CAPÍTULO 7

A la mañana siguiente, Hinata acababa de terminar de vestirse cuando el fuerte golpe en la puerta principal la hizo dar un respingo y después fruncir el ceño, tanto por la molestia como por la alarma. No tenía ninguna duda acerca de quién estaba llamando a su puerta a las siete y veinte de la mañana, aunque no hacía falta poseer capacidades especiales para adivinarlo.

Sin embargo, la mejor manera de tratarlo era no dejando ver que le provocase reacción alguna. El detective consideraría su enfado no una debilidad, y que Dios la ayudara si él captaba el menor indicio de la inoportuna atracción que sentía; era demasiado agresivo para dejar pasar cualquier circunstancia.

No sentía deseos de invitarlo a entrar; tenía que ponerse a trabajar y no tenía intención de llegar tarde por su culpa. Cogió el bolso y con las llaves en la mano se dirigió hacia la puerta.

Cuando la abrió, se encontró con el detective casi enfrente te sus narices, apoyado con un musculoso brazo contra el marco de la puerta y el otro levantado ya para llamar de nuevo. La proximidad de su cuerpo la hizo contener la respiración, una reacción que ocultó saliendo al exterior y volviéndose para cerrar la puerta tras de sí. Por desgracia, él no retrocedió, y ella fue a parar contra él de plano, todo calor y músculo. Estaba prácticamente en sus brazos; lo único que él tenía que hacer cerrarlos alrededor de ella, y quedaría atrapada.

Con expresión seria, se concentró en cerrar la puerta con llave, procurando no hacer caso de la situación. La breve mirada que le lanzó a la cara le indicó que aquella mañana el detective estaba de mal humor, pero además percibió una alarmante irritabilidad masculina.

Aquel hombre era más encrespado que un semental olfateando una yegua en época de celo.

Aquella imagen mental resultó infortunada, y tan atinada que el corazón empezó a latirle a toda prisa. De espaldas a él mientras bregaba con la terca cerradura, de pronto notó nítidamente la presión de su cuerpo contra las nalgas. Se había formado una protuberancia inconfundible, gruesa y dura, descaradamente porfiada.

Por fin el pestillo se colocó en su sitio. Hinata permaneció quieta, petrificada, sin saber qué hacer. Si se movía, se frotaría contra él; si no se movía, era posible que él lo tomase como una invitación. Cerró los ojos para alejar la insidiosa tentación de simplemente darse la vuelta y encararse con él, lo cual le daría permiso en silencio por el hecho de darle acceso. Tan sólo la certeza de que no funcionaría, de que se quedaría petrificada bajo el azote de un horror de seis años, la salvó de rendirse. No podía volver a pasar por todo aquello.

Se obligó a poner en funcionamiento la voz.

-¿Qué quiere, detective?-inmediatamente deseó morderse la lengua. Había escogido mallas palabras, dadas las circunstancias. Con aquella erección rozándola insistentemente, era obvio lo que quería el detective.

Por espacio de un par de segundos, Uzumaki no contestó. Ella notó el subir de su pecho al inspirar lentamente; a continuación, gracias a Dios, él retrocedió un paso.

-No estoy aquí como detective. He venido sólo a ver si se encontraba bien.

La fuerte tensión sexual se aflojó con la pequeña distancia que se abrió entre ellos, lo cual hizo que Hinata si sintiera como si le hubieran quitado unos grilletes. El alivio la mareó ligeramente, una reacción que combatió con la acción.

-Estoy bien -dijo rápidamente, y bajó los escalones antes de que él pudiera detenerla.

Maldita sea, su coche bloqueaba el de ella. Se detuvo, y recuperó el auto control suficiente para dudar sólo un momento antes de decir:

-Tengo que irme, o llegaré tarde al trabajo.

Uzumaki consultó su reloj.

-En coche se tarda quince minutos. Tiene mucho tiempo.

-Tengo que salir temprano, por si hay problemas.

Aquella explicación no lo hizo inmutarse lo más mínimo. Sus ojos cielo de pesados párpados la recorrieron de arriba abajo, mientras su expresión no decía nada.

-¿Anoche se asustó por alguna otra cosa?

-No estaba asustada.

