Capítulo 14: Decisiones

Falco escuchaba boquiabierto lo que le decía su hermana mayor.

— ¿Estás segura de lo que dices? – preguntó incrédulo en cuanto Mikasa terminó de hablar – ¿No estarán papá y tú exagerando?

— ¡No, Falco! – exclamó la azabache con impaciencia – Hay un tipo persiguiendo a nuestra madre y que quiere acabar con nuestro padre. Y lo peor es que Mater es tan ingenua que cree que el sujeto ese viene con buenas intenciones.

Habían llegado para la hora de la cena luego de la emergencia por la falsa alarma en el corazón de Zeke, pero el único que había comido con ganas y buen humor era el rubio de lentes. Mientras, Mikasa, Eren y Falco se mantuvieron serios y sumidos en sus pensamientos. Petra ni siquiera había bajado con ellos, alegando sentirse indispuesta.

El ambiente familiar comenzaba a viciarse, para desgracia de Mikasa. Y los otros dos chicos también lo notaban.

— O eso es lo que, al menos, te dijo papá. – señaló Falco – Mikasa, esta no sería la primera vez que ustedes dos hacen una tormenta en un vaso de agua…

Mikasa se ofendió.

— Si tú quieres creer también en las buenas intenciones de ese hombre, adelante. – le dijo secamente – Después no te quejes cuando algo malo pase y te arrepientas de no ayudarme.

— ¿Pero ayudarte a qué, Mikasa?

— A acercar aún más a nuestros padres y hacer que ese tipo se largue de París.

— ¿Pero es que no te das cuenta, Mikasa? – la regañó el muchachito – No conocemos a ese señor y ya quieres perjudicarlo. Además, mamá no dijo nada aún.

— Es evidente que no colaborarás. – se desilusionó su hermana – Pero ya verás que Pater tiene razón y que Mater está en peligro, y con ello, toda la familia. – se levantó y dejó a su hermano solo en su habitación.

Falco suspiró. No era tonto: desde hacía un tiempo percibía que las cosas entre sus padres no andaban bien, y que aquello se remontaba desde antes de la muerte de Colt. La pérdida de su hermano sólo había hecho que el volcán comenzara a erupcionar. Un volcán que había estado durmiendo por años y cada tanto mostraba signos de inestabilidad, hasta por fin no dar más y a la primera provocación, explotar de la peor manera. Y aunque en su familia la explosión aún no había dado comienzo, Falco sabía que sólo era cuestión de tiempo para que sucediera.

Obviamente le dolía pensar en la posibilidad de que sus padres se separaran y hubiera hostilidad entre ellos, pero también era consciente de que, si no eran felices, no valía la pena hacer el teatro de la familia unida. Sobre todo, por su madre, quien siempre se le antojó al niño una mujer amorosa y de buen humor, pero algo apagada. ¿Era simplemente su forma de ser, o hubo algo en el pasado que la marcó tanto como para no parecer muy satisfecha con su vida? Quería averiguarlo y saberlo, pero tenía miedo de lo que pudiera encontrar; miedo que se incrementaba con la llegada de ese extraño del que aún no sabía absolutamente nada, sólo que había sido parte del pasado de sus padres. Era evidente, para el rubiecito, que ahí había una cuestión inconclusa entre esos tres.

Pero pese a sus miedos e inseguridades, estaba seguro de que no quería que sus progenitores siguieran sufriendo y disimulando sólo para tener a sus hijos felices, sobre todo a él, que era el menor y el que todavía dependía de ellos en todos los sentidos. Había madurado a la fuerza y este asunto era su prueba de fuego. Asimismo, su cumpleaños estaba cerca, y aprovecharía la ocasión.


