Nota: Ninguno de los personajes me pertenece, la historia sí.
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Capitulo 16: El cielo nunca cambiará.
Sinopsis: ¿Por qué? ¿Por qué te importa? ¿Por qué ahora? —Sólo algo amargo al principio con un final feliz :)
Song-fic Canon ubicado justo después del especial de navidad "El regalo del Furia Nocturna" y antes de la primera temporada de "Dragones", en año nuevo.
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Mi narrativa suele ser especialmente en pasado, pero estoy midiendo el terreno con algo narrado totalmente en presente. Espero que no encuentren muchas molestias en ello ;)
Como siempre, letra cursiva se trata de flash black.
:« El cielo nunca cambiará »:
Si piensas que todo es muy raro
En este mundo de mayores
La boca de Hiccup sabe a hidromiel. Él no debería sentirse incómodo por eso; es un vikingo, uno que debería adorar el alcohol como todos los demás.
Hay un bullicio, se escuchan risas y todo se siente tan... pastoso.
Toma la jarra a su lado y se detiene justo un segundo después, antes de que llegue a sus labios. Tiene pensamientos mezclados en alguna parte de su mente, la brusca música nórdica al fondo no lo ayuda demasiado. Sí, él es un vikingo, pero es un vikingo que no tolera el común sabor del hidromiel.
Y no tiene idea de porque aún no logra aceptar y acostumbrarse del todo a eso.
Deja de lado la jarra, admitiéndose que definitivamente es mejor el vino. El vino importado. Casi pudo reprocharse por ello, pero se contuvo. ¿Qué caso tiene? Él funciona mejor cuando no intenta ser como los demás quieren que sea. Lo sabe. Lo vive cada día. Lo comprobó, de hecho, desde el momento en el que despertó posteriormente a su batalla con el Muerte Roja y habían dragones volando de aquí para allá en Berk, gracias a que él les hubo enseñado antes como amaestrarlos. Pero no deja de intentarlo, de tratar de ser como los demás... aún con algo tan simple como presionarse a beber hidromiel.
¿Por qué lo sigue haciendo?
Baja su mirada hasta que su cabello –con ese corte extraño y poco común que a su padre le gusta hacerle– cubre sus ojos. Hace patrones al azar en el suelo de tierra que forman garabatos, esta sentado en un tronco de madera, fuera del Gran Salón, escuchando de lejos a los vikingos festejar, así que su espalda cruje y duele un poco por estar encorvado dibujando –o intentándolo– pero es una buena forma de entretenerse. Ha transcurrido un tiempo largo desde la última vez que estuvo en la fiesta y, en aquel momento, ya había una gran cantidad de vikingos ebrios, cantando cosas que ni los dioses querrían escuchar.
No quiere ni imaginar como estará eso ahora.
De pronto oye a alguien cantar más fuerte que los demás, notas altas y agudas que no tienen principio, final o siquiera un sentido. Le quema los oídos. De forma consciente, Hiccup reconoce la voz de Gobber mandando a callar al sujeto y casi pudo gritarle un verdadero agradecimiento en respuesta.
Sonríe para sí mismo, pero esta tan aburrido que pronto sus labios caen de nuevo y tira su cuerpo hacia atrás para ver el acabado del dibujo. Es un dragón, aunque ni siquiera él, siendo el artista, puede identificar que especie de dragón es. Bufa y gira los ojos y, de nuevo, todo se siente tan pastoso.
Debería volver a la fiesta, beber hasta perder la consciencia y así desear un feliz último día del año a su gente; suerte para el siguiente año iniciante. Echa un vistazo sobre su hombro y la idea se va ni bien formada: Su padre esta bailando en el centro del lugar, con Gobber dándole ovaciones y el resto de vikingos –al menos la parte que todavía esta despierta– alzan sus jarras como si fuera el mejor espectáculo visto.
Tal vez, para ellos, lo es. Para Hiccup es traumatizante, sin embargo.
Vuelve su mirada al suelo y da un suspiro lento, esta seguro de que sus ojos no podrían estar más abiertos y trata de disipar con todas sus fuerzas aquellas imágenes de su mente. Entonces escucha un ruido detrás de sí y no tiene que girarse para comprobar que se trata de su dragón.
