Disclaimer: Todos los personajes conocidos son de JKR


¡Un poco atrasada, pero ahí vamos!

Reto FICTOBER, 2020 del grupo "Yo también estoy esperando un nuevo capítulo de Muérdago y Mortífagos"

Día 8: Gafas


Advertencia de contenido: Hay un poco de historia en el lemon que están a punto de leer, si no es lo tuyo o eres muy joven, por favor, pasa.


De bienvenidas al nuevo milenio

.

.

Malfoy la miró fijamente unos segundos antes de asentir. Sus manos todavía en sus caderas, sus cuerpos demasiado juntos, sus alientos entremezclados.

Se giró para quedar frente a él.

Se miraron por unos largos segundos.

Alguien pasó y le colocó unas ridículas gafas con un 2000 en diamantina a Malfoy. A Hermione alguien le puso una corona seguramente igual de ridícula.

Soltó una risa, realmente era ridículo y rompía la tensión del momento.

Malfoy sonrió de lado y le acomodó la corona.

Bueno, eso duró poco, es decir, la tensión había regresado.

—Vámonos.

De alguna manera lograron alcanzar la puerta. El frío del exterior era abrumador. Y también el silencio cuando la puerta se cerró a sus espaldas.

—Deberíamos… deberíamos…

Sin dejarle decir una palabra o arrepentirse, Malfoy tomó su mano y se desaparecieron.

Aparecieron en la oscuridad de un piso, tenuemente iluminado por las luces del exterior. Estaban cerca de la mirada, así que echó un vistazo al exterior. Una vista panorámica de Londres se extendía sobre ella. Impresionante y soberbio… y predecible para ser Malfoy.

Se giró, sintiéndose repentinamente nerviosa. Ella no solía hacer estas cosas… era demasiado impulsivo, imprudente… no le avisó a nadie que se iría. ¿Y si la buscaban? ¿Y si se preocupaban? Comenzó a temblar, dándose cuenta que había dejado su abrigo inútil abandonado en alguna sala. Aquí estaba a temperatura ambiente, no había cuerpos sudorosos que la abrumaran… la cabeza comenzó a aclarársele.

Esto, esto era una muy mala idea.

¿Verdad?

Al parecer su conciencia se había tomado unas vacaciones…

El departamento se iluminó tenuemente. Pisos y paredes de concreto, colores oscuros en los muebles de metal y madera, todo tan industrial… Tenía el aire decadente de lujo implícito, sin embargo, el sitio gritaba otra cosa, ¿sería una bodega? ¿un antiguo almacén de té? Era obscenamente espacioso, de techos altos… pero si la vista era de todo Londres…. Entonces no, no era un almacén. Solían ser espacios de un nivel… Y por la ubicación, debería estar en…

Sus pensamientos se detuvieron, había comenzado a dar vueltas por todo el piso y Malfoy se limitó a observarla, jugueteando con sus gafas ridículas de papel, dejándola satisfacer su curiosidad. Pero ahora se había acercado y la sensación de su cuerpo que transpiraba tan cercano la descolocó. Aspiró con discreción. La misma colonia fuerte del colegio. Quiso cerrar los ojos y enterrar su cara en su pecho, olisqueándolo hasta la saciedad.

Le tendió una copa de vino.

Ella la aceptó y dio un sorbo justo cuando Malfoy se arrodillaba frente a ella. Casi escupió el trago.

Pero Malfoy ahora rodeaba su tobillo con su mano, haciéndole algo a su zapatilla y luego a la otra. El toque de sus dedos en su piel envió escalofríos placenteros que la hicieron mojar. Él miró hacia arriba, se lamió los labios en una media sonrisa y ella tuvo que tragarse el vino para no pensar en todo esto. Luego se puso de pie y le tendió la mano.

—Creo que estarías más cómoda sin tus tacones.

Hermione miró hacia abajo y comprendió, le había desabrochado las zapatillas. Tomó su mano con cuidado y se deshizo de los zapatos altos. Casi gimió de placer al sentir su postura regresar a la naturalidad.

Malfoy le sonreía.

Ella le sonrió.

