Reconoció la voz al instante. Incluso le llegó su característico perfume a jazmines que envió un escalofrío por todo su cuerpo, erizandole la piel. Llevó sus manos hasta tomar las que estaban en sus ojos y las apartó despacio, girando su cuerpo en cámara lenta. Su corazón latía con más fiereza que cuando estuvo a punto de estrellarse contra el suelo. ¿Acaso era…? No podía ser, ¿o si?.

Sin embargo, ahí estaba. Con la sonrisa que siempre le dedicaba, mezcla de cariño y felicidad.

—No puede ser —reaccionó—. ¿Qu.. Qué haces acá?

La persona frente a ella puso los brazos en jarra y una de sus cejas se alzó, ese gesto que siempre le ponía en respuesta cuando le contaba algún plan disparatado.

—¿Qué clase de recibida es esta? Si te molesta, me voy… —hizo amago de darse vuelta pero la pelirroja fue más rápida.

—¡Mioneee! —gritó extasiada, saliendo del shock.

Saltó por encima del sofá y se tiró a los brazos de su amiga que reía divertida, tratando de mantener el equilibrio.

—¡A ver si me vas a matar justo ahora! —se burló, apretando en un abrazo a su amiga.

Ginny se separó apenas para mirarla, agarrándola por los brazos, no sea cosa que desapareciera de nuevo.

—¿Cómo llegaste acá? ¿Estás bien? ¿Dónde estuviste? ¡Te extrañé tanto, Mione! ¿Sabías que hice una prueba para Las Arpias y quedé? Bueno, no exactamente, todavía tienen que confirmarme pero Daphne piensa que… ¡DAPHNE! —encaró a la rubia que pasó de una sonrisa a un rostro de sorpresa— ¿Vos supiste esto todo el tiempo y no me dijiste? Mione la vida es una locura últimamente. ¡Qué alegría que estés bien!.

—¿En mi ausencia tomaste mi costumbre de hablar con párrafos largos? Yo también te extrañé, bebé, un montón. Y ¡Claro que sabía de tu prueba! ¡Felicitaciones!

—No puedo creer que estés acá. ¿Dónde estabas? ¡Necesito respuestas! —estaba como loca de felicidad.

El día de hoy había sido demasiado bueno. Entrar al equipo ya era genial, pero ¿Mione? Eso estaba fuera de órbita directamente.

—Tranquila, Gin, te juro que tenemos tiempo para ponernos al día.

—¡¿Te quedas a dormir conmigo hoy?!

—Me quedo a dormir todos los días que quieras. Si a Daphne le parece bien, claro —le dedicó una sonrisa a la rubia, que le devolvió el gesto.

—Hola Hermione. Te ves mucho mejor que la última vez. ¿Cómo estás?

Ginny la miró confundida. "¿Última vez? ¿Cuántas veces la habrá visto antes?"

—Estoy mucho mejor, la sanadora que me recomendaste hizo un trabajo increíble. Fue largo y doloroso, sobre todo porque a mi no me durmieron como a Ginny, pero valió la pena.

—Okey, no entiendo nada. ¿Cómo que ya la habías visto? —le dedicó una mirada de sorpresa y enfado— ¿por qué no me lo dijiste? ¡Sabías que estaba preocupada por ella!

—No podía decírtelo, lo siento —Daphne disimuladamente se alejó unos pasos más, por las dudas.

—¿Lo sientes? ¿Me viste mal tantas veces por extrañarla y sólo me vas a decir lo siento?

—Bebé, no es culpa de Daphne, tenía que hacerse así para que todo saliera bien.

Ginny entrecerró sus ojos pero no apartó la vista de la rubia.

—Eh...Me voy a ir a la casa de Pansy, tenemos trabajo que hacer y de paso las dejo solas, seguro tienen mucho para charlar.

—¡Huye serpiente, huye! —se burló la pelirroja, demasiado feliz para estar enojada ahora mismo.

Hermione la despidió con una sonrisa y Daphne negando con la cabeza por la reacción de Ginny, se encaminó a la chimenea.

