¡Hola Corazones!

Al fin, después de tanto y tanto tiempo he vuelto a actualizar, y sí que me he tardado, espero me disculpen por la tardanza, pero no puedo hacerlo de una manera distinta, ustedes más que nadie son conocedores de la cantidad de historias que tengo por actualizar y mi vida personal es otra que no me deja avanzar, espero poder seguir escribiendo, como he venido practicando por tantos años. Así que espero este capítulo les guste mucho más. Sin más espero lo disfruten.

Los personajes de Dragón Ball Z No me pertenecen, son propiedad de Akira Toriyama y yo solo los tomo prestados para mera diversión.

Basado en el libro de 50 Sombras De GREY y 50 Sombras De GREY Contada Por CHRISTIANdela escritoraE.J. JAMES

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Michael Jackson Morphine

Advertencia: Ninguna

PD: Perdón si tengo algún errorcito de ortografía

PD2: Perdón por demorar tanto xD

XxXxXxXxX

Simplemente no cabía de la dicha que sentía, había despertado con una sonrisa boba marcada en los labios, sin evitar dar pequeñas pataditas entre las cobijas y ahogar gritos de histeria entre sus almohadas, se sentía cual niña en navidad, contenta por lo que le habían regalado, no cambiándose por nadie ni por nada, no era de menos, había conseguido algo que muy pocas podrían lograr en igualdad de condiciones, el ver cumplida aunque fuera la más minina parte de esa maldita fantasía que la traía loca desde hace ya varias semanas, cualquiera que la vieran se darían cuenta de su estado y la euforia que escapaba por cada poro de su ser la obligaba a permanecer más y más tiempo en ese ensoñamiento pecaminoso, había recibido el mejor beso de su vida y no era poco, la necesidad con la que se entregó y robo sus labios fue como si hubiera bebido del cáliz de la vida, se sentía renovada, nueva y más que nunca deseosa de volver a hacerlo. Por era así, quería devorarlo a punta de besos.

Controlándola por sus emociones sus deberes le eran poco significantes suspirando cada dos por tres reviviendo el encuentro de la noche anterior, sin quejas ni mucho menos reclamos por la parte racional de su cerebro, si quiera le importo reñir a su adormilada compañera que ni cuenta se dio de su llegada ni cuando se despidió del viejo conductor o como se había tirado sobre el sofá soltando una que otra risita hasta ya sentirse lo suficientemente adormilada para encaminarse a su cuarto entre tropezones torpes y susurros tontos, porque esa era la verdad, se sentía una infante a pesar de su edad.

No cuestiono, no conjunto, no analizo las probabilidades, solo recuerdos y la sensación sobre sus labios y la presión de ambos cuerpos para no separarse

Justo en ese momento tuvo que relamer los mismo para asegurarse que la inflamación ya había pasado y que solo quedaba como evidencia sus recuerdos, el pitido de su reloj a un lado la hizo girar a verlo y ver como este marcaba las 7:00 AM

Ya debía levantarse...

Se le haría tarde sino se daba prisa, pero no le importaba mucho, se levantó apesadumbrada queriendo pasar un rato más perdida en sus recuerdos, pero continuo, apenas calzándose sus pantuflas y caminando al armario tomo un par de prendas y saliendo al cuarto de baño, dándose una ducha rápida y arreglándose para ir a un nuevo día de trabajo, tenía que hacerlo, no podía desperdiciar los últimos días que le quedaban en esa ciudad; así que al terminar salió ya vestida y volvió a su cuarto, arreglando su húmedo cabello dejándolo suelto para que se secara camino al trabajo y con las manos ansiosas apenas se aplicó un poco de pestañina y algo de crema de cacao sobre los labios.

Sería suficiente por ese día.

—Quizás pueda preparar algo rápido... — susurro para sí misma sujetando el mismo gaban de la noche anterior y dándole una mirada rápida al reloj en medio de la sala, sacando un poco de pan y unas lonchas de queso, rebanando medio tomate y preparándose un sándwich, así le sería más que suficiente, el jamón no le era una opción en ese momento además que el sabor no era su preferido, así que prendió la estufa y lo calentó apenas lo suficiente para que el pan se tostara y el queso se fundiera un poco antes de escuchar el cuarto contiguo al suyo se abriera lentamente y una despeinada mujer saliera de allí, con los ojos aun entrecerrados mientras acariciaba su vientre y soltaba un amplio bostezo —Buenos días... —susurro suave dándole una mordida rápida al sándwich y sirviendo un poco de café de la cafetera a un costado del platero.

—-Buenos días... —una mordida más al pan y los pasos calmos de la peliazul se frenaron como si la luz del exterior formara una barrera entre ella y el baño —¿¡Uhm!? ¡Milk! —la chica había volteado a verla cual alma que lleva el diablo, corriendo hacia el mesón de la cocina mirando asombrada la presencia de ella en ese lugar —¡Me quede dormida! —el rostro de la joven se sonrojo mientras sus ojos se volvían llorosos cual cachorro ¿Pretendía algo con ello? — ¿¡Como es que llegaste!? — la realidad se abrió ante sus ojos y una pequeña mueca de burla curso sus labios, ahora era que se daba cuenta del porqué de sus acciones —Perdóname... —un leve bufido escapo de sus labios antes de volver a morder aquel bocadillo.

—Déjalo, no te preocupes.

—Enserio lo siento Milk, me distraje ayer con unos archivos que me envió papá, ya sabes que quiere que le ayude con la empresa, perdóname, enserio que no sé en qué momento me quede dormida... —sus manos habían viajado a su cabello buscando la mejor manera de acomodar sus cabellos desorganizados, esperando la furia azabache abalanzarse sobre ella.

—Ya déjalo Bulma, ya estoy aquí —le sonrió tiernamente para después ocultar su gesto al tomar un sorbo grande de café —ya se me hizo tarde, tengo que irme, vuelvo en la tarde... —la chica volvió a tomar otro sorbo y vacío las sobras del contenido sobre el lavaplatos y aun con el pan en mano se encamino a la salida del apartamento —adiós Bulma —finalizo al quitar el seguro de la puerta y perderse en el pasillo del edificio, dejando a una muy, pero muy asombrada ojiceleste, mirándola como si le hubiera salido otra cabeza de quien sabe que parte del cuerpo.

—Siquiera me reclamo... — sus labios se mantuvieron entreabiertos y sus ojos fijos en la puerta del apartamento, estaba segurísima de la reacción de su compañero y mejor amiga desde jóvenes, pero no supo cómo reaccionar al contexto casi nulo en el que la joven se había mostrado, casi podría jurar que la chica ni se acordaba de tal incidente a pesar de las cortas horas del suceso ¿Qué le estaba pasando? Solo una pequeña mueca había recibido a cambio de su rápida disculpa y eso era algo que no se podía permitir pasar por alto, era más que obvio que algo muy bueno le había pasado y por supuesto no podía pasarlo por alto —Tenemos que hablar... —se relamió los labios y moviendo su mano hacia su dirección tan solo por inercia antes de girarse sobre sus talones —Pero Mejor me daré un baño, ya después podre imaginarme cosas —a paso rápido volvió a su habitación, tomando un par de cosas y retomar su curso al WC.

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Al llegar al trabajo no había recibido mucha reprimenda por el turno doble del día anterior, así que solo trabajaría medio en ese día y así podría volver a su casa para descansar y seguir en la espera de los resultados de los exámenes finales, por ese momento debería ser su única prioridad, además de la atención a la clientela, y quizás la graduación, pero para esos días tendría tiempo de sobra, que incluso les alcanzaría para la mudanza a la capital, donde ya debería empezar o estar buscando un empleo, aunque fuera básico para la experiencia...

"Aquí tenemos un excelente programa de prácticas"

Su mente la traiciono de nuevo, haciéndola soltar una pequeña risa burlona, mientras negaba para sí misma, saliendo tras el mostrado al ver a un par de personas sentarse en una de las mesas del café, se acercó a ellas y espero su orden, más sin embargo no podía dejar de darle vueltas en la mente y leves recuerdos volver una y otra vez.

"Lo tendré en cuenta, aunque creo que no encajaría aquí"

Obviamente no lo haría, el esquema de pulcritud personal sobrepasaba sus capacidades, incluso parecían ser muñecas de catálogo y alguien tan… ¿Visceral? No podría encajar en un lugar así, no cuando su forma de ser rayaba más a la creatividad que rectitud, además de la línea de producción a donde estaba direccionada la compañía Saiyan House no tenía nada que ver con ella, nada que ver con su carrera y gusto por la cocina; a pesar de invertir en la agricultura…

"Basta"

Mordió su mejilla interna para volver sobre sus pasos hacia la caja, ya tendría tiempo de buscar donde poder trabajar correctamente, pero mientras ocurría eso debía de concentrarse y terminar el trabajo de ese día, dejo el papelito sobre una diminuta canasta de pedidos, se volvió a sentar en frente de al mostrador y espero el pedido, así fue todo su turno, tomar ordenes, llevarlas y esperar su pago en la caja. No había sido más que eso y aunque podría complicarse por algunos universitarios que aún rondaban por el lugar hasta el momento había estado tranquilo, no solo, tranquila para la experiencia de años que ella tenía en el lugar. Hasta que llegó la hora de retirarse, espero entregarle su puesto a Ten y aunque lo había visto llegar, este se había internado a hablar con sus padres más de lo que hubiera imaginado y mientras, debía despachar el pedido de una joven que llego.

—Tres piezas de Pan Baguette y cinco galletas con mermelada ¿Algo más? —pregunto suavemente mientras ponía sobre el mostrador las piezas en un par de bolsas.

—No, así está bien —la chica saco un par de billetes y los dejo sobre la mesa, los tomo e ingreso el valor en la caja registradora, sacando un par de monedas dándole el cambio junto al pedido.

—Listo, gracias por su compra —le susurro, la chica los sujeto y rápidamente se encamino a la salida del local, dejándole el paso libre a la tímida peliazul que había estado rondando la zona, dudosa de entrar después del desplante que le hizo a su compañera la noche anterior, teniendo que entrar cuando vio la hora de la salida de la joven en la pantalla de su teléfono a sabiendas que podría sacarla de allí sin mucho afán y que esa otra joven dejará la puerta casi de par en par no agudizando el sonido de aquella lamparilla de viento sobre el techo. Ingreso al local y ajusto las aberturas de su chaqueta caminando a pasos lentos mirando el suelo sin alzar el rostro hasta ver a un par de pasos la parte baja del mostrador —Si sigues caminando a si Bulma, te vas a estrellar —la morena noto la precian de la ojiceleste a escasos centímetros de ella solo por haber alzando la mirada al ver algo por la esquina de su ojo creyendo que de pronto aquella joven había vuelto por algo más, observo divertida como esta siquiera le miraba y había entrado pretendiendo ser un gato, pero hasta ella podía oler como su perfume impregnaba todo el lugar ¿Cómo es que no se dio cuenta antes? Pero su rostro compungido le hizo curvar una de sus cejas imaginando el porque ella estaba allí—¿Qué pasa?

—… ¿No estas enojada por lo de anoche? —Bulma la miro mucho más extraño, curvando también una de sus cejas mientras sus labios se relamían por mero reflejo —Por dejarte plantada... o ¿Es que acaso lo soñé?

—Me pareció decirte que lo dejaras así, no tienes por qué preocupes Bulma —sujeto un par de comandas y las metió entre la caja de recibos mientras se reía de la expresión confusa de Bulma. Si tan solo supiera…

—Estas rara, Milk, te deje botada en medio de la noche ¿Enserio eso no te molestas? —se acercó un poco más al mostrador resaltando esa palabra al subir el tono de voz y golpetear la superficie con uno de sus dedos esperando una reacción diferente de la morena. Al menos una que la hiciera ver normal, tal como ella la conocía.

—Al final pude llegar sin esperarte, Ya olvídalo —imito su acción con su mano izquierda mientras se acomodaba más erguida sobre el asiento de la caja y acomodaba el leve desorden que este tenía. No más para verse ocupada.

—No me digas ¿Cómo lo solucionaste? o ¿Es que alguien te trajo?... Milk ¿Que paso ayer?... —se recostó sobre el mostrador quedando mucho más cerca de la azabache mirándola acusadora y esta vez curvando una pequeña sonrisa pícara en sus labios — ¿Por qué te vez tan rara?

—Como que estas gastando mucho esa palabra ¿No? Tranquilízate, no pasó nada del otro mundo —la morena acerco uno de sus dedos a la nariz de Bulma y la empujo levemente haciendo que esta volviera a apoyar los pies sobre el suelo, sin embargo, la sonrisa picara se había expandido sin que ella pudiera evitarlo — tú sabes... — Ten Shin Han salió de la cocina obligándolas a tomar algo de distancia y disimular seriedad mientras este se acercaba amarrando el delantal tras su cintura

—Hola muchachas —le dio un pequeño beso en la mejilla a Milk y un suave apretón de mano a la ojiceleste —¿Cómo estuvo su día?

—Perfecto —dijo sin mucha importancia Bulma mientras juntaba sus manos casi exageradamente —pero vengo por Milk, la invite a comer.

—¿Me invitaste a comer? — las cejas azabaches se curvaron mientras se señalaba con un dedo, más la ojiazul soltó una carcajada y ajito una de sus manos restándole importancia —Vea pues.

—Es toda una olvidadiza, no se acuerda de nuestro compromiso, que pésima amiga... —alego un poco más fuerte sin dejar de sonreír tontamente, obligando a que ambos chicos se mirasen divertidos.

—Si, claro, ahora es mi culpa —Rio levemente y se bajó del asiento bajando el cierra de su bata.

—Bueno, En fin, mejor entrégame la caja Milk, te están esperando — le dijo cerca al oído mientras simulaba unas comillas con sus dedos.

—Jmp, si, si —se rio levemente y acercándose al computador busco en el archivo de caja el registro de cierre, imprimiendo la copia y dejando un archivo de respaldo en la carpeta del día —Listo, puedes revisar —tendió la hoja al chico cerraba su usuario y encaminándose al cuarto de servicio dejando su bata sobre una mesa, soltando su cabello de aquel peinado que se había hecho al llegar, viendo de soslayo como el chico solo ponía un sello sobre su hoja para dejarla en la carpeta física que tenían no dándole mucha importancia mientras tenía una corta charla con la peliazul, termino de acomodar su cabello en una coleta baja y su camisa algo floja tapando su pantalón —¿Y Todo bien?

—Perfecto, como siempre Milk... y ¿A dónde van a ir ahorita? — esta vez fue el quien se sentó sobre el butaco junto a la caja, aprovechando la posición para tocar un mechón de cabello de la morena.

—Vamos a caminar por ahí hasta encontrar un restaurante que le agrade a Milk —respondió rápidamente Bulma, apurando a la morena con un leve gesto de sus cejas.

—Seguro, porque por ella me llevaba a casa a cocinar —la voz agraciada de la azabache hizo sonreír de nuevo al joven y que le diera un giro al mechón de cabello entre sus dedos —Ten, te deje en el perchero el gaban que me prestaste ayer ¿Bueno?

—Vale, no fue nada, cuídate mucho Milk —un pequeño beso de despedida y la joven salió de tras el mostrados entrelazando el brazo de la peliazul —Adiós Bulma.

—Bye, Bye

—Nos vemos mañana Ten —un último adiós desde la entrada de la puerta con su brazo derecho apenas levantado, emprendiendo camino hacia la parte comercial de la ciudad, no muy lejos de su ubicación, pero aprovechando el paso rápido de la morena esperaron hasta llegar a un restaurante muy recurrente por la Brief.

—Se suponía que era uno que me gustara a mi —recalco la morena mientras tomaba asiento en una de las mesas más separadas.

—Bueno si, pero aquí también sirven comida de tu gusto —alzo una de sus manos hacia el mesero —¿Nos podría traer dos cervezas mientras miramos la carta? —el joven desde la distancia asintió y fue en busca de las bebidas mientras la peliazul se frotaba las palmas de las manos entre si antes de apoyar los codos sobre la mesa para poder acomodar su mentón sobre estas —Escúpelo ya, no aguanto las ansias...

—Sabes que es de muy pésima educación los codos sobre la...

—Y también pedir cerveza de entrada... —una de sus cejas se curvo burlona y un pequeño gesto con sus labios le hizo rodar los ojos a la morena — Vamos Milk, este no es un restaurante de un Hotel 5 Estrellas, relájate un poco.

—Si, claro, el juego de interrogación subió de nivel ¿Mayor presión social? —sujeto la carta a un costado de la mesa apenas abriéndola antes de volver los ojos a su compañera.

—Tu vives de vergüenzas, yo no, lo he dejado de lado hace mucho.

—Odio haberte alentado para el club de periodismo, el que te soltaran el periódico fue el acabose.

—Mejor que Luisa Lein, eso puedes asegurarlo —lentamente acomodaba los condimentos en medio de la mesa, dejándolos casi en línea recta mientras sus ojos agudizaban el escaneo que le estaban proporcionando a la morena, le gustaba intimidarla y así, aunque no fuera siempre igual podía sacarle cualquier cosa que le estuviese ocultando.

—Mejor metete de cabeza en las máquinas de tu padre, ahí estarías mejor —la morena volvió la vista a la enorme carta de platillos sin si quiera leer realmente lo que esta tuviese en su interior, ocultando una diminuta mueca ante las emociones que habían querido reflejarse en su persona ante la leve sensación de curiosidad que emanaba la ojiazul.

"¿Que estoy pagando con esta mujer?"

Rio lo más bajo que pudo, relamió sus labios y llenando sus pulmones de nuevo aire se acomodó mejor en su lugar regalándole una mirada rápida a su Roomie

—Ni loca, las relaciones publicas hacen de una empresa la mejor, no por nada el Señor Son es uno de los mejores de la industria de telecomunicaciones —rápidamente su estoicismo desapareció siendo remplazada por un leve sonrojo ocultándose de nuevo tras el menú —Milk... —bajo sus antebrazos y sujeto el menú antes de jalarlo y ver más claro el rostro levemente colorado—Te atrape... — sus cejas se movieron juntas de arriba abajo rápidamente mientras que afilaba su mirada haciendo a la chica recostarse en el respaldar de la silla mientras relamía sus labios y fijaba su mirada en uno de los focos sobre su cabeza —¿Te gusta mucho?

—¿Por qué tienes que traerlo a colación? Estamos hablando de tu intensa persona —la carta quedo en su posición por el peso de la mano de la ojiceleste mientras Mlk se cruzaba de brazos intentando disimular el leve calor que sus mejillas.

—Es por esa misma razón que me aferro a no cambiar el tema, aprendes muy bien cómo hacerlo, casi ni me doy cuenta, sabes —el sarcasmo en su voz hizo mucho más cómico la situación de ambas y que una risa traicionera escapara de los labios de la morena.

—Eres imposible —su pierna derecha se cruzó sobre la otra bajo la mesa moviendo su pie para calmas su ansiedad.

—Por supuesto, la razón del lugar y el por qué voy a invertir en tu alimentación es simple, sacar esa información que te reúsas a darme, anda, cuéntame... —un par de golpecitos en la mesa fueron casi el ultimátum de su pregunta y la connotación del alargar la última letra —No le diré a nadie — un leve cosquilleo apareció en los labios de la morena y la sensación de aquel encuentro pasional en medio de una cabina telefónica recorrer desde el dedo pequeño de sus pies hasta la coronilla de su cabeza ¿Debería Hacerlo? ¿Aunque fuese un poco? Quizás se estaría apresurando a pesar de haberse besado, no habían confirmado nada y si quiera habían puesto las cartas por completo sobre la mesa.

—Diablos, Bulma, la intimidad no es algo que se puede negociar —Mordió uno de sus labios y con una sonrisa más amplia negó ante la evidencia que su acto, en verdad quería por lo menos insinuarle lo sucedido, no había mejor persona para confiar que esa peli azul, pero hasta que todo estuviera aclarado preferiría simplemente dejarlo como algo platónico, no podía olvidar que aquel hombre no era alguien del común —no pasa nada de nada.