-Yo no podría decir lo mismo.

-No estaba asustada-repitió Hinata, esta vez con los dientes apretados. Aquella obstinación ya la estaba sacando de sus casillas. Necesitaba huir de él inmediatamente.

-Ya lo creo que sí. Y también está asustada ahora. - Su mirada volvió a recorrerla -. Aunque no por la misma razón - añadió suavemente. Esa vez, cuando sus párpados se elevaron, ella vio el brillo depredador del macho.

Hinata se puso rígida y sintió un escalofrío de aprensión. Tal vez Uzumaki no fuera vidente, pero poseía un agudo instinto masculino. Evitarle iba a ser más difícil de lo que había pensado, porque percibía la reacción que ella no lograba ocultar. Uzumaki bajó los escalones siguiéndola, y ella se apresuró a replegarse hacia su coche. Abrió la portezuela de un tirón y se deslizó al interior, utilizándolo como barricada para defenderse de él.

Uzumaki la contemplo por encima de la portezuela aún abierta, perforándola con ojos penetrantes.

-Cálmese - murmuró -. No se enfade tanto.

Ella lo miró furiosa, agitada casi hasta no poder soportarlo. Si aquel hombre no se iba pronto, iba a perder el control y decir algo que sabía que luego lamentaría haber dicho. Se agarró de la puerta para sostenerse, con los nudillos blancos por el esfuerzo.

-Aparte su coche, detective. Y a menos que traiga una orden judicial, no vuelva a venir a mi casa.

Magnífica actuación, Uzumaki.

Naruto experimentó una sensación de violencia al jurar para sus adentros. Miró furioso su mesa, sin hacer caso del ruido de voces que se superponían unas a otras ni del incesante sonar de los teléfonos. Rabiaba de frustración, tanto sexual como profesional. En el caso de Yakushi no había ninguna pista, ninguna prueba; la investigación no iba a ninguna parte, y por lo visto su interés por Hinata Hyūga avanzaba rápidamente en la misma dirección.

¿Qué otra cosa había esperado? ¿Qué ella no notase su erección empujándole el trasero?

Lo increíble era que no se hubiera puesto a chillar.

Debería haber retrocedido inmediatamente cuando ella salió de la casa, pero no lo hizo. El primer roce accidental de su cuerpo le había dejado paralizado en el sitio, con todos los sentidos dolorosamente centrados en aquel contacto. Le había producido tal placer, que apenas consiguió soportarlo, pero al mismo tiempo le resultó insuficiente, y deseó más. Deseó desnudarla, penetrar dentro de ella. Deseó sentir sus piernas alrededor de la cintura, notar cómo temblaba al llegar al orgasmo. Deseó dominarla, hacer añicos su resistencia, doblegarla a su voluntad de forma tan completa que pudiera tomarla cada vez que quisiera..., y deseó protegerla de todo y de todos.

Ésa era la razón por la que se había presentado en su porche aquella mañana.

No había podido descansar en toda la noche, pues estaba casi totalmente seguro de que algo la habla asustado, pero seguro del todo de que ella no le habría recibido bien si la hubiera vuelto a llamar. Cuando se hizo de día, no pudo resistirlo mas; tenía que comprobar por sí mismo que Hinata se encontraba bien.

De modo que ¿qué fue lo que hizo? Ganarse su antipatía todavía mas. No habla sabido tratarla desde el principio, y seguía sin tener ni idea de lo que debía hacer respecto de ella. El agente Umino la había dejado límpia de toda sospecha de haber estado presente en la escena del crimen de Nōnō Yakushi, pero era evidente que sabía algo y que había ido a contárselo a la policía.

¿Entonces qué era, una sospechosa o un testigo? La lógica indicaba lo primero, pero una especie de incómodo instinto decía lo último, y a su polla francamente no le importaba un comino.

-Estás de un humor de perros -comentó Sai ociosamente, echado hacia atrás en su silla y observando la expresión de su compañero.

Naruto gruñó. No había forma de negarlo.

-¿Has hablado últimamente con Hinata?

Molesto, Naruto le lanzó una mirada.

-Esta mañana - respondió brevemente.

- ¿Y?

- Y nada

-¿Nada?¿Entonces porqué la has llamado?