—No seas tonta enojandote con ella, ¿acaso no te cuidó todo este tiempo? —

volvió a hablar cuando se quedaron a solas.

—Sí, pero eso no cambia que tenía información tuya y no me la comunicó. ¡Sé guardar un secreto! Ni siquiera tengo con quién hablar, me la paso rodeada de ella y sus amistades.

Hermione sonrió y volvió a abrazarla, acariciándole la espalda.

—Sobrevivimos a la guerra, a Azkaban y ahora estamos sanas y salvas. No tiene sentido gastar energía en enojarte por cosas que ya sucedieron.

Ginny gruñó, pero volvió a sonreír.

—¡Quiero saberlo todo!

—¿Qué son esos modales, Ginevra Weasley? ¿No me vas a ofrecer una taza de té, conocer tu casa, ver el mar, nada?

—¡Mioooooone! —se quejó, alzando y dejando caer sus brazos a sus costados—. Sólo porque temo que el fantasma de mi madre se presente a atormentarme. ¿Querés tomar algo?

—¡Molly no te atormentaría! O bueno, quizás sí —rieron juntas—¿Te parece que vayamos a la playa con un picnic a ver el atardecer?

Con la ayuda de Saberia que, por supuesto, congenió muy bien con Hermione, armaron una canasta repleta de bocadillos dulces y salados y algunas bebidas, tanto frías como calientes. Una lona para no ensuciarse, unos abrigos por si refrescaba y salieron, dejando sus zapatos para sentir la arena hundirse bajo sus pies.

—No puedo creer tu suerte ¿pasaste de Azkaban a este lugar? ¿Sabías que bañarse en el mar tiene múltiples beneficios? Deberías hacerlo diariamente ya que tenés la posibilidad.

Ginny pasó un brazo por encima de los hombros de su amiga, estampandole un beso en la mejilla.

—¡Quiero oír todos tus sermones! Así de mucho te extrañé.

Hermione la empujó falsamente ofendida.

—¡No era un sermón! Te estaba informando las maravillas del agua salada —masculló, sacándole la lengua.

—A veces me meto después de entrenar, pero no estoy tan familiarizada con el mar y siento que me va a tragar —lo miró con desconfianza, como si realmente pudiera salir una ola gigante y llevársela.

—Sin duda hay que tener cuidado. ¿Sabes qué tipo de criaturas acuáticas viven en esta zona en particular? —la pelirroja negó con su cabeza—. Le preguntaremos a Daphne, seguro ella sabe. Pero si eligió vivir acá, no debe ser peligroso, podríamos bañarnos juntas mañana.

—Lo que quieras, Mione, ahora ¿serías tan amable de terminar con mi sufrimiento?

Se habían detenido y con un movimiento de la mano de Hermione, la manta se extendió sobre la arena. Lo bueno de la magia es que por mucho viento que hubiese, la tela no se movería ni medio centímetro. Apoyaron la canasta, sacaron algunas cosas y se sentaron.

—Bien, ¿desde el principio? —Ginny asintió—Poco después de separarnos en Hogwarts, me di cuenta de que íbamos a perder la guerra. Estaba rodeada de mortífagos, la mayoría de nuestro bando muertos o siendo torturados. Harry y Voldemort se acababan de matar mutuamente y eso generó mucho revuelo, pero aún sin el mago oscuro, su bando había tenido menos caídos. No sabía qué hacer y justo aparecieron varios Slytherin, que habían sido liberados de las mazmorras. Pansy de las primeras, estaba horrorizada y realmente tiene mal estómago para las guerras, aunque es entendible, el suelo estaba lleno de partes de cuerpos y sangre. Empezó a vomitar y sus compañeros la mandaron a su casa. Todo pasó demasiado rápido. Sin que me vieran, me tiré un encantamiento desilusionador y me pegué a ella, así que, cómo se sentía mal para aparecerse, fue hasta la chimenea de Snape y yo viajé con ella.

Ginny la miraba con la boca abierta.

—¿No te habían agarrado y te metiste solita a la casa de Pansy Parkinson? ¿Qué estabas pensando?

