Aquella mañana Keith había despertado primero que la peliceleste, a sus pies Marucho y Lynk seguían durmiendo cerca del sillón en el que estaba Chan.

Runo seguía acurrucada contra su pecho, calma, parecía que el sueño le pesaba, por lo qué el había evitado moverse cuando Shun lo despertó al ponerse de pié.

Runo ya le había puesto al tanto de la historia de Dan, pero escuchar la perspectiva de sus amigos era algo nuevo y hasta cierto punto sorprendente. Nadie estaba cuestionando el actuar de Runo, y al contrario parecían tener bien en cuenta los errores de Dan. Al ser el líder de aquel grupo, sinceramente, había esperado más apoyo hacia el castaño de parte de los chicos.

¿Ahora quería venir por Runo?

No tenía el derecho. Es decir, él tampoco tenía derecho de retenerla en Vestal, apenas y habían arreglado su amistad, pero le hervía la sangre al escuchar que Kuso se sentía con el derecho de intervenir ahora que se habían reencontrado.

No sabía que estaba pensando su hermana al afirmar tan segura que Dan no podía ir, pero lo agradecía. No era como que planease pelear con el castaño, para nada, pero unas cuantas palabras si tenía que decirle.

Escuchó la conversación apagada por la distancia y la pared que dividía la cocina y la sala.

"Sí, estoy con Mira y los chicos..." había dicho Baron después de un incómodo saludo "Si, el también está aquí... Bueno, él vive aquí, más bien... No, no, para nada, no es peligroso, Runo está bien, te lo dije por mensaje" ahora Keith estaba enojado hasta con el pelirosa, ¿por qué tenía que darle tantas explicaciones?. CLARO QUE NO ERA PELIGROSO PARA RUNO. "Mira quiere hablar contigo"

Keith espero a escuchar a su hermana explotar, sabía que consideraba a Runo una de sus mejores amigas, y sabía que la protegería con el alma, principalmente por eso la visitaba en la tierra tan seguido. Sin embargo, la decepción se hizo presente cuando escucho a su hermana saludar en un tono calmo, y preguntarle por su estado y el de Fabia.

Quería levantarse, quería tomar el celular de Baron y decirle a Dan que estaba exagerando, que él jamás le tocaría un cabello a Runo, y que en efecto, Kuso era el menos indicado para estarle acusando.

Pero no podía, el respirar acompasado de Runo le tenía tan inmóvil como ella, ajena a el drama que se desataba de a poco en la cocina.

"Se que Keith no es tu persona favorita. Pero no tienes ninguna razón para estar dudando de él" había escuchado a su hermana decir, reganando su atención por los eventos en la habitación de al lado. "Dan, Runo esta bien, está conviviendo con sus amigos de nuevo, y le gusta Vestal. No es un secuestro. No lleva aquí ni tres días y sabe que si algún día quiere irse solo tiene que decidirlo" Keith casi podía imaginar las respuestas que Dan le estaba dando a su hermana. Pero incluso su imaginación se quedaba corta para lo que llevó a su hermana a decir la siguiente frase "Keith está siendo el mejor apoyo para Runo en estos momentos y no tienes ningún derecho a alejarla." silencio. "si quieres verla, incluso visitarla para hablarle de tu fiesta o lo que sea, esta bien. Pero dejala tener paz por ahora, aun falta para el cumpleaños de Fabia, no necesita preocuparse por más cosas"

Keith se bloqueó, tal vez la conversación había acabado ahí, o tal vez había seguido unos minutos más, pero él no lo escucho. ¿Cómo que Dan iría a visitar a Runo?, ¿Es que a caso nadie entendia el repele que Runo aún le tenía a Dan?. Estaba enojado, quería pensar que el sabía mejor que los demás sobre lo que Runo quería o no, pero la verdad es que habían perdido contacto por tantos meses que hasta el dudaba que aquel pensamiento fuera acertado.

Runo estiró los brazos sobre el pecho masculino, desperezandose, Keith se mantuvo quieto, con una mano sobre sus hombros y otra sosteniendo su propia cabeza por inercia, ya que en efecto, no la sentía.

Los ojos turquesa finalmente se abrieron, aleteando las largas pestañas celestes, el rostro de Runo se iluminó con una sonrisa apenada, las mejillas se le pintaron de rojo, pero eso no fue suficiente para contener su felicidad.

—Buenos días— saludó la chica, sin moverse de su lugar junto a él.

—Buenos días, señorita, ¿dormiste bien?— preguntó el rubio, sabiendo perfectamente que al menos un par de horas había sido atormentada por pesadillas.

–Como un bebé— admitió, expresando la felicidad que sentía después de tener tan buen descanso. Sabía cómo se vería para terceros el estar acurrucada con Keith, tan casualmente, pero la sola idea de alejarse le fastidiaba.

—Me alegro mucho— Sonrió —¿Podrías ayudarme?, ya no siento mi mano.—

Runo se apresuró a moverse, solo lo suficiente como para que Keith se enderezara y pudiera estirar los brazos, pero apenas quito la cabeza de su mano, su brazo cedió, y cayó abruptamente al descansa brazos, sin que Keith pudiera alzará de nuevo.