-No la he llamado.- Naruto daba vueltas a un lápiz, nervioso-. He ido a verla.

-Oh, no. Ahora le ocultas secretos a tu compañero, ¿eh?

-No hay ningún secreto que ocultar.

-¿Y por qué has ido a verla?

Maldita sea, aquel interrogatorio le estaba poniendo muy nervioso. Naruto experimentó un breve instante de comprensión por los otros sospechosos a los que Sai y él habían interrogado durante horas. Un instante muy breve.

-No hay ninguna razón -respondió, empleando descaradamente una táctica de cerrojo y sin importarle un bledo que Sai lo supiera.

-Así que ninguna razón, ¿eh?

Sai se estaba divirtiendo. Se leía el regocijo en sus ojos oscuros. Nunca había pensado que llegaría el día en que el bueno de Naruto estuviera tan revolucionado por una mujer, y tenía la intención de disfrutar hasta la última gota de aquella situación. Naruto jamás en su vida había tenido problemas por causa de las mujeres; ellas siempre se preocupaban por él más que él por ellas, lo cual le daba una tremenda ventaja en las relaciones. Nunca trataba mal a una mujer, pero al mismo tiempo la influencia que ellas ejercían siempre era muy pequeña.

Aunque a ninguna le gustaba lo irregular de su horario de trabajo. Si tenía que dar plantón a una, ¿qué importaba? Nunca había dado a las mujeres de sí mismo otra cosa que su físico, porque el trabajo siempre era lo primero. Naruto era un magnífico policía, uno de los mejores, pero siempre había navegado ileso por el proceloso mar del romance, a diferencia de quienes forcejeaban con los conflictos entre el trabajo y las relaciones personales, de modo que resultaba agradable verle debatirse ahora.

Sai picó un poco más a la bestia.

-¿Qué ha dicho ella?

Naruto frunció el entrecejo y lanzó otra mirada de irritación a su compañero.

-¿Por qué eres tan curioso?

Sai extendió las manos, fingiendo inocencia.

-Creía que estábamos trabajando juntos en este caso

-Esto no ha tenido nada que ver con el caso.

-¿Entonces por qué has ido a verla?

-Para ver sí estaba bien

Sai no pudo contener una risita, y todavía estaba riendo cuando sonó el teléfono

Naruto cogió el auricular.

-Detective Uzumaki -ladró

-Por fin ha aparecido algo en relación con esa tal señorita Hyūga a la que interrogasteis - dijo una voz lacónica al oído de Naruto- Interesante. Muy interesante.

Naruto se había puesto rígido al oír mencionar el apellido de Hinata, y todo su cuerpo estaba en actitud de alerta

-¿Sí? ¿Como qué?

-Dejaré que lo leas tú mismo, amigo Te lo estoy enviando por fax. No sabía que te gustaban esta clase de cosas. Aunque no está mal la muñeca.

-Ya -dijo Naruto de modo automático-. Gracias, Bee. Te debo una

-Lo apunto en mi agenda -dijo Bee en tono jocoso. -Hasta luego.

Naruto colgó el teléfono y vio que Sai le miraba con gran interés, ya sin el menor atisbo de diversión.

-¿Qué ocurre?

- Bee me va a enviar información acerca de Hinata Hyūga.

-No jodas - Sai arqueó las cejas-. No pensaba que fuera a surgir nada sobre ella

-Bueno, pues sí.

El fax que había en el rincón comenzó a zumbar ya escupir papel. Naruto se levantó y fue hasta él, con el semblante grave. No estaba seguro de que quisiera ver aquello Dos días atrás, le habría encantado tener en las manos información sobre Hinata, pero ya no. Desde que ella le llamó la noche anterior, había dejado incluso de intentar negar el efecto que ejercía sobre él.

La deseaba, maldita sea, y quería que fuera inocente; quería que hubiera alguna explicación a las cosas que les había contado el lunes. Sai se plantó de pie a su lado, observando a Naruto con mirada inescrutable.

Salió la primera hoja. Era una fotocopia de un artículo de prensa. Leyó rápidamente el titular:

JOVEN VIDENTE ENCUENTRA A UN NIÑO DESAPARECIDO.

Sai lanzó un silbido, una única nota que sonó casi imperceptible.

