Capítulo 16
Después de dos días, la fiebre remitió lo suficiente como para que las esperanzas que albergaban no fueran meras quimeras. Cuando Óbito echó de la casa a lady Brooks, llevándose esta consigo al matasanos del doctor Brain, hizo llamar de nuevo al doctor Cramb. El doctor confirmó a su llegada que la situación del marqués era grave, pero que había ciertas mejorías que hacían albergar esperanzas sobre su recuperación. Alabó los cuidados dispensados desde que él lo había visto por última vez, diciendo que posiblemente todas las medidas que se habían tomado para intentar calmarlo habían surtido efecto, haciendo que la gravedad eso estado no alcanzarse un estado crítico, sino estable, que contribuyó a mantener a Sasuke con vida.
Sakura no había estado presente en la visita del doctor. Óbito y la señora Senju la habían persuadido para que abandonara la habitación momentos antes de su llegada. Sabía que estaban preocupados por ella. Querían minimizar en todo lo posible los daños que pudieran sufrir por su conducta, que si llegaba a saberse acabaría con su reputación y salpicaría a su familia. Sin embargo, Sakura no podía sino pensar que lo más importante era que Sasuke parecía mejorar, y eso le permitió pensar, después de varios días de agónica espera, que tenía la posibilidades de recuperarse. Eso alivió una buena parte de la opresión que había estado sintiendo en el pecho.
Desde entonces habían pasado dos días en los que Sakura había permanecido con Sasuke en la habitación, junto a lady Senju y a la señora Graves que se alternaban para ayudarla. Óbito también había permanecido en la casa, salvo unas cuantas horas en las que volvió al club para cambiarse y solucionar algunas cosas pendientes que eran imposibles de postergar.
Esa mañana, antes del amanecer, Sakura pudo comprobar que Sasuke no tenía fiebre. Su frente estaba libre de la alta temperatura que se había adueñado de ella los últimos días. Su respiración era suave y su pulso fuerte. Podría decirse que lo peor había pasado y que Sasuke iba a recuperarse. A Sakura se le llenaron los ojos de lágrimas y un pequeño sollozó salió de sus labios. No pudo evitarlo. Empezó a temblar a consecuencia del cansancio y la angustia de los últimos días. Vio removerse a Sasuke y se puso una mano en la boca como sí así pudiese acallar los pequeños sollozos que pugnaban por salir de ella. Salió de la habitación como pudo y cerró la puerta tras de sí. En el pasillo se apoyó en la pared. La pierna le dolía terriblemente y el temblor que recorría su cuerpo se agudizó. Se encontraba algo mareada y débil. Quizás el hecho de que llevara setenta y dos horas sin dormir y en tensión había acabado casi con su resistencia.
Lady Senju y el señor Óbito subían por la escalera y tomaron el pasillo que llevaba a los aposentos del marqués cuando vieron a Sakura fuera de la habitación con la cara surcada de lágrimas. Ambos apretaron el paso para llegar hasta ella pensando en lo peor. Cuando Sakura les vio llegar intentó recomponerse un poco.
—¿Qué pasa, Sakura? —preguntó lady Senju con la mano en el pecho.
Sakura esbozó una pequeña sonrisa.
—No tiene fiebre.
Lady Senju exhaló el aire que había estado conteniendo.
—Gracias a Dios —dijo con una sonrisa también.
Óbito la miró atentamente.
—¿Estás bien? —preguntó él.
—Sí, perfectamente —dijo Sakura antes de que todo se volviera negro y sintiera que las fuerzas la abandonaban.
Sakura se despertó e intentó incorporarse. Dos pares de manos se lo impidieron.
—Ni se te ocurra moverte, jovencita. Menudo susto nos has dado. No salimos de una cuando nos metemos en otra.
Sakura enfocó la vista y vio a lady Senju con expresión preocupada, igual que al señor Óbito. Estaba en una habitación, tumbada en una cama, y ambos la miraban como si temieran que fuese a desmayarse otra vez.
—De verdad estoy bien. Ha debido ser el cansancio.
—El cansancio, que no ha comido nada, que no ha dejado que nadie la releve en el cuidado de lord Uchiha —dijo Óbito con una sonrisa irónica—. ¿Continuó con la lista?
—No hace falta —dijo Sakura a regañadientes—. ¿Sasuke? —preguntó ansiosa.
—Está bien —dijo lady Senju algo menos gruñona—. No tiene fiebre, y el doctor, que se fue hace cinco minutos, ha dicho que si todo sigue así se recuperará completamente en nada de tiempo. Es posible que se despierte de un momento a otro.
