todas formas, abrió la puerta. Apenas vio la cama vacía, se alteró un poco. ¿Dónde habría ido? Angela comenzó a buscarla por todo Sky Sanctuary. No quería alarmarse ni pensar en que escapó, no, con su cuerpo débil ¿Dónde iría? Los demás se preguntaron porqué la doctora Ziegler tenía una cara extraña, de estar preocupada. Nack y Reyes le preguntaron que pasaba.
-¿Han visto a Amelie?
Apenas la mujer formuló esa pregunta, la comadreja y el mexicano corrieron hasta el cuartel donde los equidnas guardaban sus armas.
Su ropa, su cuchillo, su visor, su gancho y su rifle no estaban. Widowmaker escapó.
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Apenas eran las tres de la tarde, y no había noticias de la mujer. Eggman rastreó la zona con sus Badniks sin éxito. Tampoco quería exponer al resto de los Red Bullets a las patrullas de Shadow. Realmente Widowmaker burló la seguridad de los equidnas, tomó sus cosas y se fue ¿A dónde? No lo saben. Registraron la habitación donde dormía, nada de pistas.
En grupo se encontraban en el jardín tras estar toda la mañana buscándola. Ni siquiera fueron capaces de comer unos bocadillos. Eggman llamó a la calma, no había de que preocuparse. Se trataba de Widowmaker, la mejor francotiradora que hayan conocido. De todas formas, el miedo a perderla era incalculable, era parte de ellos.
-No pudo haberse ido tan lejos. – Vector rompió el silencio. – Por favor amigos, estará bien. Seguro vendrá pronto. ¿Algo para decir? ¿Jet? ¿Silver? ¿Perci? Gabriel, tú la conoces bien, no le pasará nada ¿O si?
-Vector, no lo sé. Que mujer estúpida. ¡Sola! – Gritó Reyes con rabia.
-Retrocedamos un poco muchachos. – Angela Ziegler calmó las aguas. – Piensen un poco… si fueran ella ¿Dónde irían?
-¿A su cueva? – Dijo Brigitte Lindholm.
-No seria tan tonta en ir ahí, Shadow seguramente ya saqueó todas las cosas que había ahí. Si Amelie llevase algo que pueda ubicarla ahí sería otra cosa.
Tras haber escuchado a Silver, Nack sintió como si una lamparita dentro suyo se prendió. Fue donde dejaron las cosas que traían consigo. El comunicador de Widowmaker estaba en el mismo lugar. Regresó y lo mostró al resto.
Lo que pensaba la comadreja no era bueno. Esperar una señal de vida que venga del pequeño parlante del aparato. Una hora de espera. Al ver que se escucharía una voz, sólo quedaba esperar. Fue como oír al mismísimo ser de las tinieblas, su voz fue reconocida en segundos.
-Joe… - Nack se puso serio.
-Hola pequeña rata, me supuse que intentarían rastrear la señal de la perra. Ella está bien.
-¿¡Donde mierda está, hijo de puta!? – Reyes decía rabioso.
-No la toqué… bueno… me pasé un poco, pero respira. No sé como hicieron para cicatrizar esa herida que le hice en Casino Night pero supongo, que fue Angela ¿No? Esa mano la conozco. Espero que pueda conseguirle buenos órganos. – El ciborg comenzó a reírse.
-Si le llegas a tocar un pelo, pedazo de mierda metálica, juro que te voy a cortar la cabeza. – Si Joe viera el rostro de Nack, temería por su vida.
-¡Ey! Ese es mi estilo, consíguete el tuyo. – Contestó él. – Volviendo al tema, si quieren volverla a ver, vengan a Genocide City… tienen… hasta el amanecer… si no… - Joe reía con un tono leve, finalizando la llamada.
Gabriel Reyes, Angela y Brigitte vieron los rostros de sus allegados. La ciudad abandonada, una ciudad fantasma, la ciudad maldita.
Mucho antes de la rivalidad entre Sonic y Eggmam, existía Scourge el erizo. Se decía que era un descendiente del héroe azul de Mobius, se inventaron historias de su origen. Huérfano de nacimiento, rebelde, autoritario y salvaje. Shisai, el abuelo de Knuckles, fue su compañero. El dúo era imparable. Una misión se llevó a cabo, un homicida fue capturado por ellos. La diferencia fue que, entregarlo a la ley era en vano. Lo llevarían a una institución psiquiátrica y saldría otra vez, a matar. Scourge no aceptó eso, y fue el principio.
La gente prefería más a Shisai que a él. También era malagradecida con sus acciones. Fue donde el erizo se volvió peor que los criminales que atrapaba. Su maldad detonó en una ciudad, no hacía diferencia de edades cuando asesinaba a cualquiera que veía. Se volvió un monstruo. Con un poder inimaginable, el equidna se vio obligado a hacer algo que nunca haría. Después de ese hecho, dejó de ser un héroe y dedicó su vida a lo que estaba preparándose, proteger a su pueblo y a la Master Emerald.
