Consecuencias


Capitulo 16


Termina de doblar pulcramente el pequeño pijama lila. Lo observa unos segundos, una vez que esa prenda yazca dentro en la mochila de su hija, será la despedida. Mizuki solo se encontrara ausente hasta el domingo, un dia y una noche; sin embargo, es la primera vez en seis años que ambos estarán separados y a Izuku se le hace un nudo en la garganta. Debe ser cosa de la ruptura, piensa, pues desde que ha dado pie ese proceso su estado de ánimo es especialmente sensible. Llegando a llorar inclusive, cuando se acabó su barra de chocolate.

Es tan igual a un niño engreído.

– Papá, Kacchan está esperando abajo – avisa la pequeña por quinta vez.

Y esperará el tiempo que yo quiera, piensa, porque no es fácil dejar ir a su bebé.

Mizuki rueda los ojos al no recibir respuesta. Toma el pijama ella misma y lo empaca, dando por finalizada la tarea. Izuku la mira con una expresión exageradamente triste, haciendo que ella ría y le abrace.

– Recuerda que si quieres regresar, no importa la hora que sea, me llamas y yo iré por ti.

– Ya lo sé – Mizuki se separa – me lo has repetido mil veces.

– Y lo hare mil más – besa sus mejillas repetidas veces, antes de separarse definitivamente.

Contempla a su hija acomodándose la mochila sobre la espalda.

Es solo un día.

No importa que tanto lo repita, el corazón se le aflige de imaginarse esa noche sin ella. Suspira liberando presión de su pecho y toma su manito, guiándola hacia la puerta. Hitoshi camina tras ellos, muy lento, vigilante de la situación.

Mizuki suelta la mano de su padre una vez la puerta se abre. Por los barrotes del pasillo, logra ver a Katsuki de pie al lado de su auto abajo. Sonríe grande, agita la mano al aire y grita emocionada "¡Ahí bajo!". Vuelve a despedirse de su padre y Hitoshi, ahora sin tanta ceremonia, y baja corriendo los escalones del edificio.

– Tranquilo – Hitoshi acaricia con delicadeza la espalda de Izuku– todo va a estar bien.

Apoya su cabeza en el marco de la puerta, con la caricia tibia en su espalda y los ojos firmes en Katsuki. Le duele hasta la piel ver a su hija irse tan feliz.

Cuando Mizuki sale del edificio y tiene a Katsuki en frente suyo, la sonrisa no le cabe en el rostro, ni la emoción en su pequeño cuerpo. La felicidad le cosquillea la dermis de pensar que pasar un día entero al lado de su héroe favorito; porque Katsuki, sin saberlo aún, hace mucho que ha recuperado ese puesto en ella.

El alfa le retira la mochila, viéndola como un bulto innecesario, pues ha comprado todo lo que una niña de seis pueda requerir. Alza a Mizuki de las axilas y acomoda en la segunda fila del auto, sobre la silla de seguridad que ha comprado recientemente a recomendación de Uraraka. El apartamento no le queda muy lejos de ahí, cerca de unos veinte minutos a pie y podrían haber hecho el trayecto caminando; empero, no pretende llevar a su hija por la calle en pleno invierno. Seguramente Deku encontraría ahí la excusa perfecta para revocar su permiso y prefiere no darle razones a posibles reclamos.

Katsuki sube al auto, iniciando así la pequeña travesía que vivirán por un día. Prende la radio a sabiendas que su hija suele cantar junto a Mina en la agencia y no tarda mucho hasta que empieza a hacerlo. Él mismo se encuentra tarareando la musiquilla pegajosa que habla incoherencias. Detiene el auto en el semáforo que marca rojo, segundos preciados en los que observa a su hija por el espejo retrovisor y los orbes carmines se encuentran en medio del coro.

Mizuki rueda los ojos, avergonzada de que la vea cantar. Katsuki le sigue, con la misma pena de que le atrapara viéndola embobado. Es bastante inexplicable ese sentimiento que logra albergar cuando está cerca de ella. Algunos meses atrás, no hubiera imaginado nunca una escena parecida. Incluso luego de saber que tenía una hija, el llegar a quererla era un fantasma de un sentimiento lejano.

El semáforo cambia a verde y sus pensamientos se dispersan dando paso a la concentración necesaria para conducir. Pisa el acelerador envuelto en un aura familiar que le estremece los poros. Pensar que ese día apenas está iniciando y, de salir todo tan bien como prevé, puede que se repita. Puede incluso, que aquello sea un gran paso en esa ruta a revelarle a Mizuki su verdadera identidad.

Aclara la garganta, ocultando la sonrisa que tiembla por aparecer.

