Cita

Rarity salió de su cuarto y se asomo al de Sweetie Belle, quien hablaba tranquilamente con sus amigas, deteniéndose al ver a la unicornio entrar.

- Bien, me voy. Sweetie Belle, tienes en la nevera un caldero con espaguetis ya hechos, solo los tienes que calentar un poco en el microondas.

- ¡Vale! ¡Suerte!- dijo la niña con una sonrisa y un guiño, a lo que su hermana mayor solo rodó sus ojos.

Tras una última comprobación a la casa, salió rumbo al modesto restaurante en la zona centro. Deteniéndose en su puerta, Rarity espero a que su musa personal apareciera, viéndola al cabo de un poco, acercarse lentamente. Se había acicalado su melena rubia, además de dejarla suelta, permitiendo que su cabello cayera en cascada sobre su cuello. Al estar cara a cara, ambas se observaron durante un tiempo, absortas en la belleza de la otra. Con un carraspeo y el rostro rojo, Rarity sonrió a la yegua que poblaba sus sueños.

- Buenas noches, querida, ese peinado te queda fenomenal.

- Gr... gracias... Sugar Belle insistió, aunque no sé porque, es solo una salida de amigas- dijo Applejack con un profundo sonrojo.

- Claro, claro. ¿Entramos?

Ambas yeguas entraron en el pequeño edificio, y al ser notada por el dueño, de pie tras la barra del bar, recibió un saludo de este. Dirigiéndose a la zona de mesas, las dos chicas se sentaron en una que daba una vista perfecta del alzamiento de la luna, algo observado por las dos, admirando su belleza. Pronto, un camarero llegó con la carta y, tras apuntar las bebidas, se fue para dejar que las dos decidieran su comida. "Vamos, piensa algo", pensó Rarity desesperada por encontrar un tema de conversación.

- ¿Crees qué fue seguro dejar a las crusaders en tu casa solas?- dijo Applejack un poco nerviosa, recurriendo a lo primero que se le pasó por la cabeza para hablar, y Rarity no rechazaría la oportunidad.

- No tienes de que preocuparte, le deje muy claro a Sweetie Belle que si encontraba algo fuera de lugar, no tendría el traje de Batponi para la noche de Nightmare de este año.

- ¿Otra vez Batponi?- dijo Applejack con una risita.- Por Celestia, esa potra está obsesionada.

- Y que lo digas, he hecho más pijamas, mantas y disfraces de ese poni que de los Power Ponis- contestó Rarity también entre risas.

- Yo paso algo parecido con Appleblom, la abuela Smith ha tenido que hacer varias colchas y pijamas de Supermare. Aunque me alegro que se fije más en esa chica que en Batponi, no es malo, pero...

- Te comprendo. Le debo una por salvar a Sweetie Belle, pero tengo miedo de que la niña piense que puede hacer lo mismo- Rarity tuvo un escalofrío al pensar en una Sweetie Belle siendo apalizada por un grupo de villanos.

- Demos gracias a que ya tienen sus cutie marks, no creo que pudiera soportar un cutie mark crusaders superheroinas- dijo Applejack imitando el antiguo lema de las niñas, a lo que la unicornio estuvo de acuerdo.

Pronto, el camarero volvió y pidió las comidas, cosa que hicieron rápidamente. Una vez más, se quedaron en silencio, hasta que Rarity pensó otro tema de conversación.

- Aunque lo peor está por venir, la adolescencia- dijo con una mezcla de diversión y terror.

- Por Celestia, no lo menciones. Tengo pesadillas con el día que me diga que tuvo la regla o que se ha enamorado de algún semental.

- O yegua- introdujo Rarity con cuidado, analizando su reacción, que fue un simple encogimiento de hombros.

- O yegua, al menos con eso estaré segura de que no vendrá... embarazada.

- Yo ya puedo estar segura de eso- dijo Rarity con una sonrisa traviesa.- No se si te has dado cuenta, pero yo he visto a Sweetie Belle y a Scootaloo bastante más... unidas que antes.

