Seis:


La Tradición


—Veo que no nos queda más remedio que seguir con este coche tan discreto —comentó Hinata cuando Naruto se metió en la autopista en dirección norte.

—De momento, sí. Tenemos que salir de la ciudad a toda velocidad y, por suerte, este coche lleva un cohete pegado en el culo.

—¿Hacia dónde vamos?

—Amegakure. Mito me ha dicho que había dejado las instrucciones en tu bolsa.

Hinata se volvió hacia los asientos traseros en busca del petate que le había dado su tía. Dentro encontró su pasaporte, una carta escrita a mano, un mapa con una «X» justo encima de Amegakure, y dos libros enormes. Uno llevaba por título El libro de la Tradición, y el otro El libro de los Guerreros.

Cogió la carta y preguntó.

—¿Por qué Mito parece a veces tan ausente?

Naruto dio un sorbo a su Red Bull sin mirarla.

—Porque está tan ocupada viendo el futuro que a veces el presente se le escapa. Te acabas acostumbrando. Además, tiene más de tres mil años.

Eso era alucinante.

—¿Y tú cuántos años tienes?

—Casi un milenio. —Naruto no aparentaba más de treinta o treinta y uno.

—No era broma eso de que provenías de la Edad Media. ¿Por qué no se te nota en el acento?

—Las especies de la Tradición nos adaptamos a los nuevos lenguajes y acentos. Es algo innato.

Cuando Hinata rompió el lacre negro que sellaba la carta, Naruto se inclinó hacia ella para poder ver el contenido, pero la joven dobló el extremo del papel hasta que él se dio por vencido y, encogiéndose de hombros, volvió a mirar hacia adelante.

Sólo entonces, Hinata empezó a leer la elaborada caligrafía... sólo que con las gafas parecía costarle más que sin ellas.

Querida sobrina:

¡Bienvenida por fin a la familia!

Esta carta te explicará todo lo que no he tenido tiempo de contarte. Dentro del pack de bienvenida encontrarás dos libros. Uno cuenta la historia de nuestros orígenes, y habla de las mejores guerreras valquirias de la historia. Tu madre está entre ellas.

Tu padre era un ingeniero humano, y fue el gran amor de Hanna. Lo asesinaron unos vampiros para vengarse de uno de nuestros ataques, antes de que ella supiera que estaba embarazada.

¿Vampiros? ¿Ataques?

—¿Las especies de la Tradición son más violentas que los humanos? —le preguntó a Naruto. Él respondió sin mirarla:

—Mucho más. Siempre tenemos guerras en marcha.

—Guerras en marcha —repitió ella. ¿Por qué alguien como Hinata iba a querer entrar a formar parte de ese mundo tan tumultuoso?

A Hanna se le rompió el corazón al abandonarte, pero es lo que hacen las valquirias con los bebés humanos. Y todas estábamos convencidas de que eras humana. Lo hizo porque te quería. De eso puedes estar segura.

Y lo estaba. Hinata sabía que no era casualidad que la hubiera dejado en casa de sus maravillosos padres adoptivos.

En el otro libro, encontrarás algunas explicaciones sobre este nuevo mundo en el que has aterrizado. Lee ambos volúmenes. Luego te haré un examen. Y ahora, sigamos, sé que tienes muchas dudas sobre lo de ser una valquiria...

¿Cómo podía saber eso? A no ser... —Es una adivina de verdad —murmuró Hinata. —Oh, sí — dijo Naruto, que al parecer estaba un poquito más relajado.

Lo único que te pido es que le des al valquirismo una oportunidad. Sin trampas. Todas las demás lo han hecho. Y lo único que tienes que hacer es acoger con los brazos abiertos todo lo que has temido durante los últimos veinte años. ¡No es tan difícil!

Besa los cuernos de Naruto por mí, y, sí, puedes tratarlo como a un inferior si quieres, porque eso es lo que es...y es a lo que está acostumbrado.

¿Que le bese los cuernos? Hinata trataba de fingir que no los veía, así que ni loca iba a besárselos.

Dos consejos: si quieres estar segura de que tu milenario guardaespaldas te dice la verdad, haz que lo jure por la Tradición. Y si no quieres quedarte embarazada, no comas, las valquirias no somos fértiles si no comemos los frutos de la tierra. Besos.

