La escandalosa Lady


Capítulo 9


Todo el Clan MacUzumaki fue visto en Doncaster, su palco en las carreras estuvo adornado con la radiante belleza de Lady H. Todos los hermanos se desvivieron por atenderla, pero a pesar del regreso del lord y su aparente reconciliación, ningún rumor ha llegado a nuestros oídos de otro heredero al trono MacUzumaki.

Publicado en una gaceta de sociedad.
Septiembre, 1876


Naruto recordó las palabras de Menma al día siguiente cuando se reunieron en las pistas de carreras de Doncaster para presenciar la carrera inaugural. Yahiko y Konohamaru se fueron a los establos en cuanto llegaron al recinto. Yahiko masculló algo sobre haber estado demasiado tiempo alejado de sus caballos.

Nagato también desapareció para ocuparse de sólo Dios sabe qué negocio que esperaba conseguir. Su hermano, el duque, utilizaba cualquier oportunidad para mantener al día sus asuntos políticos, lo que significaba que aprovecharía las ocasiones que se le presentaran para hablar con quién le interesaba, intimidándoles a su inconfundible manera, pensó Naruto con irritación. A Nagato le gustaba que todos bailaran al son que él tocaba.

Nagato se había mostrado malhumorado durante el trayecto a las pistas, y Naruto había notado ya una cierta tensión subyacente entre él y Menma desde que llegaron a la residencia en Doncaster. Hinata y Tanahi habían seguido hablando de sus cosas sin descanso, pero la incomodidad era evidente.

En cuanto accedieron al palco de los MacUzumaki, Tanahi les puso al tanto del problema. Al parecer Nagato le había pedido a Tanahi que actuara como anfitriona en los próximos eventos sociales que tendrían lugar en el castillo de Rasengan. El duque quería agasajar a los miembros del Parlamento y necesitaba que una mujer hermosa sonriera y suavizara el ambiente. Menma se mostró irritantemente protector y le dijo que se buscara una maldita esposa.

Naruto soltó una carcajada.

—Me hubiera gustado estar presente. Disfruto muchísimo cuando le dices a Nagato que se ocupe de sus cosas, Menma. Aunque lamento que te encuentres en medio, Tanahi. Nadie debería verse envuelto en una discusión entre dos MacUzumaki.

—No me importa— dijo Tanahi con rapidez—. Estuve de acuerdo en ayudarle un poco, pero es bueno que Nagato sepa que no siempre puede hacer su santa voluntad. Además, Menma tiene razón; Nagato necesita volver a casarse. Yahiko está preocupado porque se caiga de un caballo, se rompa el cuello y le toque a él heredar el título.

Un gran problema. Naruto siempre se había sentido feliz de ocupar un lugar tan alejado en la lista de sucesión del ducado: Yahiko y Konohamaru le precedían. Si Nagato elegía a una mujer y tenía descendencia, todavía estaría más lejos del título. Pero su maldito hermano mayor se había mantenido tercamente alejado del mercado matrimonial después de la muerte de su joven esposa durante el parto de su hijo.

Los tres hermanos habían especulado sin descanso sobre si el cabeza de familia intentaría conquistar de nuevo a Rin Ramsay, quien, aunque le había dejado plantado una vez, seguía soltera. Pero Nagato no había hecho nada al respecto.

El duque entró en el palco después de que los caballos fueran conducidos a las posiciones que ocuparían para la primera carrera; su irritada mirada indicaba que sabía muy bien de qué habían estado hablando antes de su llegada. Se acomodó en una silla, no muy lejos de ellos, y ocultó los ojos tras unos prismáticos de ópera.

Naruto comentó con Tanahi y Hinata todo lo que se le pasaba por la cabeza. El día de las damas en las carreras era una invitación para que esposas, hijas y hermanas lucieran sus mejores galas y sombreros, y ambas jóvenes se habían dedicado a ello con entusiasmo.

