Mascarada I.

La siguiente vez que se vieron fue durante una mascarada. Sherlock fue el primero en encontrarlo a lo lejos. Era imposible confundirlo, llevaba un traje sencillo y un misterioso antifaz. Su porte era lo que le daba ese aspecto elegante que siempre llevaba a todas partes, era imposible que no resaltara entre la multitud, aun entre las máscaras, joyas y pomposas vestimentas del resto de los invitados.

Sherlock observó a un par de invitadas acercarse al señor del crimen. Cómo era propio de Liam, les recibió con cortesía y una distancia social adecuada. Una de las chicas trató de establecer contacto al tocarle el brazo. Notó que Liam sonrió y dio un paso hacia atrás de forma casi imperceptible. De forma educada había puesto distancia entre ambos. Sonrió, esa misma maniobra la había aplicado con él, la primera vez que se le acercó demasiado.

Notó a la dama insistente, por lo que Liam se vio obligado a bailar con ella por etiqueta social. La postura del rubio era ligeramente más rígida que siempre, quien no lo conociera, pudiera no notarlo o confundirlo con nerviosismo por estar en presencia de una bella mujer, pero para él, fue fácil distinguir que no estaba del todo cómodo. Liam no aborrecía el contacto, pero tampoco le agradaba que le fuera impuesto.

— ¿Cómo reaccionarás conmigo, Liam?