Lo primero que Rue notó al despertar fueron sus ataduras. Maldijo, y se estremeció sintiendo que no estaba sola. El hombre de la máscara parecía llevar un rato sentado ahí, observando. Estaban en una sala de interrogación. Eso solo podía significar que Nix estaba fuera de su alcance. A salvo. Con esta idea en mente, alzó la barbilla mirando fijo a su captor. No se dejaría intimidar por él.
- Un bastardo enmascarado... que original.
El Borde Exterior se plagaba de ésos por temporadas, pero el que tenía enfrente era el primer sensible a la Fuerza que Rue conocía desde Maz. Sintió su irritación, alterando el espacio entre ellos. En actitud amenazante, el hombre cruzó la habitación hacia la plancha que la forzaba a estar de pie. Sosteniendo la mirada de la chica tras el oscuro visor, se llevó las manos a la máscara, y se la quitó.
Se veía más joven y miserable que lo esperado, pero para decepción de Rue, el rostro del hombre era tan inexpresivo como el de la máscara. Sintió frío y muerte en sus ojos, y supo que no sería fácil salir de ahí. Debía ser fuerte. Interpretando su silencio como derrota, éste replicó con arrogancia:
- Imaginé que tu descaro resistiría más que tus espadas.
Enrojeciendo, Rue lo desafió para disimular su orgullo herido. Ya le había quitado la máscara así.
- Es fácil burlarse de alguien atado. ¿Tan austado estás de mi?
El rostro del hombre no se alteró con la bravata, pero una oleada de hostilidad la puso en alerta. Estampó su máscara en el incinerador junto a ellos, y Rue se forzó a mantenerse firme cuando se le acercó. Sus ojos vagaron por ella de la cabeza a los pies, inquietándola. Estaba demasiado cerca...
- No soy yo quien lo está... –replicó él, notando el temblor de sus manos-. Descríbeme el mapa que viste, y no tendrás nada que temer.
- Desátame... –y Rue le partiría la cara- ...y tal vez, lo considere.
- La Primera Orden no negocia con criminales –alzó la vista para mirarla a los ojos-. Puedes describir el mapa, o puedo obligarte a mostrármelo. Como hice en el bosque...
La bravuconería de Rue se transformó en silencio. Él podía usar la Fuerza para entrar en su mente. Desvió la mirada, negándose a demostrar miedo. Se resistiría a sus trucos. Tenía que hacerlo...
- Como quieras –resolvió éste, alejándose.
Extendió su mano enguantada hacia ella, y Rue apretó los dientes. Nuevamente, sintió espinas arañando su mente, pero esta vez creó una barrera con sus recuerdos del bajo Coruscant. Luchó por mantenerlo ahí y no más profundo. Pero el bastardo comenzó a hablarle con condescendencia.
- La ira no te deja dormir –se lamentó, como si le importase-. Puedo ver como trasnochabas en la ciudad subterránea. ¿Tu madre ladrona lo aprobaría? ¿Lo aceptaría la twi'lek que intentas proteger? Muéstrame el mapa, o iré tras ellas también...
Ahora era él quien la provocaba, usando lo que más le importaba en su contra. Concentrándose en rechazar sus avances, lo ignoró. No caería en su juego. Los dedos del hombre acariciaron su rostro, y asqueada, Rue apretó los puños. Él quería distraerla, enfadarla. Ella no le daría la satisfacción.
- Tanta violencia bajo una máscara –continuó, entrecerrando los ojos-. Y tuviste la audacia de insultar la mía. No eres nada más que una embustera jugando a la heroína.
Las espinas rasgaron más profundo. Resoplando, las sintió clavarse en los gritos de su madre biológica. Peleaban por ella, de nuevo. Vio los pies de su padre, desde su escondite bajo el tablero. La solitaria luna donde la dejaron abajo, esta vez, para siempre. La nave cayendo en llamas. Él no tenía derecho a ver eso. Sintió la ira hervir dentro de sí, expandiéndose. La luz sobre ellos parpadeó.