Siguieron una página tras otra, todas con el mismo tema en común: las capacidades psíquicas de Hinata Hyūga. Algunos de los artículos parecían pertenecer a revistas de psicología o eran trabajos sobre psicología. Había varias fotografías débilmente impresas que mostraban a una Hinata más joven, casi con aspecto de niña. La mayoría eran artículos de prensa que informaban de que la «notable vidente» Hinata Hyūga había trabajado con la policía en la resolución de diversos casos. Se fijó en que los artículos procedían todos del noroeste del país, Oregón y Washington sobre todo, aunque también había dos de Idaho, uno del norte de California y otro de Nevada.

A veces Hinata aparecía descrita como «joven clarividente», en una ocasión como «encantadora», dos veces como «extraordinaria». En todos los artículos era un tema común que la policía local se había mostrado, al principio, escéptica y burlona respecto de los poderes de la joven, hasta que ésta hizo exactamente lo que dijo que podía hacer.

Normalmente se trataba de dar con una persona desaparecida, si bien en un par de ocasiones había ayudado a encontrar a unos secuestradores. Se mencionaba varias veces que cuando no estaba trabajando en un caso, la señorita Hyūga vivía en Boulder, Colorado, en el Instituto de Parapsicología. Un tal doctor Hiruzen Sarutobi, catedrático de parapsicología de dicho instituto, aparecía mencionado varias veces.

Sai estaba de pie junto a Naruto, leyendo cada página igual que él. Los dos guardaron silencio. Aunque ya habían sido advertidos de antemano, por la propia Hinata, leerlo en blanco y negro resultaba inquietante.

Entonces les saltó a la vista un escueto titular:

ASESINO ATACA A UNA VIDENTE.

Naruto cogió la hoja y la mantuvo tensa hasta que terminó de imprimirse, y ambos se pusieron a leerla tan pronto como salió del fax.

Había habido una serie de secuestros de niños en una zona remota de Washington; se había encontrado a un niño muerto, y otros dos seguían desaparecidos. El sheriff local llamó a Hinata, con la que ya había trabajado en otra ciudad, para que le ayudara a encontrar a los niños. Justo antes de que ella lIegase, desapareció un niño más. Ese mismo día había aparecido en la prens un gran artículo sobre ella

Aquella noche, Momoshiki Otsutsuki secuestró a Hinata de la habitación de su motel y la llevó al mismo sitio al que había llevado al último niño secuestrado, un pequeño de cinco año. Sin embargo, lo vieron, y se alertó al Sheriff. Era una ciudad pequeña; lograron identificar a Otsutsuki y seguirle la pista. Pero cuando llegaron, el niño ya estaba muerto, y aunque llegaron a tiempo de salvarle la vida a Hinata, ésta había sufrido graves palizas.

Su estado, "malo" fue descrito posteriormente en otro artículo. No había nada más.

Absolutamente nada.

Naruto consultó la fecha del último articulo; era de hacia un poco más de seis años Durante seis años Hinata Hyūga había desaparecido literalmente del ojo del público.

¿Por qué se había ido a vivir a Florida? Nada más pensar en ello, visualizó un mapa en su mente y comprendió la razón: Florida estaba lo más, lejos, posible de Washigton, sin salir del país ¿Pero porqué, después de seis años de anonimato y de lIevar una vida completamente normal, había acudido al despacho del teniente y le, había contado lo del asesinato de Nōnō Yakushi?

-No ha tenido que ser nada fácil -murmuró Sai, cuyos pensamientos iban obviamente por los mismos derroteros - haberse implicado de nuevo después de lo que sucedió la última vez.

Naruto re pasó la mano por el pelo. Una parte de el se sentía exultante, pues habían desaparecido los últimos vestigios de posibles dudas; había una explicación para el hecho de que ella supiera tanto. Aunque aún no se lo creía del todo, por lo menos ahora tenia que dejar de mostrarse incrédulo. Ya no había razón alguna para que permaneciese apartado de ella, podía perseguirla tal como su deseado hacerlo desde el principio. Pero otra parte de él, de modo perverso, no quería aceptar lo que estaba leyendo, primero porque simplemente le parecía improbable, porque se le hacía muy cuesta arriba a alguien tan sólidamente afirmado en la realidad y en los hechos,

Segundo, porque aquello le alarmaba. Mierda, ¿y si fuera verdad? No quería que nadie le leyera la mente, aunque tras un momento de reflexión tuvo que admitir que sería cómodo que una mujer fuera capaz de distinguir cómo se sentía sin que él tuviera que explicárselo.