Esta vez, no quiere hacerse de ilusiones que puedan desmoronarse como un castillo de naipes. Al final quien tiene la última palabra sobre ese tema, es Izuku. Comprende que, en ese esquema, Izuku ha tomado los dos roles importantes en la vida de su hija y es él el único capaz de decidir los tiempos correctos para ella.

– ¿Es aquí? –Inquiere la menor viendo el auto detenerse frente al portón de un edificio.

Katsuki asiente, consciente de que la niña le ha visto.

Mizuki ve por la ventana lo alto y bonito que es. Distinto a donde vive con su padre, un edificio de tres pisos que parece caerse a pedazos. Huele a moho y a veces les causa alergias a ambos. Tan viejo que solo la primera semana que se mudaron, el lavabo se cayó al piso cuando ella se apoyó un poco. En cambio, todo se ve nuevo en ese lugar. No solo el edificio donde habita Katsuki, sino las construcciones aledañas, el parque en frente, los autos.

Desde que llego a Tokio, ha visto los contrastes que lleva su vida con el resto. Primero, cambiar el campo por la ciudad, luego, los lujos que ostentan algunos y la austeridad con la que ellos viven. Ahora ve la diferencia que hay entre su casa y la de Kacchan, aquello le lleva a soñar en que un día, cuando se convierta en heroína, pueda vivir en un edificio así de bonito junto a su papá y Toshi.

El asiento se remese, anunciando que el auto está en movimiento. Mira por el parabrisas, el portón se ha abierto y se sumergen en el sótano. La inclinación de la rampa se siente en su estómago, presiona el cuerpo contra el respaldar y oye a Katsuki reírse mientras le observa por el retrovisor.

– ¡Kacchan! ¡Baja despacio!

Katsuki atiende la orden, sin dejar de mofarse. Ha ido rápido adrede, para ver la reacción de la niña, la misma que él tuvo la primera vez que bajo por esa rampa en exceso inclinada.

Continua con el descenso por dos sótanos más hasta llegar a su lugar de aparcamiento. Desciende del auto y luego, ayuda a su hija con todas las correas incomodas que tiene esa silla de seguridad. Es una lucha que está a punto de perder, haciendo explotar los broches. Mizuki misma aviva las llamas de su impaciencia incitándole a que las rompas, repitiendo que quiere bajar.

– Listo – anuncia con satisfacción al desabrocharlo finalmente.

Baja a la niña y se pone la mochila al hombro. Con todo listo, hay una parada que quiere hacer antes de subir a su apartamento.

– ¿Quieres ver tu casa?

Mizuki enarca una ceja, sin entender la pregunta. Katsuki le sonríe, la despeina, toma de su mano y suben al ascensor sin explicarle a que se refiere. Durante el ascenso debe mantener el ojo puesto en la niña, que le pican las manos por presionar todos los botones. Para fortuna suya, llegan a su destino pronto.

– Oh – Mizuki observa maravillada cuando la puerta se abre frente a ellos.

Están en la terraza del último piso del edificio.

Es sus noches de insomnio, Katsuki ha recorrido cada esquina de ese lugar y descubrió que desde un punto muy a la esquina izquierda, se logra ver la casa de Deku.

Mizuki sale del vestíbulo corriendo hacia el área exterior, sin percatarse que la nevada de la noche, ha dejado remanentes que ahora viven como pequeños charcos en el piso. La pequeña se desliza tan rápido, que Katsuki no tiene tiempo de sostenerla antes de que caiga. Sus rodillas golpean el cerámico, luego sus manos, que resbalan y dejan caer su barbilla con fuerza.

El silencioso panorama se ver roto por el llanto de Mizuki.

– Tranquila – le ayuda a ponerse en pie.

El golpe le ha originado un pequeño corte en la barbilla del que sale sangre. No es algo grave. Nada que un poco de crema no pueda solucionar, pero Mizuki continúa llorando. Su rostro se humedece tanto como el piso sobre el que están de pie.

"¡Ya basta, Katsuki! Eres un alfa, compórtate como tal"

A los seis años su madre aun no sabía con certeza el subgénero que tendría y, sin embargo, ya iba aplicado en él la crianza de un alfa. Mitsuki Bakugou provenía de una larga estirpe de ellos, con ambos padres del mismo subgénero, no cabía dudas de que ella seria uno también. Su disciplina había sido estricta, implacable, haciéndola calzar en los estándares de lo que significaba ser una alfa y esperaba lo mismo de su hijo.

