Star Desiree by Aly Andrew
Capítulo 8
Al´bert apenas podía pensar, o procesar un único pensamiento mientras se apresuraba a su habitación, su cordura colgaba de un hilo.
Su aroma embriagador y abrumador no ayudaban en nada.
Cuando llego, arrojó a Candy a la cama y la colocó a su gusto.
― ¡Al´bert! – se quedó sin aliento, pero su voz salió ronca y no protestó cuando le arrancó la ropa, exponiendo su cuerpo.
También rasgo sus ropas y dejó libre su palpitante miembro. Candy dejó escapar otro gemido.
Él la miró con hambre en sus ojos, primero pensaba tomarla hasta calmar su necesidad y después le exigiría que le enseñara más sobre el placer humano.
Se torturaba a sí mismo imaginando todo lo que ella podría mostrarle para procurarle placer.
Candy gimió mientras él atacaba sus pechos, succionando sus pezones, ella se estiró y acarició el sudor que hacía que su piel brillara.
― ¡Hueles increíble!
Por supuesto, su olor la atraería, era natural en parejas predestinadas. Con un gruñido, se acomodó ente sus piernas, penetrándola Al´bert empujó hacia adelante, provocándole un jadeo estrangulado, comenzando a sentir el ronroneo del apareamiento, cosa que debía pasar solamente delante de la diosa Uxa, en las montañas sagradas de Sire, pero no estaba preparado para soportar más, su miembro comenzó a vibrar.
― Tu miembro… está vibrando – susurró Candy.
― Sí – gruñó - ¿se siente bien?
― ¡Sí! Claro que si – dijo en voz baja – tus protuberancias…
― Si pequeña – dijo con voz ronca, tirando de ella más cerca. Podía olerla y eso lo volvía salvaje. Ella rasguñaba su piel y arqueaba su espalda mientras convulsionaba. Imaginó las plácidas mañanas y las largas noches haciendo esto. Al´bert rugió su liberación. Pronto, pronto ella llevaría su descendencia. Su impulso ronroneo de placer cuando ella deslizo su semilla por sus pliegues.
Candy hizo un pequeño ruido, entre gemido y jadeo ― Al´bert. Yo, yo necesito descansar.
― Lo sé pequeña – le susurro, mientras la acariciaba ― déjame lavarnos.
― Creo que deberás llevarme – dijo en voz baja. Al´bert se bajó de la cama y su miembro se estaba endureciendo otra vez. Cuando ella lo vió, murmuró ― pensándolo bien, iré por mi cuenta.
Al´bert se tensó, cualquier posibilidad que tuviera de cargarla, la tomaría. Le encantaba la suavidad de su piel y lo pequeña que era a su lado.
En la ducha, la ayudó a relajarse con agua tibia, dándole un leve masaje para calmar la incomodidad de sus músculos. Los desirianos se curaban rápido, pero su pequeña hembra, no, debería recordarlo antes de otra sesión de sexo.
Ella miraba sus labios, esa anticipación a lo que ella llamaba beso, que por cierto le encantaba probarlo con Candy.
Estaba tentado a tomarla de nuevo, pero él tenía responsabilidades, deberes, y lo necesitaban en el centro de mando.
― No es justo! – murmuro aturdida – no es justo que seas bueno besando también.
― ¿En qué otra cosa soy bueno, pequeña?
― Deja de buscar cumplidos – dijo ella.
― Tengo que ir al centro de mando – le dijo – debo preparar todo para nuestra llegada a Desiree.
― ¿Cuándo llegaremos?
― En dos ciclos.
― ¡Cielos, ya había olvidado ese detalle!
― Lamento tener que dejarte, middle, volveré apenas me desocupe.
― Sí, claro – susurro ella, mientras él se alistaba para irse.
El día siguiente fue parecido al anterior para Candy. Estaba enojada con Al´bert, la había dejado en su habitación para ir al centro de mando y no regreso por horas. Estaba aburrida, no había nada para entretenerse o curiosear en la cabina. Había jugado con los botones de la ducha, pero no logro que funcionaran correctamente.
Por lo tanto, estaba ansiosa y enojada.
― ¿Estas enojada? – pregunto sorprendido.
― Vamos a aclarar algo – dijo ella – no estaré encerrada mientras haces tus cosas, no soy una mascota.
― ¿Mascota? – repitió – sé que no lo eres, pequeña.
― Entonces no me trates como una, no estoy acostumbrada a estar inactiva, tenía un trabajo en la Tierra.
― No puedo tenerte deambulando sola en mi ausencia. No porque sea peligroso, pero distraerías a mi tripulación. ¿Hacías tareas domésticas para alguien en tu planeta? – pregunto.
Dejo que su temperamento sacara lo mejor de ella.
― Para tu información, gorila, no vivimos para el placer de nuestros hombres, ni como sirvientas, tenemos puestos destacados en la sociedad.