—¿El doctor? ¿Cuánto llevo desmayada? —preguntó Sakura ahora ya más preocupada.
—Más de media hora —dijo Óbito ayudándola a incorporarse. Le puso una almohada tras la espalda para que se quedara sentada en la cama.
—Debes descansar, Sakura —dijo lady Senju de modo imperativo. Los surcos casi violáceos debajo de los ojos y la piel pálida casi desprovista de color evidenciaban el cansancio extremo de la señorita Haruno.
—Ahora que está fuera de peligro ya puedo irme a casa, sin embargo, debo pedirles un favor.
—Lo que quieras, Sakura —dijo lady Senju cogiéndole una mano. La tenía fría y algo temblorosa.
—No quiero que le digan a lord Uchiha que he estado aquí.
—Sakura, no lo dirás en serio, ¿no? —preguntó lady Senju—. Has hecho mucho por él, sin ti y tus cuidados seguramente no habría aguantado.
Sakura agradeció internamente las palabras de Tsunade, pero sabía que eso no era del todo cierto.
—Si se recupera, Tsunade, será gracias a vosotros. Conseguiste que el doctor Brane no volviera a poner un pie en esta casa. Eso lo habría debilitado y no lo hubiese superado. De todas formas, no quiero que él sepa nada. Por favor, os lo pido a los dos y a todos los que saben de alguna forma que he estado aquí. No lo hago por mi reputación, sino porque no quiero lord Uchiha se sienta comprometido a nada.
Lady Senju la miró y Sakura podría jurar que vio humedecerse los ojos de Tsunade.
—Está bien —dijo asintiendo—. Se hará como desees. Eres una mujer extraordinaria Sakura Haruno.
—Gracias —dijo Sakura, también emocionada.
Sakura miró a Óbito esperando su confirmación.
—Tiene mi palabra, si eso significa algo —dijo Óbito con una sonrisa irónica.
—Significa mucho —dijo Sakura.
—Haremos todo lo que esté en nuestra mano. Hablaré con la señora Graves. Nadie del servicio dirá nada.
—Gracias —dijo Sakura intentando levantarse. Al punto volvió a dejarse caer. La cabeza todavía le daba vueltas.
—La acompañaré a su casa. Es mejor que nos vayamos ahora, antes de que amanezca y pueda a ver algunos curiosos —dijo Óbito mirándola fijamente—. No será necesario —dijo Sakura, pero tanto lady Senju como Óbito no la dejaron continuar.
—Eso está fuera de toda discusión —dijo Óbito seriamente.
—Está bien —dijo Sakura, que interiormente se sentía agradecida por ello.
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Un gruñido salió del estudio de lord Uchiha. Después de dos semanas de confinamiento, estaba claro que ya estaba bastante recuperado como para no poder soportar tanto cuidado. La primera semana estuvo confinado en su cuarto, más debido a la debilidad que todavía le acompañaba que a los dictados del médico, a los que Sasuke apenas hacía caso. Decía que él estaba suficientemente bien para poder salir de aquella maldita cama.A la semana siguiente, cuando huborecuperado prácticamente las fuerzas, ya nada pudo detenerle. Se instaló en su estudio, cogió los libros de cuentas y se puso al día con sus negocios. Durante esas dos semanas, lady Senju fue a verle a menudo. Apenas habían hablado de los días en los que habían temido por su vida, salvo para contarle determinados detalles de ese periodo, como lo que Óbito había hecho por él. Le relato fielmente cómo este se había enfrentado a Diana y la había echado de la casa, y como había permanecido a su lado hasta que el doctor les dijo que Sasuke estaba fuera de peligro. Aquello fue difícil de asimilar para Sasuke, porque jamás había esperado que Óbito hiciera eso por él. Él era el hermano mayor y su deber era cuidar de Óbito, protegerlo, y no al revés.
Todavía se acordaba de la primera vez que lo vio esperando en el vestíbulo de aquella misma casa, siendo prácticamente un niño, con aquella mirada fuerte y desafiante. Esa misma mirada que no había perdido un ápice de su orgullo durante estos últimos años.
