Hola mis queridos, he estado editado los capítulos anteriores, son detalles mínimos y algunos errores ortográficos y gramatical que encontré. espero haber encontrado todos. por eso n publique ayer, y como lo prometí, les entrego dos capítulos el día de hoy. disfruten.

Besos

Capítulo 8

A la mañana siguiente salieron temprano al mercado como le prometió. Sakura compro varios objetos de diferentes formas y orígenes. Era una caminata entretenida por el lugar. Muchos comerciantes con sus carpas llenas de mercancía de todo tipo. En una de ellas había una señora vendiendo collares, todos tenía un piedra preciosa.

-¡Mire! Es de ámbar –tomo una con una piedra color miel- es del mismo tono que sus ojos. Es hermosa ¿no?

-Le quedará muy bien joven –dijo la señora del puesto.

-Supongo, pero ya tengo demasiadas cosas. No la llevare gracias –la dejo en la mesa y siguió caminando- Creo que ya tengo todos los que necesito –volteo a verlo iba tres pasos detrás de ella.

-Excelente –le respondió con una ligera sonrisa. La sorprendió verlo sonreír así con ella, había visto ese tipo de gesto, pero con sus hermanas. El que le sonriera a ella así la hacía sentir extraña. De repente sintió como la sangre se le acumulaba en la cabeza- ¿Por qué no vamos a comer algo?

-Si –dijo casi como un susurro.

-Supongo que los obsequios son para su familia –pregunto para romper el hielo, no había dicho nada más desde que salieron del mercado.

-Sí, y compre uno para E… el señor Hiragizawa.

-¿Puedo saber desde cuando Eriol y usted se llaman por sus nombres? –ya lo sabía, pero quería que ella le contara su historia.

-Un par de meses, lamento si es una imprudencia.

-Lo que me preguntaba era porque tanta cercanía de un momento a otro.

-Bueno, un día usted lo dejo plantado para el almuerzo y me invito a comer –se encogió de hombros- la conversación era agradable y de pronto me pidió que le llamara por su nombre. En un principio me negué pero el insistió.

-Y con su carisma te convenció.

-Es muy perseverante debo admitir, No le molesta ¿o sí? –pregunto dudosa.

-Trabajas para mí, no eres mi esclava –lo observo a los ojos- si crees que está bien y no interfiere con tu trabajo, no me importa –dijo no muy contento- esta es nuestra última noche aquí. Me preguntaba si le gustaría salir a tomar algo en la noche –dijo después de un rato

-No sería mejor empacar y descansar.

-Yo prefiero salir. ¿Me acompañara o dejara que me pierda solo en estas calles? –pregunto sugestivamente.

-Pero no tengo nada que ponerme para salir en la noche –se excusó.

-De eso me encargo yo.

En la tarde pasaron por varias tiendas, aunque la castaña se negaba a que le comprara ropa término adquiriendo un par de conjuntos. Se decidió por un pantalón negro, blusa dorada con brillantes y mangas colgantes tacones altos, riso su cabello y se maquillo. Tomo el bolso de mano y salió de la habitación.

-Estoy lista –se levantó del sofá cuando la escucho, tomo las llaves de la mesa al voltear se quedó paralizado y quedo con la boca abierta.

-¿Me veo mal? –preguntó preocupada al ver como se quedó.

-No –las palabras no salían de su boca- hermosa –Los pantalones marcaban cada curva y la resaltaba, sacudió la cabeza tratando de disipar sus pensamientos- vámonos.

Llegaron a un bar, tomaron una mesa, un par de cervezas, disfrutaban de la música. Un par de mujeres en una mesa cercana no dejaban de ver al castaño.

-Tiene un par de admiradoras –dijo con una mirada disimulada a las mujeres.

-Igual que usted –dijo sorprendiéndola- un par de caballeros no le quitan los ojos desde que entramos.

-Pues digo lo miso de usted.

-¿Bailamos? –Lo observo incrédula- así nos quitamos un par de ojos de encima –le extendió la mano y ella tímidamente la acepto. Cuando estuvieron en el centro de la pista la acerco a él, colocando su mano en su espalda. Sintió como una corriente la recorriera entrara. Su perfume la embriago, cerró los ojos mientras se movía el ritmo de la música. Su aliento chocaba en su cuello- ¿Que sucede? Tiemblas de repente.

-Es solo una ráfaga de aire –mintió mordiéndose el labio. Gracias a Dios él no la veía.

-No te creo –le susurró al oído. La pego aún más a su cuerpo- No muerdo Sakura –su cuerpo se tensó y dejo de bailar.