- ...sal de mi cabeza –gruñó entre dientes-. Eso es privado...
- No para mí –él también comenzaba a alterarse-. Puedo tomar todo lo que quiera.
El dolor de las espinas la hizo sisear y sintió miedo. Pero no era suyo, estaba demasiado furiosa y energizada como para temer. Ese miedo veníade él.Se concentró en la sensación, y a través de ésta, encontró una apertura a su mente. Un torbellino de imágenes acudió a ella, ahora también podía tomar lo que quisiera. Ignoró el frío. Quería lastimarlo, hacerlo sufrir por transgredirla. El hombre jadeó.
Rostros desconocidos la veían con miedo, terribles pesadillas la atormentaban. Se sintió caer, traicionada. Había fuego en todas partes. Una fría presencia susurraba en su mente, su voz mecánica le era tan familiar... No quería oírla, pero nadie más la salvaría. Sintió que el poder que le ofrecía tenía un precio, y por primera vez se sintió dispuesta a pagarlo...
La luz sobre ellos estalló, recordándole quién era ella, y que no debía perder el control. La máscara inexpresiva del hombre cayó, mostrándolo alarmado. Éste salió de la sala, dejándola sola y temblando.
Rue gritó en un intento de sacudirse esos recuerdos de encima. Y es que toda la oscuridad del bajo Coruscant palidecía frente a la que experimentó a través de Kylo Ren. Ése era su nombre. Ella no sabía si la angustia de sentirse acechada desde las sombras era suya, o de él. No se quedaría a averiguarlo. Notó que lágrimas corrían por su rostro. Cerró los ojos, abrumada.
Debía volver a sí misma.
Tenía que concentrarse en la Luz. Respiró hondo pensando en Maz y en Nix, su cariño por ellas y toda bondad que le habían mostrado. Gracias a la calidez de sus recuerdos, el frío que comenzaba a invadirla se fue replegando. Mientras tuviera eso, la oscuridad no la dominaría. La idea la reconfortó, pero debía volver a ellas pronto, antes de que éstas hicieran algo estúpido, como ir a buscarla.
Dondefuera que estuviese ahora. Miró la salida, custodiada por un stormtrooper. No sabía cuánto tiempo tendría antes de que Kylo Ren volviera. Forcejeó con sus ataduras, reconociendo su calidad. No podría librarse sola. Volvió a ver al soldado. Se preguntó si podría convencerlo de soltarla, como convenció a Nix de irse a la cueva. Tampoco le iría mal vestir algo más discreto para disimular...
- ¡Oye cerebro de láser...! -incrédulo, éste se volteó a mirarla- ¿Qué tal un paseo a la lavandería?
Todos menos ellos estaban ocupados desmantelando la base. Si evacuar era un riesgo o una precaución, solo las siguientes horas lo dirían. La sala de operaciones era el único lugar aún intacto. En un rincón de ésta, comiéndose las uñas, Nix no se perdía palabra de la reunión de inteligencia.
Palideció viendo la gráfica que Poe Dameron les presentaba. La segunda Estrella de la Muerte no era nada junto a la Starkiller. Desde el mesón que proyectaba el holograma, Finn la miró preocupado. Tomando aire, Nix le asintió. La misión de la Resistencia sería destruir el arma como fuera. La de ellos, sería ir por Rue. Una mujer entró a murmurarle algo a la general Organa. Sombría, ésta anunció:
- Están cargando el arma otra vez. Nuestro sistema es el siguiente objetivo.
Nix vio como la gente alrededor del mesón se removía inquieta. El droide de protocolo dorado junto a Leia parecía a punto de estallar. Emmie y BB8 se apartaron de él, como desaprobando el escándalo.