El sombrero alto de Tanahi estaba adornado con plumas de avestruz, que caían sobre su espalda; el de Hinata estaba formado por una especie de remolino de plumas con capullos de rosas amarillas. El precario ángulo en que se sostenía hacía que su mirada pareciera tímida, un hecho que provocaba que él quisiera quitarle el sombrero y devorarla a besos.

—Ahí está Yahiko—. Hinata miró con atención a través de los prismáticos, señalando a un hombre con chaqueta negra y kilt; Konohamaru le seguía, vestido de la misma manera. El chico se detuvo ante el palco para saludarles con la mano.

Hinata le devolvió el gesto.

—Naruto, deberías bajar a realizar nuestras apuestas. Por los caballos de Yahiko, por supuesto.

—¿Sólo por los de Yahiko?— Preguntó Tanahi. Aquella era su primera temporada de carreras con los MacUzumaki y parecía un poco despistada.

—Claro, cariño. Todo el mundo sabe que Yahiko cría los mejores caballos de Gran Bretaña. Pienso apostar diez libras en cada carrera. ¡Es tan divertido...!

—La potrilla de la primera carrera tiene un leve rasguño— intervino Nagato. —Yahiko acaba de decirme que se lo vieron hace apenas una hora.

Hinata alzó los prismáticos y observó que Yahiko tomaba a un caballo de las riendas y se alejaba con él.

—¡Oh pobrecita!

—No es grave—, aseguró Nagato. —Pero hoy no podrá correr.

Hinata se mordió los labios. La gente que no la conociera bien podía pensar que lamentaba perder un ganador seguro para las apuestas, pero Naruto sabía que estaba realmente preocupada por el animal. Los caballos eran los niños de Yahiko, casi miembros de la familia, y su esposa tenía un corazón compasivo.

Tanahi escudriñó la hoja de carreras.

—Entonces ¿debemos apostar por otro?

Hinata miró por encima del hombro de Tanahi.

—¿Qué tal este? Lady Day. Me gusta el nombre.

—Tiene el color equivocado— dijo Menma.

Hinata le miró desconcertada.

—Menma, el caballo no va a ganar la carrera porque sea de un color en lugar de otro.

—Me refiero a su jinete. No lleva los colores correctos.

El jinete de Lady Day vestía de azul con rayas verdes. Ni siquiera Naruto tenía idea de lo que Menma hablaba, pero cuando Menma hacía un pronunciamiento de ese tipo, Naruto sabía que no debía esforzarse en discutir con él. La opinión de Menma generalmente era la acertada.

—Me ha convencido—, asintió Naruto. —Será mejor que elijas otro.

—¡Elegir otro! Creo que los dos están locos—, dijo Hinata. —Lady Day es la mejor situada para ganar. ¿Tú qué opinas Tanahi?

Tanahi se encogió de hombros.

—Yo no entiendo mucho pero puede que mi marido tenga otra elección...— Ella esperó la reacción de Menma, pero él estaba mirando estoicamente hacia abajo, a las caballerizas y ya no les prestaba atención.

Naruto esbozó una sonrisa, se despidió llevándose la mano al sombrero y salió del palco.

—¿De regreso ya, milord?—le preguntó el corredor de apuestas cuando Naruto llegó.

—¿De regreso? ¿De qué hablas?

El corredor, un hombrecillo al que todos llamaban Ron Steady, entrecerró los ojos.

—¿No vino antes a realizar algunas apuestas con Gabe?— señaló la siguiente cabina. —No hará ni media hora. No me sentó muy bien la verdad. Los MacUzumaki siempre han hecho negocios con Ron Steady.

—Acabo de llegar y he estado en el palco con mi esposa todo el tiempo. Me ha dicho que apueste por Lady Day.

—Una buena elección. Es un caballo excelente, las puestas están siete a dos. ¿Ganador, lugar o meta?

—Me ha indicado que a ganador—. Naruto realizó el resto de las apuestas mientras intentaba sonsacar a Ron.

—Podría haber jurado que era usted, milord—, aseguró el corredor. — Los mismos rasgos, la misma sonrisa, las mismas maneras. No suelo equivocarme.