Al igual que su madre, Katsuki ha notado indicios sobre el subgénero de su hija. El suave aroma que transpira, la sobreprotección hacia su padre omega, la rudeza con la que actúa a veces. Sin embargo, más importante de lo que llegará a ser en diez años, es que ahora mismo solo es una niña pequeña y le dolería poner en sus hombros, el mismo peso que pusieron sobre los de él.

Del que nunca se quejó, pero siempre aborreció.

Toma un pañuelo de su bolsillo, ejerce presión en la herida buscando controlar el sangrado. Para sorpresa suya, Mizuki puede continuar llorando, mas no se queja ni aleja su mano y él la felicita por ello.

– Esto n-no es nada... para los héroes – hipa, intentando controlar su llanto.

Katsuki bufa bajito.

– Como héroe tendrás muchas heridas, pero es el tiempo quien te enseñara a tolerar el dolor. Aun estás pequeña para eso.

Y aunque el consejo cae en vano, porque la niña procura detener su llanto, no le dice nada. Una parte suya presiente que esa valentía viene del hecho de no querer preocupar a su padre. Con solo ver la dinámica que Izuku y ella mantienen, puede reparar en que el omega hace de todo por protegerla y que, de haberse lastimado ella en algún momento, él ha debido de ser el más nervioso ante la situación.

La carga entre sus brazos, camina con cuidado por el piso húmedo y le empieza a mostrar la vista. Le señala la ubicación de la agencia, la cafetería de All Might, el edificio multifamiliar que cubre su escuela y finalmente, donde ella vive con su padre. Le mira de lado, el llanto ha cesado, su barbilla ha dejado de sangrar, pero no ha vuelto la alegría inicial.

Suspira un poco decepcionado de que tan pronto a iniciado esa nueva aventura, el ánimo se haya venido abajo.

Decide entonces, que es tiempo de ir a su apartamento.

El descenso en el ascensor es silencioso. Mizuki mantiene la mejilla apoyada en su hombro, la ropa húmeda ha traspasado a la suya. Espera que no se enferme, de lo contrario serian puntos en su contra en la confianza de Deku.

Una vez en su casa, lo primero es cambiar de ropa a su hija, lo cual trae otro problema: Para ella, él es un completo desconocido.

Puede que la recoja a diario de la escuela, que hayan pasado momentos juntos, pero no es alguien a quien reconozca dentro de su círculo familiar e íntimo. Termina dejando que ella tome esa tarea sola, en tanto, él va a su habitación a cambiarse.

De regreso a la sala, Mizuki ya ha terminado de vestirse, ahora trae una ropa más cómoda. La niña no se percata de su presencia, camina por entre los muebles que ha comprado hace poco. Pasea sus dedos por sobre las telas de los cojines, da pequeños toques a los adornos de estilo vintage, manotea las cortinas.

– Mizuki – la pequeña se sobresalta, gira a verle. – ven. – inclina la cabeza hacia el pasillo, instando a que le siga.

Le da una guía rápida. El baño a la izquierda, al lado esta su habitación y frente a ella, una puerta extra.

– Ábrela.

Mizuki obedece. Toma el pomo de la puerta, le gira con facilidad y una enorme sonrisa posee su rostro, seguido de un grito emocionado al ver dentro de la habitación.

– ¡¿Puedo entrar?!

Katsuki asiente.

– Todo es tuyo. – declara con una sonrisa presumida al ver a la pequeña entrar corriendo con el ánimo renovado.

Se ha deshecho de muchas cosas que tenía guardadas ahí dentro para que quepa una cama. Ha comprado un cobertor rosa a juego con las cortinas, en vista que todo indicaba era el color preferido de Mizuki (su mochila es de ese color y su ropa suele moverse entre esas tonalidades). La decoración es bastante sencilla y austera, pero no es por ello que se ha emocionado, sino por los juguetes que le ha comprado. Ha gastado un monto que nunca pensó gastar en cosas innecesarias, solo por ella.

Mizuki rompe las cajas sin poder contener el asombro. Figuras de All Might, Shouto edición adolescente, Ground Zero, Red Riot y Alien Queen. Incluso consiguió un funko de Uraravity.

– ¡Mira, Kacchan! – la emoción llega a tope con la última y más grande caja. Un par de granadas tal cual las suyas. Son de peluche y de su color preferido. Mizuki se las coloca rápidamente y golpea sus puños frente a él, imitandole – Soy Queen explodo.

Katsuki se deleita.

Todo es perfecto.

La tarde llega a su fin luego de una batalla ficticia con almohadas como escombros y un poco de humo en el ambiente. El timbre suena y Katsuki deja a la menor sobre el sofá para ir a atender el llamado. Mizuki le observa con el brillo de la admiración en los ojos, luego, estos viran hacia sus manos. Entre juego y juego, el héroe le ha dado pequeños consejos para mejorar el manejo de su quirk a un nivel que no lastimara sus palmas y las fortalecerá para que, más adelante, toleren mayor intensidad.