La ciudad quedó abandonada por ese echo, solo ruinas y un mal recuerdo. Un Deja Vú.
Nack no permitiría que le pase algo a Widowmaker, como Gabriel y el resto. Ahora es tiempo de salir y acabar con la víbora metálica.
Se ponían sus pañuelos rojos, se armaron con las armas, y chalecos que contrabandeó Eggman hasta su poder. Joe era como un pelotón de cien hombres en uno, tenían que ir armados hasta los dientes. Aprovecharían que está solo, igual, sigue siendo peligroso.
-Usando esta nave, pueden llegar a Genocide City en una hora por lo menos. – Dijo Eggman. – Tiene un sistema que lo hace indetectable a los satélites, así que estarán a salvo de Shadow y GUN.
-¿Desde cuando tienes esta nave? – Preguntó Brigitte.
-Bueno ehhh, la tengo hace rato. Antes de que vinieran todos ustedes.
-Eggman, quiero que vayas con Shadow, y le digas que Joe está en Central City. – Dijo Nack. – Y dile que estamos ahí.
-¿Qué? ¿Para qué?
-Para que venga lo mas rápido posible. Esto no terminará bien, ya lo estoy viendo.
Nack tenía razón, esta noche podría ser la última para cualquiera. Con seis muchachos no va a alcanzar. Si esperan ayuda del erizo oscuro, Widowmaker moriría al amanecer. Hoy se define quien vive y quien no.
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Vector piloteaba la nave, con Jet y Silver como su copiloto. Había silencio dentro. Nack se sentó en una parte donde había una ventana, mirando la oscura nube de lluvia que se acercaba a ellos. Gabriel se encontraba atrás, cerca de la escotilla. Perci se intentaba colocar el chaleco antibalas, al ver eso, él le dijo que lo diera mientras la llamaba.
-Dame la espalda – Dijo Reyes.
-Okey. – La chica se corrió su pelo y alzó los brazos.
Para su sorpresa, Perci era mas alta de lo normal, como una adolescente humana, su estatura era igual que la de Vector. Al tener ya puesto el chaleco, se lo ajustó al cuerpo. Fue sorpresa también, y aprovechando que nadie veía, se dio vuelta y abrazó al hombre, apoyando su rostro contra su fornido cuerpo.
-Recuerda que tenemos un trato. – Murmuró Reyes.
-Lo sé, el que se enamora, pierde. Y creo que estoy perdiendo. – Habló ella con el mismo tono.
-Perci, ya lo hablamos de esto… -
-¿Te das cuenta de lo que hicimos? Nos tratarían de raros pero… si pasa algo, quiero agradecerte por esa espectacular noche.
La chica lo miró directamente a los ojos. El chaleco le apretaba mucho, continuó con sacárselo. Gabriel quería hablar, pero el dedo de la chica posando en sus labios, lo detuvo. Prosiguió a sacarse más cosas, y fue él mismo quien se la sacaría. Aprovecharían la soledad de la parte trasera de la nave, para culminar su unión. El orgullo le impedía pensar que también él, estaba perdiendo en trato.
Nack escuchaba pasos detrás suyo. Apareció Perci después de unos diez minutos. Tenía el pelo desprolijo y mientras se sentaba a un costado, se lo corregía con el pañuelo. Luego de unos minutos, apareció Reyes, abrochándose los pantalones. La comadreja no quería decir nada.
-Rayos, empezó a llover. – Dijo Jet viendo la cortina de agua.
-Voy a descender aquí muchachos, vamos a completar el viaje caminando por el bosque. – Vector habló mientras bajaba.
La nave dejó de emitir ruidos después de que lo motores se apagaran. Ya en tierra, el grupo se preparaba. Abrieron la escotilla y caminaron. La lluvia no dejaba de caer, ahora no importaba pescar una gripe. Jet tomó su patineta y su equipo, con la compañía de Silver se adelantaron, para verificar si no había contacto con alguna sorpresa. Vector, Perci, Reyes y Nack liderando el grupo, comenzaron a marchar.
Cada tanto, el cocodrilo ojeaba la retaguardia como el humano a los lados. Nack notó que nadie hablaba, así que para calmar el clima, aprovechó que tenía a Reyes a su lado.
-Sabes… nunca pregunté sobre tu vida, Gabriel. Quiero saber quien eras antes de… bueno, esto.
-Empieza tú primero, mi peludo amigo. – dijo Reyes.
-Bueno, nací en una numerosa familia en el campo. Nos criamos lejos de la ciudad. Mis hermanos y yo trabajamos desde que nacíamos. Fue un poco duro pero nos acostumbrábamos a esa vida.