—Bueno, pues te has equivocado esta vez. La próxima vez que me veas, asegúrate de que soy yo antes de que tus sentimientos se vean heridos.

Ron sonrió ampliamente.

—Tiene razón milord, así lo haré. Disfrute de las carreras.

El error de Ron lo dejó inquieto, en especial después de lo que Tsuki había contado sobre el hombre que vendió las falsificaciones. Por no mencionar el incendio. El lacayo había asegurado que nadie había entrado en la casa más que él mismo, pero sabía que el pirómano debía de haber encontrado la manera de colarse. Si el lacayo hubiera estado poco atento, hablando con otros lacayos en la calle o peor, distraído por una hermosa doncella, podría haber confundido al otro hombre con él.

No obstante, allí había mucha gente. Un mar de hombres con chaquetas casi idénticas y sombreros de copa por todos los rincones. Ron podría haberse equivocado. Los caballeros se parecían bastante en esos eventos, la moda inglesa resultaba bastante monótona.

Si se dejaba llevar por la lógica, debería sentirse reconfortado con tales pensamientos, pero notaba una picazón entre los omóplatos. y no le gustaban las coincidencias.

Al llegar al palco, vio que Tanahi y Hinata se habían puesto en pie esperando a que comenzara la carrera. Menma permanecía cerca de su esposa, con la mano apoyada en su cintura. Sintió una dolorosa punzada de envidia. En otro tiempo, él tenía el privilegio de tocar así a Hinata.

La multitud soltó un rugido cuando los caballos salieron disparados. las dos jóvenes mujeres se pusieron de puntillas, mirando a través de los pequeños prismáticos y chillando cada vez más emocionadas mientras los caballos avanzaban hacia la meta. Las dos animaban a Lady Day, que corría a toda velocidad para ganar.

—Lo va a conseguir—. Hinata se volvió risueña hacia él. —Sabía que era una ganadora—. Le tomó la mano llena de excitación, se la apretó y siguió mirando la carrera.

El gesto no había sido memorable. Sólo un breve contacto, la simple presión de sus dedos. Pero la huella de la mano de su esposa permaneció mucho tiempo en él; la calidez que emitía era más preciosa que una gema valiosa. Hinata, con toda la naturalidad del mundo, le había tocado como hubiera hecho cuando eran amigos y amantes. Como si nunca hubiera pasado nada terrible entre ellos.

Naruto saboreó el momento. Lo guardó en la memoria, apreciando aquella tontería mucho más que lo que había ocurrido en la salita, en Londres. La satisfacción sexual que había alcanzado no podía compararse al roce casual y lleno de confianza de dos personas que se amaban.

Bueno, a él le gustaban ambas cosas, pero el hecho de que su esposa hubiera compartido su estado de excitación y su emoción con él le aceleraba el corazón.

Estaba tan concentrado en Hinata, que no notó que algunos caballos adelantaron a Lady Day. Sólo tenía ojos para su esposa. Poco después, ella le miró con mucha menos emoción y él, tonto e idiota como era, no sabía cuál era la causa.

Lady Day entró sexta. Su jinete le dio una palmadita cuando pasó del galope al trote, como asegurándole que no la iba a querer menos por haber perdido.

Naruto quiso inclinarse sobre su esposa y consolarla. Hinata miró a Menma llena de exasperación.

—De acuerdo, Menma ¿Cómo diablos sabías que Lady Day perdería sólo por los colores que llevaba el jinete?

Menma no respondió. Observaba trotar a los caballos en un campo en la lejanía y estaba abstraído en su contemplación.

—Se refería a que esa potrilla fue comprada recientemente— dijo Nagato desde el fondo. —Lord Powell la compró hace unos meses. Es probable que no se haya acostumbrado a las nuevas rutinas de entrenamiento, ni al jinete. No debería haber corrido hoy. No tenía el corazón puesto en la carrera.

