Capítulo 15: El gran baile de Navidad

Desde los acontecimientos desatados por la última luna llena las cosas habían cambiado mucho por el Castillo.

Alison, Lily y Sarah al fin se habían reconciliado y volvían a ser las de siempre, casi como si nada hubiera sucedido entre ellas. Aunque, a decir verdad, todo el mundo confiaba en que tarde o temprano el esperado acercamiento se habría acabado produciendo, por lo que no resultó ser una noticia del todo inesperada.

Lo que sí suponía una novedad es que desde aquel día, las chicas y los merodeadores compartían más tiempo del habitual. A menudo se los podía ver sentados unos al lado de otros en el Gran Comedor o incluso compartiendo algunos descansos entre clases en los patios de la alumnos empezaban a pensar que alguien había echado algo tóxico en el agua, incapaces de creer que ambos grupos compartieran el mismo espacio sin improperios y maldiciones de por medio.

No obstante, Lily seguía sin poder ni ver a Sirius. Había acabado aceptando la estrambótica relación que él y su amiga mantenían pero, eso no significaba ni mucho menos que el muchacho tuviera que gustarla o caerle bien.

Aunque, para ser sinceros, a pesar de ello, tenía que reconocer que el moreno era una persona completamente desconocida cuando le veía interactuar con Alison. Atento, cariñoso, educado e incluso…¿romántico?. Era como si durante esos momentos el verdadero Sirius Black se evaporara, perdiera su esencia y alguien, que era mucho mejor persona que él, ocupara su cuerpo. Lily se planteaba a menudo que en caso de estar fingiendo, el chico era un actor realmente formidable, pero, si de algo estaba segura era de que nunca le había visto comportarse de esa forma con nadie.

Y, en relación a Potter... Potter la confundía sobremanera. Había sido tan humano con ella en sus últimos encuentros que empezaba incluso a tolerarle. Por supuesto, no eran amigos y no lo serían nunca, pero, el odio y rabia acumuladas que hasta entonces le había provocado parecían haberse disipado casi por completo. Aún así, sabía en lo más profundo de su corazón que había algo que jamás podría perdonarle, y eso era su comportamiento con Severus y los malos ratos, lágrimas e inseguridades que habían causado sus palabras y burlas en el Slytherin.

Sin embargo, a pesar de todo, Remus era su amigo y ahora también lo era de Sarah y Alison, y Peter había sido encantador con todas ellas desde que ambos grupos se habían acercado. Por ello, aunque una parte de ella le decía que lo mejor era seguir como hasta ahora y evitar a los merodeadores a toda costa en la medida de lo posible, otra parte le recordaba constantemente que esa amistad, sumada al hecho de que una de sus amigas tenía una casi relación con uno de ellos y la otra estaba enamorada hasta el tuétano de otro de los muchachos, hacía que tomar el primer camino no fuera lo más recomendable.

Y fue por eso que prefirió ceder a los deseos de sus amigas, más aún después de lo que había sucedido con Alison. Si había algo que tenía claro era que no volvería a interponerse nunca pues, al fin entendió que no era quién para hacerlo.

Las personas eligen su camino, más o menos acertadamente, quizás se caigan mil veces o quizás ninguna, pero no somos quien para tomar decisiones por los demás, son ellos los que deben asumir las consecuencias de las decisiones que tomen.

- ¿Y bien? ¿Irás al baile con él? - preguntó en voz alta Sarah interrumpiendo por completo sus pensamientos.

Alison agitó enérgicamente la cabeza de sentido negativo.

-Ni loca, una cosa es que la gente nos vea besarnos por los pasillos de vez en cuando y otra muy distinta que me presente con él en plan formal delante de toda la escuela- explicó en respuesta la rubia mientras pasaba el pincel del pintauñas por la última de las uñas que le faltaba por colorear.

-Igual no soy la mejor para dar consejos amorosos pero si te ha pedido que vayas al baile con él igual es por algo, no sé deberías darle un par de vueltas, Ali. Además, no os separáis ningún solo segundo y ambos habéis dejado de ver a otras personas, ¿No te da eso una pista de lo que está sucediendo entre vosotros? - preguntó Sarah con desesperación agitando los brazos tratando de hacerle entender a su amiga que lo que pasaba entre ella y el moreno no era muy normal en una relación sin compromiso. Por un momento, incluso pasó por su cabeza la tentadora idea de golpearla con el libro de Historia de la Magia para ayudarla a aclararse las ideas.

