CAPITULO OCHO

EDWARD

El sabor de Is-be-la es increíble. No puedo tener suficiente.

Me sorprendió cuando el olor de su excitación flotó mientras nos tocamos. Ligero al principio, pero cuanto más la toco, su aroma llena más el aire. No es como las hembras Drakoni, para nada. No quiere una pelea para estimularla. Quiere que la toquen, que la acaricien, que ponga su boca en la mía. Me gusta esto. Puedo hacer esto por ella. No es de extrañar que haya dicho "no" tantas veces, nunca he aprendido las señales apropiadas. Una Drakoni se tornaría roja brillante en su forma de batalla para atraer la atención de un hombre y desafiarlo a una pelea. A partir de ahí, un hombre que derrota a una mujer debe decidir si la reclamará como su pareja o si esperará a una mujer diferente. He derrotado a muchas mujeres, pero nunca he reclamado completamente una. Nos hemos apareado y he complacido a las hembras, pero nunca le he dado mi semilla. Nunca he querido una compañera... hasta ahora.

Is-be-la será mía.

Aunque no es como las hembras Drakoni. No quiere pelear para mostrarme su excitación. Quiere poner su boca en la mía y hacerme acariciar su piel. Me está mostrando cómo complacerla y hacerla humedecer y temblar de deseo. No es con un reto, sino con una caricia. Me encanta complacer a mi hembra. Me encantan los pequeños sonidos que hace, la forma en que su cuerpo se contrae y se arquea bajo mi toque. No está peleando o diciendo "no". En cambio, se aferra a mí, con ganas de más. Así que le doy más, enterrando mi cara contra su coño caliente, donde su olor a excitación es el más espeso, y la pruebo allí. Su sabor es enloquecedor. Pero aún más enloquecedor son los pequeños jadeos ahogados que da cuando exploro su carne.

Hace unos pocos sonidos extraños que pueden ser palabras cuando muevo mi lengua sobre su clítoris, y su aroma excitado casi ahoga mis sentidos. Me hace gruñir profundamente de placer. Sus caderas se sacuden en respuesta a mi lengua, y mi pene está duro y dolorido por la necesidad. Resisto el impulso de acariciarlo, porque recuerdo cómo reaccionó la última vez. Sería tan fácil quitar su ligero peso de la piedra sobre la que se sienta, voltearla y montarla. Reclamarla y hacerla mía. Incluso ahora, la locura juega en los límites de mi mente, fomentando la violencia. No contra ella, nunca contra mi compañera, pero la necesidad de cambiar a la forma de batalla y volar para causar destrucción es grande.

Pero entonces Is-be-la hace otro sonido suave y me siento atraído por ella. A su cara aturdida de placer. A su aroma llenando el aire a mi alrededor con su dulce perfume. Is-be-la es todo lo que importa. Si me deja reclamarla la locura se irá. Tendré mi ancla. Así que la lamo otra vez, acariciando su coño con mi lengua como hice con su boca. Quiero que disfrute esto para que no se aleje y diga la palabra "no" otra vez. Trabajo su dulce y elegante pliegue, lamiéndolo y probándola una y otra vez con mi lengua. La acaricio sobre su coño reluciente, desde esa pequeña protuberancia que la hace estremecer, hasta su núcleo caliente, luego me levanto de nuevo. Cuando sus manos se aprietan en mi melena, quiero darle más. Doblo un dedo y presiono un nudillo en su centro, con cuidado de evitar que mis garras la lastimen.

Es muy frágil, no como una Drakoni. Seré absolutamente cauteloso con mi Is-be-la. Herirla durante el reclamo sería devastador. Nunca me lo perdonaría. Cuando gime de placer, meto mi nudillo en su coño de nuevo. Da un pequeño grito y sus músculos se tensan alrededor de mi dedo, ordeñándolo. Gruño de gozo por su respuesta, reconociendo su pico de placer, así como la estela de aroma que lo acompaña. Esta lista para que la monte ahora.

Miro hacia arriba y la hermosa Is-be-la está sonrojada, su piel cubierta de sudor. Su pecho se levanta, sin aliento, haciendo que sus pechos se agiten. Su boca es suave y llena, labios ligeramente separados. Quiero probar su boca otra vez en ese momento, sentirla contra la mía. Es tan exuberante y encantadora, mi extraña hembra. No puedo tener suficiente de ella. Me paro en toda mi altura y me alegro cuando levanta los brazos. La jalo contra mí y sus brazos me rodean el cuello. No se está alejando. Me agacho para reclamar su boca en otro apretón de labios y mi lengua se desliza contra la de ella, compartiendo su olor a excitación. Gime en voz alta y sus piernas se cierran alrededor de mis caderas, su coño frotándose contra mi polla. Y le da otra pequeña flexión a sus caderas, como si me quisiera dentro de ella.

Es otra señal de mi Is-be-la. Creo.

Alejo mi boca a regañadientes de la de ella. Mientras lo hago, sus manos recorren mi piel y me sostiene con más posesividad. Debería estar alejándose, girándose para que pueda montarla. ¿No quiere esto, entonces?

-¿Is-be-la?- Su pequeña mano va hacia mi polla y siseo.