Pero era más que eso. Él era policía; había visto cosas, oído cosas, hecho cosas que no quería que fueran de dominio común entre él y su hembra. Se trataba de algo que sólo otro policía podría entender. El trabajo los marcaba, los separaba para siempre de los civiles.

Había casos que se irían con él a la tumba, que vivirían en su mente. Los rostros de algunas víctimas, que vería siempre.

No quería que nadie invadiera la intimidad de su mente, ni siquiera Hinata; sus pesadillas eran sólo suyas.

Juntó todas las hojas.

-Voy a hacer algunas comprobaciones respecto de esto -dijo-. Hablaré con ese doctor Sarutobi para averiguar qué ha pasado en estos seis últimos años.

Sai tenía una expresión un tanto extraña, una especie de diversión que competía con la solidaridad. Naruto le miró ceñudo; en ocasiones, tener un compañero era como vivir con una vidente, uno llegaba a conocer muy bien al otro. Sai era lo bastante sádico para disfrutar viendo cómo Naruto sufría por una mujer.

-¿Qué es lo que te hace tanta gracia? -gruñó. Sai se encogió de hombros.

-Al parecer, los dos vamos a trabajar con ella, y te imagino tratando de llegarle a su lado bueno, después del modo en que ambos os habéis llevado hasta el momento. O que no os habéis llevado, debería decir más bien.

Naruto regresó a su mesa y se puso al teléfono.

Recordó irónicamente el día en que presentó la solicitud para ser detective. Se había imaginado un montón de trabajo sobre el terreno, encajando difíciles pruebas a modo de rompecabezas, como Sherlock Holmes. Pero en lugar de eso, había pasado muchas horas al teléfono, y había descubierto que un detective era tan bueno como lo fueran sus soplones. Un detective listo cultivaba un gran número de contactos en la calle, tipos de clase baja que estuvieran dispuestos a delatar a otra persona. Era una lástima que no tuviera ningún soplón en el vecindario de Nōnō Yakushi.

Una llamada al servicio de información le proporcionó el número del Instituto de Parapsicología de Boulder. Menos de un minuto después estaba hablando con el doctor Hiruzen Sarutobi.

-Doctor Sarutobi, soy el detective Naruto Uzumaki, del Departamento de Policía de Orlando.

-¿Sí?

Naruto frunció ligeramente el ceño. En aquella única pala captado una gran dosis de cautela.

-Quisiera hacerle unas preguntas sobre Hinata Hyūga. Estaba afiliada al instituto.

-Lo siento, detective -replicó fríamente el profesor- No proporciono información por teléfono acerca de mis colegas.

-La señorita Hyūga no se encuentra en ningún apuro...

-En ningún momento he pensado que así fuera.

- Sencillamente necesito cierta información sobre sus antecedentes.

-Como ha dicho, detective, lo siento mucho. No tengo modo de saber que usted es quien dice ser. A menudo han intentado sacarme información los reporteros de los periódicos sensacionalistas afirmando que eran departamentos de policía.

-Llame al Departamento de Policía de Orlando --dijo tono lacónico-. Pregunte por mí.

-No. Si usted desea información sobre la señorita Hyūga, tendrá que solicitarla en persona. Con la debida identificación, por supuesto. Adiós, detective.

Oyó el ruido de cortarse la línea, y colgó el auricular maldición. Sai dijo:

-¿No ha habido suerte?

-No ha querido hablar conmigo.

-¿Por algún motivo?

-Ha dicho que no da información por teléfono. Si quiero saber algo de Hinata, tengo que ir a Boulder y hablar con él personalmente.

Sai se alzó de hombros.

-¿Y qué más da? Vete a Boulder.

Naruto le miró irritado.

- Al teniente va a divertirle saber que Hinata es de verdad una vidente, pero no hay modo de que autorice un billete de avión sólo para comprobar los antecedentes de alguien que no es sospechoso.