-Sé lo que puede parecer pero, la realidad es que no puedo arriesgarme a tener nada serio con nadie y vosotras sabéis mejor que nadie por qué. Sólo somos amigos que se divierten de vez en cuando como si fueran algo más que eso- zanjó mientras soplaba el esmalte, aún algo húmedo, que cubría sus uñas.

-Si tú lo dices...- finalizó Sarah escéptica sin creer ni tan siquiera una de las palabras de su amiga- Pues dado que ninguna de nosotras tiene pareja, supongo que podemos ir como grupo- propuso dejando escapar un suspiro pensando en cuánto le gustaría haber tenido la valentía para pedirle a Remus Lupin que fuera al baile con ella.

-En realidad, chicas...- intervino Lily que hasta ese momento había permanecido callada sumida en sus propios pensamientos - Amos se acercó a mí en la biblioteca y me pidió ir con él - confesó tímidamente ante la incrédula mirada de sus amigas que rápidamente fue sustituida por amplias sonrisas surcando sus rostros.

-¡¿Qué?! ¡¿Y cómo no nos has dicho nada hasta ahora?! - exclamó Alison emocionada perdiendo por completo el interés que le había suscitado hasta ese momento su impoluta manicura, mientras se levantaba de un salto y se sentaba junto a su amiga en la cama.

-La verdad es que me pilló totalmente desprevenida, pensé que después de nuestra desastrosa cita no querría volver a verme en los próximos 2000 años pero, parece que es más valiente e inconsciente de lo que pensaba - explicó algo colorada.

Ciertamente haberla visto gritar esas cosas tan horribles a su amiga no habría sido plato de gusto para él. Lily tenía bastante claro que la imagen de ella que se había formado el rubio en su cabeza había quedado hecha trizas tras la discusión en Hogsmeade pero, por alguna razón desconocida, no fue así. Él continuó sonriéndole cada vez que se cruzaban por los pasillos, e incluso se había acercado a ella cuando Alison estaba en el hospital para ofrecerse a ayudarla en lo que pudiera necesitar. ¿De dónde demonios había salido ese chico? ¿Podía ser alguien realmente tan bueno? Y de serlo...¿Se merecía ella a alguien como él?.

-En ese caso, acabemos de convencerle del todo, ¿puedo maquillarte y peinarte para el baile, para que en cuanto te vea se muera de ganas de besarte? Por fi por fi por fi - suplicó la rubia emocionada juntando las palmas de las manos.

Lily puso cara de pavor al principio, pero, finalmente, acabó aceptando al ver lo emocionada que estaba su amiga por poder ayudarla.

No es que odiara el maquillaje o los productos de belleza, simplemente se sentía segura dentro de su zona de confort consistente en lápiz de ojos negro, un toque de rubor melocotón y bálsamo labial con color rosado. A decir verdad, tampoco es que le hiciera falta mucho más, pues, tenía ese tipo de belleza tan característica y llamativa en la que el maquillaje no era más que un ligero complemento para resaltar sus rasgos ya del todo inusuales. Desde sus grandes ojos esmeralda hasta su piel cremosa y blanca como la nieve, en contraste con el color rojo fuego de su cabello, poco había que no llamara la atención de Lily Evans. Te podía gustar o no hacerlo, pero por mucho que ella lo intentara, lo que estaba claro es que no pasaba desapercibida.


-¿Y bien? ¿Qué estrategia piensas seguir hoy para que mi prima te de calabazas, quiero decir, para que vaya al baile contigo? - preguntó James divertido haciendo un gesto de cabeza para señalar a la rubia que desayunaba en la mesa de Gryffindor unos puestos más a la derecha junto a sus amigas.

Ante el ingenioso comentario del castaño, Peter no pudo evitar escupir los cereales y Remus darse la vuelta para ocultar la sonrisa que se había dibujado involuntariamente en su rostro.