—Bueno, fue una decisión muy rápida, Gin, pero ¿dónde jamás me buscarían? ¡En la casa de cualquier Slytherin! Es el mejor escondite. Y la casa de Pansy es una mansión, así que había habitaciones de sobras. De hecho, literalmente me agarré una habitación para mi y jamás nadie entró ¿Podés creerlo? ¡Estas personas ganaron la guerra! No tiene sentido.

Ginny soltó una carcajada y Hermione la acompañó. Se tomaron unos segundos para beber un poco de té, la pelirroja que necesitaba recuperar fuerzas después de la prueba, también comió un par de bocadillos.

—¿Y cómo te descubrió?

—Eso fue divertido —Hermione empezó a narrarle sus recuerdos.

Poco tiempo le llevó aprenderse las rutinas de cada integrante. El padre, Christopher Parkinson, trabajaba de lunes a viernes. Desayunaba junto a su esposa y minutos antes de las ocho de la mañana desaparecía para volver recién pasadas las seis de la tarde. La madre ocupaba su mañana en escribir, le dedicaba cinco o seis horas diarias y descubrió que tenía varios libros publicados. Margaret Holden, como firmaba sus libros, tenía un don. Hermione sentía que la arrastraba rápidamente a cada mundo que creaba con sus palabras. Christopher y Margaret compartían también la merienda, a la que se sumaba su única hija. Si hacía buen tiempo le pedían a uno de los tantos elfos que les preparara la mesa al aire libre. Luego, el padre quién tenía el mismo rostro burlón que Pansy, se ponía ropa cómoda y se iba al jardín; era un aficionado por la jardinería y pasaba la última parte del día podando árboles, regando plantas, trasplantando. Incluso tenía una huerta que cuidaba con esmero.

Y la hija… Pansy realmente se aburría tanto como ella en aquel lugar.

Había perfeccionado tanto el hechizo desilusionador que podía pasar horas antes de que este se revirtiera. Y muchas veces dedicaba ese tiempo a compartir espacio con su ex compañera de colegio. Sin casi notarlo, había pasado un año entero así, siguiendo a Pansy Parkinson en su rutina diaria: dando paseos por el jardín, tomando el té, leyendo libros, viendo la interacción familiar. Más de una vez se encontró observando el rostro aristocrático de Pansy mientras ella estaba en su cama, perdida en sus pensamientos.

Presenció tanto la intimidad de la familia Parkinson que empezaron a caerle bien.

Al año, Pansy empezó a trabajar y pasaba casi todo el día fuera. Sumado a que algunos días siquiera volvía. Para Hermione ese tiempo se hizo mucho más difícil. De alguna extraña manera, se había acostumbrado a estar cerca de la chica, incluso si ella no sabía que estaba ahí y no intercambiaban ninguna palabra.

La soledad empezó a ser insoportable para ella. ¿Qué iba a hacer ahora? No podía pasar el resto de su vida escondida en la mansión de la familia Parkinson. Estas vacaciones habían estado bien pero tendría que pensar algún plan urgente si no quería volverse loca.

Esa noche estaba especialmente preocupada, Pansy, frente al espejo, se sacaba su ropa y literalmente por arte de magia se doblaba arriba de una silla. Hermione observaba aquel cuerpo que se sabía de memoria casi sin verlo. ¿Por qué Pansy había desaprovechado sus años en el colegio peleando? No tenía dudas de que podría haber arrasado como Ginny, si tan solo fuera un poco menos… Ella.

¿Pensas espiarme mucho tiempo más? —la burlona voz de Pansy puso todo su cuerpo en alerta— Al principio no dije nada porque, realmente, estaba agotada tras la guerra. Después pensé que te irías pero contra todo pronóstico, te quedaste deambulando por mi casa —la chica ahora se ponía su pijama mientras seguía hablándole a la nada—. Entregarte no me interesaba, demasiado papeleo y no quería cargar con tu muerte. Al final resultó que soy una persona de lo más sociable siempre y cuando mi compañía se mantenga en silencio y debo admitir, te luciste en eso. No debes haber estado tan callada nunca antes en la vida ¿eh Granger? ¿Qué se sintió?

