¡RECUERDEN!
A favor de la Campaña "Con voz y voto", porque agregar a favoritos y no dejar un comentario, es como manosearme la teta y salir corriendo.
Porque eso es de gente muy cochina *lean esto con la voz de Deadpool*
Hola, adorable público lector, estoy emocionada de volver por estos agradables lares y paramos de los fanfics. Últimamente me he encontrado ocupada y con bajón de motivación, lo cual causo que tardara más en entregar esta continuación, tranquilos, aun no planeo cancelarla y tampoco está entre mis ideas hacerlo.
Comencemos, una vez más.
Respuestas de sus comentarios al final del capítulo.
Recomendación musical: "Cruel y bello mundo" interpretado por Salome Anjari./"Utsukushiki Zankoku na Sekai" By Yoko Hikasa.
Notas:
[Presente]
[Pasado]
["Pensamientos"]
[Teléfono]
Los personajes de Batman son propiedad de DC Comics y sus correspondientes creadores.
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CAPÍTULO 7: ELECCIÓN VARIADA
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De pie frente al edificio, portando jeans, una sudadera holgada cubriendo una camisa de cuello de tortuga, tenis a juego en tono negro, cargaba a su espalda una mochila de considerable tamaño, apreciando como se escapaba un cepillo de dientes, en su mano derecha sujetando la maleta deportiva y en la otra una tarjeta comprobando el número del lugar.
En hastío suspiro, guardando el trozo de papel en su bolsillo izquierdo delantero, apretando el agarre en la correa de su maleta deportiva, subiendo los pocos escalones del edificio, admirado por el porche a punto de caerse con la más leve de las brisas, estaba seguro que pudo escuchar un ladrillo salirse al terminar los escalones y jalar de la puerta hacia fuera para entrar.
El interior hacia justicia a su exterior demacrado, goteras, un olor pestilente y poca luz de las calles por las ventanas tapizadas de tablas de madera con extra de clavos y barrotes de metal fundidos a las paredes. Un precioso hogar a bajo precio, pero con adecuada seguridad a los intrusos – invitados inesperados – acomodo la maleta deportiva sobre su hombro izquierdo, sosteniéndola con la mano, llegando hasta la puerta con el pequeño letrero colgado que indicaba al portero, dio tres golpes fuertes y consecutivos, esperando a que saliera el responsable.
Con cinco minutos contados en su reloj de muñeca agregando segundos de limite, golpeo insistentemente la puerta, escuchando maldiciones por la incongruencia de ser despertado a tan inapropiadas horas de la mañana – 12:20 PM, para ser exactos – las bisagras de la puerta rechinaron ante su falta de aceite, inclinándose hacia delante cuando uno de los tornillos rodo, quedando unos centímetros cerca a la punta de su tenis. – ¿Qué?
Resistiendo el impulso de rodar los ojos o mandarlo al demonio, fingió la mejor amable de las sonrisas, deseándole "Buenas tardes" y anunciándose como el nuevo inquilino para el cuarto piso. El viejo hombre lo barrio rápidamente con la mirada inhalando su aroma por la dilatación de sus fosas nasales, enmarcando el desagrado de su rostro, bufo, rascándose la nuca y entrando de regreso a su apartamento, alargando la mano detrás de la puerta y sacando una gran cantidad de llaves, retirando una para entregársela, deteniéndose milímetros a que la rozara con sus dedos – Sin copias. Son solo dos – señalo su propia llave colgada en otro grupo de llaves anudadas a su cinturón y la otra que aún no entregaba – ¿Entendido?
- Por supuesto. Gracias – tomo su llave, despidiéndose del hombre mayor, usando otra amable sonrisa, comenzó a subir los escalones paso a paso sin detenerse a verificar que aún no regresaba a su departamento, fue hasta llegar a la segunda escalera para el siguiente piso que lo escucho: "Otro puto Omega descuidado. Este lugar pierde su decencia cada día más", al terminar su despectivo comentario se encerró de regreso al apartamento.
Estuvo a punto de ser chocado por un hombre en uniforme con una mochila negra desgastada a su espalda y un trozo de pan azucarado a medio comer en su boca, fue capaz de escuchar la escueta disculpa obstaculizada por el alimento con levadura.
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Seguro de haber llegado a su destino del cuarto piso, noto un par de puertas entre abiertas, una solo con la mitad del rostro de sus vecinos y la siguiente donde claramente mostraban sus rostros, escaneándolo para darle algún tipo de calificación, podía estar seguro de que los olores despedidos de ese departamento relacionaban favores sexuales a cambio de una cuantiosa suma de dinero como tarifa inicial o paquetes especiales e increíbles que desaten las fantasías más retorcidas, sucias y perversas de Alfas o Betas acomplejados. Toma la nota personal de buscar sus nombres, registros e historial con la policía como seguro a su tranquila vida en el edificio asqueroso a punto de derrumbarse.
Introdujo la llave y giro el picaporte, empujo la puerta hacia dentro seguido por él, volviendo a cerrar, colocando los correspondientes protectores a su seguridad – inservibles – viendo como la cadena se rompía y deshacía en pedazos en una de sus manos, bufo molesto, tirando los restos por el piso.
Girándose, se aventuró unos pasos en su nueva residencia, encontrando el botón para encender la luz, deseando haberla dejado apagada. Anhelaba gritar y apuñalar al portero del edificio, un buen agujero en la pared, una horrible y asquerosa mancha en el techo por la humedad, un viejo sillón abandonado con alguna clase de mancha de dudosa procedencia, una mesa de madera junto a una silla volteada con tres patas pegadas con solo cinta adhesiva y las ventanas estaban selladas con más tablas de madera como en el primer piso, la cocina unida a la sala y el comedor de forma estratégica para ahorrar espacio, a su izquierda una pared que cubría la puerta para la única habitación disponible con el baño, por lo menos contaba con un lugar para asearse y este no se unía a la cocina.
Arrugo la nariz, tapándola con ambas palmas al descubrir el origen del hedor, el viejo portero no había hecho su trabajo de darle un mínimo de mantenimiento a alguno de los apartamentos, eso explicaría su bajo costo, ya de por si, en una zona retirada del centro de la ciudad. El cadáver de una rata – de tamaño descomunal – sirviendo de alimento para crías más pequeñas. – "Matare al viejo" – Dejar caer su maleta deportiva con fuerza alerto a las más pequeñas de su presencia, optando por huir sin terminar su alimentación de carne putrefacta, refugiándose en los agujeros de la pared y el piso, otras yendo detrás de lo que parecían cajas de cartón destrozadas o solo pilas de cosas reunidas sin un objetivo aparente.
Eligio colocar la mochila por el momento en el sillón, en la parte más decente y sin manchas con olores extraños o de apariencia recientemente pegajosa, intento desviar la mirada para mitigar las náuseas provocadas de tener una idea clara de su origen. Regresando a su maleta deportiva movió el cierre sacando un par de botellas con colores animados, estampadas por decoraciones florales o montañas nevadas, otra más con pinos y una botella con aspersor con pisos brillantes de logo, siguió una escoba desmontable, una cubeta y un pequeño trapeador.
Un sonido consistente y pausado por timbres de menor a mayor volumen combinado a una vibración siguiendo ritmo de la tonada, provino del bolsillo derecho delantero en sus pantalones, buscando el aparato, presiono el botón con un diminuto teléfono verde, aceptando la llamada del otro lado. – Tenías que esperar cinco minutos más.
- Lamento ser inoportuna, pero, Starfire está buscándote. – Detecto el cuidado que Raven dio a su volumen de voz y por el tono, la bocina estaba bastante cerca a sus labios.
- Ella dijo que las sesiones de entrenamiento se cancelaban.
- Quiere hablar contigo por otra cosa.
- Rachel, deja de darle tantas vueltas. – Corto las excusas que la joven peli negra pudiera abordar para amenizar lo que tuviera por informar.
Permaneció silencioso el otro lado de la línea, imagino a la joven mordiendo su labio superior, queriendo ser lo más delicada posible. – … Ha hecho sus investigaciones de las características Omega.
En ambos lados de la línea, el silencio se extendió, Damian imaginaba la expresión preocupada de Rachel mientras se debatía entre que frases usar intentando reconfortarlo. Exhalo, sonriendo de lado – Por supuesto. La duda planteada por mi padre y cuestionar sus capacidades de líder de los Titanes, fueron más que suficiente. Volveré pronto – Comprobó la hora en su reloj de muñeca, dejando caer el brazo en su costado – Si pregunta de nuevo: Fui a dar un recorrido para despejar mi mente
- ¿O buscar algún caso interesante para que tus músculos no se atrofien de tanto trabajo en equipo y entrenamientos de combate combinados?
- Me parece razonable. Te veré en la torre. – Sin dar tiempo a Raven para despedirse, corto la llamada, guardando el teléfono estándar – recién comprado – en su pantalón.
Al fondo de la bolsa deportiva, una carpeta de color beige, saliendo por una de sus esquinas la fotografía de una morena de cabello rizado, sosteniendo una medalla por su servicio al deber cívico, plasmando su orgullo y felicidad en una sonrisa nerviosa con un leve rojo filtrado por sus orejas a su lado el comisionada de la policía de Gotham.
Agachándose, cogió la fotografía, centrándose explícitamente en la mujer, sin antecedentes notables hasta su rescate milagroso de un grupo Omega del que nadie conocía su paradero ni se dignaron a ser reportados como desaparecidos, ahí ella se volvió el símbolo de la salvación de la especie Omega.
Una Beta, el subgénero intermedio de los tres y que sin más alabanzas continúan viviendo sus rutinas diarias, ellos no encabezan los tops del momento, ni son relevantes en un mundo donde se glorifica a los Alfas y se tiene pena por los Omegas.
La conveniente pieza del tablero del ajedrez, el peón descartable en la primera línea de batalla para que el rey y la reina se apoderen del resto de cuadros dispuestos para la partida.
Su búsqueda de Pria Jonsson en las bases de datos del departamento de policía de Gotham fue una práctica mediocre de hackeo en sistemas, nada comparable a su descarga y cambio en los informes de sus pruebas de sangre.
Hoja de datos básicos, registrada como extranjera, sus familiares directos sin residir en el país y aquellos con residencias cercanas a Gotham no formaban parte de su registro sanguíneo. Las calificaciones en la academia fueron suficientes para pasar y graduarse como oficial de policía, con un anexo en su archivo, solicitando una transferencia a la sección de crímenes por subgénero. Repetidos exámenes para el grado de detective investigador, obteniendo experiencia suficiente para pasar automáticamente, quedando en pendiente por los comentarios de sus oficiales superiores: "Muestra deficiente análisis de la situación", evadiendo ser teniente cuando sus credenciales la acreditaron en ese grado, continuando empecinada para el rumbo de detective.
