Disclaimer: BNHA y sus personajes, no me pertenecen.

Summary: Desde el momento en el que la pregunta de "¿Tienes alguna fantasía?" se escuchó saliendo de los labios de Ochako, Katsuki supo que aquello no acabaría bien / Historia escrita para la actividad del "NSFW Kacchako Week".

Aclaratoria: Ésta es una obra propia y todos los derechos son reservados.

Modo de lectura: Todos los capítulos están relacionados pero el modo de leerlo, está preparado de tal forma que los títulos de cada capítulo, indica el verdadero orden de lectura. ¡Rompecabezas!

Advertencia: Contenido NSFW (no safe for work) o contenido sexual explícito. Lean bajo su propia responsabilidad.

Notas: Cada Capítulo está inspirado en una canción en particular, el cual está indicado en el título del mismo / Dark Side – Bishop Briggs.


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CAPÍTULO 2 – Lado Oscuro.

(Día 6 – Fetiche con ropa)

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Uraraka Ochako había sido novia de Midoriya Izuku por, al menos, un semestre; el joven de verdosas hebras enruladas y mirada pecosa era no sólo su compañero, también era su mejor amigo y aunque ella esperaba que las cosas sean maravillosas a su lado como pareja, se encontraba a sí misma descubriendo que todo era… Demasiado perfecto. Incluso para ella.

Izuku era dulce, trataba de pasar tiempo con ella y hacían cosas juntos. Sus besos eran tranquilos, suaves, como si temiera romperla con el sencillo hecho de arrimar sus labios a los ajenos; incluso cuando hicieron el amor por primera vez, él temía lastimarla y ella no se sentía en la confianza de pedirle más a sabiendas que ella buscaba más. Mucho más.

Terminaron a finales de junio y con los mejores términos, después de todo, eran mejores como amigos que como novios y ambos lo sabían. Seguían saliendo juntos, estudiaban y entrenaban juntos y las personas los seguían viendo como pareja.

No fue sino llegado el otoño que Mirodiya comenzó a salir con Todoroki Shoto y que todos comprendieron que ella era más que nada, su mejor amiga.

―Sin duda, Deku-kun es todo un semental, ¿eh? ―Dijo Mina una vez que todas las chicas del 2-A se encontraban haciendo pijamadas en la habitación de Yaomomo―. Primero con Ochako y ahora con Shoto. ¡El callado come doble, no me lo nieguen!

Todas comenzaron a reír ante sus ocurrencias, incluida Uraraka aunque sabía que Deku no era de esa clase de chicos que le daban prioridad al sexo; Izuku era más romántico, amaba como un niño y no parecía estar muy interesado en lo carnal, quizá por eso lo suyo con Shoto funcionaba tan bien, ambos eran ciertamente parecidos.

Ochako, por otra parte…

Aún podía recordar el día en el que halló aquel manga hentai limpiando su salón después de clases; tenía grabada en la mente las posiciones, el cómo el hombre de la historia ahorcaba y golpeaba las nalgas de la muchacha, jalaba su cabello, mordía su piel y con violencia, la penetraba haciéndola rogar por más.

Y luego estaba el recuerdo de Bakugo en la lavandería, sin camisa, con el rostro sonrojado, sus grandes y musculosos brazos cruzados sobre su pecho firme, su vello corporal recorriendo bajo su ombligo hasta perderse de sus ojos, por debajo de su ropa y aquel aroma a fogata que la encendió peligrosamente. Imaginarlo a él haciéndole todo lo que estaba descrito en el manga, que la pusiera de cuatro, que abriera sus nalgas y mordiera su piel, que azotara su trasero con su gran palma, que la penetrara con fuerza al tiempo que la ahorcara… Toda la seguidilla de fantasías que se agolpaban en su interior, la hacía mojarse por las noches y en más de una ocasión, acababa masturbándose, mordiendo la almohada boca abajo mientras se metía su consolador a su interior, imaginándose que era el pene duro y grande del explosivo joven de dieciséis años.