-Ja ja ja eres realmente gracioso James, de verdad, olvida lo de ser Auror, como humorista serías la hostia sin lugar a dudas - gruñó el moreno en respuesta haciendo una mueca - pero, a decir verdad, no he visto que vayas acompañado al maldito baile tú tampoco, ninguno de vosotros en realidad -añadió señalando alternativamente a Peter y Remus que, automáticamente, borraron las sonrisas de sus caras.

Sirius se había pasado la semana persiguiendo a la rubia por el castillo tratando de convencerla de que fuera con él al baile sin éxito. No acababa de entenderlo, tal y como él lo veía, ya pasaban juntos la mayor parte del día, qué más daba ir juntos al baile si ya toda la escuela sabía que pasaba algo entre ellos. Siempre había pensado que él era el eterno alérgico al compromiso, pero lo de Alison Potter, era otro nivel sin lugar a dudas.

-Si te sirve de consuelo yo tampoco tengo pareja - intervino Caroline haciendo pucheros mientras apoyaba su cabeza en el hombro de Sirius.

-¿Qué? ¿Cómo es posible?- chilló Peter boquiabierto mientras sus amigos acompañaban las palabras del muchacho de miradas escépticas.

-Lo siento pero no me lo creo, Carol - espetó James a la espera de una explicación ante tan inverosímil confesión.

Es decir, Caroline era guapa, increíblemente guapa de hecho. No era precisamente el tipo de chica que iba sola al baile, más bien era de las que tiene que decidir entre decenas de invitaciones de muchachos deseosos por ser los elegidos.

-Yo podría decir lo mismo de vosotros - replicó sacándole la lengua al castaño- además, la única persona con la que quiero ir al baile ya tiene pareja así que… prefiero ir sola- explicó con tristeza bajando la mirada.

-No vas a ir sola, te vienes conmigo - contestó rápidamente Sirius levantando la barbilla de la chica para a continuación darle un golpecito cariñoso en la nariz y de esa forma hacerla sonreír.

-¡Oyeeee! no es justo, yo también quería ir con ella - se quejó con James - ¿Por qué no vas tú mejor con Liss, Remus que vaya con Violet, a Peter le conseguimos una cita y yo voy con Carol? - propuso James esperanzado.

-Ni loco, además, ¿tú qué sabes si sus amigas tienen ya pareja?, ni qué estuvieran esperando impacientes a que don mecreolaultimacervezademantequilladeldesiertopotter les pidiera salir - replicó Sirius poniendo los ojos en blanco ante la manifiesta arrogancia de su amigo.

James dejó escapar una carcajada.

-No creas ni una palabra Carol, se está intentando hacer el sensible para que lo elijas a él - explicó mirando desafiante a su amigo.

-Lo dices como si hubiera nacido ayer, James - río Caroline - además, Liss claramente discreparía contigo, Pepito Grillo, dejaría plantado a cualquiera con tal de que Sirius la pidiera ir al baile con él - resopló con fastidio la castaña mientras alborotaba el cabello azabache de Sirius.

A decir verdad, Liss hacía tiempo que solo tenía ojos para Sirius. Salía con más chicos pero, lo que realmente anhelaba con todo su corazón era que lo que sentía por el moreno en algún momento se volviera algo recíproco. No obstante, Sirius era consciente de esta situación y por ello, se había negado en rotundo a tener nada con la muchacha y en consecuencia, mantenía las distancias. No porque no fuera guapa o atractiva, sino porque eran amigos y no quería estropear las cosas entre ellos. Una cosa es que tuviera encuentros casuales con múltiples chicas con las que después de eso no volvía a hablar en la mayoría de los casos y, otra muy distinta, que eso sucediera con una amiga. No quería hacerle daño ni mucho menos romperla el corazón pero tampoco ser su novio. No arriesgaría la amistad que los unía por un par de besos. Quizás habían estado algo distanciados desde que había empezado el curso, pero eso no cambiaba nada, aún la tenía cariño y seguía considerándola una buena amiga.

-Por eso mismo es una idea terrible, lo siento mucho pero no le voy a pedir que vaya conmigo al baile ni de broma- zanjó el moreno con firmeza.

-Dejaos de tonterías y vamos en grupo y ya está, ni que fuera el fin del mundo... - intervino entonces Remus aburrido de la conversación mientras soltaba un bostezo.

-De eso nada Remus, tú no vendrás con nosotros, le pedirás a Fawley que vaya contigo -le reprendió Caroline señalándole con un dedo en señal de advertencia.