-¿Tuviste estudios? – Preguntó Gabriel, interesado.
-La primaria solamente, tuve que dejar mis metas por ayudar en la granja. Papá se había enfermado y había muerto a los dos meses. Mamá jeje ehh. Después del fallecimiento no soportó estar sola y no había mucha ayuda económica. Mis hermanos se fueron uno a uno y quedé solo en la granja. No podía hacer mucho.
-¿Y que pasó con la granja? La vendiste, supongo.
-Si Gabriel, hice eso. Mi vida estaba un poco descarriada. Quería unirme a GUN pero no me llevaba con reglas de boyscout. Papá me enseñó a usar armas de fuego entre otras cosas. En mi adolescencia me volví un cazarecompensas, el más joven de este planeta, y aquí me tienes ahora. Sólo lamento que mi familia no viera que volví a tener la granja que perdimos.
-Así que volviste a tener lo que perdiste ¿hmm? Es bueno saber eso, Nack. Por lo menos Sticks saca lo mejor de ti.
-Si… ahora te toca a ti, hombre misterioso. – Dijo la comadreja.
-Oye Nack, nunca te abriste de esa forma. – Reconoció Vector.
-Lo lamento Nack. – Dijo Perci con pena.
La comadreja contestó con una sonrisa. Ahora era el turno de Gabriel, confesarse.
-Soy de una familia mexicana. México es un país de donde vengo, y me fui al norte, a Estados Unidos. No sabía nada de nada, comencé trabajando en un local de comida rápida hasta los dieciocho años, donde me enliste en el ejército de ese país. Prácticamente vivía en la milicia. Tres años después detonó una guerra mundial: Hombres contra máquinas. Fueron meses duros. Después de eso, mi superior me recomendó ir a una unidad especial de la ONU.
-¿Qué es ONU? – Preguntó curiosa Perci.
-Es donde cada país resuelve sus conflictos mediante charla. – Le explicó de manera sencilla a la bandicut y continuó hablando. – me uní a Overwatch y… - Gabriel suspiró. – ya saben el resto de la historia: traicioné a mis amigos, dejé que atraparan a mi hija y persiguieran a Ana Amari como un criminal cualquiera. En mi servicio con Bahamut, me cuestionaba a si mismo si lo que hacía era por él, o por mi. Me odio a mi mismo desde que atacamos la base en Egipto, no hice nada para salvarlo.
-Hay un dicho que siempre menciona Angela ehh ¡Ah! Errar es humano. – Dijo Nack.
-¿Cómo sería esa frase si la digo para mi? ¿Errar es de… cocodrilos? – Vector se rascó la cabeza dudoso.
-Abarcaría a tu especie y, sería estúpido. Es como decir "errar es de erizos" o comadrejas, o halcones o bandicuts y seguiría. – Le respondió Perci ligeramente molesta.
-Lamento haber interrumpido a tu "novio". – Le respondió el cocodrilo con forma burlona.
Perci ladeó la cabeza, tragando saliva y nerviosa. Nack continuó la charla.
-Bueno, volviendo al tema; Gabriel, también hice cosas que no me enorgullecen para nada. Y eh, lo que te puedo decir es que, siempre hay tiempo para tomar el camino correcto, aunque a veces se tenga que embarrarse en el proceso. En este caso es un tema especial. No es bueno matar, para nada. Quité vidas, para que otros no lo hagan. No estoy justificando el asesinato, no mi amigo. Es…
-Es un tema para otro momento, Nack. – Reyes posó su mano en el hombro de la comadreja, dándole palmadas amigables.
El grupo alcanzó a Silver y Jet, que los esperaban sentados mientras se cubrían de la lluvia. Los seis llegaron juntos, a Genocide City.
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Se miró al espejo. Sabe que desde sus inicios no se sentía humano. Quería más, y decidió convertirse algo mas que carne y hueso. Su fama ascendía a la par de su locura. Cargó su pistola como su rifle de asalto. Colocó el machete en la funda de su espalda, y el cuchillo en su pierna. Se despojó de su traje blanco, para usar su armadura oxidada aunque sea una última vez.
-¿Sabes? – Dijo Joe aún viéndose al espejo. – Sinceramente, te tenía envidia. Siempre. Una niñita mimada nacida en cuna de oro. No te faltaba nada, lo tenías todo. Familia, amigos, un novio. Una vida envidiable. Pensarás que hice todo lo que hice porque estaba loco, una parte fue por eso. La otra fue para descargar mi ira con la gente que me trató mal. Cuando me mandaron al manicomio en mi adolescencia, mi camino estaba marcado, no había salvación para mi.