Y al encontrar el informe donde se condecoraba su valor y finalmente se le otorgaba su tan anhelado puesto en su sección, lo rechazo contunda mente, excusándose con solo haber seguido su deber cívico y moral. Cuan absurda y contradictoria llegaba a ser esa mujer.
Opto por alejarse de palabrería dulcemente redactada para elevar la moral y embellecer el momento, centrándose en los horarios de patrullaje, zonas residenciales, turnos establecidos y los cambios por cada sección de cubrimiento de horas extra, vacaciones o inasistencias del personal responsable, centrándose en el lugar que su cuerpo fue encontrado y transmitido masivamente por los medios de comunicación. Rio, ante la simpleza del descubrimiento obvio, las rondas del patrullaje son hechos por pareja, repitiendo el mismo patrón semanalmente, cualquier cambio a sus rutinas tiene que ser avisado con dos semanas de antelación un mínimo de una, dejando el margen para verificar quienes pueden cubrir esa zona o bien repartirlas entre varias parejas si presentan inconvenientes en alguna de ellas, agregando el oportuno informe con observaciones particulares que impliquen aumentar la vigilancia o variarla para que sus presencias no sean razón de objetivo a seguir. En resumen, su cambio a la zona de su desaparición estuvo fuera del proceso convencional o considerado para el posible cubrimiento, pero el sistema ya tenía el registro del recorrido a su horario del día, sino mal recordaba en una nota de entrevista, comentaban sobre una desconexión al sistema por sobrecarga de datos por un error del sistema que modifico los horarios y vacaciones de algunos miembros de la policía, agregando a quienes ya estaban de jubilación o retiro permanente.
La obvia trampa se cubrió ante la perdida, el resentimiento y usar la imagen de Batman por su negativa a formar un equipo con la oficial de policía, daba igual que su zona de trabajo coincidiera con unas cuadras de diferencia a donde su cuerpo fue encontrado. Ella nunca estuvo lejos, pero, buscarla concienzudamente en una sola zona de la ciudad costaría personal y tiempo en otros casos, como, el secuestro de constantes Omegas para el tráfico de los costosos perfumes de esencia natural Omega.
Tomo la imagen capturada de su cuerpo encontrado cerca de la zona pesquera, a pesar de la baja resolución, se apreciaban los detalles de magulladuras y marcas, además de sus ropas destrozadas y que en ese momento su cuerpo inmovible debió estar drogado para que ni la más mínima respiración fuera captada como un movimiento de su vitalidad intacta.
Quito algunas notas recortadas de periódicos viejos con entrevistas o pequeñas columnas de chismes a Pria, teniendo un papel particular en sus manos, la prueba que desencadeno todo para que este aquí, justo ahora en un apartamento mugriento, pestilente y repulsivo. – Seguro. Marque la opción que corresponda a su estado civil actual –
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Estando junto a Raven en su habitación, la peli morada abrió un archivo recién nombrado en su computadora de escritorio, sin nombre, encontró los documentos en relación al caso de Pria Jonsson hace algunos meses, señalándole que en televisión nunca fue nombrado que ella mantuviera una pareja de unión libre, con nada más que un Alfa, el cual, ni siquiera se presentó al entierro. El nombre de dicho Alfa fue anotado – junto a sus datos de contacto – en la hoja para colocación del seguro con parejas afiliadas, sean casados, en unión libre o bien solo amantes de momento.
Atrayendo la atención de Damian a profundizar en ese punto saltado, seguramente por las implicaciones de que un Alfa sea emparejado con una Beta y más en un estado de libertad sin condiciones o ataduras aseguradas, agregando que dicha Beta es conocida por defender los derechos de Omegas, escandalo seguro y polémicas en torno a la imagen de Pria. - ¿Por qué tienes esto?
- Padre la estuvo vigilando un tiempo.- señalo, mirando la ventana abierta en la pantalla – Le dio la tarea a Drake de buscar todo dato o conexión de Jonsson. – la ceja levantada de Raven señalo que eso no era lo que preguntaba. En un suspiro quejumbroso, Damian rechisto con la lengua pegándose a su paladar – ¡Bien!, me robe la información de la computadora de Drake, en ese momento lo mantuvo como una misión especial y que solo el lambiscón podría hacer, me molesto que no confiara en mí, así que la tome sin decir nada. – una suave sonrisa se poso en los labios pálidos, suprimida casi de inmediato al regresar a leer los archivos robados.
- Tus celos infantiles, superan con creces el pelear por un juguete.
- Suficiente. – corto la charla divertida, guiando el puntero por la pantalla electrónica – Mejor concentrémonos en esto.
- ¿Que? – pregunto, buscando a que se refería exactamente. Miro la pantalla de la computadora, notando como Damian engrandecía los datos escritos a puño y letra por Pria, siendo escaneados para resguardarse en las computadoras – Tu padre no envió a Red Robin a vigilar a este hombre.
- No. Solo mantuvieron una plática cuando los datos terminaron de ser recopilados y Drake se fue, algo molesto por… incomprensión de los hechos. – encogió los hombros, dando varios clics en el botón del mouse.
- En resumen – cruzo los brazos sobre su pecho – intervenir directamente con la pareja de esa mujer y sacar información de sus reuniones, tiempos juntos y que no se presentara en su entierro.
- Quizás o que él mismo formara parte del grupo que ella disolvió.
- Hm – Raven noto el brillo de los jades de Damian – ¿Iras a buscarlo? – No hubo respuesta por parte de Damian, solo, una tos y él cerrando la imagen con la hoja del seguro.
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Elaboro una completa lista mental de materiales para las reparaciones que otorgarían una mayor comodidad a su nuevo – horrendo – hogar; bastante madera, clavos, martillo, productos de limpieza básicos, algunos muebles baratos, comida, utensilios como platos, vasos, cubiertos, plancha, se detuvo recordando que tenía una especie de lavandería a dos o tres cuadras del edificio, por el momento no necesitaría tener una lavadora propia, pero escatimar los gastos era su primera preocupación. Con algo de dinero ahorrado podría mantenerse por un tiempo prudente y luego comenzar a buscar un trabajo en donde otorgar su nombre completo – real – y edad fueran desechados como innecesarios, ahorrando algo de estar incito en un seguro o que su paradero fuera detectado. Las cámaras de Oracle no se encontraban cercanas a la zona, pero, si por casualidad ingresara al perímetro de estas, su fachada quedaría arruinada y con ello sus intenciones.
En cansancio, con los detalles de limpieza básicos hechos y sacar a sus compañeros indeseados a la calle, por las ventanas y la puerta principal, decidió dejar el apartamento al verificar la hora en su reloj de la muñeca, si tardaba un par de minutos más, recibiera otra llamada de Raven donde no escucharía la voz de su amiga purpura, sino a una exigente/preocupada Starfire por conocer su paradero y lo que estaba haciendo sin estar al tanto ella o algún otro miembro del equipo aparte de Raven, y lo que menos requería era levantar sospechas.
Misión encubierta, o al menos eso pensaba Damian.
Salió por la ventana de su apartamento, seguro de que ese lado daba contra un callejón que no era fácilmente visto desde afuera, deslizándose por la escalera – oxidada – de incendios fue buscando por las ventanas que daban hacia el único medio para subir a los siguientes pisos, apreciando por el rabillo de su ojo, en la del segundo piso, cabellos rizados oscurecidos, piel morena, bolsas de gran tamaño, contrastando con el bulto donde debería estar su estómago. Por poco a exaltarse se pegó a la pared, sujetándose por las partes de los ladrillos salidos – cual camaleón – retomando en su memoria a largo plazo, esa imagen, la fotografía exacta de Pria Jonsson en su ingreso a la academia, su nombramiento como oficial de policía y el otorgamiento de su medalla al deber.
Vaya que la suerte le sonreía de las maneras más escrupulosas posibles.
Dio un margen de tiempo para que ella adelantara sus pasos en las escaleras y no escuchara el sonido de la ventana siendo abierta. Al estar dentro del edificio nuevamente – e ignorando las vibraciones de su teléfono – camino con total soltura y relajación asegurando que sus pasos fueran resonantes para hacer conocida su presencia y al encontrarse con ella, lo supo.
La valiente, condecorada y noble protectora de Omegas, una humilde oficial de policía, ahora tenía una mueca de cansancio y derrota, sosteniendo bolsas de compras, apoyándose para sostener el vientre que comenzaba a pesarle por forzar sus músculos a subir. Definitivamente una decepción. – Pensó Damian al retirar la carga de sus manos y preguntar por el piso al que necesitaba llegar y con una voz débil-avergonzada indico el cuarto piso, sin voltear a verla u ofrecerle una mano con caballerosidad siguió su aparente camino al piso de arriba.
Sus propias palabras enredándose con el escueto: "Gracias", quitándole la importancia del gesto al señalar que su puerta está justo al frente, tomando nota de las residencias que se abren a los otros lados y dejan ver pequeñas rendijas oscuras y ojos curiosos de nuevo.
Finalmente se presentó con su nombre, "Prehnita", original y con el que podría pasar desapercibida, sino considerara que uso la misma inicial de su anterior nombre. Ella ofreció amablemente su apoyo por si llegara a necesitarlo, estuvo casi a punto de reír y burlarse con algún comentario sarcástico, se notaba perfectamente que quine más necesitaba recibir ayuda de los dos, era ella, no solo por el creciente embarazo combinado a una vivienda insalubre en condiciones que ponen en riesgo su vida y de la criatura desarrollándose dentro de ella, también, por su muerte y cambio de identidad.
Sin desear alargar más la conversación, giro sobre sus pies, dándole la espalda y susurrando su propio nombre, sabiendo que fue bajo, pero no tanto como para que ella no escuchara a penas él regreso dentro del apartamento y cerro a sus espaldas. – "Pria Jonsson. Listo"
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Dejo caer un manotazo al teléfono reproduciendo el sonido constante de la alarma, marcando su hora para despertar, un gruñido exhalando de sus labios, encorvándose de la incómoda posición en su improvisada cama del sillón viejo – tapizado con algunas sabanas y telas – con el aparato rectangular en sus manos, presiono la tecla que en la pantalla cuadrada resaltaba la palabra "APAGAR", regresándolo al protector de pantalla estándar. Comprobó algún mensaje o llamada de números desconocidos, sin remitentes.