—¡Hey, amigo!
Incluso sus palabras se oyen un poco desganadas. Hombros caídos, párpados débiles, y él no entiende muy bien porque siente que algo no esta encajando en aquel día.
Aunque, si es sincero consigo mismo, algo no había estado encajando desde hace más de un día.
Toothless se acerca olisqueando la tierra y, en cuento su rasposa lengua lame a lo largo de todo su rostro, él puede oler el alcohol en el aliento del animal. Cada respiración golpea su mejilla como un bufido.
Intenta empujarlo lejos, pero sabe que es inútil.
—¡Ya, ya! —logra balbucear, su dragón parece más inquieto de lo normal y su saliva es pegajosa y espesa y... asquerosa e Hiccup no sabe donde colocar las manos.
Evita pensar demás en ello para no vomitar, no obstante.
Cuando Toothless se aleja, ¡al fin!, él no puede evitar quitarse con quizá demasiado asco la saliva de los contornos de su cara.
—No me gusta que hagas eso. —se queja.
El dragón no lo escucha –o se hace el desentendido, Hiccup cree– y simplemente comienza a dar saltitos a su alrededor, tan hiperactivo y feliz como un niño comiendo dulces por el snoggletog.
—¿Qué te pasa? —le pregunta, se siente confundido por el extraño e infantil comportamiento de su amigo. Entonces un recuerdo llega a su mente como un rayo y frunce el ceño antes de añadir: —¡Estuviste bebiendo!
Toothless le muestra una de sus comunes sonrisitas dragonianas y él tiene claro que eso es un complacido «sí». No esta seguro si molestarse con su dragón o con él mismo, pero hace una nota mental de alejar a su amigo de las jarras de hidromiel el próximo año.
O a la próxima fiesta, tal vez. Los vikingos no necesitan demasiadas excusas para beber.
Y, aparentemente, Toothless tampoco.
Le da una mirada de reproche al Furia Nocturna que intenta ser severa.
—¡Te había dicho que no podías beber! —lo reprende, un dedo alzado, voz grave —No sé como puedas reaccionar al hidromiel.
Aunque es inútil, desde luego. Hiccup no se hace una idea de cuanta cantidad de alcohol ha bebido su dragón, pero presiente que es un tanto más que mucha cuando lo ve retorcerse en la tierra felizmente después de ese regaño, como si no hubiese pasado nada.
—Sí, sí, gracias por escuchar, Toothless. Gracias.
El dragón responde saltando. Después se descontrola, como un repentino ataque a sus riñones, y hace un desorden con las ramas y la tierra de su alrededor mientras corre en círculos, y el muchacho –viendo todo con una ceja arqueada– no puede evitar colocar los ojos en blanco.
Mira de nuevo a la fiesta. Hay más bullicio que hace un rato.
Inhala. Exhala.
Se muerde la mejilla interna y aprieta los labios en un intento de contenerse. ¿Por qué se siente tan contrariado hoy? Tal vez fue por esa ridícula competencia de fuerza que Snotlout le retó hacer y que, por supuesto, perdió. Quizá se deba al claro desdén que aún se cuela de alguna forma entre los berkianos hacia él, cuando creen que no son vistos. O... ambas cosas.
Se retuerce incómodo en su lugar y no puede evitar pensar en la probable otra razón de su incomodidad de esa noche: Stoick "The Vast". Traga saliva y sus párpados comienzan a pesar un poco más.
Aunque las cosas con su padre vayan a mejor cada vez, aún hay momentos incómodos por ahí. A veces ninguno de los dos sabe de que hablar y a veces hay tanto orgullo en la mirada de Stoick que él se siente sofocado, abrumado y cree que no lo merece –siendo el último caso lo que había sucedido ese mismo día en la mañana. De alguna forma, su inseguridad sigue siendo una molestia y, muy en el fondo de su mente, Hiccup cree que en realidad ese es exactamente todo el problema.
Y a veces él no entiende nada.
Todo es tan confuso y extraño.
Simplemente no se acostumbra y no comprende a su gente.