- ¿Y cómo puedes saberlo?- dijo Applejack en tono curioso.

- Oo, es sencillo, hace unos días, Sweetie planeo una fiesta de pijamas el sábado pasado, a lo que ni Appleblom ni Scootaloo pudieron ir. Con tu hermana se lo tomó bien, pero, ¿sabes que hizo cuando Scootaloo le dijo que no podía?

- ¿Qué?- dijo, ahora más curiosa que antes.

- Tuvo la cara de decepción más grande que he visto en mi vida. Y cuando la chiche al respecto, tuvo la cara roja todo el día.

Ambas yeguas se rieron de la ternura del amor infantil justo cuando llegó su comida. Mientras disfrutaban de sus filetes de melocotón bañados en salsa de champiñones, Rarity observo el rostro de placer que Applejack ponía en cada mordida. Sonriendo, se decidió a disfrutar de su comida en un silencio agradable, y cuando acabaron, pidieron un postre, tarta de manzana para ambas. Al tiempo que comía, la unicornio, que ya consideraba a la noche como un éxito, decidió meter toda la fruta al asador, mirando a la yegua terrestre con el rostro más rojo que pudo reunir. "Vamos, si eres capaz de enfrentarte a alienígenas con armas súper avanzadas, podrás hacer esto". Con una respiración profunda, se decidió a hablar.

- Applejack- la aludida levantó su vista del postre y observo el rostro rojo de su amiga-, yo... quería decirte que... eres una gran amiga, pero durante este último año yo... he notado que te estoy viendo como algo más.

"Oh, mierda", pensó Applejack con su rostro volviéndose rojo de repente.

- Lo que quiero decir- continuo Rarity sin saber del dilema de su amiga.- Es que, bueno, yo... creo que te quiero, Applejack. Me gustaría ser más que una simple amiga para ti- dio una sonrisa mientras miraba a los ojos a la yegua que le robo el corazón.- Aún siendo una total ignorante de la moda, me atrapaste, y quisiera poder...

- Rarity, yo...- en el fondo de su mente gritaba que dijera "sí" de una vez, pero el miedo se lo impidió. Flashes de su infancia, olvidados hacia mucho, fueron recordados, niños riéndose de ella por gustarle las potras, el pensamiento de que pensarían los otros la abrumo, y la hicieron cometer un error que lamentaría más tarde.- Yo, me alagas... pero... no me gustan las yeguas... Te veo como a una amiga... Lo siento.

Pese a que trato de ocultarlo, el corazon de Rarity se rompió al escuchar eso, sintiendo un nudo en el estómago empezar a crecer cada vez más. Retirando el casco que había avanzado para tratar de agarrar el de Applejack, la unicornio suspiro.

- Por supuesto, querida, lo comprendo. No tienes que pagar, la comida va por cuenta de la casa, ventajas de que la esposa del dueño sea una clienta habitual- Rarity dio una pequeña risa, carente de diversión, mientras se levantaba.- Tengo que irme, lamento haberte incomodado. Me he divertido, y espero que, al menos, sigamos siendo amigas.

Antes de que Applejack pudiera decir nada, Rarity salió casi corriendo de allí, y la granjera se sintió la poni más despreciable del mundo. Pensó en gritarle y decirle que no lo había dicho en serio, que la verdad era que le gustaba, y mucho, pero el daño estaba hecho. Además, no le gustaba, ¿no? "¿Por qué saber tus sentimientos tiene que ser tan difícil?".

En cuanto a Rarity, volvió a su casa lo más rápido posible, subiendo a tosa prisa, ignorando a las niñas que se habían hecho la cena bastante tarde, y subiendo a su habitación. Se arrancó su collar y el anillo, tirándolos a su escritorio antes de tirarse sobre la cama y cubrir su rostro con su almohada. Falto poco para empezar a llorar amargamente, e ignoro olímpicamente la llamada de su hermana pequeña, quien estaba inmensamente preocupada. "¡Estúpida, estúpida! ¡Por supuesto que no le gustarías! ¡Los Apple pocas veces son homosexuales!", se regaño una y otra vez. Fuera, Sweetie Belle observo la puerta de su hermana, cerrada a cal y canto, escuchándola llorar amargamente, mientras que Appleblom gimio.