-Ne…cesito ir al baño –se escapó de sus brazos dejándolo en medio de la pista. Una sonrisa se dibujó en su rostro.

-¿Qué demonios fue eso? –se preguntó así misma mirándose al espero, respiraba con dificultad. Trataba de calmarse. Era su jefe, está casado. No podía estar jugando con el de esa manera. Eso no se puede repetir. Después de un par de minutos volvió a salir, estaba en la mesa con otra cerveza.

-Me disculpo por lo de hace rato –no podía verlo a los ojos por los nervios.

-No hay cuidado, pero aún me debe un baile –dio un sorbo a la botella.

-Quizás otro día.

-Quizás después de otra cerveza –apoyo los codos en la mesa.

-¿Qué pretende señor Li? –lo miro a la cara.

-¿De qué hablas?

-Me llamo Sakura cuando estábamos bailando. Me compra ropa, me trae a un bar. Usted es un hombre casado y hoy su empleada –Una ligera sonrisa se dibujó en su rostro, diferente a la que le dio en la mañana.

-Solo quería divertirme un poco, tomar aire fresco, un par de tragos y bailar. No hay nada de malo con eso, usted está aquí conmigo. No la dejaría sola en el departamento mientras yo salgo a beber. O a recorrer la ciudad. Relájese, no la estoy acosando.

Ya no tuvo ningún argumento que refutar, tomo otra cerveza y trato de convencerse de que estaba inventando cosas.

Regresaron a casa caminando, estaban a unas pocas cuadras, como no sabía que tanto tomarían decidieron ir en taxi pero al salir les pareció buena idea caminar. La brisa fresca la hizo temblar, al darse cuenta se quitó la chaqueta y se la coloco por encima del hombro.

-La necesitas más que yo –le dijo al ver que se iba a quejar.

-Gracias –otra vez su aroma embriagando sus sentidos.

Al llegar se la devolvió pero en vez de tomarla, con un movimiento la acorralo entre él y la pared.

-Di mi nombre –le ordeno con un tono que jamás había escuchado en el- di mi nombre Sakura –estaba hipnotizada viendo sus ojos- solo quiero escucharte decir mi nombre. El miro sus labios mientras acariciaba su rostro. Lo que provoco que un escalofrío recorriera todo su cuerpo- No te hare nada. Solo quiero escuchar mi nombre salir de tus labios.

-Syaoran –no tenía idea de porque lo había dicho. Lo vio cerrar los ojos y respirar profundo- Syaoran –repitió esta vez asustada. El castaño abrió los ojos para toparse con sus ojos esmeraldas favoritos. Pero ella estaba asustada. Se alejó lentamente.

-Descansa –se dio la vuelta y entro a su habitación. Sakura respiro como si hubiera contenido el aliento por un largo rato.

El vuelo salía a las diez de la mañana, por lo que estuvieron despiertos temprano. Terminando de empacar y recogiendo sus cosas. Ninguno de los dos mencionó nada de lo que había pasado la noche anterior.

Al llegar a Japón tomaron un taxi, dejo a Sakura en su casa y él fue directo a la oficina.

Se encerró en su oficina hasta las ocho de la noche.

Al día siguiente la castaña llego temprano, trajo café y bocadillos para el desayuno. El castaño no tardó en llegar. Se pusieron a trabajar como de costumbre, solo que el ambiente se sentía tenso, él no decía nada de lo sucedido y ella tampoco. Pero los recuerdo de lo que sentido cada vez que la toco no podía apartarse de su mente. El día fue agotador. Nunca pensó que trabajar con tanta tención pudiera ser tan cansado.

Poco a poco el ambiente se fue aminorando. Los recuerdos se convirtieron en solo eso. Pero bajo la mirada observadora de Eriol sabía que algo había pasado y ambos lo estaban ocultando.

El sábado llego, como de costumbre se despidió a las tres, Syaoran se asomó a su ventana y la vio subir a ese auto. Y hay estaba, el brillo de la sortija.

La semana comenzó y castaño volvió a estar de muy mal humor. Lunes, martes, miércoles y era todo un fastidio trabajar con él, hasta los clientes notaban su mal humor. La llamo a la oficina, tomo su agenda y lápiz entro cerrando la puerta detrás de ella. Re agendaron algunas citas, le pidió algunos documentos que necesitaba. Pero cuando se disponía a salir volvió a llamar su atención.

-¿Disculpe? –pregunto confundida.

-¿Qué tiene el que yo no tenga? –ya no podía soportarlo.

-¿Quien?

-Tu amante –la miro a los ojos, su mirada era sombría.