Sonríe juguetona.

Hace chispear sus manos, sintiéndolas como pequeñas picaduras sobre su piel. Sus palmas, a diferencia de las de Kacchan, son muy suaves. Las del héroe son duras, rasposas y por ello soportan esas grandes explosiones que le ha visto hacer por televisión.

– Llegó la pizza – anuncia el alfa, retornando a la sala con la caja en una mano – ¡Hey! No hagas eso. Tu padre va a matarme si se entera que te enseñe a usarlo.

Mizuki ríe a la par que detiene su quirk. Su padre suele decirle que el poder de su quirk puede llegar a ser demasiado para una niña pequeña y que tiene prohibido usarlo hasta que cumpla edad suficiente. Sin embargo, Kacchan no lo hace, él le permite activar su quirk en la agencia y ahora en su casa. Incluso una vez, llamó a Red Riot a que le diera permiso de atacarlo.

En ese aspecto, prefiere a Kacchan por sobre a su papá.

– Ten – Le entrega la primera rebanada de pizza.

– Gracias.

Además, Kacchan le permite tener pizza de almuerzo, el cual se ha visto retrasado hasta las cuatro de la tarde. Su padre, por otro lado, es muy estricto con las horas de sus comidas y la cantidad de proteínas y nutrientes en ellas.

Solo por esas libertades, el día con Katsuki se le hace placentero.

Durante el almuerzo, habla alborotada sobre su quirk y todos los planes que tiene con él. Comenta lo genial que le parece el suyo y que ya muere de ganas por crecer y le enseñe todo lo que sabe.

– Quiero ser tan fuerte como tú.

Katsuki infla el pecho con regocijo. Puede que todo este perdido con Deku, pero al menos a su hija aun la puede tener a su lado.

– ¿Comemos helado mientras vemos una película?

– ¡Sí!

La noche transcurre en medio de una maratón de películas de All Might. Algunas acerca de sus grandes batallas, otras bibliográficas. Mizuki ha visto ya varias de esas películas con su padre, quien ha inculcado en ella la admiración hacia el símbolo de la paz que ni Katsuki ha sido capaz de sustituir.

Sin embargo, a pesar de que le ha fascinado revivir escenas de dichas películas, de que ha comido cuantos dulces ha querido y tienen juguetes que antes solo hubiera deseado, una parte suya se siente nostálgica. Siendo casi media noche, la remembranza de su padre la sobrecoge. Ha sido muy divertido el día al lado de Kacchan, no se ha aburrido un solo segundo, pero extraña a su papá y quisiera que él también estuviera ahí, divirtiéndose con ellos.

Los créditos aparecen en la pantalla. La música instrumental suena entre imágenes reales de All Might que corren hacia arriba.

– Muy bien – Katsuki apaga el televisor. – hora de dormir.

– ¿Puedo llamar a papá?

El alfa no dice palabra, le entrega el móvil con la llamada ya en curso.

Mizuki acerca el artefacto a su oído. Oye el tono de llamada entrando. Tarda mucho, hasta que finalmente la llamada ingresa.

– Papá.

¿Mizuki? ¿Sucedió algo? ¿Quieres que pase por ti?

Sonríe placida de oír la voz de su papá. La memoria de su nariz rememora el aroma dulce y mentolado que traspira el omega.

– Estoy bien.

Es muy tarde, por... – lo que inicia como un regaño de su padre, se ve cortado. Oye murmullos de fondo. Supone que se trata de Toshi abogando por ella. – ¿Te has divertido?

– ¡Sí! Tengo mi propia habitación ¡Es toda rosa! y Kacchan me compró muchos muchos juguetes. – comenta maravillada. El gesto de júbilo en el rostro – ¡Oh! También me compró un pijama de All Might, igual a su traje de héroe. Aunque era muy pequeño, pero me dijo que iría mañana a cambiarlo y me lo daría para llevarlo a casa.

Ya veo.

Silencio.

– ¿Papá?

Es tarde, amor. Ve a dormir. No olvides cepillarte los dientes ¿Está bien?

Sus labios pierden curvatura.

– Sí.

Te quiero.

– Yo también.

La llamada finaliza y el móvil vuelve a manos de su dueño. Katsuki nota que, aunque la niña le sonríe, luce igual de sobria que cuando le pidió llamar a su padre.

– Puedo llevarte a casa si quieres.

Niega.