Mito, valquiria, adivina sin igual.
Semidiosa, tu querida tía.

Hinata dobló la carta y se quedó sentada pensando. «Demasiadas cosas a la vez.» Demasiada información, y sólo era la carta de bienvenida. Descubrir la profesión de su padre ya había sido algo increíble para ella.

Con un suspiro, cogió El libro de los Guerreros y lo abrió por el capítulo que llevaba por título «El origen de las valquirias», y al instante se quedó fascinada por el relato.

Se decía que en la Tradición, miles de años atrás, los dioses Wóden y Freya se despertaron, tras una década dormidos, al oír el grito de una guerrera que moría en el campo de batalla. Freya se quedó maravillada ante el valor de la muchacha, y quiso conservarlo, así que ella y Wóden lanzaron un rayo a la humana.

La doncella se despertó en la mansión de los dioses, curada y sin heridas, pero mortal, y embarazada de su primera hija; una valquiria inmortal. A lo largo de los siglos, los dioses lanzaron varios rayos sobre guerreras moribundas pertenecientes a distintos clanes de la Tradición; desde furias a mutantes y licántropos.

Freya y Wóden dieron a todas las hijas de aquellas mujeres el aspecto físico de la diosa y la astucia del dios, y combinaron esas cualidades con el valor de la madre en cuestión y las características individuales de sus antepasados. Las nacidas eran todas medio hermanas entre ellas, pero todas eran únicas; aunque, según la Tradición, siempre se podía reconocer a una valquiria porque sus ojos se volvían plateados cuando experimentaban emociones fuertes.

Hinata levantó la vista.

—¿Esta noche he tenido los ojos plateados? Naruto asintió y por fin la miró.

—Así es como he sabido que te habías transformado en valquiria. O que empezabas a transformarte. —Se pasó las palmas de las manos por los muslos y sujetó el volante con las rodillas. —A todas las criaturas de la Tradición los ojos nos cambian de color. —A Naruto se le ponían rojos.

Pasándose las perlas por los labios, Hinata se quedó meditando esa información. Si se creía todo eso, también tendría que asumir que era descendiente de unos dioses nórdicos. Una cosa era que una persona que había sido adoptada descubriera que sus padres biológicos eran ricos o famosos, pero lo suyo rozaba el ridículo.

Y, a pesar de todo, tenía sentido, y explicaba muchas de las cosas que le habían ido sucediendo. Cosas que ella no entendía, y que un psiquiatra pomposo había empezado a medicar sin más.

¿Su obsesión por las joyas? Una característica propia de las valquirias, heredada directamente de Freya. ¿Su fascinación con los relámpagos y las ganas incontrolables que tenía siempre que había tormenta de meterse debajo? Las valquirias se alimentaban de la electricidad, absorbían la energía de la Tierra. La especie se había creado con rayos, y así era como Hinata había empezado a transformarse.

Se preguntó si sus «abuelos» le habían mandado ese rayo, o si lo había causado ella con su miedo. ¿La fuerza sobrenatural que tenía y que se esforzaba tanto en esconder? Las valquirias eran extraordinariamente fuertes, fieras, unas guerreras.

Y también muy... apasionadas.

Pensó en la última vez que se había metido en una cama con un hombre, un compañero de clase llamado Bobby. Tenían dieciséis años, y los inexpertos besos de Bobby la volvieron loca. Saltó encima de él y lo sujetó con fuerza.

Hinata estaba tan absorta que no se dio cuenta de lo asustado que se hallaba el muchacho. Terminó por ver que él no le devolvía los besos... y que ella le había clavado las uñas en los brazos para sujetarlo e impedir que se escapara.

Bobby se quedó mirándola aterrorizado y Hinata le devolvió la mirada, atónita. Como si estuviera poseída, susurró:

—Supongo que no volveremos a vernos, ¿no?

Tan pronto como lo soltó, él salió huyendo.

Bobby no tardó en contar a toda la escuela lo que había sucedido, y pronto ningún chico volvió a pedirle para salir, así que Hinata se encerró todavía más en sus estudios.

De hecho, hasta el primer año de universidad no volvió a intentar quedarse a solas con un hombre. Lo único distinto de ese encuentro fue que ella tenía aún más fuerza y era más agresiva.