El castaño tragó saliva y empezó a mover la cabeza en sentido negativo con nerviosismo.

- No seas cobarde, te mueres por ir con ella y es evidente que ella se muere por ir contigo, así que por favor, no lo pienses más, deja de comerte la cabeza y permítete disfrutar por una sola noche, tan solo es un baile... - rogó la chica.

El castaño se quedó pensativo durante unos segundos analizando cada una de las palabras de la muchacha para, finalmente, terminar por aceptar su sugerencia.

El resto de merodeadores asintieron y palmearon la espalda del castaño en señal de ánimo para, a continuación, recoger sus cosas y dirigirse todos ellos a la primera clase del día.


El gran baile de Navidad había sido una tradición en Hogwarts casi desde la fundación de la escuela. En la citada fecha, todo el castillo se vestía de gala como si de un paraíso invernal se tratara. No obstante, la fiesta principal tenía lugar en el Gran Comedor, decorado casi en su totalidad por guirnaldas de hiedra y muérdago que surcaban de un lado a otro del techo de la extensa estancia. Techo que, como de costumbre, había sido conjurado para la ocasión, por lo que mágicos copos de nieve completaban la invernal decoración, creando la fantasía idílica de un jardín helado en el interior mismo del castillo.

Las grandes mesas de madera pertenecientes a cada una de las casas habían sido sustituidas por pequeñas mesas redondas, que enmarcaban la gran pista de baile, iluminada por pequeños farolillos de colores.

No importaba las veces que Lily Evans hubiera visto el Gran Comedor ataviado con esa decoración, cada año la volvía a sorprender y emocionar a partes iguales.

Estaba segura de que ese año sería en mayor o menor medida diferente pues era el primero que acudía con pareja, por lo que estaba especialmente nerviosa, incluso le temblaban un poco las piernas bajo el precioso vestido de gasa verde esmeralda que le había prestado Alison.

El vestido le llegaba prácticamente a los pies y caía suelto sobre su delgado cuerpo ajustándose únicamente mediante una cinta a su cintura. Tenía un ligero escote en pico tanto en la parte del pecho como en la espalda, y las delicadas mangas eran de una tela mucho más delgada que el resto del vestido, dando apariencia de semitransparencia.

Por su parte, el maquillaje era bastante discreto para dar protagonismo al espectacular vestido de gala, a excepción de los labios, en los que llevaba un llamativo labial rojo cereza a juego con su cabello, que para la ocasión estaba ligeramente ondulado y con los primeros mechones trenzados y recogidos en la parte trasera de la cabeza.

-Estás preciosa, Lily - saludó Severus a su espalda, boquiabierto al ver a su amiga con algo más que unos vaqueros desgastados y un jersey tres tallas más grande o con el usual uniforme del colegio.

-Gracias Sev, tú también estás genial - contestó con timidez dándose la vuelta para saludar a su amigo.

-Ni de lejos tanto como tú -replicó mirándola con intensidad. Si habitualmente le parecía la chica más guapa que había visto nunca, esa noche estaba tan preciosa qué habría dejado sin palabras a cualquiera que hubiera tenido la oportunidad de observarla.

-Al final has venido - trató de cambiar de tema ella ante la incomodidad de sentirse fuera de su zona de confort, recibiendo esa cantidad de atención y halagos. No es que no los agradeceria pero, a decir verdad, era demasiado tímida como para poder apreciarlos.

-Si ya sabes, tus amenazas han surtido efecto finalmente - explicó el chico rascándose la cabeza con nerviosismo.

-No eran amenazas, solo incentivos - contraatacó la muchacha haciéndose la ofendida por las palabras de su amigo.

-Decirme que meterías un ingrediente sorpresa en mi caldero en la clase de pociones mientras no mirara... ¿era un incentivo? - preguntó entonces él enarcando una ceja.

-Sabes que no iba en serio, nunca haría algo como eso - replicó la pelirroja algo arrepentida.

-Lo sé - rió dedicándole la mejor de sus sonrisas a la chica, tratando de mostrarle que no estaba ni mucho menos enfadado.

-Pero me alegro de verte aquí - dijo entonces ella golpeando cariñosamente el hombro del muchacho.