Se siente feliz, una gran parte del tiempo, al ver a su tribu finalmente en paz con los dragones, que incluso su padre entiende la gentileza de esos animales y que algo tan común en el pasado como "la caza de dragones" hoy sólo sean palabras olvidadas. En la otra parte del tiempo aún logra escuchar amargas quejas hacia él, hacia lo que es, hacia lo que no es, hacia todo él...
—¡Oye, Hiccup! —alguien grita.
Vuelve a echar un vistazo sobre su hombro y esta vez su padre no esta bailando –¡gracias a Odín!– pero un hombre grande y velludo que se ve cerca de colapsar por tanto hidromiel le hace señas indiscretas para que se acerque.
Perezosamente Hiccup le devuelve la seña con su mano izquierda, desde su lugar.
—¡Ven aquí! ¡Queremos escuchar la historia de como entrenaste a ese Furia Nocturna!
—Sí, sí. Ya voy. —le contesta, pero en lugar de ir Hiccup se levanta de su lugar y atrae a Toothless aún más lejos del Gran Salón.
...Y luego estaba esa otra, otra parte del tiempo. Cuando lo atormentaban con preguntas y pedían que contara la historia más veces de las que él pudiera recordar. Hiccup no quiere volver a contarlo, él sólo... él sólo en algunas ocasiones quiere volverse a cerrar en la soledad de antes, esa a la que ya estaba tan acostumbrado.
Probablemente sólo sea ese el problema.
Aunque lo duda mucho.
Toothless se acerca a él dando saltitos antes de que pueda sentarse en otro lugar –a seguir divagando, claro– y toca su brazo con el hocico insistentemente.
—¿Qué? —le pregunta, acariciando con mimo sus escamas negras.
El dragón se aleja un poco y le hace una seña con la cabeza, apuntando a su lomo. Tiene la lengua afuera y los ojos brillantes con esa mirada deseosa tan suya.
Hiccup comienza a negar, desaprobando un vuelo con un dragón ebrio. Toothless le da un empujoncito y presiona, como si dijera que todo va a estar bien.
—No. —le musita. Aunque la oferta es casi demasiado tentadora para su propio bienestar mental. —No, Toothless, eso sería irresponsable.
El dragón bufa y vuelve a insistir. Hiccup esta muy al consciente de que si su amigo lo pide de nuevo no podrá negarse e intenta mostrarse firme cuando da su segunda negativa.
Para su buena o mala suerte Toothless parece molestarse y le da la espalda, el olor a hidromiel brota fuertemente y se mantiene suspendido en el aire cuando el dragón lo hace tropezar con su cola antes de dejarse caer en el suelo de hierba, bufando.
—¡Oye! —Hiccup frunce el ceño, colocándose de pie. Su espalda ahora cruje aún más debido a la caída —¡Lo hiciste a propósito!
Toothless no hace otra cosa que bufar de nuevo y, de pronto, no parece tan ebrio.
El castaño da un suspiro cansado, limpiando su ropa del polvo –¿Qué voy a hacer contigo, eh, Toothless?
—Deberías evitar que beba tanto, para empezar... dejó un gran desastre allá atrás.
Hiccup se sobresalta y casi vuelve a caer ante la abrupta interrupción al silencio. Suda frío y las manos le tiemblan en anticipación de sólo saber quien esta de pie detrás de sí.
Su dragón se levanta, pasa de largo indiferentemente a un lado de él y va directo a la chica mientras da brinquitos emocionados, como si estuviera muy feliz por verla.
"Traidor"
Astrid esta ahí; con un abrigo de piel más pesado de lo normal y sus mejillas arrebolatadas por el helado viento. Luce bien. Luce Astrid. Ella lo mira y él nota que no ha dicho nada, que debe parecer un tonto, sólo parado allí, sin hacer cosa alguna, y se apresura a saludar.
—¡A-astrid! —muerde su lengua y se reprende porque aún es algo torpe y ya no debería de ser tanto así, pero repentinamente se siente nervioso de nuevo, como antes de que todo pasara y de que ella si quiera volteara a mirarlo.
Cuando él estaba sediento por tan siquiera un poco de atención.
