Disclaimer: Los personajes pertenecen a Kishimoto-sensei.
Historia de Sherryl Woods esta es una adaptación de "La Gran Sorpresa"
¡A disfrutar de la lectura!
Capítulo 6
A Shikamaru se le daba bien la rutina. Siempre se le había dado bien. Había crecido en una casa en la que el orden y la rutina siempre habían estado presentes. Temari sospechaba que por eso le había atraído tanto la calma y la serenidad de su casa. En esos momentos, su necesidad de orden era incluso excesiva.
Después de tres días allí, Temari estaba segura de que se había equivocado de vocación... Tendría que haber sido sargento. Cuando no la estaba atiborrando de comida, le estaba dando algún libro de crianza infantil para que lo leyese. A juzgar por el montón que había acumulado, no debía de haber dejado ni uno en la biblioteca local.
Y luego estaban las caminatas. No eran los paseos que ella se había acostumbrado a dar por las tardes, no. Eran más bien marchas forzadas.
Cuando llegó el sábado, Temari estaba deseando perderlo de vista un par de horas para ir a comer con sus amigas.
Cuando apareció en el salón con su vestido de premamá favorito, el único que no la hacía sentir como un zeppelín, él se levantó del sillón de un salto.
- ¿Adónde vas?
- Voy a comer con Ino y con otras amigas.
- ¿Adónde?
- A un pequeño restaurante llamado Amaguriama. Dudo que lo conozcas.
Aquello pareció horrorizarle.
- Pero ¿sabes dónde está Amaguriama?. En la carretera, en medio de la nada. No puedes ir sola. Te llevaré.
- ¡Shikamaru!
- No discutas. O te llevo yo, o te quedas aquí.
- Maldita sea, Shikamaru, no soy una inútil.
- No, pero el bebé podría nacer en cualquier momento. ¿Y si te pones de parto de camino, tú sola? ¿O si tienes un accidente? El volante podría hacer daño al bebé - comentó preocupado - No, voy a llevarte y punto.
- Shikamaru, si hubieses sido tan mandón cuando estuvimos juntos, te habría mandado bien lejos.
- Entonces no estabas embarazada - contestó él, como si aquello explicase su exceso de protección.
Temari suspiró y lo siguió hasta el coche.
- Pero tendrás que sentarte en otra mesa - le advirtió por el camino.
- Me da igual.
- De hecho, creo que será mejor que me esperes en el coche.
Como era natural, no salió así. Todas sus amigas estaban al corriente de lo que había pasado con Shikamaru. Habían adivinado que era el padre del niño, aunque no se lo hubiesen confirmado. En cuanto Temari entró en el restaurante con él, todas se volvieron y dieron por hecho que su presencia significaba que iban a casarse. Nada más verle la cara de satisfacción a Ino, Temari supo que había sido ella quien le había dado su dirección a Shikamaru.
- ¿Estás orgullosa? - inquirió Temari, sentándose al lado de su amiga.
- Esperanzada, más bien - respondió ésta - Sigue por aquí. Eso es buena señal, ¿No?
- Depende de cómo se mire - gruñó Temari - Se pasa el día detrás de mí, como si fuese la primera mujer del mundo que va a tener un hijo.
- ¿Y te quejas?
Temari suspiró.
- No va a durar. Antes o después, tendrá que volver a Konoha.
- Eso no lo sabes. A mí me parece que está contento. Tal vez esto le haga tomar la decisión de quedarse en Suna.
- Todos los días, cuando cree que me estoy echando la siesta, se pasa una hora o más hablando con su despacho. ¿No te dice eso nada?
- Me dice que las veintitrés horas restantes te las dedica a ti. Sé agradecida. La mayoría de los maridos no les prestan tanta atención a sus mujeres.
- No lo entiendo - dijo Temari - No puedo dejar que me afecte. No puedo.
- Todavía lo quieres, ¿verdad?
- Sí, pero...
- Entonces, aprovecha este tiempo con él para encontrar una solución a su problema. Tal vez debas pensar que llevas meses lejos de casa, y sin trabajar, y no ha sido tan horrible como temías.
- Porque sigo hablando con ustedes, y viéndolas a menudo. Y al principio estaba agotada, me pasaba el día durmiendo. No estaba despierta el suficiente tiempo como para echar de menos el colegio.
- Cielo, para eso inventaron las videollamadas y los aviones. Y con respecto a tu cansancio, espera a tener al niño en casa - le dio una palmadita en la mano - Piénsalo, ¿de acuerdo?. Prométemelo.
Temari asintió.
- Te lo prometo.
Ino sonrió.
- Bien, ahora vamos a disfrutar de la fiesta.
- ¿Fiesta?
- ¿Hinata? - llamó Ino - ¿Todavía estás escondida?
- Estoy aquí - contestó ésta, acercándose con un carrito lleno de paquetes.
- ¡Sorpresa! - gritaron todas.