No, ella estaba mal. Ella estaba enferma. Tenía un lado oscuro que no se animaba a admitir ni siquiera con sus amigas.


Bakugo entrenaba con sus compañeros como solía hacerlo por las tardes, después de clases y contra todas las protestas de Kaminari y Sero, él los obligaba a entrenar, quizá no por ellos, si no por sí mismo porque él debía ser mejor que todos, mejor que el idiota de Deku. Sus compañeros y amigos eran su excusa para entrenar, porque sabía que era mejor combatiendo con quirks reales y no en la cancha de simulación que contaba el predio.

Combate con quirks en el gimnasio de la UA. 16hs.

Bakugo hacía pareja con Kirishima y ambos enfrentaban a Kaminari y Sero, su equipo iba ganando dos encuentros y aún faltaba dos más para determinar a los ganadores de aquella tarde. Estaba concentrado, no existía nada más que estrategias bien calculadas y programadas en sus cavilaciones; su cuerpo se movía con agilidad, tan rápido que incluso los rayos de Denki no logaban penetrar su barrera de explosiones. Todo iba de acuerdo a su plan, no había modo que perdiera aquel encuentro amistoso.

Pero entonces, ella pasó.

Con su falda corta y tableada de color naranja, ombligo a la vista, piernas gruesas corriendo mientras tanto su cabello como su falda se movían a su ritmo. El uniforme de porrista en Ochako fue la razón que permitió que Sero lo capturara con sus cintas y lo echara por el suelo.

Esa maldita mujer con su maldito traje de porrista lo terminó mandando a la enfermería.

―¿De verdad te sientes bien? ―Volvió a preguntar Kirishima sentado frente a él, observándolo con preocupación genuina en sus rojizos ojos.

Los cuatro estudiantes de la 2-A yacían en la enfermería porque Bakugo acabó con heridas menores a consecuencia de un fallo en los cálculos, según lo había dicho cuando sus amigos lo socorrieron del suelo. Estaba molesto, avergonzado y humillado. Él nunca perdía batallas con sus compañeros, nunca había pisado la enfermería por algún mal movimiento a la hora de entrenar, siempre se caracterizó por ser muy precavido con sus calentamientos previos al entrenamiento, cuidaba su alimentación y horas de sueño para que nada le ocurriese durante las batallas que lo acabaran dejando en una camilla de enfermería.

Como tal era el caso.

Bakugo yacía acostado en una camilla con una compresa de hielo en la frente mientras la vieja enfermera del instituto aplicaba su quirk en su brazo con marcas de raspones. Sero seguía disculpándose con él y Kaminari no podía contener la risa, añadiendo aún más enojo en él. Su mano libre se cerró en un puño para activar su quirk mirando amenazadoramente a Denki.

―¡¿Quieres morir?! ―Ladro Bakugo.

―¡Lo siento, viejo! ―Kaminari seguía riendo sosteniendo su abdomen―. Es sólo que todas las veces que entramos, nunca te pasó esto. Vamos, es gracioso.

―¡Te haré explotar, idiota eléctrico!

―Ya, ya ―habló la enfermera―. Dejen descansar a Bakugo-san.

―¡No necesito descansar! ¡Necesito entrenar, mierda!

―Nada de griteríos en mi oficina ―amenazó la anciana mujer. Los amigos de Bakugo se despidieron con un asentimiento de respeto a la enfermera, dejándolo finalmente solo con la mujer―. Tu cuerpo necesita reponerse. No seas terco.

La puerta de la enfermería se abrió y la atención del estudiante como de la funcionaria pasaron a la recién llegada y la razón por la que Bakugo estuviese en esa camilla en primer lugar: Uraraka Ochako.

―Recovery Girl, lamento molestarla ―dijo la joven ingresando. Katsuki notó que una de sus rodillas estaba raspada y con una fina capa de sangre en ella―. Tuve un accidente entrenando con las chicas.

