Ivy Belfrey

Regina se había desmayado en mitad de la reunión. La encerrona que habían preparado Blanchard y Jones nos había puesto en jaque. Regina iba a perder la empresa, y a mí seguramente me echaran. Pero estaba siendo egoísta al pensar en eso en la sala de espera del hospital. Regina llevaba ya un par de horas en observación cuando me confirmaron que estaba bien, que se iba a recuperar.

Me dejaron sentarme con ella en la habitación y esperé pacientemente hasta que vi que Regina empezaba a abrir los ojos. Me puse a su lado, sintiéndome consternada. No sabía ni cómo abordarlo.

_ Regina… Escucha… sé que… ah… no sé ni por dónde empezar.

Regina se me quedó mirando un instante, confundida, antes de alzar la vista. Y entonces, hizo algo que me sorprendió. Sonrió. La última vez que la había visto consciente, Regina se había mostrado aterrorizada. ¿De dónde sacaba esa confianza?

_ Ivy… ¿Te he hablado alguna vez de mi padre?

_ No… ¿Por qué?

_ Oh… por nada. Era de puerto rico. Y le debo mucho, ¿Sabes?

Se puso en pie y tomó su ropa de la mesilla, directa al baño para cambiarse. Cerró la puerta tras de sí.

Regina Mills

_ Te he echado de menos… vaya que si te he extrañado.

Una sonrisa se había instalado en mi rostro. Mi propio rostro me devolvía la sonrisa al otro lado del cristal. ¡Nunca creí que ver mi propio reflejo iba a hacerme sentir tan feliz! Pero no era sólo eso. Notaba que había vuelto algo que había abandonado cuando abandoné mi cuerpo. Mi furor, mi espíritu… esa sangre latina de la que le había hablado a Emma. Me vestí y me dediqué una última mirada. Emma tenía razón… estaba rompedora.

_ Regina… Pero… No puedes irte. Los médicos dicen que…

_ Suficiente, Ivy. _ Dije, pidiéndole que se callara con la mano. _ Mi empresa está en juego, no voy a quedarme aquí mientras Blanchard y Jones nos sobrevuelan como buitres. Me he pasado media vida trabajando, no voy a dejar que una niña rica y un inepto incapaz de moderarse con el maquillaje me quiten todo lo que he conseguido.

_ Haces que parezca fácil. _ Reconoció.

_ Oh, será fácil. Esos dos… no tienen ni idea de lo que soy capaz. _ Extendí la mano. _ Mi móvil, por favor.

Se dirigió a la salida.

Ivy Belfrey

_ ¿A qué esperas? _ Me dijo, al ver que me quedaba parada. _ ¿Me he desmayado, no esperarás que conduzca?

_ No, por supuesto que no. _ Dije, mientras me dirigía hacia la salida, siguiéndola.

No pude evitar sonreír. Los últimos días había notado que Regina parecía perdida, turbada… y de repente… volvía a parecer aquella mujer que… lo confieso, me daba bastante miedo. Pero, mientras arrancaba el coche, no podía evitar pensar que lo prefería. Regina era una jefa dura, pero siempre había sido justa.

_ ¿A dónde?

_ Tengo que pasar a ver a una amiga, antes de nada. Luego vamos a por el chico maravillas.

Regina Mills

Llamé con fuerza al piso de Emma, teniendo que sobreponerme al sonido del tren. La rubia me abrió la puerta, mirándome en primer lugar con extrañeza, para luego lanzarse a mis brazos, sollozando.

_ Lo siento, Regina… lo siento, de verdad. _ Dijo, llorando entre mis brazos. _ Yo… te juro que intentaba.

_ Emma… silencio. _ Le pedí, colocándole un dedo sobre los labios. _ No pasa nada.

_ Pero…

_ He dicho que no pasa nada, Emma. Te la han jugado. No es culpa tuya.

_ Pero si hubieras sido tú no…

_ Aún así, Emma. _ Le dije, secándole las lágrimas. _ No es culpa tuya. Tú actuaste con la mejor intención.

_ Pero…

_ Deja de culparte. _ Le insistí, sujetando su barbilla.

_ Sólo te han pasado cosas malas, y eso ha sido todo culpa mía, por mi estúpido deseo.

_ Eso no es verdad. Me han pasado muchas cosas buenas, Emma. _ Le dije, y no estaba mintiendo. _ He tenido que ser otra persona para aprender a confiar en ella, Emma… imagina lo triste que ha sido mi vida antes de conocerte.

Emma se acomodó entre mis brazos.