Runo soltó una risita al ver la frustración en su rostro, con los ojos clavados en su brazo derecho. Ella extendió los brazos, tomando la mano entre las suyas, no dijo nada, pero tampoco es como que el rubio pudiera poner resistencia.

Sostuvo la mano entre las de ella a la vez que masajeaba la palma con sus pulgares, repitiendo el movimiento por su mano algunos minutos, hasta que Keith pudo moverla de nuevo.

—Muchas gracias— Sonrió el rubio, flexionando los dedos para formar un puño y volviendolos a estirar.

—Estoy feliz de ayudar— admitió sonriente Runo.

Por fin se detuvo a ver a su alrededor, la mitad de sus amigos no se veían por ningún lado, y los que seguían dormidos se removían en un intento inconsciente de huir de la luz del sol que ya se filtraba por las cortinas. Keith le veía fijamente, adivinando sus pensamientos.

—Los demás parecen ya estar desayunando, ¿quieres unirteles?— preguntó el rubio, haciendo ademán de pararse, encorvandose un poco hacia enfrente.

—¿Vas a desayunar conmigo?— preguntó, pero no sonó del todo como una pregunta. Keith entendió que no quería una respuesta negativa, probablemente era producto de haberse pasado la mayoría de la tarde anterior encerrado cuando evidentemente había fiesta en su sala.

El rubio asintió levemente, inseguro, pero derrotado. Runo sonrió, y de un saltito se puso de pié. La trenza que había hecho Mira ya se había aflojado y parecía difícilmente sostenerse, con mechones de cabello sueltos aquí y allá. La sudadera amplia en la que se había cambiado la noche anterior le hacía ver más pequeña de lo normal a ojos de Keith. Quería decirle que se veía muy pequeña, que era divertido, pero tierno. Evidentemente no lo iba a hacer. No era el tipo de comentarios que debía soltarle a la mejor amiga de su hermana después de todo.

Le imitó, y con cuidado de no pisar a Marucho o a Lynk, ambos se adentraron con cuidado en la cocina, encontrándose con una escena algo rara.

El ambiente ya no era tenso, parecía que habían terminado la llamada hace ya rato, pero se habían quedado callados cuando la puerta se abrió.

Keith los vio, culpables por estar hablando de aquella situación de Runo a sus espaldas, afortunadamente su hermana era casi tan perspicaz como él (al menos eso pensaba Keith, orgullosamente), y fue la primera en espabilar y romper el silencio.

—Vaya, apostaba que ustedes serían los últimos en despertar— una sonrisa amplia le curveo los labios —Se veían tan cómodos—

—Bueno, al menos Runo— agregó Julie, que había visto lo incómodo de la posición para dormir del rubio.

La peliceleste rodó los ojos y se cruzó de brazos, pero no podía borrar la sonrisa de su cara.

—Muy graciosas, ¿prepararon algo de desayuno?— cambio rápidamente de tema, evitando hacer contacto visual con sus amigos varones, era obvio que ellos también le habían visto dormir con el Clay.

Keith no pudo evitar notar la mirada de reojo que Barón les dedicó, no entendia que quería decirle, pero parecía estar menos animado que las chicas. Trago saliva, suavizando un poco su sonrisa. No podía evitarlo, se había vuelto muy consciente de la presencia del chico desde que había notado la tensión que aún se preservaba entre ellos.

—Solo tomábamos café— habló Barón, por fin devolviendo su vista hacia donde estaba Mira, y Runo, que ahora se paraba a su lado. Keith agradeció ya no sentir la mirada pesada, a la vez que notaba el radical cambio de ánimo del chico —Pero estoy dispuesto a participar en la preparación del desayuno.—

—Me parece perfecto— declaró Mira, agachandose para buscar en el refrigerador —¿Quieren omelette?— preguntó, alzando la cabeza hacia la mesa donde seguían la mayoría de los chicos.

Nadie se resistió ante la opción, Runo y Keith se dedicaron a picar tomate para acompañar el omelette y revolver los huevos, Mira y Barón se encargaron de prepararlos y Julie y Shun tostaron algo de pan, mientras Alice ponía la cafetera llena.

Uno a uno los platos de Omelette rellenos de Jamón y queso fueron acomodándose en la mesa a la vez que los demás chicos en la sala despertaban, Shun y Barón cedieron su lugar a las chicas que ya empezaban a comer, Alice, Chan, Julie y Mira fueron las primeras en sentarse, con Runo acomodándose entre las sillas de Chan y Alice para poder comer también en la pequeña mesa para 4 personas, dejando el resto de los omelettes a cargo de Marucho y Shun que parecían más bien pelear con el sartén.

Lynk se había acomodado junto al microondas a comer su desayuno, Keith y Ace cerca del refrigerador, y Barón sentado sobre la barra cerca del lavabo.

Runo sonrió, había demasiada gente en aquella pequeña cocina como para que todos comieran cómodamente. Shun había tenido que acomodarse sobre el microondas, junto a Lynk, y Marucho se había sentado en la barra igual que Barón, pero en la otra pared, bajo la alacena.

Un sentimiento curioso de calidez le cubría el cuerpo, hacia mucho que no veía a tantos de sus amigos reunidos, y verlos intentar mantener una conversación con la boca llena de un omelette que habían preparado técnicamente entre todos le causaba algo de gracia.