Katsuki la toma de la cintura y, de una voltereta en el aire, la sienta sobre sus hombros. De camino a la habitación, se pone de puntillas haciendo que Mizuki roce el techo. Ella se queja, le jala los cabellos, pero también ríe y el ambiente tenso se despabila. Para cuando llegan a la habitación, que de ahora en más pertenecerá a Mizuki, ambos son puras risas y jugueteos.

De otra voltereta, una en la que finge va a caerse, baja a Mizuki de sus hombros y la hace rebotar sobre la cama.

La pequeña ríe. Mejillas rojas como manzanas y en los ojos solo trae lágrimas de alegría. Katsuki continúa con el juego, esta vez, tira del cobertor haciéndola rodar sobre la cama. Mizuki ríe a carcajadas mientras la arropan.

– Ahora sí. – endereza la postura, dando por finalizado el juego– a dormir.

El alfa procede a retirarse hacia su propia habitación.

– No te vayas.

Katsuki se gira.

– Mi habitación está en frente. – indica con el índice la dirección de su puerta.

– Tengo miedo.

Enarca una ceja.

Katsuki ha visto el llevarla a casa, del mismo modo en cómo a él le han criado. Ha tenido una habitación para sí mismo desde que ha tenido uso de razón y rara vez su padre le ha acompañado por las noches. Por lo que no ha barajado el factor de que ella no duerme sola en su casa. Teniendo una sola habitación y una única cama, todas las noches las pasa junto a su padre.

Suspira.

No le atrae la idea de dormir con su hija, presiente que será incomodo y la mocosa babeará su ropa.

Pero tampoco va a dejarla sola en su primer día ahí.

Cierra la puerta y apaga la luz antes de ir a acostarse a su lado.

– Kacchan.

– Uhmm.

– ¿Cómo conociste a papá?

Silencio.

– Fuimos a la misma escuela.

– Pero cómo. – hace énfasis en la interrogación.

– No lo sé, solo estuvo ahí siempre.

– ¿Siempre, siempre?

– Hasta secundaria.

– ¿Conociste a la abuela Inko? – en su voz nota la sorpresa.

– Uhmmhu. – afirma con la entonación.

– ¿Y a Hitoshi?

Katsuki rueda los ojos. Ya hacia un buen rato que no la oía llamar ese nombre.

– No. – responde claramente esta vez.

– ¿Y a mi otro papá?

Suspira en la oscuridad.

Duda.

Conoce los pensamientos de Mizuki con respecto a su otro padre, de manera que la respuesta a esa pregunta bien podría desilusionarla o generar una reacción adversa que le lleve al tope de sus emociones. No obstante, está dispuesto a correr el riesgo con la finalidad de ir ablandando el terreno para la respuesta verdadera.

– Sí.

– ¡¿Sí?! – se alza sobre sus codos, muy cerca de él – ¿Cómo era? ¿Cómo era? ¿Cómo era?

– Igual a ti – empuja su rostro de regreso a la almohada.

– ¿Quería mucho a mi papá?

Resopla fuerte.

Mizuki siente curiosidad propia de alguien a quien no le han querido tocar ese tema por años. La niña no ha tenido más opción que crearse imágenes, soñar despierta con lo que pudo suceder en torno a sus padres y su mente avivada ha sido muy creativa en ese aspecto. Katsuki prefiere retraerse y no ahondar más en el tema.

Tampoco es que tenga una respuesta concreta a esa pregunta.

– Urg... Ya duerme.

Mizuki gimotea fingido. Ni su papá, ni su abuela nunca han querido tocar el tema de su otro padre. Hitoshi no le conoce y creía que al menos Kacchan podría hablarle sobre él. Mas no ha logrado mucho.

No por eso las preguntas terminan.

Ella tiene muchas dudas.

– Tú y papá, ¿Qué son?

– ¿Eh? – la interrogante le sale en un hilo de voz. – Ya te dije que amigos. Duerme que es tarde.

– ¿Te gusta mi papá?

– Que te duermas – le cubre con la cobija hasta la cabeza.

La niña ríe debajo y manotea queriendo liberarse. Katsuki le sigue el juego, enrollándola con las mantas mientras ella grita. El alfa la ataca con cosquillas cuando la tiene inmovilizada, Mizuki se remueve desesperada, ríe a carcajadas y pide que cese cuando ya no lo soporta más. Solo ahí, detiene su ataque.

Ella se agita, desenredándose de las mantas. Toma una posición más cómoda de lado y pasa un brazo por sobre el pecho del héroe.

– Buenas noches, Kacchan.