Sus hombros vuelven a caer y tiene la necesidad de pasarse las manos por la ropa, afanado en buscar algo en que entretenerse antes de que sus pensamientos se vuelvan más turbios.
Aunque es algo tarde para eso, realmente.
—¿Qué haces aquí? —su tono escuchándose estrangulado.
Astrid ríe un poco y el viento ondula los mechones sueltos de su flequillo con naturalidad. Entonces Hiccup concluye que ella también esta ebria. Es muy obvio, de hecho. La chica nunca se ríe de esa manera.
—¿Acaso eres el único que tiene derecho a estar aquí?
Hiccup sacude sus hombros.
—Es sólo que, ya sabes, hay una fiesta justo ahí.
Señalar el Gran Salón, a unos cuantos metros de ellos, como un tonto, sólo lo hace sentir peor.
—Sí, lo sé. —ella no esta tan ebria como para no notar la tensión en los hombros masculinos y la ligera expresión de incomodidad en su rostro. Atina a preguntar: —¿Te sientes bien?
E Hiccup es muy consciente de su fugaz mirada hacia su pierna falsa. Da un paso atrás y, de repente, se siente a la defensiva.
—Por supuesto que sí. —contesta. Para su lamento se escucha más tosco de lo que quiso en un principio, pero no se retracta.
Detesta la lástima que encuentra reflejada en los ojos de los demás, aunque no sea muy seguido y apenas lo note.
Cuando mira a Astrid de nuevo, esperando quizás encontrar ese mismo sentir, se sorprende de verla cohibida, casi tímida, con el rostro puesto en el horizonte oscuro.
—Yo sólo quería asegurarme —se excusa. Su voz se oye firme, lejos del alcohol e Hiccup ahora duda algo de su ebriedad.
Piensa que debe disculparse, pero es obstinado.
O más bien, esta amargado.
No puede detener su propia boca antes de lanzar la siguiente interrogante.
—¿Por qué? —Astrid parece confundida, con su ceño fruncido y ese olor a hidromiel desprendiendo de su aliento en cada bocanada de aire que toma —¿Por qué querrías asegurarte? ¿Por qué te importa? —se apresura a aclarar.
—Bueno, yo...
¿Por qué ahora?
Entonces ella calla. El chico abre un poco más los ojos al darse cuenta de que la última pregunta la formuló en voz alta. No sabe porque hizo eso, Astrid claramente se ha comportado bien con él desde el día que despertó.
Y ahí esta su respuesta. Desde el día que despertó. Antes de ello, él no había sido nada para ella, como para el resto de Berk.
Traga saliva, recordando y permitiendo que reine el silencio por sabrán los dioses cuantos segundos, pero parecen años. La fiesta sólo se hace más ruidosa e incluso Toothless pareció tranquilizarse.
—Escucha, yo...-
—Me importa.
Hiccup detiene su propia boca, sus ojos fijos en ella, cuando la escucha murmurar aquello. Estuvo cerca de descartar su anterior pregunta con algún comentario sarcástico y simplemente zafarse de la conversación para no arruinar más las cosas con ella, pero esa intención se disuelve en el aire incluso antes de formarse bien en su propia mente.
¿Astrid había dicho que le importaba...?, pero ¿qué cosa le importa?
La mira un poco desconfiado. Ella aún no lo esta observando.
—¿Qué? —tiene que indagar. Debe asegurarse.
El corazón le late en los oídos.
—Dije: Me importa, Hiccup. —Astrid repite, gesticulando; no suena tosca, pero tampoco es dulce y entonces se encoje de hombros, como si tal cosa.
De pronto la aparente y fugaz timidez de antes le abre paso a la frustración en un segundo y rodea el puente de su nariz con los dedos. Su redondo rostro se ve aún más enrojecido por el frío. Hiccup esta convencido de que puede ver el aliento de ella empañar la espesa oscuridad nocturna en cada respiración.
—Y no es por la falta de pierna, si es lo que crees. —agrega, voz cargada de obviedad.
