No hay que olvidar lo pasado

—… Es genial conocer gente de otros lugares —expresó con alegría.

—Lo mismo digo —miró el reloj de su muñeca—. Ya es tarde, me tengo que ir.

—¿T-Te puedo acompañar? ¡Digo! Podemos charlar sobre música hasta que llegues a tu destino, mi amigo me tardará en recogerme, ¿qué dices? —se notaba que algo la ponía nerviosa.

Sam pensó que charlar otro buen rato con esa chica la haría olvidar por unos momentos a Lincoln y lo que sucedió con él hace días. Realmente no le gustaba ser distante con él, pero era lo mejor para su amigo en un futuro… ¿y para ella?

Aunque antes de que ellas empezaran a caminar, una furgoneta decorada con varios logos de distintas bandas se estacionó delante de todas esos chicos y chicas, parecía que ofrecerían algo. Unos hombres salieron de allí.

—Nos hemos enterado que varios de ustedes no han podido obtener una entrada para ver a Mick Swagger... —se dio cuenta que los muchachos lo miraban con asombro o algo incómodos— Chicos, no teman, ya pasó Vietnam, no vamos a reclutarlos —eso causó una que otra carcajada.

—¿No les interesaría conocer a Mick y su banda? —preguntó otro de los hombres.

Los chicos se acercaron solo por curiosidad, otros no creían en lo que dijo y se alejaron. Sam y Luna se acercaron para saber con qué tontería saldrían esos tipos.

—Somos uno de los tantas personas del club de admiradores de Mick Swagger, conversando con ellos —todos los escuchaban con atención— nos dijeron que ya preveían que sus entradas se agotarían en todo el país, es por eso que a varios club de fans les dieron el permiso para organizar una reunión para conocerlos a ellos.

Algunos todavía se mantenían escépticos a lo dicho, pero no tardaron en creer posible aquello cuando vieron algunas fotos de ellos con Mick Swagger y uno que otro vídeo proyectado dentro de la furgoneta.

—Pero —eso bajó los ánimos de algunos—, no se desanimen, sí lo conocerán, el pero es que no todos podrán ir sin parecer estrellas de rock —eso desconcertó más a los chicos.

—Necesitamos que sean unas estrellas cuando vayan a verlo —salió de la furgoneta otro chico y una chica, el chico tenía un mechón de color turquesa y la chica sombra para ojos color púrpura—. Tienen que parecerse a uno de ellos, es para demostrar nuestra rebeldía, nuestra pasión por la música —se notaban más entusiasmados los jóvenes—. Entonces… ¿quieren conocer a la mejor banda del mundo?

Les entregaron unas hojas para que se inscriban en el Club de Fans de Mick Swagger con sede en ese pueblo de Kentucky. Allí harían toda clase de actividades involucradas con música y muchas cosas. El punto era tener el mejor club de admiradores. Les pidieron discreción porque no querían involucrar a más personas, al menos que esas personas fueran fanáticos de la banda.

Fue tanta la emoción que las hojas donde se anotaban terminaron arrugadas y casi rotas, nadie quería perder la oportunidad de conocer a su cantante favorito, en especial Sam y Luna. Los de la furgoneta se miraban con un rostro de complicidad y daba la noción de que todo les estaba yendo perfecto… ¿perfecto qué?

Ambas chicas charlaban de manera entusiasmada, estaban imaginando lo que iban a decir cuando conocieran a Mick. Se notaba mucho la química entre ellas, parecían que se conocían de tiempo. Sam difícilmente compartía su fanatismo por Mick Swagger con alguien. Si bien su amiga del trabajo era una fan, pero no al nivel de Sam. Ya estaban cerca de la cochera.

—¿Vives en una cochera? —se notaba su asombro.

—Sí… soy independiente —Sam trataba de ocultar la vergüenza.

—¡Asombroso! ¡Girl, tú sí eres alguien que se vale! —se notó que le agradó lo que le dijo.

—Pero es difícil vivir sola, créeme —le hablaba con amabilidad.

—En cambio yo sigo viviendo con mis padres, pero no me quejo porque dentro de poco formaré mi propia banda y me independizaré también —lo dijo muy emocionada.

—Seguro —de repente le surge una duda—. Nunca te he visto por acá, ¿eres de otro pueblo?

—Sí, pero no de Kentucky, soy d… —no pudo terminar de hablar porque su amigo pasaba en su furgoneta buscándola— Me tengo que ir, nos veremos el otro fin de semana y allí hablaremos —entró al vehículo y se despidió moviendo su mano por el parabrisas.

Sam se notaba sonriente, hasta ese momento no había pensado que habría una personas en el mundo que comprendiera también como ella algo de sus pasatiempos. Tenía alguien que la comprendía, pero en esos momentos ella lo tenía alejado.

Al estar sentada en su cama, recordó a su amigo, por unos momentos lo había olvidado por completo. Se sintió muy mal. Desde hace pocos días que la confianza se había perdido como si nunca hubiera habido, tan solo un "hola" o "adiós" o "ya está listo" ya sea el almuerzo o la cena o el desayuno, esas frases imperaban en esos días.