—Vamos, ya sea con el u otro, cuéntame, aunque sea una pisca ¿No? Lo merezco.

—Mas bien creo que estas acostumbrada a que yo sea totalmente transparente.

—Ni tanto, todo te lo tengo que sacar a empellones y que decir, si quiera me has querido contar que paso con Lapis, ya ha pasado un par de años ¿No? —la sonrisa de sus labios se borró de inmediato y la escena agraciada que habían mantenido en el correr de los minutos se enfrió y la figura de ese pelinegro casi pareció pisotear la estabilidad que había tenido a lo largo del día.

"Solo somos tu y yo muñeca"

La sangre se le helo al recordar el tono ronco y suave que usaba cada que buscaba conseguir algo de ella, como con solo una mirarla lograba hacerla ceder siendo ello una clara imagen en esa extraña relación, como si algo le advirtiera que la historia amenazaba con repetirse...

—Déjalo, no me vas a sacar nada de donde no hay —negó rápidamente volviendo su atención al centro de la mesa

—Milk... —un puchero y el aire escapar pesado de sus fosas nasales más el mesero se atravesó entre ellas dejando ambas cervezas con un par de vasos de vidrio.

—Disculpe señoritas ¿Ya saben que ordenar? —dijo el joven mientras sacaba una libreta llena de comandas.

—Si, sí, yo quiero un Kare Raìsu y una bandeja mediana de Gyazu por favor — dijo rápidamente entregándole la carta al chico y sujetando el vaso para servir una porción de la bebida, mientras la peliazul bufaba en alto y abría su carta dándole una rápida mirada.

—Yo un Tonkatsu con una porción de Sashimi —entrego también la carta y el chico termino de anotar en la comanda —Ah, y dos copas de helado por favor, usted escoja los sabores —el chico asintió y se alejó rápidamente hacia la cocina.

—Buen provecho —comento la morena alzando su vaso y bebiendo la porción de cerveza de un tajo, donde su promesa de no volver a beber se iba directo al caño.

—Pensé que pedirías algo más sofisticado... —igual que Milk, la peliazul sirvió una poco de licor en el vaso de vidrio tomándolo un poco más suave que su compañera.

—Estoy bien con los platos tradicionales —volvió a servirse y esta vez el trago fue un poco más corto dejando aun liquido en el recipiente — pero si tuviera que escoger empezaría con algo internacional.

—Ay, tenías que comenzar con tus platillos estrafalarios —el mesero ya venía de vuelta dejando el plato principal a cada una de ellas retirándose rápidamente mientras ellas solo se daban una mirada rápida antes de ojear sus platos —Esto no se ve para nada mal... —susurro para si.

—¿Lo dice la persona que come helados con sabor a pescado? — la mirada de la peliazul de achino mientras hacia una mueca, ya iba a empezar a molestarla — Por cierto, espero que mi postre no venga con algún sabor raro Bulma —advirtió la joven mientras sujetaba sus cubiertos y les daba un repaso con la servilleta —quien sabe si el mesero tenga los mismos gustos tuyos.

—Ja-Ja, no es gracioso —Fingió una risa mientras tomaba su cuchara — esos helados tienen su toque especial, No sé por qué no te gusta.

—Asco Bulma —un leve temblor en sus hombros y con cuidado tomaba el primer bocado soltando un leve suspiro por el sabor levemente picante con la crocancia de la carne —Esta delicioso.

—Te lo dije, aquí sirven excelentes platillos, pero bueno, centrémonos, aunque sea en preguntas bases ¿Te parece? —al igual que la morena le dio su primer bocado a su plato escuchando como esta bufaba mientras tomaba otra cucharada de arroz —Solo asiente o niega entonces.

—No me queda de otra entonces.

—Bien, que preguntare... —toma otro bocado y mientras masticaba miraba fijamente a la chica buscando la pregunta ideal —¿Te volviste a ver con él? —la morena apenas alzo la mirada del plato antes de llenar su boca con comida dando un leve movimiento de cabeza entre negación y afirmación —¡Ah! ¡Eso es bueno! —tomo un bocado de sashimi y lo trago rápidamente —No se te vaya a olvidar el número de teléfono de Vegeta, me lo debes.

—¿De dónde quieres que lo saque? —hablo casi a en peñones obligándose a tragar — Si quiera sé de dónde salió ese tipo.

—Pues el conoce al señor Goku y fue por el que supe dónde estabas aquella vez, así que... ¿No es obvio?

—Estas loca, no le voy a estar pidiendo cosas al señor Son, ya es suficiente con todo lo que le he hecho pasar —exaltada tomo un bocado

—¿Con todo lo que le has hecho pasar? —una sonrisa torcida adorno sus labios y el trago que le dio a su cerveza no le refresco la garganta, su mente creaba mil y una escenas con esa morena y aquel rubio, podría incluso armar una de esas historias random en redes con solo su mente pecaminosa —¿Qué tan mal ha podido pasarla? Si apenas necesito verte una vez para quisiera despegarse de ti, tienes la suerte de un millón de mujeres y eso que no cuento cuando hombre fantasean con que les de ese Dios griego...

—¡Basta! —tuvo que frenarla antes de que escupiera el alimento, su mente sin querer le había mostrado una escena no muy grata de ella casi devorando a un indefenso rubio y eso que no fue nada real, quien sabe que cosas podría imaginar con algo más serio que un beso, golpeteo su pecho y tomo un trago de cerveza ¡Estaba loca!—Como puede ser posible que tengas una lengua tan larga, por esas mismas ideas pase la vergüenza de mi vida a tan solo diez minutos de conocerle, es tu culpa que cada vez que lo vea la vergüenza se refleje en mi cara —señalo sus mejillas enrojecidas.

—Ah no, no, no, no —otro trago a la bebida y una pequeña porción de carne cayo en su boca —no me culpes por no saber controlar tus emociones, si con Son Goku te sonrojas y te apenas es por ti, no por mí, a mí me parece simpático, pero a ti te gusta y mucho, imagino —comento rápido cuando la vio medio fruncir el ceño — además que con Vegeta y muchos otros eres todo lo contrario a tímida e introvertida, así que no me salgas con esas.

—No puedes comparar a uno con el otro...

—¡Estoy de acuerdo con eso! Es ridículo, pero yo ya tengo ese premio en las manos, solo necesito asegurarlo —un leve guiño de ojo y acomodo sus cortos cabellos tras su oreja —y tú me tienes que ayudar con eso y no pienso aceptar uno no. Debes hacerte responsable —la morena no pudo evitar rodar los ojos sin mucho más que chistar, siendo hasta ese momento donde prefirieron terminar de comer y disfrutar los platillos en medio de la mesa. sin preguntas ni respuestas.

Un poco más de 45 Minutos ya se veían satisfechas en la mesa con una nueva botella de cerveza para la Brief y un vaso de limonada para la morena que con su anterior mala racha prefirió pedir algo más ligero para reposar el alimento.

—Estuvo delicioso Bulma, gracias.

—No es nada preciosa —sonrió de vuelta y se bajó casi de golpe más de la mitad de la botella quedando apenas unos centímetros de alcohol en lo bajo de la botella —Pero creo que va siendo hora de ir a la casa, pienso salir un rato hoy a ver si tengo suerte de encontrarme con mi adonis ¿Vienes? —La morena vatio el líquido en el vaso sin dejar de enarcar una de sus cejas.

—¿Vas a volver a ir al Bar?

—Claro, fue allí donde nos encontramos, Shon va a traer a algunos amigos, quizás... —se froto las manos ansiosas y le hizo un mar de gestos insinuantes, así que no, en ese preciso momento no pensaba estar de ligona en un bar a media noche.

—Ni loca, no quiero saber de Ron, Wisky o lo que sea que supere los grados de Alcohol de una cerveza —negó rápidamente poniéndose de pie, seguida de la peliazul.

—Vale, Vale, solo no vayas a hacer desastres en el apartamento. Aún tenemos que cuidarlo antes de mudarnos al nuevo —la morena solo soltó un bufido lento y camino hacia la salida mientras la peliazul se encaminaba a la caja del restaurante y pagaba lo consumido con una tarjeta de débito, la espero un par de minutos hasta verla a un par de pasos de ella.

—¿Cuándo nos mudamos al otro? —la chica se acercó a ella entregándole unos caramelos de cortesía y emprendiendo camino por la acera rumbo al apartamento.

—En dos semanas si todo sale bien, los exámenes deberían llegar este fin de semana y si todo salió bien nos estaríamos graduando a inicios del otro mes así que tendríamos tiempo de sobra para mudarnos, aunque hay que ir a mirarlo, eso también sería un problema... si no me gusta, claro está... ¿No te parece genial? ¡Al fin saldremos de ese martirio! —los dedos de la chica se habían entrelazado y unido a su pecho con una sonrisa de oreja a oreja mientras mil ideas invadían su cabeza de todo lo que podrían hacer estando en Tokyo. Sin embargo, la morena a pesar de ser contagiada por la sonrisa de la joven no pudo evitar mirar el suelo para desviar la mirada azulada y sentir los nervios a flor de piel al imaginar que viviría mucho más cerca a ese hombre...

—...Vivir en Tokyo...

—No te preocupes por las practicas, mi papá tiene muy buenos contactos —el brazo de la Brief se posó fuerte sobre los hombros de la chica acercándola a ella.

—Lo sé, pero quisiera hacerlo por mi cuenta, de todos modos, mis ahorros y con lo que me da mi papá puedo sobrevivir un par de meses —sonrió correspondiendo aquel abrazo rodeando la cintura de la chica.

—Que tonta... —un pequeño apretón relajo la tensión en sus hombros y así disfrutaron el camino de vuelta por aquella acera.

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A pesar que el día había arrancado tal cual lo esperaba, ir en medio de ese auto, solo, sin más que el rastro vago de un beso y el perfume casi florar de la morena grabado en su mente, se sentía extrañamente ansioso, contaba los minutos para llegar a la capital y así poder establecer su actuar desde ese momento, planificar lo que debería hacer y el cómo mejorar las interacciones entre ambos desde lo sucedido en la noche anterior, la sola idea de no saber de la morena lo estaba incomodando a pesar de no haber sido rechazado seguía el cuestionamiento en su cabeza ¿Lo rechazaría? ¿Aceptaría tener ese vínculo con él? ¿Se permitiría experimentar...? apretó sus ojos alejando esos pensamientos, anulando todo lo que pudiera frenar lo que en todos esos días había avanzado, pero debía serse franco, aunque fuese un par de segundos y es que tendría serios problemas si esta morena le negaba el deseo de saciarse de ella, estaba en un limbo de éxtasis que ni el mismo se podía explicar porque lo tenía y por lo pronto, escasamente podía retomar su denigrante persecución cuando los asuntos de la agencia estuvieran resuelto, antes de tales actos tendría que oponerse a esos deseos bajos y esperar por lo menos una respuesta afirmativa.

"No tengo teléfono, destrocé el mío cuando estuve en el bar"

"Pero conseguiré uno rápido"

La promesa de comunicarse parecía no estar tan latente, aunque sus palabras le hubieran prometido lo contrario, no podía estar cien por ciento seguro de ello, pero... podría darle un pequeño detalle de nuevo ¿No? Se lo podía permitir, pero la aburrida conversación que tuvieron en el hotel por un tema así le hacía dudar, teniendo que desviar la atención hacia la acera a su lado y como su teléfono móvil oscilaba entre sus dedos, le hecho una mirada rápida y después al semáforo que lentamente cambiaba de colores quitándole la velocidad con la que había estado viajando.

—Puedo permitírmelo... —susurro para sí mismo enviando un par de mensaje, solo los necesarios para después esperar unos segundos, dudoso si de hacerlo o no, se mordisqueo el labio inferior, miro al frente cuando el auto retomo su curso y solo oprimiendo un par de teclas dejo el mensaje enviado, esperando recibir pronta respuesta y seguramente uno que otro reclamo por el acuerdo nulo al que habían llegado en el cuarto de hotel.

Una sonrisa pícara adorno sus labios y espero a que el tiempo pasara hasta estar a puertas de su edificio, saliendo con su maletín en la mano izquierda caminando a paso rápido hacia el ascensor, apenas saludando a uno que otro empleado y con su habitual rostro serio ascender hasta su oficina, saludo a Launch con un leve movimiento de cabeza hasta poder encerarse en su enorme cubículo de ideas soltando un suspiro desgastado, se recostó momentáneamente sobre la puerta observando fugazmente la increíble vista y con un leve bufido se acercó a su escritorio, acomodando el maletín sobre la mesa sacando los documentos que se había llevado y metiéndolos en unas carpetas sobre la mesa, un pitido de su teléfono y la voz de la rubia al otro costado invadió el silencio de la oficina. Si quiera había llegado y ya lo estaban buscando...

—¿Señor Son? Tengo aquí al señor Ouji Vegeta, al parecer subió sin autorización de la recepción del primer piso ¿Desea verlo? —la chica hablo con voz calma, dándole una mirada rápida al moreno mientras digitalizaba en la agenda diaria de visitas el nombre de aquel moreno.

—¿Vegeta? —repitió el nombre del moreno mientras miraba el techo y soltaba un suspiro, no lo había visto desde aquella nada grata intervención en el bar y a pesar de ello le había ayudado, si quiera le había agradecido, solo había tenido cabeza para Milk y su creciente lívido, nada más. estaba seguro que Roshi le había entregado el auto o sino en vez de haberlo ido a ver primero fuera fulminado su teléfono con un millón de insultos, no por nada estaba allí, habría algo que quería saber y no estaba interesado en continuar con su charla ni mucho menos que quisiera inmiscuirse en su vida diaria. Volvió su vista al teléfono a sabiendas que lo más seguro era que ingresara a la fuerza sin importarle los protocolos de seguridad, no era la primera vez que llegaba sin avisar, así que no tendría remedio, tomo aire y acepto antes de colgar la llamada, bajo el maletín de su escritorio metiéndolo en un cajón y prendiendo su computador mientras jalaba un par de contratos y sujetaba uno de sus lápices, así podría distraerse y no recibir la sarta información de lleno, Si lo ignoraba se iría rápido. Fue solo cuestión de segundos para escucha la puerta abrirse y los pasos fuertes, habilidosos y largos ingresaran a su oficina.

—¡Kakarotto! —un tic apareció en su ceja derecha y su mandíbula no pudo evitar tensarse, de nuevo lo llamaba por ese absurdo nombre —Me alegra un montón verte —el sarcasmo en su voz era notorio y la manera brusca en la que se sentó frente a su escritorio desacomodo la línea de lápices que adornaba su pulcro mueble.

—Ignorare el hecho que hallas llegado sin avisar y con la clara intención de fastidiarme el día, así que ¿Qué es lo que se te ofrece? —si quiera levanto la mirada y siguió repasando aquel contrato resaltando cualquier apéndice que estuviera por demás o solo para que este pensara que estaba inmerso en su actividad, prefería estar mil veces solo o con Broly. Era menos pesado que ese pelinegro.

—¿Qué no lo has dicho ya? Vengo a fastidiarte el día —se cruzó de piernas y estiro sus brazos a los costados sin importar fruncir los hombros y enmarcar una leve sonrisa en sus labios —además de informarte el precio de mi ayuda, no creerás que fue gratis —no pudo evitar fruncir el ceño y el reclamarse mentalmente por simplemente pensar que el moreno no era un interesado más en su lista de conocidos. Aunque no debería porque sorprenderlo, siempre tuvo sus objetivos claros, aunque fuera en la más mínima situación.

—Insufrible... —alego mientras dejaba caer el lápiz sobre las hojas, esculcando uno de sus cajones, tomando su chequera y alistando su pluma —espero que con esto me dejes de estar persiguiendo... —un leve clic se escuchó alcanzando apenas hacer un rayón poco antes de que su pluma fuera arrebata de su mano —¿¡Ahora que!? —golpeo el escritorio y se dejó caer sobre el respaldar de su asiento miro fijamente al moreno mientras su mano derecha bajaba hacia su pierna apretando la seda de su vestido, estaba perdiendo la paciencia.

—No quiero que me des dinero, no lo necesito Kakarotto —tiro el bolígrafo sobre los documentos y volviendo a recostarse sobre el asiento lo miro un par de segundos más y aunque sus palabras dudaran en salir de su boca aún tenía la posibilidad de dejarlo mudo antes de irse, se podía sentir bien servido gracias a aquella peliazul de exquisitas piernas —solo quiero saber un par de cosas... —el rubio rodo los ojos hastiado, era demasiado evidente...

—Creí haber sido claro Vegeta, no pienso ventilar mi intimidad contigo y lo que haga o deje de hacer es mi problema.

—Ya lo sé, pero eso no significa que deje de ser enfermo —los ojos de rubio volvieron a rodarse y no tuvo de otra más que recargarse sobre el escritorio y fruncir el ceño queriendo ser mucho más conciso. Le importaba un bledo si para él su estilo de vida se le hacía ruin, asqueroso o enfermizo, sus propias decisiones siempre estuvieron en medio de un acuerdo consensuado, ni él ni nadie debería si quiera argumentar algo que el disfrutara mientras no sobrepasara los limites impuesto ante una sociedad, era considerado algo tabú o incluso fetichista, sin embargo, era su vida privada, debía respetarla, no estaba cometiendo ningún tipo de delito ¡Todo estaba en el marco de lo legal! Estaba harto de este tipo.

—Es mi problema Vegeta, deja de meterte en lo que no te importa —acaricio las arrugas que se formaban en medio de sus cejas, relajándose para no llegar a golpearlo, tendría que tomar cartas en el asunto mucho más severas de lo que ya había hecho.

—Preferiria pensar que nuestro último encuentro tuvo sus frutos y cautivaste a la chica como se debía, claro, sin propasarte al estar ebria ni sugiriéndole sexo fetichista.

—Suficiente —la voz del moreno le había casi abofeteado ¡Se estaba burlando de él! En su cara, ¡Descaradamente frente a su maldita cara! podía reconocer ese tono de voz donde fuera y eso le hacía hervir la sangre, era un maldito, tuvo que apoyarse en el escritorio para ponerse de pie y así no patearlo bajo la mesa como le hubiera encantado hacer —metete en tu puta mierda, déjame en paz, no pienso repetir de nuevo, Vegeta —las cejas del moreno se curvaron en sorpresa y una pequeña risa escapo de su boca, lo había hecho cabrear de verdad, no recordaba cuando fue la última vez que lo vio insultar de buenas a primeras, al menos no tan rápido en alguna conversación, había tocado una fibra sensible.

—No pienso discutir mis razones, solo quiero saber las tuyas.

—¡Ya no más! —palmeo de nuevo la mesa y lo enfrento con la mirada —si sigues en ese plan tendré que sacarte a patadas ¡Déjame ser por una puta vez! —Vegeta también se puso de pie, le encaro solo un par de segundo antes de dirigirse a uno de los ventanales a los costados del sofá que tenía en medio de la oficina.

—Solo quiero que te cuides la espalda, nada te dice que esta muchacha sea diferente a la otra, nada te lo garantiza... además de tener un carácter de mierda... —lo último casi lo susurro para sí mismo, más el rubio logro captar algo, parpadeando extrañado y entreabriendo su boca ¿Qué era lo que había dicho?

—¿De dijiste? ¿¡Acaso te viste con ella!? —el rubio se empezó a acercar entre pasos dudosos y esta vez con su notorio ceño fruncido, a diferencia de Vegeta que pareció casi huir de la furia rubia y rodeando los sillones se sentó en uno de ellos dejando los demás como algún tipo de barrera entre ambos —Vegeta...