Malfoy se acercó.

Ella dejó su copa por ahí.

Se miraron.

Y luego sus labios se encontraron.

Fue como regresar a casa después de un viaje de negocios. Te hacía apreciar la suavidad de sus labios, la forma en que sus lenguas se reencontraron fue delicioso.

Hermione creyó olvidarlo, olvidar sus labios, su sabor y la sensación excitante de besarlo, pero su cuerpo no. Su memoria táctil la hizo deshacerse mientras él la acercaba a su cuerpo y su olor se hacía más intenso, abrumadoramente delicioso.

Se estaban besando como si nunca hubieran dejado de hacerlo. Sus manos enredándose en su cabello fino, despeinándolo un poco más. El cuerpo de él estrujándola contra el suyo, vagando por su cuerpo como nunca antes lo había hecho… Y de pronto, él la había cargado y la apoyaba en algún mueble elevado, escuchó algo resbalar a su lado y estrellarse, a ninguno les importó.

Su lengua se adentró una vez más en su boca, explorándola a fondo, acariciando, incitándola a abrir sus piernas para él, acercarlo a su centro, tan físicamente cerca como fuera posible.

Su vestido se había subido hasta la mitad de sus muslos para cuando sus manos lo soltaron. Se alejó en busca de aire, se sentía una quinceañera aprendiendo a besar. Recargó la cabeza en la pared y sintió el frío. Abrió los ojos, no, no era una pared, era un gran ventanal contra el cual estaba apoyada. Quiso mirar un poco más, orientarse, pero Malfoy tiró de su cabeza hacia un lado y besó su cuello, arrastrando sus dientes a lo largo, desde el lóbulo de su oreja hasta la clavícula. Soltó un gemido bajo mientras sus piernas se enredaban en su cintura, atrayéndolo.

Las manos de Malfoy seguían en su cabello, frotando suavemente su espalda, demasiado suavemente. Y Hermione necesitaba más.

Buscó a tientas sus manos y las apretó contra sí, pasó su lengua por sus labios, abriéndole la boca, incitándolo y las manos de Draco comenzaron a moverse por sus caderas, llenándose de su trasero. Amasándolo, separándolo, empujando su vestido más arriba.

Malfoy la empujó hacia atrás, la tira de su vestido resbaló y Hermione gimió mientras lo sentía besar su hombro, gemir contra su piel. Abrió los ojos y miró hacia arriba, su mano se deslizó hacia atrás, buscando estabilidad y entonces los vio.

Vio su reflejo en el ventanal. Él apoyado contra ella, restregando sus caderas mientras sus manos se perdían en su trasero y subían por su espalda, ella recostada en el frío cristal, mirándolos. Una corriente de excitación la inundó y comenzó a desvestirlo, luchando contra sus botones, quizá reventando algunos.

Su otro tirante resbalo y de pronto se sintió más descubierta. Malfoy tiraba del vestido, buscando cómo abrirlo. Ella soltó una suave risa y lo empujó. Malfoy levantó la mirada, confundido.

Por Merlín, estaba con la camisa abierta y los labios hinchados, el cabello más alborotado y los ojos salvajes. Respiraba con dificultad mientras ella lo empujaba y se ponía de pie. El suelo frío le endureció más los pezones.

Se mordió el labio y tiró de la cremallera oculta de su vestido al lado de su cadera. Malfoy tragó y pasó una mano por su cabello. Casi sonrió por el gesto de nerviosismo.

Luego, se adelantó y la detuvo cuando comenzó a deslizar su vestido.

—Yo… yo… déjame hacerlo a mí —dijo Malfoy con la voz ronca mientras alejaba sus manos. Hermione sonrió y lo dejó. Cerró los ojos mientras el vestido se deslizaba por sus hombros, sus manos acariciaron sus hombros y trazaron un camino hacia sus costillas, sus pechos rebotaron en total libertad. Soltó un gemido cuando sus manos se enredaron en su cintura y luego bajaron hacia sus caderas. Dejándola en bragas.