—Podrías habérnoslo contado antes, Nagato MacUzumaki— le recriminó Hinata. Luego cambió el tono. —Pobre animal. No deberían haberle hecho correr—. Si alguien conocía el desconcierto que se sentía abandonar a la familia y acabar entre desconocidos, esa era ella.

La severa boca de Nagato se relajó en una sonrisa.

—No quería estropearles la diversión. Y se lo merecen por no hacer caso a Menma.

Hinata le sacó la lengua antes de volverse hacia su cuñado menor.

—Perdona Menma, no debería haber dudado de tu opinión.

Él le dio una rápida mirada y Naruto vio cómo su hermano cubría la cintura de Tanahi con la mano, buscando la protección en el contacto. Menma no siempre conseguía entender las bromas e ironías de la familia, las palabras se le escapaban antes de que pudiera atraparlas y comprenderlas.

Prefería escuchar con aire distraído antes de hacer notar su galimatías interno con un comentario tonto. Era fácil pensar que Menma era simple, pero Naruto sabía muy bien que su hermano era un hombre asombrosamente complicado que poseía una vasta inteligencia. Tanahi se había dado cuenta desde el principio y él la adoraba por ello.

Los caballos de Yahiko corrieron en las siguientes dos carreras y ganaron ambas. La emocionada excitación de Hinata regresó y, secundada por Tanahi, realizó una ovación en honor de la familia. Yahiko permaneció junto a las pistas, vigilando a sus purasangres como un padre preocupado.

Konohamaru por otro lado, saltó y bailoteó por todas partes, probablemente presumiendo ante todo el que quisiera escucharle de que los caballos MacUzumaki eran los mejores del mundo. Yahiko estaba más interesado en el bienestar de los caballos, pero a su hijo le gustaba ganar.

—Una excelente actuación.— dijo Hinata, feliz, después de la tercera carrera. —Bien, bien. Tanahi, quizá deberíamos retirarnos a la carpa donde sirven el té y tomar unas galletas.

—¿No hay más carreras?—preguntó Tanahi.

—Luego regresaremos y veremos las que queden, pero parte de la diversión de St. Leger es pasearte de un lugar a otro y dejar que te vea todo el mundo ¿Para qué sino habríamos gastado tanto dinero en estos sombreros?

Tanahi se rió y las dos salieron del palco enlazadas por el brazo. Menma les sostuvo la puerta y se apuró a ir tras ellas.

Naruto se dispuso a seguirlas, pero Nagato le detuvo poniéndole la mano en el brazo.

—No estoy de humor para un discurso—, le advirtió Naruto con impaciencia mientras veía desaparecer a Tanahi y a Hinata por las escaleras. —Sólo te escucharé cuando haya estrechado a Hinata contra mi pecho otra vez, pero no ahora.

—Iba a decirte que me alegrará verte con ella de nuevo.— respondió Nagato secamente. —Estoy seguro de que te llevará mucho tiempo reconquistar la confianza de Hinata, pero que no te rechace del todo me hace tener esperanzas.

Naruto le miró sorprendido. Nagato y él eran de la misma altura, Yahiko era el más alto de los cuatro, y por eso podía mirarle directamente a los ojos. Vio en ellas el peso del ducado, la responsabilidad hacia sus hermanos y su desafortunado pasado, pero también cierto alivio. Naruto no había sido consciente de lo mucho que le preocupaba a Nagato la tensión existente entre Hinata y él.

—La vejez está volviéndome sentimental—, bromeó Naruto. —¿Qué ha ablandado tu corazón?

—La pérdida.

Notó un brillo acerado en los ojos de su hermano y cerró la boca. La que fuera amante de Nagato durante muchos años había fallecido en trágicas circunstancias y él seguía sufriendo por ello. Aunque jamás había dicho una palabra al respecto, Naruto lo sabía.

La expresión del duque se suavizó.

—Si me he ablandado será por ver a Menma tan feliz. Jamás pensé que presenciaría algo semejante.

—Ni yo.