El cuerpo de Hermione se hizo visible para Pansy, quién le dedicó una ceja alzada y su típica sonrisa burlona.

¿Todo este tiempo supiste de mi? —su voz salió mucho más aguda de lo normal por haber estado casi un año en completo silencio. Carraspeo avergonzada.

Pansy caminó hasta el sillón frente al que estaba sentada Hermione, tomando asiento. No lo admitiría pero se sentía bien poder comunicarse con ella finalmente.

Sentí algo cuando me escapé de Hogwarts, como un cuerpo apretando el mío mientras viajaba, pero estaba mareada y supuse que sería eso. Después empecé a percibir algo cerca mío. Compartimos clases tantos años y el último tiempo trabajando juntas en transfiguraciones por aquella idea de mezclar las casas que creo que de alguna manera la magia que libera tu cuerpo se hizo conocida para la mía. Y, honestamente, ¿libros desapareciendo por días del estudio de mi madre y luego volviendo allí? Sólo me tomó un tiempo unir las piezas.

Pansy la miraba como esperando que le diera una galleta de premio por haberla descubierto.

¿Cuánto tiempo te llevó exactamente? —preguntó entrecerrando los ojos.

Mm, creo que medio año.

¡Medio año! —puso los ojos en blanco—. Podría haberte matado en ese tiempo. Entre muchas otras cosas, como robar tu botiquín de collares con diamantes. ¿Tenés algún tipo de fetiche? No es normal la cantidad que tenés.

Sí, claro, un fetiche que se llama buen gusto. Algo que parece que no te tocó, ¿te viste al espejo? Tu cabello está tan descontrolado que empezás a parecer la hija de Bellatrix.

Hermione acarició sus rizos en un acto reflejo.

¡Hace un año que no me corto el pelo! No es como si hubiera podido sumarme a tus continuas escapadas a la peluquería. ¿Te parece lógico ir cada dos semanas?

¿Podés mantener el hechizo desilusionador por horas y no hacer algo para mantener tu cabello controlado? Y para tu información, voy todas las semanas. Es importante mantenerlo hidratado y también me hago las uñas —estiró una de sus manos para que pudiera ver su manicura impecable.

Hermione volvió a poner sus ojos en blanco y se cruzó de brazos. No tenía nada que ocultar pero tampoco dejaría que viera sus mal cortadas uñas.

Es broma, en realidad me gusta tu cabello.

Dejame en paz, Parkinson.

No pienso dejarte en paz ahora que puedo hablarte. Me estuviste persiguiendo un año, señorita dejame-en-paz.

¡No te estuve persiguiendo! —Pansy la miró con una ceja alzada, burlona—¡Ahg! Pensé que habías dejado esa manía de meterte con el aspecto de las demás personas, Parkinson.

¡Acabo de decir que me gusta tu cabello! Morgana, dame paciencia. ¿Por qué de todas las personas en Hogwarts tuviste que elegirme a mi? ¿Acaso soy la elegida del diablo? ¿Voldemort me odia por no unirme a los mortífagos y te envió a torturarme?

Hermione la miró entrecerrando sus ojos.

Tengo voluntad propia ¿sabes?. ¡Nadie me mandó a seguirte y menos Voldemort!

Pansy sonrió burlona.

¿O sea que por voluntad propia me observaste desnudarme todo este año? ¿Disfrutaste mucho de mis sesiones masturbatorias, Granger? Fue una sorpresa la noche que decidiste quedarte, después de haberte ido cinco veces anteriores.

Hermione le mantenía la mirada sólo por orgullo, le estaba costando no volver a usar el hechizo desilusionador y desaparecer para siempre de la faz de la tierra. Pansy, al contrario, parecía de lo más divertida torturandola.

Supongo que descubriste que sos un poco voyerista, no te juzgo, yo me habría quedado desde la primera vez. Eso de mirar cómo llego al orgasmo... Debo admitir que era muy excitante saber que estabas viéndome. ¿También te tocaste a la par mía?

A esa altura el color de las mejillas de Hermione era más rojo que el rojo.

Fue una experiencia interesante —susurró tan suave que Pansy tuvo que hacer mucho esfuerzo para oírla.