—¿Te apetece seguir, cariño, o ya has tenido bastante por esta noche? —quiso saber Edward mientras bebían sus copas.
Ella lo pensó. La verdad era que estaba muy caliente y necesitaba desahogarse de alguna manera y qué mejor forma de hacerlo que allí, en el parque temático del sexo en el que se encontraban.
—A mí me gustaría continuar. ¿Y a ti?
—Yo también tengo ganas de más marcha —contestó él.
—Pues sigamos entonces.
Fueron a la zona del jacuzzi y se metieron dentro. Allí se encontraron con el chico de antes, pero esta vez estaba solo.
—Hola. Nos volvemos a ver —dijo el joven.
—Sí —respondió Edward sonriéndole.
—¿Y tu chica? —preguntó Bella.
—Se ha ido con otro hombre y su mujer. Nos veremos después.
Aquello sorprendió a Bella, pero se dijo que si ambos permitían eso, era porque tenían las cosas muy claras y sabían con toda seguridad que al final de la noche se marcharían a casa juntos y felices.
Así que decidió no darle más importancia al asunto. Era la vida íntima de otra pareja. No la suya.
Miró a Edward y este le guiñó un ojo. Se acercó más a ella y le susurró al oído:
—¿Te ha gustado comértelo antes?
—Sí.
—¿Por qué no te come él a ti ahora?
Bella se mordió el labio excitada y miró al chico.
—¿Te gustaría probar el coño de mi mujer? Antes yo he probado a tu chica y mi esposa te ha probado a ti —le recordó Edward al joven.
El chico miró a Bella con los ojos encendidos de deseo.
—Por supuesto y también, si no es mucho pedir, me gustaría follarla después de que se corra con mi lengua en su sexo.
Aquello hizo arder la sangre en las venas de Bella, que se movió para que el joven pudiera colocarse bien y darse un atracón.
Con las piernas encima de sus hombros, el hombre se deleitaba con el sabor de Bella. Según iba lamiéndola, ella se iba olvidando de todo, hasta de que su marido estaba allí observándoles.
Edward la veía disfrutar y su miembro crecía con cada gemido que salía de los labios de Bella.
El placer de ella era su placer.
Entró una pareja y se sentó cerca de ellos, contemplando la erótica escena que se desarrollaba. Comenzaron a tocarse y a besarse mientras la temperatura en esa habitación subía y subía.
Bella notaba cómo sus neuronas se iban fundiendo según se aproximaba al orgasmo. No podía dejar de mirar al chico que tenía entre las piernas y que le estaba dando un placer increíble. De pronto se acordó de que Edward estaba con ellos y se sintió mal. Ella estaba disfrutando y él…
Como estaba cerca y su miembro ya estaba erguido, ella lo agarró con una mano para llevárselo a la boca, pero Edward la detuvo.
—Luego, cariño. Ahora quiero ver cómo otro te da placer. Córrete, cielo, córrete para mí.
Y poco después, Bella sintió cómo un tsunami de emociones intensas se apoderaba de ella. Explotó con los labios del joven todavía succionando su clítoris, torturándolo. Pero era una tortura tan deliciosa que deseó que no parase nunca.
El chico la colocó en otra postura que a él le venía mejor para poder penetrarla y, colocándose un preservativo que cogió de una bandeja cercana, poco a poco se zambulló en ella.
—Eres muy grande —comentó Bella.
—¿Te hago daño? —quiso saber él.
—No, pero ve más despacio hasta que consigas llenarme.
—De acuerdo. —El chico aminoró la velocidad y le preguntó—: ¿Mejor así?
—Sí, sí —jadeó Bella.
Edward, que había escuchado la conversación entre los dos, sonrió.
—A ver si me la vas a dejar inservible, que aún queda mucha noche por disfrutar.
—Tranquilo, eso no ocurrirá. No lastimaré a tu preciosa mujer.
—Cariño, ¿no vas a participar? —cuestionó Bella.
—Con vosotros no. —Miró en la dirección que estaba la otra pareja y habló de nuevo—: Me gustaría hacerlo con ellos, si tú me lo permites —dijo mirando a Bella otra vez.
¿Que si se lo permitía? ¿Cómo iba a decirle que no cuando a ella se la estaba follando otro hombre? No podía ser así de egoísta.
—Ve con ellos y pásalo bien. Yo te miraré desde aquí. Veré cómo disfrutas.
Edward la besó en los labios y se marchó con la otra pareja mientras el joven entraba y salía de ella con lentitud.
Sentía mucho calor y cada vez que él la colmaba creía estar a punto de estallar. Aquello era demasiado.
Demasiado erótico. Demasiado morboso. Demasiado transgresor.
El chico aumentó la velocidad de sus penetraciones. El roce era tan maravilloso que Bella supo que volvería a correrse.
Miró a Edward y sonrió. Él estaba por completo centrado en la otra chica, pero fue como si notara los ojos de Bella clavados en su nuca, porque se giró y le dedicó una sonrisa que prometía placeres inimaginables.