Observa la manito de su hija sobre él, su rostro sumergido en la franja que forma su cuerpo en contacto con el colchón. Katsuki siempre ha sido reacio a las muestras de afecto. Su madre era muy poco cariñosa y su padre parecía limitarse siempre a causa de ella. Bajo el concepto de Mitsuki, un alfa no necesitaba de esas muestras, pues los sentimentalismos eran cosas de omegas.

Mizuki por su lado, llora si quiere hacerlo, es cariñosa y no se anda guardando sus emociones. No puede dejar de pensar que, si su hija está creciendo bajo una mentalidad menos opresora, con libertades e igualdad, es todo gracias a Izuku.

– Buenas noches, Mizuki.

Izuku espera a su hija fuera del edificio. Camina de lado a lado frente a la fachada, mueve las manos, ansioso. La noche anterior a sonado muy frio en la llamada con su hija y no sabe si ella se lo habrá tomado a mal o lo habrá dejado pasar. No es de él comportarse así, pero el hecho de que su niña hablara tan animosa sobre lo bien que la estaba pasando, le había hecho caer en todo aquello que él jamás le podría dar. Se había molestado, pero no con ella, sino consigo mismo y no notó que fue un poco brusco con ella hasta que Hitoshi, quien estaba a su lado, se lo dijo.

– ¡Papá!

La vocecilla de su hija capta su atención. La niña sale corriendo del edificio, Izuku le espera con los brazos abiertos, ávido por cargarla y llenarla de besos. Entonces, nota la pequeña costra en su barbilla.

– No fue nada, solo una caída. – responde rápidamente cuando su padre la baja de sus brazos e inspecciona la piel.

Izuku tuerce los labios. Los accidentes pasan, muchas veces inevitables; empero, que haya sucedido mientras Katsuki la tenía a su cargo, le deja una sensación agria. Tal vez haya sido pronto dejársela un día. El alfa no ha cuidado de un niño nunca y aún debe aprender.

Pero no con mi hija.

Lame la herida de Mizuki, ella ríe cosquillosa.

– ¿La pasaste bien? – toma su mano, emprenden el camino a casa.

– ¡Sí! – responde efusiva. Izuku ahora está preparado para la avalancha de información que viene.

Mizuki da inicio por el viaje en auto, la pequeña silla en la que había viajado y solo había visto en comerciales. El ascensor con espejos hasta en el techo que tenía el edificio, lo que le lleva a la terraza bonita.

– Tenia una piscina y Kacchan dijo que podíamos usarla en verano.

Izuku le sonríe.

Ella continua con su habitación. Una para ella sola, con una cama propia y cortina rosa con los símbolos de las heroínas del momento. Finalmente, llega a su parte favorita: Los juguetes.

– Eran muchas cajas ¡Y tenía mis propias granadas! – la emoción la embarga con cada pequeña cosa que cuenta.

Quizás Katsuki no lo hizo tan mal, piensa. Su hija continúa hablando y a él no le queda más que asentir con sonrisas tibias. Aunque sienta envidia de lo que Katsuki pueda ofrecerle, también se alegra de que al menos el alfa este en posibilidades de darle lo que él no puede.

– No es cuestión de orgullo o simple capricho suyo, es un derecho que ella tiene.

Las palabras de All Might capturan sus pensamientos y quizás, vaya siendo momento de ceder milésimas en ese punto. Está claro que no ha olvido la historia que hay entre ellos, que el perdón que le dio tiempo atrás, fue algo que salió en el momento y que aun requiere tiempo de asimilar; sin embargo, una pensión de Katsuki sería bastante provechoso para ellos. Si lo sumase a su salario, podría encontrar un lugar más cómodo en el cual vivir. Un apartamento que Mizuki también encuentre bonito, así como tanto lo repite del de Katsuki.

Doblan en la esquina. Es un intrincado camino de calles las que llevan desde ese punto hacia su casa. Definitivamente ir en auto sería mucho más fácil, pero Izuku prefiere una amena caminata al lado de su hija que compense las horas perdidas el día anterior.

Van andando en armonía, un hombre viene en dirección contraria a ellos. La situación no tendría nada de extraño, de no ser porque sus miradas se cruzan unos efímeros segundos. Izuku presiente que aquello no ha sido casualidad, pues su rostro se le hace conocido. Desacelera el paso sin hacer notorio su estado de alerta. Mizuki continúa parloteando mientras los orbes esmeraldas viran a la acera contaría, viendo en ella una salida pacífica a la situación que, luego de mil suposiciones, se mentaliza en que la ruptura le trae un poco paranoico y deben de estar viendo cosas donde no las hay.

Vuelve los ojos al frente, fingiendo ver la calle antes de cruzar. Entonces, su mirada y la del hombre vuelven a cruzarse y esta vez nada queda en paranoias, el hombre no solo le ha plantado la mirada, sino que le sonríe.