—Solo diré que es todo lo que no imagine, pensé en una chiquilla engreída y superficial o al menos eso parcia al verla andar con la hija de uno de los empresarios e inventores más grandes de todo Japón por no decir que el más importante. Aunque para mi gusto tiene un genio de mierda, no sería alguien fácil de manipular... —le sonrió malicioso acariciando su mentón con la mano derecha.

—No te le acerques Vegeta... —los pasos resonaron sobre el pulcro suelo, estirando sus brazos hacia la chaqueta del pelinegro alzándolo de aquel asiento y dejando ambos rostros lo suficientemente cerca, amenazando con romperte el tabique de un solo movimiento —la vi primero, no te quiero cerca. Nunca —el moreno simplemente ejerció presión en el hueco de la muñeca debilitando el agarre del rubio haciéndolo soltar un gruñido antes de liberarlo con brusquedad. Acomodo por reflejo su saco de paño y retrocediendo un par de pasos soltó un bufido mientras acariciaba la parte trasera de su cabeza —Ya lárgate de mí vista...

—… Solo una última cosa antes de... —el silencio se alargó por un par de segundos más, mirándose fijamente a pesar de sus posiciones, sintiendo como un extraño cosquilleo subía por sus piernas hacia su espalda, erizando los vellos de sus cuerpos a la vez que un vacío se formaba en la boca de sus estómagos, atentos a cualquiera intento de hacer algún movimiento, teniendo que ceder el moreno al sentir la carcajada casi salirse de su boca disfrutando el ceño fruncido de su compañero ¿Podría ser alguien más obvio? Ya se había encaprichado con esa chiquilla, pero por el momento se mantendría al margen de ciertas cosas, sin embargo, eso no significaría que le dejara el camino libre, después de todo ese era su trabajo y siempre lo cumplía... tendría que agradecerle el hecho de haberlo acercado a la peliazul, sin duda una de sus mejores conquistas en los últimos años, no obstante, no podía permitirse pedirle en ese instante algún tipo de información, tendría que hacerlo por su propia mano, pero... —tu noviecita me arruino una cogida, tendría que hacer algo por su intervención...

Su cara palideció, conmocionado siquiera reacciono, solo sintiendo un escalofrió recorrerle el cuerpo amenazando con hacerlo expulsar lo poco que había desayunado esa mañana. Era asqueroso...

—¡Largo imbécil!... —la carcajada del moreno no pudo retenerse más, acercándosele para darle un par de palmaditas al rubio poco antes de que este se alejara de un salto e hiciera una mueca de desagrado, no quedándole más que salir de ese lugar.

—No me refería a ti... —un gruñido gutural escapo del rubio a sus espaldas sintiendo como este casi lo atravesaba con la mirada, sintiéndose satisfecho de dejar aquella espinita en el ego del hombre antes de cerrar la puesta a sus espaldas. Estúpido Kakarotto.

Un leve pitido escapo de su teléfono al atravesar el lobby de ese piso y caminando hacia el ascensor logro ver como un mensaje de texto aparecía en sus notificaciones.

"¿Podríamos vernos?"

Rápido desbloqueo el teléfono y tecleando mientras se abrían las puertas del ascensor.

"Claro, nos vemos en mi oficina"

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No tardo más de una hora en llegar a su oficina, el edificio estaba plagado de agentes de todo tipo y los clientes correteaban de un lugar a otro en espera de que pudieran ayudarle en algún caso en especial, sin embargo su presencia aunque no quiera no pasaba por alto y casi todo el mundo había decidido guardar silencio o bajar el tono de su voz al verlo apresurar el paso y abrir su oficina, dejándole a su secretaria la estricta orden de no pasarle a nadie a menos que fuera urgente, se encerró allí quitándose la chaqueta de cuero y posándola tras su asiento, no era para nada fácil ser uno de los dueños de esa agencia de investigación, había tenido que esforzarse demasiado para poder conseguirlo y ahora su renombre estaba creciendo más de lo que esperaba. No obstante, aún tenía un par de deudas que saldar y por ello estaba esperando allí, calmo, a que aquella mujer llegara, le debía mucho a pesar de que en su mayoría de veces su punto de encuentro siempre tuviera como núcleo el saber de aquel rubio... y pensar que hace un tiempo su relación había descendido a otro punto gracias al caracteres tan endemoniadamente parecido que tenían, pero podría decirse a sí mismo alardeando, que, aunque fuera por un corto lapso tuvo a esa espectacular y rozagante rubia rogando de placer bajo su cuerpo, tomado muchos beneficios para su nombre. Había corrido con suerte...

Un par de golpecitos y su secretaria se dejó ver abriendo la puerta y dejando pasar a la despampanante rubia sin siquiera cruzar palabra, ya era común verla llegar allí, así que no había necesidad de una cita previa.

Su cuerpo venia cubierto con un vestido de paño entallado a su figura, sus labios brillantes por el labial del tono natural de sus labios y sus cabellos cortos acomodados mayormente en su costado derecho, remarcando su perfil griego, casi de una diosa, a pesar de la edad que la mujer tenía.

—Lazuli... —pronuncio su nombre al ponerse de pie y acercarse a la rubia, besando su mejilla y ofreciéndole asiento frente a su escritorio, la mujer apenas le regalo una sonrisa coqueta y sentándose con ayuda del moreno cruzo una de sus piernas dejando ver la piel clara y lisa de sus muslos atreves de las delgadas medias veladas que traía de un tenue color canela.

—Vegeta, me alegra que me hallas podido recibir el día de hoy, últimamente has estado muy ocupado ¿Mucho trabajo? —amplio su sonrisa y el moreno solo pudo recostarse sobre su asiento mientras la miraba de arriba abajo, posando su mano sobre su mentón mientras relamía sus labios, Cuan deseable se le hacía en ese momento... desde que la conoció se le complicaba siempre mantener su mente en frio cuando su figura hacia presencia frente a él.

—Eh estado ocupado, no te lo voy a negar... —la mujer dejo lentamente su bolso tras su espalda y agradeciendo que las persianas de dicha oficina estuvieran cerradas y que apenas la luz del día se filtrará por la ventana, dejando entre ellos un ambiente más íntimo para mayor comodidad —pero no puedes quejarte, este trabajo me lo encargaste tú, te preocupas demasiado por él... —las piernas turgentes se movieron magistralmente a la vez que ese cuerpo se aproximaba lentamente hasta su ubicación, si quiera había prestado atención en su rostro, solo escaneando ese andar hipnótico que tanto la caracterizaba —Lazuli... — su trasero rápidamente se deslizo sobre la madera de su escritorio sin importar mostrar de más de lo que debía cruzando sus piernas de nuevo y con su mano izquierda acariciar el mentón de hombre sobre su apenas creciente barba.

—No me dirás que estas celoso por algo así... —la rubia relamió sus labios sugerentemente mientras alzaba un poco más su pie y lo encajaba entre las piernas del chico, tocando la tela en medio del asiento, deslizándolo frente así para poder descender casi perfectamente sobre sus piernas y así rozar su centro con el del chico, dejando sus rostros mucho más cerca —sabes que también eres importante para mí... —su escote se hizo más evidente en esa posición y el perfume dulzón impregnarse en la camiseta del moreno.

—Lo sé... —sus manos habían ascendido hasta sus caderas amasando fuerte los glúteos de la mujer apretándola sobre si con una sonrisa socarrona —pero si pretendes provocarme no podré hacer mi trabajo como es... —se levantó de golpe, dejando a la rubia de nuevo sentada sobre el escritorio y aprovechando la posición ascendiendo sus manos para apretar sus senos rosando con su lengua uno de sus labios haciéndola soltar un leve gemido, más el moreno se alejó casi de golpe, dejando a la rubia algo consternada, mientras relamía su propio labio por inercia y de un brinco se bajaba de ese lugar sentándose esta vez en el asiento de moreno.

(Imagen)

—Está bien, cuéntame entonces... —acomodo uno de sus mechones y el moreno saco una carpeta del estante que tenía en una de sus paredes.

—En los últimos meses no es que haya hecho gran cosa, esta de su apartamento al trabajo casi todos los días, las únicas veces que cambia de rutina es cuando va a visitar a sus padres o sale a jugar golf con algunos de sus socios, nada del otro mundo, además de su rutina de ejercicios en la madruga. Desde el último informe con la mucosita esa no ha habido cambio alguno, hasta hace poco menos de un mes... —los ojos de la rubia habían estado jugueteando sobre su escritorio, escuchándolo atentamente, mirando cada objeto que adornaba aquella mesa de madera, entre retratos sin alguna conexión especial y tarros llenos de colores o lápices, sin embargo, el escuchar esa pequeña oración detuvo su mano enredada en su cabello para esta vez darle un leve tirón y mirar fijamente al moreno que a pesar de su corta pausa no había dejado de mirar aquella carpeta en sus manos —una estudiante de la estatal de Komae llego Saiyan Hause para hacerle una entrevista para el periódico universitario, según tengo entendido él entregara los diplomas de este semestre —paso la hoja y un par de fotografías se vieron grapadas en las hojas —la ha estado cortejando desde que la conoció y para serte sincero parecen tener un interés mutuo —finalizo cerrando la carpeta y apenas agitándola en su mano.

—No es sorpresa, quien no se interesaría en un multimillonario... —bufo la rubia poniéndose de pie y rodeando la mesa para tomar su bolso.

—Eso pienso, pero Kakarotto ya se encapricho con ella y perder un par de millones no es algo que le preocupe —alego mientras tiraba la carpeta sobre la mesa —todo depende de como les vaya y si la chica acepta ser su sumisa.

—Es obvio que sí, las niñatas de hoy día se dejan llevar mucho más fácil.

—No lo sé, tiene un temperamento nada gustoso, para mí... —el chico se recostó en el borde del escritorio observando el rostro de la mujer, que ya estaba lista para salir de la oficina, más sus ojos azulados le miraron curioso volviendo a acomodar un mechón de su cabello.

—¿Acaso la conociste?

—Fue una coincidencia, vive con la hija menor de los Brief. —su ceja rubia no dudo en curvarse, la alta alcurnia con la que había crecido rodeada iba incluida de las personalidades más estrafalarias de todo el continente y no por nada tenía presente esa compañía de tecnología e informática más importante del país atorada en la cabeza, una de sus amigas de la secundaria se casó con aquel hombre dueño de tremenda compañía con la excusa de gustar más de los hombres mayores que los de su edad y si aquella chica tenía relación con semejante familia debería también ser alguien de mundo ¿No? Estaba vez el joven Son había dado con el pez gordo.

—¿Enserio? —miro la carpeta sobre la mesa, teniendo por primera vez curiosidad de ver por si misma los informes que le encargaba al pelinegro, sintió un cosquilleo en el pecho y retomando un par de pasos volvió a estar a escasos centímetros de este — Entonces no debe ser cualquier chiquilla de paso —lo miro directo a los ojos recibiendo una sonrisa burlona antes su repentino interés.

—No he encontrado datos relevantes por ahora de ella, están por llegarme alguna información extra de su familia.

—¿Así? Y ¿Se puede saber de qué familia proviene? —el moreno sujeto la carpeta a un costado abriendo la portada dejando a la vista el primer documento que había encontrado.

—Los Ox... —giro la carpeta dejando ver la foto universitaria de la morena grapada en el curriculum escolar que había enviado para matricularse a dicha universidad — ¿Los conoces? —la rubia que en su momento solo se había quedado mirando la imagen apenas atino a fruncir casi medio segundo sus cejas, totalmente imperceptible para alguien que no la conociera, alzo la mirada al chico antes de sujetar la carpeta y zafarla de sus manos con un leve toque coqueto.

—No tengo ni idea... —le susurro, acaricio la fotografía remarcando el contorno del rostro de esta hasta bajar por lo que parecía ser sus hombros llegando al borde de este arrancándola de un tirón, lanzando la carpeta de vuelta al escritorio ante la mirada curiosa del pelinegro —pero intentare buscar también por mi parte —guardo la misma entre su bolso y se encamino a la puerta seguida del moreno —agradezco mucho esta información, tu dinero será consignado entre una hora y tan pronto tengas más datos, no dudes en llamarme —sujeto su mentón y esta vez sí deslizando sus labios sobre su boca robándole un beso corto, logrando manchar los labios del moreno con el labial que traía —nos veremos después Vegeta—salió de allí sin voltear atrás, esquivando rápidamente a las personas y metiéndose en el ascensor, para rápidamente quedar en la primera planta y aun sin siquiera salir del todo ver como su chofer ya la esperaba con la puerta del auto abierta, se adentró allí y viendo de soslayo como este rodeaba el coche para emprender rumbo a su compañía, apretó su bolso y soltando un bufido saco aquella fotografía arrugar entre sus dedos más la sonrisa torcida en su rostro parecía contradecir el otro gesto—Nunca espere tener que volver a cruzarnos, Milk...

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Siquiera habían llegado al apartamento y sus estómagos parecían querer explotar, no solo por haber comido como si no hubiera un mañana, sino por el repentino tropezón de la ojiazul al apenas subir un escalón del edificio.

—Tonta con título —soltó la morena mientras apoyaba una de sus manos en la pared de su costado derecho, y la otro en su vientre, intentando calmar las carcajadas que salían ruidosas de su garganta llegando incluso a escupir cuando la Brief no pudo calcular bien la altura del escalón tropezándose con este casi cayendo encima de estos quedando de cuatro patas con un gritillo ahogado resonando por el pasillo, a pesar de que la morena logro sujetar la parte baja de su chaqueta no logro hacer gran cosa dando como resultado la posición para nada elegante de la joven y futura científica—¿Qué no estabas viendo?

—Deja de reírte, me distraje por estaba pensando en las pelotas de Tarzán…— de nuevo no retuvo la carcajada, pero esta vez fue acompañada por la carcajada casi igual de escandalosa de su compañera y a pasos casi igual de torpes comenzar a subir los escalones ayudándose mutuamente; poco más de diez minutos les costó llegar, aún tenían rastros de risas pasajeras o algún recuerdo patoso de un par de años atrás no se hicieron esperar donde situaciones parecidas les hacía revivir esas viejas risas y aumentar las que hasta ese momento no habían podido retener, sin embargo, lograron abrir la puerta, cada una lanzando su abrigo sobre el sofá y acariciando el musculo lastimado de su vientre, la peliazul rápidamente se deshizo de sus zapatos soltando un suspiro de alivio mientras se sentaba en una de las sillas de mesón.

—Estoy muerta, me duelen mucho los pies y el estómago —la morena que a diferencia había corrido al baño, salía mucho más relajada y sacudiendo sus manos húmedas dirigiéndose a su compañera, sacando dos vasos de vidrio y sirviendo agua hasta la mitad de este.

—Entiendo lo del estómago, pero no sé por qué te empeñas en ponerte esos tacones, siempre te sacan ampollas, tienes otros en el armario—Saco de una de las gavetas una pequeña caja con sobres para bajar la llenura estomacal, tomando dos sobrecitos y vertiéndolos en los vasos.

—Esos zapatos me costaron 16.000 Yens, no los voy a desperdiciar— sujeto el vaso que le ofrecían, lo meneo un poco y de un trago acabo con su contenido eructando por el gas que esté le provocaba—Agh, está mierda sabe horrible—alego dejando fuerte el vaso sobre el mesón y volviendo a eructar mientras se daba un par de golpecitos en el pecho.

—…Tu no cambias…—de la misma manera que la Brief se tomó el contenido de vaso y dándose un par de golpecitos ahogo el eructo que también quiso escapar de su garganta— para que malgastar el dinero así.

—Milk— sujeto su mano de golpe mientras medio cuerpo se recostaba sobre el menos—la belleza y la moda duelen, van juntitas de la mano— la soltó divertida y dando dos palmaditas en la mesa se bajó del asiento rumbo al sofá para prender el televisor de la sala.

—Horrible…— apenas comento para sí misma dejando ambos vasos en el lavado y caminando hacia su cuarto, esta vez sacándose los zapatos sin necesidad de usar sus manos, dejándolos en la entrada del cuarto, camino hacia unas pantuflas y de vuelta a su clóset sacándose la blusa que llevaba encima y su pantalón, poniéndose en remplazo un pesquero y una camiseta holgada de color gris—estoy cansada…— comento mientras se dejaba caer sobre su cama y soltaba su cabello para masajear las raíces de este, pero mientras hacía esos sus ojos se enfocaron en su bolso y el flash de la noche anterior pareció revivir en su mente provocando un notorio subir en sus mejillas, se aclaró la garganta y estirándose hacia este saco su teléfono destrozado y lo apretó entre sus manos ¿Y si ya le había escrito? No tenía muy en claro cómo sería su situación partir de ese momento, estaba ansiosa, temerosa y emocionada, todo los sentimientos juntos y revueltos en la boca de su estómago, a la expectativa de que todo pudiera pasar, mordió su labio y casi como un resorte empezó a buscar en su cuarto las cajas donde mayormente guardaba algunos regalos o adornos que le hubiese parecido lindo, todo estaba en esas cajas, pero desde la última vez que las había esculcado su mente había preferido simplemente opacar su ubicación, tenía miedo de revivir viejas vivencias... pero reviso el clóset, las mesas de noche, bajo su cama e incluso en ese mueble que escasamente tocaba, el tocador, sino fuera sido un regalo de su padre era seguro que ese espacio estaría libre para poner una biblioteca decente, todo con la excusa de encontrar alguno de sus viejos teléfonos que aun pudiera usar, pero nada, no había nada, así que lo único que le quedaba era ver es pequeño cajón de su escritorio infestado de libros de cocina, era el único lugar en él que podrá haber dejar algo, pero era evidente de la nula existencia de algo que no fueran enciclopedias, recetarios o la historia de la cocina Gourmet

Miro la hora en su despertador y ya se le había hecho de noche, habían llegado pasada media tarde por andar mirando tiendas y comiendo cuánta cosa se les antojase, todo por bolsillo de Bulma claro estaba, el tiempo se había ido volando y entre búsqueda y búsqueda, bueno, no calculo los minutos que parecían correr contra reloj, seco el leve rastro de sudor en su frente y sacudió sus manos apenas empolvadas por las leves capas de tierra que se habían acumulado con el correr de los días, la tenue luz de la sala alumbraba el exterior de su cuarto con algo de ayuda de la bombilla de su recámara. Rendida se dejó caer sobre el asiento del escritorio y sacudió sus pantalones que también habían recogido algo de polvo mientras exhalaba un suspiro pesado y su cabeza se dejaba caer hacia atrás admirando el techo blanquecino, tendría que pedirle ayuda a Bulma, quizás esta sabría algo de sus paquetes o tendría guardado uno de sus viejos teléfonos, cualquiera de las dos opciones estaba bien para ella mientras conseguía algo mejor...

—Tendre que decirle la verdad... —sujeto su viejo teléfono quitándole la tapa para sacar el chip pero un leve golpeteo la hizo alzar la mirada y ver hacia afuera, esperando que no fuera producto de su imaginación o que Bulma estuviera revoloteando por el lugar de nuevo, volvió a escucharlo los golpecitos esta vez más fuerte haciéndola levantarse, camino hacia la sala teniendo como primer plano al cuerpo casi fundido con el sillón de la peliazul, roncando a pierna suelta con la luz del televisor dándole de lleno al rostro mientras pasaban un programa infantil, quien sabe a qué horas cayo dormida, se encaminó rápido el origen de los golpecitos abriendo la puerta sin despertar a la chica y encontrándose con el casero de los apartamentos—¿Señor Tanaka?—Este aclaró su garganta y estiró él no muy grande paquete que traía en sus manos.

—Llego esta mañana, pero ni Bulma ni tu estaban así que yo lo recibí, se me olvidó entregárselos cuando las vi llegar— la chica miro el paquete y ente traía en un sello explícito su nombre, pero su cabeza aún no asimilaba el porqué de ese paquete, si fueran sus notas llegarían en sobres de Manila, no en cajas.

—¿Seguro que es para nosotras señor Tanaka?—el hombrecillo asintió.