-Y yo de estar - reconoció con sinceridad él sin apartar los ojos de ella.

-¿Lily? Madre mía estás...preciosa - interrumpió una voz masculina.

-Amos - pronunció ella dirigiéndose hacia el atractivo Hufflepuff que la esperaba unos pasos más adelante, no sin antes despedirse de Severus al que pidió que le reservara un baile más tarde.

-¿Te he dicho ya que estás guapísima? - preguntó él algo tímido con la voz entrecortada.

-Algo así - bromeó ella con nerviosismo mirando con interés hacia las sandalias doradas que adornaban sus pies - perdona por la tardanza, Alison se ha demorado más de lo que esperaba en esto - explicó bajando las manos de arriba a abajo de su cuerpo haciendo referencia a su vestuario, peinado y maquillaje.

-Pues ha merecido la pena, aunque a decir verdad por volver a bailar contigo esperaría toda la noche si fuera necesario - reconoció con valentía tomando la mano de la muchacha.

No sabía si alguna vez en su vida había estado tan nerviosa como en ese momento. No es que fuera nueva en eso de las citas pero, él era tan encantador y le gustaba tanto que no podía evitar darle vueltas en su cabeza a qué decir en cada momento para evitar meter la pata. Así que simplemente se dejó guiar por la mano del muchacho y le siguió hacia una de las mesas circulares en torno a la cual se encontraban bebiendo y charlando el resto de los amigos del hufflepuff.


Remus Lupin jamás había sido un cobarde pero el acto de valentía que tuvo que realizar para pedirle a Sarah Fawley que fuera con él al baile, fue lo más difícil que había hecho nunca.

Por primera vez en mucho tiempo se sintió completamente vulnerable, ¡Qué tontería! tan solo era una cita con una chica. Con una chica que le gustaba tanto que le nublaba la mente y hacía que dejara de tomar decisiones racionales, acallando las voces de su amueblado cerebro. Pero aún así consiguió hacerlo y para su sorpresa ella dijo que sí.

Y ahí estaba él, con cara de bobo, esperando impaciente junto a las escaleras a que ella al fin apareciera. Y cuando finalmente lo hizo, le dejó sin palabras.

La chica, ataviada con un vestido de gala rojo de satén, bajó las escaleras sin mirarle más que de reojo, contando cada uno de los pasos que daba para evitar caerse con los altísimos tacones que llevaba y a los que no estaba ni mucho menos acostumbrada.

Los finos tirantes del vestido dejaban a la vista sus delicados hombros y la tela se ajustaba a cada una de sus sutiles curvas con elegancia. Por un momento se sintió tonto por pensar siquiera que una chica como esa pudiera estar interesada en alguien como él.

-Creí que los escalones nunca acabarían - resopló Sarah con alivio cuando al fin sus dos pies se encontraban asentados en suelo firme.

-Estás muy guapa, Sarah - la halagó Remus con una sonrisa tímida.

-Tú tampoco estás mal del todo- bromeó la chica en respuesta tratando de destensar el ambiente.

-¿Entramos? - propuso el merodeador tendiéndole el brazo a la muchacha.

Brazo que ella aceptó sin dudar ni un solo segundo pues de no ser así esos malditos tacones que llevaba muy probablemente la harían tropezar con las losas de piedra del suelo del pasillo.

El tacto del chico era increíblemente cálido, incluso podía notar el calor a través de la tela del traje que portaba, casi podía sentir el tacto de su piel.

Su corazón latía mucho más rápido de lo habitual, ¿es que acaso podía estar más nerviosa de lo que ya estaba?. Por un momento, incluso se reprendió a sí misma al pensar que si no lograba tranquilizarse, él podría incluso escuchar los latidos de su corazón. ¿Qué demonios le estaba haciendo Remus Lupin y por qué la volvía tan irracional?.


Si la decoración del Gran Comedor era increíble, la de los jardines del castillo no se quedaba atrás pues habían sido adornados con bonitas fuentes, bancos labrados y cientos de rosales plagados de rosas blancas en conjunción con la blancura de la nieve que inundaba el paisaje.

Y justamente allí se encontraba Alison Potter, sentada sobre uno de los bancos cuando la encontró Sirius que, hacía tiempo que se preguntaba dónde diablos se había metido la muchacha, dado que no la había visto por el baile desde que él había llegado.

