.
Antes del alba
Kenma x Akira
Disclaimer: personajes no son míos
Anteriormente: Kuroo le explica a Kenma el motivo de su huída. Kenma le saca en cara que le hablara de su vida a Tsukishima antes que él, pero no se atreve a ser más incisivo. Kuro le confiesa a Kenma que ha regresado por él, y al final, ambos acaban compartiendo un beso.
XVI
Akira me llamó justo cuando tenía su contacto abierto en mi teléfono. Le respondí, pero no dije nada.
—¿Estás ahí? —preguntó él—. Amor, ¿pasa algo?
Oh… pero cómo me ha llamado, Amor, qué cursilería. Aquello fue suficiente para mí. Ya no tenía ganas de pelear.
—Es… no, nada. ¿Por qué me has llamado así?
—ahh, entiendo. Tampoco eres de sobrenombres.
—No es eso. Es que… no lo sé, nunca nadie me había llamado así. No me molesta…
Aunque no me hacía sentir muy cómodo. Si me llamaba amor a mí, ¿Cómo llamaría a Hanamaki-san? No, no vengas ahorras con tus celos, Kenma.
—¿Que tal te fue con Kuroo-san?
Y Kenma, tampoco vengas con escenas.
—Es extraño verlo con la frente despejada.
Se produjo un silencio al otro lado de la línea. Akira sabía muy bien leer las evasivas.
—Mira, si no me lo quieres contar, está bien. Puede que no sea asunto mío. Solo quería saber qué tal te fue con Kuroo-san porque es uno de tus mejores amigos y te preocupas por él. Deja a los demás que nos preocupemos también por ti.
Ni siquiera fui capaz de replicar. Debí de hacerlo. Pero de hablar, habría tenido que mentirle. ¿Y Akira no se lo merecía? Él ya me había mentido suficiente.
Trasnoché jugando videojuegos. Al día siguiente, me sentía más recuperado de ánimos. El tiempo sana heridas, solía decir mamá. Yo no estoy seguro de que sea una facultad del tiempo. Creo que tiene que ver más con el hecho de cómo recordamos el dolor, pero también de nuestra capacidad de olvido. Según se mire, puede considerarse un don.
A medida que pasa el tiempo, tendemos a subestimar a nuestro yo del pasado, y con ello, a desestimar el dolor real que sentimos alguna vez. Mamá decía que de niño yo apenas lloraba, pero a veces sí que lo hacía, con muchas lágrimas y mocos. Ahora, en cambio, estaba hecho un blando...
Me cambié de ropa e iba a irme, pero el olor que emanaba de la cocina me hizo reconsiderar el tomar desayuno. Mamá estaba horneando una tarta de manzana, y a juzgar por el aroma, no le quedaba mucho tiempo en el horno. Decidí esperarlo. Apenas mamá sacó el pastel del horno, me serví una buena porción que me quemó el esófago. No me importó. El olor de la canela y la vainilla, aunado a los vapores de la manzana, me trajeron a la memoría aquella vez, a mis ocho años, en la que llegué llorando a casa, embarrado de pies a cabeza, con las rodillas llenas de rasmillones. Al igual que aquella vez, mamá acababa de sacar del horno una tarta de manzana como la que estaba comiendo. Esa vez, la angustia me impidió explicarle a mamá el motivo de mi llanto, y fue finalmente la tarta recién horneada la que me devolvió la calma.
Lo que sucedió aquella vez fue que me accidenté en la bicicleta por intentar esquivar a un gato que se cruzó en mi camino, pero el gato a su vez, trató de esquivarme lanzándose al mismo lado al que jalé la bicicleta, y al final lo inminente sucedió, salí volando por los aires, y el gato dió un grito de los infiernos. No me atreví a auxiliarlo. Unas personas mayores corrieron hacia mí. Antes que llegasen, emprendí la huida, arrastrando lo que quedaba de mi bicicleta.
Mamá me lavó los rasmillones mientras yo tragaba, pedazo tras pedazo, de aquella humeante tarta.