Pasó menos de una hora y por fin Lincoln entró, se notaba algo confundido, Sam quería preguntarle, pero no debía ceder a devolverle la confianza completamente, no hasta que entienda que se le pase esa atracción hacia ella, pero… ¿cuándo se le pasaría eso?

—Hola —se notaba distraído.

—Eh, hola —respondió.

Lincoln no la miró para nada y fue a la cocina a calentar la cena para ambos. Sam quería saber cómo estaba, pero lo que se había propuesto podía más.

Esa noche ambos se acostaron temprano, pero ni uno estaba durmiendo. Sam no dejaba de pensar en el problema que debía tener Lincoln y en la chica llamada Luna. Lincoln no podía dormir por su alejamiento con Sam y la razón por la que se desmayó. Esa noche, la Luna estaba siendo cubierta por nubes oscuras cada cierto tiempo. Las dudas estaban en los dos.

Los días pasaron y se mantenían igual. Uno de esos días, Lincoln salió muy temprano a su trabajo con Tucker, Sam se había levantado unos minutos más tarde porque no podía dejar que eso siguiera. Salió a su trabajo de manera apresurada porque se tardó en ducharse. Ya comenzaba a caminar por la calle cuando un vecino la interceptó.

—Buenos días —la saludó.

—Buenos días —se notaba apresurada.

—¿Cómo se encuentra el pequeño Lincoln? —le dijo la esposa de su vecino.

—Se encuentra bien… ¿le pasó algo? —preguntó algo asustada.

—¿No te lo dijo? El fin de semana que pasó estaba en el suelo inconsciente, al mirar por la ventana me di cuenta de eso, poco más media hora antes lo había visto caminar tranquilo —le relató el porqué de las preguntas.

—Mi esposo y yo salimos a auxiliarlo, lo bueno es que reaccionó en ese mismo momento, le preguntamos si le habían hecho algo o si ya le había pasado anteriormente —lo contaba muy preocupada.

—Nos dijo que no fue nada, pero se notaba algo pensativo —la preocupación era genuina—. Deberías acompañarlo al médico, eso sería todo jovencita.

—Gracias por contármelo, a veces a él no le gusta decir lo que le pasa —trataba de justificarse en sí.

Se despidió y siguió su camino pensando en su amigo, el sentimiento de culpa afloraba en ella, pero se le pasaría por mantener lo que se propuso, pensaba que eso no era egoísta.

Lincoln trataba de recordar, no era normal que se haya desmayado, entre más y más trataba se hundía en ello e ignoraba que las personas esperaban que les atienda sus compras.

—¡Hey! ¡Despierta! —exclamó Tucker.

—¡Eh! L-Lo siento —comenzó a pasar los productos por la máquina registradora.

Eran casi las doce del día y se mantenía pensando en lo que había visto, lo poco que recordaba era ver a Sam y a alguien junto a ella. Se decidió a dejar eso por un momento porque desde hace días solo piensa en eso.

En uno de los periódicos de los estantes que no había sido comprado, se podía leer claramente que hablaba de la noticia de los cuerpos encontrados desollados en Mississippi, decía que la marca de mordidas en algunas partes de los cuerpos eran de personas.

Sam almorzaba pensando un poco en su amigo y más enfocada en la chica llamada Luna. En poco tiempo se dieron una relativa confianza, sentía como si ella fuera a alguien especial o quizás solo sea el hecho de que podía hablar de esas cosas con alguien que aparentaba su edad.

No le contó a su amiga sobre el Club de Fans porque su amiga le había dicho que tenía muchas ocupaciones. Se preguntaba qué harían en esa dirección que les dijeron que estaba un poco alejado del centro del pueblo.

Esa tarde solo pensaba en que ya llegara el fin de semana, todo lo que le estaba pasando le decía que quizás las cosas se vuelvan mejores, quizás es el momento donde todo iría viento en popa. Empezaba a confiarse.

Pasaron las horas y ya estaban Lincoln y Sam en la escuela nocturna, ni se saludaron, ni se hablaron, hicieron todo de manera automática, estaban metidos en sus pensamientos, tanto así que se olvidaron del otro.

—Lincoln… Lincoln… —Clare le susurraba.

—¿Qué sucede? —le preguntó de la misma forma.

—Lo siento —se notaba apenada.

Lincoln sonrió y posó su mano sobre la de ella que estaba en su mesa, Clare no tardó en sonrojarse.

—Tú no tienes la culpa, yo desde hace tiempo quería decirle eso y me siento un poco mejor, gracias por el impulso —quitó su mano lentamente.

Clare entendió a su amigo y le sonrió de la misma forma, procedieron a seguir prestando atención a la clase. Lincoln esperaba que por lo menos su amiga se creyera lo que le dijo, esperaba que alguna persona creyera que él estaba bien.

Sam pensaba en cómo romper el hielo, desde hace días por lo menos Lincoln se nota que quiere dejar de lado eso, pero ella ni siquiera muestra el intento.

—… Mi abuela me dio unas galletas que hizo, tomen una cada uno —les invitó unas galletas caseras—, Watterson, tomá una también —el perrito saltó para tomar la galleta.

Estaban saliendo de la escuela nocturna, era jueves y las cosas no se veían más común de lo usual, en ese pueblo no sucedía nada extraordinario. No era un lugar libre de depravaciones, pero no era lo que imperaba.