―¡Oh, es verdad! Están preparando su número artístico para el festival de talentos, ¿no es así? ―Ochako asintió con una gran sonrisa a la mujer―. Vaya, al parecer, hoy tendrás compañía, Bakugo-san ―comentó divertida Shuzenji Chiyo alejándose del muchacho.

Ante la mención del explosivo estudiante, Ochako pareció reconocerlo entonces, hallándolo sentado en la camilla. La joven castaña se acercó a él con una sonrisa que él respondió sólo con un chasqueo de lengua. Ella no parecía importarle, de hecho, se ubicó en la camilla vecina a la del joven con cuidado, puesto que tenía la rodilla raspada con una capa de sangre cubriéndola.

―Sin duda el baile también es un deporte de cuidado, ¿no? ―Comentó Recovery Girl. Ochako se encogió de hombros.

―Tengo dos pies izquierdos para el baile, eso es todo ―respondió apenada, causando gracia en la mujer mayor.

Shuzenji aplicó un poco de agua oxigenada sobre la herida, desinfectándola; su quirk fue activado posteriormente y cuando lo consideró oportuno, Recovery Girl colocó con cuidado una gasa sobre la zona afectada.

Bakugo observaba a Uraraka siendo curada por la enfermera, veía sus expresiones de dolor mientras era tratada por la mujer y le gustaba el modo en el que su pequeña cejas se juntaban al fruncirse; Ochako tenía una belleza singular, no podía negarlo, tenía aquel rostro aniñado, angelical pero su cuerpo parecía despertar más de un pensamiento oscuro en los demás. Ella pareció notar su mirada por lo que volteó a verlo, él no pudo huír a tiempo, no pudo evitar su mirada, no le restó más que observar la curva de sus labios al dedicarle una sonrisa. Deja de hacer eso pensó para sí. No podía verla con esa sonrisa mientras portaba aquel diminuto traje de porrista. Su enojo se acentuó aún más.

―Listo, ya sólo espera un momento para volver a moverte ―dijo Recovery girl y acercándole unos medicamentos, se lo tendió en su mano―. Es para el dolor.

―Gracias ―respondió la joven.

La heroína sanadora se alejó hacia su escritorio para sentarse, dejando a los jóvenes en sus respectivas camillas. Las mamparas de tela ocultaban la vista de la enfermera sobre ellos, por alguna razón, esa idea comenzaba a generar cierto placer en él porque todo lo que hacía era observar a Ochako con su traje de porrista y el hilo de pensamientos que despertaba su ropa era cuestionable.

―¿Cómo te lastimaste, Bakugo-kun? ―La voz aniñada de Ochako lo sacó de sus cavilaciones, él frunció su entrecejo para responder

―No es tu puto problema. ―La vio encogerse de hombros y posteriormente, intentó acomodarse en su camilla, parecía buscar una mejor posición y es que la comprendía, esas camillas eran todo menos cómodas. En su intento por buscar una posición conveniente, la piel lastimada pareció estirarse bajo la gasa, haciéndola fruncir sus labios ante el dolor―. Deja de moverte, te harás daño.

La de hebras castañas detuvo su movimiento al escuchar sus palabras, ella no esperaba recibir nada viniendo de él, mucho menos algún indicio de preocupación. Él pareció notarlo, apartó la mirada de ella, cruzándose de brazos deprisa aunque no contó con que tal movimiento despertara una corriente de dolor en su cuerpo. La misma expresión de dolor se coló a las facciones varoniles del joven y Ochako lo notó.

―Tampoco deberías de moverte demasiado ―comentó ella con una sonrisa divertida.

―¡No me des putas órdenes! ―gruñó. Ella enarcó una ceja sin borrar su expresión.

―¿O qué? ―Directo, certero, sorpresivo. Él la miró y ella no supo cómo sostenerle la mirada. Sus palabras fueron más rápidas que su pensamiento y sus mejillas lo dejaron en claro cuando comenzaron a colorearse―. Quise decir… Yo…

Sonrojada, mordiéndose el labio inferior, apretando sus manos sin saber qué decir. Ochako enfundada en aquel uniforme que lo volvía loco, estaba harto de que, cada vez que ella ponía esa cara, sus entrañas ardieran. Sentía unas ganas imperativas de voltearla y apresarla contra el escritorio de la enfermería, bajarle las bragas y ver aquel trasero ante él, vestida en ese uniforme naranja que lo ponía cada vez peor.