Había extrañado esas pláticas que no terminaba de entender sobre él trabajo interdimensional en el que se involucraban Lynk, Marucho y Alice, extrañaba las anécdotas de Shun sobre lo incómodo que aún era velar de noche la enorme casa que habitaba, en la cual, para paz del azabache, ahora contaba con la compañía de algunos pequeños felinos. Barón le contó una y otra vez historias diferentes sobre cosas que habían hecho sus hermanos en los últimos meses, y Chan siempre tenía algo interesante que contarle sobre su vida. Julie se quejó del trabajo en el café y le culpaba por la cantidad de clientes frecuentes que le había conseguido al lugar, sin malicia, pero que era igual de divertido que las anécdotas sobre su día a día en la carrera de comunicación.

Todos parecían llevar una vida diaria algo agitada, entretenida, y en ese momento ella no pudo evitar cuestionar el por qué era que ella se sentía estancada.

No era algo que pudiese controlar, pero siempre podía intentar mejorarlo.

La mañana fue algo menos llamativa después del desayuno. La lluvia afuera seguía cayendo, desanimado a los invitados a salir, así que Keith bajó la consola de su habitación para entretener mayormente al resto de los chicos, las chicas en cambio, aunque veían la partida de videojuego en la tv, constantemente se perdían en cuchicheos bajitos sobre romance, trabajo, e incluso chistes sobre lo malo que era en el juego Shun, quien probablemente era el menos familiarizado con la consola.

El cielo, para sorpresa y paz de Runo, finalmente se despejó un poco, seguía teñido de nubes grisáceas, pero la lluvia había cesado, cosa que aprovecharon los demás para huir antes de que reanudara.

La despedida, inevitablemente, fue emotiva. Runo abrazó tan fuerte a Marucho y Shun, quienes era con los que menos contacto tenía desde lo de Dan, que probablemente pudo haberles asfixiado un poco. Julie partió con ellos, ya que los tres pretendían volver a la tierra, aún así quedaron en ponerse de acuerdo para salir de nuevo ya que el clima mejorase, y crear un grupo de chat para retomar el contacto. Lynk, tan amable como irritante, se despidió de Runo deseándole un mejor ánimo y "suerte", con su amigo rubio, Runo no supo interpretar aquello del todo. Junto a él, Alice emprendió rumbo al laboratorio de su abuelo, no sin antes abrazar a su amiga y pedirle que no desapareciera de nuevo. Barón fue el siguiente en despedirse ya que al parecer lo necesitaban en casa, y junto a él Chan, a quien se ofreció a acompañar hasta la estación de tren. Ambos se despidieron con un abrazo corto, a la vez que Runo guardaba sus números de contacto, Chan, por su parte, le recordó lo de visitar su cafetería una vez más, y Runo prometió ir más temprano que tarde, argumentando que esperaba un descuento.

Keith devolvió sus cosas a la habitación, y una vez quedaron en la casa sólo Ace, Mira y su hermano, la peliceleste por fin se permitió dejarse caer en el sofá, quitándose la goma que a estas alturas, difícilmente le sostenía el cabello trenzado.

—Esa fue más interacción social de la que esperaba— admitió la chica, revolviendose en el sillón, buscando una posición cómoda.

—Dímelo a mi, con tanta atención tan de repente pensé que colapsarias— Bromeó Mira, sentándose en un sillón con Ace a su lado.

—No creo que eso sea completamente mentira—

Runo por fin se quedó quieta, con los pies elevados sobre el descansa brazos y la cabeza sobre un cojín.

Se sentía raro, pasar tantas horas con sus amigos, así tan de repente, y luego volver a estar sola.

Runo sacó por fin el celular de su bolsillo, desde la mañana anterior había silenciado las notificaciones de Dan, pero no podía evitar sentir curiosidad.

Le había llamado una vez después de que Keith habló con él, después se limitó a enviarle mensajes, solo un par, preguntando donde estaba, qué hacía con Keith, y que debía irse de donde sea que estuviera.

Quiso fruncir el ceño, pero estaba más confundida que molesta. No conectaba los puntos de Dan, entendia por qué podía estar molesto por Keith, pero era casi obvio asumir donde estaba entonces, con Keith. Parecía bastante insistente en saber dónde estaba, pero después de esos mensajes no había nada más.

—¿Quieren salir un poco al patio?— preguntó Mira, jugueteando con el cabello de su pareja. —Podemos aprovechar que la lluvia por fin se detuvo—

Aquello era cierto, la lluvia había sido constante casi completamente desde que Runo había llegado. Ver el patio trasero, verde, y con árboles altos, le llamaba demasiado la atención.

—Acepto— Sonrió la chica, más sin ponerse de pie. Mira no parecía tener intención de hacerlo tampoco, y eso le fomentaba la pereza.

—¿Ahora que le estas proponiendo, Mira?— Se quejó el rubio que venía bajando las escaleras, con una libreta bajo el brazo.

—Pasar la tarde en el patio, nada peligroso, señor—

Keith frunció el ceño, llamarle señor era una broma entre ellos, pero que lo soltara ahora le hacía sentir ridículamente mayor.