_ Regina…

_ Dime…

_ Puedo pedirte una cosa más…

_ Lo que sea, Emma. _ Le dije, enredando los dedos en su cabello pelirrojo.

_ Tengo una petaca… es todo el alcohol que me queda… nunca he tenido valor para tirarla. ¿Puedes ayudarme?

Sonreí instintivamente.

_ Eso no tienes ni que pedírmelo, vamos. _ Le dije, mientras la tomaba de la mano. _ Lo haremos juntas.

Emma sacó la petaca de debajo de la cama, dónde siempre la había estado ocultando, al parecer. Me la tendió, y yo negué con la cabeza.

_ Puedes hacerlo tú sola.

Emma Swan

Me entró el miedo, pero entendí a lo que Regina se refería. Tenía que hacerlo yo sola. Así que me acerqué al fregadero y destapé la petaca. El olor a Whisky llenó el piso. Dudé, pero podía notar la mirada de Regina sobre mí. Entrecerré los ojos e incliné la botella, dejando que su contenido se deslizara por el desagua.

Regina se acercó y abrió el grifo, dejando que los restos del líquido se fueran del todo. Tomé la petaca y la tiré a la basura, soltando un largo suspiro. Me sentía liberada.

_ Me gustaría que esta noche quedásemos en mi casa para cenar. _ Me dijo. _ ¿Te viene bien?

_ Me encantaría. _ Le dije, sonriendo.

_ Oh, y por cierto… a partir de mañana trabajas para mí, ¿Está claro? Así que más te vale estar preparada para madrugar.

Extendí la sonrisa.

_ Será un placer.

Mientras la veía salir por la puerta ya no me parecía tan dura la vida.

Regina Mills

Lo cierto es que hablar con Emma me había dado fuerzas. Sabía que me enfrentaba a una situación peligrosa, pero no había llegado hasta donde estaba echándome atrás. Me mantuve en silencio mientras Ivy me dejaba frente a la compañía de teatro.

_ ¿Seguro que quieres ir sola?

_ Sé cuidar de mí misma, Ivy. _ Dije, con una sonrisa. _ Pero gracias por preocuparte.

_ De nada, supongo. _ Dijo, algo avergonzada.

Me adelanté hacia el interior de aquel edificio. El mundo del espectáculo siempre me había gustado. De lo contrario, no me habría involucrado en la moda como lo hice. Varios de los diseños de los artistas eran míos. Me gustaba hacer ropa de época.

No fue difícil llegar hasta Killian. No era precisamente un hombre discreto. Así que me vi en su despacho, esquivando atuendos para sentarme frente a él.

_ ¿Y a qué debo esta encantadora visita, señorita Mills? _ Dijo, sosteniendo un vaso de ron entre sus dedos. _ ¿Puedo tentarla?

_ No, gracias, lo estoy dejando. _ acoté. _ Y me imagino que en realidad sí que imagina el motivo por el que estoy aquí.

_ Deduzco que tiene algo que ver con la compra de acciones que realicé el otro día. _ Dijo, aparentemente tranquilo.

_ Sí… la "compra". _ Dije, alzando una ceja. _ Me gustaría cancelar esa transacción. Creo que ambos sabemos que no se realizó de las formas más apropiadas.

_ La cuestión, Regina, es que es una transacción legal.

Me crují el cuello y me puse rígida, le lancé una mirada fría y punzante como un cuchillo.

_ Jones… Te voy a ser totalmente sincera. _ Le miré a los ojos. _ He venido para darte una oportunidad, porque sé que Blanchard es la que te ha metido en todo este asunto.

_ ¿Disculpa? ¿Una oportunidad?

_ Sí, una oportunidad. _ Me puse en pie y coloqué las manos sobre su mesa. _ Y harías bien en cogerla… porque si ahora salgo por esa puerta… voy a destruirte, Jones.

Pude notar cómo se le aceleraba el pulso y cómo meditaba sus opciones.

_ ¿Eso es una amenaza?

_ Sí. _ Respondí, tajante. _ Acabaré contigo, Jones. Nadie te va a volver a contratar. Nadie se va a acordar de ti.

_ Regina… me parece que estás actuando a la desesperada. _ dijo, cruzándose de brazos. _ Y no voy a caer en tu juego.

Suspiré largamente y me di la vuelta, en dirección a la salida.

_ Recuerda esto en el futuro, Killian. Lo vas a lamentar.