—Yo me voy por este lado, nos vemos mañana, cuídense —se fue corriendo con su perrito.

Lincoln y Sam vieron a su amiga correr y perderse de su vista al doblar la calle, luego intercambiaron miradas y comenzaron a caminar, Lincoln caminaba delante de ella porque era el que solía abrir la puerta de la cochera.

Sam espero a que estuvieran en su hogar provisional para tratar de acabar con ese cambio impuesto de manera inesperada.

—Lincoln… ¿podemos hablar? —le dijo Sam sentada en el sofá.

—Por supuesto, déjame preparar la cena mientras hablas —se notaba calmado como si no hubiese pasado nada.

—¿Podemos dejar de estar así? —ahora estaba acostada bocarriba.

—Si es lo que quieres… por mí está bien —lo decía de buena manera.

—No es lo que yo quiero, es lo que ambos queremos, ¿acaso yo te mande a besarme? —lo dijo con molestia.

—No… ¿pero para qué hablar de eso? ¿No quieres que todo esté normal? Olvida eso —se notaba tan natural su respuesta.

Sam se enojó por ello y no quiso decir algo más, pensaba que Lincoln la quería dejar como la mala de la historia, pero era algo tonto por parte de ella.

En la cena, Sam comía con molestia, Lincoln solo cenaba mirándola con alegría, eso hacía que Sam masticara con más fuerza, su molestia se notaba a muchos metros… o al menos eso se podría decir como descripción.

A la hora de dormir, Sam seguía molesta, pero quería recordar que era la otra cosa de la que quería hablar con él. La molestia pudo más y se durmió por el dolor de cabeza que le surgió en esos momentos.

El peliblanco permanecía sentado en su cama, con su cabeza entre sus rodillas suspiraba muy triste, se dio cuenta que definitivamente nada sería lo mismo, pero necesitaba una señal definitiva de que las cosas con ella serían distintas en concreto, solo una señal.

En la mañana ambos despertaron con una mueca de tristeza, pero de nada valía estar así. Lincoln fue el primero en decir buenos días con una connotada alegría.

Sam se notaba aún molesta, pero se dio cuenta que eso era algo muy absurdo, parecía que Lincoln lo empezaba a entender.

—Buenos días —sonrió de la misma manera—, enano.

Llegó el fin de semana esperado, el viernes había sido muy agradable para ambos ya que se habían amistado nuevamente. Eso duraría poco.

Sam le dijo a Lincoln que iría a una reunión con unos tipos que eran del Club de Fans de Mick Swagger. Lincoln le dijo que la acompañaría porque la dirección a donde iba era cerca de donde debía dejar un encargo de Tucker.

Sam se fue a ese lugar que en realidad estaba en un gran sótano, Lincoln la vio entrar y también vio a una chica de cabello castaño ir en dirección de Sam, en ese instante su cabeza le empezó a doler, pero solo un poco. Dejó que el dolor se fuera lentamente y siguió su camino para realizar la entrega de una caja donde le dijo Tucker.

Esa caja pesaba un poco, pero no era algo que no pudiera llevar. Lo dejó en el lugar correspondiente, un hombre se lo recibió y le dio las gracias. Lincoln recordó que ese hombre hace varios días le había pedido la dirección de la estación de radio. No lo reconoció a él porque llevaba una gorra.

En el lugar muchas personas estaban ansiosas de lo que harían, habían hecho un escenario donde estaban acomodando algunas cosas mientras la chica les tomaba la asistencia y anotaba a los nuevos.

—¿Estás ansiosa? —le preguntó de imprevisto.

—Sí… espero que nos digan lo que tengamos que hacer para conocerlo —le respondió con ansias a Luna.

—Solo no trates de resaltar tanto, ya sabes… cuando eres el centro de atención quieren quitarte de ese lugar —era su consejo.

—¿Pero ellos nos llevarás a todos, verdad? —lo dijo con desánimo.

—Escuché que habrá como una selección, pero para estar más cerca de Mick y hasta poder tocar con él —se notaba algo segura.

Los hombres se presentaron sobre el escenario después de hacer unos ajustes e iluminar un poco más ese sótano que parecía un teatro. Les dijeron que en primer lugar debían ser unas estrellas de rock y es por ello que debían someterse a ese cambio de aspecto.

Algunos optaron por las mechas turquesas, otros por las sombras púrpuras, querían mostrar su rebeldía y admiración por Mick Swagger.

—Te queda bien ese turquesa —expresó aquello con emoción.

—¿Tú crees? —eso la sonrojó mientras tomaba con sus manos sus mechones—, y a ti el púrpura —se expresó de la misma forma Sam.

—Oye, te perforaste las orejas —se lo dijo asombrada.

—¿Son geniales, no? Me ofrecieron eso y no dude en acceder —le mostró los tres pendientes alrededor de sus orejas.

—Yo solo me hice una perforación —le mostró sus dos pendientes.

Los tipos hicieron que todos les prestaran atención y que ahora necesitaban saber si allí tenían habilidades musicales, en otras palabras, querían ver qué tan buenas eran tocando sus instrumentos.

Les tomaron fotos a todos allí, de pies a cabeza, les dijeron que las necesitaban para las membresías del club, añadió que eso hacen todos los Club de Fans del país. Nadie dudó de las palabras de esos hombres tipos.

