Francis
-¡Florence! ¡Florence!
-¿Sucede algo, hermano?
-Saldré un momento a casa de los Williams. Francine vendrá conmigo. ¿Gustas acompañarnos?
-Claro, saldré en un momento.
-Muy bien.
Bajo el pretexto de que mi padre estaba interesado en una de sus haciendas me dirigí a casa de los Williams, la verdad es que sólo tenía intención de saber algo sobre mademoiselle Madeline.
Su belleza me había cautivado a tal punto en el que tenía que verla de nuevo o me volvería loco, su recuerdo me persigue noche y día. Tal vez me crean un dramático ante tales confesiones, pero esa bella dama me tiene cautivado, quiero saber algo más de ella, ya que hasta ahora lo único que conozco sobre ella es su nombre.
Por fin llegamos a la casona, fuimos recibidos por su padre, junto a él se encontraba otro caballero, él cual supongo se trata de su hermano, ya que tiene facciones similares y una personalidad igual de introvertida que la de ella.
-Buenas tardes, señor Bonnefoy. Sean bienvenidos.
-Buenas tardes, señor Williams. Mis hermanas y yo agradecemos la bienvenida.
-No es nada, pasen por favor.
Nos guío por los pasillos y puertas de su residencia.
-Matthew, por favor lleva a las señoritas a la sala de estar.
-Sí, claro- su voz era un murmullo apenas audible-. Por aquí señoritas.
Dieron la vuelta en una esquina, mientras que yo seguía a la cabeza de la familia hasta, el que supuse, era su despacho. Se trataba de una habitación bastante simple, con un simple escritorio y sus asientos y algunos libreros. La conversación me resultaba tediosa, yo sólo quería salir de la habitación y recorrer los pasillos en busca de la hermosa Madeline. Después de largo rato por fin llegamos a un trato que beneficiara a amabas familias y salimos del lugar en busca de mis hermanas para podernos marchar, cuando de pronto la vi se encontraba sentada junto a mi hermana Francine que emocionada mantenía una conversación, mientras que Madeline se limitaba a dedicarle una sonrisa tímida.
-Ey, Francis. Ella es Madeline Williams- me dijo mi hermana Francine.
-Ya había tenido oportunidad de conocerla-le respondí mientras que acercaba a Madeline y le besé la mano a forma de saludo-. Me alegra volver a verla, mademoiselle Madeline.
Sus mejillas se colorearon de un tono carmín.
-¿Han concluido por hoy, hermano?-Florence me sacó de mi transe.
-Sí, Florence.
-¿Entonces podemos volver a casa?
-Claro. ¿Pero por qué tanta prisa?
-Es sólo que tengo algo de lo que ocuparme.
-No seas tan antipática, Florence-bromeó Francine.
-Como sea- le respondió ella.
-Fue un placer haberla visto, mademoiselle-sin más me despedí, resignándome a que al menos este día no conseguiría acercarme más a la bella dama.