Quito las sabanas – telas – de su cuerpo, saliendo del sillón y estirando sus extremidades, necesitaba conseguir una base de cama adecuada y de paso algún colchón, otra noche en el infernal y desconocido sillón, le asegurarían años de dolencias lumbares que intervendrían para sus rutinas – interrumpidas – nocturnas.
Arrastrando sus pies por el piso de madera, recién reparado - huecos tapados – fue hasta la pared, moviendo el interruptor, proporcionando un poco de luz a la habitación complementando la luminosidad provista por las casi transparentes cortinas colgadas a la única ventana que daba hacia la calle.
Reuniendo en su mente, los ingredientes disponibles en la alacena para un desayuno sencillo, pero que cubriera su necesidad de ingesta, exhalo con el ceño fruncido, cerrándola de golpe, tenía menos cosas – de las pocas compras – y el olor de comestibles caducados por la mala conexión del refrigerador. Masajeándose la sien izquierda, fue a ponerse sus zapatos deportivos, alisando su cabello y guardando algunos billetes y monedas en sus bolsillos de pijama, enfundándose una sudadera con capucha negra.
Saliendo de su departamento, fue a las escaleras, escuchando las puertas de sus vecinos rechinando y comprobando por sus susurros – nada discretos – que esperaban tener la oportunidad de introducirse a su casa y tomar lo que fuera útil o que estuviera faltándoles. Burlándose de su ingenuidad, deseo que hicieran eso mismo, un par de trampas esperarían junto a un caso podrido.
Paso tres cuadras, hasta llegar al mini super, atendido por una mujer mayor Beta y su ayudante del mismo sub género que cubría un turno de medio tiempo. Sin saludar a alguno, entro por uno de los estrechos pasillos jalando una canasta de mano despintada con pequeños trozos del plástico desprendiéndose, arrojando en ella, cajas de cereales, cinco barras energéticas, tres sopas instantáneas y cuatro comidas precalentadas. Girando al siguiente apartado de los cuatro en la tienda, fue por artículos de higiene personal, como; desodorante y jabón de baño, regresando sobre sus pasos a la zona de comestibles, directamente a la pequeña sección de verduras, frutas y legumbres.
Juzgando por su apariencia, textura y olor, intento ir por los jitomates más frescos – menos podridos – y algunas manzanas, naranjas y un pequeño melón.
Con su canasta suficientemente pesada, que le aseguraría – si racionaba – una semana más de alimentación, en cuanto su vigilancia concluyera y tuviera una declaración directa del supuesto esposo de su vecina Prehnita. La repentina muerte de esa valerosa mujer saldría a la luz y atraparían a los originadores del famosos y exitoso perfume, "Le vid Omega".
Sus efectos afrodisiacos, combinados a las esencias naturales de los Omegas resultaban en una exquisitez no solo para Alfas o parejas enlazadas, aseguraba, que sus resultados desencadenarán un festín sexual, tan satisfactorio como para que superaran el millón de ventas luego de su salida al mercado y pasaran por la debida comprobación de que no se trataba de la misma muestra obsequiada gratuitamente, sacada de los cuerpos con vida – o muertos – de Omegas secuestrados. Consiguieron superar el escaneo de sus componentes secundarios, más no, tomaron en cuenta que su base original continuaba siendo exactamente la misma, con la extrema precaución de una menor dosis, disolviéndose a una temperatura extrema como la de un volcán a punto de erupción, era tanto su burbujeante concentración que al agregar el resto de sus ingredientes, su aroma dulce y enervante, atraparía en un hechizo sexual a cualquiera que tomara la mínima parte de una olfateada, incluso Poison Ivy se sentiría atraída aun con la protección de sus feromonas propias. Curiosamente, ninguno de sus villanos habituales, se mantuvo en contacto o alrededor de estos potenciales criminales, considerando los propios sub géneros de sus dementes habituales, una olfateada y quedarían debilitados por la sensación del orgasmo sin culminar o que sus cuerpos no reaccionaran como debían.
Si no tomaban el adecuado control de ese perfume, una arma de control y subyugación con una sola rociada seria la menor de sus preocupaciones. La balanza en su sociedad se inclinaría horripilantemente, que ni poseer armas sofisticadas, poderes sobrenaturales, habilidades adquiridas o astucia pulida con años de experiencia, salvaría sus cuerpos de la verdad, esclavos de la estimulación sexual aumentada por el sub género y explotada por el olor de un perfume.
- "Repugnante"
El sonido de fondo por los pasillos consistía en una estación de radio local, reproduciendo pistas de música antiguas, algunas canciones desconocidas y otras más deprimentes, trayendo a la memoria de sus radio escuchas tiempos simples, nostálgicos y mencionados como mejores por algunos, sin atosigar sus mentes con las clasificaciones de sub género, división de clases y luchas constantes de respeto a los derechos humanos. Los comerciales iniciaron, siendo el tiempo usado por el locutor para tomarse un descanso, eligiendo la nueva pista de música a reproducir.
Arrojo una última botella de desodorante, al regresar por el pasillo de los productos de higiene personal, el olor de sus feromonas por su celo se desvanecía lentamente, su periodo aparecería nuevamente y con esa marca como alarma personal su tiempo de rondar por el vecindario de su objetivo se limitaba, en el peor de los casos tendría que llamar a Rachel para que le consiguiera supresores. La opción final de consumir los medicamentos que mitigarían su producción de olor corporal para no atraer a un macho con el cual copular, hacia hervir su sangre, revolver su estómago y jurar una tortura a cualquier Alfa que se atreviera a tocarlo. La imagen del rostro sonrojado y jadeante de Richard se coló en su mente, enviando un escalofrió a su espina dorsal, redireccionándolo a sus regiones inferiores para que se humedecieran.
Sus propias mejillas se colorearon, mordiéndose el labio inferior, impidió al gemido escaparse de su boca, atrayendo la atención de las únicas personas en la tienda. Inhalo profundo, soltando el aire lentamente, los latidos de su corazón moverse velozmente, usando todo el oxígeno acumulado en sus pulmones. Pequeñas gotas de sudor deslizándose por su frente y por un instante la imagen de la tienda se distorsiono. ¿Acaso había pescado una enfermedad por la mugre del apartamento?, descarto dicha posibilidad inmediatamente, su habilidad de supervivencia no sería superada por un poco de suciedad y techos a punta de desmoronarse.
El mareo se repitió, dando a su visión una imagen doble de los estantes, el temblor aterrizando en su mano, faltando poco para que la canasta se resbalara de sus dedos. Cerro sus ojos, presionándose el puente de la nariz, concentrando sus sentidos e intentando calmarse. – "Descompensación hormonal" – abrió despacio sus parpados, apreciando que su mano se veía plenamente nítida. Los textos que tan amablemente – y en secreto – Rachel le proporciono incluían los datos más recientes con respecto a los Omegas y sus periodos, pero, este en específico se relacionaba a las reacciones secundarias por el primer celo, desde superar dos semanas con el calor quemando su cuerpo suplicando con lágrimas ser penetrado hasta terribles fiebres dejándolos en una especie de coma que con el menor estimulo lo haría entrar en un estado primitivo y las únicas recomendaciones consistían en permanecer dentro de casa, disponer de supresores, alimentos suaves para tragar, líquidos suficientes y en un almacenamiento sencillo de usar y completamente aislado. Netamente una información inútil, los autores usaban ese procedimiento para tratar un celo normal. Por tanto, su condición de Omega – y uno tardío – lo volvió perfectamente candidato a experimentar en carne propia la descompensación hormonal, aumentando su violencia considerando su despertar de feromonas.
Con poco tiempo, antes de que se desatara el mar de feromonas sexuales, tendría que llamar a Rachel para que lo encapsulara con sus poderes, al menos, con la primera oleada, después, ya buscaría la manera de regresar al apartamento y retomar la investigación. ¡Necesitaba alejarse de las zonas aisladas y abiertas!
Su victoria estaba en el primer paso, subsecuentemente el segundo hasta llegar de pie a la caja, formar una oración de más de dos palabras, pagar y esperar a que Rachel respondiera al llamado de su comunicador.
- ¡Oye!
Por supuesto, que esa mentalización no llego a su cuerpo para hacer mover sus extremidades como quería, en cambio las piernas se le doblaron como una masa suave, enviando a volar su canasta de compras junto a su equilibrio, chocando contra los estantes y tirándolo por su contra peso, justo en el momento que el único empleado llevaba una caja con nuevos suministros. Escucho la voz preocupada del muchacho corriendo a auxiliarlo y golpes suaves a sus mejillas para que intentara centrarse. Su respiración se volvió errática, decidiendo apoyarse en la fuente de calor que el pecho del empleado le brindo, permitió a sus parpados caer, sumergiéndose a la inconsciencia, dejando los gritos y maldiciones asustadas, atrás.
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Capta el tintineo de campanillas junto al característico sonido de las manecillas del reloj moviéndose, ahí está el tic del segundero seguido por el tac del minutero al llegar a su destino, es una repetición familiar que ha aprendido a seguir conforme los segundos conforman ese minuto y no necesitar de un reloj físico para decir la hora, tal vez una mirada al horizonte para marcar otro tipo de cálculo en base a la posición del sol. Deja que sus oído se llenen de ese agradable sonido, pero el tintineo de campanillas consigue que abra sus ojos y se encuentre con un techo blanco perfectamente liso y sin un delimitado espacio para extender su brazo e intentar tocarlo con la punta de sus dedos.
Utiliza sus manos como apoyo, girando de costado para elevarse ahora que su codo flexionado ha tocado material solido – cualquiera que sea – impulsándose para estar con su torso erguido y sentada en su trasero. Busca detenidamente con la mirada a algún otro individuo, animal u objeto que le dé una pista de donde se encuentra actualmente. Roza sus dedos con el inicio de su frente, presionando sus yemas en el entrecejo forzando a recordar lo último que estuvo haciendo, pero el dolor acrecienta, agitando su cabeza, inspira profundo dejando salir el aire relajándose. Sea lo que sea que estuviera haciendo debía ser importante sino conseguía una imagen clara.
Finalmente opta por ponerse en pie, aun con algunos tambaleos de sus piernas, consigue estar erguido, eligiendo que lado tomar para comenzar a caminar, sin una señal clara, trata de dar un paso a su derecha, pero las campanillas se agitan con un eco. Frunciendo el entrecejo, concentra su audición hasta identificar que proviene con mayor claridad detrás de él a su derecha. Aprieta sus puños, comenzando a correr en esa dirección, aumentándola velocidad, no importa quien le esté jugando esa broma o si es algún secuestro de un enfermo mental, lo atrapara y hará pagar su osadía atrevida.