Izuku detiene el paso. Una mano sobre el pecho de su hija y ella deja de hablar al percibir el aroma a peligro en su padre.

El hombre continúa caminando mientras su cuerpo se torna brillante.

Piel de diamante.

Un asalto, es lo primero que se le viene a la mente. El instinto le insta en buscar protección de su alfa e Izuku no le contradice. Por única vez, ve en él su salvación. Hace cálculos rápidos, la casa de Katsuki no les queda tan cerca, pero retrocediendo algunas cuadras, debería ser suficiente para que el alfa percibiera sus feromonas. Son predestinados, después de todo. Empuja a Mizuki hacia atrás, forzándola a retroceder. Sin embargo, la niña golpea contra algo.

O alguien.

Izuku no tiene tiempo de girar a ver, el sujeto le toma del cuello.

– Tranquilo, no vamos a hacerte nada siempre cuando colabores – habla el sujeto tras él. El hombre de diamante se encuentra a escasos metros. – solo queremos a Ground Zero. Perdimos a un gran compañero por causa suya.

– No fue muy inteligente de tu parte ir a verlo al hospital. –la voz gruesa del hombre de diamante le escarapela la dermis.

Entonces, sus dudas se aclaran. El rostro del hombre de diamante se le ha hecho conocido, porque le ha visto en el diario. Ambos son compañeros de aquel omega que atacó a Katsuki hasta casi matarlo.

Recién ahí, cae en cuenta en lo ingenuo que ha sido. Los héroes suelen mantener a sus familias en secreto, de esa manera les protegen de represalias que puedan tener por parte de villanos. Algunos incluso, no usan sus apellidos con tal de mantenerlos en el anonimato.

Izuku se había confiado. No solo había estado cerca de Katsuki en reiteradas ocasiones, sino que había expuesto a su hija a ello.

Una vez más, la primera idea que le viene a la mente para salir de esa situación, es llegar donde Katsuki. Nunca ha necesitado de su ayuda tanto como ahora.

Hecha el codo hacia atrás rápidamente, buscando golpear el rostro de quien le sujeta y liberarse. El hombre es más veloz, coge su codo e Izuku siente un ardor abrazador sobre la piel. Raudo retira el brazo, dándose con la sorpresa que la tela ha sido carcomida y su piel se muestra rojiza, lacerada. El sujeto tras él, estira el brazo a un lado de su rostro, extiende la palma y unas gotas caen al piso, corroyendo el asfalto.

Es acido.

– ¡Suelta a mi papá!

Mizuki intenta hacer una explosión, el hombre de diamante se interpone, recibe la explosión de frente y sujeta a su hija.

Un auto de lunas polarizadas se aproxima a ellos e Izuku piensa una vez más, que aquello no es coincidencia. Comprende que, si ponen un pie ahí dentro, será el fin.

Sería ingenuo pensar que únicamente les irían a secuestrar para atraer a Katsuki. No había mejor manera de destruir a un alfa que asesinando a su omega e hijos. Inclusive, no tenían por qué hacerlo, bastaba con hacérselo creer y a ellos desaparecerlo. Izuku sabe que las mafias que comercializan omegas aún se mantienen con muy bajo perfil. Que hasta su hija podría ser vendida a algún degenerado.

Usa su última opción: Libera feromonas.

Izuku no posee ningún quirk, sin embargo, los años y los alfas que le han rodeado, le han llevado a entender que su aroma no es particularmente atrayente. Puede que a Katsuki no le molestara al ser predestinados, pero al resto la menta de su aroma se les hacia una fragancia tan refrescante que era molesta. Irritaba los ojos y la nariz la volvía en extremo sensible.

Su ventaja, está en que ambos sujetos son alfas.

Apenas inicia a desperdigar su olor, el hombre de diamante comprime el rostro, cubre su nariz. Cierra los ojos.

– ¡Deja de hacer eso! – el villano tras él le empuja, haciéndole caer de rodillas.

Oye una pequeña explosión.

Gracias a sus feromonas, Mizuki ha logrado liberarse.

Ve ahí su oportunidad.

–¡Corre! – le grita e intenta forcejear, pero entonces, la situación toma uno de los giros que había previsto.

Sucede muy rápido. El rostro asustado de su hija, seguido por el dolor lacerante en su nuca, tan potente, que le hace caer inconsciente.

Lo último que oye, es otra explosión.

Despierta.

Lo primero en ver es el piso. Se siente mareado y tarda en percatarse que esta acostado boca abajo, en una camilla, su rostro sobre sale por un agujero acolchonado de ella. Oye pasos y murmullos de fondos.