—Te dije que ellos nos querrán probar, no dudo que llegaremos lejos, friend —le decía eso mientras salían.

—Es genial compartir estos momentos contigo y nuestros demás compañeros, unidos por la buena música —se sentía tan diferente al decir eso.

Dejaban calle tras calle y se contaban sus cosas, como si la confianza ya hubiese existido con ellas. Luna le contó que venía con un amigo de su padre porque tenían gustos en común en la música, era el que la traía y llevaba de Nueva York a Kentucky. Sam se quedó sorprendida por el fanatismo de Luna hacia cualquier cosa que sea de la banda.

Sam le dijo que ella vivía solo desde hace mucho, pero de que sola es un decir porque vivía con un amigo. Al decir eso no se dio cuenta que lo decía muy feliz. Eso desanimó a Luna.

—Oh, es tu novio… —se notaba un poco triste.

—N-No… solo es un amigo… él tiene once años —no quería dar un malentendido.

—Oh… supongo que son muy unidos —recuperaba sus ánimos poco a poco.

—En parte sí… hemos estado juntos desde hace tiempo, pasamos de todo —en su rostro se reflejaba felicidad.

A Luna le pareció curioso las expresiones de Sam, porque decía que era su amigo, pero su rostro parecía que dijera que fuera algo más. No dio más pie al asunto y charlaron sobre lo del Club de Fans.

Algunos fines de semana, Lincoln ayudaba a Tucker a llevar algunas cosas las cuales compraban a domicilio, era pago extra y no quería perder esa oportunidad de juntar más dinero.

—Esa caja pesaba, ¿qué era eso? —se notaba curioso.

—Cuchillas de cocina, navajas… utensilios de carnicería… creo que montarán una esta ciudad o yo qué sé, solo se vende, no se pregunta —se notaba que estaba con humor de pocos amigos.

El muchacho salió de allí porque tenía que hacer más de esos y siguió hasta ya entrada la noche. Al irse a la cochera se topó con Clare, ella estaba paseando a Watterson.

—Así que… ¿aquí vives? —le preguntó su amiga mostrando una agradable sonrisa.

—Sí, no es lo mejor, pero tengo un lugar donde dormir —le respondió de manera amigable.

No se había dado cuenta, pero desde hace algún tiempo se ha hecho más amigable, ya no es tan retraído, se nota que socializa un poco más, ya no trata de mantenerse alejado.

Watterson se acercó a Lincoln con una pelota, quería que se la lanzara. La lanzó algo lejos, el perrito blanco corrió hacia dirección de ella.

Lincoln y Clare al seguir a Watterson, vieron a Sam y a una acompañante caminando en dirección a la cochera, se les notaba muy alegres. El peliblanco notó algo distinto en Sam, se veía muy feliz, ya no se notaba tan enojada como años pasados. Lincoln otra vez tuvo dolores de cabeza, pero más leves.

—Te acompaño hasta este lugar, le dije a Chunk que iría a su encuentro en quince minutos y ya me pasé dos minutos —Luna sin meditarlo mucho, le dio un gran abrazo a Sam que se sintió algo fuera de lo normal—. Cuídate girl, I see you.

—Lo-Lo mismo digo —se notó sorprendida.

Luna se fue corriendo de allí muy alegre, no esperaba conocer a alguien como ella, definitivamente se llevaba sus pensamientos su nueva amiga rubia.

Sam caminaba pensando en la tarde agradable con todas esas personas, ya contaba los días para conocer a Mick, les habían dicho que en dos o tres meses lo conocerían, pero eso tenía que ser discreto por el problema de los periodistas con sus notas sensacionalistas y todo eso.

—Sam… t-te ves… t-tan —trataba de no sonrojarse y no titubear.

—Te ves distinta, te queda muy bien, eres una chica rebelde —Clare fue más directa—, hasta Watterson está encantado —el perrito solo ladraba de alegre por ver a Sam.

—Gracias, lo necesitaba para ser una miembro del Club de Fans de Mick —lo dijo con altanería.

Clare sabía que ellos tenían que hacer sus cosas, se despidió de ambos y se fue jugando con Watterson.

Sam entró junto a Lincoln para descansar, ambos se notaban cansados, aunque Lincoln no dejaba de estar absorto por la nueva apariencia de Sam. La rubia se dio cuenta de que su amigo no le quitaba la mirada.

—¿Tengo algo en el rostro o qué? —fingió incomodidad.

—N-No solo que… es sorprendente verte con ese mechón turquesa… se te ve bien —miraba a otro lado para responder.

—S-Supongo que debo darte las gracias por el cumplido —se fue al baño a ducharse.

La miró de pies a cabeza, era tan hermosa, parecía inalcanzable, parecía muy feliz con su nuevo entorno, parecía que alguien empezaba a sobrar en el camino del otro.

Las semanas pasaban y las cosas cambiaron de una manera acelerada, Lincoln no pensó que su amiga comenzara a frecuentar más a su Club de Fans o mejor dicho a sus nuevas amistades. Era normal, él aún era un preadolescente, ella ya estaba cerca de la mayoría de edad.