—Preguntaron por ti, pero sino lo quieres puedo devolverlo a la agencia…— la chica miro dudosa aún el paquete y dándole una mirada rápida a su compañera y viéndola aún en el mismo estado decidió hablar más bajito y estirar sus manos.

—No se preocupe, sino es para mí yo misma lo devolveré—agarro la caja y la acerco a su cuerpo mientras daba dos pasos hacia atrás—Gracias señor Tanaka, que tenga buena noche— este apenas se despidió y se alejó bajando de dos en dos los escalones que separaba cada piso, cerró la puerta con seguro teniendo en cuenta lo tarde que era y a paso tranquilo se metió a su cuarto, dejo la caja sobre su escritorio y volvió sobre si hasta la peliazul, por lo pronto sería mejor asegurarse que su querida Roomie no se tuerza la espalda por quedarse dormida en el sofá—Bulma, ya es tarde, a tu cama…— le susurró mientras la movía, sujetando su hombro—Bulma, se te va a torcer algo sino te acuestas bien— volvió a hablarle pero está apenas remilgo y se giró sobre si dándole la espalda a ella—vas a besar el cojín, ya párate— jalo su brazo y entre cuchicheos las chica se dejó guiar sin siquiera abrir los ojos y arrastrando los pies.

—Tengo sueño...

—Ya lo sé…— abrió el cuarto de la joven y casi la dejó caer sobre este, acomodo sus cobijas y la dejó allí entre la oscuridad, cerró el cuarto y volviendo hacia el suyo casi corriendo aprovechando para apagar el televisor y así encerrarse como debía en su cuarto, mucho más tranquila, agradeciendo el sueño pesado de su compañera—Bien, ahora sí…— sujeto la caja y se sentó en forma de indio sobre el mullido colchón, la miro extrañada un par de segundos hasta que se decidido a abrirla utilizando un esfero para romper la cinta de sellado y así abrir el empaque, entre bolsas de burbujas venía la caja de un teléfono móvil de último modelo, lo suficientemente caro cómo para ella vivir cuatro meses sin gastar un centavo—¿¡Pero que!?—su ceño se frunció ante la sorpresa y la tarjeta sobre este era lo único extra que venía en el empaque, la tomo suavemente y el sello en letra gris le retuvo el aire, tenía que ser idiota para no imaginárselo—Esto es el colmo…— el papelito con letra cursiva e impresa mostraba claramente un "No puedo esperar" en dorado, apretó el dije que pendía bajo su ropa y sus mejillas se tornaron rojas pero no por el bochorno, este hombre no entendía, quizás un tiempo atrás aquel detalle le hubiera fascinado, pero en ese instante solo sentía irritación, no quería más obsequios, no quería que cada tanto se vieran este le saliera con regalos exorbitantes caros—Ricachón presumido...— soltó un bufido y siquiera destapó la cajilla donde venía el dispositivo, lo dejo sobre la mesa de noche con todo y tarjeta, la otra caja la ocultó bajo su cama y se dejó caer sobre la almohada mientras su rostro seguía fruncido. No podía creer que de nuevo se saliera con la suya.

Cerro los ojos y dejó que el mal sabor de boca le bajará, su ceño lentamente al correr de los minutos se iba suavizando y su mueca de desagrado parecía convertirse en una de incertidumbre, giro a un costado mientras mordía una de sus uñas sin poder escapar, aunque fuera entre sueños.

"Espero podamos vernos pronto"

Esas habían sido sus palabras, antes de que el auto arrancará y su imagen se perdiera en la distancia, se habían besado de una forma impresionante casi como si ese acto les devolviera la vida y a pesar de que el pretendió comunicarse, ella no le dio una respuesta, no tenía a la mano con qué, solo hasta que el destino o ellos mismos decidieran ir en busca del otro, incluso ese pensamiento le sonó ridículamente romántico, pero le gustó creerlo, una risilla se escapó de sus labios y volviendo a girar hacia el otro costado enfoco sus ojos en aquella cajita, a solo medio metro estaba la posibilidad de poder tener siquiera un mínimo contacto no tan ¿Visceral? cómo habían sido sus últimos encuentros, tenía la posibilidad de poder entenderle más y no con el deseo carnal invadiéndole las venas, después de todo había sido correspondida con la misma forma desde la primera vez que se vieron.

—¡Al demonio! — exclamó para su misma y apoyándose en su codo derecho estiró su otra mano para tomar la cajita, se sentó al tenerla ya entre sus manos y con duda miro el teléfono a su otro costado, podía ensayar el dispositivo, no era ilegal y cualquier cosa podría devolverlo sino le hacía ningún daño—Solo una miradita y ya…— incluso podría aprovechar si su padre se había comunicado con ella o algo, así que con cuidado empezó a despegar la cinta que única cada extremo de la caja, dejando ver un posible modelo en su interior pero procuro hacerlo lo más cuidadoso posible para que la caja no se viera afectada por la presión en sus dedos, estaba ansiosa de ver lo que podría pasar, al abrirlo un teléfono bastante grande de color plateado se mostraba sobre la caja, lo tomo y observo, era realmente bonito y demasiado sofisticado a comparación de la carcacha que tenía sobre el colchón, con cuidado detallo sus bordes hasta encontrar la hendidura para zafar el respaldo del teléfono y ver cómo para su desagrado traía la batería unida al dispositivo, pero aun así no podía quejarse tanto, tenía un teléfono nuevo sin quiera haber gastado un centavo. Tomo su otro teléfono y quitándole el Chip y la Memoria CD se la puso al nuevo, juntando de nuevo la tapa y así prendiéndolo viendo el logo de la empresa y la luz de tonos azules iluminar su rostro, un leve sonido de este salió cuando la imagen de inicio se mostró—Bien…—coloco su señal de Wi-Fi y espero a que está cargará, tan pronto lo hizo solo fue aceptar los términos de usos personales y ya estaba, traía casi todas las app que en su otro teléfono portaba, pero lo que la descolocó fue ver la hora y que un par de horas antes unos mensajes llegarán, abrió la app y de este salió claramente el nombre de aquel rubio.

*Hola nena

*¿Qué tanto hace para estar tan descomunicada?

*¿Está bien?

En aire casi se le escapa de sus pulmones cuando el vibrato de celular mostró ese último mensaje ¡Estaba en línea! Los otros había sido hace mucho rato, pero no tenía más de treinta segundos y sus hombros no evitaron el fruncirse ante la tensión de ver aquellas simples letras.

—Es real…— mordió su labio para que el dolor funcionara como un contenedor ante sus emociones, esperaba no estar equivocándose de nuevo, esperando que aquel magnífico hombre no fuera solo una imagen de sexo sin pudor alguno, a pesar que ella también muriera por hacerlo, preferiría mil veces que todas esas sensaciones la llevaran más allá que una simple cogida fortuita. —Demonios— dejó caer el teléfono entre sus piernas y llevo sus manos al rostro intentando alejar ese nerviosismo que se había clavado en sus extremidades.

"Contéstale, vamos, solo contéstale"

Alejo sus manos y las agitó como si estuvieran húmeda, miro al techo como si esa acción le diera mejor acceso al oxígeno de su alcoba, respiro fuerte y estiró sus manos por el teléfono, miro de nuevo la hora y ya habían pasado un par de minutos.

"¡Hazlo!"

—Vamos, que tan difícil puede ser…— mordió su labio y aún dudosa empezó a escribirle.

Hola. Perdón por no responder antes, pero hasta ahora me entregaron este paquete. Que inesperado...*

Lo releyó y casi oprimió el botón a ciegas al cerrar los ojos y volviendo a dejar caer entre sus piernas.

—¡Dios!— se sentía ridícula por tanto nerviosismo ¿Qué edad tenía? No parecía ser una adulta independiente y auto suficiente, mordió sus labios y enseguida el teléfono volvió a vibrar—Ya respondió…—de nuevo se obligó a estar tranquila y retomar lo que debería ser una conversación normal… con el hombre que te hacia mojar la ropa interior.

*Ya veo, espero no le moleste mi obsequio, pero me urgía hablar con usted.

Mordió su labio sintiendo los latidos de su corazón acelerarse ¡Contrólate Ox!

Comprendo, pero me temo que debemos llegar a un nuevo acuerdo, no puedo quedarme con las manos cruzadas mientras usted gasta dinero innecesario en mi*

*No lo sé… tómelo como una inversión.

¿Una inversión? *

"¿¡De que estaba hablando!?"

*Claro, quiero que usted esté cómoda conmigo ¿No cree justo su atención por un par de regalos?

No podía creer lo que leía ¿Acaso le estaba coqueteando? O ¿Es que ella veía cualquier atisbo de atención como alguna forma de cortejo? No sabía más que apretar las piernas para forzarse a mantenerse tranquila y con un gesto pícaro llevarle la contraria, al menos así podría divertirse, aunque fuera un poco, en medio de esa noche, en su pequeño cuarto.

Debería ser más equitativo*

*Para mí lo es. Además, el beso de ayer vale ese teléfono y mucho más.

Sedejócaersobre el colchón mirando apenada la pantalla y como el rubor casi le hacía nublar la vista y la sonrisa tonta profundizarse sin que se diera cuenta. Le había dado en el blanco.

Busque ideas más ecuánimes, todo por igual sería mejor señor Son*.

*¿Está sugiriendo que... besos a cambio de besos es lo que quiere? ¿Es eso?

No pudo evitar una risa nerviosa, y que sus pies se frotaran entre su tomando algo de calor a pesar del frio que se colaba bajo su puerta, era demasiado perspicaz cuando quería y directo cuando pretendía incomodarla ¿Cuántas veces lo había hecho en las pocas veces que se había visto?

Que directo señor Son*.

*Pero no lo niega... Usted misma lo dijo señorita Ox, soy un maníaco del control y me gusta dejar todo claro desde un principio ¿No le parece?

¡Maldito! Casi podía sentir su sonrisa torcida al otro lado de la pantalla.

Bueno, siendo así ¿Qué pretende conmigo? *

Por una extraña razón empezó a hiperventilar y a acercarse más el teléfono al rostro mientras tragaba pesado un poco de saliva, se sentía más que acalorada...

*Sonaría muy descarado y poco profesional si lo escribo así, como si nada.

Mordió su labio un poco más fuerte y dejo escapar el aire antes de relamerse.

¿Entonces? ¿Cómo pretender incluirme en su apretada e inflexible agenda? *

*¿Qué tal una visita? O ¿Preferiría vernos hasta la entrega de diplomas?…

Su cuerpo reacciono por aquel mensaje, incorporándose para tomar algo de aire a pesar de que sus cabellos le estorbaran un poco la vista, Cruel, nada más cruel y crudo que ponerla a decidir en qué bandeja quisiera recostarse. Quería volverla a ver...

Si mal no recuerdo la entrega de diplomas será en el coliseo de la universidad de Tokio, me daría lo mismo señor Son, usted es quien los entrega ¿No sabía eso? *

*Suponga que lo olvidé. Pero también recuerdo que tiene pensado mudarse a la capital. ¿Cuándo será eso?

¡La mudanza! Era verdad, en pocos días irían a la capital para ver el apartamento que le compro el señor Brief a Bulma, quizás ese día, podría...

Aún no es definitivo, necesito las notas de mis exámenes y ahí podría fijarse una fecha*

Apretó la tela de su cama bajo su cuerpo, nerviosa de lo que pudiera contestarle, pero ansiosa de vencer ese reto que tenían entre sí, cada uno parecía querer ganarle al otro en aquellas charlar con doble sentido escondidas entre sus palabras, siempre un as bajo la manga.

Pero es posible que vaya este fin de semana, con Bulma, a checar su nuevo apartamento…*

Se la había jugado, de todas maneras, fueran o no jamás lo dejaría plantado si este llegaba a aceptar

*Nos veremos el domingo entonces.

"¡Dios! Ha dicho que si"

*¿Dónde prefiere que la recoja?

Le indicaré ese día... Que descanse señor Son, ya es muy tarde*

Tuvo que cortarlo, su emoción había sobrepasado su límite y estaba segura que en cualquier momento gritaría cual quinceañera y era lo menos que quería hacer, lo mejor era cortar aquella conversación que a pesar de ser lo más tranquila posible parecía quererle reventar las mejillas.

*De acuerdo… que descanses Milk.

La tuteo, ese había sido el acabose, teniendo que dejar el teléfono de lado y sin importar rodar sobre el viejo móvil cubrir sus enrojecidas mejillas y tomar grandes bocaradas de aire, debía de controlarse... lo volvería a ver y no solo eso, podría intentar aclara su situación y hasta donde tendría acceso a él, apoyo sus manos sobre su pecho sintiendo el latido acelerado y el cómo lentamente el rubor empezaba a descender, estaba perdiendo la cabeza...

—Goku…

.

.

.

Recostado en su inmensa cama dejó caer su teléfono sobre su pecho, después de una larga espera había tenido la dicha de cruzar más que un saludo con aquella pelinegra, había estado ansioso todo el día en espera de algún tipo de contestación y más con la incómoda visita de Vegeta, su ansiedad había aumentado un veinte por ciento por cada hora en el que la chica no daba señales de vida, le hubiera encantado mantener la calma como últimamente lo había hecho pero a cada mínima distracción ya estaba pensando en ella y eso le dificultaba tal acción haciéndolo dudar si escribirle o no, le había enviado un mensaje inicial pero más tarde se hacía más corta era su paciencia. Tan pronto le confirmaron la entrega espero a que está contestará, hora tras horas casi completándose ocho y ella aún no se dignaba en responder, creyó que la chica se había molestado aunque fuera un poco por su nuevo obsequio, después de todo había sido clara en que esos regalos no le agradaban y menos si no había una razón fuerte de por medio, pero como siempre su terquedad fue más fuerte y lo dejo pasar, prefiriendo molestarla de nuevo con otro mensaje de texto, ya con ese sería el segundo en el día... Así que decidido bloquear su teléfono dejarlo bajo una pila considerable de documentos hasta que el resto de la tarde pasara, comiendo algo domicilio y completando su trabajo en ese día hasta ver el anochecer cubrir la amplitud de su oficina, esperanzado volvió a tomar su teléfono, pero pasa su infortunio no había más que mensajes de algunos socios en su panel de notificaciones, haciéndolo chasquear la lengua y que con un tenue fruncir de cejas se alistara para darle fin a su jornada laboral, el reloj marcaba poco más de las ocho y serían muy pocas las personas que aun estuvieran el aquel edificio, sujeto su maletín y guardando su teléfono en el bolsillo, apago la luz y salió de allí, dejando con llave y oprimiendo el botón del elevador, salió a paso calmo tan pronto se vio en la primera planta, despidiéndose del par de guardas de seguridad y su auto ya sobre la acera principal esperándolo para llevarlo a casa, se subió y dejando el maletín a su costado volvió a sacar el teléfono esta vez decidido a llamarla, esperando que al otro costado de la línea la voz de la pelinegra hiciera presencia mas solo escucho el correo de voz, si quiera estaba activo su Chip

"Vaya mierda"

Pensó molesto volviendo a guardar su teléfono y se concentró en mirar las luces de la ciudad hasta que llego a su Pent-house, al llegar, solo se despidió con un movimiento de mano del viejo Roshi y subió hasta el sofisticado Apartamento dejando sobre el mesón de la cocina su maletín y al pasar por la enorme sala aflojar el nudo de su corbata, miro el cielo oscuro y a pesar de la tranquilidad del lugar se sentía incómodo en tanto espacio, aceleró el paso entrando a su dormitorio, quitándose el Blazer y dejándose caer sentado en la cama, siquiera safo sus zapatos y desabrochando algunos botones volvió por última vez a tomar su teléfono móvil, sería su último intento, si no le contestaba tendría que ir por su propia cuenta a ver por qué no quería contestarle...

De nuevo en medio de la pantalla no se mostraba una mínima interacción, si quiera parecía estar conectada y a pesar de tener ya unos mensajes no supo si volver a llamarla o textear de nuevo, recorrido la habitación con la mirada y aun indeciso se relamió los labios optando por un último y corto mensaje, era lo poco que podía hacer en el momento, lo dejo tirado en la cama y se fue rápidamente al baño, le daría un poco más de tiempo entonces, así que se sacó los zapatos antes de cerrar la puerta y darse una ducha rápida con agua tibia saliendo un poco más relajado, poniéndose apenas un bóxer negro y una camiseta de tirantes holgada, detestaba dormir sin algo sobre el pecho...

Una leve vibración lo hizo mirar el teléfono sobre la colcha oscura y la pantalla de este iluminarse con la notificación de mensaje, rápido se acercó a este, recostándose en la cabecera de la cama y desbloqueando con su huella el dispositivo, la fecha de ultima conexión desapareció y el mensaje de a chica pidiendo disculpas lo hizo bufar agraciado, subió los pies sobre la cama y jalando un par de almohadas hacia su espalda pudo sentir más gratamente la suavidad de estas y sus dedos rápidamente le devolvieron el mensaje, empezando casi un juego en vez de una conversación normal, sin evitar soltar alguna que otra sonrisa por la rapidez con el que la chica ahora le contestaba, le gustaba ese carácter desafiante, se le hacía mucho más tentado que muchas de sus anteriores sumisas, esta al menos le decía sin tapujos lo que pensaba...

Al terminar su conversación de más de quince minutos la leve sonrisa tonta no se le iba y su teléfono había ya perdido importancia, bostezó un poco entre el alivio y el cansancio, pero el gruñir de su estómago fue mucho más fuerte haciéndolo levantarse casi a regañadientes en busca de algo que calmara a la bestia que tenía por estómago.

¿Dónde prefiere que la recoja? *

*Le indicaré ese día... Que descanse señor Son, ya es muy tarde.

—Jmp, mujeres.

.

.

.

—¡Ya llegaron!—la peliazul no dejaba de brincar de un lado al otro, los exámenes habían llegado dos días antes de lo pensado y ya con ese simple sobre podían saber qué tan mal o bien les había ido, la morena si quiera probó su desayuno antes de correr hacia Bulma y quitarle ambos sobres donde sus nombres se marcaban en una tirilla blanca.

—Dios ¿Y si no pasamos? —Un empujó hacia la mesa de la cocina la callo y él tener sus manos de nuevo libres y una peliazul separara ambos paquetes de la grapa que los unía

—Deja de decir bobadas mujer, todo debió salir bien, yo estudié mucho para esto y tú... le prendiste muchas velas a tus santos.

—Solo fue una Bulma y fue a principio de año— apretó sus manos sentándose frente a su desayuno esperando a que la peliazul le diera su sobre—¿Y si tú miras el mío y yo el tuyo? — mordió su labio inferior—así el golpe no será tan directo —sus manos se habían unido en suplica mientras una gotita de sudor resbalaba por su mejilla.

—Cobarde…— alegó al darle un último tirón a los sobres— pero tienes razón…— no le importó estirar el paquete a la morena y con menor ansiedad cada una destapó el sobre de la otra, deslizando el resultado final que venía al respaldo de todo el paquete que habían tenido que llenaren los exámenes—A la cuenta de tres ¿Vale? —con movimiento de cabeza y las voces retumbando en su mente contaron hasta tres y jalaron la hoja hacía arriba, dándole una repasada casi bestial a todo el palabrerío que traía esa hoja quedando en un no muy grande rectángulo y en negrilla enmarcaba la palabra APROBADO en la parte baja. Un grito unísono se desplegó por todo el apartamento, ambas chicas le mostraron a la otra el resultado final de las notas a comparar y el magnífico aprobado al final de la hoja—¡Lo hicimos!— se abrazaron con fuerza riendo emocionadas y un alivio se implanto en su pecho—al fin, mujer ¡No más preocupaciones!

—Por ahora…— soltó una carcajada, entregando el resultado de notas a Bulma para que esta misma detallará mejor su puntaje— aún nos queda lo del apartamento— hablo con una voz casi chillona mientras daba un par de brinquitos en el asiento y al fin tomaba bocada a los huevos que había preparado, llenando su boca con una sola cucharada.