-La gente quería ayudarte…
Widowmaker habló con dificultad, su garganta estaba aprisionada con una soga, al igual que sus muñecas y piernas, para que no escape, sentada en una silla. Con heridas de golpes y cortadas, seguía respirando.
-No había nadie quien me ayudara, y nunca lo hubo. De igual manera, no tenía nada que perder.
-¿Qué me vas a hacer ahora?
-Podría matarte ahora mismo… pero quiero ver como mueren para salvarte. Ésta es mi última noche, y les voy a dar un show, que nunca olvidarán.
El mercenario se marchaba de la habitación, no sin antes activar una bomba de presión debajo de la silla. Si se levanta, moriría. Si el contador llega a cero, moriría. Quedan diecinueve minutos y contando.
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Separarse no era buena idea en estos momentos. El grupo tenía comunicadores pero seguiría aumentando las posibilidades de morir. La lluvia no ayudaba mucho a la vista, no era torrencial, pero les jugaba en contra. Ir por cada uno de los edificios tampoco sería buena idea. Nack se refugió detrás de un auto abandonado y asediado con el tiempo, como todo el lugar. La ciudad misma era inestable. Solamente las luces de los relámpagos y las linternas alumbraban los rincones de Genocide City. El resto del grupo fue en dirección a la comadreja.
-¿Ahora? – Dijo Vector.
-Tenemos que encontrar a Widow pero ¿Dónde estará? Es una ciudad, no podemos buscar en cada edificio. – Habló Jet.
-O la encontramos o morimos aquí. – Perci se sentía rendida.
-Puedo buscar por algunas zonas, y registrar los techos. – Propuso Silver.
-Si Joe te ve volar, probablemente mueras de un tiro. Te quiero en tierra. – Le ordenó Reyes.
-El tiempo nos juega en contra, muchachos. – Dijo Nack desenfundando su revolver.
-¡Opino igual que él!
Tanto la comadreja como el resto del grupo, divisaron a metros adelante al mercenario, Deadeye Joe, parado en el medio de la calle. Estaban a metros del peor genocida que vivió, el último que queda del régimen. Silver levantó vuelo, quedando en el aire con sus puños llenándose de emergía telequinetica. Los demás desenfundaron sus armas, apuntándolo.
-¿Dónde está Widowmaker? – Preguntó Gabriel Reyes sin bajar sus escopetas.
-A ella le queda poco de vida, como a ustedes. – Respondió el mercenario.
-Al que le queda poco tiempo, es a ti, Joe. – Continuó Nack, sin pestañear. – Deja de actuar y ahórranos la búsqueda.
-Mmm le quedan unos… - El mercenario miró el reloj de su muñeca. – Quince minutos de vida. De todas formas, ustedes no llegarán a los diez minutos.
Todos se quedaron quietos, nadie bajó la guardia sin importar nada ni la lluvia que asediada la abandonada ciudad. Un rayo iluminó el cielo, aprovechando los segundos, Joe fue el primero en disparar.
-¡Vamos a ponernos dramáticos!
Tras decir eso, continuó disparando, con Jet arriba de su patineta y Silver siguiéndolo por las calles.
-Joe se apareció de golpe, entonces Widow está cerca. – Dijo Nack.
-¡Yo iré por ella! – Dijo Vector
-No, ustedes vayan con Silver y Jet. Yo me encargo de encontrarla.
-Voy contigo Gabriel. – Le dijo Perci.
-… Okey. ¿Nack?
-Si Gabe, encárguense ustedes. Vector ¡Vamos!
-¡Te sigo!
El cocodrilo y la comadreja comenzaron a correr. Gabriel se dirigió al edificio de la calle siguiente y Perci al del otro lado. El tiempo seguía corriendo.
Joe esquivó uno de los autos que lanzó Silver, que explotó unos momentos después. Jet se acercó a máxima velocidad, pegándole un garrotazo en el abdomen. Derrapó y se preparó para un segundo ataque. El erizo gris lanzó otro auto. Joe saltó y aterrizó en el techo del vehículo, para impulsarse hacia Silver. El garrote le pegó en la cabeza. Jet lo lanzó con precisión. Al estar en el suelo, el mercenario veía como el halcón se acercaba, con la intención de chocarlo. Desenfundó su rifle de asalto, y disparó. Jet se desvío de las balas, al terminar chocando contra un auto, saliendo disparado.
-¡Jet!
Silver vio como su amigo raspó el suelo con fuerza. Perderle la vista a Joe no era conveniente. Se rodeó de energía telequinetica, y las balas impactaban con ella. Al mismo tiempo que recargaba, el mercenario se cubrió detrás de un montón de basura. Salió de su escondite temporal, para ver como su rifle sea destruido por el poder de Silver.
-Ya me despojaste de muchos amigos, no volverá a pasar. – El erizo bajaba.
-Estaba esperando este momento, Silver. Tienes el honor, de enfrentarme.