Pasaba más tiempo conversando con Clare que con Sam, su amiga empezaba a llegar tarde los fines de semanas y algunos días a su empleo. Sam era amigable con su amigo todavía, pero la confianza se iba mientras avanzaba el tiempo. Los vicios empezaron a entrar en su vida.

Un sábado por la noche, Luna invitó a Sam y a otras amigas, después de la reunión con el club, para ir a un club nocturno. Le dijeron que no todas eran mayores de edad, pero Luna les dijo que eso no era problema.

Entraron al club con identificaciones falsas, previamente se vistieron y maquillaron de una manera que pudieran engañar a los de seguridad de la entrada.

Dentro del lugar era otro mundo, gente en la pista de baile moviéndose al ritmo de la música u otras pasando el momento bebiendo algo y otros fumando. Todo parecía una fiesta eterna.

—Se nota que nunca han entrado a un lugar así, cuando conozcamos a Mick y a su banda, estaremos de la misma manera, todo será una celebración, cada día y cada hora —les aseguraba una vida de excesos sin preocuparte por ello.

Luna conversaba alegremente con Sam. Unos chicos se acercaron a las chicas para bailar, solo Sam y Luna no aceptaron ir porque preferían seguir platicando.

No estaba segura la rubia si en ese momento, por culpa del alcohol o aquellas pastillas que se tomó, Luna actuaba de una forma que la incomodaba. Pareciera que quería seducirla. Al estar ebria en ese momento no sabía si lo había captado bien o mal.

Todas bebieron de más y salieron muy tarde de ese lugar. Sus padres estarían molestos con ellas.

Chunk esperaba a Luna en la furgoneta, ambos se cubrían de algunas cosas que hacían, y esta vez era turno de él para cubrir a Luna.

—Sam… e-eres muy bonita… —estaba muy ebria.

—G-Gracias… tú también —le respondió eso de manera automática.

—Pero t-tú más —Luna hizo un alto para acariciar el rostro de Sam, pero el sonido de la bocina la trajo a la realidad—. ¡Me tengo que ir!

—B-Bueno… adiós —dijo Sam que trataba de entender lo que había sucedido.

Sam trató de guiarse mirando la acera, pero todo se movía para ella. Mientras caminaba, unos tipo se le acercaron con motivos no tan buenos.

—¡Sam! ¡Ya es tarde! —le tomó la mano con fuerza y la sacó de esa parte de la acera.

Los tipos se quedaron mirando como un niño se llevaba a la chica como si la fuera a regañar. Se rieron y siguieron bebiendo.

Lincoln se notaba molesto, Sam solo lo seguía, en estos momentos ella lo veía de una forma adorable y un poco atractiva, difícilmente lo notaba molesto.

—Son más de las dos de la mañana, Sam —la sentó en el sofá—. Si no llegaba… esos hombres… no quiero imaginarlo — se sentó al lado de ella triste.

—Eres tan lindo cuando estás enojado —le tomó de su rostro—, te mereces un premio.

Le dio un beso en sus labios, en menos de unos segundos, Lincoln se salió de eso, por mucho que lo haya querido.

—Sam… ese grupo… ese club… te están cambiando —se lo dijo tomándole sus manos.

—Idiota —solo dijo eso.

—¿Qué? —no entendía.

—Ahora que te doy un maldito beso, ya no lo quieres, no te entiendo, tonto —se levantó con las pocas fuerzas que tenía—. Ellos tienen cosas en común conmigo… soy mayor que tú… no lo entenderías… —mientras se iba a su cama seguía hablando— las cosas van para bien… ya no tengo que preocuparme tanto… te recomiendo buscarte una nueva amiga… yo ya encontré mi bienestar.

Lincoln se quedó acostado en el sofá y con la radio encendida, quería que algo lo distrajera porque no quería creer que perdería a su amiga, no quería creer que, su amiga, se confiara tanto de lo bien que le iba.

El tiempo pasaba y Sam tomó su distancia con Lincoln, el trato volvió a ser solo de un hola y adiós. Cada uno hacía su vida desligada un poco del otro.

Ya faltaba poco para que ella fuera a conocer a Mick Swagger, todos los chicos en el club estaban ansiosos porque irían juntos y algunos irían para demostrar su talento, entre ellos estaba Luna y Sam.

—Está tan cerca, la buena vida, sin preocupaciones, salvo la de divertirse y rockear como si no hubiera un mañana —expresaba su anhelo Sam.

—Lo mismo digo Sam —y sin pensarlo le robo un beso.

Sam se separó de Luna apenas sus labios de ella tocaron los suyos. Luna se notaba algo nerviosa.

—T-Tú me gustas —le decía Luna muy nerviosa.

—L-Luna… y-yo —estaba absorta y no sabía qué más decir.

—Sé que es algo no tan común, pero siento que somos almas gemelas —lo decía tomándole las manos.

—L-Luna… a mí m-me g-gustan los chicos… —no podía evitar titubear, quitó sus manos del agarre de su amiga.

—Nadie dice que si te gusta uno… no te puede interesar tu mismo sexo… nadie dice que no puedas experimentar —comenzó a acercar su rostro con el de Sam.

Sam se fue corriendo de allí, se notaba mucha incomodidad en su rostro, pero se preguntaba por qué tembló, por qué titubeó, por qué no pudo decir simplemente no, ¿por qué?