- Applejack la ha cagado pero bien, es más terca que una mula.

- ¿Y eso que significa?- dijo Scootaloo con una ceja alzada.

- Que aunque sea el elemento de la honestidad, no es nada sincera consigo misma. Pero recapacitará, estoy segura.

- Eso espero, Appleblom- dijo Sweetie Belle sin apartar la vista de la puerta.

Mientras, Rarity se levantó, limpiándose las lágrimas y suspirando amargamente. "Vamos, Rarity, no es la primera vez que te rompen el corazón, puedes superarlo. Sólo trata de pensar que esto no ha pasado". Levantándose con pesadez, fue al escritorio y guardo las dos joyas, la creada en Ecuestria y la hecha en un mundo alienígena, guardándolas en sus respectivos sitios. Mirando la puerta, tomó una profunda respiración y trato de verse mejor que nunca, abriendo la misma y viendo a su hermanita, quien la miró preocupada, y a sus amigas.

- ¿Estas bien, Rarity?

- Si, cariño, estoy bien- dijo con la sonrisa más tranquilizadora que pudo reunir.- Solo... la noche no fue como esperaba.

- ¡No te preocupes!- dijo Appleblom en un intento de animar a la unicornio.- Mi hermana solo necesita algo de tiempo para aclararse.

- No pasa nada, Appleblom- dijo Rarity con calma.- Tu hermana no está interesada en las yeguas, eso es todo. Ahora, id a terminar esa cena mientras yo me doy un baño, ¿de acuerdo?

Un poco a regañadientes, las niñas aceptaron, marchando a la cocina. Mientras esto pasaba, Rarity fue al baño y se metió en la ducha, dejando que el agua se llevara sus penas. No pensó en las palabras de Appleblom, pues las tomó como un intento de animar a la hermana mayor de una de sus mejores amigas, para no estropear su relación. Y hablando de relación amistosa, esperaba que Applejack no dejara de ser su amiga por ese desliz.


Lo primero que hizo Applejack al llegar a casa fue encerrarse en su cuarto e ignorar a Sugar Belle, que había intentado averiguar como había ido la cita. Se observo en el espejo de su habitación, la cabellera suelta y peinada por su cuñada aún despedía cierto brillo ante la luz. Con un suspiro, la yegua terrestre se tumbó boca arriba en su cama, pensando en lo que acababa de ocurrir, repasando la escena una y otra vez. Se sentía fatal al recordar el rostro de Rarity, que reflejaba como se le había roto el corazón, y no se le había escapado el casco huidizo. Sumado a esto, estaba ese sentimiento que trataba de reprimir, no podía gustarle Rarity, no podía... por mucho que quisiera simplemente rendirse a ese amor y confesarse.

Aún recordaba aquel día de colegio, cuando sus padres aún vivían, anterior a la llegada de Rarity y su familia y antes de que Appleblom naciera. Se había enamorado de una potra en su misma clase, una pegaso hermosa. Había intentado confesarse, pero lo que consiguió fue que se riera de ella, tanto la niña como el resto del patio. Ese trauma, había hecho que Applejack ocultara sus gustos a toda costa, incluso de sus padres. Y eso aumento al ver que la mayoría de su familia era heterosexual, por lo que siempre pensaba que no debía ir contra la familia. Ahora, en cambio, esas ideas y miedos eran mínimos comparados con lo que acababa de hacer. La expresión devastada de la unicornio era suficiente para replantearse seriamente sus, antaño, fuertes e inamovibles convicciones. Aún así, ese miedo persistía, y lo único que podrían aclararla un poco era una noche de sueño y una mañana de trabajo duro.