Naruto era realmente feliz por Menma. Durante los últimos años había compadecido y protegido a su hermano menor a partes iguales, ya que éste se había pasado años encerrado en un asilo por culpa de su diabólico padre. Pero, hacía poco tiempo, Menma había encontrado la satisfacción y la alegría que le eludía a él. Estaba claro quién era el más sabio ahora.

—No dejes que se te escape esta vez—, dijo Nagato quedamente. — Aprecia lo que tienes y aférrate a ella con todas tus fuerzas. No sabes cuándo te será arrebatada.

—¿Hablas por experiencia propia?— Cuando Nagato se declaró a Rin pensaron que todo estaba hecho, pero ella les sorprendió dejándole plantado. Aunque quizá no fuera tan sorprendente. Era muy difícil de aguantar a Nagato cuando estaba muy seguro de algo.

—Sí, lo hago. Aprendo de mis errores.— Nagato le lanzó una mirada aguda. —Y no los vuelvo a cometer.

—Sí. Sí señor—, dijo Naruto, y entonces su hermano le soltó.

—Esto está delicioso—. Hinata se llevó a la boca una cucharada de crema para saborearla. No le agradó en absoluto recordar en ese momento que había lamido algo muy similar del miembro de Naruto en la salita. Y que le había sabido maravilloso. Verle duro por ella la excitó mucho más de lo que esperaba.

—Delicioso— convino Tanahi. —Es un tanto frívolo por mi parte, lo sé, pero me encanta disfrutar del lujo.

Estar sentadas en unos taburetes en una estrecha carpa tomando el té no era precisamente un lujo para Hinata, pero Tanahi había crecido en la pobreza. Tomar el té en esas tazas exquisitas y degustar esa tarta de crema, con aquellos vestidos y sombreros nuevos, debía parecer el colmo de la decadencia para Tanahi. Sin embargo, la esposa de Menma era toda una dama: procedía de una familia acomodada y los modales que había aprendido de su madre resultaban impecables.

Tanahi tomó otro delicado bocado con los ojos brillantes.

—Nuestros caballeros son muy apuestos, ¿no crees?

Hinata lanzó una mirada a Menma y Naruto, que no estaban muy lejos. En efecto, eran muy apuestos. Dos escoceses altos, chaquetas negras y kilt. Ambos eran de edad similar: el primero tenía veintisiete años y el otro treinta.

Los dos lucían los colores de los MacUzumaki incluso en los calcetines de lana, que enfatizaban sus musculosas pantorrillas. Cuando era niña, Hinata se había reído al pensar en que un hombre pudiera llevar falda, pero la primera vez que vio a Naruto vestido con un kilt su opinión había dado un vuelco total. Era, sencillamente, una estampa impresionante.

Él le lanzó una amplia y pícara sonrisa, como si ella fuera una cucharada de crema que él quisiera paladear, y a Hinata se le aceleró el corazón.

Quizá, simplemente quizá, Naruto había cambiado. Sus palabras ya no eran confusas por la bebida, su discurso no era errático ni sus acciones imprevisibles. No es que ella quisiera que fuera previsible por completo, pero, ahora, cuando hablaban, sabía que estaba atento a sus palabras y no pensando en su último cuadro o en la última juerga que hubiera disfrutado con sus amigos, con casi todos los pensamientos embotados por el whisky.

Según le habían dicho sus hermanos, llevaba tres años sin probar el alcohol. Muchos de sus amigos le habían abandonado, parecía que sobrio y sensato no era lo suficientemente entretenido para ellos. Aduladores egoístas.

Pero Naruto parecía demasiado derrotado, la mirada en sus ojos, además de provocativa, era muy triste. "¿Soy yo la culpable de eso?" Notó que se le oprimía el corazón. Le había lastimado y lo sabía. Pero también él le había hecho daño a ella y, en aquel momento, había pensado que no tenía más alternativa que marcharse. Aun así, saber que le había provocado tal dolor la entristecía.

Tanahi apartó el plato y se puso la mano en el estómago.

—Mmmm creo que he comido demasiado.