Se mantuvo a distancia de Óbito a petición de la madre del mismo. Kanna Ōtsutsuki no creía que beneficiaría a su hijo tener contacto con su familia paterna, ni siquiera con él. No quería confundir a Óbito, no quería que se sintiera con un pie en cada mundo sin pertenecer a ninguno de ellos. Y Sasuke la respetó. Admiraba a la madre de Óbito por su coraje y su entrega con su hijo. Y la apreciaba por ser la única persona en la casa del marqués de Strackmore que supuso un apoyo para su propia madre en los años en que fue su doncella personal. Al final de sus días, cuando su madre apenas podía hablar o moverse, en los que él prácticamente se pasaba las horas sujetando su mano, Kanna siempre velaba por él y le ofrecía el consuelo que jamás encontró entre su propia familia. Fue la única que la veló junto a él la noche de su muerte.
Un golpe en la puerta le sacó de aquellos tristes recuerdos.
—Milord, el señor Óbito Ōtsutsuki ha llegado.
Sasuke miró a la señora Graves, que le miró a su vez con el ceño fruncido.
—¿Pasa algo, señora Graves? —dijo Sasuke apoyando la espalda contra el respaldo de la silla, adquiriendo una postura más relajada.
—Debe descansar, milord. Todavía no está totalmente recuperado y se está excediendo.
Sasuke agradecía la preocupación de la señora Graves, pero no podía soportar ni un día más que todos los que habitaban y trabajaban en aquella casa lo tratasen como si fuese un inválido.
—Señora Graves, he soportado las comidas insulsas a base de caldos, las infusiones que harían vomitar hasta a un porquero, que me espíen a cada paso que doy por si me fallan las fuerzas, que me traigan una manta cuando hace algo más de frío para protegerme los pulmones —dijo Sasuke al final, apretando los dientes—. En reconocimiento de esa preocupación he limitado mis actividades, pero ya estoy harto. Estoy en plena forma y a partir de mañana retomaré mi agenda habitual. —Sasuke alzó una mano para parar a Graves, que ya parecía dispuesta a lanzarle una larga perorata—. Ni una palabra, señora Graves. Un hombre tiene un límite y el mío está rebosando hace días. Al próximo que me diga algo sobre mi estado de salud o sobre si me excedo o no, lo estrangulo. ¿Ha quedado claro?
—Meridiano, milord —dijo Graves atravesándole con la mirada.
La escuchó murmurar algo mientras salía de la estancia, pero no logró entender el qué.
—Por lo que se ve, estás ya en plena forma. La señora Graves no ha salido nada contenta de su breve encuentro contigo.
Sasuke vio la sonrisa que Óbito intentaba, sin mucho éxito, contener, al sentarse en la silla que había justo al otro lado del escritorio, tras el cual Sasuke estaba sentado.
—¿En qué lo has notado? —preguntó Sasuke con tono irónico.
—Creo que el hecho de que fuera murmurando que añoraba los días en que estabas inconsciente y no decías tonterías ha sido bastante revelador al respecto —terminó Óbito sin poder contener ya una pequeña carcajada.
—Me alegro de que te haga tanta gracia —dijo Sasuke entre dientes—. Aprecio a esa mujer, pero a veces es peor que un sargento de artillería —continuó menos serio al ver que Óbito seguía riéndose.
—Te comprendo perfectamente —dijo Óbito ya repuesto de su ataque de risa.
Sasuke le miró escéptico.
—No lo creo.
—Vaya que sí. ¿No te lo han contado? —preguntó Óbito ya más serio.
Sasuke le miró unos instantes antes de responder. Solo sabía lo que lady Senju le había contado y que a ciencia cierta sabía que no sería ni la mitad de lo que realmente había ocurrido. Había mandado una nota aquella mañana a Óbito para que fuese a verle con la intención de agradecerle todo lo que había hecho por él y para darle los papeles firmados que tanto había ansiado este para convertirse en el único dueño del Baco.
—Todavía me queda bastante para ponerme al día.
—Ya veo —dijo Óbito con una pequeña sonrisa dibujándose en sus labios—. Pues basta con decir que esa mujer me acorraló en el vestíbulo de esta casa y me dijo unas cuantas verdades. Se atrevió a apuntarme con un dedo y todo. Creo que no me sentía así de intimidado desde que tenía diez años y mi madre me echó un sermón por cogerle prestado al panadero una minúscula parte de su mercancía.
Óbito se inclinó un poco hacia delante en la silla antes de preguntar:
—¿Para que querías verme?
Sasuke sonrió un poco. Había tardado, pero ahí estaba el Óbito que él conocía, directo al fondo del asunto.
—Lady Senju ha venido a verme todos estos días, y aunque como he podido comprobar no me lo ha contado todo, si me ha contado lo suficiente como para saber que estoy en deuda contigo. Quería agradecértelo. Y también quería darte esto.