-Edward- murmura y luego dice algunas otras palabras que no entiendo, pero suenan alentadoras. Ojalá entendiera su idioma. Mi deseo crece y me duelen los dientes por la necesidad de hundirme en ella. Mis colmillos se alargan en mi boca y puedo sentirlos llenándose con el fuego que le daré.

Será honrada una vez que lo haga, creo. Soy un hombre fuerte, capaz de derrotar a todos los rivales. Estará orgullosa de ser mi compañera. Entonces, ¿por qué no se da vuelta y me presenta su coño? En cambio, agarra mi polla y la acaricia con la punta de sus dedos y la sensación es tan increíble que mi mente casi regresa a la oscuridad una vez más. Su suave murmullo diciendo mi nombre es lo único que me impide ir más allá del límite. Su mano agarra mi eje. Luego coloca mi polla en la entrada de su coño y flexiona sus caderas, luego me mira, esperando.

Is-be-la quiere que la monte... ¿cara a cara? ¿Es así como lo hace su gente? Extraño. Siempre he tomado a una mujer por detrás, pero la idea de reclamarla de alguna manera es atractiva. Agarro sus caderas y la empujo contra mi polla. Es... muy pequeña. A pesar de la humedad de su excitación, será difícil encajar mi polla. Presiono contra su apertura, empujando la cabeza de mi polla contra ella. Gime, sus garras contundentes clavándose en mis hombros. Jadea y susurra palabras que no entiendo. Puedo adivinar, sin embargo, ir despacio, tomarme mi tiempo. Está tensa mi hembra y no quiero lastimarla. Así que presiono un poco, luego toco la pequeña protuberancia de sus pliegues porque le gusta que la acaricie mucho.

Su espalda se arquea, la boca trabajando silenciosamente. Sus ojos se cierran con felicidad y es muy hermosa. Me retiro un poco, luego deslizo mi polla más profundamente, acariciando un poco, trabajando en ella. El ángulo de nuestros cuerpos me dificulta tomarme mi tiempo, está ligeramente por encima de mí, sus caderas en ángulo extraño gracias a donde se sienta. Con un gruñido, me retiro de ella y arrastro a Is-be-la a mis brazos, levantándola de su asiento y tirándola al suelo. Aquí, puedo acostarme con ella. Aquí, puedo empujarme en ella tan lentamente como lo necesito.

Sus ojos se abren de sorpresa cuando la acuesto y mi peso la cubre. Engancha una pierna alrededor de mi cadera, dándome la bienvenida y respiro la estela de su aroma. Su excitación es abrumadora y embriagadora y hace que las necesidades oscuras se arremolinen en los bordes de mi visión una vez más.

Reclamarla.

Hazla tuya.

Tómala como tu ancla.

Empujo la cabeza de mi polla contra su núcleo de nuevo y me hundo un poco más adentro. Está tan apretada, que me cubre como una segunda piel, su coño apretándose a mi alrededor en la sensación más exquisita que jamás haya sentido.

Mi compañera.

Gruño con feroz placer, entrando de nuevo en ella. Se queda sin aliento, sus pequeñas garras se hunden en mis hombros mientras se aferra a mí. Gime de nuevo las palabras, varias de ellas. Hago una pausa, tratando de entender sus esfuerzos por comunicarse. Tan pronto como me detengo, me da una palmada en el brazo, su cara frenética.

-No, no- gime y mueve sus caderas. El siguiente flujo de palabras es alentador, urgente. Entiendo esto. No quiere que me detenga. La estoy complaciendo. El conocimiento de esto me vuelve salvaje. La locura que ha estado jugando en los límites de mi mente estalla con ese placer y luego soy salvaje. Desnudo mis colmillos y empujo profundo, metiéndome hasta la empuñadura dentro de ella.

Da un pequeño grito de sorpresa, pero luego su cuerpo tiembla debajo del mío, su coño apretándose a mi alrededor en pequeños espasmos que se sienten intensamente bien. Gime y murmura más palabras, echando la cabeza hacia atrás. Sus pequeñas garras se clavan más profundo. Mi hembra pierde el sentido con el placer. Me muevo de nuevo, incapaz de evitarlo. Debo poseer. Debo reclamar.

Mi Is-be-la. Mía. Sé que ya no estoy siendo suave y lento a medida que la locura se arrastra, dando un toque rudo a todo lo que hago. Me concentro en ella, en el verde de sus ojos y en la suavidad de su piel, pero mi control está cerca de deslizarse. Sé que la estoy embistiendo con golpes fuertes y rápidos. Su cuerpo es tan acogedor, tan tenso. Quiero retirarme, para aliviar la locura que me hace perder el control, pero las paredes de su coño siguen apretándose, Is-be-la está alcanzando su placer una vez más. Tira su cabeza hacia atrás, los músculos en su cuello sobresaliendo.

Esa piel suave e intacta me llama. Mis colmillos arden con fuego. Se aprieta alrededor de mi polla tan fuerte que puedo sentir su intenso placer. No puedo esperar más. Con un gruñido, me inclino sobre ella, presionando mi boca contra su garganta.

-Sí, sí- gime, claramente perdida en la sensación. Sus manos tiran de mi cabello, mi piel y las mueve por todas partes -SI...- Coloco mis colmillos en su garganta, liberando el fuego que arde en ellos al mismo tiempo que me vengo. La oscuridad explota detrás de mis ojos y grito de placer incluso cuando la liberación me golpea, bombeando dentro de su cuerpo.