La rubia finalmente coloca sus ojos en él. Parece segura, frustrada, un poco nerviosa e incluso atenta a su respuesta, pero Hiccup sólo puede hacer otra pregunta tonta:
—Pero ¿por qué?
—¿Y por qué no?
Astrid vuelve a silenciosarse, pero el muchacho sabe que ella aún no ha terminado de hablar, así que espera. Tamborilea sus dedos masculinos sobre el pantalón de piel, viendo y no viendo a Toothless retorcerse en la hierba.
—Escucha, t-todo... —comienza a decir. Su voz se oye un poco más pequeña que hace un rato, tiene el ceño fruncido y los ojos cerrados e Hiccup se contiene a sí mismo para no masajear el espacio arrugado entre sus cejas porque realmente quiere escuchar que dirá. —Todo este tiempo vivimos con la idea equivocada, en todo. —ella señala al dragón directamente —Pero luego llegas tú y cambias eso.
—Yo...
—Y es bastante abrumador. —suspira. Hiccup calla, sin intención de volver a interrumpir. —A algunas personas les costará más tiempo entender esos cambios que a otras.
Astrid lo mira fijamente y él se siente expuesto, como si ella supiera de su debate mental de casi toda la noche. Tal vez lo sabe. Tal vez es muy obvio.
—Y no sé que piensen ellos o cuanto tiempo les lleve entender, pero yo lo entiendo y a mi me importa; Berk, los cambios... —duda un poco. El muchacho nota que para ella es muy difícil hacer esto. Hablar. —Tú.
Astrid agrega algo más entre murmullos después, pero Hiccup no es capaz de comprenderla.
—¿Disculpa?
La chica lo fulmina con la mirada, penetrante y tan azul como el cielo diurno.
—Dije que no sólo desde ahora —repite con tono tosco. Pasa una mano por su cabello y lo coloca detrás de su oreja, el gesto la delata: Esta nerviosa. —¿Acaso hay algo mal con tu oído?
Hiccup no tiene tiempo de protestar. Su mente trabajando rápida y fortuita.
No sólo desde ahora.
Hay recuerdos aquí y allá atacando su mente, como si inconscientemente buscara apoyar las palabras de Astrid por sí mismo.
"Esto..." ella lo golpeó en su hombro, el dolor llegó como una punzada en la piel, atravesando la carne "fue por raptarme"
Hiccup miró detrás de si, incluyendo a Toothless en su protesta muda. Tenía el ceño fruncido cuando la volvió a encarar.
"Y esto..."
De pronto, Astrid lo atrajo hacia sí misma y depositó un casto beso en su mejilla, apenas un roce, que fue suficiente para que el corazón se le detuviera y los ojos se le abrieran demás.
"Por todo lo demás"
Y se perdió entre la maleza del lugar.
Nunca olvides que para cambiarlo
Tienes que dejar volar tus ilusiones
Después de conocer a Toothless. Reconoce esa memoria de aquel día, cuando visitaron sin intención la cueva de la reina dragón.
Otros tantos momentos siguen haciéndose espacio en su cabeza, con una rapidez casi alarmante.
"¿Todo esto te parece una broma?" la chica colocó los brazos en jarras. No había realmente ira en ella, pero Hiccup pudo notar algo muy parecido a la frustración rondando por allí, en alguna parte de sus ojos. "La guerra de nuestros padres se va a convertir en nuestra; decide de que lado estás"
Astrid no lo sabía, pero aquellas palabras –su intento brusco de consejo, más bien– lo perseguirían hasta el día de la arena, cuando al fin tomó su decisión.
—¿Y bien? —Astrid pregunta.
Su olor a hidromiel de pronto no parece tan malo.
—No. No hay nada mal con mi oído —y él de verdad, de verdad, no quiso sonar sarcástico esta vez.
Ella bufa y da un paso atrás, balanceando sus propios pies en el proceso. Sus ojos están bañados por una tibia capa de culpa ahora.
—Eso ya lo sé. Es sólo que, ya sabes, tal vez yo fui muy dura contigo antes...
Hiccup escucha a medias lo que dice la chica, su cerebro aún en los recuerdos.
