Disclaimer: Lo que diré a continuación, ya deben saberlo: Ningún personaje de Marvel me pertenece. Ésta historia es un medio de entretenimiento sin fines de lucro para su creadora. Bla-bla-blá.
Advertencia: Fanfiction Angst. Puede incluir contenido sensible. Referencia a abuso sexual de menores implícita, representaciones gráficas de violencia y referencias implícitas a trastornos metales.
Cronología: Basada en el universo cinematográfico de los Vengadores. Posterior a Civil War y Homecoming.
XVI: Si puedes soportar la mendicidad.
Suspiró cuando su vista alcanzó el final del edificio. Una tira estrecha, desgastada, ortogonal y con ventanas sucias. Es apenas de cinco niveles. Una tienda de electrodomésticos de segunda mano ocupa la planta baja, así que el acceso no es más que una puerta que conduce directamente a las escaleras. Las desteñidas letras escarlata rotuladas en el segundo nivel anuncian al "Grand Hotel" y Tony lo encuentra irónico. Ignora las miradas curiosas que despierta su Audi negro brillante aparcado en una de las zonas más pobres y peligrosas de Bronx. No encontró otra opción más discreta en el garaje del complejo. Agradece que al menos, no porta unas placas "STARK" como el resto de su flotilla.
No necesita más escándalos mediáticos por el momento.
Si por él fuera, el problema estaría resuelto con un pedido de ropa de la tienda de su confianza. No es que le moleste en absoluto buscar las pertenecías de Peter. Honestamente esperaba que estuvieran pegadas con telaraña en algún callejón frío en lugar de un hotel. Tiene que admitir que le tranquiliza saber que el chico no estaba en las calles; al menos no últimamente. Pero desearía olvidarse de esto, aunque odia verlo flotar en la ropa de repuesto que consiguió. No funcionaría de cualquier forma, y no cree que el chico este de humor para visitar una tienda. Así que aquí está antes de lo previsto.
Se adentra al pasillo que lo llevará hasta el primer piso del hotel. Las escaleras huelen a humedad y tabaco. No se atreve a analizar el resto de olores. Hay colillas de cigarro en varios peldaños del trayecto. La pintura de esmalte ocre horrenda sobre las paredes está manchada y llena de grafitis, como si nadie se hubiese molestado en limpiar desde hace décadas. Así que cuando el olor a café rancio que llega a su nariz cuando cruza la recepción concluye que podría haber sido peor. Es un espacio estrecho iluminado con luces fluorescentes viejas que le provocarán una migraña si se queda allí más de diez minutos. Encuentra el origen del olor a café en una pequeña mesita donde hay algunas galletas viejas y una cafetera. La recepción es sólo un mueble de madera desgastada que sirve como mostrador.
No necesita ser un genio para entender cuáles son los principales clientes del lugar. Él mismo fue un gran consumidor del rubro en su antigua vida. Claro que nunca tuvo que pisar siquiera un lugar como éste. Los encuentros con sus amantes de una sola noche siempre fueron en hoteles de cinco estrellas, suites enormes y comida exquisita. Tony nunca ha pisado un lugar así porque simplemente nunca ha tenido la necesidad de hacerlo. Sabe que existen, y supone que no debería sorprenderse por ello. La ecuación cambia cuando intenta imaginar a un chico tan dulce y noble como Peter allí. No es un lugar para un niño, no importa si ya es un adolescente. Las cosas que vio. Dios, las cosas que quizá escuchó en éste lugar.
Vuelve a recordar odiarse por no darle la suficiente atención al niño cuando debía.
Porque él debía protegerlo.
Toca la campanilla del mostrador y espera ansioso, mientras ajusta sus gafas oscuras sobre el puente de su nariz analizando cada rincón del lugar. La presentadora de un programa está vociferando tonterías en la pantalla empotrada en la pared. Vuelve a tocar la campanilla justo cuando el hombre sale por el umbral tras el mostrador. El rostro se tensa y el par de ojos grises lo recorren con curiosidad. Puede ver el momento exacto en que ocurre el reconocimiento, a la par que el hombre cruza los brazos sobre su pecho. Tony diría que ronda los 50 años. Una melena rubia descuidada sobresale del gorro de tejido que viste, y su barba está más salpicada de canas que la suya. Tiene la extraña sensación de que está viendo una versión de sí mismo en otro universo: uno donde su cuna no fue de oro y no construyó un imperio tecnológico. Una donde permitió que sus demonios ganaran. Quizá no está tan lejos de que eso ocurra. Puede leer la tristeza y amargura en la mirada del hombre y se reconoce en ella, como un espejo.
— Entonces, eres Frank, ¿cierto? —el hombre tuerce la boca en una mueca como respuesta.
Los ojos grises se estrechan sobre Tony.
— Eso es lo que dicen —espeta al fin con voz ronca, luego de una incómoda pausa.
— Genial —murmura, intentando mantener una sonrisa cortes. —Lindo lugar, por cierto.
— Es una pocilga.
