Especial De limones y pistachos

El silencio entre Tomoyo y Sakura mientras caminaban no era forzado. Ambas chicas, tomadas de la mano, disfrutaban de la compañía de la otra y no necesitaban de muchas palabras para recordar lo felices que se encontraban de estar juntas.

—No recuerdo la última vez que salimos de paseo solo nosotras dos —murmuró Sakura mientras le sonreía a Tomoyo—. Todo ha sido una espiral de caos en las últimas semanas que estos momentos de paz me parecen casi un sueño.

—Sé que Li lo ha pasado mal pero ¿cómo estás tú, Sakura? —La pregunta de Tomoyo hizo que la heredera de las cartas abriera los ojos con sorpresa y le dedicara una leve sonrisa.

—Pues… definitivamente he estado peor pero hay días donde todo amanece gris aunque los colores se vuelven tenues después de un rato…

—Sakura… —Tomoyo solo apretó un poco más fuerte la mano de su amiga haciendo que la chica sonriera un poco más.

—Tenerte a mi lado mejora todo definitivamente, Tomoyo. Te quería preguntar, ¿No te molesta pasar un día de dulces y caminata a mi lado?

—Suena al mejor plan del mundo —exclamó Tomoyo sonriendo—. ¿Se te apetece que probemos un poco de Gelato? —Al ver la sonrisa de Sakura ambas chicas apuraron el paso para llegar al puesto de helados que se encontraba a unos cuantos metros de ellas.

El seleccionar el sabor les tomó un tiempo. Tomoyo veía feliz y aprovechaba para grabar a Sakura quien observaba como niña pequeña los diferentes sabores disponibles. Al final, Sakura había pedido un helado de pistacho mientras que Tomoyo ordenó uno de limón. El día era soleado con una fresca brisa por lo que optaron por sentarse en una de las mesas del local que se encontraban bajo un frondoso árbol.

—Sakura, ¿Cómo están Kero y el joven Yukito? Espero que cierto guardián amarillo no este disfrutando de muchas golosinas y videojuegos.

Sakura solo infló las mejillas a manera de puchero mientras tomaba otra cucharada de helado.

—Realmente espero que me obedezca y cuide bien a papá y Meiling como le pedí. Y sí, antes de que preguntes, tomó una dotación extra de pudín para que aceptara visitar la mansión Li con frecuencia. Yue por su parte siempre es más fácil de tratar, solo espero que Touya no le cause muchos problemas.

—Ya veo… —murmuró Tomoyo. La mirada nostálgica de Sakura le indicó que la castaña hubiera preferido tener a sus guardianes a su lado pero ante las circunstancias, era mejor que protegieran a su familia y personas queridas en Hong Kong.

—Estoy segura de que ambos se comportarán a la altura como los maravillosos guardianes que son. —Aquellas palabras lograron una suave sonrisa en Sakura quien solo asintió y se dispuso a disfrutar su golosina.

—Si pasamos por acá más tarde me gustaría llevarles un poco de helado ¡Está delicioso! —dijo Sakura mientras tomaba otra cucharada de su postre—. Shaoran por supuesto sería de chocolate pero Lan y Xiwang quizás quieran otro sabor… deberé preguntarles…

Ante la mención de la pelirroja, Tomoyo no pudo evitar sonreír maliciosamente, no solía molestar a Sakura pero era inevitable dado el momento

—Xiwang… veo que estas tomándole aprecio.

Sakura inmediatamente se sonrojó mientras inflaba sus mejillas a manera de enojo

—¡Tomoyo! Ugh, realmente no la odio… es solo que…

—¿Creíste que estaba interesada en Shaoran y te dió un ataque de celos?

—¡Tomoyo Daidouji! ¿Quién eres y dónde está mi mejor amiga? —reclamó mientras fruncía el ceño al ver la risa que salía de los labios de su prima.

—Es poco usual ver que sientas recelo por alguien… no son emociones normales en ti y por eso no puede evitar molestarte un poco —admitió.

—No voy a negar que no logro acostumbrarme a como interrumpe el espacio personal con sus saludos y sí, puede que sintiera un poco de celos al inicio…

—¿Solo un poco?

—¡Tomoyo! —reclamó ya entre risas y un fingido enojo—. No la conozco lo suficiente como para darte una opinión con fundamentos de ella… solo que… al igual que Shaoran su crianza fue diferente a la mía y sabes lo difícil que fue que Shaoran bajara su guardia con nosotras —exclamó mientras veía distraída una ardilla que corría por el tronco del árbol—. Siento que hay algo que no la permite ser ella misma… pero no sé exactamente que… algo me dice que no puedo confiar plenamente en ella y sueno como la peor persona del mundo… lo sé —agregó mientras evitaba la mirada de Tomoyo.