A medida que pasaban los días, Mikasa veía como todo su mundo perfecto caía a pedazos. Era testigo de cómo, en poco tiempo, el matrimonio de sus padres colapsaba sin remedio ni marcha atrás, y sabía, muy en el fondo sabía, que nada de lo que hicieran ella o Falco sería suficiente para volver a la normalidad a la que había estado acostumbrada desde su nacimiento. Por supuesto, achacaba todo esto a la aparición de ese tal Levi Ackerman, de quien su sola presencia era manifiesta como una sombra revoloteando sobre sus cabezas en la casa de los Jäger, provocando peleas, desconfianzas y tensiones. También sabía que su madre salía durante ciertas horas para verse con él, quien sabe con qué propósito, pero se daba cuenta al ver el brillo en sus ojos cuando se arreglaba para salir… no podía creer que estuviera presenciando cómo su madre salía a verse con su amante tan feliz de la vida. Además, Falco no hacía ni decía nada, y mucho menos ayudaba, mientras que Zeke se desentendía de todo ese asunto, tal vez inmerso en sus propios planes. Mikasa sentía que debía ser ella quien tenía que arreglar todo el desbarajuste familiar, que era total y absoluta culpa de ese hombre.

Un par de veces se cruzó con él y se había percatado de la manera rara en que la miraba, como si le doliera que ella rechazara su sola existencia… pero, ¿cómo no, si había llegado con el propósito de engatusar a su madre y destruir a su padre? Por su culpa sus padres estaban más cerca de la separación que de la reconciliación; por su culpa su padre estaba teniendo problemas de salud; por su culpa ella no podía pensar claramente para hacer algo respecto a Eren e Historia… otro problema más a su lista.

Últimamente, tenía que masticar y tragarse el disgusto de ver a Eren cada vez más unido a Historia Reiss; era como si no quisiera dejarla sola en ningún momento, queriendo monopolizar su completa atención. Con horror, tuvo que reconocer que, tarde o temprano, esos dos se enredarían, pues la química entre ellos era innegable.

Una vez, mientras pasaba cerca de la habitación de ella, pudo distinguir las voces de ambos en el interior del cuarto.

— No puedo evitar sentirme mal con todo esto que está pasando. – decía Historia – Tu hermano y su mujer tienen problemas, aunque no digan nada, y la tensión es demasiada. Me siento como un mal tercio aquí.

— Yo también... al fin y al cabo, somos dos extraños metidos en un ambiente familiar ajeno. – concordó Eren mientras acariciaba los cabellos de la chica.

— No quiero contarle nada a Mater Ymir porque no deseo preocuparla, pero creo que debería mudarme con ella. – concluyó la chica.

Eren se aterró de verse solo sin ella en la mansión.

— ¿Sabes, Historia? – se apresuró a proponer tímidamente – Mis padres tienen un piso aquí en París, pero prefirieron mandarme a vivir con Zeke para no estar solo... y bueno, si quieres, podríamos ir los dos a vivir allí si las cosas aquí se complican aún más. – pero se apuró en aclarar – El departamento es grande y tiene varias habitaciones, así que sería más que suficiente para los dos. Además, queda cerca de la Universidad, podría ser algo a nuestro favor...

— Te agradezco mucho, Eren, pero no quiero ser una molestia.

— ¡Para nada! – exclamó el joven – Pero prométeme que si llegas a decidir irte me lo dirás, así nos vamos los dos y nos habría motivo para preocupar ni a Zeke ni a la señora Ymir.

— Está bien, te lo prometo. – aceptó una sonrojada Historia, dándole un beso en la mejilla.

Eso fue demasiado para Mikasa. Se dio la vuelta y desapareció entre los recovecos de la casa.

La azabache estaba decidida a acabar con el problema de raíz, y esa raíz era Levi Ackerman.

Para rematar, desde hacía un tiempo sentía que alguien la perseguía y acechaba, y se había fijado que un hombre rubio era quien casualmente aparecía en los lugares que frecuentaba sola o con Sasha. Ese era otro problema que tendría que descifrar y ver cómo gestionar. Además de tener a Ymir Fritz y Yelena atosigándola en todo momento para molestarla.