Años después, los vapores de la manzana me traían aquel recuerdo de lágrimas, mocos, y rodillas magulladas, con un sabor no a dolor, pero a nostalgia. Lo que alguna vez me hizo llorar, ahora me producía una ligera sonrisa.
—¿De qué te ries? —preguntó mamá. Tomó asiento a mi lado, con una porción de tarta idéntica a la mía.
—De nada… ¿Te acuerdas de aquella vez que atropellé a un gato? De pronto lo he recordado.
—Eso pasó hace tantos años, ¿cierto? Estabas inconsolable, yo no sabía qué hacer.
—Hasta que me diste una porción de tarta.
—Hasta que te di una porción, sí. Me impresionó, porque casi nunca llorabas. Imagino que debe ser uno de esos recuerdos que son difíciles de olvidar.
—No es eso, no había pensado en aquello hasta ahora. Al contrario, podríamos decir que se trata de un recuerdo fácil de olvidar. Fácil de olvidar, pero también fácil de extraer de la memoria.
Me miró un poco confundida. Apoyando una mano en su mentón, me hizo una pregunta que le salió espontánea, casi atrevida.
—Estás de novio, ¿cierto?
Me atraganté con la tarta.
—Está bien, no te estoy pidiendo los detalles, solo quería que supieras que me he dado cuenta. No es necesario que te escabullas a medianoche. Estás en una edad en que no necesitas mi permiso o el de tu padre para pasar la noche fuera de casa. Te tomas molestias innecesarias.
No supe qué decir. Aproveché el silencio para servirme un vaso de agua que alivió a mí garganta. Mamá se llevó un buen bocado de su tarta, sin quitarme la mirada.
—Pero lo más esclarecedor fue esto, la tarta. Cada vez que hago tarta, dura entre tres a cuatro días, pero ahora se acaba casi enseguida. Y cuando conté las fiambreras, supuse que te servías una porción extra para compartir. Era la única alternativa posible. La otra era que te estuvieras dando atracones, pero eso habría tenido otro tipo de secuelas.
—¿Secuelas?
—Cambios en tu alimentación, quizás en tu físico. No, la única alternativa posible era que solo podías estar compartiéndolos.
—Bueno… Es un poco así como dices...
—¿Le gusta como cocino? ¿A tu novio? Sí, sé que es un «novio» y no una «novia».
Mamá me lanzaba flecha tras flecha y yo no era capaz de responderle mirándola a los ojos. Además, «novio» estaba muy fuera de lugar, pero entrar en detalles, precisamente con Mamá, era algo para lo que me faltaba entrenamiento.
Pero al parecer, mamá tampoco esperaba alguna clase de respuesta de mi parte. Revolvió mi cabellera con su mano, un atrevimiento que no tenía desde que era pequeño, y luego besó mi frente.
Así que mamá se había dado cuenta de todo.
—Si te animas a traerlo a casa, me avisas antes cuál es su comida favorita.
Se me ruborizaron las mejillas.
Me ofrecí a lavar la loza por ella. Mamá me preguntó si me acercaba a la facultad. No encontré ninguna excusa. Por supuesto que en el viaje en auto intentó sacarme más detalles. Cómo se llamaba mi supuesto novio, a qué se dedicaba. Le respondí lo justo, cada vez más rojo. Me bajé en una estación de metro. En el camino a la facultad le escribí a Akira lo que sucedió aquella mañana. No me lo dijo, pero supuse que Akira tampoco les había hablado a sus padres de mí. Quizá me llamaste Amor y xurdilsdad de esas. Pero dudaba que sus padres supieran que su hijo tenía una multiplicidad de novios. ¿Conocerían a Hanamaki, el oficial? No quise seguir aquella línea de pensamiento.
Todavía con el regusto del pastel de manzana en mi garganta adolorida, me preguntaba cómo recordaría mi yo del futuro aquella etapa que todavía vivía.
En su momento, mi accidente en bicicleta supuso un fuerte impacto en mí. La memoria no es capaz de reproducir el dolor físico que me dejaron las heridas, pero de seguro me dolió mucho. Sin embargo, fue el miedo, y los remordimientos, los que más me angustiaron. El hecho de huir. De abandonar a aquel gato.