Luna suspiró de tristeza, había llegado tan lejos y ahora posiblemente perdería la amistad con Sam… pero si no la perdía, nada iba a ser lo mismo.

Sam entró a la cochera y se sentó en el sofá para pensar lo sucedido hace minutos. No se dio cuenta que Lincoln estaba a su lado, pero él ni se inmutó.

—Hola —fue lo único que dijo el muchachito.

Sam al dejar de pensar en Luna, se dio cuenta que Lincoln estaba calentando la cena para ambos, sin embargo, no comió en la mesa, prefirió salir afuera y comer bajó la noche. No entendía porque hizo eso, pero comió en la mesa para no ser desagradecida con su amigo.

Lincoln recordaba esos bonitos momentos cuando él y Sam comían a veces bajo las estrellas en Kansas. Era un vago recuerdo de los inicios de cuando ellos empezaron a entregar las cajas de Flips a sus compradores de la salida de la ciudad. Con las bicicletas y los carritos, ellos llevaban las cajas y su cena para comer en la parte alta de un granero abandonado. Él hablaba y Sam solo lo escuchaba porque no le daba ganas de hablar. Ahora solo eran recuerdos, pero no siempre podía vivir de ellos.

—Lincoln… posiblemente me vaya y no vuelva… ya sabes como vivir… como sobrevivir… espero que te vaya bien —le dijo un día antes de hacer unas últimas pruebas con el Club de Fans—. Por fin he encontrado mi bienestar… espero que encuentres el tuyo.

Se quedó en silencio, no necesitaba que se lo repitiera, se fue a trabajar, no la ignoró porque le sonrió y con tranquilidad caminaba a su empleo.

Era sábado y Lincoln arreglaba los estantes de la tienda, las palabras del día de ayer de Sam no desaparecían. Un titular del periódico se llevó su atención.

Los cuerpos encontrados en ese pueblo de Mississippi fueron desollados por una posible organización de vendedores de órganos y ligados a posibles caníbales, nada era asegurado al cien por ciento. Lincoln se asqueó con lo leído, pero no dejó de leer. Fue a buscar el artículo completo y se enteró que los cuerpos fueron encontrados en un lugar abandonado a las afueras de ese pueblo y que en el lugar se encontraba toda clase de cuchillas desde cirugía hasta de cocina. Se cree que es una organización porque encontraron grandes cantidades de cuerpos con un tiempo de descomposición similar, la mayoría eran jóvenes.

—¡Hey! Sabes que si lo lees lo compras —le dijo Tucker.

—L-Lo siento —miró su reloj—. Ya acabé —le dio los centavos del periódico—, me voy.

Al salir fue donde quedaba el club, no podía ser tan similar a lo que ha visto todo este tiempo, Sam no podía estar en peligro como aquella vez en Kansas. La historia se repetía, pero esta vez no pudo interceptar a tiempo lo raro que era ese club. Pero pensaba en muchas cosas y no había pruebas concretas.

—¡Linc! —Clare fue tras él, lo notó muy horrorizado.

Lincoln no la escuchó solo quería verificar que todo estuviera bien con Sam, no quería creer que aquello les sucedía a ellos… ¿acaso el mundo siempre sería un asco? ¿Acaso ellos estaban malditos por tener unos pasados horrendos? No le interesaban en ese momento las respuestas, solo su amiga importaba.

Lincoln tocó con fuerza el timbre, pero nadie contestaba, hasta que un señor de una tienda de al lado le preguntó por qué tanta desesperación.

—¿Aquí no se reúnen unos chicos? —se notaba asustado.

—Sí, pero ya no hay nadie —le respondió.

—¿Por qué? ¿Sabe a dónde se han ido? —estaba impaciente.

—Tranquilo, se llevaron todo esto en varios vehículos, pero no habían chicos hoy, ni un chico ha venido, solo los propietarios de lo que había dentro de ese sótano —fue lo único que sabía.

Lincoln se fue sin agradecer, sabía que Luna iba a este lugar, no podía haber otro lugar de reunión, no obstante, solo le dijo que se iba para no regresar. Quizás solo proyectaba su no aceptación por la pérdida de su amistad.

—Lincoln, yo vi a Luna —dijo Clare.

—¡¿Dónde?! ¡¿Por donde?! —la tomó de los hombros de forma violenta.

—¡Cálmate o no te diré! —estaba enojada, Watterson le ladró a Lincoln.

Se sentó en el borde de la acera, quería pensar que su amiga estaba en otro lado, pero esa noticia no lo dejaba tranquilo, más cuando hace semanas entregó esos utensilios de carnicero que le compraron a Tucker.

—La vi por la escuela —le dijo al notar una poca tranquilidad.

Recordó que la escuela estaba cerca de fábricas abandonadas, debía ser por una de ellas. Sin meditarlo fue corriendo allí. Clare solo lo siguió, lo notaba muy intranquilo, asustado, preocupado.

Lincoln entró a esas fábricas abandonadas con cautela, eran solo tres y estaban cerca, le dijo a Clare que se quedara fuera, pero ella no le hizo caso y entró junto a él.

Después de unas horas revisando, no encontraron nada, ni Watterson pudo con su olfato encontrar rastro de alguna persona.