- No puedo creerlo - susurró Temari, con lágrimas en los ojos. Shikamaru se acercó a ella, le puso la mano en el hombro y se lo apretó de manera cariñosa. Ella levantó la vista y se dio cuenta de que estaba mirando todos los regalos. Iba a tener que pelearse con él para abrirlos.
- Era lo mínimo que podíamos hacer - comentó Tenten.
Temari recordó la fiesta que habían celebrado en casa de su amiga, para celebrar la llegada de su hijo. Había sido la que la había llevado a estar donde estaba. Había sido cuando se había dado cuenta de lo desesperada que estaba por tener un hijo. Y cuando había comprado la preciosa cuna de Matsuri.
También había sido entonces cuando había vuelto a pensar en Shikamaru, cuando había deseado volver a estar con él, como en esos momentos. Bueno, más o menos. Había deseado que las cosas ocurriesen de manera más tradicional, pero lo importante era que iba a tener un hijo suyo, y que él estaba a su lado.
Mientras abría los regalos y exclamaba entusiasmada, esta vez de verdad, se sintió completamente feliz. Se dio cuenta de que no habría cambiado nada. A pesar de las dificultades que le esperasen en un futuro, quería a aquel hijo, el hijo de Shikamaru, con todo su corazón. Si no podía tenerlo a él durante el resto de su vida, al menos tendría un recuerdo permanente del amor que habían compartido.
Después de abrir el último regalo y de terminar el último trozo de tarta, tomó una decisión. Se volvió hacia Shikamaru.
- Quiero irme a casa - le dijo en un susurro.
- De acuerdo. Voy a llevar todo esto al coche y volveremos al apartamento.
Ella negó con la cabeza.
- No, quiero ir a casa, a mi casa. Quiero poner todo esto en la habitación del niño. Quiero quedarme allí, pasar los últimos días de mi embarazo allí, y estar allí cuando me ponga de parto.
Él la miró con preocupación.
- ¿Estás segura? Después de todas las molestias que te has tomado para ocultar el embarazo, ¿Quieres volver ahora?
- Estoy segura. No quiero seguir escondiéndome. ¿Vendrás conmigo?
- Sabes que sí - se arrodilló y le apartó un mechón de pelo de la mejilla - De hecho, podemos parar en la iglesia de camino y que nos casen.
- ¿Casarnos? - preguntó Temari, como si fuese la primera vez que oyese aquella palabra.
- Si no quieres hacerlo por ti, ni por mí... - añadió Shikamaru - hagámoslo por el bebé.
Temari quería hacerlo. Claro que quería, pero se preguntó si no sería peor casarse sabiendo que el matrimonio no iba a durar.
- Piensa en el bebé - insistió él, al ver que Temari seguía en silencio - Se merece llevar el apellido de su padre, mi apellido. Tú y yo nos hemos querido siempre. Seguro que podemos hacer esto juntos, por el bebé que vamos a tener.
Era lo correcto, para el bebé. Temari estaba de acuerdo. ¿Pero y para ellos? ¿Cuánto dolor podrían soportar? Llegaría un momento en que Shikamaru se marcharía. Era inevitable.
- Deja de pensártelo tanto. Deja de intentar averiguar lo que pasará mañana, o dentro de un mes. Ahora mismo lo que importa es el bebé, y lo que es mejor para su futuro.
Shikamaru le dijo aquello de manera apasionada, persuasiva. Si no podía decirle lo que ella quería oír en realidad, si no podía prometerle que se quedaría en Suna, daba igual, teniendo en cuenta las circunstancias.
- Podemos hablar con el sacerdote - dijo Temari por fin, preguntándose si acababa de tomar la mejor decisión de su vida... o la peor.
A veces costaba trabajo, pero cuando Shikamaru se proponía algo, se esforzaba al máximo. Al anochecer, todas las cosas de Temari volvían a estar en su casa, habían hablado con el sacerdote y habían organizado una ceremonia sencilla que tendría lugar un día después del cumpleaños de Shikamaru. Ino y Sai habían aceptado ser los testigos.
La mañana de la boda, la iglesia estaba decorada con enormes cestas de ponsetias. Las velas estaban encendidas, haciendo brillar el altar. Temari se había comprado un vestido de seda color crema y zapatos a juego. Shikamaru vestía un traje negro, camisa blanca y corbata negra.
A pesar de que el matrimonio sería temporal, algo más o menos imaginario, Temari no pudo evitar temblar al mirar a su alrededor. Era como siempre había imaginado que sería su boda, salvo que jamás había pensado que estaría embarazada casi de nueve meses.
Justo antes de que fuese a empezar la ceremonia, Shikamaru le dio un ramo con una ponsetia blanca rodeada de rosas blancas atadas con unos lazos de satén también blancos. Luego, la miró a los ojos.
- ¿Todo bien?
Temari consiguió esbozar una sonrisa.
