Sara salió de trabajar y partió camino a su casa con su skate. Estaba contenta porque Eliza aceptó darle libre el fin de semana de la competencia de baile y dejarla trabajar algunas tardes de la semana para que pueda juntar dinero para el autobús.

A las dos cuadras se encontró con algo que no esperaba. Había una niña sentada en la vereda llorando. La niña tenía la cabeza escondida entre sus piernas y sus brazos, como si se estuviera haciendo bolita para protegerse del mundo. Al comprobar que ningún adulto parecía estar con la niña, ni conocerla, ni darle atención, decidió intervenir.

— Ey, hola. — La saludó, para llamar su atención. — ¿Estás bien? ¿Necesitas algo? — Preguntó y se agachó para quedar a la altura de la niña.

La niña no dijo nada, simplemente continuó llorando. Sara insistió un par de veces, pero la niña continuaba sin responder. Finalmente se sentó frente a ella e intentó acariciarle la cabeza para consolarla.

Cuando la niña sintió que la otra la tocaba se apartó y finalmente la miró. Se quedaron mirándose por unos minutos, hasta que la niña le dijo "yo no hablo con extraños" en lenguaje de señas.

Ahí fue que Sara comprendió que la niña antes no le había respondido porque no podía escucharla. Por suerte ella sabía lenguaje de señas, lo había aprendido ya que Max, el hermano de sus amigos Izzy y Alec era sordomudo. Todo el grupo de amigos de Nueva York había aprendido rápidamente a hablar en señas, ya que los hermanos cuando hablaban siempre lo hacían a la par en señas.

"Me presento entonces para no ser más una extraña, soy Sara" Se presentó. "¿Me podes decir por qué estás llorando? ¿Te puedo ayudar en algo?" Le preguntó.

"Fui a comprar dulces para animar a mi hermana, ella se peleó con su novio. En el negocio no me entendieron y empezaron a pelear por quién me atendía. No me gustan las peleas, así que me fui. Cuando salí, un señor me robó el dinero. Y ahora no sé como volver a casa porque vine en colectivo, y no tengo dinero para tomar el de regreso." Relató detalladamente.

"¿Sabes el número de celular de alguien de tu familia?" Pidió saber.

"No" Negó.

"¿Y la dirección donde vivís?" Continuó cuestionándola.

"Eso sí." Asistió.

La niña le dijo que se llamaba Mari y le dio la dirección donde vivía. Sara agradeció que sabía dónde quedaba su casa, ya que era en el barrio donde estaba el parque de skates. A la cuadra de ir caminando juntas, Mari ya había entrado en confianza y le agarró la mano.

En el camino hablaron de juegos, animales, colores y dibujos animados que les gustaban. Mari también tomó curiosidad por su skate, le habían encantado los dibujos que Sara le había hecho, y le pidió si le enseñaba a usarla. Así que la niña se subió al skate y Sara la iba agarrando con las manos para guiarla. Cuando pudo mantenerse andando sola, ambas festejaron. En el camino también compraron chocolates para la hermana de Mari, no podían llegar con las manos vacías para alguien que estaba triste y ahora seguramente también preocupada. Y cuando llegaron a la casa de Mari, fue que el sol terminó de esconderse tras el horizonte.

"¿Tienes llave?" Le preguntó.

"No" Respondió, algo avergonzada al darse cuenta en todo lo que no había pensado al salir de su casa.

Como Mari no tenía llave para entrar a su casa, Sara tocó el timbre. A los segundos se escuchó la voz de alguien, que por algún motivo le resultó conocida, preguntando quién era.

— Soy Sara, encontré a Mari, ella estaba perdida así que la traje hasta su casa. — Respondió Sara, haciendo las señas a la par de lo que decía para que la niña pueda también entenderla.

La puerta se abrió y una chica de la edad de ella salió de la casa y corrió hacia Mari, ambas se envolvieron en un cálido abrazo. Sara conocía a esa chica, era Kuasa, era una compañera del colegio. A los segundos también aparecieron Astra, Ava y Gary para ver que estaba sucediendo. Todos miraron en silencio como Mari le explicaba a su hermana todo lo que había sucedido.

— Gracias. — Agradeció Kuasa a Sara.

"¿Queres pasar a tomar algo?" Le ofreció Mari.

— Si, si queres pasar, están ellos, y dentro también Konane, Lily, Mona, Nate y Nora. — Indicó, señalando hacia el interior de la casa. — Estábamos armando un plan de búsqueda al no haberla encontrado por el barrio. — Aclaró.

— Gracias, pero es tarde y tengo tareas por hacer todavía, mejor me voy para casa. — Justificó. Además de que no quería incomodar a nadie -incluida a ella misma- con su presencia, de verdad tenía responsabilidades.