Horrorizada ante esos recuerdos, buscó la historia de Hanna en El libro de los Guerreros. Hanna la Atrevida había sido una gran estratega y había mandado tropas de valquirias, brujas y furias en la Gran Batalla de los Campos de la Perdición.

Si las fechas de la batalla eran correctas, Hanna había ido a la guerra embarazada de Hinata. Seis años más tarde, perdió la vida luchando en primera línea en el famoso Asedio de las Dieciocho Noches.

Hinata llegó a la conclusión de que si en verdad existía otro mundo, entonces tenía mucha historia que aprender.

Sintiéndose de repente exhausta, cogió el Libro de la Tradición y se lo puso encima del regazo sin ganas. Al pasar páginas, encontró una lista de todas las especies conocidas de inmortales. Tras una breve introducción, había una historia más detallada. Leyendo por encima, se hizo una leve idea sobre los espectros, las sirenas, los mendigos y las de monarquías...

—¿Te apetece comer o beber algo? —preguntó Naruto.

Por el momento no tenía hambre.

—¿Tienes algo de beber que no sea Red Bull?

El sacó una botella de agua de la parte de atrás de su asiento y se la ofreció. «Es de mi marca preferida», pensó ella.

—Gracias.

Giró el tapón con cuidado de no tocar... ¡Mierda! Había tocado el borde de la botella. Con un suspiro, volvió a colocar bien el tapón y dejó la botella a sus pies.

—¿Le pasa algo al agua?

Hinata dudó si responderle, pero llegó a la conclusión de que tarde o temprano se enteraría de sus manías, de los problemas que tenía para comer, de la fobia que sentía hacia los gérmenes, de su incesante ansia por ordenarlo todo.

—He tocado el borde. —Levantó la barbilla. —Ha habido una transferencia y ahora ya no me la puedo beber.

En vez de reírse de ella, Naruto alargó la mano detrás del asiento y cogió otra botella. La abrió sin tocar el borde y se la pasó.

—Estos tapones tan pequeños son un coñazo —le dijo.

Hinata se quedó boquiabierta. Ella le había dicho exactamente lo mismo a Tenten la semana anterior.

—¿Todavía estás tan aturdida? —preguntó Naruto.

—Un poco.

Bebió. Seguía sintiéndose como si estuviera en medio de un relato de ciencia ficción, como si todo aquello fuera demasiado fantástico para ser verdad.

Incluso cuando tenía a un demonio de mil años sentado a escasos centímetros de ella.

—Lee en voz alta y yo te contaré lo que falta o te explicaré lo que quieras saber.

—¿Cómo quieres que confíe en ti? Me dijiste que las valquirias eran dóciles. En El libro de los Guerreros he leído sobre Kaderin la Despiadada, una asesina que con los colmillos de los vampiros que ha decapitado se hace collares. Y luego está Emmaline la Remisa, que mató a su propio padre. Lo cortó en tres pedazos. Tres. —«La verdad es que Emmaline me cae bien». —Es obvio que no son lo que se diría dóciles.

—Ya te lo dije, sólo era una broma. Como decir que una sirena no sabe cantar.

Hinata ladeó la cabeza.

—Así, ¿si te pregunto algo, me dirás la verdad?

—Sí, si a cambio tú me respondes a algunas preguntas sobre ti.

No le vio ningún problema.

—De acuerdo. Empiezo yo. ¿Cuántas de monarquías hay? ¿Dónde se encuentran?

—Cientos. Casi todas las razas de demonios, desde los demonios de humo, como Bee, hasta los demonios phatos tienen un reino de alguna clase. Normalmente, se encuentran en un universo paralelo.

—¿Un universo paralelo? ¿De verdad existen?

—Hay más dimensiones de las que se pueden trazar en un mapa.

—¿Cómo se llama tu reino?

—Villagelina. —Al decirlo se le marcó más el acento, como si al mencionar su hogar sintiera algo muy profundo.

—¿Cómo se llega hasta allí?

—El portal más accesible está en el sur de África. Eso explicaba el acento.

—¿Y qué aspecto tiene ese universo alternativo? ¿El cielo es violeta y el sol verde?

—No, qué va. Villagelina se parece mucho a la costa oeste de Norteamérica.

—Oh —dijo ella sintiéndose como una tonta, pero en seguida frunció el cejo. —Si Toneri es un hechicero, ¿por qué iba a querer quedarse con un reino demoníaco?

