El cambio de imagen
La suerte no estaba de su lado, justo el día que se le ocurría hacer un cambio de imagen kamisama mandaba la lluvia más torrencial del verano. Entró a la casa sin quitarse el impermeable, tuvo que cubrir su lisa cabellera, desaparecer el peinado afro costó horas en el salón de belleza, mientras aprovechó para hojear más catálogos de vestidos de novia.
Se sacudió el exceso de agua en el recibidor y justo antes de quitar su impermeable una voz conocida le interrumpió.
-¿Dónde estabas? En qué demonios tardaste tanto, dijiste que ibas por un corte de cabello- le reclamó el príncipe –No veo avances con mi traje de pelea.
-Estoy trabajando en ello –dijo quitándose con suavidad el gorro del impermeable, quería dejar con la boca abierta a su huésped. Lo deslizó más pausado que de costumbre para luego agitar con sus yemas los mechones azules.
-Ni siquiera me has tomado medidas para el traje –Le dijo Vegeta embobado al mirar el liso cabello de la terrícola. Contuvo la respiración y un leve sonrojo se pintó en sus mejillas.
-No necesito tomar medidas –se ofendió Bulma disfrutando la reacción de Vegeta –Tengo muy buen ojo y ya las he calculado.
-Eso quiere decir que has puesto el ojo en mi cuerpo –sonrió Vegeta con voz sugestiva.
-No tanto como el que me espía cuando tomo sol en la piscina –Le respondió Bulma triunfante.
-Ni quien quiera ver el lunar que tienes en la espalda baja –El príncipe se mordió la lengua ante el comentario.
-Lo siento príncipe Vegeta, llegaste tarde –le dijo con lástima tocando su hombro con suavidad –Pronto seré una mujer casada, tuviste la oportunidad cuando llegaste a la Corporación por primera vez ¡suerte para la próxima! –le guiñó el ojo y agitó su cabello para seguir dejando boquiabierto al príncipe.
-Tú eres la que se me quería echar encima –pronunció ofendido.
-Es mi personalidad, creo que doy el mensaje equivocado, sí me gusta la atención, pero aunque no lo creas no coqueteo con medio mundo
-En Namek con Zarbon –ejemplificó el saiyajin.
-Estaba soltera y me pareció atractivo hasta que se convirtió en sapo –se asqueó bulma –Lo contrario a la historia del príncipe azul.
-¿Príncipe? –levantó la ceja Vegeta.
-No te hagas ilusiones -le advirtió cuando lo vio con sonrisa ganadora –es un cuento para niños.
-¿Ah sí? Entonces dime la razón por la que cambiaste tu cabello después que lo critiqué –Maximizó la sonrisa.
-Coincidencias –trató de sonar desinteresada sacando de su bolso los catálogos de vestido –si me permites tengo un vestido de novia que elegir.
-Ten cuidado –le dijo con burla pensando en futuro embarazo –podrías engordar antes de la boda –lentamente se retiró dejando a Bulma intrigada.
Qué le pasaba a ese hombre, ella siempre mantuvo un buen cuerpo y no engordaría ni un gramo para su boda. Pero el comentario de su huésped incómodo le confirmó que las sospechas con el pastel. No le daría el gusto, comería saludable y hasta ejercicio comenzaría a realizar para ponerse en forma.
Revisando los modelos de vestidos de novia recordó el comentario de Vegeta sobre el lunar en su espalda baja, ella no tenía un lunar, ¿o sí? Se levantó y giró su cabeza para intentar mirar el sitio donde se encontraba la supuesta marca.
¿Qué sucede querida? –le preguntó su madre al verla haciendo malabares.
-Mamá, ¿tengo un lunar en la espalda baja? –le preguntó para salir de dudas –No es una zona que esté en mi alcance de visión.
-Por su puesto querida, es una ligera manchita muy cerca de tus glúteos –le confirmó sonriendo -¿por qué la pregunta?, la veía cuando eras un bebé y cambiaba tu ropa.
-Por nada –se sonrojó la hija –Creo que uno nunca llega a conocer todo su cuerpo –suspiró –Mejor ayúdame a buscar un vestido de novia.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
Horas más tarde una Bulma desconcertada se miraba de espaldas al espejo, se levantó la camiseta y bajó un poco sus jeans para intentar mirar el lunar. No se explicaba como Yamcha jamás le hizo mención de la marca, se ubicaba en una zona bastante sensual.
La mezcla de emoción y nervios por saber que Vegeta le tenía registrada hasta el rincón más escondido de su cuerpo le produjo un calor peculiar. Una chica lista y bella que imaginaba despertar las más bajas pasiones del príncipe de todos los saiyajines.
En su primera estancia en la Tierra varias ocasiones intentó acercamientos con él, pero el condenado era tan orgulloso y engreído que la ignoraba. En esos 130 días Vegeta se convirtió en su fantasía sexual recurrente, pero al no ver respuesta descartó la idea.
Ahora que lo tenía comiendo de la palma de su mano ella se encontraba comprometida en matrimonio. Odiaba la indecisión de los hombres, seguía confirmando que todos sin importar el planeta eran iguales.
Lo que no advertía es que al otro lado de la ventana, escondido entre las sombras Vegeta observaba a la terrícola mirando su lunar. Entre el comentario del cabello y la marca de nacimiento notó que Bulma no le era tan indiferente, podría estar próxima a casarse pero sentía atracción por él.
Un hombre fuerte como él, no necesitaba estúpidos cortejos humanos, bastaba su personalidad y miradas seductoras para hacer caer rendida a la científica, lo estaba logrando sin hacer tanto esfuerzo. Proseguiría el entrenamiento, no desperdiciaría más tiempo en la terrícola.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
Próxima entrega:
El vestido de novia
Mucha, mucha, mucha, mucha pero mucha tensión sexual