- Todo bien - le aseguró, deseando...
Que aquello fuese real, que fuese para siempre.
Cuando el sacerdote leyó los votos, los repitió con voz temblorosa, mientras que Shikamaru hablaba con claridad y seguridad. Sonaba casi sincero. Aunque aquello era sólo por el bebé, nada más. Por una vez, a Temari le importaba menos su orgullo que su hijo. Y sabía que iba a compartir con Shikamaru unos días, o unas semanas, que después recordaría siempre.
Unas semanas más tarde, todo habría terminado, el bebé habría nacido y Shikamaru se habría marchado. Su vida continuaría. Temari notó que las lágrimas le mojaban las mejillas cuando los declaraban marido y mujer. Pensó que seguro que muchas novias lloraban, pero no por estar sintiendo el dolor que sentía ella.
Cuando Shikamaru se inclinó a darle un beso y notó que había llorado, la miró sorprendido. Se preocupó.
- Todo va a ir bien - le dijo en un susurro - Te lo prometo.
Temari quería creerlo. Siempre había cumplido sus promesas. Aquella, no obstante, parecía estar fuera de su alcance. Ino y Sai los dejaron a solas un momento, y luego volvieron a aparecer y les dijeron que habían organizado una comida para celebrarlo.
- No era necesario - les dijo Temari, conmovida porque hubiesen intentado que fuese un momento real y especial, incluso sabiendo cuáles eran las circunstancias.
- Por supuesto que sí - insistió Ino - Vamos. Hasta hay una limusina esperándonos en la puerta de atrás, con vino para brindar por los recién casados de camino al restaurante.
Estaban a medio camino cuando a Temari empezó a dolerle la espalda. Ya estaban entrando al restaurante cuando tuvo la primera contracción. Se dobló y agarró con fuerza la mano de Shikamaru.
- Dios mío, ¿Qué te pasa? - preguntó él, palideciendo - Tem, háblame. ¿Qué te pasa?
Cuando la contracción pasó, Temari consiguió sonreír.
- No estoy segura, pero me da la sensación de que nos hemos casado justo a tiempo. Creo que estoy de parto.
- ¿Ahora? - le preguntaron tres voces al unísono.
- Ah... sí - contestó ella, al sentir otra contracción.
Ino le dio una palmadita en la mano y Shikamaru la llevó de vuelta a la limusina.
- No te preocupes de nada - le dijo Ino - El hospital está prácticamente a la vuelta de la esquina y dentro de unos años podrás contarle a tu hijo que llegaste en limusina en vez de en ambulancia.
- Siempre y cuando no nazca en el asiento trasero de la limusina - contestó Temari. Miró a Shikamaru - ¿Cómo estás tú?
Él tragó saliva.
- A decir verdad, siento que sobro. Tú eres la que vas a tener que hacer todo el trabajo.
- No, de eso nada. No se te ocurra marcharte con Sai con la excusa de comprar tabaco o algo así. Vas a estar en la sala de partos conmigo.
- Pero iba a estar yo - protestó Ino - ¿Estás segura de que quieres cambiar de planes en el último momento? Si Shikamaru no sabe cómo hacer los ejercicios de respiración.
- Bueno, pueden venir los dos.
Sai hizo una mueca.
- Supongo que a mí me va a tocar ir y venir por el pasillo e ir a comprar tabaco solo.
La limusina se detuvo en la puerta de Urgencias del hospital. Ino y Shikamaru se pelearon por salir los primeros, Sai salió por la otra puerta. Los tres tardaron varios segundos en darse cuenta de que Temari seguía dentro.
- Eh, chicos - los llamó - No pueden hacer esto sin mí.
Shikamaru la sacó y la ayudó a entrar en el hospital. Una enfermera los acompañó directamente a la sala de partos, donde menos de dos horas después llegaba al mundo Shikadai Nara, moreno y con ojos verdes.
Al anochecer, Ino y Sai se marcharon, dejándolos solos con su hijo. Ambos lo miraron con adoración.
- ¿Cómo hemos podido hacer algo tan bonito? - se preguntó Shikamaru.
- Bueno, por parte de su padre tiene un patrimonio genético bastante decente - comentó Temari.
- El de su madre es mejor.
- ¿Quieres tomarlo en brazos?
Shikamaru no lo dudó ni un instante, lo tomó y se sentó en la mecedora que había al lado de la cama. Mientras se dormía, lo último que oyó Temari fue a Shikamaru explicándole a su hijo que siempre, siempre estaría ahí para protegerlo.
- Puedes contar con ello, hijo - miró a Temari - Y tú.
Pero ella ya se había quedado dormida.
¡MIS MUCHACHONES! Acá otro cap rápido, al fin Shikadai... se los debia jejejeje. Espero continuar con el mismo ritmo xD... ahora si descanso... en un momento nuevo cap ¡Me despido dejandole miles de besos y nos leemos muy pronto!