No sabía a qué le temía ahora, por qué tenía que actuar de aquella manera, como distante, resentido. Quizá, al hecho de que no fuésemos compatibles en el largo plazo me acondicionaba para autosabotearme. No me atrevía a pensar en el futuro junto Akira, para no caer en falsas ilusiones. Y reprimirme así, me angustiaba más. No quería convertir a Akira en un recuerdo, cuando todavía era parte de mi presente, no de mi pasado. Sin embargo, de seguir en aquella actitud, no le extrañaría de que Akira se agotase de mí.
Tenía que hacer las paces con Akira.
Después de las clases, me armé de valor y le pregunté a Akira si quería algún día venir a casa. Borré el «a conocer a mis padres», aunque supuse estaba implícito. También supuse que estaba implícito que era mi manera de disculparme por mi actitud el día anterior. Esperé impaciente al teléfono.
¿Se estaría haciendo de rogar? ¿O era que tenía ensayo? Por favor Akira, no me dejes esperando.
Akira (14:45): super.
Cuando respondió, yo pasaba por fuera de casa de Kuro. Llamé a su puerta. Kuro me recibió, nuevamente con el cabello atado en una trenza que le despejaba el rostro.
—¿Estás almorzando? ¿Tienes tiempo?
Kuro recogió una cazadora y me siguió rumbo al parque.
—¿Y bien?
—Tú me contaste que sucedió en tu ausencia, pero no sabes qué sucedió conmigo. Y sucedieron varias cosas.
—¿Qué cosas? ¿Eso de que sales con alguien?
Me desquicié.
—¿Tú también lo sabes? ¿Por qué? ¿Es que llevo un cartel acaso? ¿O fue mamá? ¿Es eso? ¿Mamá te vino con el chisme o...? ¿Será posible? ¿Kei? ¿Has retomado contacto con Kei?
Kuro ladeó la cabeza, escrutando mi mirada.
—¿ESTÁS SALIENDO CON ALGUIEN?
—Pero acabas de decir…
—¡LO DIJE POR DECIR! ¡NO TENIA IDEA!
¡Ahhhhhh…! Aiuda Mario Bross, sálvame.
—Pues mira, sí. No tienes que hacer tal escándalo. Incluso yo puedo salir con otras personas.
—Claro que lo sé.
—¿Entonces por qué te sorprendes tanto?
—Porque… no sé. Qué cosa más rara, ¿Y a mí por qué me sorprende?
—Ya muérete.
—No me digas quien es, déjame adivinar…
—Es Akira —lo corté, antes de que dijera cualquier nombre estúpido. No era tonto. Kuroo diría el nombre de algún idiota, diría «Lev», por ejemplo, para regocijarse en la cara que se me habría puesto.
—¿Akira? ¿Y ese quién es?
—Kunimi Akira. ¿Te acuerdas del amigo de Kei? ¿El músico? Soy uno de sus novios, o algo así…
—¿Uno de ellos…?
—Puedes burlarte de mí si quieres.
—Ah…
—¿Qué sucede?
—No, nada en especial...
Nos detuvimos en los columpios. Ya no teníamos edad para esos juegos, pero no había niños a la redonda. Elegimos los centrales, y nos balanceamos perezosamente, cada uno en su asiento.
—Kenma… —me llamó Kuro, volviendo si rostro hacia mí, clavando sus ojos en los míos, como si acabase de comprender algo importante—. ¿Fue por ese chico, cierto? Aquel beso…
Se levantó una brisa que me trajo el aroma de Kuro. No entendía mis cambios de humor tan abruptos. Estaba cansado de lidiar conmigo mismo.
—Lo siento, no debí… No sé por qué, Kuro...
—No lo hagas. No te disculpes conmigo.
—Fue inadecuado.
Recordé aquello que me dijo Kei: que habían besos que no significaban nada. Eso no se aplicaba a este caso. Por supuesto que había significado algo, pero quizá no el significado que se esperaba de un beso.