Y ella lo notaba.

Los ojos de Ochako vagaron hacia su compañero, éste parecía tener una mirada distinta en sus rojizos ojos cuando se fijaba en ella; el fuego en su mirada se volvían como braza ardiente, como si centellaran al observarla, su quijada apretada remarcaba aquel perfil en su rostro que la hacía desear acariciar. Ella fue bajando su mirada por el cuerpo de Katsuki hasta que un bulto comenzaba a notarse en su entrepierna. Su sonrojo aumentó y su mirada regresó a la rojiza ajena.

Quiero sentirlo.

Quiero sentirla.

Ambos tenían aquel lado oscuro despertando en su interior cuando se veían, cuando se deseaban de un modo que ninguno de los dos entendía. Ella bajó de su camilla con cuidado al tener la rodilla aún lastimada, él seguía sus movimientos con cautela hasta que la vio apoyando una mano en su muslo cerca de su rodilla y su erección se volvió aún más notoria hasta adolecerle los testículos.

Él llevó sus manos a su entrepierna para cubrirla, estaba avergonzado, nunca antes le había pasado algo así, mucho menos frente a otra persona. Sintió la mano de Ochako subiendo por su muslo, acariciando su piel por sobre su traje, sentía la garganta seca y el sudor en su piel aumentó violentamente tanto como la erección bajo sus pantalones.

―Uraraka… ―Amenazó pero ella sólo sonrió en respuesta. Estaba jugando con él, lo sabía pero a pesar de ello, le gustaba verla provocando de ese modo.

Ella dejó de acariciarlo, de hecho, se alejó de él y volteándose, entregándole la vista de su espalda, se encaminó lejos suyo y con lentitud a consecuencia de su rodilla lastimada. La escuchó despidiéndose de la enfermera antes de dejar la sala de la enfermería. Bakugo no apartó su atención del contorneo de sus caderas y del vuelo de su corta falda, con una mierda, ver el modo en el que sus grandes muslos se movían y agitaban su trasero empeoraba la erección en él.

Maldijo todo lo que conocía porque la mujer había empeorado la situación de sus pantalones ajustados, apuntando al techo de la sala como una maldita carpa de circo.

Necesitaba salir de allí.


Después de que Uraraka dejara la enfermería, Bakugo la imitó encaminándose a su propio cuarto. Era alrededor de las siete de la tarde cuando llegó a los dormitorios, ya todos deberían de encontrarse en la cocina cenando para su suerte porque encontrarse a alguien en esos momentos no era lo más cómodo del mundo, no con el cuerpo sudoroso y los testículos doliéndole por la erección contenida por tanto tiempo. Odiaba a Uraraka, ella fue la causante de todo, aún podía ver la diversión en sus ojos cuando tocó su pierna y fue subiendo a su muslo, su tacto estaba peligrosamente cerca de su entrepierna y eso sólo empeoró todo.

Seguía maldiciéndola en su interior mientras apuraba el paso hacia su cuarto, ni siquiera tenía hambre, no le importa no cenar con tal de llegar a su cuarto y darse una ducha helada que ayudara a bajar la tensión en su cuerpo. No fue sino llegado a su puerta que reconoció algo peculiar a sus pies: una pequeña bolsa de papel aguardándolo.

Frunció su entrecejo sin entender qué significaba aquel detalle, no dudó en estirar su mano y tomar la bolsa con fuerza, lo abrió de un tirón, la paciencia nunca fue una virtud suya. Y una vez que sus ojos reconocieron lo que habitaba el interior de la bolsa, comprendió que la pureza de pensamiento era otra virtud carente en él.

Tanto sus mejillas como su pene volvieron a alborotarse con el retazo de tela que tenía oculto en la bolsa.