Sector universal 2814, planeta Apedisc

Un grupo de seis Green Lanterns de seis sectores distintos aterrizaron en medio de una ciudad costera amurallada. Los edificios tenían un toque medieval pero cubiertos de naturaleza, pues esta iba a su gusto. Los presentes, algunos bipedos, otros cuadrupedos, observaron a su alrededor, sintiendo el gran silencio. Varios pergaminos en los que se avisaba del "virus del miedo" se veían por doquier, unos clavados, otros revoloteando por ahí. Varias casas habían sido precintadas por el equipo médico de la ciudad, que pese a que ya no eran tan avanzados como en el pasado remoto de su planeta, aún era confiable.

- Atentos- dijo uno de los Lanterns.- Los Guardianes nos han dicho que en este mundo está Parallax. Debemos detenerle antes de que vaya al resto de continentes y todo este planeta caiga.

- ¿Por qué no vinieron más?- dijo otro.

- Para evitar que otros mundos entren en pánico al ver a un gran número de nosotros y así dar más poder a Parallax.

Aún con esas palabras, ninguno parecía muy convencido. Avanzaron por la ciudad desierta, atentos a cualquier cosa sospechosa. Pronto, escucharon unos débiles gemidos, provenientes de uno de ellos callejones. Con un gesto, el líder del escuadrón mandó a dos Lanterns a investigar, internándose en la callejuela. Al fondo, vieron la figura de una niña simio, acurrucada en una esquina y mirando a la pared, sollozando con fuerza. Ambos agentes se miraron con duda, antes de volverse a la infante.

- ¿Estas bien, pequeña?- dijo uno.

Como si hubiera apretado un botón, la niña se detuvo, quedando en silencio por completo. De no ser por la gran voluntad de ambos, el miedo que empezaba a surgir de forma lenta avanzaría más rápido, pero ellos eran Green Lanterns, escogidos por no tener miedo. Tras unos segundos increíblemente tensos, la niña se volvió gritando, mostrando sus colmillos, tres ojos amarillos y, para sorpresa de ambos, los tres soltando lágrimas. Con un salto, se abalanzó sobre los Lanterns, quienes crearon un muro verde e impidieron su avance. Al mirarse, asintieron, envolviendo a la pequeña en un zarcillo verde y llendo junto a sus compañeros.

No obstante, cientos de gritos y gruñidos invadieron la ciudad antes silenciosa, haciendo que, pese a su férrea voluntad, a los Lanterns se les erizara la piel. La niña, aprovechando la distracción de sus captores, lanzó un escupitajo completamente amarillo, que se introdujo en la piel de uno con un pinchazo doloroso. En cuestión de segundos, se tiro al suelo, agarrando su cabeza y tratando de resistir, pero era inútil. El miedo había entrado, y usando varios traumas pasados de su huésped a su favor, consiguió el control del cuerpo en cuestión de segundos. Levantándose, con sus ojos en un tono dorado, se abalanzó a sus compañeros, quienes lo repelieron como pudieron.

Pronto, más y más simios salieron a la luz, algunos en forma, los infectados por otras víctimas, y los famelicos, aquellos que fueron alcanzados por Parallax y cuya esencia fue absorbida. Agrupándose en un círculo, usaron todo lo que se les ocurría para mantener a raya a los infectados sin matarlos, pues sus anillos informaron que estaban vivos y podían ser salvados. A cada segundo, más y más aparecían, creando una marea de infectados que iban por el reducido grupo de Lanterns. En un momento dado, los simios se apartaron, dando paso a su amo y señor, Parallax, flotando suavemente con su capa de humo negro y amarillo detrás. Observo al grupo sonriente, sintiendo una gran felicidad.

- Ahí estáis, Lanterns, que agradable sorpresa.

- Parallax- dijo el líder del escuadrón.- Por orden de los Green Lanterns, quedas...

- O, por favor.