—¿Qué sucede, Lincoln? ¿Sam está mal? —le preguntó muy intranquila.

Solo le dio el periódico mientras él pensaba en dónde podía estar su amiga, pero su cerebro no le daba para tanto en esos momentos. Se sentía inútil. Clare se horrorizó con esa noticia, no entendía qué tenía que ver con Sam.

—Si le doy algo de Sam para que olfatee Watterson, ¿podrá encontrarla? —le preguntó con impaciencia.

—Sí… supongo —no estaba segura.

Lincoln tomó de su mano a Clare para que fuera con él a la cochera, allí sacaría una prenda de Sam para que Watterson olfateara. Su amiga no podía irse, no sin despedirse.

Sam despertaba adolorida, estaba atada junto a Luna, todo el lugar estaba en una casi completa oscuridad. Habían otros chicos atados al lado de ellos.

—N-Nos mintieron —decía con lágrimas Luna.

—¿Qué sucedió? —preguntó Sam muy confundida.

—Vi como mataron con mis propios ojos a Chunk, pero lo peor que vi fue como lo descuartizaron, —estaba hablando con un rostro de demente— fue horrible… solo quería preguntar a dónde nos llevaban después de este lugar… —no dejaba de llorar.

—¡¿Qué?! —no podía creer lo que escuchaba.

Una puerta de metal se abrió y unos hombres se llevaron a un grupo de muchachos que estaban atados con cadenas, se lo llevaban a lo que parecía ser un nivel más bajo del sótano.

Cuando Sam y las demás posaron sus ojos en la puerta abierta, se horrorizaron al ver ese paisaje digno de un relato de terror. Cuerpos mutilados, chorreantes de sangre, desollados, despedazados y lo peor fue ver como la chica que estaba con esos tipos estaba mordiendo lo que sería el brazo de una chica, parecía una bestia devorando lo poco que quedaba de su presa.

—Vamos a morir y de una forma bestial y estúpida… —comenzó a sonreír, pero no por lo malo— si lo piensas bien… era algo absurdo el que nos quisieran invitar a todos con la banda… recuerdo que en ese vídeo que nos mostraron había algo raro en Mick y eso era que él nunca se deja grabar fuera de los escenarios, al menos que fueran personas muy cercanas a él… no somos tan fans que digamos… eso lo dijo en una entrevista y lo olvidé— no le gustaban las grabaciones caseras ajenas a sus seres queridos y amigos… —se sentía débil.

—Luna… —notó que su amiga se sentía estúpida por caer en algo tan falso.

Sam ahora pensaba en Lincoln y en lo confiada que se sintió, ella olvidó lo que la experiencia le había dejado claro, las cosas mucho mejores necesitan una gran retribución. No todo podía ser fácil en ese asqueroso mundo.

—¿En qué piensas? —Luna se notaba más tranquila.

—En una persona especial —lo dijo con lágrimas.

—Es bueno morir… pensando en aquella persona especial, pero también es bueno morir con un bello recuerdo —lo dijo Luna mientras acercaba su rostro con el de Sam.

—L-Luna… —no sabía qué hacer.

—Vamos a morir… por favor… se gentil conmigo… por favor… quiero irme teniendo la sensación del sabor de tus labios —Luna estaba muy segura de que iba a morir, sus labios estaban muy cerca de los de Sam.

Lincoln tomó la playera de Sam y se la dio a Watterson, ya era muy de noche. Watterson comenzó a irse por un lado que Lincoln le pareció extraño.

Caminaron por varios minutos hasta estar a unos metros de una fábrica abandonada. Lincoln recordó que vio a esos sujetos que le compraron cuchillos por estar aquí un día que Tucker lo mandó a hacer una entrega.

—Clare… ve a la estación de policías y diles que viste a personas aquí… inventa algo que haga que vengan en cantidad… —le señaló el periódico— diles que han matado a alguien y que tiene que ver con eso… —estaba temblando y a respirar de manera agitada— o no sé, pero que vengan —la miró otra vez—. No les digas sobre mí o Sam, por favor.

Comenzó a caminar con sigilo para meterse a la fábrica, él sabe que las fábricas abandonadas tienen partes donde se puede entrar con facilidad. Clare solo lo vio ir y se apresuró a ir con Watterson a la estación de policías.

Entró por un lado donde había un agujero entre las mallas de metal, notó que no había nadie allí en la entrada, no lo pensó mucho y entró rápido, pero tampoco había nadie allí. Todo estaba oscuro, sin embargo, escuchó alaridos, gemidos de dolor, todo eso provenía de una puerta que dirigía a un nivel abajo.

Bajó tratando de no hacer ruido, estaba seguro que no había nadie por donde entró. Al pisar en la oscuridad, sintió que era agua lo que pisaba, pero al ajustar su vista a esa oscuridad, notó que era sangre brotando de lo que había en la mesa. Era algo demasiado turbio, era como un paisaje del infierno al estilo de esas pinturas antiguas.

Toda esa oscuridad le hizo llegar recuerdos de aquella vez que había sido engañado por Meli y terminó siendo vendido a esas personas, cómo soportó esos días la oscuridad de los actos y del sitio con la poca luz que entraba y tenía en sus pensamientos, Sam era lo más recurrente en esos momentos, era lo que lo mantenía vivo, el que ella no estuviera ahí le ayudaba a sobrevivir, aunque su cordura se deteriorara.