La luminosidad del espacio en blanco se contrasta ahora con muebles de ese color, pero con un tono opaco que le hace contraste para diferenciales, evitando asi chocar contra ellos. Entre más se acerca a las campanillas, aumentan muebles, consigue esquivar un ropero y una mecedora. El pecho se le comprime, dificultándole la respiración, rasca la carne con el filo de sus uñas queriendo traspasarla y llegar al hueso hasta su musculo cardiaco y del sistema respiratorio. Luchando contra el dolor de su pecho llega al marco de una puerta con cortinas transparentes, las campanillas se escuchan claramente ahora dándose cuenta que el sonido se componía de una única campanilla. Atravesando las telas blancas, llega a una nueva sección, cubierta por los mismo muebles blancos, pilas de ropa pequeña, muñecos de felpa y juguetes plásticos. Traga saliva, el dolor de su pecho se aleja poco a poco, volviéndose una terrible sensación angustiante que hace su piel erizarse y querer huir en ese instante, regañándose a si mismo por la posibilidad de irse con el rabo entre las patas, muerde el interior de su mejilla consiguiendo el hilo de sangre por la cortada que hace con sus incisivos.
Son unos cuantos pasos más lo que le separan de una imagen a espaldas, de esa figura amarilla una vez más, pero ahora se ha aclarado y no brilla demasiado, sin embargo, ve un movimiento, sus brazos flexionados y el sonar de su voz con un arrullo. Patea un cubo blanco, atrayendo la atención del individuo amarillo, detiene sus suaves murmullos, girando lentamente, mostrando un bulto enredado en sabanas de colores arcoíris, sobresaliendo una mano enfundada en los mismos colores, solo con una campanilla sujeta a una base de aro y un palo grueso. El individuo amarillo, aleja su mirada enternecida del bulto, alzándola para encontrarse con sus ojos verdes, sin una contestación o reclamos, tan solo puede abrir su boca luchando por hacer funcionar sus cuerdas vocales.
Y él le sonríe extensamente, derramando lagrimas por sus parpados amarillos, a pesar de la enternecedora imagen, Damian da un paso hacia atrás. – Gracias – dice con su voz en eco, resonando por las paredes, ahora con las campanillas del bulto que abraza protectoramente. Su pierna se flexiono, perdiendo el equilibrio, aterrizo de sentón en el suelo que al intentar levantarse nuevamente noto como este se volvió suave como un pudin, pero espeso como la masa de galletas. Luchaba por librarse consiguiendo hundirse más profundamente y que su cuerpo fuera chupado hacia dentro, trato de sostenerse de alguno de los juguetes más pesados, pero estos también comenzaban a irse para el charco espeso. El ser amarillo ya no le prestaba atención, arrullaba al bulto en mantas, alejándose al fondo de la habitación, tarareando una nana al son de la campanilla que se agitaba.
Dejo salir una última vez su mano, gritando desesperadamente, hundiéndose hasta la mitad de su cuello, maldijo en lo alto, dejando que la masa blanca entrara a su boca, cubriera sus ojo y tapara sus oídos. Un grito silencioso fue consumido por el suelo en blanco ahora firme.
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- ¡Abuela!
- No soy tu abuela.
- Vamos Sra. Rodríguez, usted sabe que la quiero como una.
- Y yo te digo que AUN SOY joven para considerarme tu abuela.
Siguiendo las voces de una conversación absurda, trato de despegar su parpados y permitir la luz filtrarse en su visión. El sabor acido se desplegaba por sus papilas gustativas, subiéndose al paladar hasta que el interior de su boca sabia agrio, aterrizando un malestar en su estómago, deseando por expulsar el alimento aun resguardado tras la digestión. Resistiendo expulsar sus únicos alimentos, lucho por abrir sus ojos, deteniéndose por el toque de una mano en su hombro y otro en su frente. – La fiebre bajo. Calma muchacho, primero dime, ¿Te duele algo?
- Sra. Rodríguez no creo que-
- ¡Cállate Ben!, ¡Ve cuida el changarro o hecha mosca a otro lado!
Inflando las mejillas, el joven Ben obedeció a las indicaciones de la Sra. Rodríguez sin intenciones de prolongar la pelea alrededor de una persona con un estado delicado de salud. Abandonando la zona de empleados y bodega de suministros, cerro las persianas de cuentas de cristal de color verde claro, colgadas en tiras largas de hilos entretejidos. Ella espero pacientemente por la respuesta del joven acostado que comenzaba a abrir sus parpados, enfocando su mirada a ella. Extendió la mano para destapar una botella de agua, sirviéndola a la mitad de un vaso plástico morado, dejo el envase sobre la mesa de madera vieja a un lado de la improvisada cama hecha de bancos con asiento de esponja, cuidadosamente puso una mano sobre su hombro y la otra debajo de su nuca. – Te ayudare a levantarte, ¿de acuerdo? – con el silencioso asentimiento, la vieja mujer fungió de palanca para que él hiciera el resto del trabajo al enderezar su espalda, aun encorvado, le guio para que recargara su espalda en la pared de ladrillos, tomo el vaso de agua extendiéndoselo y asegurando sus manos para que lo sujetara. – Bebe despacio.
Aunque su expresión aún se mostraba desenfocada fue capaz de atender a la instrucción de la anciana mujer, derramo parte del líquido en sus labios, pero dio pequeños tragos que refrescaron su garganta y eliminaron los rastros amargos en el interior de su paladar, dejando a la mitad el contenido, bajo el vaso y elevo su rostro para mirar a la mujer quien le sonreía amablemente. Ella exhalo un suspiro satisfecho, arreglando las mechones de su cabello castillo con raíces blancas al interior de su chongo alto, jalo una banca, sentándose al frente para retirarle el vaso. – Ese fue un susto de lo más jodido, ¿sabes? – tomo la botella medio llena, dándole un trago largo, aplastando el plástico entre sus manos, la cerro con la taparrosca. – Le pido a Ben que arregle unas cosas en el pasillo donde estas y te ponga el ojo encima por todas las vueltas que diste ¿Y que obtenemos?, a un chico desmayado, sin identificación o teléfono, ¿Qué hacemos con eso?, pues solo rezar a que despierte y no terminemos con alguna demanda o dentro de un caso de asesinatos o alguna mierda rara que les encanta a los de esta ciudad. – agito su mano hacia una de las ventanas, pero no obtuvo reacción ni una respuesta verbal. Ese joven estaba siendo difícil y para ella la paciencia es una de sus peores cualidades junto a fingir ignorancia con clientes de apariencias perdidas junto a rastros inocentes. Es una mujer, es mayor y es una Beta, pero no por ello es estúpida o ignorante, ha vivido lo suficiente en esos barrios y especialmente en la ciudad de los locos para reconocer el semblante débil con las alteraciones de temperatura, los gritos dramáticos de Ben cuando lo cargo por estar quemándolo ayudaron.
- "Ojalá aun pudiera fumar. La nicotina me despeja la mente." – paso la mano por su rostro, masajeándose las mejillas con el pulgar y el índice. Inspiro profundo, exhalando despacio por la boca. – Me da igual quien seas, de donde eres o cualquier motivo para que vengas a mi pequeña tienda de segunda, pero – lo señalo con un dedo arrugado, su uña alargada daba una apariencia desagradable. – necesitas cuidarte, a pesar de ser un hombre eres un joven Omega y – su mirada se suavizo, ahora no con amabilidad sino una lástima de ver una criatura débil desahuciada, con aquello, el brillo en sus ojos fue recobrado. – ah… te daré el numero de una conocida mía junto a un especial regalo. Espera aquí.
Levantándose de la banca metálica, dio cortos pasos en la bodega, deteniéndose en una caja de cartón con otras apiladas, agito los empaques y envió otros al bote de basura, refunfuñando entre dientes por la sucia apariencia del lugar y que pondría a Ben en horas extra. Finalmente, su búsqueda llego a una resolución con una caja rectangular con un dibujo de algo delgado y letras en colores pastel, tomo dos paquetes y camino de regreso con él, sin sentarse se los extendió, esperando a que los tomara de buena gana.
Por un momento, le pareció que sus ojos se saldrían de las cuencas de su rostro, espero por las lágrimas con mocos acompañado de una historia teatral para endulzarle el corazón, en cambio, golpeo su mano, arrojando las cajas delgadas al suelo e hiriéndole la mano. Él se levantó de golpe, mostrando la diferencia de estaturas con ella por escasos centímetros, le sujeto del cuello de su suéter de lana, fulminándola con la mirada. – "El niño tiene colmillos, je."
- Me quede callado esperando que terminaras tu charla inútil.
- Y yo aquí, sintiéndome buena samaritana de un mocoso apestoso. – puso su mano arrugada sobre la fina, apretando su toque, mostrando el poco miedo que le irradiaba la amenaza de su ahorcamiento. – No eres el primer Omega joven que me amenaza, la semana pasada uno intento robarme las pastillas del reumatismo para prepararse drogas calmantes. ¿Cuál es tu historia?, espero sea entretenida o bostezare.
- Tch – libero a la Sra. Rodríguez, regresando a sentarse en las bancas que fungieron de cama. Ella se agacho, recogiendo los paquetes e imitándolo, volvió a su asiento al frente, manteniendo las cajas en su regazo. – No soportaba estar en casa y menos vivir bajo reglas que me obligan a ser delicado, frágil y cuidadoso. – la mujer asintió, permitiéndole proseguir. – Mi experiencia corporal ha sido un desajuste constante por eso me desmaye, agradezco su cuidado, pero eso no significa que usted no me ha ofendido al creer eso.
- ¡Oh!, niño estúpido. ¿Ofenderte?, vaya. Te estoy explicando una obviedad que has pasado por alto.
- ¡USTED ES UNA VIEJA DEMENTE CENIL!
- ¿Vieja?, no, podría ser tu madre, ¿Demente?, por supuesto, tengo varias demandas que lo prueban, ¿Senil?, ja, ya quisieras. Pero, niño, escúchame esto y escucharlo bien, tu – lo señalo a él completamente con la palma abierta – estas embarazado.