—Como sea, una buena idea, para variar, no está mal de vez en cuando—

Ahora Mira fruncia el ceño, realmente ninguno estaba enojado, pero después de su reunión, tras los sucesos de Nueva Vestroia, se habían puesto al día con su relación y habían retomado confianza.

Confianza que de vez en cuando se canalizada en forma de comentarios molestos el uno al otro.

—¿Vamos?— Preguntó el rubio, evitando la mirada de su hermana y enfocándose ahora en la peliceleste.

Runo se puso de pie con una rapidez y efusión que no había meditado, la sonrisa en sus labios se negaba a desaparecer, de todos modos ya era muy tarde para cuando se dio cuenta de sus acciones.

Keith le dejó caminar frente a él, dirigiéndose a la puerta trasera que se encontraba en la cocina.

Una pequeña porción del patio estaba techada, el porche, como una amplio escalón de madera, y bajando de este estaba el patio completamente cubierto de césped, con algunas zonas más altas que otras por la hierba, pero no podía culpar a los dueños, probablemente era obra de las lluvias de temporada.

Unas sillas de playa algo inusuales reposaban bajo la sombra de un árbol alto que Runo no pudo reconocer, pero tenía el tronco grueso, y ramas frondosas que cumplían bien el objetivo de proteger aquella zona de la escasa luz que se filtraba entre las nubes.

Keith se dirigió a una de las sillas bajo la sombra del árbol, Runo le siguió, acomodándose en la silla junto a él.

La chica sacó su celular, de nuevo, no pudo evitar volver al chat de Dan, había un mensaje nuevo.

Dan K. [10:13 AM] : ¿En serio estas bien?Quiso preguntarle de qué hablaba, a qué se refería, o por qué la insistencia sobre su bienestar. Es decir. Keith no era su mejor amigo, pero no era peligroso.

Se limitó a responder un "Mejor que nunca" que probablemente se leía más indiferente de lo que pretendía, pero no le molestó.

Una vez que envió el mensaje, checo el clima una vez más, reviso el grupo de whatsapp de las chicas, que ya planeaban otra salida, y bloqueo su celular, fue cuando por fin el rubio a su lado re ganó su atención.

Sostenía la libreta gruesa entre sus manos, apoyada contra sus piernas en una posición encorvada. Runo intentó mirar por encima de su cabeza, intentando leer lo que escribía, para su sorpresa, encontró líneas atravesando el papel.

—¿Dibujas?— preguntó, dejando en evidencia que le estaba viendo.

El rubio asintió, dedicándole una sonrisa amplia.

—A veces, en mi tiempo libre, me mantiene ocupado— Aquella confesión era más pesada de lo que sonaba, pero al parecer Runo no le dio más trasfondo.

–¿Qué dibujas justo ahora?— preguntó la peliceleste, bajando las piernas de la silla, y acomodándose al borde de esta en un intento de acercarse más.

—Es sólo algo sucio, práctica— aclaró el rubio, mostrándole por fin la libreta en todo su esplendor.

Sí, era un bosquejo, pero de sucio no tenía nada, eran dibujos de pequeñas flores saliendo de pedazo de césped que Runo ubico rápidamente al fondo de su visión, al lado contrario del jardín.

—Son muy buenos— Admitió Runo, aun en mesmer por los trazos, intentó grabarse la imagen antes de que Keith retirara la libreta, y la volviera a descansar en sus piernas.

—No tengas pena, hace mucho que no dibujo, no son muy buenos— se encogió de hombros con una risa que Runo dudo en identificar como nerviosa —No suelo tener muchas referencias aquí encerrado—

Runo quiso ver aquello como una excusa, podía buscar cualquier imagen en Internet y usarla de referencia, algo no parecía querer decirle.

Pero, claro, aquella voz interior en Runo volvió a hablar antes de que pudiera pensarlo.

—Puedes usarme de referencia— soltó, atrayendo la mirada azul, que alzaba una ceja con curiosidad. Vio el atisbo de burla en la comisura de sus labios y se apresuró a agregar más. —Puedo hacerte ese favor— La sonrisa se ensanchó más

—¿Ah si?— la chica asintió efusivamente, mientras volvía a acomodarse en la silla con la mirada al frente, intentando restarle importancia. —Tal vez deba tomar tu oferta entonces—

Runo no se movió para verlo, simplemente se limitó a recostarse en la silla, con las manos juntas sobre el abdomen, viendo las hojas verdes que se alzaban sobre su cabeza.

—¿Cómo es asistir a tu universidad?— preguntó Runo, sin pensarlo demasiado

Keith ya había empezado a dibujar líneas borrosas que resemblaban el perfil de la chica.

—Atareado, estresante, como cualquier universidad, sólo que el doble ya que todo tiene que ver con libros y postulados— respondió, en una voz bastante cansina

—¿En serio tenias tarea ayer?— Runo no se giro, pero sentía la mirada del rubio en ella de vez en cuando. Keith solo emitió un gutural "mm-hmm" que no complació a Runo —¿Piensas contarme por qué te portaste tan raro con Barón?—

Runo espero una respuesta, pero no la obtuvo, en su lugar escucho el suspiro escapando de los labios del rubio, lo que le hizo devolver la vista hacia la silla a su lado

—Tal vez sea algo que debas preguntarle a él— Admitió Keith. No tenía un problema en sí con el chico, pero no estaba seguro de poder decir lo mismo en el caso contrario.