Un zarcillo negro y amarillo se enrollo alrededor del cuello del Lantern, acercándolo a él. Muchos más fueron para hacer lo mismo con los otros, mientras el sonreía perversamente. Los anillos brillaron, pero los zarcillos los envolvieron y los arrancaron de sus portadores, para luego tirarlos lo más lejos posible.

- Normalmente, mataría a los seres con una voluntad como la vuestra, pero ODIO a los Lanterns, ¿y que mejor manera de vengarme que sumiéndolos en el miedo?

Los zarcillos entraron en cada orificio disponible de los Lanterns y forzaron a sus mentes a sucumbir al terror. En unos minutos, todos ya eran simples esclavos al servicio de Parallax. Este sonrió mientras los soltaba, estando listo para extender su dominio al resto del planeta. Pronto, sería suyo, y el podría ir en busca del siguiente, sabiendo que los Guardianes eran demasiado cobardes para enviar a todo el cuerpo. En menos de un año, Oa sería suyo, y de allí, el universo entero.


El Dr. Biologic, jefe científico del laboratorio de ciencias de Canterlot al servicio de su majestad diurna, se colo en el gran cementerio real, un lugar de descanso para aquellos que se ganaron el respeto de las princesas supremas. Arropado por la oscuridad, entró en el campo santo, esquivando tumbas dedicadas a cientos de figuras, cuyos nombres ya eran leyendas, y se dirigió a la más reciente, colocada en un pequeño santuario de piedra. Mirando a ambos lados, abrió las compuertas y entró en el lugar, viendo la sepultura de cristal en la que descansaba el cuerpo del alienígena.

Sobre este caían copos dorados, única pista del hechizo que la diosa solar había colocado para impedir la descomposición del cuerpo y tenerlo en las mejores condiciones en caso de que su especie viniera a buscarlo. Con una sonrisa, el unicornio dejó su carga en el suelo, un gran saco, y preparo su palanca. Un escaner indico que no había ningún hechizo de alarma, por lo que se decidió a quitar la tapa. El hechizo se desactivo enseguida con un humo dorado que cayó al suelo junto a la tapa, desapareciendo poco después. Embelesado por la idea de una especie ajena a Equs, el unicornio pasó un casco por la piel del extraño ser, admirándolo antes de tener que ocultarlo. Pero al llegar cerca de la herida, sin el verlo, una gota amarilla trepo a su casco y se introdujo bajo la piel, provocando un pinchazo de dolor en el viejo poni.

- Joder.

Retrocedió un poco y se observo el casco, no viendo absolutamente nada, antes de centrarse nuevamente en el cuerpo. Negando con la cabeza, se dispuso a guardar el cuerpo, si una voz regia, que el conocía bien, no lo hubiera detenido.

- Sabía que estaba obsesionado con el conocimiento, Dr. Biologic, pero no sabía que lo llevaría a perturbar a los muertos.

Al girarse con el corazón en la boca, vio a la diosa del sol en persona, mirándolo con la decepción clara en su rostro. Avanzó lentamente, iluminando su cuerno y la tapa del ataud fue recolocada y el hechizo reactivado.

- ¿De verdad crees que no puse una alarma para evitar cosas como estas?- dijo mientras quedaba justo frente al viejo unicornio, mostrándose en todo su esplendor.- Ven conmigo, tenemos mucho de que hablar.

El Dr. Biologic asintió mientras seguía a su alteza, agachando la cabeza. Lo que ninguno sabía, es que a mundos de distancia, un ser que era la reencarnación pura del miedo abrió los ojos, sintiendo parte de su esencia empezar a filtrarse en un ser débil de un planeta desconocido para el.

- Vaya, vaya- dijo con una sonrisa perversa.- El buen Abin Sur, protector del sector, será el arquitecto de la muerte de uno de sus preciados planetas. Aa, la ironía. Esto hay que verlo.

Parallax soltó una carcajada, sentado en el trono del Gran Señor de la aldea del mar, en una isla en mitad de este gigante de agua. Un nuevo mundo había empezado a ser conquistado, y el estaba dispuesto a traer su destrucción final.