Hermione abrió los ojos y lo miró con atención. Pero Malfoy estaba perdido en su cuerpo, acariciándola, pasando sus nudillos por la cintura, acariciando superficialmente sus pechos desnudos y tirando de su pequeña ropa de encaje negra.

Se mordió los labios y comenzó a desvestirlo. Tiró de su camisa y luchó con su cinturón. Malfoy soltó una risa mientras lo deshacía por ella. Se puso de puntillas y se besaron. Las manos de ella vagando por sus hombros, su torso, sus uñas haciendo su propio camino. Sintió el estómago de Malfoy contraerse cuando tiró el cinturón al piso y jugueteó con sus botones.

Sus besos eran profundos para cuando él tiró de ella hacia adelante y se fundieron en un abrazo.

Habían dejado de besarse y sólo se mantenían abrazados, uno sosteniendo el peso del otro. Su cabeza enterrada en su pecho y los brazos de él rodeándola con fuerza. No se había dado cuenta de cuánto extrañaba escuchar su corazón mientras sus manos le rodeaban la cintura y él la cubría con sus brazos.

Fue como volver a respirar después de casi morir asfixiada.

Ahora era más alto y menos delgado, más duro donde antes era suave y ella ahora tenía curvas donde antes había un bosquejo. Su piel ardía contra la suya, su corazón latía tan rápido como el suyo y la sensación de su piel desnuda contra la suya era abrumadora.

Suavemente, levantó la cabeza y sus bocas se unieron, se besaron como viejos amantes mientras sus brazos se mantenían fuertemente en el otro.

Y luego, ella tiró de él, una pregunta muda en sus ojos.

Draco la dejó liderar el camino y luego abrir una puerta para ella.

Escuchó los zapatos de él caer, su pantalón resbaló mientras ella se giraba y sus bocas se encontraban. La recostó en la cama y avanzaron hacia el centro entre besos y caricias.

Hermione se había sentado a horcajadas, cada pierna alrededor de él, besándolo y dejándose tocar, estaba demasiado húmeda para cuando se deslizó hacia abajo, rozando su miembro todavía cubierto. Se removió ligeramente mientras su centro era apretado por su miembro erecto. Ambos soltaron un gemido mientras sus bocas se buscaban en un beso desordenado.

Draco levantó la vista y sonrió mientras la contemplaba. Sus ojos la bebieron, desde su cabello seguramente salvaje, su cuello y sus pechos desnudos, su cintura y sus bragas. Pasó las manos por sus rizos, acarició su mandíbula y Hermione rodó las caderas, presionándose contra él, lo vio abrir la boca y empujar hacia arriba mientras sus manos se enredaban en su cuello y un dedo se deslizaba entre sus labios.

Hermione lo tomó con fuerza. Cerró los ojos mientras succionaba, sus caderas empujando contra las suyas y los abrió cuando dejó que su lengua se asomara y acariciar su pulgar.

Draco gimió mientras se dejaba caer hacia atrás. Rindiéndose a ella.

Levantó su otra mano y chupó sus dedos, para llevarlos húmedos hacia sus pezones.

Hermione se retorció y echó la cabeza hacia atrás. Sus bragas eran un desastre. Sentía su humedad traspasarlas y resbalar, goteando hacia la ropa interior de Draco.

Sus manos llenaron nuevamente sus pechos y ella se apoyó en su torso para rodar contra él. Draco tenía los ojos vidriosos mientras ella sentía su erección contra ella, luchando por romper las barreras físicas.

Soltó un gemido y se bajó de él. Deslizó su desastre de encaje con patadas y gateó hasta Draco, ayudándolo a tirar de sus bóxers hacia abajo. Draco estaba apoyado en sus codos, mirándola fijamente.

Hermione se sintió un poco cohibida mientras volvía a subir a la cama, por primera vez consciente de que estaban totalmente desnudos. Por primera vez en su vida.

Draco tomó su mano, como si supiera lo que estaba pensando y la sentó encima, de nuevo.

Comenzaron a besarse mientras él pasaba sus manos por su espalda, acariciando con las yemas de sus dedos su espalda, arqueándola. Se llenó las palmas con su trasero, separándolo, abriéndola, estrujándola. Soltó un gemido mientras su boca besaba su cuello, succionando, mordiendo y estremeciéndola cuando tocó el punto sensible en su clavícula.