Y si al levantarte cada día
Ves cosas que tú sientes que no son así
Ella le había dado palabras de aliento hacía muy poco, aquella noche de Snoggletog, cuando su dragón aún se creía perdido.
"¿Dónde esta Toothless, Astrid?"
Los fuertes brazos femeninos lo rodeaban, con el mentón delicado golpeando su hombro y la calidez de su cuerpo chocando contra el suyo.
Su voz sonó melancólica cuando respondió: "No lo sé"
Astrid, incluso, había estado allí antes, mucho antes de siquiera saber la existencia de Toothless.
"¡Hey, Jorgerson!" una voz infantil y femenina gritó.
El niño mencionado se detuvo a media intención. Hiccup casi pudo agradecer a los dioses cuando su primo desvió su atención de él a la niña rubia y ruda que lo estaba retando con la mirada.
"¡¿Qué quieres, Hofferson?!"
Ella sonrió competitiva, las esquinas de su boca demasiado curvadas. Intimidante para una pequeña vikinga de siete años.
"¿Por qué no peleas conmigo, eh?"
El niño Snotlout pareció pensarlo. Miró alternativamente al frágil heredero –al cual aún conservaba sujeto de la ropa– y a Astrid.
Después lo descartó con un rotundo "No" y volvió su atención al castaño. Era más divertido golpearlo a él, obviamente.
Pero entonces Astrid formuló la pregunta mágica:
"¿Tienes miedo, Snotlout?"
Para el final de la tarde el niño Jorgerson tenía un ojo inflamado, la niña Astrid una sonrisa victoriosa y el heredero no cargaba ni un sólo golpe en la piel.
Recuerda que la melodía que baila tu vida depende de ti
Hiccup deja caer los brazos a sus costados, como si estuviera derrotado.
—Bueno, tal vez yo me lo merecía... sólo un poco —accede.
Una pequeña sonrisa culposa se abre paso en sus labios después, los recuerdos aún entre mezclados en su mente.
De Astrid siendo la primera en creer verdaderamente en él. De Astrid entrando a la arena y golpeando a esa Pesadilla Mounstrosa para salvarlo. De Astrid convenciendo a los demás jóvenes vikingos para ayudarlo, cuando se le ocurrió la loca idea de ir a batallar con el Muerte Roja. De Astrid siendo la niña que no lo golpeaba, aún cuando todos los demás sí lo hicieran.
De Astrid estando allí, y simplemente estando allí, muy a su modo.
Él no necesita más palabras, ni explicaciones de ella. Y, en realidad, ya ha olvidado porque las necesitaba desde un principio. La molestia en la boca de su estómago finalmente haciéndose a un lado, aquella tensión en sus hombros ya no pesa.
De pronto siente el dolor insistente de un puñetazo en su hombro y se sobresalta, sorprendido.
—¿Sólo un poco? Eras un completo fastidio en la arena. —le dice la chica, antes de que pueda quejarse.
Hiccup chasquea la lengua y masajea su brazo herido, pero tiene la misma mirada divertida que carga ella cuando contesta.
—Bueno, sí, pero ya sabes, recibí suficientes palos de hachas y patadas por eso. —no se escucha como un reclamo, no lo es y Astrid, de hecho, no lo siente como tal.
Entonces ella atrae su cuerpo hacia sí misma y lo abraza cariñosamente. Tiene la visión limitada a la perfecta trenza dorada de la vikinga y siente el corazón desbocarse, pero le corresponde lo mejor que puede.
Por primera vez en la noche, deja de lado definitivamente todo el torbellino de pensamientos oscuros y bruscos que lo atacan a veces –y sólo a veces– para dejarse llevar por el sentimiento de calidez que le transmite Astrid.
Y se siente genial.
—¿Todo bien? —le pregunta la chica e Hiccup puede escuchar, muy en el fondo de su voz, algo parecido a la inseguridad. —Digo, entre... entre nosotros.
Ella no ha dicho que lo siente, pero su abrazo es firme y suave y su piel es tan... tan dulce que, ¡ah!, incluso es más que suficiente.
Existe todo aquello que puedas imaginar
Él no duda ni un segundo más.
—Sí, sí, todo esta... —afianza un poco el abrazo, temeroso de excederse —... más que bien.