-No hay Phantom Ruby que puedas usar.
-Solo cuento… con mi ingenio.
Joe lanzó al suelo una granada segadora, haciendo que Silver se tape los ojos por la segadora luz. Fueron segundo, y se encontraba solo. Regresó donde estaba Jet, que se levantó malherido por el choque. Fueron rasguños solamente, no bastaría para detenerlo.
-¡Jet!
-Estoy bien amigo ¿Joe?
-Debe estar… ¡Por aquí!
Silver se envolvió con energía, protegiendo al halcón al mismo tiempo, que las balas impactaban en el escudo. Había desecho su rifle de asalto, y seguro que tenía más armas por toda la ciudad. Usando la ira, la impotencia y la desesperación, Silver comenzó a desestabilizar los cimientos del edificio donde Joe se encontraba. El suelo templo y la estructura de concreto y acero se derrumbaba, causando un efecto dominó en esa calle. Activando sus propulsores, el mercenario se salió con la suya. Al caer los edificios, el polvo ocupó cada rincón de esa zona. Silver aún dentro de su bola de energía, con Jet protegiéndose con sus brazos, sus pulmones y ojos no tendrían problemas. El erizo deshizo el escudo.
-El polvo está bajando.
-Si pero… No bajes la guardia, Jet.
En dúo se colocó espalda contra espalda, moviéndose lentamente. Pestañar no seria buena idea. Como un león, Joe se lanzó sobre ellos desde las sombras. Silver empujó a Jet, empezando una pelea.
Tomó el cañón del rifle del mercenario, atrayéndolo hacia un lado. Teniendo su cara detrás, le propuso un codazo directo en la frente, haciendo que soltara el arma. Joe desenvainó su cuchillo que por centímetros, rozó el cuello de Silver. Sabía que si lo atrapaba con la telequinesis, no se escaparía. Joe constantemente se movía con velocidad, esquivando los golpes y poderes de Silver. Lanzó el cuchillo hacia Jet que, se clavó en la patineta. El erizo lo golpeó en la cara, desprotegiendo sus costillas. Un rodillazo de parte del mercenario le produjo un quejido. Le tomó el brazo y como rama seca, lo quebró. Silver gritó de dolor al tener un brazo menos. Contrarrestó el contraataque y le rompió la rodilla, para terminarle de quebrar el otro brazo. Silver quedó inmóvil, maldiciendo y gritando como bestia herida.
-Te dije… - Joe puso un pie encima de la cabeza del quebrado Silver. – Que cuento con mi ingenio. – Lentamente levantó la pierna, para finalizar la pelea.
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-¡WIDOW! ¡¿Dónde estás?!
Perci sabía que gritar no era la forma adecuada de encontrar a la mujer. No sabía si el ciborg tenía gente por Genocide City, esperando a disparar. No quería saber cuanto tiempo quedaba. La búsqueda se hacía mas agobiante al no encontrar nadie por los pisos.
-Ohh por favor ¿Dónde estás?
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Gabriel Reyes recurrió al grito también. En edificio estaba en muy malas condiciones, a casi de derrumbarse, con grafitis en las paredes y garabatos extraños. Un rayo de esperanza fue ver un cableado que subía las escaleras.
-¡AMELIEEE!
- … ¿eh? ¿Gabriel? ¡Gabriel! ¡GABRIEEEEL! ¡AQUÍ ESTOY! ¡AQUIII!
Tras breves minutos, Reyes encontró a Widowmaker. Suspiró al verla sana. Lo que le inquietó fue verla sentada arriba de una bomba de presión.
-¡Por dios mujer! ¡¿Qué rayos te pasó por la cabeza!? – Gabriel quería maldecirla más, pero bastaba ya que está arriba de un explosivo. – Sabía que ibas a hacer algo estúpido.
-Quería terminarlo… y no funcionó. – Dijo ella.
-Hija de p… no. Quedan unos siete minutos a la bomba. – Le decía mientras la desataba.
-¿Puedes desactivarla?
-Hace mucho no hago eso. Pero lo voy a intentar. ¡Perci! – La llamó por comunicador. – Encontré a Widow, está a tres manzanas de aquí, ven lo mas rápido posible. – Término de decirle. – Okey, ahora… no te muevas.
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Silver se salvó por centímetros. Jet le propinó un golpe en la cabeza a Joe, rompiendo la patineta en dos. El halcón esquivó el contraataque y respondió con un patada directa al pecho. El golpe fue brutal, que lo mandó metros atrás, haciéndolo chocar contra la pared. Jet sentía una sustancia liquida. Al escupir, era sangre.
-¡A ver si te metes conmigo!
Vector saltó, aterrizando y dándole un gancho a Joe, levantándolo del suelo por la fuerza del golpe. Nack le disparaba y si no fuera por la mano, el mercenario tendría una bala en la cabeza.