Mi Is-be-la. Mía. Continúo entrando en ella, los dientes se hunden más profundamente a medida que el fuego sale de mis colmillos con la fuerza de mi afirmación. Me duele la polla, llena de necesidad a pesar de la liberación de placer. Mi semilla no se derramará en mi compañera hasta que la haya reclamado como mía. No puedo hacerlo sin miedo a quemarla. Esta será mi primera vez en reclamar por completo a una mujer, para llevar las cosas más allá del coqueteo de una batalla. Terminar dentro de mi hembra en lugar de alejar su coño en el último momento y derramar mi semilla sobre su espalda es un salvaje despido de su afecto.

Pensé que iba a aparearme con una mujer que me diera un desafío mediante una batalla, que sería tan ferozmente brutal como lo soy con mis garras y colmillos. En cambio, es mi suave y dulce Is-be-la con su piel tierna y su forma frágil. La alegría de reclamar a mi compañera es abrumadora. Mía. Está todavía debajo de mí. Las manos que tiraban de mí ahora revoloteaban contra mi piel. Entonces un puño me golpea en el hombro.

-¡Ay!- Se retuerce debajo mío otra vez, pero no es el movimiento del placer. La aprisiono en su lugar con mi cuerpo más grande, sosteniéndola mientras mi veneno se vierte en su sangre. Su sabor es dulce contra mi boca, y extraño. Me doy cuenta de que su sangre cambiará una vez que esté unida a mí y la idea me llena de orgullo. Tendrá mi sabor, mezclado con el de ella.

Mi olor sobre ella. Permanentemente.

Su mano me golpea en los hombros y murmura más palabras, cada vez más enojada. Mi nombre está ahí y sé que está sufriendo. El fuego siempre pica con el primer reclamo. Pero Is-be-la no parece entender lo que estoy haciendo. Sus manos tiran de mi cabello, decidida a sacarme de su garganta. Ignoro su feroz tirón, decidido a dejar que el fuego fluya en su sangre para completar el reclamo. Disfrutará de la siguiente vez, cuando el calor no sea tan nuevo para su frágil cuerpo. Sabrá relajarse con mi mordida y se convertirá en placentera. Le diré estas cosas para que no luche la próxima vez. Solo se está haciendo daño. Estoy perdido en el placer de reclamar a mi compañera. Tanto es así que me toma un momento darme cuenta de que ya no está peleando.

Está llorando y mi corazón se estremece de dolor. El veneno desaparecerá pronto y mis colmillos se retraerán de nuevo en mi boca y entonces podré apartarme de ella. Luego, observaré cómo los cambios se adueñan de su amado cuerpo con placer. No puedo esperar a que ella se dé cuenta del regalo que le estoy dando, el vínculo que nos unirá eternamente. Lo último del fuego deja mis colmillos y mi cuerpo da un último temblor, mi polla chorreando la tan esperada liberación de mi semilla en ella. Es finalmente mía, puedo darle mi semilla sin quemarla. La siento sisear y tensarse debajo de mí y sé que es por el calor de mi semen inundando su útero.

¿Se da cuenta de que ahora somos compañeros? Complacido, me relajo encima de ella, agotado por haber vertido mi fuerza en el veneno que le he transferido. No tenía idea de que me iba a costar tanto, pero, de nuevo, ¿cómo podría no ser así? Estoy compartiendo mi esencia Drakoni con ella, y ella no tiene ninguna esencia propia para transferir. No importa. Es mía. La he reclamado.

Mía. Is-be-la es mía. Toda mía.

La oigo suspirar y me agrada. ¿Puede oír eso? ¿Ya funciona el enlace mental? Trato de unir su mente con la mía, incluso mientras lamo la herida en su garganta. Debajo de mí, su piel se está calentando. El cambio está empezando. No hay una respuesta de su mente, todavía no, pero llegará pronto. Estoy complacido. Muy complacido. Gruñe una palabra áspera y su brazo se mueve. Algo duro y pesado golpea la base de mi cráneo, mis ojos se nublan y tengo la sorprendente constatación de que mi frágil y dulce Is-be-la me ha atacado. Entonces todo se oscurece.

ISABELA

Un gemido se me escapa de la garganta mientras descanso bajo la forma dura y pesada del hombre dragón con el que acabo de tener sexo. Todo en mi cuerpo duele y estoy llena de emociones, todas mezcladas. Ese había sido el mejor sexo que jamás había tenido, hasta la parte donde me atacó. ¿Hasta entonces? Me había sorprendido y complacido lo increíble que era el sexo con Edward. Su polla era enorme y parecía golpearme en todos los lugares correctos. Cada empuje dentro de mí me había hecho reavivar el orgasmo y me había venido al menos tres o cuatro veces. Fue amable, a pesar de que es mucho más grande que yo y estuvo completamente centrado en hacerme venir. Y venir. Y venir.

En toda la experiencia (aunque pequeña) que había tenido con el sexo, nunca había sido tan largo ni tan duro con nadie. Me encantó cada maldito y agotador segundo. Hasta que me mordió. Entonces todo cambió. Pasé de los orgasmos constantes a una descarga de dolor y eso detuvo la diversión y el placer del sexo tan tajantemente como si me hubiera topado con una pared de ladrillos. Golpeé los hombros de Edward, rogándole que me soltara, pero todo fue en vano. Solo seguía mordiéndome y gruñendo, su gran polla muy dentro de mí. Si así es como los dragones terminan en el sexo, ya no quiero ninguna parte de eso. Incluso cuando finalmente entró dentro de mí, pude sentir su liberación.