—¡Siii! ¡Ya no hay que esperar más! Iremos este mismo domingo ¿Te parece? —la morena asintió gustosa sin dejar de masticar —Solo tenemos que ir a ver dónde está ubicado y planear la mudanza y listo, gracias a Dios la ceremonia será en Tokyo ¡Ya no más Komae para mí!— río mucho más fuerte la peliazul sujetando el sobre que le correspondía empezando a checar cada una de sus notas olvidando por completo su aún existente desayuno en su plato—¿Cuándo vas a renunciar al café de Ten Shin Han?

—Mañana, hoy en la tarde es mi último turno, mañana solo voy a cerrar cuentas y listo— le dijo apenas mirándola, mientras desocupaba el plató y llenaba sus mejillas— ellos ya saben.

—A Ten Shin Han le dará duro, te quiere mucho y ni una cita tuvieron— chisto mientras se burlaba de la cara que la morena había puesto—¿Qué? Es apuesto.

—Pero no estaba para eso, además, Ten no es de mi tipo la verdad— frunció los hombros queriendo restarle importancia a pesar de que sonara un poco rudo hacia el chico, más sin embargo le guardaba mucho cariño por todos los años en los que habían convivido juntos— es mejor como amigos.

—Bueno, si tú lo dices — se bajó del asiento y camino hacia su cuarto — voy a llamar a papá, estará contento con el resultado de los exámenes.

—Vale. Pregúntale si al fin podemos ir este fin a ver el apartamento.

—¿Cómo que si podemos? ¡Iremos! el domingo para que nos dé tiempo de arreglarnos. Ya todo debe estar listo.

—No pierdes nada en reconfirmar.

—Está bien, está bien, te aviso cualquier cosa.

Terminó su desayuno y dejo los platos en el lavado, tomo su sobre de notas y al igual que la peliazul se los llevó a su recámara, se sentó frente al escritorio y empezó a ojearlo, uno por uno los miro y se podía hasta auto felicitar al ver el buen estado en el que había entregado el examen, muy poco había tenido así a lo largo de su vida escolar y más con la distracción que tenía para eso días.

—Debería enmarcar esto— incluso, su estado no había sido impedimento para tener una calificación excelente además de las notas de su tesis y algunos otros trabajos la dejaban en un muy buen puesto, sujeto su teléfono y vio como ese día apenas había recibido un buenos días por parte de aquel rubio, sonrió tontamente y de la misma manera le contesto, pero dejó de lado aquel mensaje para buscar en su lista de contactos uno con corazones en su nombre, lo marco y espero que el tono de llamada se oyera.

—¿Alo?

—¿Papá? Adivina, Pasé el examen…

.

.

.

El reloj ya empezaba a marcar las seis de la tarde y los clientes parecían no dar abasto, salía uno y entraban tres, si quiera había tenido tiempo de llegar y saludar cuando ya la estaban poniendo a atender, logro ponerse su delantal y con las comandas en mano ir a cada una de las mesas, a la cocina y viceversa, llevando pedidos y dejando la cuenta a cada respectivo cliente, si quiera su amigo Ten se había podido ir, teniendo que hacer doble turno junto con ella.

—Un café, dos chocolates con leche descremada y un té verde— dijo a su compañero mientras escribía los precios de las bebidas dejando la copia en la cajilla junto al mostrador.

—Estamos que no damos abasto, muchos salieron de la universidad directo aquí— comento el joven mientras dejaba la comanda sobre el mesón de la cocina y registraba el último pago.

—Ni que lo digas, unos apenas y están cerrando semestre, gracias a Dios solo me queda el grado.

—Es verdad ¿Cuándo es?

—Según el cronograma que venía en las notas es a principios de este mes que viene…

—¡Señorita!— un hombre de la mesa 3 le hizo una señal a la pelinegra.

—Ya seguimos hablando— se alejó a paso rápido mientras el chico la miraba desilusionado en el mostrador. Solo le quedaban un par de horas para que se fuera...

—No creo que nos volvamos a ver…— susurró para sí mismo y sujetando el trapo aún costado de la caja empezó a limpiar el mostrador intentando distraerse esperando que las horas pasar mucho más lento.

—Hijo ¿Estás bien? — el joven miro de soslayo al robusto hombre que dejaba las bebidas solicitadas sobre el mesón que dividía la caja de la cocina.

—Si, solo que hoy es el último día que Milk trabaja con nosotros ¿Recuerdas?— tomo las termas y las fue posicionando con rapidez sobre el mostrador.

—Es verdad, lastima, trabaja muy bien esta muchacha, pero toca dejar todo en línea ¿Podría ayudarme con eso? Tu madre está ocupada con el horno.

—Si, no te preocupes— comento el joven mientras la chica volvía casi corriendo con su bandeja y ubicaba cada terna con cuidado encima de esta, soltó un suspiro y rápido abrió la minuta en el computador mostrando el nombre y documentos de la chica y las horas que había venido trabajando el último mes. Que cruel había sido su padre...

Al cabo de un par de horas todo se había calmado y el cierre estaba por comenzar, mientras el terminaba de ingresar los últimos consumos la chica terminaba de trapear el lobby y de desinfectar las mesas, dejando un rastro de sudor sobre su frente ante tanto fuerzo hecho en ese turno. Se enderezó al terminar y mirando ya las calles vacías llevo hacía el almacén lo que había usado para limpiar, vacío el contenido del balde y lo enjuago, dejándolo limpio para el día siguiente, se quitó los guardes y lavo sus manos. Ya había terminado, le hubiera gustado que la tarde no se hubiese pasado tan rápido para poder por lo menos disfrutar de su ultimo día.

—¡Milk! ¡Querida! Ven aquí— exclamó fuerte aquel hombre robusto mientras se sacaba el delantal y se sentaba en la silla tras el mostrador, la joven camino ansiosa hasta ellos viendo a Ten acomodar una carpeta y el hombre ver la minuta que el joven había arreglado anteriormente—bien, aquí Ten Shin Han arreglo todo lo de tu último mes y debo decir que no estuvo nada mal 33045 Yens, te fue muy bien, a decir verdad.

—Agradezco su apoyo señor Han— la chica apretó los dedos de sus manos un tanto nerviosa más el hombre solo firmó la parte final de la minuta y entrego el dinero a la morena mientras le hacía una señal con la cabeza.

—Cuéntalo, así nos aseguramos que todo está en orden, ganaste muchas propinas este mes y eso que aún no acaba — una sonrisa amplia le ofreció y rápidamente contó el dinero, era perfecto para estar por lo menos quince días sin que preocuparse, dándole tiempo de conseguir un mejor empleo en la capital y sin necesidad de venir el día siguiente para aclarar cuentas, todo gracias a Ten Shin Han

—Perfecto señor Han— su compañero le tendió un sobre y ella metió el dinero allí para después apretarlo con fuerza mientras un leve pitido sonaba de su nuevo celular, casi inaudible para los demás, miro la hora en el computador y soltando un suspiro volviendo la vista al frente. —le agradezco por todo señor Han, fueron todos muy amables conmigo.

—Niña— comento la mujer que apenas y se asomaba por la abertura de la cocina— ni se te ocurra simplemente no volver a acordarte de nosotros, trabajaste aquí por mucho tiempo, el cariño no puede ser algo que no se tenga ahora— dijo la mujer mientras estiraba una mano hacia la morena y apretaba la suya—Nos harás mucha falta ¿Verdad? —miro a si esposo y a su hijo, recibiendo un asentimiento y apretando la mano después del mayor.

—Cuídate mucho, sino encuentras nada en Tokyo, vuelve aqui, te recibiremos con gusto— la chica asintió obligándose a tragar el nudo que se formaba en su garganta, después de tanto era imposible no evitar las lágrimas.

—Con gusto volvería.

—Ten, acompañarla a la esquina ¿Sí? Ya está un poco tarde— el hombre palmeó el hombro del joven y en una pequeña sonrisa la chica fue al clóset, tomo su chaqueta y el diminuto bolso, con cuidado saco su teléfono y apenas alumbrando la pantalla pudo ver la notificación de mensajes, sonrió levemente, pero lo guardo en el bolso, se puso la chaqueta y apenas girándose vio al Moreno.

—¿Vamos?

—Vamos…— a pasos lentos salieron de la parte de servicio y en una pequeña despedida más dejaron aquella cafetería, la joven con una sonrisa tonta y el chico mirándola de soslayo pretendiendo no perder ni un solo detalle de su rostro—No sabía que te habías comprado un nuevo celular— la joven desvío la mirada hacia el chico y por inercia tocó aquel bolso.

—Oh bueno, me lo presto Bulma, ya sabes, lo tenía guardado entre sus cosas — sonrió de nuevo y miro la calle un tanto vacía y como las luces de los faroles ambientaba el lugar. No quería ventilar los detallitos que había adquirido el último mes, esa relación que pretendían ejercer el rubio y ella aún no estaba aclarada.

—Te voy a extrañar mucho Milk, cuando tengas tiempo no dudes en venir o yo podría ir también— doblaron la esquina y el ruido de los carros amaino un poco el silencio.

—Claro Ten, sabes que cuando quieras podemos salir a dar una Vuelta, tu solo di y lo organizamos todo—apenas y se dio cuenta cuando giro a verlo cuando éste la abrazo fuertemente y le daba un beso en la mejilla, bastante cerca de la boca para su sorpresa—Ten…

—Me hubiera encantado poder salir más contigo, pero eres muy estricta con tus horarios…— acarició su mejilla y acomodo su flequillo aún sin alejarse, la Moreno no pudo evitar sonrojarse y sonreírle de nuevo mientras deslizaba sus manos hacia el pecho masculino e intentaba separarse suavemente.

—Un poco, si…—rio— pero que tal si nos vemos en mi fiesta de graduación, estaremos todos allí, puedes llevar a tus papás si quieres.

—No, mejor voy solo, a ellos no les gustan esas cosas— volvió a acariciarla, pero la chica se soltó y apenas le sujeto una de sus manos.

—Te agradezco por todo Ten, deséame mucha suerte en Tokyo…— un par de pasos atras y él sonido de una moto apenas y los hizo girar a ver, Milk se acomodó la chaqueta y soltó un leve suspiro, dándose cuenta que lo que le había dicho Bulma hace poco parecía cobrar algo de sentido— nos veremos después, adiós— se despidió dándole esta vez ella un beso en la mejilla y soltando su mano después de un par de pasos alejándose rápidamente, sin darle más cabida a esa incómoda situación, no le parecía mal algo de afecto, ellos en todo ese tiempo que estuvo trabajando allí fueron muy cercanos, pero algo en sus ojos le incómodo más de lo que esperaba y no quería ser grosera, pero antes de que malinterpretara mucho más la situación prefirió irse, así se darían aire y las cosas se aclararían mejor, además tenían que empezar a empacar todo ya que era en definitiva su mudanza a la capital.

Al llegar solo se quitó sus cosas y se puso un pijama, se le había olvidado contestar y su última experiencia con aquellos desconocidos no quería volver a pasar por algo igual así que espero hasta estar a escasos pasos de la puerta de su casa, ahí ya podría estar más tranquila, así que tomo su teléfono y se acostó en su cama, envolviéndose en las cobijas y dejando que la luz de la pantalla iluminara su rostro respondiendo al último mensaje que tenía.

*¿Cómo estuvo el Trabajo?

Perfecto, muchos clientes y ¿El suyo? *

Espero atenta a que contestara el mensaje, apenas intercambiando un par más hasta quedarse dómida con una sonrisa tonta en los labios rogando por que los dos días siguiente pasaran casi volando y así fue, en esas ultimas 48 horas no hizo más que prepara a la comida y empezaban a desarmar algunas cosas que en ese momento carecían de importancia en su habitación, incluso tenían cajas llenas de ropas y zapatos para donar que ninguna de las dos usaba o que simplemente había apartado de lo que menos gustaban, para no hacer la mudanza muy larga.

Incluso llegaron a mirar por internet algunos vestidos que podrían usar en la fiesta de graduación apartando modelos que seguro buscarían tan pronto llegaran a la capital, algunas películas se cruzaron por su mente para llenar esos espacios de tiempo que habían tenido de sobre antes del gran día, o eso pensaba Bulma al conocer su futuro hogar.

El domingo llegó y ya se habían alistado además de haber desayunado bien para el trayecto que recorrerían, las llaves del auto de la peliazul estaban sobre el mesón y un par de chaquetas esperándolas.

—¿Ya estás lista?—Bulma estaba terminando de aplicarse un poco de polvo en las mejillas y ella un tenue brillo de manzanilla para humectar sus labios.

—Si…— se miraron un par de segundos, la peliazul tenía un pantalón de talle corto hasta las pantorrillas ajustado, muy ajustado, acompañado de unas zapatillas y una camiseta doble holgada que dejaba caer una de sus mangas por su brazo izquierdo. Pero en cambio, la morena llevaba un pantalón negro, con unos botines bajos marrones una camisa blanca manga corta que ocultaba perfectamente aquel collarcito de libélula, desde que él se lo había puesto no se lo había querido quitar por más de qué se le entregará en el cabello a la hora de dormir. Además de que se bañaba con él, casi como si fuera alguna extremidad de su cuerpo., su cabello estaba recogido y su maquillaje apenas y podía ser detectado.

—Wow ¿Por qué tan elegante? —la sonrisa torcida la chica la hizo rodar los ojos y de igual manera reírse.

—¿Cómo que elegante? Estoy normal, iremos a ver tu futuro apartamento y conoceré a tus padres ¿Cómo crees que debería ir? Además, que más te vale que te guste, ya tengo que empezar a buscar trabajo allá.

—¡Ay Dios! Ya empezaste con eso— se alejó de ella tomando su chaqueta extremadamente grande para el frío matutino— papá dijo que era un buen lugar, está cerca de muchos restaurantes, bares, parques y toda esa clase de cosas en las que seguro encontrar rápidamente donde trabajar, ya que la señora se reúsa a trabajar conmigo.

—Bulma, tú vas a trabajar en una corporación de inventos y esas cosas, yo estudié para ser una magnifica Chef —comento altiva haciendo aguda su voz a propósito mientras exageraba un gesto de superficialidad — así que necesito es algo que se asemeje a mi sin que me estés ayudando, ya es suficiente con que me dejes vivir contigo—la siguió casi pisándole los talones tomando su saco negro y su inseparable bolso saliendo ambas del apartamento hacía la acera.

—Sabes que te puedo ayudar a conseguir algo rápido, la Corporación Capsule tiene casino, sería un buen comienzo ¿No?

—Por supuesto que no, déjame intentar esto sola, conseguí trabajo en la universidad, en Tokyo debe ser mucho más fácil—Se subieron al auto y acomodaron los cinturones

—Si tú lo dices, te he de ver rogándome ayuda— río divertida y emprendieron marcha hacia la capital, apenas la radio sonaba mientras el GPS de la ojiazul les indicaba por donde conducir, al estar a puertas de la gran ciudad esta se desvío un poco llevándolas a un conjunto de apartamento realmente bello en todo el fijo de la ciudad, donde apenas y se venía aglomeraciones, pero las edificaciones no se hacían esperar y las zonas de vegetación adornaban magníficamente cada calle. Parques, gimnasio, bares, restaurante y hostales había identificado varios de ellos al apenas ingresa al lugar dándose cuenta que parecía ser una zona lo suficientemente central para la apertura de nuevos negocios y fortalecer los que ya se habían implantado—Ya casi llegamos! — la voz chillona de la chica la deserto de su ensoñamiento girando a verla soltando una risilla burlona por la emoción que había escapado en su tono de voz, se veía ansiosa, tendría después de tanto su propio apartamento, según entendía padre e hija habían llegado a un acuerdo, como regalo le daría un apartamento complemente terminado donde ella pudiese amueblar a su antojo con la única condición que debía ser después de los exámenes finales y con los resultados en mano —¡Llegamos! — un par de palmaditas al volante y la portería de ese edificio se podría ver claramente, asomo un poco su rostro dando su nombre y enseguida las dejaron ingresar indicándole donde también debía aparcar..

—Se ve todo muy amplio por aquí ¿No crees? — comento mientras se quitaba el cinturón y acomodaba la cinta de su bolso

—Claro que sí, eso es un buen indicio, vamos, papá debe estar esperando, me dijo que sería la torre 14 último piso ¿No crees que tendremos una vista maravillosa?

—Ya te dijo su ubicación y si no te molesta es por qué será genial— una palmadita en su pierna fue toda su respuesta, bajaron del auto y comenzaron a caminar. Desde su viaje el día ya había avanzado bastante, tampoco es que fueran madrugado para verlo, pero desde que se levantaron hasta que salieron hacia Tokyo les había tomado rato y ahora el buscar la famosa torre, tardarían un par de minutos más. Su teléfono vibro y él nerviosismo que había estado evitando toda la mañana apareció, sabía que era él, sabía que èl estaría esperándola, sabía que ese día tendrían que verse si o si y lo desea, a pesar que desde su ubicación estaba lejos de Saiyan House, siempre podían verse en un punto neutro, traía dinero así que por lo menos tendría el cómo movilizarse solucionado.

—¡Aquí es! —La placa en la entrada del edificio tenía en dorado el número catorce realmente gigante, miro hacia el cielo intentando ver el tope del edificio, pero le era casi imposible por su cercanía, empujaron el portón de la primera plana y la pequeña recepción les indicaba cada piso, las escaleras de emergencia y el ascensor—hasta ahora me gusta bastante, se ve como los conjuntos de apartamento americanos ¿No?

—Si, bastante, vamos…— sus palabras fueron cortas al estar detallando cada cosa en ese piso pero siendo sujeta por su brazo izquierdo conduciéndola hacia el ascensor miro sonriente a la Brief hasta que pudieron llegar al piso donde las deberían esperar, viendo al apenas salir que tan solo en ese piso a pesar de su tamaño solo habían dos puertas a diferencia de los otros que habían visto al parar en diferentes pisos, extrañada salieron a paso calmo notando como una de aquellas dos puertas estaba semi abierta—Debe ser allí, tu papá ya está aquí ¿No? —La peliazul asintió y caminaron rápido hasta allí, golpeando la puerta y un hombrecillo de cabello ya canoso se asomaba junto a una mujer de cabello rubio y de curvas acentuadas, bastante conservada para ser la madre de Bulma...

—¡Mamá! ¡Papá! — en solo un segundo tuvo que anular lo que creyó, eres una mujer bastante joven a comparación con el hombrecillo, pero no por eso quitaba el parentesco que pudiese tener, incluso podría apostar que siquiera rayaba los cuarenta años—¡Los extrañe un montón— corrió hacia ellos dándoles a cada uno un abrazo y un par de besos!

"Ahora que las miro bien, tienen mucho parecido"

Pensó mientras se acercaba cerrando la puerta a sus espaldas.

—Buenos días

—Bulma, querida, ella debe ser tu compañera ¿No es cierto? — está misma asintió, sujetando su mano y jalándola hasta ellos.

—Mucho gusto, Milk Ox para servirles— una pequeña reverencia casi al tiempo que ambos adultos soltaron una risilla.

—No seas tan cordial querida, Bulma nos ha contado maravillas de ti, además de que te has asegurado de la alimentación de mi hija— dijo la mujer, mientras le daba un beso en la mejilla—pero vamos, les mostraremos el apartamento— puso ambos brazos en las espaldas de la peliazul y ella encaminándolas por el corto pasillo hacia la inmensa sala.

—¡Es gigante! — exclamó Bulma mientras corría hacia el ventanal, viendo la vegetación de los parques y la abundante cantidad de edificio— y él color es muy bello, me encanta las baldosas ¿Qué color son?

—Perla…— contesto el mayor, la morena apenas se recostó en la separación del pasillo con la sala, pero a su derecha se abría una cocina enorme, muchisimo más amplia de la que tenían en Komae.