—¿pelearon?— preguntó, tanteando terreno, Keith negó —¿No te agrada?—

—No es eso Misaki... Te lo dije ayer, no creo que yo le agrade—

Keith levanto la vista de su libreta, Runo fruncia el ceño.

—No lo entiendo—

—Yo tampoco— Mentira, era obvio por que no le agradaba, se lo habían dejado muy claro —Por eso digo que deberías preguntarle a él.—

—Tal vez lo haga— Runo volvió a acomodarse en la silla, ¿estaba molesta?, Keith le vio sacar su celular y teclear, eso había alterado la pose que estaba dibujando, evidentemente, pero ya se las arreglaría.

—Es más probable que te lo diga a ti, ya que te sigue tanto— admitió el rubio en voz baja.

El silencio se hizo presente, demasiado prolongado para ser cómodo o normal. Keith volvió a alzar la vista, Runo ahora le veía, con una enorme sonrisa.

—¿Estas celoso, Clay?—

La cara de Keith ardió, a la vez que fruncia el ceño. ¿Celoso de qué?, para empezar. ¿Cómo había llegado a esa conclusión?.

—No digas tonterías— soltó, volviendo a concentrarse en la libreta.

La vista periférica le dejó identificar como Runo se encogia de hombros, y volvía a su posición en la silla.

—Te sonrojaste mucho para que sea una tontería—

Keith casi podía escuchar la sonrisa en su voz. Estuvo a punto de decir (o gritar) algo a la peliceleste cuando escucho la puerta de la cocina abrirse, seguido de la conversación entre su hermana y Ace.

Se mantuvieron al margen de la interacción de la pareja durante el resto de la mañana-tarde, Keith terminó el bosquejo a lápiz, y forcejeo con Runo un rato cuando se negó a enseñarle el resultado. Mira y Ace se integraron a la conversación después de eso, en un intento de separarlos.

Ace robo la silla de Keith, quien terminó recostandose en el suelo, y Mira y Runo compartieron la suya.

—Hacía tanto que no teníamos un día así de agradable en Vestal— admitió la pelinaranja, estirando los brazos, a la vez que Runo se recostaba al lado contrario, a sus piernas.

—Me alegra que llegara justo hoy entonces, necesitaba aire fresco— Sonrió, cerrando los ojos.

El viento fresco no había cesado, pero con el pasar del medio día el sol se había comenzado a filtrar entre las densas nubes, dándoles un ligero sentimiento de calor.

Si teníamos que ser completamente sinceros, el sentimiento de irrealidad aún no abandonaba a la peliceleste. Estar ahí, acostada junto a su amiga, Ace, y Keith, seguía pareciendo un escenario cuando menos bizarro. Hace un par de días ni siquiera sabía si volvería a hablar alguna vez con el rubio. Pero ahí estaban, tomando el sol (o más bien la sombra) bajo un frondoso árbol en su patio trasero.

Si era un sueño que no la despertarán.

Había encontrado más paz ahí, junto a los chistes malos de su amiga y Ace, y la curiosa terquedad de Keith sobre temas detonantes sobre su pasado que cuando estaba encerrada en su casa en Wardington.

Y lo que más le sorprendía era que parecía que ni siquiera lo estaban intentando.

Estaban genuinamente comodos con su presencia. Y hacía mucho que Runo no se sentía así de bien recibida.

—¿Creen que es peligroso quedarme dormida aquí afuera?— preguntó Runo, rodando sobre su costado, dándole la espalda a ambos chicos.

—Probablemente, no dudo que llueva de nuevo— Admitió Ace, que reposaba a lo largo en la silla.

—Si eso pasa Keith siempre puede cargarte de regreso adentro— intervino Mira, cruzandose de piernas mientras seguía viendo la pantalla de su celular.

—Me gustaría no tener que adjudicarme esa tarea, muchas gracias— hablo el rubio desde el césped, también con el celular frente a su rostro, a contra luz.

—No vamos a engañarnos, Keith, la llevarías cargada a pie hasta su casa si fuese necesario.—

El último comentario de Ace sólo obtuvo un chasquido de lengua de parte del rubio, que no quiso, al parecer, negar ni avalar aquella declaración.

Runo sonrió inconscientemente, y algunos minutos después, probablemente algunos 10 en los que sinitio su cabeza ligera, dejándose llevar por el sueño, se vio interrumpida por el abrupto quejido del mayor.

—Agh— expresó en voz alta, enderezandose —Parece que Samantha sí guarda mi número— se quejó. Mira se enderezó casi al instante tras la declaración, y Ace también se levantó un poco, apoyándose en los codos. Runo se limitó a girar a su otro costado, pateando un poco a la pelinaranja en el proceso.

Keith veía la pantalla con una concentración indigna —Lo envío del número móvil de Harry. La fiesta es el domingo, en su casa— Mira no pudo ocultar la emoción expectante en su mirada —A eso de las 5, dice que habrá buen clima...—

—Bueno, creo que ya tenemos plan para el fin— Sonrió la pelinaranja, juntando ambas manos —Dios, tenemos que conseguirle algo bonito a Runo y...—

—¿Estas seguro de que quieres ir, Keith?—

Interrumpió Ace las palabras de su novia, que al parecer no había notado la expresión tensa de su hermano. Apretaba los labios en una fina línea, con los hombros rígidos.