-¡Vector, distráelo! – Dijo la comadreja. Recargaba su revolver mientras iba a ayudar a Silver. - ¡¿Estas bien muchacho?!
-Que pregunta estúpida, por favor. ¡Sácame de aquí, Nack!
-Okey pero te tengo que arrastrar.
-¡Si si vamos adelante..! ¡Ohh! ¡POR FAVOR QUE DOLOR! ¡AAAHH!
Nack refugió a Silver lejos de la lluvia y de Joe, dejándolo apoyado en la pared, dentro de un restaurante. Aún había mesas y sillas, pero en mal estado. Se arrancó pedazos de su poncho, para cubrir heridas. El erizo ya estaba mas calmado.
-Nack, tienes que acabar esto.
-No hables amigo, ya debería estar viniendo Eggman con Shadow y algunas tropas GUN. Resiste ¿Te las arreglas solo? – La comadreja se levantó.
- Si si, ve.
Nack se quedó viéndolo por unos momentos. Supo que ese erizo, viajero del tiempo, era duro. Ya con su revolver cargado, fue de nuevo a la pelea.
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-¡¿Gabriel?!
-¡Perci!
Reyes ya estaba trabajando en la bomba. Miró el contador, le quedaban tres minutos. Ya desconectó varios cables, solo faltaban dos, el que detonaba la pólvora, el del contador y faltaba desactivar el mecanismo que activaba la explosión. Si la mujer apenas se levantaba, explotaba, y si el contador llegaba a cero, también. Ya cortó otro cable.
-¿Sabes desactivar esa cosa no? – Preguntó la bandicut viendo la bomba.
-Supongamos que si. – Le respondió Gabriel, sin desconcentrarse.
-¿Supongamos? Gabe no es momento para hacer ese tipo de bromas. – Le respondió de mala gana Perci. - ¿Sabes o no?
-… No.
-Perci, trae un tubo, o algo fino para pasarlo por debajo mío. – Dijo Widow. – Tengo una idea. ¿Gabriel? Trae algo pesado, un adoquín o lo que sea para poner aquí.
-¿Qué vamos a hacer? – Preguntó la bandicut agarrando un pedazo de madera.
-Vas a pasar esa madera entre la bomba y yo, me levanto y sin dejar de hacer presión, Gabriel va a poner algo arriba y lo atará con cables ¿Traes algo para eso?
-Usaré las sogas ¿Funcionará la idea, Widow?
-Supongo.
Gabriel sonrió, mientras Perci se preocupó más.
La bandicut comenzó a colocar la madera. Widow lentamente apoyó sus manos en la bomba, para luego levantarse lentamente. Ya ambas, presionaron en detonador con la madera. Gabriel buscó el objeto mas pesado a su alcance, un pedazo de pared. También con precaución, lo colocó encima del explosivo, para luego atarlo con la soga, que presione y de tiempo de escapar.
-A ver chicas… suelten.
Los tres al ver que el plan funcionó, comenzaron a correr. El contador estaba a un minuto y medio de explotar, pero no seria eso que lo haga. Widow tomó su rifle que se encontraba en la mesa antes de irse. La soga comenzó a correrse. Estaban ya por llegar a la calle, la desesperación por estar lejos de la bomba los movía. La bomba explotó, llenando de fuego los rincones de esa habitación tétrica.
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-Hmm explotó antes de lo que pensaba.
Joe miró su reloj, sobraba un minuto. Se sorprendió al notar que el equipo seguía con vida, tenía que apresurar las cosas. Los demás oyeron la explosión, desconcertándolos. Vector y Jet quedaron frente a frente con el mercenario.
-¿Estás pensando lo mismo que yo?
-Yo por la derecha, Vector.
El dúo comenzó a correr. Joe sacó su machete, atacando al halcón. Éste se deslizó por el suelo, esquivando el arma blanca, atrayendo su atención. Vector lo tomó de atrás, alzándolo y arrojándolo al suelo, como un luchador. Al instante que, Jet usó la espalda del cocodrilo como apoyo, y saltó, dándole un derechazo directo a la cara del ciborg. Contraatacó chocando su cuerpo metálico contra el halcón y continuó atacando, y tajeando al cocodrilo en el brazo. Tomó del cuello a Jet, que le costaba respirar. Joe apoyó la punta del machete en su pecho.
-Me voy a hacer una almohada con tus plumaaAAAAHHH!
Jet como Vector no podían creer lo que Nack hacía. Se agarró del cuello de Deadeye Joe, mordiéndole la cara como un animal rabioso. Su boca se llenó de sangre al arrancarle la oreja, a la par que se soltaba. El mercenario gritó de dolor, retrocediendo unos pasos. La comadreja escupió el pedazo de carne a la calle, con saliva roja.