La respiración se le acelera, asustado de lo que sucede y no logra ver. Mueve los brazos con pesadez, intenta alzarse. De inmediato, una fuerte punzada de dolor le hace gemir.

– Shh... Shh... Tranquilo – siente como desde atrás le ejercen presión sobre su espalda, obligándole a acostarse nuevamente.

– No... no... no – gimotea. Trae la lengua adormecida y eso le asusta más.

Continúa haciendo fuerza contra las personas que le quieren mantener inmovilizado. El murmullo crece, mas no distingue las voces.

– Tranquilo, Izuku, soy yo.

– ¿To... shi?

De cuclillas, el beta se hace presente frente a sus ojos adormilados. Le repite que mantenga la calma, que ha sufrido un accidente y le están atendiendo.

Siente una caricia en sus cabellos, a lo que asume es la mano de Hitoshi.

– Ya casi terminamos, tranquilo. – acaricia su mejilla con el dorso de sus dedos, permitiéndole liberar sus feromonas. Hitoshi no puede olerlas, mas el suave ronroneo que emite el omega le indica que lo está haciendo.

– Mi... zuki... Mizuki... – repite adormilado. El cuerpo empieza a adormecerse y sus parpados flaquean.

– Está a salvo. Pronto podrás verla.

– Ka... Ka... cchan...Kacchan...

Hitoshi esboza un gesto incómodo. Izuku ha empezado a ceder a la anestesia y con ello, su instinto sale a flote.

– Él está bien.

Izuku no responde más. Queda totalmente dormido. Hitoshi se alza, da la señal a las enfermeras de que continúen con las curaciones. Sus orbes amatistas observan la limpieza del tejido muerto de su cuello. Nunca han visto una herida así en ese hospital y los médicos se encuentran consternados, pues el ácido a corroído gran parte de sus glándulas de omega. Nadie sabe a ciencia cierta a que grado se verá afectado su organismo.

Mizuki no está en mejor situación en el quirófano de al lado. La niña ha usado su quirk para proteger a su padre, esto ha llevado a su cuerpo a un límite para el cual no estaba preparado y, aunque es cierto que su vida no corre peligro, no puede decir lo mismo de sus manos.

Acaricia el brazo de Izuku. Katsuki se encontraba en la sala de espera, aguardando el pronóstico de su hija y el omega. Su intervención al ataque ha sido tan llamativa y catastrófica, que terminó por captar la atención de transeúntes. Los videos de ellos han llegado a la prensa, quienes centraron sus ojos en la niña a la que salvo.

Por ahora, solo hay especulaciones respecto a Mizuki y aunque su foto no ha sido mostrada en televisión, sí circula en redes. Hitoshi estima que es solo cuestión de tiempo a que alguien escarbe un poco para que la verdad salga a flote.

La cuenta regresiva ha dado inicio.


Siguiente capítulo:

Comprende, lo que Katsuki está proponiendo, en otras palabras, es que vivan juntos.


Nota de la autora:

Primero voy a disculparme por la tardanza, pero no ha sido injustificada. He estado editando tooooda la historia. La trama no varia, pero si he hecho énfasis en algunas cositas que me he ido cuestionando mientras la trama iba creciendo. Les dejo un listado de lo más sobresalientes:

- He añadido advertencias MUY IMPORTANTES a inicio de la historia, en el capitulo 1.

- Correcciones ortográficas, mejoramiento de escenas y algunas adiciones extras en los capítulos 2,3,4,5 y 11(el celo de Izuku)

- El capitulo 6 es enteramente nuevo y el seis, ahora es el 7.

Ahora si.

Sobre el capítulo, como menciono al final, partimos con la cuenta regresiva de la historia. Según tengo mapeado, quedarían ocho capítulos para el final. Aunque eso puede variar, ya que los capítulos solo los tengo en borradores pequeños jajaja

Por ejemplo, este era muy pequeñito y mientras iba escribiendo se extendió tanto que decidí partirlo en dos para que las ideas no se pierdan. La buena noticia de esto, es que el capítulo 17 solo falta editar. La mala, que antes quiero actualizar Confinamiento xD

Respuestas reviews sin log:

Jhovana: Muchas gracias por el review, espero que este capitulo también te guste. Cuidate!

Sayuki12 : jajajajaja esta es la emoción más común aqui, el no saber como se reaccionara al final. Bueno, no será un final abrupto, iré asentando el terreno para ustedes.

Guest: Es mejor cuando se acumulan los capitulos xD

Regina FG: Muchas gracias! No se si eras tu, pero me pareció verte en wattpad?