El la inmovilizo con la mirada.
― En nuestro planeta, el cuidado hacia la mujer es primordial. No las rebajamos, ni degradamos, su rango en el hogar es altamente ventajoso. Entiendo tu frustración, pequeña, ten paciencia conmigo. Nos estamos acercando a Desiree, además no estarás ociosa mucho tiempo. – le dijo con malicia.
Ella puso los ojos en blanco ― El sexo no cuenta.
El dio dos pasos para alzarse sobre ella, iba a besarla, había aprendido a usar sus besos para someterla. Se había vuelto adicta a él.
― Las mujeres, las pocas que hay, no son como tú. A nuestros hombres le gusta mucho el sexo, pero las hembras solo lo usan para criar. En cambio, tu rosado y voluptuoso cuerpo, esta creado para dar y recibir placer. Si mis hombres se dieran cuenta de esto, tendría que luchar con ellos.
― ¡Oh!
― Es mi deber protegerte.
Ella trataba de entender todo lo que la rodeaba, pero se sentía retraída, la preocupación de llegar a un planeta desconocido, confiando solo en lo que Al´bert le contaba, la tenía inquieta.
― ¿Qué te preocupa, pequeña?
― Me he estado preguntando como será tu planeta, si seré bien recibida, tantas cosas dan vuelta en mi cabeza. Estoy nerviosa.
― ¿Nerviosa?, no hay razón.
― ¿Puedes culparme? – preguntó en voz baja – hace unos días no tenía idea de que la vida alienígena existía. Quiero decir, siempre pensé que había posibilidad de que hubiera vida en el universo, pero no que sería secuestrada por ellos. Ha sido demasiado para asimilar – admitió.
― Siempre te protegeré – dijo ferozmente – no sientas miedo. Nosotros aprendemos a través del miedo.
― Pero soy humana.
― Una debilidad, pero aprenderás nuestras maneras.
Eso le dolió.
― ¡Debilidad? – pregunto ella - ¿Crees que soy débil?
― Debo admitir – dijo cautelosamente – que cuando te vi por primera vez y mi impulso te reconoció, no estaba emocionado de que fueras humana.
Candy estaba de pie, con sus manos en la cadera, mirándolo sin creer lo que oía. Había confiado en él y la había llamado débil.
― Se sabe que los humanos son físicamente débiles en comparación con otras especies alienígenas, Candy – trato de explicar Al´bert – no tiene relación con tu estado mental, sino con las limitaciones físicas.
― Si soy tan débil ¿porque me elegiste?
Una expresión de desconcierto apareció en su rostro ― porque no tenía otra opción. – dijo.
Candy se sentía herida y enojada, después de todo, su amable alienígena podía tener su racha de idiota.
Toda su vida, Candy se había sentido rechazada, entrando y saliendo de hogares de acogida. Su madre biológica la había rechazado, cuando ella la buscó, esta le dijo que, si no la había querido de bebé, menos ahora, por si eso fuera poco, su novio Neil, la única constante, el que prometió cuidarla y le hablo de matrimonio y familia, la abandonó por otra mujer, a la que admitió que amaba más que a ella.
Le tomo seis meses superarlo, con la ayuda de su única amiga Patty.
Ahora este alien, que dijo que la cuidaría, que la protegería, le decía que todo era porque no tenía otra opción. Dolió más de lo debido, porque había confiado y creído, que por primera vez era importante para alguien, que valía mas que solo un cuerpo para el placer.
― No quiero hablar más, déjame sola, por favor – su voz sonó apagada.
―Middle – dijo, alcanzándola, pero ella se alejó. Se encerró en el baño y comenzó a llorar. Después de un rato se lavó la cara y salió, camino hacia la cama, donde Al´bert la miraba, ella se deslizo bajo las sabanas y miro hacia la ventana, de espaldas a él.
― Candy…- intentó acercarse.
― Buenas noches – susurró.
Escucho mientras se quitaba la ropa para dormir, luego la atrajo a sus brazos y le dijo al oído. ― Duerme bien, middle.
Candy apretó aún más sus ojos, sintiendo más lagrimas deslizarse por sus mejillas, se sentía demasiado sola y vulnerable, otra vez la vida le mostraba la fea cara de la realidad, nunca sería elegida por nadie voluntariamente, ¡diablos si no extrañaba a su querida amiga Patty, ahora más que nunca!.
Trato de dormir un poco, pero su cabeza no la dejaba descansar, en la Tierra y hasta en otro planeta, Candy White nunca seria prioridad para nadie.
Otro golpe más y ya no recordaba cuantos había recibido, y aun dolían.
Vamos Candy, ponte tus pantalones de niña grande y sigue adelante, lo has hecho antes, lo seguirás haciendo una vez más, siempre.
Y así, logro dormir por cansancio.
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