Alzó la vista hacia el peliverde después de unos segundos, como si apenas hubiese procesado la pregunta.

—Ah, sí— se apresuró —Sólo que... Envió otro mensaje. Dice que tenemos mucho que hablar, y que espera que lo arreglemos—

Runo sintió a Mira removerse a su lado, ahora se sentaba al borde de la silla larga, aferrándose con los puños a la orilla.

—¿Arreglar qué?— preguntó, con más fuerza de la necesaria —¿Con qué derecho si quiera se le ocurre decir eso?—

Keith miró a su hermana fijo. Claro, Mira ya estaba a su lado cuando todo sucedió, ella le ayudó a salir del hoyo, entendia por qué estaba enojada.

—No iremos— añadió Ace —Esto probablemente sólo te dará más problemas de los que necesitas ahora, Keith—

—Sí— animo Mira, volviéndose a recostar en la silla —¿Quién quiere ir a su tonta fiesta?—

Keith dirigió su vista a la peliceleste, que le sonrió, esa sonrisa que le aseguraba que todo estaba bien.

Si no quería ir, tenía el apoyo de los tres, Mira no iba a presionarle más, Ace había entendido la situación y se preocupo por él, y Runo estaría a favor de su decisión también.

Pasó inconscientemente sus manos por el césped debajo de él, lo medito unos segundos. Hasta hace un par de días probablemente ni siquiera hubiese pensado dos veces antes de seguir la negativa de su cuñado y su hermana. Pero las cosas no eran iguales y le costaba admitir que de hecho, la razón de ello era Runo, pero agradecia el empujoncito que ella suponía ahora en su vida.

—Creo que debo ir— pronunció por fin, ganando la atención de Mira y Ace, que de nuevo se enderezaron para verle, Runo solo giró la cabeza, viéndole fijamente con una sonrisita

—¿Quieres ir solo?— preguntó Mira, con preocupación poco disimulada. Keith tardó unos segundos, pero negó con la cabeza.

—Bueno, no te dejaremos ir solo de todos modos— le sonrió Ace —¿Pero por qué?—

Keith le vio, sin saber bien como poner en palabras lo que sentía.

—Creo que quiero darle un cierre— se encogió de hombros, ante la mirada curiosa de ambos.


La llovizna volvió a hacerse presente, los había tomado por sorpresa cuando aún seguían sobre las camillas de playa, Runo, que parecía haberse quedado dormida, fue lastimosamente la última en despertar y en correr, justo detrás de Keith, que le apresura a tomándole de la mano.

Cuando los 4 se encontraron en el porche, Mira fue la primera en hablar.

—Quédense aquí, subiré por toallas—

Mira se quito los zapatos, y se apresuró escaleras arriba por la puerta de la cocina. Keith no perdió el tiempo, se quito la camisa empapada, bajo la mirada discreta de Runo, y la colgó en el borde del barandal del desnivel techado.

—Tanto alboroto por un poco de agua, si a fin de cuentas ya estamos empapados— se quejó Keith, dejando su cuaderno abierto y su celular en la barrita de la cocina, sin meterse completamente, había alcanzado a cubrirlos cuando corrió.

—Tienes un punto— le imitó Ace, entregándole también su movil

—Tu celular— pidió Keith, extendiendole la mano a una sonrojada Runo. Una vez dejó a salvo los móviles de los tres, volvió la vista a la chica, que empapada cruzaba los brazos sobre su pecho —¿Qué es un poco más de agua, ¿no?— preguntó el rubio, dedicándole una sonrisa ladina al otro chico, que le correspondió.

Ambos vieron a Runo. Keith fue el que acortó la distancia entre ambos, la tomó por la cintura, cargandola al hombro y se echo a correr de regreso al patio.

La peliceleste golpeó la espalda ajena con insistencia a la ves que la risa se le escapaba.

Keith pronto la dejo caer sobre el césped, poniéndose sobre ella de rodillas para aprisonarla.

—¡Está frío!— Se quejó, aferrándose al pasto para humedecerse las manos y después embarrarlas en el rostro contrario.

—Eso no es justo— replicó el rubio, que por fin se había distraido lo suficiente como para que Runo le empujara con la rodilla y las posiciones se invirtieran.

Runo ahora se sentaba a horcajadas sobre el abdomen masculino, intentando inmovilizarle los brazos al rubio.

Las risas femeninas se vieron interrumpidas de pronto por un estornudo sonoro, que dejó inmóviles a ambos chicos, con la vista fija en el otro.

Keith hasta entonces reparo en lo mucho que la chica temblaba, puso ambas manos en la cintura femenina, que a pesar del sobre salto por el tacto seguía viéndose recorrida por escalofríos.

—Mierda— soltó en voz alta el rubio, enderezandose, haciendo que la chica resbalara hasta su regazo.

—Parece que se están divirtiendo bastante, pero deberían entrar a tomar un baño— les grito Mira desde la puerta trasera, intentando oírse por sobre el ruido de la lluvia azotando, alzando una toalla como si de una bandera se tratase.