"¿Qué hay de las lecciones de skate? Pensé que si te quedabas me ibas a seguir enseñando." Dijo Mari, poniendo cara de puchero.

"Tendrá que ser otro día" Le dijo y sacó un caramelo de su bolsillo para dárselo. "Por cierto, esto es tuyo" Le entregó la bolsa con chocolates y golosinas.

"Gracias" Agradeció aceptando la bolsa "¿Prometes que volveremos a vernos?" Le pidió.

"Cuando quieras, tu hermana sabe donde encontrarme" Aseguró y le ofreció su dedo meñique para sellar la promesa.

Mari unió su dedo meñique con el dedo de ella y ambas apretaron, luego se dieron un abrazo.

—¿Segura que no querés quedarte? — Preguntó Kuasa.

— Si. — Asistió Sara.

— ¿Necesitas que te llevemos a tu casa o algo? — Ofreció Ava.

— No, está bien, estoy con mi skate. — Dijo ella mostrando su skate.

Sara se despidió y se dirigió a la calle. Cuando recién se había subido a su skate, Ava volvió a llamarla.

— ¿Si? — Pidió saber ella.

— ¿Dónde aprendiste a hablar en lenguaje de señas? — Preguntó Ava con curiosidad, los demás ya habían entrado a la casa.

— Unos amigos de Nueva York tenían un hermano sordomudo, aprendí de ellos. — Respondió.

— Mi amiga tiene una hermana sordomuda, y yo no sé hablar tan fluído, sólo sé las cosas básicas. — Dijo pensativamente, parecía estar reprochándose algo a ella misma.

— Todos los que estábamos en mi grupo de amigos aprendimos a hablar fluído porque ellos siempre hablaban en señas a la par que hablaban con la voz, y así lo fuimos incorporando, y se nos hizo costumbre hablar siempre de las dos formas. — Explicó, algo melancólica al recordar a sus amigos y sentir lo mucho que los extrañaba.

— Eso es fantástico. — Apreció.

— Si te interesa aprender más deberías proponerlo a tu grupo, estoy segura que todos te llevarían la corriente si lo pides. — Le sugirió.

— Gracias. — Agradeció.

Se sintió raro escuchar esa palabra, que le agradezcan por algo que había hecho, algo que según ella cualquier persona decente debería haber hecho. Ese anochecer escuchó más veces la palabra gracias de lo que la había escuchado desde que vivía en Starling.

Se volvieron a despedir, Sara se puso sus auriculares y emprendió camino a su casa.

Al llegar a su casa agradeció que Dinah y Malcolm no estuvieran.

Lo primero que hizo fue buscar entre las cosas de su madre algún papel que tuviera su firma. Cuando lo encontró lo calcó en una hoja. Mañana tendría que ir a la biblioteca a hacer la autorización en forma digital e imprimirla para dársela a Rip.

Luego buscó algo para cenar. La heladera estaba completamente vacía, salvo por un par de cervezas, una manzana y manteca. Sara buscó entre los estantes y solamente encontró unos cereales, se tendría que conformar con eso. Sirvió los cereales en un bowl y rayó la manzana para mezclarlos con estos. Se fue a su habitación, y mientras comía los cereales hizo sus tareas.

Al acostarse no podía dejar de pensar en su encuentro con Mari y todos los recuerdos que le hizo tener de Nueva York. Agarró su celular y decidió abrir su instagram. Hace aproximadamente un año no lo abría, pero suponía que esa era una buena manera de ponerse en contacto con sus amigos, ya que sus números de celular no los recordaba.

Cuando lo abrió lo primero que vió fue las notificaciones que tenía. Varias personas le habían enviado solicitud de amistad, las Leyendas, Guinevere, Lindsay, algunas de sus compañeras de lucha libre, sus compañeras de trabajo… Y Ava. Sara se sorprendió de que ella le haya enviado solicitud, pero se sintió contenta al respecto. Eso le hacía sentir que la relación que tenían estaba mejorando. Aceptó todas las solicitudes y decidió hacer un nuevo posteo, pensaba que esa era la mejor forma de dejarle saber a sus amigos de Nueva York y California que otra vez tenía un medio tecnológico para poder comunicarse.

Subió una foto donde se veían sus piernas y su skate en la calle.

En la descripción escribió: Llegó el día de regresar al mundo virtual #hellosuckers #skaterforlife

A los cinco minutos minutos ya tenía más de 30 likes y varios comentarios.

magnusbane me hace feliz volver tenerte en este mundo.

cinnsimone al fin nena! cuándo volves a california?

ztomas Te quedó linda mi skate

fsmoak te extraño!

wallyw me debes una revancha todavía.

kittycatssidy once a skater, always a skater!

nyssaa te quiero

jaxjackson Sale sesión de patinaje nocturno?

danverskara Deberíamos cambiar los patines por los skates en el trabajo?

iriswest las calles de Nueva York te extrañan

nianal danverskara ni lo sueñen! eso sería aún más catastrófico que los malditos patines.

danversalex nianal danverskara más respeto con los patines que nosotras los amamos

Sara intercambió un par de mensajes privados con algunos de sus amigos para pasarse sus números de celular. Y así se quedó dormida.