Era como si su semen estuviera brutalmente caliente, tan caliente como la herida en mi cuello que había pasado de morder a solo lamer. Incluso después de que se vino, no se bajó de mí. ¿Toda esa deliciosa atracción que sentí por Edward? Se fue. Pensé que lo entendía. Que éramos amigos. Que nunca me haría daño. ¿Controlarlo? ¡Ja! Broma de mierda.

Así que había tomado el asunto en mis propias manos. Busqué en el piso mientras estaba distraído lamiéndome la herida en el cuello. No había mucho al alcance para usar como arma, pero había encontrado un trozo de concreto. Lo golpeé en la parte posterior de su cráneo, incluso cuando habría jurado que había gruñido MÍA.

Me había dado una mirada de sorpresa que fue casi cómica y luego se derrumbó encima de mí. Y ahora su cuerpo extendido está aplastando el mío. Me siento traicionada. Herida. Enojada. Empujo sus grandes extremidades, frustrada. Un momento de pánico comienza más tarde. ¿Acabo de... matarlo? Mierda. Paso un dedo por debajo de su nariz, comprobando si hay aire. Todavía respira. No quiero matarlo, había sido amable hasta ese momento y me había encantado. Pero es bueno saber esto, creo. ¿Humanos y dragones? Son demasiados diferentes. Está claro que Edward solo me ve como un juguete y he estado creando historias de fantasía en mi cabeza sobre lo que podría pasar si un humano y un dragón su unen.

Esto es una llamada de la realidad. Hora de volver a casa, de vuelta al Fuerte Dallas. Si Edward solo quiere un juguete sexual, tendrá que buscar en otra parte. Me estremezco de nuevo, recordando la sensación de esos colmillos calientes enterrados profundamente en mi garganta. Es curioso cómo las películas siempre hacían que las mordeduras de vampiros se vieran sexys. Claramente, nadie que haya escrito esos guiones ha sido mordido en la garganta antes, porque esa mierda no es para nada divertida. Incluso ahora, la herida se siente caliente y adolorida. Mi coño también, pero... por razones completamente diferentes.

Tengo que irme antes de que Edward vuelva a sus sentidos. Necesito regresar al Fuerte Dallas y a la seguridad de la muralla de autos y las barreras de concreto. Ahí estaré a salvo de las atenciones de un dragón demasiado amoroso al que le gusta morder cuando tiene un orgasmo. Empujo su cuerpo, repentinamente furiosa. No estoy segura de sí estoy enojada con él por ser un dragón y, por lo tanto, no ser tan humano como me gustaría, o si estoy enojada con la milicia del Fuerte Dallas que me dejó aquí para morir y me dijo que lo domara. O si estoy enojada conmigo misma por meterme en esta situación. Probablemente todo lo anterior.

Sin embargo, no importa. Voy a dejar que esa ira me alimente y me saque de aquí. Con movimientos pequeños y ondulantes, logro mover su peso hacia un lado, y desde allí, es simplemente una cuestión de hacer girar su cuerpo grande y pesado. Se deja caer de espaldas, y lo estudio. La cara de Edward es pacífica, su boca ligeramente separada como si hubiera pensado en besarme medio segundo antes de que lo golpeara en la cabeza. Su polla todavía está semidura, y brilla, húmeda con los efectos secundarios de nuestro amor. No, fue sexo, me corrijo mentalmente. Todo el "amor" salió por la puerta cuando me mordió. Me pongo de pie y paso por encima de su cuerpo grande y tendido, y miro mi reflejo en el espejo. Mi cuello es de color rojo brillante y está inflamado donde me ha mordido, las dos punciones profundas a una distancia considerable en mi piel. Paso una mano sobre la herida, haciendo una mueca. Está hinchada y se siente caliente al tacto.

¿Me envenenó? Jodidamente genial. Me vuelvo y miro su cuerpo tendido, dividida entre la necesidad de darle una patada en el Jimmy por ser tan idiota y la necesidad de levantarlo y acurrucarme contra él. Debo estar realmente jodida de la cabeza para siquiera pensar en lo último, pero el impulso sigue ahí. Paso por encima de él y salgo del baño. Cierro la puerta con llave y luego me doy cuenta de lo estúpido que es eso. Él simplemente puede estrellarse contra una pared o volar por el agujero en el techo. No puedo encerrarlo en ningún lugar de donde no pueda salir, así que necesito ser rápida e inteligente. Me dirijo a las escaleras de salida de emergencia. Si corro rápido podría regresar al Fuerte Dallas para el anochecer. Tendré que volver a anudar el jersey de mi mono roto para no estar desnuda, pero es posible. Hoy no es un día de ataque a dragones, así que debería estar a salvo.

Por favor, deja que Edward se quede dormido hasta que llegue a casa.

Si no estoy dentro de los muros del Fuerte Dallas para cuando se despierte, estaré jodida, en más de una forma. Pienso en la mordedura que vino al final del sexo y en la ola caliente de su semen dentro de mí y me estremezco. No otra vez. El pensamiento estimula a mis cansadas y temblorosas piernas cuando corro a la habitación principal, recojo los restos de mi mono y luego corro por las escaleras más cercanas. Puedo descansar cuando esté a salvo en mi propia cama.

