Capítulo 10: Los invitados

Bajamos y nos dirigimos al gran comedor. En cuanto traspaso las grandes puertas, puedo ver cuatro mesas muy, pero que muy largas, cada una de una casa. Al fondo, en alto y en horizontal a las de los alumnos, se encuentran las mesas de los profesores. Mi tía y Dumbledore ya están sentados. El techo muestra el cielo nublado con lluvia intensa y hay innumerables velas suspendidas sobre nuestras cabezas. Hermione me indica la mesa de Gryffindor que está a la izquierda del pasillo central. Slytherin está a nuestro lado. A la derecha del pasillo se encuentra Hufflepuff y a su lado Ravenclaw.

Me siento en los bancos cerca de las serpientes. Hermione y Ginny me custodian. Harry y Ron están justo enfrente.

- Sophi, este es Neville Longbottom – me presenta Hermione que lo tiene a su lado.

- Hola – de digo – Soy Sophia Queen. - Él me responde un "Hola" bajito, es algo tímido.

- Hola, soy Seamus Finnigan – me dice el chico junto a Harry.

- Hola… ¿tú eres al que le explotan todas las pociones en la cara?... - le digo sonriendo.

- No todas – dice con el ceño fruncido. Todos empezamos a reír.

El profesor Dumbledore se levanta y, situándose frente a las mesas de los alumnos, nos da la bienvenida a Hogwarts. Realizan el ritual con el Sombrero Seleccionador para poner en cada casa a los alumnos de primer año. Mi tía les va poniendo el sombrero uno por uno. Aplaudimos cada vez que seleccionan a uno, pero nos ponemos eufóricos cuando se trata de uno de los nuestros. Cuando acaban, el director vuelve a levantarse y colocarse frente a nosotros.

- Ahora que todos estamos acomodados, me gustaría comunicaros algo. – comienza su monólogo - Este castillo no solo será vuestro hogar este curso, sino el de unos huéspedes muy especiales también. Puesto que Hogwarts ha sido elegido… - lo interrumpe el Sr. Filch, que ha venido corriendo por el pasillo central, y le dice algo bajito. Él le contesta algo también.

- ¡Bien! – prosigue mientras el Sr. Filch vuelve corriendo por el pasillo central hasta salir por las grandes puertas. – Este año Hogwarts será sede de un acontecimiento legendario… El Torneo de los Tres Magos. Para aquellos que lo desconozcan, el torneo reúne a tres escuelas para una serie de retos mágicos. De cada escuela se elegirá a un alumno para que compita. Quede por tanto bien claro El elegido estará solo y confiar en mi cuando os digo que estas pruebas no son para pusilánimes… Los detalles más tarde… - hace una pausa.

- Pero ahora demos una calurosa bienvenida – prosigue – a las encantadoras alumnas de la academia de magia Beauxbatons y a su directora Madame Máxime – las presenta.

Se abren las puertas y aparece un grupo de chicas vestidas, como mi abuela en sus tiempos mozos de colegio pijo, de color celeste. Atraviesan el pasillo central haciendo una danza y suspirando.

- ¡Madre mía! – exclama Ron mirando sus traseros. Los chicos aplauden como si se les fuera la vida en ello. - ¡Por Dios! – pienso poniendo los ojos en blanco.

Terminan su actuación con la aparición de mariposas purpuras que luego se esfuman. Tras ellas su directora, una mujer muy delgada y más alta que un día sin pan, vestida con pieles.

- ¡Caramba!... ¡Qué mujer tan enorme! – exclama Finnigan.

El profesor Dumbledore la saluda, y la acompaña hasta un puesto en la mesa. Después vuelve a colocarse de nuevo frente a las mesas.

- Y a nuestros amigos del norte, recibamos a los orgullosos hijos de Durmstrang y a su insigne maestro Igor Karkarov – presenta aplaudiendo.