«Chica lista», pensó Naruto. Muy poca gente le hacía esa pregunta, aunque para él siempre había sido la más obvia.

—La tierra es muy rica —respondió. —Y el reino está situado en un lugar estratégico.

Pero en realidad, Toneri no quería el reino para nada, y sólo se lo había quedado para demostrar que podía hacerlo. «Quien controle Konoha, controlará el reino.» Toneri quería lo que había tras los muros del castillo.

Antes de la historia escrita, Konoha había sido levantado alrededor del Pozo de las Almas, para proteger esa fuente de energía mística de hechiceros como Toneri. Y los demonios de la ira fueron designados para defender el castillo.

A pesar de que nunca nadie les había contado qué era exactamente lo que hacía el Pozo de las Almas.

—¿De dónde viene el nombre de los demonios de la ira?

—Porque cuando nos ponemos demoníacos... perdemos el control. Nos ponemos furiosos, llenos de ira, y esas cosas.

—¿Demoníacos? ¿Como cuando antes has luchado contra los vampiros?

—Sí, bueno, eso ha sido sólo un inicio.

Si se transformaba completamente en demonio, a Naruto se le oscurecía la piel, que adquiría un tono rojizo, y su cuerpo se volvía más grande y más fuerte. Los colmillos le crecían, y los cuernos se erguían y afilaban al máximo. En ese estado, supuraban una toxina por las puntas que podía paralizar incluso a un inmortal.

—¿Y te pones furioso muy a menudo? —preguntó ella tragando saliva.

—Es extremadamente raro que nos transformemos del todo. Sólo sucede cuando la vida de un demonio está en peligro, o si sentimos que amenazan a nuestra familia. —«O cuando poseemos a nuestra mujer por primera vez.»

—¿Por qué todos los seres de la Tradición se ocultan de los humanos?

—Históricamente, cada vez que una facción se ha mostrado a éstos ha terminado exterminada. —¿Como por ejemplo?

—Durante miles de años, las brujas se manifestaron como tales, hasta que decidieron empezar a quemarlas en la hoguera. ¿Y sabes toda esa gente a la que en el pasado mataban diciendo que estaban poseídos por el demonio? Pues eran demonios.

—Pero ¿cómo consiguieron mantenerse alejados de los humanos?

—Es más fácil de lo que crees. Solemos vivir en ciudades alocadas o famosas por sus fiestas. La mayoría de los humanos asumen que somos unos excéntricos, o que formamos parte de una broma que les está gastando MTV. —Se puso serio. —Pero todos los mitos son un ejemplo de la existencia de las criaturas de la Tradición.

—¿Qué harías si ahora nos parara la policía? ¿Qué pasaría si uno de ellos te pidiera que te quitaras el sombrero?

—En esas circunstancias, supongo que la mayoría de los demonios optaríamos por huir, recibir algún balazo, y luego rastrearnos a otro lugar.

—¿Rastrearse? He leído sobre eso, significa tele-transportarse, ¿no?

Naruto asintió.

—Pero no todas las razas de demonios pueden hacerlo, y las que poseen el potencial tienen que esforzarse mucho para llegar a dominar la técnica.

—Deduzco que tú no puedes, ya que preferiste atravesar el pantano en vez de rastrearnos a otra parte.

—Antes podía hacerlo. Durante siglos, disfruté de ese poder. Pero Toneri anuló mi capacidad de rastreo, así como la de mi hermano.

—¿Puedes recuperarla?

La miró a los ojos.

—Tan pronto como le corte la cabeza, los dos volveremos a ser libres.

La expresión de Naruto se tornó siniestra, como si se estuviera imaginando acabando con Toneri en aquel preciso instante. Pero entonces la miró a ella y negó con la cabeza.

—Veamos, ahora me toca a mí preguntar.

—¿Qué quieres saber?

—¿Cómo descubriste que eras adoptada?

—Nunca fue un secreto. Mi madre solía contarme la historia de cómo un día me encontró en el portal. Siempre me llamaba su tesoro. —Hinata sonrió con dulzura. —Habían estado intentando tener un hijo durante años, y, al no conseguirlo, iniciaron los trámites de adopción, pero les dijeron que mi padre era demasiado mayor. Al final, vivió más él que ella.