Ella besó su cuello, acarició el lóbulo de su oreja con su lengua y gimió suavemente contra él. Lo sintió removerse, gemir contra su piel, empujarla contra ella. Hermione rio suavemente en su oído mientras su mano bajaba entre ellos.

Dejaron de respirar para cuando Hermione tomó su miembro entre sus dedos y lo acarició, guiándolo hacia su centro. Estaba sentada encima de él, una de sus manos aferrada a sus hombros, equilibrándose mientras con la otra acariciaba su miembro y lo pasaba a través de sus pliegues, humedeciéndolo. La cabeza hinchada rozando su clítoris mientras lo pasaba una y otra vez.

Cerró los ojos mientras la sensación de su erección contra su punto más sensible se volvía una realidad.

Había soñado con esto desde el momento que descubrió la masturbación en la soledad de su cama con dosel, desde el momento en que sus besos ilícitos la dejaban necesitando más…

Y era exquisito.

Draco apenas estaba respirando mientras miraba hacia abajo, perdido en el movimiento de su pene sobre ella, acariciándola, humedeciéndolo. Entonces Hermione abrió los ojos y mirándolo, comenzó a bajar sobre él, poco a poco, una lentitud dolorosa mientras sus ojos se mantenían fijos en él. Su labio mordido, su mano firmemente en su hombro y su respiración tan ligera…

Se estremecieron cuando terminó de deslizarse, completamente dentro de ella. La sensación era abrumadora, sentía su miembro erecto y duro dentro de ella, la calidez era vertiginosa y sus ojos en ella provocaban mil sensaciones que no podría describir, era tan… estimulante.

—Dios —gimió Draco mientras se dejaba caer hacia atrás. Hermione se lamió los labios, quería decir algo sarcástico, pero solo pudo estar más que acuerdo.

Comenzó a moverse con suavidad, sintiendo toda su longitud dentro. Las manos de Draco la acariciaban, adorándola. Pasó sus uñas cortas por su pecho y él se estremeció. Entonces se dejó caer en sus codos hacia adelante y comenzó a mover las caderas. Draco recorría cada parte de ella, desde sus piernas, sus muslos, su trasero, su cabello, su espalda. Sus bocas se encontraron en esta posición mientras se movía con mayor rapidez. Pronto él comenzó a empujar hacia arriba, encontrándola a la mitad del camino.

Sus manos en sus caderas, manteniendo el ritmo. Sus codos a cada lado de él, su boca cerca de su oído mientras ella gemía con suavidad.

—Dios, Hermione —gimió Draco cuando ella empujó con fuerza hacia abajo, sus manos se apretaron en su trasero, manteniéndola quieta—. Eres como te imaginé.

Hermione soltó una risa débil mientras se incorporaba y comenzaba a moverse de nuevo, tomando toda su erección en ella, empujándolo al punto donde se apretaba contra ella. Draco elevó sus manos sirviéndole de soporte. Sus dedos entrelazados mientras ella se movía arriba, su cabello alborotado y sus pechos rebotando. Las gotas de sudor resbalando por entre sus pechos, el sonido de sus cuerpos chocando, la humedad entre ellos… Y de pronto todo fue más fuerte, Draco elevó las caderas, empujando justo donde ella quería mientras se frotaba contra él.

Estaba gimiendo con fuerza y ni siquiera se había dado cuenta, Draco no apartaba la mirada de su rostro mientras ella se dejaba caer sobre él. Estaba tan cerca…

Él tomó sus caderas entre sus manos y comenzó a empujar desde abajo, con rapidez y fuerza.

Hermione soltó un gemido contra sus oídos mientras enredaba las manos en las sábanas.

Y de pronto estaba boca abajo y Draco encima, llenándola desde esa posición, podía ver el gran ventanal que tenía esta habitación, la ciudad brillaba afuera mientras buscaba una almohada y la colocada debajo de ella, elevando su trasero. Su pierna doblada hacia arriba, abriéndose.