—Me sentía débil.
Kuro dejó de balancearse. Por un momento, ninguno de los dos dijo algo. Me observaba con sus ojos muy abiertos, como sorprendido. Y de pronto, se largó a reír.
—Estoy hablándote en serio, noe hagas esto.
—Creo que me voy a cortar el cabello —continuó Kuro, girando en el columpio—. No me lo voy a rapar como Tsukki, pero considero que es importante que me lo corte. Tú también deberías hacerlo.
—No lo sé… pero quizá me lo pinte. Otro color. Uno nuevo.
—Te quedaría bien un azul.
Pensé que se me vería bien el azul. No algo muy eléctrico, pero más pastel. Más celeste que azul. Yo también necesitaba un cambio.
—Entonces… ¿es verdad de que sales con un chico? Porque Kenma, te juro que si me estás tomando el pelo...
—Sí, Kuro.
—Venga, no te hagas. Cuéntame los detalles. Cuéntamelo todo. Especialmente aquello de que eres uno de sus novios. ¿Es una de estas relaciones «modernas»?
—Futurística diría yo.
Y se lo conté todo, lo mejor que pude, esperando sus burlas, sus críticas. Supongo que no se reponía del todo de su largo viaje. Lo vi tocarse los labios, concentrado en lo que le decía, con su ceño fruncido. Como evaluando cada palabra. Cansado. Esos mismos labios agrietados que días atrás hube besado.
—¿Cómo te sientes?
—Estoy confundido —dije, apartando bruscamente la mirada de los labios de Kuroo—. Akira me gusta, pero una relación a su lado es mucho más complicada de lo que puedo manejar. Me gustaría poder manejarlo. Incluso me gustaría que conociera a mis padres, o que te conociera a ti. Y al mismo tiempo, me da terror. Yo sé que no hay comparación entre mi relación con Akira, versus tu relación con Kei, pero…
—No digas eso. No minimices tu dolor, ni lo compares con el de otros. Si a ti te duele, eso es suficiente para que nos preocupemos.
—No he hablado de dolor.
—¿Me vas a decir que no te daña?
—Es que de eso se trata. No debería darle tanta importancia. No debería dejar que me doliera.
—Y ese otro chico, Hanamaki…
—Somos amigos en redes sociales… no sé por qué. Fue un error de cálculo de mi parte.
Unos chiquitos llegaron corriendo a los columpios. Kuro y yo cedimos nuestros lugares y seguimos caminando. Kuro respondió unos mensajes de su teléfono. Había una nueva sonrisa burlona en su rostro. Se explicó:
—Mañana saldré a trotar con Yaku y Kai. Hay panoramas raros, y luego están los panoramas de Yaku. Deben sospechar que algo me sucedió. Quiero explicárselos, porque sé que Yaku me dirá alguna insensibilidad y, sinceramente, extraño oír sus insensibilidades.
»A veces necesitamos que alguien nos diga lo que no queremos oír. Para mí, Yaku es esa persona. Y creo que yo soy la tuya, ¿sí? Así que dime, ¿qué es lo que necesitas oír de mí?
—Un consejo.
—No garantizo que sea un buen consejo.
—No me importa.
—Bien. Creo que estás a punto de un cambio profundo. Nunca antes te habías enamorado, y sinceramente, yo creía que no era lo tuyo. No sé por qué. En fin, en realidad no tiene nada de extraordinario.
»Sin embargo, creo que tu concepto del amor es distinto al de la mayoría, que necesitamos de una conexión física para afianzarla. Tú necesitas una conexión menos química y más espiritual. Más intelectual, incluso.
»¿Puede Kunimi conectarse contigo a ese nivel? Tú no puedes conectarte al suyo, aunque lo has intentado. él tampoco puede conectarse al tuyo, pero también lo ha intentado, aquella música que ha compuesto para tu demo es una prueba de lo que digo. ¿Hasta cuándo van a intentarlo? Esa es la pregunta.
—Tú también crees que tenemos fecha de vencimiento.
Negó con la cabeza.