—No creo que lo seas, Sakura. Todos pasamos por diferentes cosas. Las familias de clanes parecen ser complejas y la de ella no es la excepción —comentó Tomoyo mientras tomaba la mano de Sakura—. Creo que con el tiempo, permitirá que la conozcan mejor y quizás puedan ser amigas —agregó riendo al ver la mueca de Sakura.

Después de comer el helado decidieron caminar por el pueblo y mirar los ventanales de las diferentes tiendas. Fue inevitable para Sakura acercarse a una tienda de vestidos de novia y mirar por largo rato los diseños del escaparate.

—Son hermosos… —murmuró la castaña.

—Lo son, pero el tuyo será mil veces más hermoso —exclamó Tomoyo con aire de suficiencia y haciendo reír a Sakura—. Siempre he soñado con el día en que uses uno de mis diseños para tu boda. Y ahora que traes el tema de la boda a colación. —La sonrisa traviesa de Tomoyo hizo que Sakura se sonrojara de inmediato temiendo la siguiente pregunta—. Tu reacción me da la respuesta a mi pregunta. Y si me permites decirlo, se tardaron bastante.

—¡Tomoyo! —exclamó Sakura colocando sus manos en el rostro totalmente abochornada—. ¿Cómo?

—Mi querida Sakurita, no creas que no he notado que no duermes en tu habitación… —Al ver como las mejillas de Sakura se encendían más Tomoyo sonrió ampliamente—. Eso sí, no estoy segura de querer ser tía Tomoyo aún… aunque una colección de ropa para bebés se vería bien en mi portafolio…

—¡Tomoyo! Nosotros… no te preocupes por eso… no hay bebés en mis planes todavía —exclamó Sakura con un hilo de voz y sonrojada hasta las orejas—. Pero… cuando pase… ¡Dentro de muchos años!, seré feliz si diseñas algo para bebé.

—¡Acabo de imaginar un traje de bebé inspirado en Kero! ¿Crees que este despierto jugando video juegos? Estoy segura que adorará la idea y se sentirá honrado si le digo mis planes...

—T...tomoyo… pero…

—Una colección inspirada en las cartas, imagina una pequeña mini sakura vestida como Firey… ¡Muero de amor de solo pensarlo! —exclamó mientras sacaba su celular y anotaba todas esas nuevas ideas.

Resignada, Sakura solo siguió caminando al lado de su mejor amiga escuchando ideas de diseños por todo el regreso a la mansión pero feliz de poder vivir esos momentos de normalidad al lado de Tomoyo.

… … …. … … ...

La vida es una rutina. Una rutina monótona y sin emociones.

Para él, todos los días eran iguales. levantarse, comer algo, quizás caminar un poco en los jardines alrededor, asistir a reuniones, leer acompañado de un poco de té y cenar. Las conversaciones eran volátiles, siempre de temas seguros para no herir sensibilidades o recordar cosas que no se quieren, las actividades superficiales como la vida que vivía. Sonrisas que enmascaraba su verdadero desprecio por aquellos con los que socializaba, frases cordiales y llenas de amabilidad para esconder lo que realmente pensaba y miradas cálidas que solo escondían su verdadero ser. Bajo la luz del día vivía un teatro de falsedades y apariencias. Un juego para ver si llegaría a existir alguien lo suficientemente astuto para notar su realidad, alguien con el valor suficiente para encararlo y cuestionarse el por qué de su comportamiento.

Al principio, esperar por esa persona había sido divertido, esperanzador incluso.

Ahora solo le parecía algo casi imposible.

No podía negar que tenía algunos días buenos entre todos los malos, no podía negar que a veces las mañanas soleadas le parecían encantadoras y un repentino acto espontáneo por parte de aquellos que vivían con él le lograba arrancar una leve sonrisa. Tenía momentos donde sentía que podría dejar su pasado atrás y empezar de nuevo. En ocasiones pensaba que empezar de cero y mostrar su verdadero ser era una posibilidad.

Pero las noches le recordaban que no todo es tan perfecto como una mañana de verano.

Todavía recordaba aquella tarde como si hubiera sido ayer. Le habían convencido de que dejara la monotonía de su rutina y optara por algo diferente. El clima era hermoso, la compañía era buena ¿Qué perdía al intentarlo? Resultó una tarde encantadora, muchas sonrisas honestas se dibujaron en su rostro e incluso logró callar por momentos las usuales frases que su cabeza le repetía recordando sus orígenes.

Si tan solo esa noche hubiera sido tranquila, quizás no habría tomado este camino.

Conciliar el sueño esa noche no le fue difícil, estaba cansado por el cambio de rutina pero se sentía a gusto con quien era, fue cuando cerró los ojos que la realidad lo tomó por completo y le recordó su verdadera naturaleza.