-Así que así sabe la sangre humana…
Tras eso, Joe recibió disparos de Perci, de las escopetas de Reyes y un tiro directo al pecho, ejecutado por Widowmaker. En mercenario escapaba de la zona, dejando un camino de sangre. Con todo ese daño recibido, seguía siendo una amenaza.
-¡Nack! Gracias… - Jet le agradeció, frotándose el cuello.
-¿Estas bien? Creo que fue un poco excesivo. – Rió Vector después de hablar.
-Iba a matar a Jet, pero un tiro hubiera sido poco. – Respondió Nack con calma. - ¿Tu brazo?
-Si estoy bien Nack, puedo moverlo, pero duele.
-Quiero que vayan con Silver, necesita ayuda. – Dijo la comadreja. – Está en el restaurante, doblando la esquina.
-Si, ese hijo de puta le quebró los brazos y la pierna… Okey, vamos Vector. – Decía Jet mientras regresaba. El cocodrilo le seguía el paso. - ¡Nack! – se detuvo, llamándolo. – Quiero que vuelvas vivo. – Tras eso y junto con su amigo, continuaron trotando.
Al pasar por al lado de Widowmaker, no fue evitable mirarla de mala manera. Por su culpa están siendo objeto de tortura de un loco. De todas formas, fue bueno verla respirando. Nack se limpió la sangre con su poncho, quedando con un sabor amargo en la boca, le vendría bien un trago de cerveza.
-Me alegra verte Widow.
-Lamento Nack que…
-No es momento para disculpas. ¿Ustedes fueron lo de la explosión? – Preguntó la comadreja.
-Tenía una bomba, pero logramos salir. – Dijo Gabriel recargando sus escopetas.
-Vamos chicos, la lluvia está sacando la sangre del suelo. – Perci seguía en rastro. – Lo dejamos débil… ¡Que asco! – la chica miró la oreja aún con sangre. – Nack…
-¿Si..?
El trio lo miró preocupado. Fue un poco extremo en hacer eso. No era su estilo ¿Qué estaba pasando? Nack se calmó, supo que llevándose por la ira, ganaría una muerte rápida. Pensar antes de actuar. Luego de un suspiro, los cuatro iban a poner fin a esto.
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Joe continuó corriendo como podía, su sistema fallaba. Los disparos le debilitaron la armadura, como algunas partes móviles. Contaba solamente con su machete para defenderse. Término llegando al puente que servía como guía par el tren, que pasaba por encima de una ruta. Soltó una pequeña risa. Unos metros más adelante, se detuvo. Se irguió como pudo. La lluvia continuaba como los rayos. Se dio la vuelta, viendo a Nack y a Gabriel Reyes, con sus armas en mano. Joe alzó la vista, mojando su rostro.
-Aquí estoy… solo… sin nadie a mi disposición. Mataron a todos mis aliados… o me traicionaron… El coronel Bahamut me enseñó una cosa, de la que ustedes, no están listos para entender. – Comenzó a bajar la vista. Se despojó de sus granadas, y de su pistola, arrojándolas al vacío. – "Si vas a morir, y no hay otra salida… - Preparó el machete. – enfrenta a la muerte… cara a cara"
Sus oponentes se vieron. Pensaron unos momentos, y luego y para sorpresa de Joe, se despojaron de sus armas, que también las lanzaron al vacío. Nack y Reyes, optaron por usar sus cuchillos.
-Por mis amigos… - Gabriel se preparó.
-Por ella… - Nack pensó en Sticks.
Tras pasar un rayo por los cielos, Deadeye Joe comenzó a correr. Saltó y fue el primero en atacar. Al estar en un puente, y una caída de cien metros abajo, no se podían mover mucho. Nack se deslizó por la izquierda para atacar las piernas. Reyes atacó de frente. Joe lo esquivó, y seguía moviéndose, al mismo tiempo que contraataca. Tenía uno atrás de otro. El mercenario continuamente movía su cuerpo para no ser atravesado por los cuchillos. Era como pelear contra dos leones en una jaula. Tenía la ventaja de tener una armadura, pero no aguantaría otro disparo. Nack le clavó el cuchillo en la pierna, para bajar su cuerpo. Reyes le clavó su arma blanca en el hombro, y saltando para el otro lado, le arrancó un brazo, lanzado aceite y chispas por los cables cortados.
(YouTube: DR. Octopus final battle theme. Marvels Spiderman)
Joe se reincorporó levantándose con un salto, terminando de patear directamente a la cabeza de Reyes, que al ser empujado golpeó su nuca contra el hierro de las vías. El remate fue evitado por Nack, que usó su cuchillo para desviar el golpe final. Esquivó el contraataque y Joe, con una reacción rápida, le tajeo la cara a Nack, dejándolo en el suelo, y con su ojo izquierdo inútil de por vida. Joe comenzó a reír al verlo desesperado, sacando la sangre de su machete de un sacudón.