Se agarró de la cabeza. Tenía problemas por todos los flancos.


Previendo disgustos y con el objeto de evitarlos, sobre todo a la pelirroja, Levi decidió cambiar de hotel. Despistó a quienes le preguntaron, entre ellos empleados de donde se hospedaba, diciendo que volvería a Marsella. Pero en realidad, había decidido quedarse en otro lugar menos concurrido, de esos a los que Zeke ni se acercaría ni mandaría averiguar.

Desde el día del reencuentro, el azabache no había tenido ninguna otra oportunidad para intimar con Petra, pero estaba bien así: las cosas no iban tan bien para la pelirroja como para buscar consuelo en las relaciones. Además, entre los dos sabían que si volvían a hacerlo tendría que ser llevados por algo más que ganas de liberar tensión, y la ocasión no daba para ello, estando ambos preocupados y estresados por lo sucedido y lo que sucedería. Particularmente Petra, que veía peligrar su vínculo con Falco y cuyo plan de Ymir y Zeke de separarlos tomaba fuerza cada día. Estaba aterrada.

Pero, así como estaba aterrorizada, también estaba determinada a acabar con todo. Y se lo comunicó a su gran amor mientras tomaban té en el balcón de la habitación de él.

— Decidí que le pediré el divorcio a Zeke después del cumpleaños de Falco, que es en una semana. – le informó a Levi – Tomaré a mi hijo y nos instalaremos en un departamento que compré en secreto hace unos años, con mi propio dinero. Si Zeke decide tomar medidas legales en cuanto a la tenencia de Falco, lo enfrentaré, pero ya no puedo vivir bajo el mismo techo con él atormentándome y amenazándome a todas horas. – y agregó mirándolo – Sé que Mikasa no estará de acuerdo y querrá quedarse con Zeke; el asunto con ella es algo que no debemos tomar a la ligera.

Levi no pudo sentirse más feliz y satisfecho con esa noticia.

— Entiendo que con Mikasa no podremos ir de la manera que me gustaría – le dijo él tomando su mano – Pero no sabes lo feliz que me haces al tomar esa decisión definitiva. Sabes que te apoyaré y pondré todo de mi parte para que tu hijo se sienta cómodo conmigo, cuenta con eso.

— Gracias, Levi... – ella se inclinó para besarlo.

— Petra... cuando todo ese asunto del divorcio y tu identidad para reclamar Romarins termine, cásate conmigo. – le pidió Levi con los ojos brillantes – Si quieres nos quedamos aquí o nos vamos a Aubagne a patearle el trasero a Kenny, pero por favor, quédate conmigo.

Petra le sonrió.

— Sí, Levi. - respondió con una sonrisa – Me casaré contigo.

Ambos se fundieron en un beso que ninguno quería romper.


Cuando volvió a su casa, Zeke la estaba esperado exasperado.

— ¿Te divertiste mucho? – inquirió.

— No salí a divertirme. – le respondió ella secamente.

Hacía un tiempo que el rubio de lentes le había perdido el rastro a Levi, y Petra se había vuelto lo suficientemente astuta como para esquivar a sus espías. Pero no tenía dudas de que se seguían encontrando.

— Tienes dos hijos. – le espetó – Respeta tu condición de madre y esposa. Andas muy romántica en estos últimos días y a pesar de los tiempos difíciles. – luego le pidió con tomo conciliador – Usemos eso a nuestro favor, para reencontrarnos.

— No tengo ganas de discutir contigo.

— ¿Por qué tan pesimista, mi querida Petra?

En ese momento, aparecieron Mikasa, Falco, Historia y Eren, quienes habían decidido ir al cine y se toparon de sopetón con la discusión.

— No discutan. – suplicó Mikasa.

— Tu madre me hacía una descripción tan sombría del matrimonio, que quien la escuchara no querría casarse. – mintió Zeke, en un nuevo intento de ser la víctima de la historia.