-No lo sabrás hasta que lo intentes.

Diez minutos más tarde tenía la respuesta que había esperado. Jiraiya ciertamente se alegró mucho de que su corazonada acerca de Hinata fuera acertada, e incluso se regodeó un poco diciendo que él mismo debía de tener una pizca de talento clarividente. Naruto a duras penas logró abstenerse de poner los ojos en blanco al oír aquello. Pero de ningún modo pudo el teniente justificar el coste de enviar a Naruto a Colorado para comprobar algo que en realidad no necesitaba comprobación. Ya tenían toda la verificación que necesitaban, ¿no?

Dio poca importancia a aquellos seis años sin información alguna como algo que carecía de importancia. El presupuesto estaba muy ajustado, y necesitaban todos los recursos que tuvieran para emplearlos en rastrear delincuentes, no en husmear en la vida privada de personas que no hacían nada malo.

Pero para Naruto aquellos años eran importantes.

-¿Tiene alguna objeción en que yo coja el avión mañana y vaya por mi cuenta?

Jiraiya le miró atónito.

-¿Quieres decir que vas a pagarlo tú?

-Eso es exactamente lo que quiero decir.

-Bueno, no, supongo que no hay ningún problema, excepto que estás a mitad de la investigación de un asesinato.

-Esto guarda relación. Y la investigación no está yendo a ninguna parte. No tenemos pruebas, ni móvil, ni sospechosos.

Jiraiya dejó escapar un suspiro.

Naruto volvió a su mesa y le dijo a Sai lo que ocurría, luego se puso otra vez al teléfono. Tuvo que llamar a tres compañías aéreas para encontrar un vuelo disponible.

Después de reservar el billete, llamó de nuevo al profesor Sarutobi y le informó concisamente de la hora a la que iba a llegar.

Naruto se sentía desnudo sin la Beretta, pero como no viajaba de forma oficial, la dejó en casa de mala gana. Sin embargo, no podía ponerse de viaje sin llevar encima ninguna arma; tenía una navaja de bolsillo que era sólo un poco más grande de lo normal, sin ningún detalle a la vista que se saliera de lo corriente, pero que iba provista de una única hoja hecha de una aleación más fuerte que el acero También estaba perfectamente equilibrada, un requisito para ser un cuchillo de lanzar. Lanzar una hoja era una arcana destreza que había aprendido por sí solo, con la teoría de que tal vez un día le fuera de utilidad La navaja no era lo mismo que una pistola, pero era mejor que nada

Volar le ponía nervioso No era el vuelo en sí lo que le afectaba tanto, sino la tensión de verse atrapado en un minúsculo espacio en teléfono.

-Mis Instintos son deplorables a larga distancIa. -Sonrió con tristeza.

-¿No irá a ponerse a leerme la mente, o algo por el estilo?

El profesor rió con suavidad.

-No, puede usted estar tranquilo. Decididamente, la telepatía no es uno de mis talentos, como le podrá decir mi esposa Bien, ahora hábleme de Hinata ¿Qué tal está?

-Esperaba que fuera usted quIen me proporcionara información. de ella -replicó Naruto secamente.

-Todavía no me ha preguntado nada -Comentó el profesor- Yo sí.

Naruto se debatía entre la impaciencia y el humor. Había algo en aquel hombre que le recordaba mucho a un niño insolente de seis años. Dejó que venciera el humor y se rindió a la actitud expectante , del profesor.

-No sé qué puedo contarle. Yo no soy precisamente su persona favorita -admitió, rascándose la mandíbula- Cuando la vi ayer por la mañana, me dijo que no volviera a poner los pies en su casa a menos que llevara una orden judicial.

El profesor suspiró apaciblemente

-Ésa es Hinata. Temía que el trauma pudiera haberla dejado dañada para siempre. Puede tener mucha paciencia, cuando quiere, pero a veces puede ser también un poco irritable.

-Hábleme de eso -murmuró Naruto, y a continuación lo unió a lo que el profesor acababa de decir-. Ese trauma que ha mencionado usted; ¿fue cuando la secuestró Otsutsuki?