Todo esto terminará pronto.

Debería haber buscado una ropa mejor, me digo mientras abro la puerta doblada de un auto y me deslizo entre dos automóviles viejos y fundidos que forman parte de la barricada del Fuerte Dallas. El mono que había vuelto a tomar permaneció entero durante un minuto y luego terminó cayéndose en pedazos en un santiamén. A estas alturas, estoy caminando por las calles del Fuerte Dallas completamente desnuda, cubierta de rasguños, mugre y oliendo a sexo de dragón. Pero al menos llegué a casa. Golpear a Edward para poder regresar a la ciudad había sido la prioridad ¿Si eso significa desfilar desnuda y recibir rasguños en el proceso? Lo volvería a hacer al instante.

No hay nadie en las tierras para hurgar salvo yo, de cualquier manera. Ha sido un largo día, pero casi acaba. Espero. Había visto un dragón rojo en los cielos ni diez minutos después de haber dejado atrás a Edward. Me había escondido, asustada de que de alguna manera fuera a verme. Mi mente se llenó de los recuerdos de la pelea de Edward con el otro dragón dorado y lo rápidamente que le había rasgado la garganta a su oponente. Lo último que necesitaba era ser reclamada por otro dragón mientras huía de otro. Me había acurrucado en un viejo contenedor de basura, sin importarme que apestara a basura vieja y el hedor fuera abrumador al mediodía. No importaba, era seguro. Bueno, algo.

Dudo que vuelva a sentirme completamente segura. Pero tras una hora y sin más avistamiento de dragones, abandoné mi escondite y seguí hacia el Fuerte Dallas, mirando constantemente sobre mi hombro en busca de alas doradas. Pero los cielos permanecieron despejados. Y ahora que la noche está cayendo, los cielos de un púrpura oscuro con el crepúsculo, puedo ver las pequeñas fogatas dentro del Fuerte Dallas. Es un alivio y sé que quizás Ángela y Sasha están calentándose las manos en una de ellas.

Presiono dentro de la barricada, meneándome a través del familiar agujero por el que he escapado docenas de veces en las salidas para hurgar. Cada buen carroñero tiene su propio secreto para esquivar a los guardias de la puerta y este es el mío. Me abro paso hasta el asiento trasero del auto y aterrizo en un espacio estrecho para arrastrarme entre un edificio de ladrillos derrumbándose y un callejón viejo y lleno de basura usado para las transacciones del mercado negro, un poco lejos de las avenidas principales. Nadie está afuera y eso es bueno. La gente tiende a reunirse cerca de las fogatas cuando oscurece o esconderse dentro de sus casas. Funciona para mí. Nadie me verá actuar como Lady Godiva a través de la ciudad.

Lo que está bien, porque estoy cansada, dolorida y tengo frío. La herida en mi garganta palpita con su calor incómodo y eso hace que me preocupe. ¿Las mordidas de dragón se infectan? Y pensar que había besado a Edward. Pensar que quería besar a Edward. Que lo había anhelado. Diablos, había buscado tener sexo, incluso luego de que estuvo preparado para retroceder. Debo estar loca.

Me mantengo en las sombras, dirigiéndome a través del revoltijo de calles que conforman el asentamiento del Fuerte Dallas. La pequeña "casa" que comparto con Ángela y nuestra amiga Sasha está ubicada en la parte más pobre de la ciudad, lo que significa que está en el centro, donde la gente está menos protegida de los ataques de dragón. Los alrededores, y el viejo estacionamiento que contiene todos los edificios importantes como las barracas de la milicia y la cárcel, es donde la gente está más segura, pero necesitas dinero o poder (o ambos) para conseguir un sitio como ese. No tengo ninguno, así que vivimos en la parte trasera de medio autobús escolar en un lote de estacionamiento rodeadas por otros que tienen igualmente poco dinero y protección.

Nuestro pequeño autobús tiene cuatro neumáticos desinflados, una parte delantera aplastada y casi ningún asiento; fueron una de las primeras cosas que vendimos. No obstante, está bien, ya que no planeamos manejar a ninguna parte. El interior de metal lo hace un hogar razonablemente cómodo, aunque es dolorosamente caluroso en el verano y amargamente frío en el invierno. Pero nos mantiene a salvo y secas y eso es todo lo que uno realmente puede pedir en tiempos como estos. Lo veo en la oscuridad junto con el destello de una pequeña lámpara en el interior y una oleada de alivio me invade. Corro hacia casa, empujando la puerta plegable y me arrastro dentro.

-¿Ángela?- pero solo está Sasha acurrucada cerca del fuego de la cena. Sasha, con sus ojos marrones, cabello oscuro y rostro demasiado delgado. Sasha, que era preciosa y podría haber trabajado como actriz o supermodelo si todo lo del "Apocalipsis dragón" no hubiera sucedido. Se ve delgada y hay un enorme moretón cubriendo uno de sus pómulos. Sus ojos se agrandan al verme.

-¡Isabela! ¿Dónde demonios has estado?- Me desplomo sobre mi pequeño colchón, envolviendo las mantas alrededor de mi cuerpo como ropa improvisada.