-De que habla señor Li –se puso de pie y camino hacia ella.

-Sabes bien de quien hablo, Sakura. Que tiene el que yo no ¡Dime! –Comenzó a gritarle- Estoy casado, tengo un negocio que está teniendo éxito, Tengo auto, hago ejercicio, Mírame. ¿Por qué él y no yo?

-¿Qué es lo que pasa? - Eriol que iba a dejar unos estados financieros escucho los gritos que venían de la oficina.

-Tú no te metas –le grito el castaño, tenía a Sakura agarrada del brazo, comenzó a lastimarla.

-Claro que lo hare ¿Estás loco?, suéltala –se interpuso entre ellos.

-No te metas en esto Eriol, no es tu asunto –sus ojos brillaban de la rabia que lo consumía.

-Tengo todo el derecho. Esta es mi empresa también, no permitiré que agredas a nadie –le respondió subiendo el tono de voz.

-Ella no es lo que tú crees. Es una… es una ramera, mentirosa. Nos ha engañado a todos con su cara de niña buena –gritaba furioso.

-¿De qué estás hablando? Será mejor que cuides lo que dices de ella –advirtió.

-¿A caso te gusta?

-¿Estás perdiendo la cabeza?

-Ella sale con hombres casados Eriol, no es una santa.

-¿Qué? –exclamó Sakura en una protesta casi silenciosa e incrédula.

-¿De dónde sacas eso? –Eriol lo miraba perplejo.

-Los he visto, viene por ella una vez al mes, la recoge en la entrada –señalo la ventana- veo su sortija desde aquí. Solo dime una cosa –la miro- si te gustan los hombres casados, ¿Por qué en Hong Kong me despreciaste?

-¿Qué fue lo que hiciste en Hong Kong Syaoran? –pregunto serio y protector.

-Te gusta verdad. Es una rompe hogares, una farsant… -fue calado por una bofetada.

-Considere eso como mi renuncia –sus ojos están rojos y al bordé de las lágrimas, salió corriendo de la oficina tomo su teléfono y cartera, salió corriendo del edifico. Los demás empleados se miran van unos a otros si entender lo que pasaba.

-¿Qué demonios pasa contigo? Es la mejor empleada que hemos tenido en años y tú la acosas.

-Lárgate Eriol.

-No me voy a ir y tú tampoco, hasta que te espliques que es lo que pasa contigo –dijo ya perdiendo la paciencia.

-¿Quieres saber que me pasa? –Pregunto con ironía- Te diré que me pasa- Fue hasta su escritorio, busco algo en su computadora y la volteo para que Eriol pudiera ver.

-Es tu departamento –dijo al ver el video que se reproducía.

-Sí, dime lo que vez –es castaño se dejó caer en su silla.

-Por Dios Syaoran, Es… -lo observo. El video mostraba a su esposa recibiendo a un hombre y lanzándose encima de él. Ambos desaparecen camino a la habitación- ¿Desde cuándo lo sabes?

-Casi dos años.

-¿Qué? ¿Y por qué no te has divorciado? –El castaño no respondió- Syaoran, ¿Por qué no te has divorciado? Por favor dime que firmó el acuerdo –seguía sin responder- ¡Syaoran! –Lo miro- ¿Dime que Hakana Firmo el acuerdo prenupcial?

-Sí, fue la única forma de que mi padre aceptara la boda.

-¿Entonces?

-¡No lo sé! –le grito exasperado.

-¿Aun la amas? -

-No. Hace tiempo que no…-respiraba con dificultad tratando de calmarse.

-Con este video y el acuerdo, le darás su merecido a esa perra. Divórciate.

-Se supone que un matrimonio es para siempre Eriol.

-No cuando te engañan, Se lo mucho que la amaste, pero ella nunca te mereció. Y por eso ahora le estás haciendo daño a alguien inocente.

-Ella no es tan inocente como la pintas.

-Eres un idiota con mayúsculas. Pudiste preguntar, pero decidiste hacer conclusiones tú mismo.

-¿De qué hablas? –el peli negro suspiro.

-Una vez al mes su familia se reúnen en la casa de sus padres, que está a las afuera de la ciudad. Como Sakura no tiene auto, su hermano, viene por ella cuando sale del trabajo.

-Y él está casado y con dos hijos –en ese momento entendió lo que pasaba- Demonios soy un imbécil –enterró su caen sus manos.

-Ya lo creo, con lo que le dijiste, dudo que regrese.

-Lo arruiné, de seguro me odia.

-Yo te odiaría. Tienes que pensar en lo que harás ahora –dicho esto salió de la oficina dejando al castaño solo.