— Si, bueno, hay peore…
— No creo que el gran Tony Stark haya pisado algo peor —lo interrumpe Frank, rodeando el mostrador hasta estar frente a él. Descubre que quien apesta a cigarrillo es él y no el hotel. O quizá ambos lo hacen. Es difícil determinarlo. — Así que hazme un favor y dime de una vez a que has venido, porque estoy seguro que éste no es el tipo de lugar que visita un millonario para follarse a una puta.
Borra su sonrisa de inmediato y puede sentir como cada músculo de su cuerpo se tensa. Le cuesta reconocer al hombre que Peter describió con tanto aprecio – quizá duele un poco escucharlo hablar de otro hombre como un buen guardián–, pero reconoce la posición defensiva que adopta alguien que se sabe en peligro todo el maldito tiempo. Y eso es porque Tony sabe lo que se siente estar en peligro todo el maldito tiempo.
Si, Frank y él tienen mucho en común.
— No me interesan tus malditos asuntos si es lo que te preocupa —masculla Tony, enderezándose. —Puedes guardar toda tu mierda. Si estoy aquí es porque tenemos un amigo en común.
El hombre se dibuja una sonrisa sarcástica antes de comenzar a reír por debajo.
— ¿Amigo en común? Ya lo creo…
Tony lo ignora.
— Se refugió aquí un tiempo —continúa, en un murmullo. —Ambos sabemos lo peligrosas que son las calles para un chico como él.
Un segundo de reconocimiento. Es una fracción tan pequeña, pero Tony puede percibir el miedo antes de que Frank endurezca su rostro en desconfianza pura. Entiende entonces, que el hombre realmente protege a Peter. La punzada de algo dentro de sí duele aún más, cuando llega a la conclusión de que el chico prefirió confiar en un completo desconocido antes que él.
— No sé de qué demonios me estás hablando. —Miente Frank mientras vuelve detrás del mostrador, listo para abandonar la habitación. Tony maldice, porque realmente no necesita hacer esto; pero el chico perdió a su último pariente vivo y todo lo que le queda de su familia está en algún rincón del sucio hotel.
— Es difícil no encariñarse con Peter —intenta finalmente. Frank muerde el anzuelo, cuando se detiene justo antes de cruzar la puerta y se vuelve lentamente hacia él.
— ¿Por qué te interesaría? —se burla Frank.
Finge que el comentario no duele.
— Solía ser mi interno en Stark Industries.
Frank no responde. Su expresión es ilegible.
— Él…perdimos contacto hace un mes.
La mandíbula del hotelero se tensa, casi con odio. Tony ha recibido peores miradas antes, para ser honesto.
— Y ahora te importa, ¿no? —lanza por fin, casi con rabia. —No antes. No en los cuatro meses que pasó muriendo de hambre en la maldita calle.
Tony articula, pero odia tener que darle la razón. Odia tener que admitir que no fue lo suficientemente observador para darse cuenta. Hubo tantas señales. No es que no le importara lo suficiente. Es que estaba tan sumido en su propia mierda que no pudo ver más allá de ella.
Estúpido Steve Rogers.
— Estaría encantado de ayudarlo si él me lo hubiese dicho. —Y se odia, porque sabe que solo está transfiriendo su culpa a un adolescente asustado y roto. Él debió saberlo.
— ¿Y eso no te dice suficiente? —murmura Frank, más tranquilo, con una sonrisa que raya en la satisfacción. — De cualquier forma, no está aquí. No llegó anoche.
— Lo sé. —Ahora Tony retoma con cierto orgullo la conversación. —Fue él quien me lo dijo.
Es su turno de ver con placer como Frank vuelve a la defensiva.
— Es extraño después de esconderse tanto tiempo de tu radar, ¿no?
Entiende la insinuación, y sonaría terrible admitir que noqueo y capturó al chico contra su voluntad. Eso suena demasiado a un secuestro.
Joder, es un secuestro. Pero es por su bien ¿cierto? Rhodey no lo hubiera permitido si estuviera mal. Estará mejor en sus manos que en las de Ross. Definitivamente no debería estar nunca en las manos de Ross.
— Necesitaba mi ayuda. —Resume sin mentir, como si no fuera la gran cosa, chasqueando la lengua. —El caso es que, ahora quiere sus pertenencias con él y me envío a buscarlas.
Frank levanta una ceja, incrédulo. Tony está seguro que no morderá la mentira, porque hay mil razones por las cuales Peter debería estar allí en su lugar. Y su ausencia es demasiado sospechosa. Está arrepintiéndose cada vez más de no convencer al chico de comprarle un Macy's entero solo para él.
— Dile que puede pasar cuando quiera. Conservaré su habitación.
Tony suspira, antes de acercarse lo más posible al hombre.
— Creo que no estás entendiendo: él no puede estar aquí. Tuvo un…problema con…
Se muerde la lengua porque no se le ocurre nada brillante para llenar ese vacío extraño que debería ser ocupado por la verdad de que Tony Stark prácticamente raptó al adolescente. Era por su bien, se recuerda, para calmar su conciencia.