—Milk, tu cocina— soltó una risilla, pero se giró a verla estando de tras los dos mayores y su compañera, mirando la encimera, los mesones con estufa y nevera incluida, casi parecía una cocina profesional. Mentiría si no dijera que estaba encantada.

—Esta hermosa…

—Por supuesto, implementamos de lo último en tecnología, pero vamos a las recámaras, van a morir con su diseño— alardeo el hombre llevándose consigo a ambas mujeres, dejándola a ella ahí, así que aprovecho para sacar ese teléfono, abriendo la notificación de mensaje y mordiendo de paso su labio inferior.

*Buenos días señorita Ox, me tiene en ascuas su nula comunicación conmigo el día de hoy ¿En dónde se encuentra?

Mordió un poco más fuerte su labio, mirando hacia el pasillo por donde se habían ido esperando que se olvidaran de su presencia un momento antes de empezar a teclear.

—¡Milk! ¡Ven rápido! —chasqueo su boca al sentir que parecía algún tipo de invocación mental hacia su compañera.

—¡Ya voy!

Perdone señor Son, pero estamos viendo el apartamento, en un rato estaría libre…*

*… Bien, la invitó a almorzar ¿Le parece bien a las 2 PM?

Perfecto ¿En dónde nos vemos? *

*No hace falta, yo le recojo. Deme su ubicación.

Apretó las piernas ansiosas como si algo la hiciera salir de la realidad, soltó un suspiro y apretó la pantalla, dejando su ubicación en un pequeño recuadro y sin esperar respuesta guardo el teléfono de nuevo en el bolso y corrió hacia las habitaciones, encontrando rápidamente a la ojiazul.

—¿Por qué te demorabas tanta mujer? — alegó está mientras la jalaba de una mano para llevarla hasta el baño interno que tenía ese cuarto—¡Mira esto! Cada cuarto tiene su baño ¿No crees que es mejor así? — el cuarto era realmente grande y el cuarto de baño eran de esos pocos que había llegado a ver en los recorridos a Hoteles que había tenido, perfectamente cabría una cama semidoble en ese lugar, la bañera era inmensa y la ducha con las puertas cristalinas igual, la baldosa era un poco más oscura que la de la sala, pero no por ello dejaba de ser bella.

—Es increíble… ¿Segura que si podré quedarme aquí? — le susurró muy cerca viendo que por más que ella quisiera no podía pagar el inquilinato de un lugar así, sobrepasaba su cupo— los servicios también deben estar en las nubes y no se diga de la administración…

—Deja de preocuparte por eso, llegamos a un acuerdo— la rubia le pellizco la mejilla y las hizo girar de nuevo hacia los adultos—¡Me encanto el apartamento! ¡Es bellísimo!

—Y no has visto lo mejor Hija— dijo la mujer igual de sonriente que en el principio, guiándolas hacía el cuarto de lavado al final del pasillo donde unas escaleras pequeñas subían hacía el techo—deben ver la terraza…— un suave grito soltó la Brief y a rastras llevo a la morena por esas escaleras, teniendo la puerta externa abierta y de allí una amplia zona, con ventanales altos para mayor protección y tejas blancas que dejarán entrar la luz y el calor del día.

—¡Ahh! ¡Ya no más ropa extendida en el cuarto!— un bufido escapó de los labios de Milk, llevando su mano para cubrir su notoria carcajada recordando que quien había buscado un apartamento cómodo y barato había sido ella, antes de enterarse que su mejor amiga de universidad era prácticamente multimillonaria, pero para su alivio la chica no se había molestado, antes, le había parecido curioso y divertido vivir en un lugar así y ahora qué se miraban de vuelta a Tokyo comprendía el porqué de su euforia, seis largos años ya la habían cansado.

—Podremos poner las plantas mejor, no tendrán que estar regadas en el apartamento…

—¡Tenlo por seguro! Adiós alergia…—No pudo resistir reírse, la veía caminar de esquina a esquina, de un lado para otro mirando los edificios que por obviedad eran más bajos al no tener tan inmensa terraza en si último piso ¿Cuánto le habría costado el des englobe al señor Brief? Una millonada que ni ella trabajando toda su vida en esa cálida cafetería podría pagar—¡Hay que celebrarlo!

—Bulma…

—Lo siento Hija—la pareja se le adelanto— tenemos que volver pronto a la Corporación Capsule, tenemos un almuerzo de Negocios, pero sería bueno que nos acompañaras, para que te vayas familiarizando.

—Pero Milk

—¡No hace falta! —hablo fuerte teniendo que aclara su garganta para no oírse tan exaltada— ya me he aprovechado mucho de ti Bulma, ve y pasa un rato con tus padres, yo aprovecharé para conocer la zona y ver dónde puedo conseguir empleo.

—Ya te dije que no es necesario.

—Lo es para mí, te llamaré en un par de horas para irnos a casa ¿Te parece bien? — miro a los adultos y estos con una sonrisa amplia asintieron— está dicho entonces. — dio un pequeño aplauso y todos cuatro bajaron de esa terraza, cerrándola con llave y lo mismo hicieron con el apartamento, bajaron en silencio hasta la plata principal y se encaminaron hasta el parqueadero.

—Te estaré llamando para ver cómo estás, no te vayas a ir muy lejos, cualquier cosa toma un taxi que te lleve a la Corporación Cápsule ¿De acuerdo?—asintió divertida y la vio subirse a su auto, se despidió con algún suave movimiento de mano. Le había caído la situación como anillo al dedo, tendría el tiempo suficiente para poder encontrarse con aquel rubio sin causar sospechas.

"Mientras tanto, conozcamos el lugar"

A pasos calmos salió de aquel conjunto dándole una que otra mirada el auto color negro alejarse cada vez más rápido, desvió el camino al tomar a mano derecha y emprender recorrido escaneando los distintos lugares, reconociendo y aprendiendo donde se ubicaba cada negocio, establecimiento, tiendas, parques, restaurante etc. miro la hora rápido en su celular faltándole casi tres horas como mínimo para que Son Goku cumpliera con aquella "cita" o quizás hasta la mandara a recoger, no tenía idea ni mucho menos si el concepto de puntualidad podría abarcar también dicho encuentro, pero hasta entonces estaría mira, disfrutaría del panorama y buscar algo que se acople por el momento a ella, tan pronto tuviese su título universitario podría aspirar a algo mejor, incluso que le aceptaran sus prácticas en un hotel de alta categoría, pero para cuando eso pasara escudriñaría nuevas posibilidades, quizás otra cafetería por la zona sería lo ideal o... Un cartel, en la ventana de un gimnasio se mostraba en letras no muy grandes la solicitud de un instructor de Karate... se tuvo que frenar casi a la fuerza, llevaba tiempo sin prestarle verdadera atención a sus entrenamientos, a pesar que uno de los grupos universitarios fuera precisamente esa especialidad, karate, ella si bien era conocedora del arte marcial mixto, gracias a su padre en sus años más tiernos y en verdad le encanta, tanto como la cocina, eran sus dos placeres en la vida, pero lo había dejado de lado por un millón de cosas que para muchos no tendrían sentido, mordió su labio inferior y aun indecisa no supo si ingresar o no, lo pensó y lo pensó, dudosa se quedó plantada en medio del andén mirando el gimnasio por un par de segundos, hasta que en una pequeña fruncida de hombros se decidido. ¿Por qué no? Sino quedaba por lo menos estaría satisfecha de haberlo intentado... y si lo conseguía, bueno, no tendría que seguir rondando mucho el lugar en busca de algo que le pudiese servir.

—Intentemos, entonces... —palmeo sus piernas y se encamino hacia la entrada de este, acostumbrándose al cambio de iluminación observando una gran cantidad de máquinas deportivas, desde caminadoras hasta pesas al fondo del salón, pero lo que no entendía era por qué la baja cantidad de personas en el interior, comprendía que fuera domingo, pero hasta en Komae en esos días era cuando más tráfico tenían ¿No? apenas había dos parejas de personas y aunque no conociera mucho un gimnasio podría asegurar que eran los instructores, no los clientes.

—Buenos…Días, bienvenida al gimnasio Reddoburu ¿En qué le podemos ayudar? —el par de hombres dejaron las pesas que llevaban en sus manos sobre el suelo y dieron un par de pasos a ella, mirando el reloj sobre la diminuta recepción vacía en ese momento, una gota de sudor bajo por su mejilla mientras intentaba asimilar lo extraño que se le hacía el nombre y lo soberbio que se venía el lugar. Le faltaba más ambientación.

—Ah, buenos días, venía a preguntar por lo del anuncio…— señaló la ventana a sus espaldas y las miradas que le dirigieron la hicieron enrojecer, pero no de vergüenza, sino de la duda que estos mostraban. De nuevo no creían que fuera capaz.

—¿Enserio? ¿Acaso usted es instructora? — se rio uno de los hombres y los demás la miraban de arriba abajo casi despectivamente, paso saliva y enderezándose en su lugar jalo su chaqueta aprovechando para apretarla y desviar solo un par de segundos la mirada antes de volverlos a mirar retadoramente.

—No, pero se de este arte marcial, sé cómo se maneja…—la carcajada de las dos tipas le hizo fruncir el ceño y su mandíbula tentarse ¿Acaso así tratarían a sus clientes?

—Niña, aquí necesitamos es profesionales, no aficionados…—casi se cae por la respuesta, su ego parecido quebrarse y las ganas de golpear, aunque fuera a uno de ellos empezaba a crecer.

—¿Y si lo demuestro? Al menos así dejarían de tomar a quien viene por una oportunidad de trabajo como idiota— el jadeo de sorpresa le pareció un delicado y satisfactorio vaso de agua, no podía negar que le encantaba dejar a quien la desmeritaba con la boca bien cerrada.

—Claro ¿Por qué no? Si me derrotas te contrataremos sin chistar— alegó el más fornido de ellos, la chica asintió y con tranquilidad se quitó el bolso y lo dejo sobre una silla cerca a la puerta.

—Bien, pero negociaremos después de esto— lo miro retadora y sin siquiera quitarse los botines ni la chaqueta se acercó a él—comencemos—apenas separó sus piernas y sus brazos los coloco muy cerca de su rostro, casi en posición de boxeo.

—Jmp, si quiera esa es una posición de combate…— escucho claramente como un par de personas ingresaban al lugar pero se habían quedado levemente al margen de la situación, apenas cuchicheando entre sí y una de las mujeres se les acercaba, parpadeo un par de veces observando como aquel hombre se posicionaba exageradamente como si aquella posición se pudiese hacer de un día para el otro, había intentado balancear todo su peso en tan solo una pierna mientras estiba sus brazos hacia sus costados improvisando sin mucho éxito la posición de gruya que tantos amantes del arte aprendían al correr del tiempo—¡Ataca!—no se hizo esperar, se lanzó al chico golpeando rápidamente su única pierna de soporte con su pie izquierdo, aprovechando la inevitable caída saltando para dar medio giro alzando su pierna derecha para golpear con esta misma el rostro del hombre tirándolo mucho más lejos de lo que en su rápido calculo había pensado.

Tan pronto volvió a tocar el suelo, pudo sentir esas miradas clavadas en ella y en su posición admirar con gran placer las bocas desencajadas de la otra pareja de instructores escuchándose apenas el ruido de los autos pasar en el exterior.

—¿Y bien? ¿Con eso es suficiente? —alego altiva, dejando caer su peso en una de sus piernas y apoyando su mano en costado opuesto de su cadera, la pareja se acercó rápidamente al hombre tirado en el suelo al ver que este siquiera se había levantado comunicando poco después que este había quedado inconsciente ya fuese por la caída o por el golpe.

—Que buen inicio— la voz ronca a sus espaldas los hizo girar a ver, un hombre extremadamente musculoso, peor que el otro, y calvo de piel bronceada se acercaba a paso calmo mirando de arriba abajo a la chica.

—Jefe, creímos que aún no acababa la clase— comento una de las chicas, sonriendo apenada y con ojos pispiretos, era evidente su gusto por este.

—Se acabo antes de tiempo, los alumnos se intimidan al verme, hoy apenas vinieron dos—comentó relajado mientras a sus espaldas venía bajando dos magullados chicos de no más de quince años de edad—Pero veo que tenemos a una posible compañera, me gustaría a mí mismo ver su potencial— extendió su mano hacia ella optando por lo mismo por mero reflejo mientras le regalaba un pequeño asentimiento— Soy Spopovich, dueño de este Gimnasio e instructor de artes marciales.

—Un placer conocerlo— el hombre soltó su mano y giro a ver a los dos chicos que aún no salían—Esperen ahí, quiero que observen algo y lo difundan— alegó el hombre y rápidamente arrastró un par de colchonetas en medio del salón, lejos de las máquinas de correr y de algunos estantes de pesas— tendremos un combate aquí y ahora—la joven parpadeo sorprendida y llevando sus manos al frente sonrió apenada, no quería aparecer en su reunión sudada, despeinada o incluso golpeada. Era evidente que este tendría fuerza bruta pero no podía calcular un total con tan solo mirarlo, tendría que verlo en el combate, quizás en otra ocasión le hubiese parecido perfecto, pero con lo que tenía puesto, tampoco quería lastimarse...

—Me gustaría, pero tengo una reunión urgente en poco tiempo…

—Sera corta, si me tira al suelo le daré el empleó— miro al hombre sorprendida y luego vio como el par de chicos la miraban asombrados, incluso con un brillo de ilusión en los ojos, apretó sus puños y asintió.

—Bien…— piso la colchoneta, sin importarle quitarse los zapatos y esta vez para sorpresa de los otros se ubicó con cuidado, dejando sus piernas levemente separadas y sus brazos en posición de defensa mientras analizaba rápidamente la cobertura de algún ataque, rápido y conciso si quería aprovechar su ataque.

Un gruñido escapo de los labios del hombre y se lanzó hacia ella, con su brazo en alto ya fuese para golpearla con el codo o con su antebrazo, se agacho un poco más contando los segundos hasta verlo casi sobre ella, flexionando una de sus piernas hacia el costado opuesto del golpe y girando sobre el tacón de su calzado dificultándose un poco por la colcha bajo suyo pero logrando quedar tras del hombre dándole con el mismo impulso un golpe en su espalda y así dar un bote sobre la colcha para alejarse y quedar en el costado opuesto de donde había iniciado, se incorporó lentamente, dando dos pasos y sus manos se alistaron apenas dando un leve sacudo hacia este y posicionarla frente suyo y ladeando su cuerpo sin quitarle la mirada de encima, este apenas y había hecho crujir su espalda por el golpe y con una tenue sonrisa lanzarse de nuevo hacia ella soltando un leve grito de ataque, su cuerpo de nuevo parecido cubrir el de la morena lanzando su golpe directo al rostro pero esta lo bloqueo con su brazo y parte de su pierna antes de alejarse en un tenue brinco mientras fruncia un poco el ceño y de nuevo volvía a acomodarse de la misma manera, lo estaba midiendo, la morena se agachó cuando la pierna del hombre se alzó para golpearla otra vez y ella bloqueo de nuevo su brazo, pero no se percató que esta no lo había soltado al darse cuenta que la chiquilla parecía manejar la situación a su gusto, también frunció el ceño pero no espero que esta cerrara su mano en su muñeca y que la otra fuera directo a su codo y que con la misma fuerza que este ejercía para que no le hiciera algún tipo de llave, ella se alzara para su sorpresa, enredando sus piernas en el cuello masculino y que con la misma presión y rapidez lograra alzarlo por los aires cuando este intento zafar sus piernas, arrojándolo violentamente contra las colchas al haber recargado ambos pesos sobre sus manos y que de la misma manera esta quedara apenas agachada sobre la colcha frente a su cuerpo inerte y sorprendido por tal movimiento. El combate de prueba había finalizado y él había quedado como un completo perdedor.

—¿Ahora sí tengo el empleo?

.

.

.

Había pasado mucho tiempo desde que se habían internado en esa oficina, para su mal gusto el trabajo sería tan solo los fines de semana ya que era demasiado reciente la apertura del lugar, así que por eso no tenían suficiente clientela, se había redactado un improvisado contrato de que sería pagado por cuántas clases ella hiciera con un superior de 10 estudiantes además de haber tenido que apelar el costo de estas, casi parecía querer asesinar al hombre con lo que pretendía pagarle, pero se llegó a un acuerdo de 610 Yens por clases, ese había sido el tope del hombre como el de ella, no era ni el asomo a lo que ella ganaba en el café, pero siendo lineal, solo serían los fines de semana por un par de horas, nada del otro mundo, además de aprovechar para ponerse en forma de nuevo con el acuerdo de comenzar la semana entrante, Aunque también podría buscar algo más o intentar hacer buena propaganda a su nuevo empleo para poder por lo menos subsistir adecuadamente.

Miro el reloj sobre la pared de aquella oficina soltando un leve gritillo, sacando su teléfono para corroborar que ya llevaba más de treinta minutos más de la hora pactada ¡Seguro hasta ya se había ido! Se golpeo mentalmente y se levantó de aquel asiento, tomando su bolso y despidiéndose rápidamente de Spopovich, de sus futuros compañeros de trabajo y corriendo escaleras abajo para salir de aquel gimnasio observando el día opaco y como las nubes oscuras amenazaban con soltar una inmensa cantidad de lluvia.

—Mierda, se hizo tarde…— se demoraría quizás veinte minutos más para volver a llegar hasta la torre de apartamento y aunque para su sorpresa no había ningún mensaje en su bandeja de entrada, eso le tranquilizaba en que quizás al empresario también se le hubiese corrido el tiempo, así que empezó casi a correr mientras un par de gotas de lluvia caían empezando a mojar el pavimento y los tenues relámpagos se escuchasen a lo lejos, cruzo rápidamente una calle y llego a un parque con apenas unos transeúntes y algunos autos pasar demasiado lento para su gusto —rápido... —acelero mucho más el paso recordando la pequeña glorieta en medio de dos zonas verdes que tenía que pasar para luego caminar recto hasta llegar al conjunto, quizás sería mejor correr para no tardar más de lo que ya había tardado, un par de gotas cayeron sobre su frente teniendo que llevar su mano para quitarlas, el ruido de los autos aumento, pero el chillido de una chica la descoloco cuando intento cruzar una de las zonas verdes, teniendo que mirar hacia su izquierda y dando un brinco mientras tomaba aire al ver un Porch plateado frenar a escasos centímetros de ella haciéndola soltar un grito ahogado y que su cuerpo se tambalease un poco al reaccionar. Si quiera el cuchicheo a varios metros le importó cuando su sangre ardió ante la adrenalina y ambas manos golpearon bastante fuerte el capo del auto—¿¡Que le pasa imbécil!? ¿¡Que no ve que es una zona de bajo kilometraje!? ¡Idiota! —le grito fuerte, volviéndole a dar otra palmada al vehículo, incorporándose y empezando a caminar lejos de ahí a pesar de las miras y como el conductor del auto parecía no responder o al menos eso supuso al no poder identificar a nadie en su interior por los vidrios polarizados, terminó de pasar la calle subiéndose al andén de la otra zona verde caminando un poco más atenta por aquel susto, tocando su pecho y retomando el aire que creyó perdido —Falta poco — se dijo a sí misma, sacando el teléfono y abriendo el chat que tenía con aquel rubio más un leve pitido a un costado de la calle le hizo mirar por inercia, viendo ese mismo auto de antes usar la glorieta como si pretendiera seguirla... Aceleró el paso, cruzó la última calle y llegando a la avenida principal volvió a mirar hacia atrás confirmando que este la estaba siguiendo, frunció el ceño y se tentó en salir corriendo, escucho claramente el ruido de las ruedas aplastar las diminutas piedras, el motor del auto apagarse y la puerta de este abrirse ¡Mierda! Apretó el teléfono en sus manos y sus pasos se frenaron ante la adrenalina, sus ojos intentaron miraron hacia ese costado esperando captar algo, pero la vibración y el tono de su teléfono la hizo mirar la pantalla, casi como si fuera una invocación se mostraba el nombre del rubio y esta vez se giró por completo para ver al auto.