Sasuke sacó unos papeles del cajón derecho de su escritorio y se los tendió a Óbito.
Óbito no podía creer que el todopoderoso lord Uchiha le hubiese agradecido nada, sin embargo había pronunciado esas palabras. Su sorpresa duró el tiempo que tardó en ver los papeles que le había entregado.
—Estos son los papeles del Baco —dijo Óbito, que miró la última hoja, donde estaba estampada la firma del marqués.
—Ahora eres el único dueño del club.
Óbito debería haberse sentido exultante. Era lo que había esperado desde hacía mucho tiempo, sin embargo, lo que le dominó hasta la médula fue una furia difícil de controlar.
—¿Crees que lo que hice lo hice por esto? —dijo Óbito entre dientes—. Los de tu clase siempre pensáis que todo se compra con dinero.
Óbito se levantó con la intención de irse, tirando los papeles sobre la mesa.
—Siéntate, Óbito —espetó Sasuke con un tono de voz que dejaba entrever que él también estaba enojado—. Por favor —continuó cuando vio que Óbito cerraba los puños en un intento de controlar su furia.
—Tienes un minuto —dijo Óbito, que siguió a medio camino de la puerta.
Sasuke supo que eso era todo lo que Óbito estaba dispuesto a ceder. «Está bien —pensó—, que así sea».
—No estoy intentando comprar nada. Mi agradecimiento es sincero, y he firmado el contrato cediéndote todas las acciones en contra de mi voluntad porque por primera vez en mi vida intento hacer algo desinteresado. Intento no ser el cínico egoísta que soy.
—¿De qué estás hablando? —preguntó Óbito algo más calmado.
—Maldita sea —masculló Sasuke antes de continuar—. Sé cuánto te desagrada mi presencia, me lo has demostrado durante estos últimos años. Otro se habría desecho de las acciones del club mucho antes. ¿Por qué crees que no te he cedido antes esas acciones? No necesito el dinero, y tampoco lo hacía por cualquier otro motivo que puedas tener en mente y que conlleve un alarde de poder sobre tu persona. —Sasuke se dió cuenta de que no iba muy desencaminado en sus afirmaciones cuando vio la expresión de Óbito. Eso era precisamente lo que había pensado su hermano—. Al principio, cuando te coloqué allí con tan solo quince años, compré la mitad del maldito club solo para que pudieras trabajar en él y así poder ver cómo estabas y que pudieras enfocar toda esa rabia que desprendías y que te podía a llevar por mal camino. Después, eso cambió. Te convertiste en un hombre fuerte y con ambición. En un hombre mucho mejor de lo que yo seré jamás. Ser el dueño de esas acciones me daba la excusa perfecta para seguir teniendo contacto contigo de vez en cuando. Así que cuando firmé ese contrato no lo hice para pagarte tu ayuda, lo hice para que no tengas que seguir teniéndome como socio y todo lo que ello conlleva.
Sasuke se levantó de la silla y se acercó a Óbito. Cogió los papeles de encima de la mesa y se los volvió a tender.
—Acéptalos, no dejes que el maldito orgullo se interponga en algo que deseas desde hace tanto tiempo —dijo Sasuke.
Óbito estaba todavía confuso por todo lo que acababa de decirle Sasuke. Aquello no era justo. Había sido fácil odiarlo durante todo ese tiempo, porque le había ayudado a ser quien era y ahora empezaba a entender que había estado equivocado. La señora Graves, a grandes rasgos, le había relatado una realidad que para él era desconocida, la de un hombre al que, pensaba, había calado desde el principio. Eso ya lo desconcertó, sin embargo lo que acababa de confesarle Uchiha era difícil de asimilar.
Óbito alargó la mano y cogió los papeles.
—Ahora el Baco es todo tuyo —dijo Sasuke con una sonrisa de pesar.
Óbito lo miró fijamente.
—Serás bienvenido en el club.
—No creo que sea buena idea —dijo Sasuke antes de dar media vuelta y volver a sentarse en la silla tras el escritorio.
—Si no vienes no podrás tomarte una copa del mejor brandy del mundo con el dueño del club. Me gustaría que me aconsejaras en una inversión de la que estoy interesado. Tu olfato en los negocios es legendario.
Sasuke miró a Óbito con sorpresa. Sabía lo que estaba haciendo. Le estaba dando una oportunidad. Lo vio en sus ojos. Sasuke sonrío antes de contestar.
—El mejor brandy y engordar mi vanidad. Es una oferta que no pienso rechazar.