La Sra. Rodríguez no se quedó a esperar las represalias agresivas del otro, planto las cajas en la mesa, arranco un trozo de papel sobrante de las envolturas desechadas y extrajo el lapicero de su chongo, anotando varios números y un nombre. – Dile que te manda Ann y te hará un buen descuento, ella es discreta. – Dejando atrás al joven misterioso e ignorando los ojos asesinos, regreso a la comodidad de su pequeño negocio, desolado como siempre y tranquilo hasta donde su paz mental y pastillas funcionaban a la vez. Bajo la cortina de cristales, dando un paso para darle la vuelta al refrigerador con lácteos, encontrándose a Ben barriendo el primer pasillo, el joven de cabellos rubios chillones mal pintados, dejo la escoba recargada en la pared contraria, secándose la humedad de sus manos en el delantal descolorido de café, ahora un crema pálido.
- ¿Cómo esta?
- Con dolores de cabeza y la espalda por cargar un peso muerto.
- Hablo del chavito, Sra. Rodríguez.
- ¡Ah!, ¡ese!. Mejor que nunca diría yo – paso a un lado de Ben, enderezando un par de cajas en su camino y apreciando los nuevos paquetes que aún faltaban acomodarse en sus estantes correspondientes. Su pequeño negocio podría parecer no rentable, pero era el único suficientemente cercano – y con menos asesinatos y reportes policiacos – para proveer la despensa básica. Regresando a la comodidad de su silla con respaldo y esponjosas almohadas de plumas falsas y esponja, recargo su espalda, guardando la pluma en su chongo y tomando el libro de registro, mañana seria día de inventario. Movió la mano por su escritorio improvisado al ras del mostrador, notando la sombra de Ben que se cernía al lado contrario. – ¿Qué? – alzo una ceja, una vez colocados sus anteojos con un cristal a medio romperse.
- Tenía una fiebre de los mil infiernos y luego se puso helado como paleta, eso ya es raro hasta para mí y no veo suficiente televisión como debiera.
- Ben, eres joven y estúpido como todos a esa edad o solo menos que el promedio – subió el armazón por el puente de su nariz – No intentes ser buen samaritano tienes 15 y-
- 19, los cumplí la semana pasada.
- Si, eso, 19 y no quieras ser el benefactor de cuanto chico bonito y en apuros entra a mi tienda. La vida no es un paseo de rosas y menos en una ciudad plagada de locos con disfraces caros hechos con el dinero de los contribuyentes. – anoto los encargos de comestibles para la próxima semana y tacho los pedidos traídos más los faltantes, necesitaba hacer espacio y descuentos antes de que pasara la fecha de caducidad de algunos.
Manteniéndose silencioso y los brazos cruzados delante de su pecho, Ben frunció el ceño, mostrándose intimidante e insatisfecho por la respuesta de la Sra. Rodríguez, la mujer mayor bufo cansada, aun cuando fuera su empleado de medio tiempo y el único que realmente ayuda a la tienda, a veces le otorgaba demasiada libertad de opinión. Dejo la pluma en el escritorio, cerrando la libreta de registros, centrando su atención en el rubio falso y notando que las persianas de cristal se agitaban al otro lado de la tienda. El sonido de las bolitas chocando entre sí por el movimiento, aunque poco, atrajo la atención de Ben, eso y que habían apagado la música del radio. Los ojos miel del rubio mostraban la auténtica preocupación por el niño peli negro, tan simple como una palabra o el movimiento de su cuerpo y tendría a su empleado involucrado en una historia dramática de amor y superación personal. – "Al diablo. ¡Primero que me entierren!" – puso su mano en el hombro de Ben, frenándolo en el acto – Dale sus compras, irán por cuenta de la casa.
- Pero…
- Hazlo, Ben. – su voz se volvió absolutamente seria sin dar oportunidad a la discusión o contradicción. Dio un apretón a su hombro, soltándolo lentamente y regresando a su libro de cuentas.
Aun dudoso, Ben trago saliva, rascándose la nuca y yendo por la canasta dejada cerca del mostrador, luego de la estrepitosa caída del joven desconocido, se apresuró a gritarle a la Sra. Rodríguez, esperando que la mujer mayor fuera más responsable en ese tipo de casos inesperados, en cambio, solo lo golpeo a él en la cabeza para tranquilizarlo y le pidió ayuda para llevarlo a la bodega de atrás. – Ni ambulancia, doctor o policía. Mi negocio no es respetable, pero es humilde y lo único que tengo. – una vez dejaron al muchacho inconsciente en las bancas apiladas, él se fue de regreso a la tienda para poner su canasta en un lugar seguro y que no perdiera nada de lo que compraría. Un cliente seguía siendo un cliente y dinero en su sueldo semanal.
Puso cada una de las cosas en una bolsa de papel café el resto en otra más pequeña, subió ambas al mostrador, esperando por el muchacho que se acercaba con la mirada perdida, pero frunciendo el entrecejo. La Sra. Rodríguez no le dirigió la mirada ni nada, solo movió su cabeza para que le entregara las bolsas, obedeció diligentemente, colocándolas al frente del joven, él busco en el interior de su sudadera, sacando una cartera para pagar, pero Ben negó con una sonrisa amable y divertida – o eso intento aparentar – dejo las bolsas en sus manos, agradeciéndole por su compra y esperando que los visitara nuevamente. – Ah, pero cuídate de ese resfriado, ¿Bien?
Sin una respuesta, el chico peli negro salió de la tienda, haciendo sonar la campanilla, deteniéndose fuera y mirando por encima de su hombro en dirección a la caja, era como si intentara penetrar con sus ojos el vidrio, lanzando alguna munición que acabara con la persona en ese lugar o Ben comenzaba a creerse las historias de sus vecinos con eso de Batman y sus vigilantes nocturnos. Una vez el muchacho se fue del frente, decidió regresar a sus tareas diarias, la escuela nocturna no comenzaba más tarde y no quería escuchar regaños por llegar demasiado de madrugada a casa.
- Ben.
- ¿Si, Sra. Rodríguez?
- Ve tira la basura del baño.
- ¿Basura? – repitió ladeando el rostro a su izquierda – La saque en la mañana.
- Lo sé, igual tira la basura del baño. – agito su mano en dirección a la puerta de descanso, sin otra razón por agregar.
- Usted es la jefa. – respondió, encogiéndose de hombros, girando sobre sus pies, caminando a la parte trasera, con las manos detrás de su nuca, silbando una tonada sin letra.
- Soy tu jefa, mocoso malagradecido. Luego pones las cajas de cartón en el bote de reciclaje, mañana quiero que ordenes la bodega.
- ¡Considérelo hecho! – levanto el pulgar, con la mitad de su cuerpo dentro de la habitación y el resto fuera.
Estando completamente sola en el frente de la tienda, la anciana mujer, encendió nuevamente su radio, buscando entre las frecuencias difusas una estación con solo música de fondo y pésimos comerciales de productos inútiles o poco populares. Satisfecha con su elección, subió el volumen girando la perilla circular medio rota, dejando que el sonido inundara los estrechos pasillos de su local, mientras, tarareaba con su boca en una fina línea, ignorando el grito de sorpresa de Ben al quizás encontrar la prueba de embarazo, el joven Omega en su primera crisis de fiebre por embarazo de Alfa y la historia de trasfondo que se desarrollaba a cada paso del muchacho peli negro.
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Presiono con fuerza el empaque de cartón entre sus dedos, rompiendo la envoltura con facilidad, sintiendo el plástico suave protector del objeto dentro. Agitando la pequeña caja por el temblor de sus dedos ante la ira reprimida, gruño, levantándose de golpe tirando la caja abierta y pateando la mesa con el otro paquete, deslizándose el pedazo de papel que tan "amablemente" le fue obsequiado como una caridad.
Esa mujer loca, solo había hablado indulgentemente en su consciencia, ignorando que en todo momento estuvo atento a su ceño fruncido y quejas referentes a la legalidad del negocio. ¿Qué podría importarle?, absolutamente nada, ¿Y esa cosa?, ¿Un regalo?
- Tonterías absurdas.
Apretó sus puños, dispuesto a salir de esa tienda de porquería, abandonar la idea de comestibles por ese día y buscar un lugar al menos decente sin insectos corriendo por la comida ya caducada.
Con el primer paso en dirección a la salida, un escalofrió recorrido su espina dorsal, el silbido de un viento helado se deslizo por su nuca y una voz traspaso sus oídos. Llevando su mirada el empaque en el suelo, trago saliva, ¿Por qué estaba reconsiderándolo?, negó, sosteniendo su cabeza por el repentino mareo que estaba regresando.
La descompensaciones hormonales podían a llegar ser un martirio, aumentando, por el retraso de sub género. Apenas llegara al apartamento basura, se comunicaría con Raven y…
- Eres tan cobarde que niegas la verdad. – dijo burlonamente una dulce voz, riendo entre dientes. Se giro a su derecha, esperando encontrar otro empleado de esa anciana, solo cajas y estantes repletos de botes plásticos y papeles de envoltura – ¿No te hace feliz? – pregunto preocupada la misma voz, fingiendo llorar – deberías… ¿sabes por qué? – respondió, esta vez invadiendo todo el espacio, sin revelar su ubicación, torturando y jugando con él – por qué es tu destino, tu rol y único papel. O-me-ga. – deletreó la última palabra, como si estuviera señalándolo de frente. Sonriendo satisfactoriamente y mirándolo por encima con la barbilla levantada.
- Cállate. ¡Cállate! – arrojo un puñetazo, seguro de acertar, más solo atravesó el aire con su ataque, frenándose al tener una estruendosa risa detrás.
- Divertido. ¡Esto es divertido! – la voz rondaba detrás, abrazándolo con caricias que no podían tocarle realmente, pero sabía de su existencia, provocándole nauseas. – No temas, pequeño Omega. La tortura es para los criminales, no para los buenos como tu~ - canto, deleitándose con los temblores del cuerpo entre sus brazos. Pequeñas gotas de sudor filtrándose por su piel, el ceño fruncido, los puños apretados, la pequeña rasgadura en sus labios al morderlos con sus dientes superiores. – Tómalo, tómalo. – insistió, deslizando sus brazos por los costados hasta posicionarlos encima de sus manos, apuntando al paquete olvidado en el suelo – Libérate de las cadenas tormentosas, de los castigos innecesarios y las mentiras piadosas. – Cual hechizo, el ente incorpóreo guio sus movimientos hasta que la caja estuvo nuevamente en sus manos. – Aparte el fino velo sobre esa mente terca. Pequeño Omega.
Un beso sin labios, sin tacto, sin calor y sin marca había sido depositado en su frente, pequeños empujones a su espalda, movilizando sus piernas a la puerta maltratada del baño. El corazón bombeando presuroso en su pecho, entendiendo que esas palabras amables y llenas de consideración no eran más que una burla a su condición, una prueba y un juego. Aquel pedazo de cartón resguardaba una sencilla prueba de embarazo con altas probabilidades de equivocarse, errar en sus resultados, provocando agonía a sus portadores sin importar de cual se tratará, ni de qué lado vieras esa moneda.