— Nada de eso. – replicó Petra fulminándolo con la mirada.

— Nosotros éramos muy jóvenes cuando nos casamos. – explicó el rubio como si nada – El matrimonio sólo necesita amor y una buena situación económica, pues las chozas no son nada confortables. Esa es la receta de un matrimonio feliz como el nuestro.

Petra alzó las cejas, sorprendida. El resto escuchaba incómodo.

— ¿Crees que nuestro matrimonio es feliz? – inquirió la pelirroja – Contesta con sinceridad.

— ¿Qué te sucede? – se asombró Zeke. Sin duda había pensado que como siempre, ella evitaría discutir frente a los chicos y se limitaría a callarse, pero no fue el caso – Que pasemos por crisis no quiere decir que seamos infelices. La prueba de que nuestro matrimonio es bueno es que ha durado casi veinte años.

— Longevidad no es felicidad. – contestó su mujer con dureza.

Ante el súbito acceso de valentía de Petra, Zeke frunció el ceño y sólo pudo fingir que se agarraba de un brazo para al fin amedrentarla usando a Mikasa.

Y le resultó. La joven azabache corrió preocupada hacia su padre, mientras Historia y Eren observaban preocupados, pero con cautela y sin querer meterse. Falco simplemente miraba a un progenitor y al otro.

— ¿Acaso quieres matar a Pater? – le reclamó Mikasa con furia a su madre, una vez que Zeke le aseguró que estaba bien y la animó a salir con los chicos – ¡Me retiro! ¡Vámonos, Falco! – y arrastró a su hermano hacia la puerta. Los otros dos los siguieron discretamente.

Apenas se cerró la puerta, Zeke se cernió sobre su esposa como un buitre listo para desgarrar la carne que había encontrado.

— ¡¿Cómo osas discutir nuestro matrimonio frente a Eren, Historia y nuestros hijos?! – le gritó como un poseído – ¡NUNCA MÁS TE ATREVAS A LAVAR NUESTRA ROPA SUCIA DELANTE DE TERCEROS! ¡NO VOY A ADMITIR QUE DESTRUYAS NUESTRO MATRIMONIO POR CULPA DE LEVI! ¡Y NO TE ENGAÑES PENSANDO QUE SERÁS MÁS FELIZ A SU LADO! ¡JAMÁS SOPORTARÍAS ABANDONAR TU BUENA VIDA Y A NUESTROS HIJOS POR VOLVER A VIVIR EN EL CAMPO!

— ¡Levi no tiene nada que ver, esto se trata de nosotros!

— ¡ESTABA TODO BIEN ANTES DE QUE ÉL APARECIERA!

— ¡SABES QUE NO! – bramó ella con ira – ¡NUNCA ESTUVIMOS BIEN! ¡VIVIMOS EN UN ESPEJISMO POR MUCHOS AÑOS!

— ¡NO ES UN ESPEJISMO, ES UN MATRIMONIO SÓLIDO!

— ¡NO ES UN MATRIMONIO SÓLIDO PORQUE NO HAY AMOR! ¡LA CRISIS ES TOTAL!

— ¡TOTAL O NO, NINGÚN REBELDE SIN CAUSA VA A DESTRUIR A MI FAMILIA! – aseguró Zeke fuera de sí – ¡CONSTRUÍ CADA ESCALÓN CON MIS MANOS, SUBÍ CADA UNO DE ELLOS SANGRANDO HASTA LLEGAR A LO ALTO COMO EMPRESARIO Y PADRE DE FAMILIA! ¡DONDE YO ESTOY, LEVI NO LLEGARÁ NUNCA!

Con una mirada de desprecio, Petra esperó a que su marido se calmara, porque si no, se terminarían matando.