Sus pesadillas tenían una programación diferente cada día por eso evitaba dormir siempre que podía. Aquellas películas que su mente reproducía abarcaban desde su juventud, donde crecía mientras que cargaba expectativas de otros, donde hacía su mejor esfuerzo por la aceptación de sus progenitores y donde incluso renunciaba a sus propios deseos para ello. Sus pesadillas también le recordaban vivamente su primer encuentro con la muerte de alguien amado. El dolor que había sentido y la impotencia de no poder salvarle lo hacían despertar por las noches cubierto de lágrimas que no recordaba derramar.

Aquellas eran las noches tranquilas.

Esa noche en particular, él se fue a dormir con una sonrisa en su rostro pero no tardó mucho para que la expresión cambiara a una de dolor. Sus peores pesadillas no eran aquellas donde recordaba a los seres con los que compartió su juventud para luego verlos irse, o aquellos recuerdos donde aún visualizaba la última sonrisa que al alguien amado le había dedicado. No, sus peores sueños, aquellos que le recordaban que su vida solo era el resultado de una decisión egoísta, eran aquellos donde la magia estaba presente.

Tantas cosas pasaron por culpa de lo que muchos consideraban un don.

Aquellas pesadillas no escatimaban en detalles, eran tan lúcidas que lo hacían revivir todo como si fuera la primera vez. Podía sentir la magia fluir por su cuerpo cuando trató de salvar a aquella joven que murió por su mismo egoísmo, podía sentir la calidez de aquella sangre ajena que recorría sus manos cuando experimentó frente a sus faz ver como los ojos de otro ser vivo perdían toda vitalidad pero lo que más lo hacía sufrir era recordar el deseo que había pedido al ver que el destino reclamaba aquello que él creía era suyo.

La magia siempre había sido la causa.

La magia siempre había estado presente en todos y cada uno de esos momentos.

La magia lo había formado, le había dado una razón de vivir acorde a los deseos y expectativas de los demás.

Era aquello en lo que podía decir que más destacaba pero era la fuente de toda su oscuridad.

Era la razón que lo hacía despreciar aquel rostro que veía en el reflejo del espejo.

Esa noche había rogado despertar, lo había intentado hasta el cansancio pero su mente no lo dejaría ir hasta que entendiera que aquella felicidad era volátil, era solo un engaño para seguir viviendo esa mentira, para seguir creyendo que sus acciones pasadas eran lo correcto. Aquella noche despertó en la madrugada, empapado en sudor frío, lágrimas aún corriendo por sus mejillas y las marcas de sus uñas en las palmas de sus manos.

En ese momento entendió que la monotonía no debía continuar, aquel estado de inconformidad sólo se iría si la atacaba de raíz; si lograba que la magia dejará de existir.

Las semanas pasaron mientras su plan empezaba a tomar forma, habían muchos detalles y magos muy poderosos de por medio. Si quería hacerlo bien, debía cuidar que todas las piezas del tablero estuvieran en posición lo cual se fue dando lentamente gracias a todos sus contactos.

Una mañana, mientras bebía un poco de té, escuchó los pasos de uno de sus seguidores aproximarse. Prefería evitar todo contacto directo por lo que se aseguró de que la habitación estuviera en la penumbra y lo único que se divisara de él fuera su silueta.

Un suave toque a la puerta seguido de su permiso para entrar fue todo lo que bastó para que viera aquel patético hombrecillo que siempre parecía al borde del colapso nervioso frente a él.

—Los planes siguen conforme a lo acordado señor. —Fue todo lo que su temblorosa voz logró decir.

Alegrandose de que no pudiera ver su mueca de molestia e impaciencia, sólo permitió que el silencio llenará la habitación mientras procesaba lo cerca que estaba por ver su meta finalizada. Solo unos detalles más y lo lograría.

—¿Señor?

La voz del hombrecillo lo hizo salir de sus pensamientos. Si quería que se fuera pronto para poder seguir disfrutando de su té, debía decirle algo.

—¿Sabes si nuestros invitados de honor han logrado llegar a Italia?

—Si, señor… hace dos días que llegaron.

—Muy bien, espero que todo esté listo para iniciar pronto la fase final.

—Sí señor, lo estará. —Con esa última frase el hombrecillo se fue dejándolo de nuevo solo en la habitación. Una sonrisa torcida se coló en su rostro al pensar lo cerca que estaba y los únicos que le faltaban por sacar del camino.

... ... ... ... ... ...

NA

A ver a ver... ¿Son igual de observadores que Tomoyo? ¿O no lo habian notado? Las pistas estan capitulos atras jejeje.

Conocemos un poco mas de la persona misteriosa. ¿Quien esta moviendo estos hilos?

Nos vemos la otra semana!