-¿Dónde está Ángela?- Sasha pone una tapa sobre el pequeño medio barril de metal que usamos para fogatas y luego se arrastra a mi lado.

-Te ves horrible ¿Te encuentras bien? ¿Y por qué estás desnuda? ¿Te lastimaron? ¿La milicia te retuvo?- Jadea -¿Te están haciendo...?- Sasha es charlatana. Sin embargo, su torrente de conversación preocupada me hace sentir mejor. Es normal y pocas cosas se sienten normal últimamente.

-Estoy bien, lo prometo- toco su brazo -larga historia y una que compartiré después. ¿Dónde está Ángela?-

-Fue a buscarte- dice Sasha, sacando una botella abollada de agua y pasándomela -¿Estás... bien? ¿En verdad? ¿Los guardias abusaron de ti? ¿Es por eso que no tienes ropa y estás toda rasguñada?-

-No. En serio, estoy bien. Pero Ángela...- Los ojos de Sasha se agrandan.

-¿Y puedo decir esto? Hueles... realmente raro, chica. Como a basura y algo más. ¿Estuviste hurgando y te robaron? Quiero decir, huele como si hubieras estado hurgando, pero te has ido por días y nadie hurga desnudo- le muestro a Sasha una sonrisa cansada y tomo el agua. Intento dar un sorbo... y termino acabándomela por completo. Estoy totalmente deshidratada y la sensación de tener fiebre está creciendo. La herida en mi cuello me está molestando. De hecho, todo me está molestando en este momento, desde la sensación áspera de mis mantas a la manera en que mi cabello sucio cae contra mi piel.

-Creo que estoy enferma- le digo a Sasha.

-¿Enferma? ¿Cómo?- un dragón me mordió durante el sexo.

-No lo sé.-

-¿Es por eso que apestas?- Frunce el ceño. Llevo mi muñeca a mi nariz y huelo. Huelo raro. Hay un hedor a sudor y la basura del contenedor, pero hay un aroma más fuerte e inusual saliendo de mis poros. Huele, extrañamente, como a Edward: piel de dragón, especias y calor. Frunzo el ceño y huelo mi otra muñeca, luego mi cabello. Sin duda viene de mí. Tal vez su aroma se me pegó durante el sexo... pero ¿no se habría ido a estas alturas?

-Necesito un baño- quiero decir, apesto, pero la verdad es que... me gusta el olor. Otra razón por la que estoy enferma de la cabeza. El aroma de Edward es atrayente, reconfortante y desearía odiarlo ahora.

-Puedes bañarte después. No obstante, tienes que contarme esta historia primero- regresa al fuego y levanta la tapa, mientras lo hace, el aroma a sopa llega a través del aire, haciéndome agua la boca -estoy haciendo estofado si tienes hambre. Tiene algo de carne de ardilla y patatas.-

-¿Estofado?- la miro con sorpresa -¿Cómo conseguiste los ingredientes para un estofado?- Sasha evita mi mirada, revolviendo la pequeña olla puesta en las brasas.

-¿Cómo crees? Teníamos hambre y no regresabas. No había nada que comer. Tenía que hacer algo- cierto. El "amigo" de Sasha en la milicia que le cambia algunas monedas o bocadillos a cambio de sexo. Bueno, más que sexo, creo, porque siempre regresa con moretones o una mirada asustada en su rostro. Le he advertido antes, que "ver" a este sujeto por comida es un callejón sin salida. Conocemos demasiadas chicas que comenzaron con un amigo y terminaron con veinte o cien. Siempre acaban en Mamadas Becky como una de sus putas. Sasha jura que tiene cuidado, pero los moretones en su rostro y la desesperación en sus ojos me dice algo completamente distinto.

-Lo siento- susurro -debí haber estado aquí.-

-Puede pasar- se encoge de hombros -no fue tan malo y me compró a Ángela y a mí suficiente para comer por unos días. Hay cosas peores. ¿Tienes hambre?- de pronto, la mordida en mi cuello no parece tan terrible. Edward fue amable conmigo, a su propia manera. El amigo soldado de Sasha no tiene ni un hueso amable en su cuerpo. Se sacrificó por esta comida y no voy a rechazarla y herir sus sentimientos.

-Comeré. Gracias- Sasha sirve un poco en un cuenco astillado y me lo pasa.

-Dime qué sucedió. Te has ido por semanas y hemos estado muy preocupadas. Ángela contó que fue a visitar a Alec, preguntando por ti. Él le dijo que la milicia te tenía, así que fue a preguntarles qué pasó- mi estómago se contrae nerviosamente.

-¿Cuándo pasó esto?-

-Hace dos días- Sasha se muerde el labio, mirándome preocupada -pregunté por ahí, pero no llegué a ninguna parte.-

-Está bien- digo, aunque no lo está. Es normal para Sasha y para mí desaparecer durante la noche a veces, yo yendo en excursiones para hurgar y Sasha con su amigo. ¿Pero Ángela?, Ángela siempre espera aquí en casa. Su pierna está mal y no puede caminar sin que le duela. Que se haya ido por dos días es... malo. Trago la comida. Tengo que encontrarla -habló con Alec, ¿eh? Ese maldito bastardo- Sasha me mira confundida, acunando su cuenco.