- Ya estamos haciendo todo lo que podemos para evacuar –prosiguió Leia-. Finn nos regaló preciosas horas de ventaja, pero debemos resolver este problema de raíz, o no pasará mucho para que vuelvan a atacar otro sistema.
Comenzar la evacuación había sido un acierto por parte de la general Organa, pero tenía razón, escapar sería como tapar el sol con un dedo. El arma enemiga debía ser destruída para que un ataque como el del sistema Hosnian no volviese a ocurrir.
- No podemos dejar que eso suceda –dijo Maz-. O además de vidas, perderemos aliados.
- ¿Cómo la hacemos estallar? –inquirió Han-. Siempre hay una forma.
Escuchando una nueva sarta de tecnicismos, Nix los repitió en voz baja para memorizarlos. Debían desestabilizar el núcleo del planeta destruyendo el oscilador térmico del rayo, pero la Starkiller estaba resguardada con escudos defensivos de última generación. La mirada de Finn adquiriró un brillo extraño al ofrecerse a desactivarlos. El mismo que ella interpretó como atracción dejando Jakku...
Nix alzó las cejas. Estaba mintiendo, de nuevo. Iba a delatarlo cuando notó que éste ahora la miraba fijo. Tenía un plan. Se mordió la lengua, esperando oír lo que tenía que decir en su defensa.
La reunión acabó con Han Solo ofreciéndose a introducirlos a la base enemiga, y con Poe Dameron reuniendo a un equipo de pilotos para atacar el oscilador en cuanto bajaran el escudo. Sintiendo su estómago revuelto, Nix corrió a encontrarse con Finn.
- No tienes idea de cómo bajar los escudos... –susurró escandalizada cuando nadie les oía.
La expresión culpable de Finn fue confirmación suficiente, pero éste se justificó con lo único que Nix no podía rebatirle. La Resistencia contaba con ellos, pero aquella misión tenía un doble propósito.
- Encontraremos una. Pero Rue no tendrá forma de resistir a Ren por mucho. El es... implacable.
Nix se estremeció ante el tono funesto de Finn. Intentó obviar todas las formas en las que podrían fallar. Si de probabilidades trataba, estaban perdidos. Necesitaba creer que tendrían a la Fuerza de su lado, que nada de lo vivido los últimos días se debía al azar. Se exprimió los sesos recordando las cuestionables anécdotas de Travis burlando sistemas de seguridad en los niveles bajos.
- Entonces más nos vale freír los circuitos que generan el escudo y esperar a que no tengan una fuente de poder auxiliar de alto voltaje... –Finn hizo una mueca, y Nix suspiró-. Por supuesto que la tienen. Bien, siempre podemos hacerlos explotar. Hasta puede ser más fácil...
Chewbacca se acercó a ellos. Ya que ninguno entendía Shyriiwook, éste hizo un gesto para que fueran al Halcón. Aprehensiva, Nix vio a su Reina despegar sin ella. La había ofrecido a la Resistencia para apoyar la carga de suministros a su nave insignia. Si bien Paige, la chica a quien se la confió, parecía responsable, no disfrutaba la separación. Cuando volviese a buscarla, Rue estaría con ella.
Finn vomitaría de nervios en cualquier momento, y a su lado Nix no se veía mejor. Chewbacca y Han, sin embargo, parecían cómodos viajando directo a una fortaleza enemiga. El joven se preguntó si cambiarían de actitud sabiendo que él no tenía idea de como bajar los escudos de la Starkiller.
Maz se asomó a la cabina. A falta de espacio ahí, ésta y Emmie se habían ido a la bodega principal.
- Esta nave se cae a pedazos –dijo esquivando un cableado colgando del umbral-. La trampilla de mantenimiento en la bodega está suelto, Emmie casi se cae adentro pasando sobre ésta.
- Iré a reforzarla –saltó Nix, viendo de reojo a la droide-. La compuerta, no Emmie. Ella está bien.