-Estás aquí - constató con obviedad mientras se acercaba y se sentaba junto a ella en el banco.

La muchacha miraba hacia el horizonte incorruptible, serena.

-Si, vine a tomar el aire, pero creo que ha pasado más tiempo del que pensaba - reconoció frotándose los hombros que el vestido de gasa rosa palo que llevaba dejaba al descubierto.

-Pensaba que precisamente tú eras la fan incondicional de las fiestas - bromeó el moreno golpeando con cariño el hombro de la muchacha con el suyo.

-El baile de navidad no especialmente - reconoció regalándole una sonrisa melancólica.

-¿Qué tiene de diferente? - preguntó él con paciencia esperando a que la muchacha se abriera y le dejara conocer al menos parte de los pensamientos que la perturbaran.

-Es un poco como la Cenicienta, todo es como un sueño y cuando acaba te das cuenta de que al día siguiente empiezan las vacaciones de Navidad y debes volver a casa - confesó con palpable tristeza en su tono de voz.

-Ya, a decir verdad yo tampoco tengo muchas ganas de volver para ser sincero - reconoció dejando escapar un suspiro mientras posaba la mano sobre la rodilla se la muchacha.

-¿De verdad? nunca lo habría imaginado, pensaba que esperabas con ansia el momento de tener que volver a ver a tu encantadora madre - bromeó la chica cambiando el tono de la conversación.

-A decir verdad, entre eso, mi autoritario padre que no soporta ni un minuto de retraso y la siniestra decoración de la casa, cabezas de elfos domésticos muertos incluidas, no sé qué es lo que echo más de menos de allí cuando estoy en Hogwarts. Pero oye tú no te quedas atrás tampoco, sé de buena tinta que te mueres por volver para asistir a endémicas fiestas en las que te presentan a jóvenes casaderos sangrelimpia - replicó el chico continuando la broma iniciada por la rubia consiguiendo que ella dejara escapar una sonora carcajada.

-Igual deberíamos plantearnos seriamente huir juntos, podríamos ser como Bonnie y Clyde pero sin la parte de los robos - propuso ella cómicamente.

-No me lo digas dos veces, correrías el riesgo de que te dijera que sí - replicó en respuesta Sirius mirándola con intensidad.

-No lo haré - prometió la chica sin dejar de mirarle.

Era difícil saber qué parte de broma y cuál de verdad tenían las palabras pronunciadas por los muchachos. Pero ambos se quedaron en silencio durante unos segundos después de pronunciarlas.

-Entonces Cenicienta, vienes conmigo dentro y bailamos hasta que nos duelan los pies para evitar pensar en que mañana deberemos regresar a nuestras horribles casas - propuso el moreno rompiendo el silencio que reinaba en el ambiente.

-Vale, me has convencido - aceptó la muchacha levantándose finalmente del banco para dirigirse junto al chico al interior del castillo.


-¿Puedes dejar de mirarlos? - reclamó James con fastidio dando un largo trago al contenido de la petaca que portaba en sus manos.

Tanto él como Caroline se encontraban sentados uno junto al otro en el suelo del Gran Comedor con la mirada perdida en la pista de baile. Eran aproximadamente las dos de la madrugada y ambos tenían ya la ropa arrugada, el pelo ligeramente despeinado y las mejillas sonrojadas como consecuencia del calor de la sala y el alcohol que furtivamente se encontraban bebiendo.

-Lo haré si tú dejas de mirarlos primero - replicó la muchacha arrancándole la petaca de las manos para, a continuación, dar un sorbo a la mezcla de ginebra y zumo de calabaza de su interior.

-No estaba mirándolos - sentenció él sin despegar un ápice la mirada de la pista de baile.

-Por supuesto, lo único que hacías es comerte con los ojos a cierta Gryffindor pelirroja pero, a parte de eso, no, no estabas mirando - ironizó la muchacha.

El castaño en respuesta la fulminó con la mirada.

-¿Y tú qué? Llevas enamorada de ese chico desde que estábamos en primero y ni siquiera has sido capaz de cruzar dos palabras con él - reclamó en respuesta.

-No lo entenderías...además,no es para nada lo mismo, tú se supone que la odias y aún así no puedes despegar los ojos de ella - le recordó Caroline clavando sus ojos cristalinos en los de él.