— ¿Cosas de araña?
Mierda Parker.
— ¿Cómo…?
— Él me lo dijo, está bien. No diré nada.
Tony lo sigue leyendo. ¿De verdad Peter le confió a este hombre que apenas lo conoce su identidad? Pero no fue capaz de decirle a Tony que… ¿puede confiar que este hombre no dirá nada?
— Sé para que Iron Man querría a un chico como él —confiesa Frank, luego de un rato. —Si él quiere hacerlo, es su decisión. Pero deja de pretender que solo te importa como tu jodido proyecto de caridad para calmar tu conciencia. Él es más que carne de cañón Stark.
Tiene que contenerse para evitar darle un puñetazo al hombre. Claro que Peter le importa. No es sólo el queriendo jugar al filántropo de nuevo. Pero las cosas no son tan fáciles como Frank supone. Odia como de igual forma, sus palabras duelen más de lo debido.
— Dejaré que te las lleves. Pero si el chico no viene a visitarme pronto, juro que no tendrás dinero suficiente para cerrarme la boca sobre esto.
El hombre toma en silencio una llave del tablero junto al mostrador y pasa de largo a su lado. Tony lo sigue en silencio, escaleras arriba atravesando los estrechos corredores del hotel. El olor a detergente barato inunda su nariz, y siempre se recuerda que podría ser peor. Se detienen frente a una puerta marcada como 204. Frank abre y se mueve hacia un lado, lanzándole una mirada desafiante.
Su pecho se oprime dolorosamente cuando enciende la luz. Es inhumano. Y es tan vergonzoso considerar que esto era su mejor opción. Porque claro que pudo ser peor. Quizá lo fue. Pero al menos tenía un techo sobre su cabeza, ¿cierto? Ignorando el moho, la humedad y la ausencia de ventilación, no es tan malo, ¿o sí? El cubículo es tan pequeño que apenas caben de pie los dos hombres en la entrada. El espejo gastado frente a él le devuelve su expresión pasmada. Hay un par de fotos sobre la mesita de noche, bajo el espejo, y Tony sabe que encontró lo que Peter quería. La primera es de una familia que le cuesta reconocer. Hay una pareja con una sonrisa amable tras un pequeño niño con una mata rizada.
Peter.
La siguiente es más fácil: una joven May sonríe a la cámara mientras abraza a Peter y un hombre a su lado besa su cien. Es una historia que Peter jamás le contó, pero averiguó en el expediente de May. Debía ser Ben. Murió apenas unos años atrás antes de conocerle, en un asalto a mano armada. Es escalofriante pensar que ninguno de ellos está ya aquí. Sólo Peter. Tras las fotos, hay latas de comida ordenadas con pulcritud. Casi con veneración, como si fuesen artículos de lujo. No reconoce ninguna marca y todas, sin excepción, caducaron hace semanas. Nada que aporte nutrientes reales. Nada que satisfaga el metabolismo acelerado del chico. El resto de la habitación es una cama individual cubierta de varias capas de chaquetas extendidas. Problemas de autorregulación térmica, recordó. Toda la ropa esta desteñida y desgastada a un paso de necesitar ser reemplazada –algunos quizá ya debieron ser reemplazados hace meses- y solo encuentra un abrigo que podría considerarse como funcional para el clima actual.
Reúne en silencio toda la ropa disponible dentro de la maleta de lona que encuentra junto a la cama. Empaca con cuidado la fotografía y unos cuantos objetos personales más que encuentra en la mesita de noche. Cuando gira de vuelta a Frank, el hombre le señala en silencio el plafón sobre su cabeza.
— Su caja fuerte —murmura el hotelero. Tony recuerda la costumbre del niño de ocultar cosas en el plafón. Sube a la cama para buscar con cuidado arriba. Ahí está la laptop anticuada, su móvil con la pantalla estrellada y una lata de galletas. Está seguro que esa es su alcancía. No va a necesitarlos, no mientras viva con él, pero el chico se ganó todo esto con su esfuerzo y merece tenerlo. Él respeta eso. Asegura todo de vuelta a la maleta antes de salir.
— ¿Él está bien? —pregunta Frank antes de que Tony abandone la habitación.
— Lo estará —promete. No sabe cómo lo hará, pero Peter va a volver a estar bien.
Frank le sonríe por primera vez, antes de irse.
Frank es más protector de lo que Tony imagina. Al ser un sobreviviente de las calles, duda de las intenciones de Tony, y claro que por como lucen las cosas, Tony no está en la mejor posición frente al hombre. Quería mostrar este encuentro porque Frank, si bien un personaje transitorio, representa esa búsqueda de Peter por alejarse de todo lo que conocía hasta entonces. Por ser autosuficiente.
¡Gracias por sus reviews!
ShirayGaunt: Si, la situación es muy estresante para ambos. Tienen luchas personales cada uno por su parte, pero encontrarán el camino.
¡Hasta la próxima!
Bethap