Era consciente de que sonaba a que iba de farol, que era mentira y estaba desesperada. Pero yo no mentía, no era necesario. En cuanto abandoné aquel edificio cogí mi móvil y me dirigí directamente a la lista de contactos. Esta vez sí que descendí por la lista y me quedé en la M. Emití un largo suspiro, pulsé sobre "mamá", y llamé.

_ Deduzco que necesitas consejo legal… _ Dijo mi madre al otro lado de la línea. _ No sueles llamar para otra cosa.

_ En realidad… necesito que me ayudes de forma más directa, mamá. _ Le confesé. Me pareció escucharla reír.

_ Debes haberte metido en un lío muy gordo si me pides eso. _ Hubo una pausa. _ Sabes que haría cualquier cosa por ti, Regina… ¿Para qué necesitas mi ayuda?

_ Verás… un par de desaprensivos se han hecho con la participación mayoritaria de mi empresa y quieren absorberla.

_ Pues sí, eso es bastante grave… deduzco que vas a alegar coacción en la compra.

_ Sí, ese sería el principio.

_ Bien. No te preocupes, Regina. Lo arreglaré. Sabes que puedo ocuparme de todo.

_ No quiero que lo arregles, mamá. _ Le dije, sincera.

_ ¿Y qué quieres, Regina?

_ Quiero destruirlos. Acabar con sus carreras. Hundirlos en la miseria. Que se arrepientan de haber tenido valor de entrometerse en los asuntos de Regina Mills… eso quiero.

_ Regina… ¿Qué puedo decir? Estoy muy orgullosa de ti. No te preocupes… los destruiremos. _ Al otro lado de la línea, mi madre rio, con ganas. _ Cogeré el primer vuelo, estaré allí en unas horas.

_ Gracias, mamá… _ Dije, en voz muy baja.

_ Ya me darás las gracias cuando haya terminado. Tú relájate. En menos de una semana volverás a tener la participación mayoritaria, el control de la empresa y tu puesto en la directiva. Te dejo, que tengo trabajo que ultimar.

Cora Mills

Sonreí después de haber colgado. No negaba que estaba preocupada, pero no podía evitar sentir cierta emoción ante la idea de que Regina me hubiera llamado, de que me necesitara. Nuestra relación no era la más cálida entre una madre y su hija. Pero quería que supiera que podía contar conmigo, y en esa ocasión, pensaba demostrárselo.

Me dirigí hacia la salida y le indiqué a mi secretaría que cancelase todas mis citas. Era una suerte contar con un Jet privado para la ocasión. Se me pasó por la cabeza llamar a Zelena. Sería una gran sorpresa para Regina que pudiéramos quedar las tres, ya que no lo hacíamos desde Navidad.

Regina Mills

Había pocas cosas que tenía tan claras en la vida como que si mi madre se lo proponía era capaz de destruir a quién quisiera. No podía evitar la tentación de que acababa de liberar al kraken y que si alguien volvía a escuchar hablar de Blanchard y Jones no iban a ser buenas palabras.

No podía evitar sentir algo de culpa… Me preguntaba si aquellos que habían dado la orden de lanzar las bombas atómicas tendrían una sensación similar… por otro lado, Jones y Blanchard se lo habían buscado. Decidí pasar el resto del día en casa, a fin de cuentas, no había mucho más que pudiera hacer.

A Jones le había dado una oportunidad, pero no pensaba hacer lo mismo con Blanchard. Si ya su maniobra me había hecho odiarla, todo lo que le había hecho a Emma bastaba para que, en cualquier caso, quisiera verla sumida en la más absoluta miseria. Me senté junto a Ivy y le sonreí.

_ Vámonos, pues. _ Quizá iba a llegar pronto a reunirme con Emma, pero no era una molestia, todo lo contrario.

Emma Swan

Sí que me sentía liberada. Lo cierto es que, al mirarme al espejo, me sentía muy distinta. Regina había hecho maravillas conmigo. Por otro lado, ya empezaban a intuirse las raíces de color rubio en mi pelo. No sabía si terminar de teñirlo o dejar que mi color natural volviese a salir a flote, nunca me había teñido antes, pero la verdad es que el rojo me quedaba bastante bien.

Era liberador volver a ser yo. No pensaba que me fuera a echar de menos, pero había cosas que redescubrir me hizo ilusión. Mi cuerpo era más atlético que el de Regina, y poder estirar sin presiones era un alivio. Cuando me quise dar cuenta estaba comiéndome uno de los tupper de espinacas que Regina había guardado.

Me miré a mí misma en el espejo.

_ Mírate, si hasta puedes comer comida sana y no morir en el intento…