Astrid sonríe amable cuando rompe el abrazo y resopla en el aire, apartando su cabello toscamente con ese gesto.
—Espero que no te sigas torturando con todo esto, Hiccup. Ya te lo dije: A algunas personas tal vez les tome más tiempo que a otras entender los cambios.
Tan sólo tienes que creer con fuerza
Hiccup iba a responder algo, darle la razón, decirle que él estaría bien, porque, de hecho, de verdad quiere creer que estará bien, pero entonces Toothless aparece para lamer de nuevo su cara y corta sus intenciones.
—¡Aagh! —Astrid se estremece ante la espesura de la baba y compone una expresión de asco, apartándose, pero se ríe.
Se ríe de esa manera. Algo campaneante, alegre, dulce y melodiosa. Hiccup comienza a pensar que tal vez, y sólo tal vez, ella simplemente se ríe así.
Estando o no ebria.
—Como sea, yo... quizá deba volver a la fiesta, mis padres se preguntarán a donde fui —se excusa ella.
Le da la espalda y va a irse. Entonces él mira alternativamente entre Toothless –que aún insiste en volar, como si hubiese olvidado sus negativas anteriores– y Astrid. Y sabe que es una mala idea, pero sus dedos cosquillean, quiere hacerlo y esta demasiado ansioso como para pensar más en ello, así que se apresura a proponer.
Todo lo que desees a tu vida llegará
Si no dejas que el miedo te detenga
—¿Qué tal un vuelo?
La chica se detiene y vuelve su rostro con una expresión sugerente.
—¿Esa es una clase de propuesta, Hiccup?
Sí, de hecho lo es. Quiere contestar, pero comprende de repente lo que ha dicho y el peso de lo que ha dicho y se ahoga con su propia saliva. No puede tener las mejillas más rojas ahora, contraído y avergonzado.
—E-es decir, yo... me refiero a, bueno, es que, ya sabes, pensé que —aclara su garganta —que podríamos d-dar un paseo, digo, porque sé que Stormfly esta aún cuidando de sus... bebés y... sí... eso... —su tono se hizo tan pequeño que ya no se escuchó.
Astrid humedece sus labios con la lengua, tomando provecho de la situación. Sus azules ojos sonríen, casi demasiado brillantes.
—Así que un paseo, ¿eh?
Hiccup asiente torpemente, temiendo que si decide usar su voz seguirá balbuceando tonterías. Súbitamente el golpe de adrenalina que lo impulsó a hablar en primer lugar se ha ido y sólo queda el incómodo sentimiento de vergüenza.
—¿Solamente tú y yo?
El sonrojo evidencia muy bien la pecas en el rostro de Hiccup, ¿cómo es que ella no lo había notado antes?
—Sólo s-si quieres.
Astrid finge pensarlo, simplemente para molestarlo un poco más porque es divertido y se siente correcto. Lucha con la fuerza que esta haciendo para no reír a carcajadas, pero ¡dioses de Asgard!, es tan, tan difícil.
Pasados algunos segundos –que parecieron horas para Hiccup, cabe decir– ella le da una sonrisa contenida; casi coqueta, y toma su mano rasposa, atrayéndolo hacia el dragón con insistencia.
—Pues, ¿a qué esperas, tonto?
Hiccup no puede evitar suspirar con alivio mientras sube a un muy dispuesto Toothless, justo antes de que Astrid lo imite.
Entonces ella lo sujeta de los hombros y da un apretón, de pronto paralizada.
—¿Estás seguro de esto? Estoy convencida de haber visto a Toothless beber un barril entero de hidromiel.
Hiccup puede detectar parte de la broma en sus palabras, pero aún así asegura la soga en la silla de montar al menos el doble de lo que siempre hace.
Luego tira su cuerpo hacia atrás para mirarla.
—¡Listo, M'Lady! Segura y protegida.
Astrid le da un zape en el brazo que apenas duele un poco y sonríe juguetonamente.
—¿Y quién dice que necesito protección?
Toothless comienza el vuelo, más tranquilo y calmo de lo que Hiccup y él acostumbran, porque el muchacho teme que su ebrio dragón los asesine sin querer, y el viento ya se siente más frío, chocante, liberador.