Se vuelven a abrir las puertas y aparece un grupo de chicos vestidos de rusos con unos bastones que giran y chocan contra el suelo en una especie de coreografía y de los cuales, se desprende un fuerte sonido y luz dorada. Algunos hacen piruetas hasta llegar hasta Dumbledore. Uno de ellos escupe fuego y forma un Fénix que termina desapareciendo. Todos aplaudimos emocionados por el espectáculo. Tras ellos aparece su director, un hombre moreno con barba y pinta de malo vestido también de ruso. Junto a él, Víctor Krum.

- ¡Mirad! ¡Es él! ¡Víctor Krum! – exclama Ron emocionado.

Cuando el director ruso llega hasta Dumbledore se abrazan y se saludan. Ambos se retiran a la mesa de los directores y, por arte de magia, nunca mejor dicho…, aparecen todo tipo de alimentos sobre las mesas. Los chicos se ponen a comer como si no hubiera un mañana. Los invitados son el tema de conversación en la mesa y nos partimos de risa metiéndonos con Ron por su "enamoramiento" por Krum.

De pronto, siento que algo me da en la cabeza. Me la toco mientras me giro mirando al suelo en busca de lo que me ha golpeado. Un panecillo… ¿Me han tirado un panecillo? Levanto la cabeza y veo que tras de mí están los dos gorilas de Malfoy, Gregory Goyle y Vincent Crabbe. Frente a ellos, el susodicho rubio platino mirándome y riéndose. Vuelvo a mi posición en la mesa intentando pasar de ellos. No han pasado ni dos segundos y otro golpe en la cabeza me hace volverme enfadada hacia atrás.

- ¿Pero tú eres tonto o que te pasa? – le grito a Malfoy mientras mis amigos me miran sin saber qué pasa. - ¿Es que tienes cinco años? –

- Veo que la casa Gryffindor sigue recogiendo basura... – dice Malfoy en voz alta para que todos los de alrededor lo oigan. Muestra una sonrisa perversa en su cara. – Primero el cara-cortada, la comadreja y la sangre sucia… y ahora una asquerosa muggle. – nos insulta.

Miro hacia nuestra mesa y veo a Harry como se levanta de golpe con los puños apretados. Le hago señas con las manos para que se tranquilice y, él lo hace solo un poco, sentándose arrastrado por Ron. Miro a Hermione y la noto afectada.

- Eso que huelo es… ¿envidia? – digo en alto y girándome para mirarlo. - ¡Supéralo Malfoy! – le grito con una sonrisa de mala. Su rostro se vuelve serio de pronto. Yo me giro triunfadora hacia mi mesa y veo como todos sonríen. Parece que lo he cortado y no volverá a fastidiar más… por hoy.

Al pasar a los impresionantes postres, el profesor Dumbledore vuelve a levantarse y a situarse donde siempre para hablar. En esta ocasión han situado allí una especie de torre de oro y joyas.

- Prestad atención, por favor… Me gustaría añadir unas palabras… - comienza su discurso. - ¡Eterna gloria! Eso es lo que le guarda al vencedor del Torneo de los Tres Magos – expone.

- ¡Ni de coña! – pienso, enfadada. – Más bien es el inicio de todo… -

- Para merecedla, – prosigue – el alumno tendrá que sobrevivir a tres pruebas. Tres extremadamente peligrosas pruebas –

- ¡Flipante! – sueltan los gemelos al unísono cerca de Ginny.

- Por ello – continua el director – el Ministerio se ha visto obligado a imponer una nueva regla. Nos explicará sus pormenores el director del departamento de cooperación mágica internacional, el Sr. Bartemius Crouch.

Cuando el hombre se levanta para acercarse a Dumbledore, un gran trueno retumba en el salón y hace asustarnos a todos. Parece que un rayo nos va a caer encima. De pronto, Ojo-loco, desde un rincón, ataca el rayo con su varita y convierte el cielo tormentoso del salón en una noche estrellada.

- ¡Dios mío! ¡Es Ojo-loco Moody! – exclama Ron.

- ¿Alastor Moody? ¿el Auror? – pregunta Hermione.

- ¿Auror? – pregunta otro chico al lado de Finnigan.

- Cazador de magos tenebrosos. A la mitad de Azkaban los a apresado él. Dicen que ahora está como una regadera… - nos informa Ron.