—Runo, vamos— pidió el chico, Runo seguía inmóvil sobre él, recién había reparado en la posición en la que se encontraba, sentada sobre las piernas del chico. —Por los dioses...— soltó bajito Keith —ya— admitió, sintiendo el ardor en su cara.

Como pudo se puso de pie, y cargando a la chica como si de un niño pequeño se tratase, aferrándose a su cuello y cintura con las piernas, le llevó de regreso al porche.

—Ponla encima, se está congelando— pidió Keith, sosteniendo la cabeza femenina con una mano.

Mira acato la orden, y Ace echo también una toalla a los hombros del rubio. Runo estornudo de nuevo.

—Subela al baño, yo le llevo un cambio de ropa— Keith asintió, llevando a la chica escaleras arriba. —Lo que nos faltaba— se sobo las sienes la pelinaranja —Últimamente el sistema inmunologico de Runo esta siendo inútil, un resfriado común la noquea— se quejó en voz alta a su novio

—¿Es por su mala alimentación?— preguntó, atinando magistralmente. Mira asintió un par de veces con la cabeza.

—Voy a poner agua para el té— Ofreció Ace, quitándose las calcetas mojadas —Tú ve a subirle un cambio de ropa y yo te llenaré la bañera mientras— Ace se apresuró a darle un beso en la frente a su novia, antes de adentrarse en la cocina para llevar a cabo las tareas que se acababa de asignar. Y mira, con un mejor humor, subió al segundo piso, hacia el fondo del pasillo, donde la habitación de Runo yacía con la puerta cerrada.

Sacó de su mochila una hoodie holgada, el pants que acostumbraba a usar por pijama y un cambio de ropa interior.

Salió de la habitación, con dirección al lado contrario del pasillo, donde opuesto a la puerta del ático seguía cerrada la del baño compartido.

Tocó con el puño un par de veces, pero no obtuvo respuesta.

La abrió, y encontró el baño inesperadamente vacío.

En el cuarto de Keith, en el pequeño baño que, como si de un privilegio se tratase, tenía en su habitación, Runo se despojaba de la ropa mojada a través de la cortina corrida.

—¿Necesitas ayuda?— Insistió el rubio, preocupado por los estornudos que soltaba la chica de vez en cuando

—¡Que puedo sola!— Insistió por tercera vez desde que había comenzado a quitarse la ropa pesada, y la dejaba caer sobre el tapete fuera de la pequeña tina.

—Esta bien, después voy yo así que... Intenta no tardar— rogó el rubio, con la imagen de Runo encima de él pegada en la retina.

—¡No te dije que la trajieras a tu habitación, zopenco!— Irrumpió Mira, abriendo de par la puerta del baño, dejando tras ella un camino de huellas húmedas y goteo de su cabello.

—¡No lo pensé!— Se excusó

—¡Ve a usar el baño compartido! — Se quejó, señalandole la salida del baño (y de la habitación) —Yo tomaré un baño abajo con Ace—

Keith alzó una ceja, ignorando la primera reprimenda

—Se portan bien— Sonrió, tomando la toalla que colgaba de la barra en el baño. —Runo, tomate tu tiempo, Mira dejará tu ropa encima del cesto—

Y en un intento descarado por evitar más reprimendas, el rubio corrió hacia el baño libre del segundo piso, tomando la ropa que pudo al salir de su cuarto.

Mira suspiró.

—¿te fastidió mucho?— preguntó la pelinaranja, dejando el cambio de ropa donde su hermano había indicado. La peliceleste soltó una risita.

—Sólo está preocupado, lo sorprendió el ataque de gripa que me dio—

—Tal vez debí advertirle que exponerte tanto a la lluvia podría enfermarte—

—Bueno, eso es sentido común. Solo me he mojado unas dos veces desde que llegué—

—Si, Runo, pero durante tu último resfriado tuvimos que cuidarte la fiebre por días— recordó Mira, apenas habían comenzado los fríos y lluvias de otoño, Runo había contraído un resfriado que le dejó en cama con una fiebre imposible de bajar. Julie y ella se turnaban para ir a visitarla en esos días.

—Tal vez ya no sea así... — animó la peliceleste, bajo el chorro de agua de la regadera, tibio y relajante. Era cierto que con esos poquísimos días en casa de Keith muchas cosas habían cambiado, sus comidas, su estado de ánimo, pero no sabía si sería suficiente para su sistema, después de todo, en casa tomaba vitaminas, y era algo que había olvidado empacar.

—Esperemos así sea— Animó Mira, sacudiendose un poco el agua del cabello. —Voy abajo a tomar un baño, Ace dejo agua en la cafetera, toma algo caliente ya que termines, ¿si?—

Runo emitió una respuesta afirmativa, y Mira por fin pudo salir de ahí.

El cabello celeste tenía pedazos de pasto, se tomó su tiempo para quitarlos antes de agarrar un poco del shampoo del rubio para lavarlo, olía justo como olía él... En general, era fresco, como hierbabuena, o algo por el estilo.

Se le antojó bastante curioso el que estuviera ahí, en el baño del chico, pensando en su aroma, pero no lo pudo evitar, era hasta cierto punto relajante.

Runo terminó con su ducha, lavandose el cuerpo bastante más rápido que el cabello, aunque sinceramente no quería salir del chorro de agua tibia, no quería seguir ahí tampoco.