-Odiar es una palabra muy fuerte- puntualizó James desviando de nuevo la mirada de su amiga para a continuación robarle de nuevo la petaca para dar un trago nuevamente.

-Ya, y una mentira también, podrás engañar al resto pero yo te conozco mejor que nadie y a mí no vas a engañarme, si te has pasado tantos años molestándola y molestando a su amigo Slytherin es porque querías llamar su atención y no sabías cómo. Aunque si me preguntaras, en mi opinión has elegido la peor forma de hacerlo - añadió la chica sincerándose con su amigo.

Quería a James pero eso no significaba que aprobara su comportamiento y no tenía ningún problema en decirle a la cara las situaciones en que consideraba que se estaba equivocando. Caroline siempre había creído que si algo deben ser los amigos es sinceros, tanto para las cosas buenas como para las malas.

-Eso no tiene sentido alguno, podría estar con quién quisiera, ¿por qué querría estar con ella? -preguntó con soberbia consiguiendo que su amiga rodara los ojos en respuesta.

-Y ahí está el James arrogante de nuevo, podrías estar con cualquiera menos con ella - puntualizó- y es por eso por lo que no puedes dejar de mirarla, porque tu ego no te deja entender que precisamente ella ha elegido no tener nada que ver contigo - le recordó la castaña consiguiendo que el muchacho resoplara sonoramente en respuesta.

-Lo de la serpiente no tiene nada que ver con ella, tú sabes con el tipo de personas que se relaciona y lo que hace, se merece eso y mucho más - contestó ignorando las palabras de la chica tratando de desviar la conversación.

-Claro, porque eso lleva siendo así desde primer curso. Mira James, si quieres seguir engañándote a ti mismo me parece perfecto pero yo soy tu amiga, no esperes que te mienta - dijo Caroline en respuesta a punto de perder la paciencia. Si no fuera por el cariño que le tenía, a estas alturas ya le habría golpeado repetidamente con el palo de su escoba.

-Que sepas que te odio, aunque eso solo suponga una milésima de todo lo que te quiero, pero aún así te odio mucho, tenlo presente. Además, estábamos hablando de ti y Diggory - contraatacó James dejando escapar una sonrisa pícara.

-No hay un Diggory y yo, él está enamorado de Evans casi desde que le conozco, nunca se fijaría en alguien como yo, ella es guapa, inteligente y tiene un corazón de oro, a su lado cualquiera parecería poca cosa - suspiró la castaña dirigiendo su mirada hacia Lily Evans.

Lily bailaba con las manos enredadas en el cuello de Amos mientras ambos se miraban sin dejar de sonreír. Esa noche la muchacha estaba espectacular, ¿Cómo se suponía que podría competir con alguien como ella? Ya había perdido antes siquiera de empezar.

-¿Me tomas el pelo? Caroline, eres tan guapa que podrías ser modelo, además de una de las mejores personas que conozco y por supuesto, no eres ni de lejos tonta. Cualquier chico en su sano juicio se fijaría en ti - exclamó James casi enfadado al escuchar como su amiga se infravaloraba con tanta facilidad.

-Si, cualquiera excepto él -susurró dejando escapar un largo suspiro.

-Ni siquiera le has dado la oportunidad de conocerte, cualquiera que lo haga se enamoraría de ti. Y no me refiero en plan romántico, si no que tienes ese efecto en las personas, si te conocen automáticamente te quieren - explicó James sosteniendo con delicadeza la barbilla de la chica para obligarla a mirarlo.

-Si sigues así conseguirás hacerme llorar - reconoció con los ojos humedecidos.

-Ni se te ocurra, ya bastante pena damos, así que dale un trago a esto y vamos a bailar - ordenó el muchacho pasando la petaca a la chica para a continuación arrastrarla hasta la pista de baile.


Para cuando el reloj marcó las tres en punto de la madrugada, Lily y Amos ya se habían escabullido entre los muros del castillo.

Los muchachos corrían agarrados de la mano por los desiertos pasillos mientras reían a carcajadas como si de niños se trataran. Los nervios iniciales que había sentido Lily, se habían disipado por completo a los pocos minutos de encontrarse con Amos pues, el muchacho era de ese tipo de personas que desprenden confianza y familiaridad por lo que enseguida se sintió cómoda con él.