Se mantuvo caminando porque el camino era largo y frente a él había una puerta de metal donde se escuchaban llantos. Tenían que haber chicos allí, solo rogaba a Dios que su amiga esté viva.

Al posar su vista en lo de adentro, se dio cuenta que habían chicos y chicas asustados, pero no encontraba a Sam. Lo que lo dejó muy atónito fue verla besando a Luna.

—G-Gracias —dijo la castaña.

Sam ya no le daba importancia a lo que pasara después, pero algo le dio esperanzas, fue el ver a un chico liberando a sus compañeros de esas cadenas con un pequeño alambre.

—L-Lincoln —no podía creer que fuera él.

—Silencio, no tenemos tiempo —se notaba que algo no andaba bien en él.

Liberó a todos los de allí y les dijo que lo siguieran, pero en ese momento la chica subió con intenciones de llevar a un grupo más a ese subnivel.

No pensó mucho y empujó una de las mesas donde estaba la chica, los chicos, heridos y golpeados, ayudaron a Lincoln en golpear a esa mujer con esa mesa. Los demás no tardaron en darse cuenta que algo pasaba allí.

Mientras corrían a la salida, se escuchaban las sirenas de la policía, todo no estaba perdido en esos momentos. Los desolladores escucharon las sirenas y procedieron a salir por una puerta trasera. La policía terminó por encontrarlos antes de que pudieran escapar de la ciudad.

—Por favor, no digan que estuvimos aquí, nos ganaríamos problemas por no tener familia —dijo Lincoln que se llevaba a Sam por un lado donde había hierba alta.

—Adiós, Luna —dijo Sam con remordimiento.

Clare llegó en un momento donde agentes del FBI llegaron para hacer las respectivas investigaciones. Les contó que había escuchado gritos en una fábrica abandonada y había visto a personas sospechosas dentro de allí. Precisamente ese testimonio era parecido al de un chico que dio a la policía de Mississippi.

Se movilizaron junto a la policía del lugar, el punto era rodear el lugar antes de que algo se les pudiera escapar, si es que era verídico el testimonio de la niña. Clare solo esperó en la comisaría, pero tenía que llegar temprano a su casa o su abuela se preocuparía.

Al estar cerca vieron a varios chicos golpeados y manchados de sangre, ellos les dijeron que posiblemente haya más chicos vivos porque una de ellas vio que los tenían en otro almacén.

Los oficiales encontraron a la chica de esa organización inconsciente y, junto a ella, toda esa pila de cadáveres mutilados y degollados, revisaron pasajes y niveles bajos. Todo parecía una pesadilla como para ser real. A varios cuerpos les faltaba órganos y a otros les habían comido hasta los dedos. En las noticias los conocerían como los caníbales de Kentucky.

Lincoln llevó a Sam a un río cercano y la sentó en la orilla, trajo un poco de agua en sus manos y le lavó sus manos, rostro, sus tenis. Era demasiado delicado con el trato a su amiga.

Sam solo lo miraba estupefacta y con culpa, no sabía qué decir, había hecho las cosas peor. Lo iba a abandonar como lo hicieron con ella, se confió y contradijo todo lo que le enseñó al comienzo de sus viajes, le dio un trato peor que cuando no eran amigos.

—Lincoln… g-gracias —no sabía qué más decir.

—No es nada… es lo que hacen los amigos… los amigos son como hermanos, te protegí como si fuera un hermano que protege a su otro hermano… ¿no fue eso lo que me dijiste? —no la miraba a su rostro.

—Lincoln… ¿acaso tú me vist… —fue interrumpida.

—Vamos, no quiero ser encontrado como sospechoso junto a ti, ir a la policía y que nos lleven a un orfanato, ¿quieres eso? —se lo planteó con seriedad.

Lincoln le dio su mano y hombro a Sam para caminar ya que ella estaba adolorida y herida como para hacerlo sola.

Caminaron con tranquilidad, Sam quería hablar, pero las palabras no salían, quería decirle cuánto lo quería, cuánto se negó a creerlo, lo mucho que pensó en él cuando pensó que su fin llegaría.

—Ya no estamos en peligro, voy a adelantarme para preparar la cena, debes estar hambrienta —desde que la rescató no la miraba a los ojos, se notaba que temblaba mucho.

—Lincoln… yo lo sient… —no pudo terminar la frase porque su amigo se fue corriendo.

El peliblanco empezó a llorar porque ese beso que vio era la señal que consideraba definitiva al cambio que se veía en ese tiempo. La señal de que las cosas con Sam serían distintas.

Sam se quedó parada viendo como su amigo se iba, como le rompió el corazón a su amigo, explicarle sería algo de más, ya lo había hecho sufrir bastante, ya no podía hacerlo otra vez. Todo lo que cargaban y no tenían más de diecisiete años.

—Lo siento, Lincoln —dijo en voz baja y llorando a cántaros.

Miró al cielo y notó que estaba despejado y a la vez no, las nubes no se quedaban estáticas, nada estaba seguro, eso era un hecho...