Comenzó a tararear, por fin cerrando la llave del agua, a la vez que estiraba el brazo por fuera de la cortina para alcanzar una toalla verde menta en la cual envolverse.

No podía dejar de pensar en los mensajes de Dan, quería molestarse por la insistencia que estaba poniéndole a buscarla tan de repente, pero a la vez sentía el corazón pequeño por la preocupación. Realmente todo sería más fácil si pudiera dejar de sentirse tan emocionalmente conectada con él. Pero no podía, en especial cuando aquel primer amor le seguía tan de cerca.

Salió de la ducha, pisando en el tapete donde ahora reposaba su ropa húmeda, e intentó buscar algo más en lo que pensar mientras se secaba inconscientemente.

Samantha.

Ya tenían fecha y hora, y ahora Keith había dejado en claro que quería ir. Cierta parte de Runo aún sentía recelo por qué Keith hablara con la rubia, pero sabía que era irracional. Ella no tenía razones para sentir celos de aquella situación, y si dijera que es porque Keith es su amigo y no quiere que vuelva a salir herido, estaría mintiendo.

Se puso las bragas limpias y el pants, para luego meterse en el hoodie amplio y enrollar el cabello celeste de nuevo en la toalla. Secarlo seguía siendo demasiado trabajo para su gusto, pero no podía atreverse a cortarlo. Le gustaba, sí, y aún así muchas veces pensó en cortar una buena porción y sentir un cambio para bien en su apariencia física al menos, pero terminaba poniéndose excusas inconscientemente. Había dejado de intentarlo ya.

Tres golpes rítmicos en la puerta del baño sobresaltaron a la chica, que hasta entonces detuvo su cantar.

—¿Estas decente?—

La pregunta al otro lado de la puerta le sacó una sonrisa, quiso responder, pero apenas abrió la boca un estornudo la calló. Se limpio la nariz con el dorso de la mano antes de volver a intentar hablar.

—Sí, pasa— pronunció, con la toalla aún en el cabello, mientras se apresuraba a levantar su ropa mojada.

—Vaya que te tomas tu tiempo— Saludo el rubio, abriendo la puerta por fin —Eres muy poco consciente de donde estas—

El rostro de Runo ardió, claro que era consciente de donde estaba, sólo que había dejado pasar ligeramente toda la situación.

—Dame tu ropa, voy a meter todo a la lavadora— ofreció el rubio, extendiendo la mano. Runo le miró con una ceja alzada, reacia —Por favor Misaki, ver tu ropa interior es el menor de mis miedos—

El rubio camino la distancia que los separaba, y tomó la muda de ropa húmeda de las manos de la chica, que al instante reaccionó.

—Me sorprende que te ofrezcas a lavar, es todo—

Sin esperar una respuesta realmente, salió del baño, dejando al rubio tras de ella mientras se dirigía al fondo del pasillo, a su habitación provisional.

—¿De qué hablas?, yo soy el amo de llaves de esta casa—

Keith le siguió, con la ropa húmeda en las manos, ambos se detuvieron en la puerta de la habitación de visitas.

—No me digas— pronunció Runo, con un deje de ironía en la voz. Keith alzó una ceja.

—¿Tú te crees que Mira hace algo de la limpieza aquí?—

Ambos se vieron un par de segundos, y rompieron en una risita cómplice.

—Buen punto— Runo se giró a su habitación, iba a cerrar la puerta tras de si cuando se detuvo, viendo sobre su hombro al rubio, que seguía de pie frente a su puerta —Voy a tomar una siesta, creo que necesito calentarme un poco—

Keith entonces alzó las cejas, dándose cuenta de la situación, la chica, a pesar de estar cubierta por las gruesas prendas, seguía tiritando.

—Claro, voy abajo al cuarto de lavado— anunció, como si fuese necesario, antes de señalar las escaleras —Descansa— agregó, por fin girando sobre sus talones torpemente, para darle su espacio a la chica.

Runo por fin cerró la puerta de su habitación, y una vez sola en la comodidad de lo que ahora era su recamara, estornudo, una, y otra vez, había estado conteniendolos ¿por pena?, tal vez, no sabía realmente.

Iba a enfermarse, lo sabía, conocía bien ese sentimiento de frío que le trepaba la espina.

Se dejó caer en la cama, y se enredo hasta el cuello con la cobija gruesa.

Tenía frío, a pesar de que sabía que probablemente la piel le estaba ardiendo.

Pero no iba a decir nada, iba a tomar una siesta, y cuando despertara todo estaría mejor.

Más valía que así fuera. Tenía que acompañar a Keith a esa fiesta el domingo. Solo debía sobrevivir esa tarde de sábado sin caer en fiebre.

Y tal vez después podría preocuparse por el tema de Dan... Y hablar con Fabia.

"No fastidies mi paz, si sigues en guerra contigo mismo

Pudiste haberme dejado solo, debiste haberme dejado solo"


Uffff totalmente desorganice mi horario de actualización, pero la verdad es que el fic tuvo que pasar a segundo plano estas semanas que estuve enferma y con tareas

¡Agradezco los reviews, Camilo, Roxas Strife!

Siempre leo, espero pronta actualización aunque sea más pequeña