-Nadie te puede ayudar Nack… ni siquiera tu hermana Nicolette…
Nack quedó anonadado por escuchar ese nombre. Nadie sabía de ella, a excepción de él. Era un secreto familiar.
-¿Cómo… Sabias de ella? – Preguntó la comadreja, aún en el suelo.
-Yo mismo la encontré, y le hice preguntas de todo tipo. Sé todo de ti, Nack.
-No…
-Si… lamentablemente ella no podrá verte, eso si es verdad, mi solitario amigo. Estás… solo… eres en último de tu familia.
Joe tocó el botón de su cinturón, y los autos debajo, explotaron dejando humo y fuego. El puente comenzó a tambalearse hacía abajo, debilitando sus columnas. Nack se levantó. Reyes continuaba desmayado. Solo él y el mercenario quedaron de pie. Se metió con la comadreja, la que nadie se molestaría en joder. Su ojo sano, demostraba furia interna, y Joe fue el que la liberó. Fue un error. Su último error. Se miraron fijo, sabiendo que era la ultima vez que se verían. Un rayo iluminó los cielos, al igual que sus miradas.
Nack se acercó lentamente al mercenario, para acelerar sus pasos al tenerlo cerca. Esquivó el machetazo. Esquivó otro y contraatacó tajeándole la pierna. Retrocedió con un salto y atacó otra vez. Joe desvío el ataque y lo empujó con el cuerpo hacia atrás. La comadreja tenía una caída y un asesino adelante. No era el momento de morir. La lluvia no ayudaba mucho ahora. Tener un ojo sano que aguante el agua, sin pestañar era un desafío.
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Perci buscaba el momento justo para atacar. Seguía la pelea con unos binoculares, lejos del puente. Widowmaker cargó su rifle y lo apoyó en la ventana, esperando el momento de apretar el gatillo.
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Vector podía ver el humo desde la ventana. Jet y Silver también lo vieron. Una épica batalla se libraba mas adelante.
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Los pilotos avisaron al comandante Shadow, que venía con ellos, al igual que Eggman, revelando que los satélites encontraron al grupo en la ciudad abandonada. El erizo oscuro ordenó a las fuerza especiales que se preparen para entrar en contacto. Los helicópteros se adentraron en la tormenta.
-Esperemos llegar a tiempo… – Eggman miró preocupado el radar, mientras activaba su traje de combate.
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Perci aún seguía viendo la pelea. Esperaría la señal de Nack.
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La francotiradora tomó aire, ya sabía que la hora se acercaba.
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Nack chocó su cuchillo contra el machete de Joe. El mercenario sentía la fuerza que ponía su oponente, aún herido no se rendiría muy fácil. Su sistema fallaba con abrumadoras respuestas. Su pierna no respondía muy bien, al igual que su brazo. Fue horrible estar siendo vencido por un animal con forma humana. La ventaja, aún sin un ojo, la tenía Nack. Desvío el cuchillo a un lado y con el mismo brazo, lo golpeó en el mentón, dejándolo mareado. Continuando con una patada directa al pecho, Joe ahora tenía la ventaja del combate. Continuó atacando a la comadreja sin darle oportunidad de atacar y defenderse. Ahora él estaba en el suelo, con el mercenario teniendo la victoria.
-¿Matarme? Eso nunca va a pasar, Nack. Nadie puede matarme. Soy el mejor mercenario jamás creado.
-¿Me vas a matar con palabras? Al final eres un presumido. – Nack levantó la punta de su sombrero con el cuchillo.
-Me debes una oreja, idiota. ¡ME LA VOY A COBRAR CON TU VID…! Grr…
Joe no vio venir que Gabriel Reyes le clavara su cuchillo en la espalda. Perci alzó la mano y Widowmaker disparó al pecho. La bala traspasó en corazón del mercenario. Aún no lo podía creer.
-Hay una diferencia entre Widow, Reyes y tú. – Nack se levantó. -¡Cuando ustedes miraron el abismo, y él les devolvió la mirada! – Saltó con el cuchillo. - ¡ELLOS NO PESTAÑEARON!
Nack le perforó la cabeza con su cuchillo. Lo último que Joe miró, fue a la comadreja. Su cuerpo cayó al suelo, sin vida. Deadeye Joe, finalmente, había… muerto.
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Yyeeeessss! Al fin murió ese hijo de su madre! Por fin! Seguro lo van a extrañar ahora que Joe murió xd. Bueno, por fin les traje este capítulo que lo venía escribiendo desde hace rato. Nos queda solamente uno y después en epílogo, que lo verán pronto. Nos estamos leyendo amigos!