-¿Qué hizo?-

-Me entregó a la milicia, eso pasó- mastico con enojo, decidida a comer rápidamente. No voy a pensar en el hecho de que la carne está un poco echada a perder o que es tan fina que apenas puedes saborearla en el caldo. No quiero pensar en que tuve carne fresca con Edward todas las noches -me traicionó- en cambio, me centro en Sasha -le llevé a Alec algunas cosas para vender y tenía a la milicia esperando cuando llegué. El bastardo me entregó para salvar su propio pellejo- ante el jadeo consternado de Sasha, continúo -la milicia me arrestó y me encerró por más de una semana, mientras decidían qué hacer conmigo. Entonces me llevaron a juicio en frente del alcalde y puedes adivinar cómo resultó eso- su mandíbula se aprieta y frunce el ceño.

-¿Ese gordo hipócrita?-

-Síp. Sentado allí, usando también un portátil. Tuvo la desfachatez de mirarme a los ojos y decirme que hurgar era malo y que no debería hacerlo, mientras usaba un equipo encontrado por carroñeros. Es un pedazo de mierda. Como sea- me estremezco y bajo mi cuenco vacío, arrastrando las mantas más cerca -decidió que debería ser exiliada permanentemente- Sasha contiene el aliento por la alarma -empeora- le digo -la milicia tuvo una idea distinta- Sasha se impresiona.

-¿Peor que el exilio? ¡Eso es la muerte! ¿A dónde puedes ir? ¡Oh, Isabela! ¡Esto es horrible! El Fuerte más cercano de aquí es el Fuerte Orleans y eso está a muchos kilómetros de distancia. No lo lograrás- las lágrimas inundan sus ojos -si los nómadas no te atrapan, los dragones te...-

-Está bien, Sasha. En serio. Solo escucha- alzo las manos en un intento de detener la corriente de su preocupación -la milicia había escuchado que alguien en el Fuerte Orleans domesticó un dragón y decidieron usarme como carnada- sus expresivos ojos se abren de par en par y abre la boca, pero salto antes de que pueda volverse loca de nuevo -antes de que preguntes, te lo diré. Parece que a los dragones les gustan las mujeres humanas. La milicia me aseó y me encadenó a un poste en uno de los edificios abandonados y luego me dejaron para un dragón- hago una sonrisa irónica -¿A que no sabes? Uno apareció poco después- la mandíbula de Sasha se abre.

-Pero... cómo...-

-Lo sé. Fue... extraño- me estremezco ante el recuerdo de ver a Edward por primera vez -no me lastimó. De hecho, está fascinado por mí. Creo que la milicia tenía razón, a los dragones les gustan las mujeres humanas. El que encontré era uno grande dorado, me olió e intentó alimentarme- apreté más las mantas, preguntándome cuánto debería decirle. Bien podría escupirlo todo -Oh, y, eh, se convierte en un hombre.-

-¿Se convierte en un hombre?- la cabeza de Sasha se inclina ligeramente, como si le resultara difícil digerir esto -¿A qué te refieres?-

-Quiero decir, son cambiaformas. Aterrizó frente a mí y se convirtió en un tipo- hago un gesto al aire, como si de alguna manera eso fuera a ayudar a explicar las cosas -tiene casi dos metros diez de alto y su piel es de un raro y veteado tono, pero tiene cabello, cejas y todo. Se ve humano excepto por los ojos y tiene garras. Y colmillos. Y eh, algunas púas en sus brazos. Y eh, un quipo más grande que el promedio- Sasha me mira fijamente.

-¿Viste su equipo?-

-Bueno, estaba desnudo.-

-Y estabas desnuda- alza sus cejas -¿Tú...?-

-Eso no es importante. Solo, ya sabes, estaba diciéndote sobre cómo son distintos de nosotros, pero aun así similares- me estoy ruborizando tanto en este momento.

-¿Tenía púas?- la miro fijamente.

-¿Qué cosa?-

-Su pene. Leí una vez eso en un libro- dice Sasha -antes de los dragones. Estaban estos tipos cambiaformas y tenían penes con púas. Algunos de ellos incluso tenían dos penes.-

-¡Dios, no! Era solo, eh, distinto. Más grueso. Y es caliente al tacto- no voy a decirle sobre la abrasadora liberación de su semen.

-¡Entonces tocaste su pene!-

-Su piel- grito -su piel es caliente al tacto.-

-Pero lo tocaste, ¿verdad?- susurra -puedes decirme.-

-Eh. Quizás- cuando los ojos de Sasha se agrandan, agrego rápidamente -¡No fue tan así!- fue exactamente así, pero no tienen que conocer los detalles. Sasha se aclara la garganta, parpadeando.

-Entonces, ¿intentaste domesticarlo?-

-¡No! ¡No quiero domesticarlo! Fue solo...- lucho por explicarlo -entonces... Me capturó, fue realmente agradable y siguió intentando hablar conmigo. Pero también dejó claro que me deseaba.-

-¿Te deseaba, te deseaba?- asiento.