Aquel gesto de su marido y ver cómo se follaba por detrás a otra mujer mientras esta se tragaba el miembro de su pareja, la encendió más todavía y con esta lujuriosa imagen consiguió tener otro orgasmo.
El chico que estaba con ella también alcanzó su clímax y cuando se relajó procedió a quitarse el preservativo que se había puesto previamente.
Se quedó un momento descansando y después le susurró al oído:
—Ha sido un placer, pero tengo que ir a buscar a mi chica.
—Tranquilo. Lo entiendo. Ve con tu mujer.
—No es mi mujer, sino mi novia.
Bella asintió con la cabeza. Le daba igual si era su esposa, su novia o si la había encontrado en la calle.
El joven salió del jacuzzi, dejándola allí.
Mientras su ritmo cardíaco se normalizaba, Bella se entretuvo observando al trío frente a ella.
En ese momento el hombre se corrió, llenándole la cara de semen a su pareja, que se limpió con la mano y chupó la esencia masculina.
Edward seguía enterrándose en la mojada vulva de ella. Estaba a punto de estallar en mil pedazos. Con un par de estocadas más, logró su liberación.
Cuando salió del sexo de la chica, Bella se acercó a ellos. Le acarició la espalda a Edward y pegó sus tetas a él.
—¿Te ha gustado? —murmuró en su oído.
—Ha sido fantástico —respondió él con un profundo suspiro.
—¿Quieres seguir o damos por concluida la noche? —preguntó Bella. Edward la miró a los ojos y, dándose la vuelta, la abrazó.
—Lo que tú desees, cielo —contestó mientras se quitaba el condón que había usado. Bella lo pensó un momento.
Le encantaría continuar probando cosas nuevas, pero empezaba a sentir los músculos doloridos de tanto trabajarlos, así que se dijo que era mejor parar y volver otro día.
Se lo comentó a Edward y este asintió. Él también se notaba algo cansado. La noche había sido apoteósica. Más de lo que esperaban.
En principio iban con la idea de mirar a otras parejas y dejarse ver ellos, pero todo se descontroló y terminaron follando con otras personas. Ninguno de los dos se arrepentía de ello porque sabían que los únicos dueños de su amor eran ellos mismos. Con los otros solo era sexo. No amor.
—Vámonos a casa —dijo Edward.
Se agarraron de la mano y salieron del jacuzzi. Recogieron las toallas para secarse y después emprendieron el camino hacia los vestuarios.
Pasaron por delante de la puerta custodiada por el gigante. Bella no había visto jamás una persona tan impresionante. La mole de carne y hueso permanecía con su mirada fija en el frente, como si lo que ocurriera allí no fuera con él.
Ella se detuvo, preguntándose qué sería lo que tan celosamente guardaba aquel gigante. Dio un paso hacia él, separándose de Edward, que se quedó quieto esperándola.
En cuanto llegó al hombre, este desvió su vista y la centró en ella.
—Hola. Soy una clienta y antes me han enseñado el club, pero esta parte no la he visto. ¿Qué hay detrás de esa puerta?
El gigante la observó largo rato antes de responder.
—Sin invitación no puedes entrar.
—Ah. ¿Y quién tiene que invitarme?
—A El Jardín Secreto solo se accede con invitación —repitió el hombre.
—Ya te he escuchado antes. Lo que quiero saber es quién tiene que invitarme.
—Tanya. Sin su invitación no puedes entrar.
Bella estuvo a punto de soltar que ya le había quedado claro lo de la invitación, pero prefirió abstenerse de comentarlo. El gigante parecía no tener muchas luces; sin embargo, tenía muy claro su cometido al custodiar la puerta con tanto celo.
—¿Y cómo conseguimos mi marido y yo una invitación de Tanya? —preguntó de nuevo.
—Ella está aquí. Ella te ve. Ella elige quién entra y quién se queda fuera.
«¡Qué críptico todo, por Dios!», pensó Bella poniendo los ojos en blanco mentalmente.
—De acuerdo —dijo ella asintiendo con la cabeza a las palabras de la mole.
Dio media vuelta y regresó con Edward, que había escuchado toda la conversación, por lo que no hizo falta que ella se la contara.
Una vez ya en casa, abrazados en la cama, Bella le comentó:
—Me pregunto qué habrá detrás de esa puerta.
—A lo mejor es una zona para los socios vip.
—¿No te gustaría saberlo?
—La curiosidad mató al gato —respondió Edward.
—Pero el gato murió sabiendo —sonrió ella.
—Yo lo único que sé es que esta noche hemos disfrutado de una experiencia increíble. Ha sido morboso y transgresor. Tenemos que volver, cielo.
—Volveremos. No lo dudes. Y ahora, recordando todo lo que hemos vivido, ¿no te apetece hacer el amor de nuevo? Allí hemos tenido sexo, pero aquí, en la intimidad de nuestra habitación, hacemos el amor.
—Por supuesto que me apetece. Contigo quiero siempre, ya lo sabes. Y entre besos, caricias y suspiros se amaron otra vez.