Aunque no demasiado. Su padre había estado tan enamorado de la que había sido su esposa durante cuarenta y cinco años, que cuando ésta falleció a causa de un cáncer, él la siguió al más allá. Se tenían un amor extraordinario, uno de esos sobre los que sólo se lee y raras veces se ve en la realidad.

¿Habrían sentido lo mismo sus padres biológicos?

—Me apuesto lo que quieras a que nunca te imaginaste que tu madre biológica pudiera ser una guerrera valquiria —dijo Naruto, dando un trago a su Red Bull.

—No, siempre dimos por hecho que se trataba de una adolescente. —Un olor extraño captó su atención y husmeó el aire. —¿Estás... bebiendo? ¿Le has puesto alcohol a tu refresco?

—Quizá.

—¡Estás bebiendo mientras conduces!

—Aunque estuviera borracho, mis reflejos serían mil veces más fiables que los de un humano.

—Hablas como un camionero, eres un machista, y ahora me entero de que bebes sin parar. — Miró hacia el cuentakilómetros. —Y además vas muy de prisa.

—Cierto, cierto, cierto. Y tú no sabes lo que es vivir, ni relajarte, ni tampoco sabes pasártelo bien.

—¡Sí sé pasármelo bien!

—No sabrías lo que es eso ni aunque te mordiera en el culo.

—Crees que soy una estirada —replicó ella levantando la barbilla, —una recatada.

—Iba a decir que parece que te hubieras tragado un palo, pero lo de recatada me vale. En especial después de lo que me ha contado Mito esta noche.

—¿Qué te ha contado? —quiso saber Hinata.

—Me ha dicho que eres muy inocente, y no sólo físicamente. Yo ya había deducido que eras virgen, pero...

—¿Cómo? —lo interrumpió ella. Hinata no mantenía en secreto su virginidad, pero tampoco creía que fuera tan obvia.

—Lo llevas escrito en la cara. Es como un imán para los hombres como yo.

—Por favor, dime, ¿qué es lo que tengo escrito en la cara?

—«Me muero de ganas.»

Ella puso los ojos en blanco e hizo acopio de paciencia, porque, que Dios la ayudara, tal vez Naruto tuviera razón.

—Como te decía, ya sabía que eras inocente, físicamente hablando, pero que además lo seas mentalmente me ha dejado transpuesto. ¿Cómo es posible?

—¿Y por qué no? —preguntó ella.

—Con los medios de comunicación de hoy en día es casi imposible. El sexo está por todas partes.

Lo estaba, pero Hinata era toda una experta en esquivarlo. De algún modo, conseguía evitar cualquier cosa que pudiera hacerle perder el control... todo aquello que pudiera ser erótico, apasionado, emocionante, emotivo.

¿Una pareja se daba besos en medio del campus? Ella los esquivaba. ¿Una escena erótica en la televisión? Se daba la vuelta.

—¿Entiendes que un alcohólico decida evitar las licorerías? ¿O que una persona que está a régimen no vaya a la pastelería?

—Una persona que está a régimen también tiene que comprar comida.

—A no ser que el hombre consiga que le lleven la compra a casa —respondió ella.

—¿El hombre?

—¿Por qué tiene que ser una mujer la que esté a régimen?

—Casi se me había olvidado que eres una feminista —respondió Naruto con una sonrisa en los labios.

—Me imagino que cualquiera lo es, comparado con un machista como tú.

—Volvamos a lo importante. ¿Me estás diciendo que nunca has visto a una pareja mantener relaciones sexuales en una película?

—Por desgracia, mi videoteca no es tan extensa como la tuya.

—No voy a disculparme por eso —contestó él encogiéndose de hombros. —Hace tiempo que no tengo pareja, y las películas me ayudan a... pasar el rato.

Por mucho que a Hinata le costara creer que estaba hablando sobre películas porno con un inmortal, dentro de un coche que valía más de un millón de dólares, eso era exactamente lo que estaba haciendo.

—Responde a la pregunta —insistió Naruto.

—No, sólo lo he visto de pasada.

—Antes de que termine este viaje, conseguiré que veas una peli entera.

—Jamás. No me interesa ver esas cosas. —Se moría de ganas de ver esas cosas.

—Mentirosa.

Ahora fue ella la que se encogió de hombros.

—¿Tienes al menos una idea de cómo se hace? —preguntó el demonio.

—Por supuesto. Fui al instituto.

—¿Y qué piensa de todo esto tu novio?