Presionando sus labios en una línea tensa, empujo la puerta con su mano, ingresando con un paso largo al interior. No haría esto por el deleite de esa voz, tampoco por la orden de esa mujer anciana o siquiera la validez del reconocimiento de su papel Omega, sino, sencillamente superaría esta prueba con tal de negar las supuestos deberes de Omega y juicios sociales.
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- ¡Mami!
Deteniéndose abruptamente, seguido la voz, encontrando a una niña de quizás cinco años corriendo con un peluche de perro en sus manos, tomando la mano de una mujer y señalando un puesto con algodones de azúcar. Un pequeño debate se armó entre las dos, finalizando con la entrada de la segunda progenitora, palmeando la cabeza de la niña y llevándola a conseguir su anhelado dulce.
¿Por qué?, se preguntó, apretando la bolsa de compras entre sus brazos. La escena que debía resultar encantadora, se transformó a sus ojos en un asqueroso recordatorio, tan infame a la par de la armoniosa risa al abandonar el baño de esa pequeña tienda. Escucho el desgarré del delgado papel, corriendo a la dirección de los apartamentos.
Necesariamente no se había equivocado con el pensamiento sobre esas pruebas, no importaba el resultado, nunca se encontraría en la mira de lo agradable, ni cerca de formar una fiesta o ir tocando puerta por puerta alrededor del vecindario, alegando por la maravillosa noticia.
- Testarudo, Omega.
- ¡Cállate! – grito, agitando su brazo a un lado y dando media vuelta.
Los pocos transeúntes le miraron con la confusión latiendo en sus expresiones, chismorreos entre los que continuaban su camino y cejas confundidas que catalogaban su comportamiento como una respuesta a los cambios de su adolescencia como un acto carente de significado más que el de simplemente ser el centro de atención.
Trago saliva, al notar que uno empezaba a sacar un teléfono de entre sus bolsillos, podrían haber entrado en pánico repentino, pero no necesitaba ser llevado a la policía para una aclaración de su comportamiento seguido de otra llamada a sus padres para que fueran a recogerlo o pagar una fianza.
Corrió con mayor insistencia, ignorando definitivamente la pequeña voz que lo incitaba a explotar, mostrando su lado más emocional frente a un grupo de desconocidos. No caería nuevamente en su pequeño juego enfermo, tenía que establecer una barrera, un contenedor momentáneo para esa voz molesta hasta que se comunicara con Raven.
Necesitaba hablar con ella, antes de que esto se pusiera peor.
*Pam* La bolsa con comestibles voló, derramando su contenido sobre la banqueta, dejando los retazos del envoltorio tapando a algunos. Parpadeo sorprendido al dar un paso hacia atrás, la distancia que lo separaba del edificio era ínfima, estando bloqueado su camino por el cuerpo de un infante que miraba su bolsa de dulces esparcida y grandes lagrimas se formaban en sus ojos, apretando con fuerza sus pequeños puños delante de su pecho, grito con fuerza, llamando por sus padres que habían desviado momentáneamente su atención con su otro hijo consiguiéndole una pelota con un hombre en bicicleta. Palabras de disculpa quedaron estancadas en su garganta, un respingo por escalofríos le advirtió del peligro ante la madre que había dejado a su hijo con su padre, una molesta mujer Beta se le acercaba, aunque generalmente los Betas son incapaces de producir un olor distintivo, continúan con la limitada capacidad de liberar feromonas cuando cambian de un estado de ánimo y siendo solo detectados por Omegas (quienes poseen un mejor olfato al de los Alfas).
Su instinto claramente le transmitía el alejarse de esa mujer, tanto para protegerse a sí mismo como al pequeño cacharro en su vientre. – "¿Cachorro?" – repitió en su mente, retrocediendo. Encajo sus uñas en el interior de su mano izquierda, saliendo de la ensoñación producto de sus delirios de descompensación, olvidando las compras y al niño llorando en el suelo, entro al edificio en ruinas. Sin dudar en mirar atrás, cerró la puerta destartalada, escucho al niño con su lloriqueo amortiguado por la furiosa madre, eligiendo quedarse a consolarlo en vez de perseguirlo. Salto escalón tras escalón, hasta que el piso se vislumbró y el número de su puerta reconoció, esquivando por mero reflejo al vecino de la puerta de enfrente, coloco la llave para su apartamento, alejándose del bullicio de unas agotadoras compras de alimentos.
Rio sombríamente, cubriéndose el rostro con la palma de su mano izquierda, deslizándose hasta quedar en el suelo, flexionando sus piernas. Salió por comida a una pequeña e insignificante tienda y parecía más cercano a enfrentarse a una misión por primera vez sin ningún tipo de preparación. Mirando por entre sus dedos hacia el techo se preguntó, ¿Qué estaba haciendo en ese edificio olvidado en primer lugar?
- Protegiendo a tu cría, obviamente.
- ¡LARGATE! – repitió su orden, buscando el objeto de su sed asesina reprimida hasta ahora, más la habitación se encontraba sola, con la luz filtrándose por las ventanas, mostrando la terrible decadencia del lugar.
- Solo aclaro tus dudas. – explico tranquilamente, estando a pocos pasos de distancia o quizás a su lado, no podía identificarlo con precisión – Es simple si lo consideras, o ¿realmente pensaste que esto era tu yendo a una misión? – cuestiono con el sarcasmo palpable en su tono.
- ¡Desaparece!, vete. ¡VETE!
Al principio sin estar seguro de la intención de su misterioso compañero de dialogo, la idea se volvía clara con cada intervención inesperada, romperle los nervios hasta el punto exacto donde la fantasía se alineará a la realidad y entonces esa fina línea que les separa fuera definitivamente microscópica.
- Incluso si vuelves sin cumplir tu tan secreta misión, todos estarán felices de verte. Con el deber cumplido, él te amara indudablemente.
El sabor en su boca se agrio, el estómago revolviéndose como olas en el mar chocando frenéticamente contras las piedras, movieron su cuerpo petrificado en el suelo en dirección al baño, escupiendo en la taza lo poco que quedaba de una cena pasada e incluso rastros del ácido quemándole la garganta reuniéndose en al agua flotante de la taza. Vomito hasta sentirse plenamente vacío, jalo la cadena, poniéndose en pie tambaleante, mirando su expresión pálida en el espejo sucio y por un parpadeo la imagen de su molesto conversador satisfecha de su éxito en la misión. Con un puñetazo a este, rompió el cristal, clavando pequeños trozos sobre su mano, abandonando el baño se dirigió a la puerta, congelando su mano a milímetros del picaporte. Una vez fuera de esa habitación, ¿Qué pasaría?, ¿Cuál había sido el plan original?, ¿Tenia un plan? – Ríndete, acéptalo y amalo. No tienes otra opción.
Luchando contra esa voz resonante, apretó el picaporte, girándolo y encerrando a su compañero de charlas en el interior, por lo menos lo silenciaria lo suficiente para pensar libremente antes de que saliera. Necesitaba silencio, meditar, reflexionar sus pasos hasta ese momento y entonces vería con claridad la situación. Recargo su espalda en la puerta, bajando su rostro al ver un pequeño empaque rectangular caer de su bolsillo. Sonrió torcidamente, ¿Por qué?, ¿Por qué de todos los artículos comprados aún mantiene ese?
- Damian.
Alguien llamando su nombre, ¡cierto!, porque ese es su nombre, atrajo su consciencia a la realidad, sus ojos cuales gemas verdes se opacaron por la preocupación y lastima. Ella lo observaba con una enorme lastima, desviando su mirada a una esquina en el suelo, él sigue su línea de visión, mordiendo el interior de su mejilla, pronuncio con cansancio la mismas palabras dirigidas a ese compañero indeseado. – Largo. – pero su orden fue rechazada una vez más, a pesar del temor que se filtraba por la mujer, ella persistió.
- Damian, ¿acaso… tu…
- ¡NO ES DE TU INTERES MUJER! – incluso aunque su tono de voz intentaba ser amable y considerado, cálido, amistoso, no lo necesitaba, no necesitaba de ella o de alguien más recordándole constantemente su rol en este mundo, su nuevo papel y la categoría agregada por la ridícula "buena fe" de una anciana metiche. – Lárgate, tú… – siendo certero con sus palabras, sin oportunidad a dudas o malos entendidos, transmitió su ira a la mujer, con la misma clara advertencia, un paso más e ignoraría su abultado estómago.
Finalmente había cedido, alejando el toque de su mano en su hombro, pero, con sensaciones contradictorias corriendo en su interior, deseaba que ella permaneciera por un momento más a su lado al mismo tiempo que anhelaba por que desapareciera sin dirigirle una palabra más. Iría dentro de su apartamento, llamaría a Rachel y todo terminaría.
- Recibí un paquete de galletas caseras de mi tía. – dijo la mujer sonriendo alegremente, invadiendo su espacio personal una vez más. Las bolsas que diligentemente había cargado en sus brazos estaban apoyadas en el suelo a un lado de su pierna. Ella tenía que estar loca, aun siendo sola una Beta, no despedía el olor de una madre dispuesta a proteger a su cría, ¿estaba ella claramente en sus cabales?, no podía estarlo si le hablaba casualmente – Honestamente son deliciosas, pero demasiadas – quejándose infantilmente, ella inflo sus mejillas, guiñándole un ojo, señalando en dirección a su apartamento, soltando la pregunta que nunca debería hacerse a un extraño por más vecinos de piso resulten ser – ¿comerías algunas conmigo? – claramente una potencial enferme mental. Ella tenía que sentirlo, ¡debida de sentirlo!, exactamente como esa otra madre Beta en la calle a punto de asesinarlo por entristecer a su cría.
Ni un momento dejo caer su sonrisa, aun prevalecía la simpatía por lastima e incluida esa diminuta preocupación, a sus ojos él debía parecerle un joven perdido, tratando de luchar contra el implacable destino y cargando responsabilidades que a su edad solo tendría que centrarse en la escuela. Ella tenía que alejarse de una vez por todas, no la soportaba, aún más con ese tono de ojos parecido al suyo.
- Te dije que – apretó sus puños, mostrando los colmillos con un gruñido proveniente de su laringe vibrante por sus cuerdas vocales – te largues. – Ahí con la amenaza implícita, su advertencia final. Si no tomaba la decisión adecuada este sería el final de ella y de lo que estuviera gestándose en su vientre.