Lo había pasado tan bien que había perdido por completo la noción del tiempo y con ella la timidez que la caracterizaba. Se había dejado llevar por primera vez en mucho tiempo y eso se sentía increíblemente bien.

Tras correr durante unos metros los chicos pararon para recuperar el aliento. No se escuchaba ruido alguno salvo el de sus acompasadas respiraciones que poco a poco iban recuperando su ritmo habitual.

Ambos se miraban sin dejar de reír hasta que en un determinado momento la sonrisa del chico se borró de su rostro, provocando que pelirroja lo imitara y ambos se miraran el silencio. Y entonces sucedió, al fin el muchacho se armó de valor y acarició con las yemas de los dedos la mejilla de la chica sin dejar de mirarla.

-No te imaginas cuántas ganas tenía de hacer esto -anticipó Amos fijando sus ojos en los de ella.

Y tras pronunciar esas palabras posó con delicadeza sus mullidos labios sobre los de la muchacha. La pelirroja tardó unos segundo en reaccionar y tras hacerlo movió sus labios sobre los de él para corresponder su beso.

Amos era increíblemente delicado, cariñoso e incluso romántico. Sus labios jugaban con los de ella acariciándolos mientras sus manos volaban por su espalda recorriéndola con ternura.

Llevaba esperando ese beso tanto tiempo que le costaba hasta creer que al fin estuviera sucediendo. Y sin embargo, nada era como había imaginado. No es que le molestara el cuidado con el que la trataba Amos, simplemente no sentía esa chispa que supuestamente debería haber sentido en ese momento. No había magia ni mariposas ni nada. Solamente estaba ella y el muchacho que había idealizado y con el que había soñado tanto tiempo, pero que al parecer no era ni sería el indicado para ella.

Y como si alguien hubiera sido capaz de leer sus pensamientos, un estruendo interrumpió el momento entre ambos haciendo que para su suerte se separaran de golpe. Como no podía ser de otra forma el estruendo tenía nombre y apellido y se llamaba Sarah Fawley.

-¿Sarah? - preguntó la pelirroja de golpe dirigiendo la mirada hacia su amiga castaña que se encontraba accidentada en el suelo.

-Estoy bien, estoy bien, vosotros seguid a lo vuestro - contestó recogiendo rápidamente del suelo los tacones que había llevado hasta ese momento en las manos, mientras cerraba con fuerza los ojos arrepintiéndose por momentos de haber decidido volver a su dormitorio por ese pasillo.

No obstante, Lily hizo caso omiso a sus palabras y se acercó a ella para comprobar que estaba de una pieza tras la aparatosa caída.

-Oye, Amos, mejor voy a acompañar a Sarah a la habitación, ¿Nos vemos mañana? - preguntó ella disculpándose con la mirada por tener que dejarle plantado.

-Claro, no te preocupes, nos vemos mañana - se despidió en respuesta dirigiéndose hacia la sala común de Hufflepuff, no sin antes dejar un fugaz beso sobre la mejilla de Lily.

Una vez hubo desaparecido, las muchachas emprendieron el camino de vuelta a la sala común de Gryffindor.

-Lo siento muchísimo, Lily, no sabía que estabáis aquí, de haberlo sabido…-

Pero no tuvo la oportunidad de acabar la frase pues la pelirroja la interrumpió enseguida

-En realidad, Sarah, me alegro de que lo hicieras - reconoció ella casi en un susurro bajando la cabeza.

-¿Qué? - preguntó Sarah sin acabar de entender las palabras de su amiga.

-Es una larga historia, además, prefiero que me cuentes qué tal te ha ido la noche con Remus - replicó acariciando con cariño el cabello de su amiga.

-Ha sido un sueño hecho realidad, es decir, no ha pasado nada entre nosotros, pero solo por haber podido bailar con él y hablar y reír durante horas ha merecido la pena - confesó mientras se dibujaba una sonrisa de felicidad plena en sus labios.

-No te imaginas cómo me alegro, Sarah - contestó Lily abrazando con ternura a su amiga.

La noche del baile había sido especial para algunos y esclarecedoramente intensa para otros pero, de lo que no había duda es de que no había dejado indiferente a ninguno de los muchachos.