—Kiba y yo hemos decidido esperar hasta que estemos casados.

—¿Y a él le parece bien? —Naruto la miró a los ojos. —Si fueras mía, trataría de que nos acostáramos al menos cinco veces al día.

Por eso mismo Hinata evitaba hablar y leer sobre temas como el sexo. Ahora en lo único que podría pensar sería en eso.

¿Alguien tan atractivo como aquel demonio le haría el amor a todas horas? Un escalofrío le recorrió la espalda.

Él le regaló una de aquellas sonrisas que hacían que se le parase el corazón.

—Te lo estás imaginando, ¿a que sí?

—Me estoy imaginando cómo sería acostarme con Kiba cinco veces al día —mintió ella.

Naruto se aferró el volante hasta que los nudillos se le quedaron blancos. Como si estuviera celoso. Pero ¿por qué? Tal vez los demonios se sintieran posesivos respecto a las mujeres que estaban bajo su cuidado.

—Háblame de Kiba —farfulló.

—Llevamos dos años saliendo, y cada día me sorprende más ver lo perfecto que es para mí. Es cariñoso y divertido, y será un marido y padre maravilloso. Mis padres lo conocieron antes de morir, y a ellos también les gustaba.

—¿Tienes intenciones de casarte con ese tipo?

—Nos comprometeremos tan pronto como terminemos el doctorado.

—¿No eres demasiado joven para atarte? —preguntó furioso.

—Tal vez, pero cuando encuentras a la persona adecuada...

—¿Y él lo es?

—Sí —suspiró Hinata. —Es brillante. Uno entre un millón. —Naruto hizo una mueca y ella añadió: —No muchos hombres pueden mantener una discusión sobre combinatoria compleja o sobre el uso de la distancia de Mahalanobis en el análisis de Clústers. ¿Cuántos hombres saben lo que es un permutohedro o un gráfico bipartito?

—¿Combinatoria compleja? —Levantó una ceja. —Podemos hablar de eso cuando quieras.

—Es un extremo de... oh, déjalo. No lo entenderías. Kiba y yo nos comprendemos a otro nivel.

—Tan listo no puede ser si lleva dos años saliendo contigo y no ha conseguido que se acuesten. Yo habría solucionado eso haría mucho.

A Hinata no se le ocurrió ninguna respuesta. Aquel demonio no podía ser más insoportable.

—¿Cómo van a saber tú y Kiba si son compatibles en la cama si no se acuestan hasta después de la boda? —insistió él. —Vamos, princesa, un coche hay que probarlo antes de comprarlo.

—Esa es una idea... —«Válida»—... ridícula. El sexo se puede aprender, igual que cualquier otra actividad física. Si alguno de los dos tiene alguna necesidad concreta, seguro que encontraremos el modo de solucionarla.

—La intensidad no puede aprenderse. Y quién sabe, tal vez tú misma descubras que te gustan un par de cosas salvajes que el bueno de Kiba no esté dispuesto a hacer.

«Ya lo sé.»

—Kiba hará todo lo que sea necesario para hacerme feliz —insistió Hinata. Aunque era plenamente consciente de que una relación sexual entre ella y Kiba sólo sería posible si recuperaba la normalidad. De lo contrario, ¿cómo podría él sobrevivir a la fuerza que ahora tenía? ¿Y cómo podría Kiba satisfacer sus extrañas necesidades físicas?

Hinata tenía necesidad de dominar y de ser dominada al mismo tiempo.

—¿Qué hacen cuando las cosas se desmadran un poco entre tú y Kiba? ¿Cómo se las arreglan para no terminar en la cama?

Kiba tomaba tantas hierbas y extractos medicinales, que Hinata estaba convencida de que su novio tenía la libido completamente dormido.

—Nuestra relación es estrictamente platónica. —Incluso sin sus complementos vitamínicos, su novio no era un hombre muy sexual, lo que era perfecto para ella. —Tenemos una relación mental, más que física.

—Tu cerebro no puede tener un orgasmo.

—Nosotros no creemos que la vida tenga que estar llena de orgasmos para tener sentido.

Naruto casi se atragantó con el Red Bull que estaba bebiendo, y al terminar el ataque de tos la miró como si hubiera dicho una blasfemia.

—Me estás matando, princesa.

—No quiero seguir hablando de este tema. No es apropiado.