—Estás pasando una etapa oscura. Está bien, todos pasamos por alguna etapa oscura, en la que nos negamos a ver la realidad. Cuando atisbes la luz del alba, no te escondas en la cueva, sino que sale de ella, a contemplar el amanecer. Te sorprenderás.
»Yo, por lo pronto, iré a trotar con Yaku y Kai. Les contaré mis desventuras, Yaku se irritará, Kai dirá algo amable, y yo podré seguir adelante. Es necesario seguir adelante.
—Yo no quiero seguir adelante.
—¿Y qué quieres?
—Volver al pasado, antes de que me abrieran los ojos.
Sentía las lágrimas agolparse en mis ojos.
Quizá de pequeño no lloraba mucho, pero de grande estaba convertido en una magdalena.
—Escribió una melodía pensando en mí. Y luego, cuando me topé con ese chico Hanamaki, me reconoció enseguida, y estoy seguro de que es por la canción, pero ese es un lenguaje que no sé leer ni interpretar. Desde las cosas más básicas, somos distintos. El habla su idioma, yo hablo el mío. A él le gusta todo el mundo. A mí solo me gusta él. Odio ser una persona celosa. Y odio no ser capaz de darle lo que quiere, pero él tampoco puede darme lo que quiero. Y aún así…
—Aun así, lo sigues intentando.
—No me gusta ser así.
—Pero siempre has sido así. Piensa por ejemplo en tus videojuegos. ¿Alguna vez te has rendido ante un nivel difícil? Trata de mirarlo de esa forma.
Habíamos llegado hasta mi casa.
No podía dejar de fijarme en los labios de Kuro.
Ando hace varios días sin compu porque la coneja se comió el cable del cargador... so... otra vez escribiendo desde el teléfono, y a velocidad para poder cumplir mi plan de acabar este fic antes de que finalice el año... lo que por supuesto va en perjuicio de la calidad, la prolijidad, etc, etc... ya no me importa nada.
Dejaré nuevamente las respuestas a los rws por aquí because i can.
Akaaaaaaaaaasha: hmmm... no sé si "sobacos" sea algo especialmente recurente en mis fics... yo creo que a lo mejor te has fijado porque casi nadie habla de los sobacos, pero sí de las manos, del cabello, los ojos... yo trato de darle a los sobacos el mismo reconocimiento que cualquier otra parte del cuerpo. Sin embargo, en esta oportunidad, escribí eso en específico en alusión a una novela... quería ver si acaso alguien lo comentaba, y me decía algo tipo: «oh... esto es como en años de soledad», y yo iba a decir: «sí, exacto, eso mismo!» porque había un personaje que llegó de la guerra convertido en un desastre, con muñones en los sobacos, y es una imagen que jamás he podido olvidar, y yo siempre estoy haciendo referencias en mis fics a los libros que me gustan, para quien pueda verlos.
Y sí... kuroo es mi pushingball fufu... sorry kuroo. no sé por qué. si kuroo me encanta. tengo algún problema. aiuda. jelp. socorro.
Nanassan: nooo de verdad que mi intención no es hacer llorar. no es la meta, el objetivo. honestamente, no tengo metas. yo pues como vayan saliendo las cosas, las voy trabajando. soy muy inconsciente, si para este fic realmente no tengo nada planeado, realmente nada... y según yo voy a terminar un fic antes del año, un fic que ni siquiera sé en qué parte de su propia trama está situado... eso es tenerse fe.
Ay sí, y con Akaaaaaaaaaasha (mi autocorrector le pone todas esas «a», no yo, porque es mi Akaaaaaaashi ?) siempre nos sorprendemos de los paralelismos entre nuestras historias. Será una conexión fiquera-cósmica-espacial o algo así. O es que los caminos que toma Kenma ya están definidos en esta vida. Anyway...
Gracias a todes por leer, y de verdad sorry por ser descuidada, desprolija, etc... láncenme tomates que me los merezco. estoy en el worky publicando desde el cel... ojalá el formato no se joda cause impaciencia... byebeee
(voy como avión, espero publicar el siguiente capi luego)