— Mi madre siempre decía que dentro de cada uno de nosotros había dos lobos: el del odio y el del amor. – comentó ella con falsa tranquilidad – Y que gana aquel que más ha sido alimentado. Y hace mucho que en ti veo quién ganó…

— Pues tu querida madre habrá dicho eso, pero mira adónde la llevó alimentar a los dos lobos de Kenny Ackerman. – replicó Zeke con saña – Ten cuidado con los Ackerman, Petra: Kenny nunca estuvo muy cuerdo y dudo mucho que ahora en la vejez esté bien, y no creo que Levi se salve de tener el mismo destino… al fin y al cabo, comparten los mismos genes salvajes y enfermos, cosa que como el gran padre que soy, he podido reprimirlos en Mikasa. – dicho esto, se fue, dejando a Petra furiosa.


Llegó el cumpleaños de Falco, y con ello, una pequeña reunión entre familiares y amigos íntimos para festejar al niño, que cumplía 13 años. Aunque no fue la gran celebración que Zeke tenía planeada, por obvias razones, se permitieron por un momento disfrutar de la discreta fiesta. Ymir Fritz no asistió, alegando que estaba muy vieja para esas cosas y exigiendo que el niño pasara el día siguiente entero con ella.

El pequeño rubio sólo invitó a un par de amigos, entre ellos Zofía, hija de los Zacharius. Ellos también se encontraban entre los invitados; tanto Mike como Nanaba no olvidaban el incidente en su despacho, pero ninguno de los dos dijo nada al respecto. En una llamada a Mike, Zeke dejó en claro que Levi Ackerman era un amigo de la infancia y no indagaron más, pero se olían que algo ocultaban.

— Ay, Nanaba... perdóname por no haber ido a visitarte en estos días. – se disculpó Petra.

— No te preocupes, Nina. – le dijo ella con una sonrisa – Sólo fueron unos pocos días que no nos vimos; además, la estoy pasando fatal con las náuseas, lo último que quiero es molestarte con esas cosas.

— Ni lo digas, quiero cuidar de ti. – replicó la pelirroja abrazándola. – ¿Sabes algo de Hange?

— Sí, y no tienes ni idea del chisme que te traigo: ¡Erwin Smith la persiguió hasta el lugar donde está!

— ¡¿Qué?!

— Hace unos días me llamó por cinco minutos, no quiso hablar mucho sobre lo que hacía, pero sí que estaba muy ocupada... y enojada. – explicó la rubia – Smith se ofendió por no avisarle nada y fue detrás de ella para traerla de vuelta, pero parece que tuvieron problemas burocráticos respecto a eso.

Petra soltó una risita divertida.

— Ahora tendrán que convivir. – dijo – Además, creo que ella había comentado que estaría con el Dr. Shadis, ¿no?

— Sí, y eso es lo que me preocupa. – concordó Nanaba – Imagina este panorama: Hange viviendo una aventura africana con dos galanes rivalizando por ella.

Ambas rieron, aunque su broma no estaba muy alejada de la realidad.

Cuando todo terminó y sólo quedó la familia Jäger en la casa, a Zeke se le ocurrió hacer gala de su poder y amor a su hijo menor.

— Ningún regalo es suficiente. – decretó – Por eso, te concederé alguna otra cosa más que quieras.

Grisha, Carla, Eren, Historia y Petra sonrieron al pequeño rubio. Él se sorprendió.

— ¿En serio, papá?

— ¡Claro! - dijo con efusividad su padre – ¿Qué es lo que quieres? Te daré lo que sea que desees: algún viaje con tus amigos, más videojuegos de última generación, incluso un auto... lo que quieras.

Falco pareció pensarlo arduamente.

— Ya sé lo que quiero. – dijo al fin y con determinación.

Todos lo miraron expectantes.

— ¿Y qué es, hijo mío? – preguntó el rubio con una sonrisa.

Falco lo miró a los ojos, impasible.

— Quiero que te divorcies de mamá.

Las sonrisas de todos, incluido Zeke, se desvanecieron de sus rostros.