"... No me digas que…"

Apretó sus dientes y sus mejillas tomaron color al reconocer el cabello rubio sobrepasar el techo de ese Porch, vestido de traje y con su teléfono en el oído esperando con una sonrisa torcida que la chica le contestara o se acercara a él.

"¡No puede ser!"

Llevo sus manos al rostro intentando borrar esa imagen, tomo aire y volvió a verlo, sintiendo mucho más bochorno que antes y que este enarcará una ceja mientras colgaba su llamada y él teléfono en sus manos dejará de sonar.

—¿Quiere insultarme esta vez fuera del auto? — ¿Dónde estaban sus bufandas cuando las necesitaba? Necesitaba ocultar su rostro lo antes posible y ni su ropa o cabello parecían facilitarle la tarea, sus piernas se negaron en moverse y sus manos solo se aferraron a lo más próximo, el teléfono y el borde de su bolso, el hombre, calmo se acercó al cerrar con cuidado la puerta de su auto y ella padeció cada paso, cada centímetro recortado le arrancaba el aire, ni sus hombros era suficiente para ocultar su bochorno y menos cuando el aroma a su colonia golpeo su olfato y la sombra a escasos pasos parecía consumir la propia—¿Y bien señorita Ox? — Qué vergüenza, fuera de una u otra forma siempre pasaba algo que la dejaba así, abochornada y sin palabra alguna ¡Que alguien la matara!

—…L-Lo siento…— susurró casi para sí misma, relamiendo sus labios y mirando el traje color gris que este portaba al apenas levantar la vista.

—Eso no es suficiente…— se tensó cuando la hizo alzar la mirada y con sus ojos esmeralda escudriñar sus mejillas sonrojadas— me hizo esperar en vano frente a ese conjunto de apartamento y después que decidí buscarla, preocupado, me insulta y golpea mi auto, fue muy altanera —volvió a sonreírle de esa manera frunciendo unos milímetros sus cejas. Si fuera por él no sería un almuerzo lo que recibiría.

—Yo…—le corto mientras posiciona una mano en su espalda y la empujaba suavemente.

—Sera mejor discutir esto en otro lugar, vamos— la chica siquiera pudo decir algo más, se dejó guiar, entrando en el auto sin siquiera soltar una palabra, sus manos inquietas apenas habían guardado aquel teléfono y apretado el bolso, sus ojos habían seguido bajo su fleco la figura del hombre rodeando el auto y subirse como piloto, cerró la puerta y le miró, está desvió la vista a la ventana sintiendo la mirada del hombre sobre si, lo sintió acercarse y mirándolo por inercia, sintió la mano de este deslizarse hacia su costado derecho para sujetar el cinturón de seguridad y ponérselo.

—C-Creí que solo íbamos a hablar…— comento suave recibiendo de lleno esos ojos verdes y el tirón que le dio al cinturón para ajustarlo sobre su pecho la hizo ahogarse con su propia respiración. Se veía endemoniadamente sexy.

—Y a si será, pero primero el almuerzo que le prometí— se volvió hacia su lugar, poniéndose también el cinturón y emprender camino lejos de allí, oprimiendo un par de botones sobre la pantalla del GPS, observando de soslayo las piernas recogidas de la chica y como se recostaba sobre la puerta del auto, casi pretendiendo darle la espalda, pero solo enmarcaba buena parte de su cadera, la observo cada que su vista daba una mirada rápida a la carretera, pretendiendo recorrer cuando pudiese de su figura a pesar que lo ignorara por estar mirando por la ventana—¿Qué tal el apartamento de la señorita Brief? ¿Están listas para mudarse? —la hizo girar a verlo aunque fuera unos segundos teniendo que apretar sus manos y buscar en que concentrar su mente para no volverse a sonrojar, eso le parecía de alguna manera tierno, aunque en otras circunstancias le pareciera demasiado exagerado para una chica de su edad.

—Eh, está bien, es… bonito y muy espacioso, la verdad.

—¿A usted no le gusto? —no quiso volver a verle, se reusaba en encajar su mirada azabache con la esmeralda, su presencia parecía aún incomodarle pese al acercamiento que ya habían tenido, pero si bien se las había cobrado no estaba satisfecho, sentía la necesidad de llevarla al límite y conocer más de lo que su informe le pudiese mostrar, había llegado diez minutos antes de la hora pactada a ese lugar esperando verla ya en la portería de ese conjunto, esperando a por él, tan pronto ella le había enviado su ubicación hizo rendir lo poco que le quedaba de tiempo terminando una tarde de trabajo en tan solo dos horas y veinte minutos, había cancelado las reuniones de la tarde y había salido del edificio, donde Roshi ya lo esperaba con su auto dejándole el resto de tarde libre, necesitaba privacidad para que la chica estuviera más cómoda, subió al auto y conjunto todo ese extenso tramo en veinte minutos y espero allí, espero en esa torre de apartamento confirmando cada dos por tres la dirección con la placa que este tenía en la entrada, le dio tiempo para enviarle esa misma ubicación a Wiss para que investigara bien aquella zona, aunque para sí mismo se notaba que era un lugar bastante acomodado y le sorprendía ver qué a comparación del otro apartamento en Komae este lo pisoteaba ante sofisticación, le gustaba, se le hacía mucho más cómodo para el bienestar de la chica...

Poco más de quince minutos empezaba a impacientarse, era consciente que apenas había pasado cinco de la hora pactada pero nunca se había caracterizado por ser muy paciente, espero cinco más y la chica aun no hacía acto de presencia, se tentó en llamarla pero no quería verse tan desesperado así que decidió dar un pequeño recorrido al lugar, si en diez minutos no tenía respuesta de ella la llamaría, era lo de menos, sabía que la morena estaba por ahí, era cuestión de observar bien el lugar para encontrarla, puso en marcha de nuevo el vehículo pasando rápido por varias de las calle, viendo el comercio de las mismas, pero ni rastro de la joven, existía la posibilidad que estuviera en alguno de los locales, o aun dentro del conjunto, por algo le había pedido su ubicación, más la sensación de molestia en su estómago parecía acrecentar a cada minuto así que mientras pasaba por un parque vio a lo lejos una figura conocida o al menos eso creyó, decidiendo observarla casi correr por las aceras, ni cuenta se dio del pasar de los minutos cuando había cambió de rumbo y se fue acercando hacia la figura, calmo y con sigiles la fue siguiendo hasta llegar a reconocerla, ahí, a escasos metros, huyendo de la amenaza de lluvia en dirección a los apartamentos ¿Qué estaba haciendo por ese lugar? ¿Se habría escapado de la curiosa Brief? O ¿Habría estado reconociendo la zona? Aceleró un poco esperando que la chica se fijará en su presencia pero al frenar al estar tan cerca está se había sobresaltado, si quiera se había fijado al intentar cruzar esa calle pero lo que le dejo anonadado fue su abrupta respuesta, había golpeado el auto cual salvaje e insultado sin portarle quien estaba dentro, tras que lo había hecho esperar lo insultaba, quiso salir para encararle pero está ya se había alejado, no podía dejar el auto tirado en medio de la calle así que decidido seguirla con su teléfono en mano, la miro fijamente atreves del panorámico, pero seguía ignorándolo como si nada hubiese pasado teniendo que pintarle para que al menos notara que estaba allí, pero ni eso fue suficiente, tan pronto se vio en una calle más amplia, apaga el auto, marco su número de teléfono y salió del auto, no podía permitírselo más y fue ahí que también lo comprendió, la chica si quiera había pensado que la persona del Porch fuera él.

—No está mal, pero se ve costoso, además…—se silenció a si misma al morderse uno de sus labios y llevar su mano derecha hacia su cabeza, rascando la zona con uno de sus dedos ¿Por qué cada que se veían tenía que hablar de lo mismo? Dinero, dinero, dinero, presaría que, si no fuera por Bulma estaría viviendo bajo un puente, ridícula—aún tenemos cosas que arreglar en Komae— se frenó en medio de la frase, no quería verse tan relajada después del insulto que le había gritado en media calle, aun no era nada seguro que no la mandara a la mierda, así que prefería mantenerse neutra en cualquier conversación entre ambos.

—Ya veo…— no dijo más, en el resto de trayecto solo se veía los autos encender las luces y accionar el limpia parabrisas por la lluvia que había empezado a caer torrencial sobre si mismos, centrados en las vías para así quemar el viaje sin molestar al otro, pero cuando el GPS comunico su cercanía con la ubicación buscada ambos se acomodaron por reflejo en sus asientos hasta que el rubio lograse estacionar muy cerca de la entrada de restaurante bastante lujoso que con solo ver la fachada podía deducirlo, a pesar de la lluvia y las luces que por obviedad deberían iluminar su interior no lograba ver desde allí nada de su interior —Llegamos…— le dijo al apagar el auto y quitar las llaves de este, le miró de soslayo y ella ya tenía su rostro hecho un poema, lo miro dudosa un par de segundos e intento hablar—No quiero un no, la invite a almorzar y este lugar me gusta, permítame mostrárselo— contesto de golpe mientras se quitaba su cinturón y luego sacaba el de ella, la chica apenas y desvió la mirada y estiró su mano hacia la puerta del vehículo —Espere — uno de los encargados de la entrada se acercó a ellos con un paraguas, pasándoselo al rubio que de la misma manera le entrego sus llaves, dio la vuelta hasta su puerta y le abrió, espero a que bajara y se refugiara de la lluvia bajo el misma paraguas, su mano derecha se deslizo hasta su espalda y la guiaba hasta la entrada del establecimiento, una larga fila esperaba resguardaba en el amplio techo que este tenía pero si quiera tuvieron que acercarse cuando el Hostess ya los esperaba con la puerta abierta y los encaminaba hacia el interior.

—Bienvenido Señor Son —tomo el paraguas y lo dejo en una canasta para dejar escurrir el agua.

—¿Hace muchas reservaciones? — pregunto suavemente mirando la decoración de esa planta casi llena de luces calidad y con amplios ventanales, con colores pasteles en los manteles y sus meseros con vestimenta totalmente pulcra.

—Hago las necesarias…— comento haciéndola girar a verlo, pero el capitán de mesa se acercó a él, susurrándole algo en el oído y luego direccionándolos hacia lo que sería la planta superior, acompañado de uno de los meseros y el Hostess volviendo a la entrada—Primero usted señorita Ox— su mano apenas y le había dado un empujoncito, siendo la primera en subir de los dos los escalones, con el capitán ya casi esperándolos en el filo del piso y el hombre a su espalda deleitándose con la forma de su trasero sin que ella se diera cuenta ¡Pervertido! Habría girado a verlo si no fuera por su evidente distracción al llegar a la otra planta. Estaba completamente vacía.

—Permítame enseñarles su mesa— el capitán empezó a caminar entre las mesas vacías ignorando la incógnita reflejada en el rostro de la chica que casi por impulso lo siguió un tanto dudosa—tome asiento por favor…— le dijo el hombre, cuando corría una de las sillas en esa mesa dedos junto al ventanal, intento preguntar por qué estaban en un piso totalmente vacío apenas levantando la mano y boqueando un par de veces —¿Pasa algo? —le pregunto al enarcar una ceja y la presencia del rubio a su costado no la hacía sentirse más relajada.

—Eh, si, Amm ¿Puede indicarme dónde queda el baño? —este se extrañó de su pregunta y soltando el asiento señalo quedamente con una de sus manos hacia el fondo del salón donde apenas y se veia una apertura —Disculpen... —soltó antes de alejarse, esquivando las mesas y apretando su mano sobre el bolso, se estaba alterando sin necesidad, pudo relajarse cuando se apoyó en la puerta del baño a sus espaldas, tomando un poco de aire y mirando aquel cuarto igual de vacío, con los espejos reflejando cada uno de los cubículos—Cálmate, no puede ser tan grave…— camino hacia los sanitarios, hizo sus necesidades para salir completamente relajada y sin ninguna presión en la vejiga, llego al lavado y enjuago sus manos, mirándose de paso su reflejo, no le molestó del todo, se venía bien, un poco informal para semejante restaurante pero nada que no pudiera pasar por alto, su pantalón era oscuro así que no llamaba mucho la atención, su camisa estaba bien planchada y no se le veía nada mal, además de su ligero maquillaje estaba casi intacto, lo único que podría molestarle sería su cabello, estaba algo alborotado, quizás por la brilla de lluvia que le había caído, así que soltó su moña mientras abría el grifo del lavado, tomando un poco de agua y aplanando esos cabellos rebeldes que parecían quererse ver cual piñata, acomodo cada mechón y volvió a amarrar su cabello en aquella coleta. Terminó de acomodarlo y antes de salir de allí el teléfono vibro en su bolso, volvió sobre sus pasos y echándose una mirada más saco el teléfono viendo el nombre de Bulma en la pantalla.

—¿Dónde estás? — si quiera le dio tiempo de hablar.

—Estoy en un restaurante…—miro hacia las puertas de los sanitarios y levemente se recostó en el mesón de los lavados.

—¿Y eso? Pensé que seguías dando vueltas en la calle

—Claro que no…— río un poco— pero ya conseguí algo para los fines de semana ¿Qué te parece? — se mordió un labio emocionada y alzó sus cejas en superioridad. Le encetaba su tono de voz, parecía relajarla con apenas escucharla.

—No me lo creo ¿Enserio te pusiste a buscar trabajo? —suavemente frunció los hombros y soltó otra carcajada, la peliazul también se había escondido en el baño para escapar de los elogios para nada alentadores de quien pretendía tener una relación con ella, había sacado la excusa perfecta para tener al menos cinco minutos de aire tomándola a ella como sujeto de escusa.

—Claro, nos mudamos la otra semana ¿No?

—Confiando que todo salga bien, si, pero ¿Qué pediste de comida? No escucho nada de fondo ¿O es que me estás mintiendo? — comento burlona, mientras ella misma se giraba para verse en el espejo.

—Nada de eso, pedí prestado el baño primero…

—Ay, que envidia Milk, me encantaría estar fuera de aquí, este tipo me tiene casi para sacarle los ojos.

—¿La comida que tenían era con un muchacho? Aprovecha y cambia de gustos.

—Si al menos fuera la mitad de guapo que Vegeta lo haría, pero ni a eso llega.

—¿Todavía con ese tipo en tu cabeza?

—Claro, estoy en espera de que alguien me consiga su número de teléfonos —Indirecta muy directa

—Ya te dije que no sé puede

—¿Cómo qué no? Si tú te hablas con el delicioso y sexy Son Goku…—un tenue sonrojo apareció en sus mejillas y una risa corta escapo mientras hablaba.

—Bulma…

—Ya, ya, pero debes conseguírmelo, ¡Por fis!

—Deja así — río un poco más apoyando una mano sobre el mesón del lavado— nos vemos en un rato ¿Vale? Chao.

—Bueno, chao, disfruta tu comida por mi…

—Eso voy a hacer…— colgó, guardo el teléfono en el bolso y tomando una bocarada de aire salió del sanitario, caminando a paso lento hacia donde se supondría estaría su mesa, encontrándose con aquel hombre sentado con una botella de vino en la mesa mientras texteaba en su celular, se dio fuerza y acortó la distancia mientras apretaba su bolso, tendría que comprarse uno nuevo si seguía así—perdón la demora…— corrió el asiento, quito su bolso para que colgara a un lado de la silla.

—No se preocupe señorita Ox, comprendo las necesidades fisiológicas—levanto la mirada hacia la chica viendo como su cara se fruncía y él rubor subía un grado en sus mejillas además que su boca parecía desencajarse.

"Que cretino"

—Me llamo Bulma, por eso tarde, no por qué estuviera estreñida— quiso soltarse a reír, pero esta no le dio tiempo con su respuesta, la vio sentarse casi brusca en la única silla libre de la mesa, frente a él y junto al ventanal que dejaba ver el cielo nublado desde el interior, suspiro y tomo la botella de vino que pidió mientras esta iba al lavado, se permitió servirle una copa para que acompañara a la suya, soltó un par de botones de su Blazer para estar más cómodo y apoyo sus antebrazos sobre la mesa.

—Me tome el atrevimiento de pedir ya las cartas, pida lo que guste— hablo de nuevo y ella lo miró de soslayo antes de tomar la carta y cual niña ponerla entre los dos tapando su rostro con está intentando buscar que pedir, le sonrió a pesar de que no lo viera y tomo un trago de su vino. Cuánto le gustaría poder darle siquiera una buena nalgada por tan malo comportamiento… se había ido apenas les habían indicado la mesa y lo había hecho esperar casi diez minutos y luego le dice que estaba hablando con su mejor amiga ¿Por quién lo toma?

—¿Listos para ordenar? — el mesero que se les habían asignado no tardó mucho en llegar, mirando a ambas personas y con una comanda en la mano, haciendo a la chica salir entre la carta al escuchar el asentó levemente francés del hombre, su rostro se había mostrado levemente preocupado al darse cuenta no solo por el acento del hombre sino por cada platillo que había releído en la carta. Había tomado la peor decisión, odiaba la comida francesa y no por qué fuera extraña, sino por una mala experiencia con caracoles y un pate con sabor a mierda.

—Si, yo quiero un Merluza al beurre blanc con una porción de arroz…— el mayor entrego la carta y el hombre anoto en su comanda para esta vez mirarla a ella con la mira del otro también sobre sí.

—¿Y usted señorita? —ella apretó los labios y miro rápidamente la carta antes de volver a verlo. Empezaría a sudar la gota gorda...

—¿U-Usted que me recomienda? — el hombre enarco una ceja y casi pareció que acentuó más su acento después de aclarar su garganta.

—Quizás un exquisito Foie Gras o un plato de Escargot— un rostro se torció e incluso llegó a sentir el nudo en su estómago, estaría a punto de vomitar—combinan perfectamente con el vino— le sonrió casi malicioso mientras el rubio solo los miraba con una leve sonrisa.

—¿Entonces? ¿Cuál va a escoger señorita Ox? — la hizo mirarlo y está aún con su ceño fruncido negó soltando un pequeño bufido.

—Lo siento, pero no pienso comer hígado de pato ni caracoles hervidos— exclamó viendo la sorpresa en la cara del mesero y la sonrisa más acentuada del rubio, sabía perfectamente de que se complementaba cada platillo en ese menú, pero noestaba dispuesta a comer algo tan horribley a pesar de que el rubio había pedido pescado bañado en vinos ella no es que tuviera muchas opciones, lo poco que había leído tenía como centro el hígado y lo demás eran sopas, no podía pedir ni lo uno ni lo otro por qué sabía que el hígado no se lo comería y las sopas, bueno, siempre terminaba ensuciándola, tendría que jugársela con lo que podría controlar, rogaba por que estuviera en el menu— mejor un Coq au vin y un trozo de Millefeuille, cerro la carta sin dejar de ver al mesero y se la entrego, agradeciendo internamente esas clases de francés donde por lo menos podría pronunciar un platillo medianamente bien.

—Como guste Señorita— terminó la orden y se alejó a paso rápido de ellos y de nuevo estuvieron solos en esa mesa, esta vez sin ningún menú que los mantuviese distraídos. Que Dios la amparara.

—No pensé que conocieras ese platillo, no es muy común que la gente lo pida—unieron sus miradas apenas unos segundos, dándole el un leve trago a su copa y ella jugando con sus dedos bajo la mesa.

—Tenía que buscar algo que no tuviera viceras…

—La comida francesa es más que eso…

—Lo sé, pero no es que esté en mi catálogo de favoritos…— estiró la mano por la copa de agua y prefirió darle un trago a este, ahora que se daba cuenta había pedido un platillo con alto contenido de alcohol, no creí conveniente sumarle otra bebida alcohólica—Pero agradezco su gesto, por invitarme a este le lugar...