-¿Supongo que no ven muchas mujeres? Seguía intentando tocarme, pero cuando decía no, retrocedía. Quería que lo deseara también- la nariz de Sasha se arruga ante la idea. Y quiero aclararle las cosas. Edward puede ser realmente dulce y seductor y en ese momento se sintió correcto estar con él. Pero luego me mordió y todo volvió a cambiar. Va a ser muy difícil explicar la dinámica con Edward. La constante posesividad seguida por la intensa ternura. Sasha no lo comprenderá. Diablos, es difícil para mí comprender las cosas a veces y estuve allí. Es difícil pensar en un dragón siendo tierno y cariñoso... Y mordedor. Hay una dualidad en Edward, por un lado es increíble, y por el otro es increíblemente aterrador -tendrías que haber estado allí. Me protegió de otro dragón.-

-¿Otro dragón?-

-Sí. Intentó arrebatarme de él- salto la parte donde aparentemente los dragones pueden oler la excitación y que así fue cómo el otro dragón me encontró -Edward me rescató del otro dragón y estuvo muy emocional. Me deseaba, y comencé a limpiarlo y una cosa llevó a la otra...-

-¿Limpiarlo?-

-La sangre. Rasgó la garganta del otro dragón- los ojos de Sasha se agrandan.

-¿Y dormiste con él luego de eso?-

-No iba a decirle que no- le digo. Pero se siente injusto pintar esa imagen. Pude haberle dicho que no a Edward otra vez. Pude haberlo apartado. La verdad es que, cuando comenzó a tocarme, había respondido y había deseado tener sexo con él. Pero Sasha no entenderá eso. No le gusta el sexo y solo lo hace con su amigo oficial para obtener comida. No comprendería el puro anhelo y necesidad que sentí de que Edward me tocara, o cómo se sintió cuando puso su boca en mi coño y se dio un festín.

-Y... ¿tuviste sexo con él y te dejó ir?- Sasha parece impresionada -vaya. En verdad están domesticados por las mujeres.-

-No exactamente- me froto la mordida caliente en mi cuello. Dios, me siento caliente de nuevo. Adolorida, de hecho -en mitad del sexo, me mordió y dolió, así que lo noqueé con una roca en la cabeza. Lo dejé inconsciente y huí- Sasha pone una mano en su boca, jadeando.

-¿Te mordió? Déjame ver- bajo las mantas y aparto mi cabello, exponiendo mi cuello.

-¿Se ve mal? Se veía feo antes- Sasha se inclina, encendiendo una de sus preciosas linternas, que solo son usadas para emergencias e ilumina mi piel. La luz parpadea de un lado a otro en mi cuello.

-¿Dónde te mordió?-

-¿Estás bromeando?- puedo sentir el calor de la mordida corriendo a través de mi piel como veneno. Toco mi cuello para mostrarle -aquí.-

-No veo nada- los dedos de Sasha recorren ligeramente la piel y se sienten extrañamente fríos -estás caliente, pero la piel no está herida y nada parece infectado. ¿Segura que no entraste en pánico y te lo imaginaste? Creería que tener sexo con un dragón puede distraer un poco. Todas esas escamas.-

-No tiene escamas- murmuro, con la mano en mi garganta. Lo extraño que es que la mordida haya desaparecido -su piel es suave.-

-Ajá- Sasha claramente no me cree -mira, no voy a juzgarte por tener sexo con él. Haces lo que tienes que hacer para sobrevivir. Confía en mí, entiendo eso- apaga la linterna y se sienta frente a mí -¿Crees que va a estar enojado?-

-No lo sé- estoy intentando no pensar en ello.

-¿Vendrá tras de ti?- se estremece ante la idea, jalando las mantas más cerca de su cuerpo.

-Tampoco lo sé- digo, pero sospecho que estoy mintiendo, incluso a mí misma. Claro que Edward va a venir detrás de mí -aunque, estoy a salvo en la ciudad- Sasha parece escéptica pero no dice nada.

-¿Terminaste de comer? Hay más- le entrego mi cuenco vacío y niego con la cabeza.

-Estoy bien. Tengo que vestirme- me giro hacia mi pequeño baúl de pertenencias y saco una camiseta y un par de vaqueros.

-¿A dónde vas?- pregunta Sasha.

-Tengo que encontrar a Ángela. No ha regresado aún y quiero saber que está bien.-

-Te ves agotada, Claudia. ¿No puede esperar unas horas?- No hay nada que desee más que arrastrarme en la cama y dormir por unas horas. Este ha sido el día más largo de mi maldita vida, comenzando por un dragón secuestrándome, luego sexo con un dragón y luego correr por medio Viejo Dallas para regresar a casa con Ángela que incluso mi aplastado y lamentable colchón parece tentador. Mi cuerpo duele de cansancio y me siento caliente y mareada. Pero tengo que encontrar a Ángela. No está a salvo. Mi hermana menor es demasiado confiada y no la quiero en las manos de los guardias. Sasha no dice nada mientras me visto rápidamente y me pongo un par de botas pesadas. Las de repuesto son un poco demasiado apretadas para mis pies, pero son un buen par de botas y servirán. Meto un cuchillo de recambio en mi cinturón y luego le muestro a Sasha una sonrisa confiada.

-Regresaré pronto con Ángela. No te preocupes.-

-No puedo evitar preocuparme- dice Sasha en un hilo de voz -ustedes dos son todo lo que tengo- siento lo mismo. Pero Sasha puede sobrevivir por su cuenta. Sasha está a salvo. No sé dónde está Ángela.

-Tengo que irme- le digo -Regresaré.-

-De acuerdo- Sasha no suena convencida. No la culpo. Tengo el mal hábito de no regresar.