El lunes fue clase normalmente. En el horario del almuerzo, en vez de ir con las Leyendas al comedor o al parque, fue a la biblioteca. Armó la nota de autorización, la imprimió y luego calcó la firma de su madre.

Cuando terminaron las clases del día decidió ir temprano al entrenamiento de baile, porque sabía que era la única que faltaba entregar la autorización. Entró al gimnasio y se encontró con una situación que no había esperado. Rip estaba besándose con Gideon, una de las profesoras del colegio.

— Perdón, no fue mi intención interrumpir. — Se disculpó, sintiéndose avergonzada al haber invadido ese momento.

— Tranquila, no pasa nada. — Aseguró Rip.

— Si podrías no mencionar esto que viste te lo agradeceríamos, todavía no hemos notificado nuestra relación a las autoridades del colegio. — Pidió Gideon.

— Claro, no diré nada. — Aceptó.

— ¿Me buscabas? ¿Necesitabas algo? — Preguntó Rip, cambiando el tema al sentirse incómodo.

— Si, traje la autorización. — Respondió ella y le entregó la nota.

— Buenísimo. — Apreció Rip, agarrando la nota.

— Bueno, mejor me voy, vuelvo a la hora del entrenamiento. — Dijo.

Sara se fue del gimnasio y una vez afuera se dejó contra una de las paredes. Se maldijo a sí misma por haber sido impulsiva, podría haber esperado y entregarle la nota durante el entrenamiento. Solo esperaba que su relación con Rip no se volviera incómoda luego de eso. De repente, sus pensamientos fueron interrumpidos cuando Amaya, Jax y Zari aparecieron y se dirigieron a ella para conversar.

— Ey, ¿Qué haces acá? — Le preguntó Jax.

— Espero la hora del entrenamiento. — Respondió.

— ¿Por qué no viniste a almorzar? — Pidió saber Zari.

— Porque mamá me avisó que había hecho mi autorización para el viaje y fui a buscarla. — Explicó su justificativo.

— Bueno, podemos ir entrando en calor e improvisar un poco. — Sugirió Amaya.

— No, no vayamos al gimnasio. — Se apresuró en cortar la idea.

— ¿Por qué no? — Preguntó Amaya, sorprendida ante la reacción un poco brusca de la otra.

— Porque podemos hacerlo aquí. — Dijo, buscando una excusa.

— Sara. — La llamó Jax por su nombre, advirtiendo que la conocía.

— Bien, hay un motivo. — Admitió. — Pero deben prometer que no le dirán a nadie, porque yo lo prometí, y no me gusta la gente que rompe promesas. — Pidió con seriedad, para demostrar que hablaba en serio.

— Lo prometemos. — Dijeron los tres chicos a la par.

— Rip está allí con Gideon. — Confesó ella.

— ¿Gideon? ¿Están allí? ¿Cómo están? ¿Qué están haciendo? — Cuestionó Jax, confundido.

— Besándose. — Respondió.

— ¡Si! ¡Ya era hora! — Festejó Zari.

— ¿Qué? ¿Estás festejando? — Le preguntó Amaya a Zari, divertida ante su reacción.

— Si, hace tiempo que los shipeo. — Respondió Zari. — Tengo que contarle a Mick, se va a poner contento porque fue él quien me hizo dar cuenta que se gustaban. — Comentó pensativamente.

— Pero no puede salir de nosotros, ellos todavía no le han contado de su relación a las autoridades del colegio y lo mejor es no meterlos en líos. — Expusó ella su preocupación.

— Tranquila, no saldrá de nosotros. — Aseguró Zari.

— Además Gideon va a venir de profesora acompañante a la competencia, es mejor no volver todo incómodo. — Agregó Amaya.

La semana pasó rápido. Ese domingo tuvo lucha libre. Ganó cuatro peleas, volviéndose a superar a ella misma, y eso hizo que Dinah y Malcolm la dejaran en paz por un tiempo. Ella no sabía cómo sentirse con ese avance porque significaba que ahora no podía bajar de ese rendimiento, pero intentó no darle mucha atención o importancia para no preocuparse de más.

La siguiente semana trabajó mucho, pero valió la pena porque pudo juntar el dinero que necesitaba para la competencia de baile. El viernes a la tarde se fue de su casa con un bolso hecho, se fue sin avisar a su madre que se iba por el fin de semana. Se fue sin avisarle, porque sabía que si lo hacía ella no la iba a dejar ir.