Veo como Dumbledore lo saluda y como luego, disimuladamente, mira a Harry y luego a mí. ¡Dios! Barty ya está aquí… - pienso temblando. Tengo que mantenerme alerta y alejada de él – planeo mentalmente.

- ¿Qué creéis que está bebiendo? – pregunta Ron.

- No sé, pero zumo de calabaza no es… - le contesta Harry.

- Poción multijugos – pienso seria.

- Tras la debida consideración, - comienza a hablar el Sr. Crouch frente a todos - el Ministerio de magia a concluido que, por su propia seguridad, ningún alumno menor de 17 años tendrá autorización para inscribirse en el Torneo de los Tres Magos. Esta decisión… - se silencia con los gritos de desagrado de todos los alumnos del salón.

- Silencio – grita Dumbledore. - Hace un movimiento con la varita sobre la torre y esta comienza como a derretirse y desaparecer, dejando ver un enorme cáliz antiguo con letras griegas. Sobre este, unas llamas flotantes de color azul.

- El Cáliz de Fuego. Todo aquel que quiera participar en el torneo deberá escribir su nombre en un pedazo de pergamino y arrojarlo en la llama antes de esta hora del jueves. No obréis a la ligera. Una vez elegido, no habrá vuelta atrás – explica serio. – Desde este momento, el Torneo de los Tres Magos se da por comenzado. – sentencia.

Los cuchicheos son audibles por todo el salón. El director nos da las buenas noches para que nos retiremos a nuestros dormitorios. Mañana comenzarán las clases.

Nos levantamos de la mesa para salir del salón y cuando estamos atravesando las puertas oigo la voz de mi tía llamándome.

- ¡Srta. Queen! – exclama enfadada.

Paro en seco y me giro lentamente preocupada. - ¿Qué habré hecho ahora? – me pregunto mentalmente. - ¿Sí, profesora? – le contesto mientras mis amigos se han alejado unos pasos de mí.

- Que sea la primera y la última vez que no usa el uniforme reglamentario – me suelta. Veo que por nuestro lado está pasando Malfoy mirando la escena.

- La falda me va corta – le explico en un susurro, acercándome para que solo ella me escuche.

- Eso no es cierto, es de tu talla. – me dice seria - ¡Más cortos son tus "pantaloncitos" y bien que te los pones! – me recuerda también en un susurro, acercándose para qué solo yo la oiga.

- ¡Touché! – exclamo mirándola.

Acabo de llegar y ya se comporta como una madre. - ¡Qué tierno! – pienso, emotiva. Miro de reojo y hay sigue el rubio oxigenado sonriendo de lado. – Espero que no haya oído nada… - rezo mentalmente.

- Mañana la quiero ver con el uniforme completo. – sentencia. - ¡Buenas noches, Srta. Queen! – se despide pasando a mi lado. Malfoy la sigue mirándome y con esa sonrisa que me saca de quicio.

- ¡Te lo dije! – me dice Hermione canturreando cuando me acerco a ella. Le pongo los ojos en blanco.

Nos dirigimos a la sala común. Los gemelos solo piensan en encontrar la manera de engañar la protección de edad y participar en el torneo. Harry y Ron están aliviados de no tener la edad, aunque yo sé, que Harry no se libra. Las chicas ni se lo plantean.

- ¿Ya tienes el horario de clases? – pregunta Hermione. Asiento. - ¿Las harás con nosotros? –

- Yo tengo asignaturas diferentes y un profesor particular. – le indico. – No soy bruja, ¿lo recuerdas? –

- Cierto… ¿Y quién es tu profesor? – pregunta de nuevo.

- Stefan Colling… creo – le respondo.

- No lo conozco – dice encogiendo los hombros.

- Ni yo… daba clases el año pasado en Londres – le comento. Ella asiente pensativa.

Una vez en la sala, nos despedimos de los chicos y nos dirigimos al dormitorio. Me pongo el pijama y conecto el portátil a la corriente para cargarlo. Estoy agotada y tengo unas enormes ganas de pillar la cama.