Lo hubo, un pequeño temblor en su mano tocándole el hombro, la palidez de su piel y el aumento de su respiración por la abertura de sus fosas nasales al inspirar profundamente en un signo de anticipación al peligro. Entonces, si ella lo entendió, capto cada una de las señales e incluso permitió a su cuerpo reaccionar al peligro, ¿Por qué seguía en pie sonriéndole? – Si, sí. – ignoro activamente su amenaza, aun con el olor a temor, la otra mano sujetando su vientre, aparto la mano de su hombro, llevándola a su abrazo y dando un leve jalón guiándolo a la dirección contraria a su apartamento – Pero comamos galletas con algo de té. – Y decidía acatarla, aunque fueran plenamente contradictorias esas condiciones – Compre un set maravilloso y no había tenido oportunidad de usarlo. – relato presuntuosamente, yendo a tomar las bolsas dejadas en el suelo y seguidamente su mano – Vamos. – guio el camino, charlando inútilmente sobre el sabor de las galletas, los juegos de té en las tiendas y las ofertas en las tiendas. Distraía a su mente de las preguntas con respuestas obvias por parte de su compañero de charla, de la llamada pendiente a Rachel, la misión en secreto, el cambio de los archivos en los análisis e incluso los recuerdos de ese momento en que su cuerpo estuvo fuera de su control – ¿Sabes? – entono dulcemente su pregunta, girándose a verlo, con la puerta ya abierta para invitarlo a pasar. Pestañeo, respirando profundo y mirándolo a los ojos – Momentos como estos – con su mano libre, tras soltarle para abrir la puerta, dio una palmada en su cabello, sacudiéndolo ligeramente, deslizándola por su cabeza hasta llegar a su mejilla – no tienes que pasarlos completamente solo. – Una verdad obvia, que suponen ser el consuelo que ha estado esperando impacientemente. El afecto sincero para que se reconozca como alguien valioso e importante. Hizo un cosquilleo en las esquinas de sus ojos – Porque – medito sus siguientes palabras, igualmente afectuosas, en esa luz iluminando la oscuridad sobre el camino, disipando las preocupaciones y eclipsando la voz dulcemente sarcástica – Habrá quien te escuche, Damian. – pronuncio su nombre, apartando la cálida mano en su mejilla, retirando la gota salina que se había deslizado, tomando su mano – Siempre los hay. – aseguro, dejándolo a él entrar primero, para cerrar la puerta a su espalda.
Entonces, solo por un momento, solo por esta ocasión, compartiría sus pensamientos con una extraña, dejaría que estas emociones burbujeantes flotaran hasta un punto alto y explotaran a fin de tener esta ansiada libertad. La verdadera amabilidad borraría de su mente la falsa amabilidad de su compañero de conversación y utilizando su propia voz daría forma a esta serie de acontecimientos en su verdad, en esta despampanante realidad.
Miro el juego de té, las galletas servidas en un platillo metálico, escucho el tarareo de la mujer en su diminuta cocina, aprecio los escasos adornos y pocos retratos personales. Hasta los muebles baratos y el incomodo sillón en que fue a sentarse a penas entrar.
Ella volvió con la tetera de agua caliente y un paquete con la señalética de las hojas, empezó a preparar la infusión sentándose al otro lado de la mesita de centro, vertiendo una generosa cantidad de hojas aromáticas en un colador, seguido por servir el agua caliente al interior de la tetera del juego de té, su vapor alzo al aire el delicioso aroma, deshaciendo algunas de las hojas en la herramienta haciendo que cayeran al interior. Una vez estuvo lleno, fue cubierto por la tapa, procediendo a servir la bebida aromática en la pequeña taza de porcelana decorada con plumas de pájaro en colores rosados.
Le fue entregada su taza, después de servir una mínima cantidad de azúcar para él, seguida de la propia taza de su anfitriona que estaba seguro, llevo al menos tres cucharadas de azúcar luego agregar una más ante la falta de dulzura en su bebida. Miro el líquido colorido en la taza. Acentuándose por su interior en un color más claro para el material, aun con el vapor saliendo mostrando su temperatura alta, parecía no ser lo suficiente para que ella no dejara de dar pequeños sorbos a la par de comer las galletas.
Cuan simple podía ser esta amable mujer e increíblemente honesta alcanzado la estupidez misma para abrir su puerta a un completo extraño por la escena patéticamente mostrada con anterioridad. Sonrió de lado, cogiendo la oreja de la taza, apreciando el aroma, exhalando satisfecho, sorbio, disfrutando de un sabor amargo por la falta de temperatura para las hojas que liberaría mucho mejor su esencia y el azúcar seria casi innecesario, pero, disfrutaba de este inusual sabor para un primer intento. – "Creo que yo también seré estúpido" – bajo la taza al platillo, recargándose en el respaldo del sillón, entrelazo los dedos de sus manos, dejándolos caer en su vientre plano – ¿Escucharías mi historia, Prehnita?
- Claro, Damian.
- No es una bella historia, pero tampoco es una terrible historia. – advirtió, otorgándole otra oportunidad de rectificación, sabiendo que ella seguiría sin tomar el paso en reversa – Es, solo una historia sobre mí. – desvalorizo sus palabras, satisfecho de ver ese ceño fruncido en el rostro de la mujer.
Relajo su expresión facial – Dices cosas curiosas. – rio, bajando su propia taza al platillo – Y lo más curioso es que estoy de acuerdo contigo. Las historias que escuchamos siguen siendo historias, variando ante el lente bajo el cual son observadas.
- ¿Sigues dispuesta?, es posible que te arrepientas antes de siquiera estar a la mitad.
- Retractarme sería una grosería tras invitarte té y galletas. Soy una gran anfitriona y esplendida escucha. Adelante.
- Bien – asintió, aclaro su garganta con una toz. Extendiendo su mano – Un gusto conocerte, mi nombre es Damian. – Por un instante atrapo la sorpresa y desconcierto en el rostro de la mujer, seguido por una risa divertida, ella extendió su propia mano, aceptando el pequeño apretón, diciendo su nombre.
- Prehnita. Un placer. – terminadas las formalidades, recuperaron sus posturas cómodas en sus asientos.
- Esta es mi historia, la historia de cómo descubrí que soy Omega y termine embarazándome.
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EXTRA 3. ELECCIÓN DE AMOR.
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Los sueños son una composición de las memorias durante el estado de vigilia, específicamente los restos más pequeños relacionados a un evento significativo, desde una frase hasta una palabra, llegando a paisajes hermosas y rostros desconocidos. Incluso si no hay un gran significado, poseen una razón al presentarse durante el momento elegido para dormir, transmitir un mensaje.
Entonces, cuando el fiel perro y el curioso gato comparten un sueño, en que unas pequeñas piernas los persiguen y manos pegajosas tocan sus pelajes mientras la infantil risa se apodera de sus orejas, ambos abren sus ojos sin intercambiar palabras o aclarar sus estados fuera de somnolencia, Alfred presiona – sin querer – sus garras en la espalda de Titus, enroscándose en su cuerpo tiembla resistiendo las lagrimas que consiguen escapar abrillantando su pelaje oscuro, termina por volverse una bola con su cara tapada por sus patas delanteras.
Mientras Titus, levanta su rostro una vez que la anhelada puerta es abierta, el macho predilecto de su dueño sale, con un aroma combinado, podría simplemente saltar de su lugar incrustar sus colmillos en la carne sin protección de este y castigarlo por su osadía, pero, lo resiste, chocando sus dientes en su hocico, fingiendo no haberlo visto, aprovechando la oscuridad en la esquina y de su pelaje, limitándose a observarlo abandonar la habitación. Con el aroma de su dueño impregnado, ¿Por qué olía a tristeza?, ¿Por qué parecía como si le hubieran arrebatado algo importante?
Cuando él fue quien se equivocó, él único que trajo el sufrimiento a su dueño. Los humanos mentían, él mintió, siempre mintió, llorando agacho su cabeza escondiéndose entre sus patas delanteras como Alfred.
Quería estar con él, ambos necesitaban acompañarle, pero la impotencia de no haber hecho nada en su momento resultaba un duro recordatorio, debían ser castigados justamente al fallar en protegerlo. Esperarían, esperarían pacientemente a que su presencia abandonara esa habitación impregnada por aromas diversos, a ver con sus propios ojos, escuchar con sus oídos, tocar con sus patas y transmitir sus sentimientos.
Una tortura al esperar, serian minutos, horas, días, semanas, daba igual, fue una total tortura mantener su mente consciente alejada de la única idea de venganza recordándose que el cuerpo durmiente de Alfred aun estaba sobre su lomo. Con el *clic* anticipado, irguió el cuello en su dirección preparando su mejor ladrido alegre, rectifico su actuar, eligiendo mantenerse callado, su dueño sonriendo dulcemente es una daga que se clava profundamente en él, duele tanto que no puede ocultar más las lagrimas rodando por sus ojos, colgando de su hocico y aterrizando por su pelaje negro. No debería sonreír, no debió pensar en ladrar feliz al verlo, ¿Cómo podría siquiera ser feliz?
Siguiéndolo hasta su habitación, cuidando el cuerpo de Alfred en su espalda, se encerraron en la habitación de su dueño, recostándose a los pies de la cama. Escuchando atentamente sus murmullos, vigilando sus movimientos al colocarse telas cubriendo la tonalidad natural de su piel, hasta que eligió abandonar la habitación en busca de comida que calmara el retumbar de su estómago. Titus se preguntó, si tendría derecho a detenerlo antes de salir por la puerta, prometiendo en conseguir alimento para él. Negó, agitando su cuerpo, suficiente para conseguir despertar a Alfred que, encajando sus uñas al estirarse, descendió de su lomo, apreciando el cambio de entorno.
Sin su peso y con la puerta de la habitación a penas cerrada, alcanzaría a su dueño.
- Titus – llamo Alfred, sentado en sus patas traseras, acicalándose con las delanteras. – Aguarda.
- ¿Qué?
- Tenemos que hablar.
- No hay nada de qué hablar – gruño, enseñando sus colmillos y sus orejas alzándose – Damian nos necesita.
- Lo sé, por eso tenemos que hablar. Se buen chico y sentado.
- Grrr… habla, gato.