Luego de ver su habilidad de francotiradora en Takodana, Finn también veía a la silenciosa droide de protocolo con renovado respeto. Al salir Nix de la cabina, Han se volteó a ellos con el ceño fruncido.
- ¿Qué hay con esa chica Nix? –murmuró- ¿Es ella también...? Ya sabes...
Hizo un gesto similar al de Maz cuando usó la Fuerza. No parecía muy cómodo hablando de ello.
- No que yo haya sentido –replicó ésta-. Pero hay quienes despiertan bastante tarde en la vida...
- ¿Cómo se sabe con certeza? –terció Finn, interesado- ¿Si eres sensible o no a la Fuerza?
Maz lo observó pensativa. Esta vez se esforzó por mantener su intensa mirada. Parecía importante.
- Es un sentimiento, muy en el fondo de tu ser. Me pregunto si...
La anciana sacó algo de su bolsillo. Le tendió un objeto, uno que él sintió que merecía ser tratado con respeto. Cuando lo tomó entre sus manos, el corazón le dio un vuelco. ¿Un sable de luz?
- ¿Cómo se siente? –le preguntó.
Sintiendo su mirada, la de Han y Chewbacca sobre él, Finn no supo qué decir. Puso cara de pánico.
- Uh... –frunció el ceño, intentando describirlo- Creo... bien... es como si...
Vaciló. ¿Era un sentimiento o era solo sugestión? Sus dedos encontraron una irregularidad en el metal. Una hoja de plasma azul iluminó la cabina al presionarla. Absorto en la luz, Finn movió el sable con cuidado, sintiendo la vibración de la hoja. Al instante, un rugido de Chewbacca lo hizo saltar.
- ¡No junto a los controles! –rezongó Han al mismo tiempo- ¿Acaso quieres matarnos?
Solo entonces vio que Nix lo veía desde el umbral. Apagó el sable, pero fue desterrado de la cabina.
La bodega olía a soldadura reciente. Emmie se volteó a verlos cuando llegaron, mas no dijo nada. Nunca lo hacía. El desertor le tendió el sable a Maz, consciente de los atentos ojos de Nix sobre él. Le constaba que esa arma no era un juguete para lucir. La anciana hizo un gesto para que lo guardara.
- Llévalo contigo. Si te encuentras con Rue, entrégaselo. Ella entenderá.
- ¿También es sensible a la Fuerza...? –tras la sorpresa, vaciló- ¿Por qué no lo haces tú, o Nix?
- Su trabajo será bajar los escudos e ir por Rue. El nuestro será asegurar el escape.
- ¿Qué? –saltó Nix- ¿Por qué...?
Claro. Tenía lógica para Finn. La Primera Orden no tenía twi'leks y... cualfuese la especie de Maz en sus filas. Pese a la desilusión de Nix, sería mucho más fácil que humanos como él y Han pasaran desapercibidos en el recinto, pero no sabía si decirlo en voz alta las ofendería.
- Debemos ser prácticos –se limitó a decir-. No podemos ir los seis, nos verán más rápido.
- Si mi hija ya logró escabullirse, vendrá a nosotras –agregó Maz-. Avisaremos por comunicador de ser así. Además, querida Nix, tus talentos pronto serán requeridos aquí. Luego de cruzar el escudo a hipervelocidad, puede que el Halcón necesite serias reparaciones para volar.
¿Qué era lo que Han pensaba hacer? La anciana lo dijo tan tranquila que Finn tardó en comprender la locura que estaban por realizar. Sintió que su estómago se contraía.
- ¡Será mejor que se sujeten! –gritó Han desde el pasillo- ¡Atravesaremos el escudo en cinco...!
Maz suspiró, aferrándose la base de una mesa de Dejarik. Emmie descubrió aparatos magnéticos en sus manos y pies, adhiriéndolos a la pared. Ellas sabían lo que venía. Él y Nix, por otro lado, se miraron con terror. Sujetándose a una destartalada bahía médica, se prepararon para el impacto...