Hinata estaba a punto de hacer una broma sobre que tenía que comer por dos, pero una mirada a la cara de Tanahi la hizo levantarse y llamar a Menma rápidamente.

Menma dejó caer el plato, que se rompió y pasó entre las damas para tomar a Tanahi en brazos antes de que ella pudiera protestar.

—Por amor de Dios, Menma— dijo Tanahi. —Estoy bien. No es necesario todo esto.

Pero era evidente que Tanahi no se encontraba bien. Tenía la cara blanca como el papel, los labios pálidos y las pupilas muy dilatadas.

Menma no perdió el tiempo y llevó a su esposa fuera de la carpa, haciendo que las mujeres presentes se dispersaran ante él como una bandada de gallinas. Hinata le siguió con Naruto pisándole los talones. En cuanto tuvo la oportunidad, Naruto la tomó del brazo, pero ella le apartó y corrió detrás de Menma y Tanahi hacia la salida.

Oyó que Naruto detenía a alguien y le daba instrucciones para que les enviara el coche de la familia. Gracias a Dios que alguien mantenía la calma. Puede que le encantaran los chistes y las juergas; pero, en una crisis, Naruto sabía mostrarse firme. Muy pronto, el carruaje de Nagato comenzó a avanzar hacia ellos, con el cochero de pie en el pescante.

Menma se subió con rapidez con Tanahi en brazos y, sin apenas esperar a que subiera Hinata, gritó al cochero que les llevara a la mansión.

El carruaje había aguardado todo el día junto a las pistas y los asientos estaban recalentados por el sol. Hinata se dejó caer en uno justo cuando el coche se ponía en marcha.

Naruto se quedó atrás. Hinata le miró y le vio alzar la mano para despedirse y, a pesar del pánico, agradeció que alguien supiera qué hacer.

Cuando llegaron a la mansión les pisaba los talones el médico que venía a ocuparse de Tanahi. Naruto había enviado un mensajero al pueblo para avisarle, les explicó el médico cuando se bajó del cabriolé.

El doctor la hizo salir de la estancia mientras examinaba a Tanahi. No quería irse, pero su cuñada le sonrió levemente con la cara pálida y repitió que estaba bien. Sin embargo, Menma se negó a marcharse y el médico no se molestó en discutir con él.

Hinata se paseó por el pasillo del piso superior de la alargada casa sin disfrutar de la grandiosa vista de los extensos jardines desde la galería. Los perros la seguían, preocupados, intuyendo que pasaba algo grave. Los sirvientes corrieron hacia la habitación de Tanahi cargando toallas y palanganas, pero nadie se detuvo a hablarle, y en el interior de la habitación no se escuchaba nada.

Todavía caminaba de un lado a oro cuando llegó Naruto. Los cinco perros corrieron hacia él para saludarle, luego le siguieron escaleras arriba.

Cuando le preguntó si había noticias, ella sintió que explotaba.

—No me dejan entrar, no me dicen nada. No sé lo que ocurre.— Se le llenaron los ojos de lágrimas. —¡No sé cómo está Tanahi!

La rodeó con sus firmes brazos y el mundo dejó de girar enloquecido. Naruto olía a aire fresco, a humo y jabón, pero sobre todo olía a él. No le dijo nada, no perdió el tiempo en tonterías ni falso consuelo, y ella se lo agradeció. Naruto sabía muy bien por qué estaba tan preocupada y era consciente de que sus miedos no eran infundados. La sostuvo como un puerto seguro y se aferró a él sin vergüenza.

Ella mantuvo la cabeza apoyada en su hombro mientras los rayos del sol les calentaban a través de los ventanales, permaneciendo así durante mucho tiempo. Los perros se quedaron quietos y callados, como si también quisieran saber lo que pasaba.

El sol ya se había ocultado en el horizonte cuando el médico salió del dormitorio de Tanahi.

—Pueden entrar a verla— dijo quedamente.

Hinata se apartó de él y corrió hacia la habitación sin preguntarle tan siquiera al médico si todo estaba bien.

Continuará...