Nico esperó pacientemente en la habitación entre las raíces del árbol que usaba como dormitorio, esperaba que esto se solucionase momentáneamente y todo volviese a la normalidad, que su madre volvería a ser la hembra feliz y tranquila que él había conocido, pero en el fondo sabía que eso no sería posible, ya nada volvería a ser como antes, su madre se había convertido en un monstruo y lo había desechado.

El canario estaba sentado en la cama de paja, llorando en silencio por lo todo lo que le pasaba por la cabeza, sintiendo como si su cuerpo se quebrara, provocando un agujero en el centro de su pecho por que que su corazón caía.

Nico saltó asustado repentinamente al ver una sombra sobrevolar el nido, era su madre, quien había entrado en el nido dándole la espalda, Nico esperó un par de minutos, con la inútil pero infantil esperanza que poseía en su interior, de que su madre volviese a ser normal y lo abrazase una vez más como lo había hecho hasta ahora, pero no ocurrió, su madre no salió para recibirlo cariñosamente, se quedó dormida, bueno, más bien desmayada por todo el alcohol que había estaba desolado, comprendía perfectamente que se había quedado solo y que tendría que apañárselas por sí mismo.

Nico alzó el vuelo, queriendo alejarse de allí en dirección a la ciudad, notó como las lágrimas de agua caliente salían de sus ojos e intentó calmarse, pero no pudo y la agitada respiración estaba empezando a dificultarle la respiración, Nico decidió aterrizar en una caja del mercado de frutas para descansar y poder desahogarse, estaba cerca de un puesto de frutas que empezaba a prepararse para vender su mercancía. Nico empezó a llorar, ahora un poco más alto, pero asegurarse de no llamar la atención de ningún pájaro, no quería que nadie se le acercase.

A unos metros de allí había un par de humanos.

-Julia.- dijo Un hombre moreno, algo gordo y con bigote y pelo corto rozado negro.- Traeme la caja de papayas para poder ponerlas en los estantes.

-Por supuesto papá.- contestó una joven de piel crema y pelo negro, largo y liso que vestía una camiseta blanca con unos vaqueros azul cielo, tapados por un mandil blanco con el nombre del puesto de frutas que ella y su padre estaban preparando para comenzar un día más de trabajo.

La chica se dirigió a las cajas, encontrando a Nico encima de una de ellas, lo notó temblando y nervioso, Julia sintió pena y acercó la mano al pequeño pájaro, Nico saltó al notar que alguien tocaba su espalda y se giró, vio a la humana, que para el tamaño de un pájaro como él imponía bastante, lo que hizo que se quedara paralizado.

-Tranquilo, no voy a hacerte nada.- Nico miró a la hembra con sus ojos llorosos.- eres muy pequeño...¿te has perdido?- Nico bajó la cabeza, y de alguna forma la chica interpretó su gesto.- Tú tampoco tienes mamá...- Nico alzó la cabeza extrañado,¿podía una humana comprenderlo?¿saber como se sentía?- ...mi madre también murió hace tiempo, espera aquí.- Nico observó como la chica limpiaba la mesa del puesto de frutas recogiendo con la mano para volver a su ubicación dejando un montón de semillas frente a él.- Come lo que necesites, y si tienes hambre, puedes venir cuando quieras, en el mercado siempre hay alguien trabajando.-

Nico sonrió y se sintió un poco mejor, la chica notó esto y se alegró por el polluelo, se giró y regresó al trabajo.

-¡espera, mamá!-

Nico se paralizó por lo que él mismo dijo... y de nuevo se sintió completamente solo ¿por qué llamó así a la humana?.Se abría quedado preguntándose eso toda la tarde de no ser porque su estómago gruñó por la necesidad de comida, Nico comenzó a comer las húmedas, blandas y frescas semillas que habían sido desgranadas de las frutas antes de venderlas en aquel és de desayunar se sintió un poco mejor y decidió dar una vuelta por la zona del mercado, encontró un callejón bastante limpio e iluminado, en el que había aves con sus observó escondido tras una caja, estuvo mirándolos durante un rato hasta que una cría de pájaro azul, de más o menos su misma estatura lo encontró.

-Hola.- dijo la niña.

Nico la observó, era una hembra de martín pescador con ojos verdes.

-h...hola...- dijo Nico tímidamente sin mirarla a los ojos.

-Soy Diana...¿y tú?-

-Nico.-

-¿quieres jugar con nosotros al escondite?-

Nico dudó un poco, miró hacia atrás a las hembras jugando con sus hijos, los demás polluelos se estaban divirtiendo, parecía un lugar tranquilo y feliz, eso lo animó.

-Vale.- dijo Nico volando junto a la hembra para reunirse con los demás pequeños y jugar un poco.

Estuvo unos minutos jugando con ellos, Nico se estaba escondiendo de quien se supone debería buscarlo, estaba tras una caja de cartón cuando vio que el polluelo encargado de buscarle estaba cerca, retrocedió chocando, era extraño, no debía haber nada allí; se giró solo para encontrarse a su madre con una cara de enfado y desprecio.

-¿qué haces aquí?- gritó furiosa.

-Mamá...- dijo el canario, volviéndose a sentir asustado, pequeño y débil.- ¿no estabas en casa?-

-Te he dicho que me dejes trabajar tranquila ¡¿qué haces en la ciudad?!- Beverly, ebria y colérica lanzó a Nico contra una de las bolsas de basura apoyada en una de las paredes de uno de los muchos edificios de la zona, el canario gritó de dolor al sentir como algo se le clavaba en la pata derecha. El grito alertó a los demás polluelos que acudieron a la zona para ver que ocurría acompañados de sus padres, entonces los problemas solo fueron a más.

-¡Beverly!- dijo una hembra de cotorra de ojos amarillos.

-Veo que la gente no me ha olvidado.- se burló la canaria.

-Es difícil hacerlo si te acuestas con nuestros maridos.- comentó despectivamente una madre de periquito australiano azul.

-Si a tu marido no le das de comer en casa tendrá que buscar comida en otro restaurante.-

-Serás z...- la periquito iba a comenzar una pelea con la canaria cuando el ala de una guacamaya roja de ojos negros la tapó el pico.

-No lo hagas Liz.- dijo la guacamaya.- no merece la pena...aquí no.-

Beverly miró al grupo de hembras, dispuestas a atacarla si es necesario.

-Vayámonos Nico.- ordenó Beverly con un tono de amenaza.- Luego hablaremos en casa...- Nico notó la ira de su madre en esa última frase, sumiso y aterrorizado alzó el vuelo para marcharse de allí.

Nico volvió a su casa donde se quitó el trozo de cristal que se le había clavado en la pata antes de que su madre le agarrase de la cabeza y lo golpeara con fuerza un par de veces contra el tronco del árbol, provocando que sangrase por el pico; después le puso la zancadilla, provocando que cayese al suelo y por último le pisó con una pata en el estómago, para después volar de nuevo al nido, dejando a Nico recostado en la tierra, encogido y sujetándose el estómago.

-Búscate otro sitio para dormir ésta noche enano, ya me has causado suficientes problemas por hoy.- dijo la hembra de canario antes de introducirse en el nido.

Nico se arrastró hacia su cuarto el la zona baja del árbol y se dejó caer en el agujero, no tenía fuerzas para levantarse del suelo y comenzó a llorar hasta quedarse dormido por el dolor de cabeza provocado por su llanto.