—Oh, Draco —gimió. Sintió su mano apartando con torpeza sus rizos de la cara y tomándolos en un puño. Cerró los ojos mientras arqueaba la cabeza hacia atrás. La penetración era tan profunda… un poco más…

Lo sintió rodear su cuello con su mano y apretar ligeramente, ella llevó su mano hacia ahí y apretó un poco más, justo como le gustaba. Draco gimió en su oreja.

—Mírame.

Ella abrió los ojos mientras sentía sus músculos contraerse.

Elevó el trasero un poco más, permitiéndole llenarse de ella mientras su cuerpo se retraía. Quiso gemir, quiso gritar, tal vez sí lo hizo, pero se perdió en la sensación de su cuerpo estremeciéndose de placer mientras llegaba al punto más alto de placer. Se perdió en la sensación de placer que la alcanzó mientras sus pies se tensaban y arqueaba la espalda hacia él.

Y entonces lo sintió morder su cuello, gemir palabras ilegibles mientras la penetraba con fuerza. Apenas pudo enfocar la vista cuando él la empujó hacia abajo, contra las sábanas, su puño enredado con fuerza en su cabello, elevando su trasero. La tomó en este ángulo con fuerza, empujando su rostro hacia un lado, sabía que la estaba mirando mientras tiraba de su cabello y la penetraba, aferrado a sus caderas y ella mantenía el equilibrio contra el colchón, sus palmas extendidas, empujándola hacia arriba.

Amaba esta posición, era tan profunda… Todo se contrajo en ella.

No era posible.

No lo creía posible mientras él comenzaba a empujar más y más adentro.

Todo en ella se deshizo de nuevo mientras alcanzaba otro orgasmo. Sintió vagamente que tiraba de ella hacia atrás, descubriendo su rostro, girándolo hacia él. Estuvo consciente de su mirada en ella mientras llegaba de nuevo.

De alguna manera había perdido el equilibrio y estaba de nuevo contra el colchón gimiendo tonterías, viendo fuegos artificiales.

Luego, escuchó un gemido entre sus omóplatos. Draco estaba recargado en ella mientras sentía algo caliente salpicar en su espalda y resbalar por su trasero.

Lo escuchó suspirar y Hermione parpadeó, aterrizando de nuevo.

Sí, había fuegos artificiales en el cielo, no era su imaginación.

Era la ciudad llenándose del aire festivo del año nuevo.

Bienvenido, 2000, pensó mientras recuperaba la conciencia.

Draco estaba arrodillado a su lado, jadeante, mirándola. Hermione se giró y le sonrió. Él la limpió con cuidado, algo suave contra su piel.

Y luego, se recostó a su lado, atrayéndola tanto como pudo, besándola con suavidad.

Sus manos se movieron por su cabello, algo pesaba en su cabeza.

Hermione frunció el ceño y alzó la mano hacia su cabeza. Aún tenía la corona balanceándose entre sus rizos.

—Por Merlín —gruñó Hermione tirando de ella—. ¿He llevado esto todo el tiempo?

Draco rio y la ayudó a sacársela.

—Se me hizo muy sensual —comentó él mientras Hermione observaba la corona. Hizo un sonido despectivo y la arrojó por la habitación.

Draco volvió a reír y masajeó su cabeza con cuidado. Sus manos se deslizaron a sus hombros y la acarició. Hermione suspiró.

Sus dedos tronaron y se estiró como un gatito perezoso contra él.

Debería irse a su casa y mandar un mensaje a sus amigos, decirles que estaba bien… Pero estaba tan cómoda y cansada y se sentía tan bien recostada contra el pecho de Draco, escuchando su corazón latir.

Tal vez dormiría unas horas y se iría antes del amanecer. Sí, no había nada de malo en cerrar los ojos por unos minutos.

En el suelo, enredados entre la ropa, descansaban precariamente la corona de fantasía y las gafas de papel, silenciosos testigos de la bienvenida al nuevo milenio.


¿Qué les pareció?

Nuevamente, mil gracias por sus follows y favs y sus comentarios, los amo mucho.

Besos draconianos,

Paola