—Hay muchas cosas de las que he querido hablar con usted, desde que la conocí, pero no veía el momento y para ser honesto señorita Ox, no sé qué tan bien o mal se lo pueda tomar…— sus palabras parecieron casi un cubo de hielo por su espalda, sintió su piel erizarse y un leve temblor subir por sus pantorrillas, respiro fuerte y mordiendo un segundo su labio se permitió mirarlo de nuevo a los ojos.

—¿A qué se refiere? ¿Tan delicado es lo que quiere decirme? —lo confronto casi como si fuera una lucha entre ambos a ver quién era el primero en desviar la mirada. ¿Por qué tenía que parecer tan misterioso? ¿Qué clase de temas quisiera tocar con ella? ¿Acaso tendría que ver con su evidente lívido? Trago pesado volviendo a darle otro trago al agua. Tenía que calmarse y no sobre actuar en cualquier cosa que esa boca soltara...

—Depende… Milk, mi Vida como la ve tiene que tener uno límites, un modus operandi para mantener mi privacidad al límite — señalo alrededor y bebido de su copa de vino.

—Entonces, lo del otro día…

—No me malinterprete, me hubiera encantado extender mucho más nuestro encuentro, pero tenía que regresar a Tokyo y follar en una cabina telefónica es poco ortodoxo...

—¡Stpp! —alejo la copa de agua de su boca para llevar su antebrazo a su boca intentando no toser cuando el agua intento escapar de su boca ¿¡Que mierda había dicho!? se lo había dicho así, sin más, tan fresco como una lechuga, taciturno como si hablar de sexo en la mesa fuera cosa de todos los días, a eso se le llamaba ser descarado—C-Creo que no es un tema de conversación acorde…—llevo su otra mano a su mejilla sintiendo el calor de esta apenas unos segundos y acomodando mejor su trasero sobre el asiento.

—¿No lo es? Creí que era claro lo que usted y yo queríamos— sus mejillas ya no fueron suficiente y sus orejas amenazaban con evaporar el agua que había consumido —Usted me desea, es más que obvio y yo a usted... — apretó sus ojos y en un vago intento de levantarse del asiento el mesero había interrumpido la conversación con parte de la orden.

—Perdonen la Tardanza, el platillo de la señorita no es muy apetecido últimamente— coloco rápidamente los platillos solicitados por el rubio —en seguida traeré el suyo señorita — dejó en una pequeña libreta el valor de la cuenta antes de ver el rostro acalorado de la chica—¿Se encuentra bien señorita? — la miró extrañado y ella por inercia llevo las manos a sus mejillas, podría sentir el calor en ellas quemar las palmas de sus manos. Vergüenza absoluta.

—Es que está haciendo mucho calor ¿Podría bajarle un poco a la calefacción? — el hombre asintió y rápidamente se alejó de ellos. Se miraron un par de segundos, pero ella desvió la mirada cuando este había decidido sonreírle—B-Buen provecho— le dijo sin mucho ánimo apretando esta vez sus dedos en la tela de su pantalón.

—¿No quiere que sigamos con esta interesante conversación? —le dio una probada a su plato y golpete con sus dedos el plato base — Puedo ser menos explicito si quiere...

—¡No! —alzo un poco el tono de voz al sentir su boca nuevamente seca —Este no es un lugar para hablar de eso... —sus ojos por inercia habían parpadeado con velocidad, concentrando su conciencia para no tartamudear de nuevo.

—Comprendo, entonces... ¿Tiene algo que hacer más tarde? —sus ojos se abrieron en sorpresa y la sonrisa descarada del otro solo pudo provocar que jalara el cuello de su camisa y abriera un poco más su chaqueta con la espera de conseguir algo de viento que calmara la temperatura de su cuerpo.

—E-Es usted un descarado... —la risa pareció inundar el pequeño espacio que compartían, los ojos fueron del hombre la miraron entre divertido y extasiado, asegurando de incomodar un poco más a la morena —No le veo lo divertido... —Termino siendo un pervertido, un adonis pervertido...

—Lo es para mí, su falta de respeto parece ser recurrente señorita Ox —la joven desvió la mirada —solo quería saber si podíamos hablar en un lugar más privado, solo eso... hablar Milk... solo hablar... —pellizco la piel de su mano cuando se vio en la trampa de doble sentido, se había puesto en evidencia y eso de alguna manera le había molestado más que la notoria insinuación del rubio.

—Y si, primero comemos y ahí… vemos si es posible… charlar… E-En otro lugar—rogaba porque su plato tardara todo el resto de la tarde para así no tener que definir nada con el chico

—Me parece bien, podemos dejar lo más interesante para el final...

—Señor Son —le corto al subir sus manos y palmear la mesa en donde estaban, cerrando sus ojos y retomando aire volvió a mirarlo—Antes que nada, quiero dejar en claro los que ya habíamos hablado—le soltó, recibiendo de vuelta la mirada verde ocasionando que este dejara los cubiertos sobre el plato y ladeara su cabeza.

—¿Se refiera a la vez que estuvimos solo en el cuarto del hotel en Komae? —curvo su ceja y su mano derecha acaricio su mentón.

—No lo diga así por favor…—se encogió de hombros apretando esta vez sus puños sobre la mesa.

—Entonces cuando me llamo ebria en el Bar…— un tic nació en el borde de su ojo derecho y el bochorno constante había despertado esa delicada fibra de mal carácter que vivía en ella.

—Sea una o la otra le dije en ambas ocasiones que no quería recibir sus costosos y despampanantes regalos…— por una vez en todo el rato que llevaban lo volvió a ver serio, lo vio incluso algo molesto, pero tenía que sacarse esa espinita que no le dejaba respirar sin sentir bochorno por culpa de él. Al menos que recibiera un poco de lo que ofrecía.

—Pensé que no le había molestado

—No es que me moleste, pero es demasiado para mí—respiro un poco más tranquila y sus hombros se relajaron entre tanta tensión—quiero pagarle por lo que ha hecho por mí y ahora con el celular, no sé cómo...

—No pienso recibirle un centavo señorita Ox, son gastos que me puedo permitir.

—Pero yo no, el collar, la ropa, el teléfono y la comida, suman casi una fortuna y siento que me estoy aprovechando de eso a pesar que usted me diga que no es así —negó suavemente llevando mano izquierda para acariciar el ceño de su frente sin darse cuenta que el rubio había abandonado su asiento y se acercaba a pasos rápido hacia su persona.

—Usted dijo que debíamos ser recíprocos ¿No? —La chica se sobresaltó al sentirlo a su lado, tocando su hombro, deslizando sus dedos por sobre la chaqueta hasta quedar a espaldas suyas —Entonces, si quiere devolver el favor, cédame está noche, permítame mostrarle lo que deseo hacer con usted y si usted no lo acepta prometo dejarla en paz— su voz había golpeado su oído derecho, erizándose por la calidez de su aliento y el olor de su perfume revuelto con el del vino le hizo hiperventilar, teniendo que acomodar su cabello y mirando al frente para no cometer alguna estupidez — si acepta, le prometo no dejarla ir... — apoyo sus manos sobre las piernas de la chica juntando más su torso a ella y regalándole un tenue beso en su cuello haciéndola ladear la cabeza, cerrando los ojos e inflar su pecho por culpa de la adrenalina mientras este deslizaba sus dedos hacia su centro. La joven apretó sus ojos y en un tenue asentimiento lo sintió dejarla, haciéndola exhalar de golpe, abriendo los ojos confundida mientras intentaba humedecer su garganta, su figura se movió a su lado volviendo al otro extremo de la mesa—Nos iremos en media hora —intento decir algo, pero el mesero prácticamente apareció de la nada, trayendo su orden y una cortesía de la casa por la tardanza.

(Imagen)

"¡Maldita sea!"

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Después de haber terminado la comida se había obligado a actuar con normalidad a pesar del rubor y la vergüenza, sus mejillas seguían igual, rojas, pero había sacado su mascar de hielo para parecer el ser más inexpresivo de la faz de la tierra, claro, ayudada de su fleco y sus brazos rígidos, además de omitir casi a gritos la escena que para tiempo real había durado menos de tres minutos pero que habían bastado para engañarla inmensamente, dejándola muda la siguiente media hora, el pago lo que habían consumido y el volver a salir, esta vez con menos testigo que cuando entraron, por culpa de la torrencial lluvia, ambos subieron al Porch plateado, dirigiéndose tranquilamente donde sea que el rubio pretendiera llevarla

—¿Quiere escuchar un poco de música o sigue estando incómoda? —apretó sus manos y lo miro de soslayo, pero este seguía con su mirada fija en la avenida, así que empezó a escanear el tablero frente a ella, estiró su mano hacia lo que creía era el botón de encendido casi sobresaltándose cuando los parlantes pretendían explotarle los tímpanos con alguna canción del momento

—¡Lo siento! — oprimió de nuevo el botón quedando en silencio otra vez, pero en medio de un corto trancón.

—No se preocupe…— le susurró mientras graduaba el sonido de la radio y oprimía el botón de encendido— debió cambiarse el volumen cuando lo mandé a limpiar.

—Supongo…—dijo sin más ahora con una movida canción de fondo que ninguno de los dos podría decir que conocía, el viaje fue calmo hasta que llegaron a un edificio demasiado sofisticado para su gusto, entraron en el parqueadero y con cuidado esté se estacionó allí dejando ver un par de hilera de coches que ni ella en un concesionario podría ver ¿Cuánta gente rica viviría en ese lugar? una vez fuera este la guío a un ascensor casi a tres metros de distancia, entraron allí y poniendo un código en el tablero este comenzó a subir dejándolos ante la expectativa de nuevo, optando una vez más en ese día jugar con la cuerda de su bolso. El pitido de la puerta al abrirse la tenso mucho más agrandando el nudo que llevaba en garganta, Cuando esté dejó ver el lugar no era ni la cuarta parte del nuevo apartamento de Bulma, era casi diez veces más grande, con una vista mucho más majestuosa, con acabados más sobrios y un leve aroma a limón. Casi podría decir que estaban en las nubes.

—Es inmenso…— comento ella empezando a caminar hacia la sala que dejaba ver con mayor claridad el espesor del cielo bañando a la ciudad con litros de lluvia, por alguna extraña razón sintió paz al ver el panorama.

—¿Quiere tomar algo? — la chica giro sobre su cuerpo llevándose un micro infarto cuando aquel Dios griego se había despojado de su Blazer y él chaleco que usaba bajo este asentaba su amplia espalda, pocas veces podría decir que un hombre se veía así de sensual, la miró un par de segundos y ella levemente ruborizada solo asintió.

—Un vaso de agua estará bien...

—¿Segura? — enarco su ceja mientras sacaba una jarra de jugo de la nevera.

—Si, si, solo agua —el hombre asintió y saco un vaso de cristal de una de las gavetas, puso un par de hielos y sirvió un poco de agua destilada.

Milk volvió la vista en frente y pudo ver sobre la mesa de centro un par de hojas, dos bolígrafos y un sello notarial, enarco su ceja, pero dejando de lado tomo asiento en el sillón al otro extremo de la mesa.

—Milk, quiero que te sientes aquí conmigo — señalo en sillón frente a aquella mesita de centro — hay algunas cosas que quiero aclarar antes contigo— la chica lo miro un poco ansiosa, pero acepto, acercándose al rubio, sentándose donde le indicaba, pero guardando un poco de distancia con su cuerpo. Le tendió el vaso de agua y le saco aquel bolso por sobre su cabeza, dejándolo tras su cuerpo junto a un cojín.

—¿Y bien? —el hombre sujeto los documentos y se los tendió a la chica, recibiendo una mirada confusa, pero aceptando los documentos con una mano.

—Quiero que leas esto, es un contrato de confidencialidad, donde todo lo que veas, oigas y hables conmigo será completamente reservado, no podrás decirle a nadie nada, será entre solo nosotros dos —parpadeo sorprendida, no esperando para nada que el fuera tan minucioso en lo que sea que fueran a tener, parecía ansioso de que lo leyera y apenas moviendo una ceja rápidamente empezó a leer el documento, descubriendo su nombre y número de documento ya pre escrito en este y con palabras mucho más sofisticadas le comunicaba lo mismo, ningún tipo de comunicación externa sobre su relación con alguien que no fuera él.

"Bueno, al menos subraya la palabra RELACIÓN en el contrato"

—Al firmar esto, significa que... —mordió su labio intentando buscar las palabras adecuadas — ¿Hay algo ilegal que vayamos a hacer? —él sonrió asustándola tan solo con su mera reacción haciéndola estirar su espalda —¿¡S-Si lo hay!?

—Es para evitar inconvenientes, mis abogados insisten en este tipo de acuerdos... —explicó divertido, recostándose en el sillón mirándola más descaradamente.

—¿Sus abogados? —su boca se entreabrió y por autocuidado cerro más la abertura de su chaqueta sin esperar que este desviara apenas unos segundos sus ojos al leve escote de su camisa —¿Cada que planea tener una relación buscas a sus abogados?

—Debes comprender que siendo quien soy no me puedo dar el lujo que muchas personas del común se toman, debo salvaguardar mi buen nombre... — frunció el ceño volviendo la vista al contrato, teniendo de nuevo esa molesta sensación de inseguridad, intentaba comprenderlo, pero todo se le hacía tan extraño, incluso turbio si lo analizaba detenidamente, lo miro de soslayo captando su mirada sobre si ¿Valdría la pena permitirse algo así con él? ¿Jugar a su juego? ¿Comprender el porqué de sus actos? No sabía, empezaba a temer de cualquier acción por parte de él, incluso llevándola a pensar en tan poco tiempo, que quizás, solo quizás el pudiese esconder algo tan turbio como para exigir confidencialidad absoluta, eso lo decía esas hojas en sus manos, si hablaba... volvería a meterse en problemas...

—Entonces, si firmo esto... ¿Qué pasaría? —le miro de vuelta mientras sus manos apretaban las hojas de papel.

—En primera, podría decirte todo con mayor flexibilidad —se irguió en el asiento, acercándose a ella quedando a escasos centímetros de su rostro —en segunda, me ganarías, a mí, me tendrías a mi... —no sabía ni como a similar esas palabras, el solo la miraba, casi devoradla en la espera que ella bajara la guardia.

—¿Y si me niego? —el dejo escapar un poco de aire y su ansiedad incremento botando por empezar a mover levemente una de sus piernas ¿Por qué no se lo decía de una vez? ¿Tanta desconfianza podría tenerle?

—Si no lo firmas, muchas de las cosas que me encantaría hacer y decirte se tendrían que aplazar, hasta que cambies de opinión o — las mejillas de la joven habían empezado a tener algún tipo de batalla, por saber qué color sería el que tendría, si el blanco pálido o el rojo carmesí —decidas olvidar todo esto —mordió su labio mientras analizaba sus palabras ¿Sería capaz de vivir sin darse aquella oportunidad? ¿Podría olvidarlo con tan solo rechazar sus condiciones? ¿Qué tipo de cosas guardaría? Estaba confundida — Milk... — lo hizo verlo mientras este deslizaba su mano hasta su mentó, jalando su piel con su dedo pulgar para zafar su labio de la prisión dentaba — me estas desconcentrando —acerco su rostro apenas probando la suavidad de sus labios dejando que el rubor ganara la batalla y que la parte racional de su mente se silenciará por su lívido —Te prometo placer en todo el sentido de la palabra...

—Dios... —dejo los documentos sobre sus piernas, apoyo su mano libre sobre su hombro para alejarlo y de paso acariciar uno de los mechones de cabello —deje de ser tan directo... —espero unos segundos, deslizando su mano por el ancho de su hombro y descender por su brazo, sintiendo como la calidez bajo la ropa se iba perdiendo a medida que se alejaba, relamió sus labios y lo miro de vuelta —Prométame que no será nada malo... —sus sentimientos revueltos se reflejaban en sus perlas azabaches, un leve asentimiento y la joven tomo una bocarada de aire, sujetando una de las plumas y sobre su muslo firmar los documentos sin volver a dudarlo y alejar ese tonto pensamiento que había llegado de golpe a su cabeza. Había firmado un pacto con el diablo.

—Ahora, puedo decirte lo demás... —ella alzo la mirada y este acomodando un mechón de cabello, deslizando su mano delicadamente por sobre su rostro y hacer el mismo recorrido que ella hace poco había hecho, llegando a su mano para apretar sus dedos entre los propios —existe otros documentos que debes analizar, podrás negociar punto por punto si así lo requieres, pero antes debo mostrarte una cosa más, es la que definirá si no saldrás corriendo de aquí.

—Deje de asustarme — reprendió suave y apretó el vaso de agua que ya había derretido uno de los hielos en su interior — me pone nerviosa —confeso mientras fruncia sus hombros —Creí que, con este acuerdo, todo estaría más que claro...

—Y así será, pero este contrato solo cubre la parte confidencialidad, de ambos, no solo la mía, lo importante viene ahora y solo depende de ti —ejerció un poco más de presión en su agarre — quiero que tengas en cuenta que en cualquier momento podrás irte o si quieres pasar a noche aquí, solo debes ser franca a partir de ahora —jalo de su mano hacia él, levantándose mutuamente empezando a caminar hacia la segunda planta que ese PentHouse tenía.

—¿A-Adónde vamos? —apretó la mano con la que el la sujetaba y lo hizo frenar a medio camino llevando aun consigo ese vasito de agua helada.

—Recuerda lo que te dije en el restaurante, si no aceptas lo que estas por ver te dejare en paz... —no dijo nada hasta que retomaron el camino, guardo silencio mirando solo su amplia espalda, caminando casi a propósito detrás suyo sin importarle la posición, buscaba aire en la espera de lo que sea que le fuese a mostrar, guardando las ansias tras la garganta y la vana posibilidad que la estuviera conduciendo a su recamara...

"¡Deja de pensar Ox!"

Dio un trago al vaso de agua esperando que este calmara ese molesto nudo más al pasar los pasillos no entendía hacia donde iban, hasta que al final del pasillo vio una puerta al fondo de todo, una habitación que parecía no apta para las visitas, eso aumento su nerviosismo y más cuando lo escucho sacar un pequeño juego de llaves.

—¿Acaso tiene personas aquí dentro? —intento juguetear intentando hacer menos tenso el momento, pero este si quiera se rio, hasta ella entendía lo estúpido que había dicho—¿Q-Qué tiene aquí? —su voz pareció casi romperse, pero el solo relamió sus labios y escogió una de las llaves.

—Quiero que veas y tomes una decisión... —le miro serio y hasta dudo si abrir la puerta, pero al final deslizo la llave por la abertura de esta, quitando el seguro y deslizando levemente el muro de madera —entra... —trago saliva cuando no vio más que oscuridad y liberándose de su agarre ingreso allí a paso dudoso siendo seguida por él hasta que lo escucho oprimir el suich de la luz. Ante sus ojos el cuarto se ilumino tenuemente, cubierto por una luz rojiza que a medida que se expandía mostraba cada uno de los objetos de esa habitación. Los ojos ónix se fueron expandiendo y su boca lentamente separándose mientras el color de sus mejillas bajaba de golpe y la palidez se apoderaba de todo su cuerpo, había entrado en pánico —Quiero que seas mi sum... — su voz se frenó cuando el sonido de los cristales desquebrajándose en el suelo la dejaba en evidencia ¿En dónde diablos se había metido?

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Bueno, Bueno, hasta aquí este capítulo, lleno, super, recontra lleno... pues de relleno xD

Tenía que dejarlo aquí sí o si porque en el siguiente quiero ponerlos más en contexto, del porque a nuestra Milk no le agrada mucho tanto detalle, OMG, espero les haya gustado mucho este capítulo, ya saben que pueden seguirme en mi página de Facebook para saber de prontas actualizaciones o para vez los dibujitos que hago, además que ahora tengo TWITTER, no posteo nada, pero siempre me hizo ilusión tener uno XD espero leernos pronto Babys. Bye

Mika-Chan