Las manos de Rue aún temblaban cuando se llevó la taza a los labios. Tras conseguir lo que quería del stormtrooper, lo persuadió de irse muy lejos. No mataba desde los espías e intentaba mantenerlo así. Ahora, rodeada de oficiales de la Primera Orden en un uniforme robado, confiaba en que verían lo que querían ver mientras ella buscaba alternativas al cierre de los hangares. La estaban buscando.
La base Starkiller era literalmente un planeta modificado para volar planetas. Rue debía escapar e informar a la Resistencia cuanto antes, ya no confiaba que Finn lo haría. No después de abandonarlas.
Recorrió la siniestra cafetería con la mirada, ésta rebosaba expectación tras la caída de la Nueva República. Pronto seguiría la Resistencia, escuchó, y sus ojos relampaguearon en esa dirección. Notó en breve que aquel oficial estaba fanfarroneando, mas otro detrás de ése llamó su atención. Tendría unos cuarenta años. Se veíatímido y estaba solo. Un par de sonrisas, y él le diría cómo salir de ahí...
Caminó con desenvoltura hacia él, pero se detuvo en medio de un paso. La sensación de duelo que percibió con la Fuerza la tomó desprevenida, como si le hubiesen dado una bofetada. Improvisando, se sentó junto a él. Una sola mirada a sus ojos vidriosos, y su plan se fue al demonio. Éste se volteó a ella, sin reconocerla. Para justificar la intromisión, le dijo lo primero que se le ocurrió.
- Lamento su pérdida.
Sintiéndose expuesto, el hombre la miró con ojos desorbitados.
- Larga Vida a la Primera Orden.
Asintió a modo de despedida y se precipitó fuera de la cafetería. Descolocada, Rue vaciló antes de seguirlo. Debía hacerlo. Lo alcanzó en un turboascensor, entrando justo al cierre de sus puertas.
- ¿Nivel? –preguntó él, intentando disimular su incomodidad.
- Vamos al mismo –bajarían treinta malditos niveles-. Maravilloso.
Mirándolo de reojo, vio que sus manos temblaban. Ahora éste, además de miserable, tenía miedo. De ella. Abrumada por las emociones del oficial, Rue se preguntó qué diablos haría para calmarlo.
- No quería incomodarle antes –aventuró a decir-. Se veía triste.
Triste era decir poco, pero el hombre pareció reaccionar ante el comentario. Se le ocurrió a Rue que aquel oficial tenía un rostro demasiado paternal para ese lugar. Ahora era él quien la veía a ella con compasión. Se mordió la lengua, viendo como las preguntas comenzaban a formarse en sus ojos.
- ¿Cuál es su nombre, señorita?
- Rey –mintió-. Rey Solaris.
- Usted no pertenece aquí, Rey. Sus zapatos no son los reglamentarios. ¿Es de la Resistencia?
Su corazón dio un vuelco. No encontró zapatos de su talla en la lavandería. Se sintió estúpida por compadecer a un enemigo. Estaba por noquearlo cuando el turboascensor paró, sus compuertas se abrieron, y un hombre pelirrojo entró flanqueado por dos stormtroopers. Automáticamente el oficial se enderezó para saludarlo, y Rue atinó a imitarlo.
- General Hux... -jadeó el oficial.
- Sunrider –asintió él-. Justo iba de camino a felicitar a sus ingenieros. Hoy es un gran día para la Primera Orden. Pronto la Resistencia no será nada más que escombros, gracias a ustedes.
Los ojos de Rue volaron al oficial quien, pálido, dijo un débil gracias. El general se sonrió arrogante, interpretando su pánico como respeto, y él y sus soldados les dieron la espalda con toda naturalidad. Las compuertas se cerraron, y los cinco continuaron el descenso.