―¡Hey, Bakugo! ―La voz de Kirishima lo obligó a llevar la bolsa contra su frente, intentando ocultar el prominente bulto en sus pantalones. El pelirrojo se acercó a él animosamente, venía acompañado de Kaminari en cuya boca aún reposaba un pedazo de manju―. ¿No bajarás a cenar?

―Olvida los manjus, me los terminé ―dijo Denki enseñándole su boca.

―No tengo hambre ―respondió para abrir su puerta.

―Pero… ―Denki trató de insistir, mas la puerta cerrándose ante ellos, fue la respuesta clara a su persistencia.

Bakugo cerró con llave la puerta, escuchó los pasos de sus compañeros alejándose y sólo entonces, cuando confirmó que no había nada que le impidiese disfrutar de la intimidad, regresó su atención a la bolsa de papel en sus manos. Introdujo sus dedos a su interior y sacó el maldito uniforme de porrista que Uraraka llevó puesto hace un momento atrás. Una sonrisa se escapó de sus labios, no se molestó en disimular la satisfacción que recorría su cuerpo al sentir cómo su pene volvió a endurecerse aún más. La presencia de una nota entre la tela del conjunto sólo consiguió que dejara escapar una risa desde lo profundo de su ser. Esa mujer estaba loca.

Todos tenemos un lado oscuro.

―Pequeña tonta ―susurró, acercando las prendas a su rostro, aspirando el aroma que éste traía. Olía a fresa entremezclado con la esencia a sudor que su suave piel desprendía. Podía traerla a su mente con el sólo hecho de apegar la tela del uniforme contra su rostro.

Percibía su perfume como su sudor, una mezcla dulce que lo obligó a dirigir su propia mano hacia el cinturón de su traje, quitándoselo con prisa, desabotonó sus pantalones y bajándoselo, sintió cómo su ropa interior se estiraba ante su pene erecto, forzando la tela. Su mano recorrió el camino hasta la punta de su pene y con su dedo, trazó círculos en extremo de su glande, estaba húmedo, su pre-semen había manchado su ropa al sentir el aroma de Ochako.

Se deshizo por completo de su ropa y una vez desnudo, acudió al baño con la prenda de la muchacha, seguía percibiendo su aroma mientras su mano derecha, aliviaba la tensión en su hombría dando masajes suaves que fueron concentrándose en sus testículos.

Podía sentir a Ochako, podía sentir su cuerpo cálido cuando aspiraba su sudor, cuando aspiraba su esencia y al cerrar los ojos, la veía frente a él, podía engañarse con ese pedazo de tela que lo llevaba de regreso a la enfermería, fantaseando con tener frente a él a la joven de cabellos castaños.

Sí, podía imaginarla, podía sentirla, podía…

Emitió un gemido al sentir que el climax llegaba a él acelerando su mano sobre el duro pene que a cada sacudida, iba acercándose más y más al orgasmo. Dejó caer la cabeza hacia atrás cuando su semen salió disparado de él hacia el lavabo, repasando de nuevo la imagen de Ochako. La imaginaba dándole la espalda con la falda subida hasta enseñar su gran y bello trasero, su vagina húmeda y chorreante al igual que sus labios pidiéndole porque la hiciera suya, porque la penetrara con fuerza, rogándole que se lo metiera hasta el fondo, sentirlo moverse en su interior.

Su pene seguía duro y él seguía masturbándose, su líquido seguía desprendiéndose de la punta y él sólo pudo morder el uniforme de porrista al sentir que otra carga grande se aproximaba. Se vino en su mano, salpicó el piso y parte de las cortinas de la ducha pero no le importó, él seguía consciente que estaba cogiéndose a Uraraka Ochako en ese bendito traje de porrista.

Era un maldito enfermo, tenía un problema con ese uniforme de porrista, lo sabía pero ella había despertado algo en él, algo que no creía que estuviese allí y algo que le encantó descubrir que ella también poseía.

Un lado oscuro.