-¿Cúal es su nombre señor?
-Vasile Ardelean. Estoy muy avergonzado por lo que ha sucedido hace un rato. Disculpen mi torpeza e impulsividad…-
-Tiene suerte de que la señora Ishikawa abogó por usted. De no ser así, habríamos presentado cargos ante la corte por agredir a los oficiales de la policía.-
-Me gustaría hablar con ella…una vez que terminen de interrogarme, claro está.- El hombre parecía tener ganas de salir lo más pronto posible de la estación de policía. Aoyama hizo un gesto conciliador. Tomoki, sin embargo, no cedió. Tenía un mal presentimiento de aquel sujeto claramente extranjero, con un fuerte acento centroeuropeo que había llegado a causar caos a aquel evento de la novela juvenil de moda. Le dio un trago a su café mientras el hombre tamborileaba nerviosamente en la superficie de la mesa de la sala de interrogatorios.
-De donde viene usted, señor?-
-Soy de Rumania. De la ciudad de Brasov. Me dedico a preservar reliquias históricas de mi país. Soy curador de museo. He viajado mucho y siempre me agradó la cultura de este país. Le juro que lo de hoy ha sido un terrible malentendido por parte mía. ¿Cómo puedo reparar el daño que he causado? ¿Aceptarían una compensación económica?-
-No se trata de eso, señor Ardelean. Usted es un extranjero, sabe lo que significa si la escaramuza hubiese escalado? Más problemas para usted. No estaríamos hablando con usted ahora mismo si no hubiésemos querido darle una oportunidad. Qué relación tiene con la señora Ishizawa?-
-Es mi ex esposa…Verá, escapé a Francia huyendo del régimen comunista cuando era adolescente. Mi familia era de pequeños comerciantes, lo perdieron todo debido a la persecución de la que fueron víctimas las familias que no apoyaban al nuevo régimen en Rumania. Conocí a mi mujer en una galería de arte. Sin embargo, nuestro matrimonio no funcionó. Regresé a Rumania donde aún vivo hasta la fecha…-
-Entiendo señor Ardelean. Pero, por qué la desesperación por verla? Mencionó algo de su hijo…- inquirió Aoyama.
-Sí, tuvimos un hijo. Yo fui un mal padre y los abandoné aquí en Japón. Mi vida…es muy complicada, por lo que no creí ser responsable de un niño. Pero quizás cometí un error. Quiero ver a mi mujer y a mi hijo, y enmendar los errores del pasado.-
Asuka y Aoyama se miraron. El sujeto no parecía tener mucha mayor información.
-Esta bien.- concluyó Tomoki Asuka sin mayor tensión- Lo dejaremos ir, pero lo estaremos vigilando de cerca. No dejaremos que haga nada indebido o que intente lastimar a la señora Ishizawa. Ella nos ha dicho que le sorprendió verlo por aquí después de tantos años, y que estaba pensando en denunciarlo por acoso, y por no apoyar a su hijo económicamente, aunque según parece el muchacho ya es un hombre adulto.
-Ella no necesita dinero. Las novelas que ha escrito le han dado bastante. Pero no vengo para vivir de su nueva fortuna, sino busco su perdón y la reconciliación…- El sujeto tenía la cara hundida de vergüenza en la mesa. Era claro que la conversación ya se había acabado.
- Bien, los dejaremos solos.- sentenció Aoyama. En unos minutos la llamaremos por si desean conversar.-
Los detectives salieron de la habitación. Tras atravesar el pasillo, le hicieron una seña a la señora Ishizawa, que esperaba en una serie de asientos al final del pasillo. La mujer marchó acompañada por los detectives, mientras seguía secándose las lágrimas y su rostro mostraba un sonrojo notable. Tomoki le abrió la puerta de la sala, y volviéndose velozmente hacia su compañero, le habló en voz muy baja.
-Ese sujeto no me da mucha confianza. Vamos a espiar esta conversación. Nadie más debe enterarse.
Dentro de la sala, la señora Ishizawa echó a llorar a mares de nuevo mientras el señor Ardelean trataba de consolarla sin éxito…
-Te fuiste…Como te voy a perdonar que nos hayas dejado así de fácil?
-Creo que debemos pensar en nuestro hijo, Hiroko.- habló el hombre con un tono sincero de calma y resolución.- Ya no nuestro no importa. Mi hijo…quiero ser un padre para él y guiarlo por el camino del bien. De no ser por tu hermana, no estaría aquí…
-Nanoko es una idiota! – gritó la mujer perdiendo lo estribos. Ella no sabe nada de lo que está pasando…No sabe que tu hijo, nuestro hijo, lo que he tenido que aguantar en estas últimas semanas. Siempre fue muy blanda con él …-
-A qué te refieres exactamente?- El hombre hizo una mirada de terror y preocupación penentrante. La mujer no pudo más y se acercó a su ex marido, tomando fuertemente su enorme mano blanca llena de venas gruesas color azul.
-Tu hijo se esta creyendo demasiado esos…cuentos de vampiros que le contaba su abuela. Tu madre. Dice que le da miedo la luz del sol y que quiere romper imágenes religiosas. Dice que el cristianismo es para mentes débiles y que el es un hijo de Satán…ya van varias noches que sale sin avisar y no regresa hasta días más tarde…-
-Sabes que no me gusta hablar de esto, Hiroko…-respondió Vasile con un claro temblor en el rostro. Pero estaré vigilando estrictamente a nuestro hijo. ¿Ahora sabes donde está?
-Está en casa. Tampoco sale mucho de su habitación ni habla con nadie. No quiero que se perturbe si te presentas como su padre…-
-Ya encontraremos una solución. No me agrada que hablemos aquí, la policía seguro nos esta oyendo.-
Era verdad. Los detectives Asuka y Aoyama, ahora acompañados por el hijo del primero, habían escuchado toda la conversación.
-Este maldito tema de los vampiros ya me esta provocando indigestión.- gruñía amargamente Asuka mientras Aoyama, y su hijo, cenaban con él en un pequeño restaurante cercano a la estación de policía. – Una cosa es tener a chicos adolescentes creyendo esos cuentos y leyendas y otra cosa es tener a adultos hechos y derechos preocupados por esas nimiedades. De cualquier forma el hijo de la señora Ishizawa ya es sospechoso, pero debemos prodecer con cautela. –
–No podemos actuar contra el , ni siquiera vigilarlo porque era una conversación privada.- resopló Aoyama mientras tomaba una porción de arroz frito con los palillos. –
-Rina no recuerda con mucha claridad más sobre el sujeto que la atacó. Y los tipos que hace días cateamos también podrían ser sospechosos. Demasiados cabos sueltos y ninguna pista mucho más convincente…-
Los detectives continuaron conversando. En casa, Meimi tenía un mal presentimiento. Algo le decía que un suceso terrible estaba por ocurrir, pero no sabía de que se trataba. Había quedado de verse con Seira en las ruinas de la iglesia para investigar, ya que existía aún la amenaza de un posible ataque a una iglesia de la ciudad. Salió por la ventana como era costumbre, cuando dieron las doce de la noche.