—Es una lástima, pues es mi tema preferido. —Al ver que ella estaba decidida, Naruto se resignó. —De acuerdo, pregúntame más cosas sobre la Tradición.

—Está bien. ¿Se casan? ¿Forman familias?

—Algunos, en especial las especies que están más humanizadas.

—¿Y la tuya?

—Muchos lo hacen. Más ahora que en el pasado. Pero no es lo habitual.

—Oh —dijo ella, como si la respuesta le molestara.

—Pero aunque no nos casemos —se apresuró a añadir Naruto, —nuestra unión es mucho más duradera y especial. Un demonio varón está destinado a estar sólo con una hembra, sólo una puede hacerlo feliz por encima de las demás. Se pasa toda la vida buscándola. Un demonio tendría que estar loco para ser infiel, pues lo único que queremos es cuidar y amar a nuestra compañera. El matrimonio sería algo redundante.

—¿Has encontrado tú a la tuya? —preguntó, fascinada con la idea.

—Yo... no, todavía no.

—¿Cómo la reconocerás?

—Sencillamente, lo sabes. Es un sentimiento. Experimentan una conexión instantánea. Pero los de mi especie no podemos estar seguros hasta que no hacemos el amor con ella. Hay un dicho que dice: «Lo sabrás con la pasión».

—Qué práctico.

—Es la verdad. Cuando haces el amor con ella, pasan una serie de cosas. Cosas necesarias para poder reclamarla como tuya. —Se rompe la presa por primera vez, se abre el camino.

—¿Como cuáles? —Preguntó Hinata, y en seguida se arrepintió. —Un momento, ¿vas a utilizar términos sexuales para responderme?

¿Cómo si no iba a explicarle que un demonio de la ira podía tener orgasmos pero que nunca eyaculaba hasta después de hacer el amor con su compañera por primera vez?

—Probablemente.

—Entonces no me respondas.

Hinata desvió la vista hacia la ventana y se quedó observando la noche, buscando desesperada el modo de hacer desaparecer a Naruto.

—Creo que cerraré los ojos un rato.

Minutos más tarde, ya se había quedado dormida. Él no podía dejar de mirarla, ni de preguntarse qué debía de estar soñando que la hacía arrugar la frente. Con la vista fija en la carretera, decidió dos cosas. La primera, si iban a seguir viajando durante lo que podían ser semanas, empezaría a entrenarla para que supiera defenderse.

«Si llego a entregarla a Momoshiki, tal vez así tenga una oportunidad.»

Y la segunda, haría algo sexual con ella. Naruto sabía que jamás podría llegar a poseerla por completo; la transformación a inmortal no estaba lo suficientemente avanzada como para que pudiera sobrevivir a la tentativa. Y si sobreviviera, sería incapaz de dejarla ir después de haber estado una sola vez con ella.

No, no podía hacerla suya, pero antes de entregarla a otro le daría placer. Naruto estaba convencido de que podía seducirla; había visto cómo a Hinata los ojos le brillaban con interés. Ella no era indiferente. Lo que significaba que tenía que convencerla de que confiara en él. Y eso quería decir portarse bien.

Aunque tenía que reconocer que le gustaba provocarla. Le gustaba ver cómo se sonrojaba, que se ponía nerviosa... Y Mito le había dicho que quería que su sobrina aprendiera algo de la vida.

Naruto se preguntó qué pensaría su estricto hermano de los planes que tenía para la chica. Seguramente no le parecerían bien. Menma era un tipo muy severo, con muy pocas debilidades.

Ah, pero éstas eran enormes. Se quedó paralizado durante unos segundos. ¿Qué pasaría si la Reina de los Espejismos descubría la debilidad secreta de Menma? ¿Qué le haría entonces a su cautivo?

También se preguntó si su hermano creería que, ahora que todo el peso de la misión recaía en él, estaban perdidos. Naruto se dijo que no valía la pena torturarse con eso. Estaba haciendo lo correcto, iba a conseguir su objetivo.

Mientras Hinata era una de esas personas que daba muchas vueltas a las cosas, él tenía mucha práctica en dejar de lado cualquier pensamiento que pudiera preocuparlo demasiado. Por eso, a cada hora que pasaba se enamoraba más de ella... aunque cada segundo lo acercase más al momento en que se vería obligado a traicionarla.

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Continuará...