Hiccup ahora esta sonriendo. Se siente tranquilo finalmente, aunque no sepa exactamente porque o porque estaba intranquilo desde un principio.
—¡Oh!, créeme que sé que no la necesitas, ya sabes, eres una guerrera.
Astrid –rodeando cómodamente el cuerpo contrario con sus brazos– deja caer el mentón sobre su hombro mientras sonríe ligera, apreciando la vista.
El cielo nocturno brilla con un telar de estrellas y niebla.
El cielo nunca cambiará
—Así es. —responde orgullosamente —Además si nos quedan cicatrices después de esto, sabremos que nos hemos divertido.
La velocidad aumenta de forma prudencial e Hiccup ríe en el aire.
—Sí, sí, cosas del oficio, lo sé.
Más tarde cada berkiano estaría de vuelta en su casa, esperando la sombra oscura para dar fin a aquel viejo año. Se darían abrazos familiares y estarían durmiendo luego, dispuestos a despertar en un nuevo año. Después a Berk lo azotaria una gran tormenta de nieve que dificultaría las cosas al menos los tres primeros días del primer mes del año, para ser solucionado en cuanto la nieve bajara y las siembras comenzaran.
Pero eso sería más tarde.
Ahora ellos están ahí; en la plenitud del cielo nublado, con el frío calando sus huesos, durante un vuelo terriblemente cómodo. E Hiccup piensa y siente que esta bien. Ya él tendrá más oportunidades de ser paciente, de comenzar de nuevo, de esperar a que su gente entienda los cambios –como Astrid dice– luego.
Después de todo, el fin de un año y comienzo de otro también significa el cierre de viejas cosas y la apertura de otras tantas que, con algo de suerte, podrían ser mejores.
Y, al menos por el momento, ya no hay más consternaciones para él.
El cielo nunca cambiará
Para que tú lo puedas ver
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Nota: ¡Hey! ¿Qué tal? Por mayoría de votos aquí tuvieron su especial navideño, aunque muy navideño no quedó, yo lo sé xD
De acuerdo, les comento que esto fue más un desahogo que otra cosa. Es decir, veo que hay personas que le tiran arena a Astrid por su aptitud en la primera parte de la película, pero yo la amo y pensé que merecía ser defendida, no encontré otro momento en donde colocar esto porque... bueno, ellos tenían que aclarar tensiones antes de que tuvieran una relación real y porque las fiestas ponen sentimentales a todos :3 pero de verdad quería hacer esto desde que vi la película por primera vez, así que estoy satisfecha por al fin haberlo hecho.
Espero haber conservado bien la esencia Hiccstrid que tanto amo o al menos haberle llegado cerca, porque fue un verdadero reto completar este pequeño (cof cof ni tan pequeño cof cof) One-Shot.
Sobre la narrativa, ¿qué opinan? Creo que escribiré más seguido así xD
Y la canción... simplemente la amo y fue la que me inspiró. Pero no creo que haga más Song-fic nunca en la vida (no con la letra de la canción incluida, al menos) porque eso no es lo mío :P
Respuesta a los comentarios:
Veritux: ¡Espero que este capitulo también te haya gustado.
LadyAira14: Como siempre tus palabras llegando a mi corazón, PERO tendrás que seguir esperando xD igual ya falta menos para la segunda parte del anterior y, mientras, espero que te haya gustado este :3
Bequi Alex 34: Sí, soy muy cruel MUAJAJAJA ya ok,no XD a mi también me calienta mas que sol de verano ese Hiccup por eso tenía que escribir sobre eso aunque fuera una vex XD yyyy en la segunda parte de los Silbadores te calentará mas, estoy segura u.u
Sin más que decir (creo que sí iba a decir otra cosa, pero la verdad ya se me olvidó :-\) ¡Feliz Navidad y que tengan un próspero y bello año nuevo 2021!
Nos leeremos de nuevo, si todo sale bien, ¡Dios permita!, en Enero –a más tardar Febrero– con la continuación de "Silbadores"
Los quiere FanNeurtex.