- Pensaba que tenias mejores modales, perro. – regreso el insulto, acomodando el pelaje en su rostro del lado izquierdo – Nuestro dueño, huele a hembra. – el encrespamiento de Titus fue apreciado por Alfred, aun con su tamaño imponente, nunca había sentido miedo de su compañero. – Eso significa…
- ¡NO! – interrumpió Titus, levantándose en sus cuatro patas y bajando su cuello a la altura de Alfred, frunciendo el entrecejo – Es solo un cachorro, es el cachorro de su padre.
- Es joven, si, pero ya no es un cachorro, en estándares humanos dejo de serlo y estándares animales hace mucho que abandono la protección materna. – Los ojos de Alfred no dudaron, el brillo en sus pupilas creció y sus bigotes se tensaron – Su cuerpo maduro tardíamente a la espera de su compañero.
- Gato desgraciado, retira tus palabras. ¡Estas mintiendo!, él nunca, él nunca… ¡ÉL NUNCA PODRIA ESTAR DESEANDO SER LA HEMBRA DE ESE HUMANO!
- Conscientemente no, - explico, levantándose y caminando a un lado del perro, deteniéndose para mirarlo sobre su espalda – pero, al llegar a su madurez ideal, dejo correr esos pensamientos en la forma de apareamiento con su aroma. – con su vista al frente, continúo hablando – Y él estaba oliendo fértil – suspiro, rasgando sus garras contra el suelo – lo que no puedo asegurar es si su cuerpo aceptara al cacharro del humano.
- ¿Por qué dices eso?, ¡Pensé que te importaba nuestro dueño!, ¿acaso no amas a Damian? – La desesperación en la voz de Titus no hizo nada por cambiar lo dicho por Alfred. Necesitaban ser objetivos y aceptar la irremediable verdad de los hechos.
- Lo amo. Como te amo a ti y a mi homologo. – se giró, alzando su rostro y poniéndose en puntas de sus patas delanteras, su estilizada cola en una curvatura se mantuvo alta. – Es porque lo amamos Titus, que elegimos protegerlo y eso incluye al futuro cachorro.
- Incluso si él fuera a desquitarse con nosotros, lo aceptaría. – lagrimas corrieron por sus ojos, el moquillo cayendo de su nariz, encorvándose para empequeñecer su tamaño. – Aunque es imposible, porque Damian nos ama. – sorbio su nariz, mirando al gato de espaldas. – Bien, los protegeremos, a ambos. Gracias, Alfred.
- Hum – estornudo, girándose una ultima vez a verlo por sobre su hombro – Somos amigos, Titus, es obvio, a pesar de tu particularidad canina. – resalto en cansancio, yendo a la puerta, deteniendo una vez que consiguió empujarla con su pata delantera – Yo iré a ver a Damian, no tardo.
Alfred desapareció una vez que su cola fue lo ultimo que abandono la habitación, siguiendo a las palabras de su amigo, camino alrededor de la habitación guardando en su mente el aroma de su dueño, olvidando la terrible combinación que lo dejo noqueado junto a Alfred, calmando su humor, de un brinco subió a la cama de Damian, recostándose entre las almohadas. Dormiría largo y templado, agradecería de nuevo al gato por esa sugerencia, no se había dado cuenta de su cansancio hasta que toco la suavidad del colchón. Estando vigilando, dejándose desmayar y procurando al minino en su espalda, no había tenido el tiempo para dormir adecuadamente.
Ambos lo prometieron y cumplirían sin equivocación. Cuidar de su dueño y del futuro cachorro. En sus sueños ya podía verlo, corriendo por el jardín agitando su minúsculo cuerpo mientras trataba de atraparlo junto al gato siguiéndolo de cerca. Un agradable sueño.
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Continuara…
¿La cosa se pone emocionante, ¿verdad?
Ustedes tranquilos, yo con nervios, esto no acaba hasta que cante la gorda. (Ósea yo)
Falta llegar al clímax de la historia, lo mero bueno (creo, XD.)
¡Nos leemos en otra ocasión, por el mismo canal a la hora que no tengo idea cual será!
¡Bye-Bye!
RESPUESTAS ( OvO ) – Aclaraciones y demás chuches –
Damick Frost: Hola, que bueno leer nuevamente tus comentarios. Si, la historia sigue viva, morirá cuando la termine o bien la abandone, ¡JAJAJA!, pero la verdad me gusta lo que estoy haciendo, probablemente no la abandone (tan pronto), tengo muchos planes (NO SPOILERS). Como explique, o creo no lo hice, tardo en actualizar ya que busco que la historia sea lo más acorde posible a los capítulos anteriores (¿Quién me manda a jugar con la temporalidad?, QUIEN?!).
Estos capítulos han sido el clímax del prólogo, del prólogo, jajaja. Los extras con las mascotas fueron más por estrés de estar escribiendo el capítulo cinco y no terminarlo, pero como salieron tan bien y me gusto ver la perspectiva, me dije vamos a hacerlo ahora con Titus. ¿Hm? *pose pensativa* ¿Morder a Dick?, probablemente, jajajajaja en el cerebro de los pantalones, muy buena esa, muy buena. ¿Crees que llamen una ambulancia después de esa escena?
Muchas gracias, me alegra saber que te gustaron mis historias BanxKing, si la de KingFem, ya tenía ganas de hacer algo asi, la idea brillo y ahí tenemos a KingFem, espero también poder leer tus comentarios y opiniones en eses trabajos, siempre son muy enriquecedores y geniales.
¡Espero disfrutaras la lectura de este!
¡BYE-BYE!
Manu: ¡Hola, hola!, déjame darte la más cordial bienvenida a mi Long-Fic, "Elecciones", es un gran placer tenerte aquí, acompañándome en el largo y basto recorrido que implica los cambios, sube y baja y demás situaciones que irán experimentando Richard y Damian por la trama. También, muchas gracias por tomar algo de tu valioso tiempo y dedicarlo a la lectura de estos capítulos, me hace muy feliz el poder leer tu opinión, animándome para seguir con la escritura del próximo.
¡Muchas gracias por tu lectura hasta aquí y dejar tu comentario, son muy valiosos e importantes!
¡Gracias, muchas gracias!
Ahora bien, respondiendo a tu pregunta sobre la redacción de historias con el emparejamiento de HarleyQuiinxRedRobin, JasonxRoy, Th´aliaxJason o Th'aliaxNightwing, he de mencionar que no tengo tanta experiencia o conocimiento sobre estos personajes (Excepto por Nightwing, Red Robin y Jason, quizás los dos últimos les dude un poco y me salgan fuera de carácter) también en cuanto a sus relaciones, la forma en que se tratan y cómo se comportan cuando están juntos y separados. Hace poco que comencé a introducirme en esto del DC Universe, los comics, entonces, mi conocimiento es algo limitado, a veces me da miedo meter la pata y cometer algún error, prácticamente me da miedo cometer algún error en este fic, honestamente.
En cuanto a LadyBug, LilaxAdrien o ChatNoirxKagami luego de los acontecimientos de Oni-chan, tengo una ligera idea de sus personalidades juntos, aunque probablemente me quedarían igual algo fuera de carácter, en este fandom ya hice dos historias, una con emparejamiento y la otra no.
Para este tipo de solicitudes, puedo darme a la tarea de investigar (más en relación a los personajes de DC) y redactar un OneShot, un Long-Fic toma más tiempo y un poco de planeación, en resumen, para un solicitud de un fic con un capítulo único, las manejo en forma de comisiones.
Y en cuanto a Young Justice, intenté verla, pero no encontré los capítulos completos. ¿Alguna página de recomendación para verla completa?, sino mal recuerdo son tres temporadas.
Espero haber aclarado tus dudas, si tienes alguna otra házmelo saber y con gusto te la responderé. ¡Gracias por leer este nuevo capítulo!
¡BYE-BYE!
guest: Hola, déjame darte la bienvenida a la historia, me hace muy feliz saber que tomas algo de tu tiempo para leer "Elecciones", espero que te gustara.
Hmm, en cuanto a tu pregunta, no soy fan, fan, enorme fan de Jason Todd, soy más fan de Damian, pero Jason me agrada tiene su encanto. Respecto a lo de escribir un fic lemon en que sea emparejado con Roy Harper, recientemente he ingresado al mundo de los comics y mi conocimiento es algo limitado en ciertos puntos. Por otra parte, debido a la solicitud si puedo escribirlo si me doy a la tarea de investigar con mayor profundidad, es decir, la solicitudes de fics de capítulos únicos, lo manejo en forma de comisiones.
Espero haber aclarado tus dudas y que disfrutaras este nuevo capítulo. ¡BYE-BYE!
Lune: Hola, un gusto saber que aun sigues esta historia. Ya sabes, tiempo, inspiración… otros fandoms, la vida, jajajaja muchas cosas suceden durante el proceso creativo. Si, finalmente el pasado de Prehnita se revela, pensaba en solo dejarla como un personaje secundario común y ya, pero, tendrá su ligera participación en todo este desorden que arme, la verdad, no iba a tener un nombre o apellido, pero sobre la marcha se lo puse.
Por supuesto en una situación como la que experimenta Damian el apoyo de sus más cercanos es super valioso, especialmente sus mascotas que luego se explicara por qué. Jajajaja sería como un no sé, un fuerte Rey que es protegido por sus caballeros, o que tiene su propio servicio de guardaespaldas con cuatro patas y super suavidad en su pelaje. Cuenta con varios aliados, en este capítulo se mostraron algunos, cuando llegue el momento de la verdad… se verá, se verá.
¿Qué todo sea plan de Bruce?, ¿Qué Bruce ya lo sabía y dejo a Damian ir con Prehnita por eso?, vaya, eso no se me había ocurrido, ¡ALERTA DE SPOILER!, XD jajajaja. ¡Todo puede pasar!
Mil gracias por leer y comentar. ¡Al próximo capitulo vamos ya! ¡BYE-BYE!
Shunmoon24: Thank you!
If, sometimes even, I wish that the words were simply set or that the scenes imagined in my mind be translated into words, unfortunately that is not possible, adding that, I despair or I am left with a blockade on how to continue, also that I work in other fandoms and some personal projects.
I greatly appreciate your understanding and I will strive to continue this story, progress slowly but surely, and for anything if I were to abandon it, well that would be explained, but I have no intention of leaving it aside, you encouraged me to continue it and take it to your final.
Your support comes to me, really thank you very much. We read later.
BYE-BYE!
PRÓXIMO CAPÍTULO. N° 8. ELECCIÓN ARREBATADA
¡RECUERDEN!
A favor de la Campaña "Con voz y voto", porque agregar a favoritos y no dejar un comentario, es como manosearme la teta y salir corriendo.
Porque eso es de gente muy cochina *lean esto con la voz de Deadpool*