-Sí. Fue horrible. Hinata pasó una semana en estado catatónico y estuvo casi dos meses sin hablar. Todo el mundo, incluida ella misma pensó que había perdido su capacidad psíquica. -Los brillantes ojos marrones estudiaron a Naruto-. Supongo, en vista del interés que muestra hacia ella, que ha recuperado esa capacidad.

-Puede ser. - Naruto no quería comprometerse a nada.

-Ya veo. Escepticismo. Pero está usted lo bastante intrigado por lo que ella le contó para tomar un avión y venir a verne. Está bien, detective; el escepticismo no sólo es algo esperado, sino que además es sano. Me preocuparía que creyera usted automáticamente todo lo que le cuentan. De hacerlo, sería usted terrible en su trabajo.

Naruto se empeñó en hacer volver la conversación al tema.

-En cuanto a lo del secuestro, hubo un artículo de prensa que decía que le habían propinado una paliza. -Implacable, se abstuvo de imaginar los detalles; había visto demasiados resultados de palizas, y no quería imaginarse a Hinata en aquel estado-. Desde entonces no se ha vuelto a hablar de ella. ¿ Está usted diciendo que las heridas fueron tan graves. ..

-No, no, en absoluto -le interrumpió el profesor Sarutobi-. No es mi intención quitar importancia a la gravedad de las heridas que sufrió, pero estaba totalmente recuperada de ellas mucho antes de volver a hablar. En este caso, era el trauma mental lo que había causado más daño.

-¿Qué sucedió exactamente?

El profesor pareció pensativo.

-¿Cuánto sabe usted de parapsicología?

-Sé cómo se escribe.

-Comprendo. En ese caso, deduzco que la mayor parte de la información que tiene del tema procede de programas de televisión y de echadores de cartas de feria.

-Más o menos.

-Bien, deje a un lado todo lo que cree que sabe. Siempre he pensado que la base es muy simple: la energía eléctrica. Toda acción y todo pensamiento utilizan energía eléctrica. Esta energía es detectable. Algunas personas son sensibles a las picaduras de abeja; otras son sensibles a la energía. Hay varios grados de sensibilidad, pues algunas personas la poseen en un grado muy bajo mientras que muy pocas son ultrasensibles. No sé por qué esto se ha de confundir con la magia, aunque por supuesto, existen charlatanes que no sabrían lo que es tener capacidad psíquica aunque les mordieran en el culo. ..-El profesor se interrumpió y ofreció a Naruto una tímida sonrisa-. Lo siento. Mi mujer dice que suelo enrollarme.

Y tenía razón. Naruto sonrió.

-Entiendo. y bien, en cuanto a Hinata...

- Hinata es excepcional. La mayoría de la gente tiene alguna que otra capacidad extrasensorial, y la llama corazonada, instinto, intuición, lo que los hace sentirse cómodos. Algunas personas son un poco más agudas, y otras son todavía más sensibles, en un grado que se puede medir. y luego están los raros, como Hinata. Ella es la receptora más sensible que he conocido. Para ponerle un ejemplo, la mayoría de las personas son biplanos, unas pocas son reactores, y Hinata es avión de combate de alto rendimiento.

-Ya la habrá probado, claro.

-¡Dios mío, si Hinata ha estado a prueba casi continuamente desde que tenía cuatro años! Incluso a esa edad podía ser de lo más díscola -dijo con afecto.

-¿En qué consiste exactamente su... er... talento?

-Principalmente es empática.

-¿Cómo dice?

-Empática. Percibe las emociones de los demás, de tal manera que el simple hecho de pasar en coche por una calle llena de gente puede hacerla gritar de frustración. Todos esos sentimientos bombardeándola, de todas direcciones. En cierta ocasión lo describió como una mezcla de gritos y de ruidos de electricidad estática, a todo volumen. Su mayor problema era controlarlo, bloquearlo de manera que pudiera hacer vida normal.

-Ha dicho usted «principalmente». ¿Qué más cosas hace?

-Lo dice como si Hinata fuera un caballo entrenado- observó el profesor en tono reprobatorio.

-No ha sido mi intención ofender. No quiero mentirle diciendo que me creo todo esto, pero lo cierto es que siento interés. -Y eso era poco decir.

-Acabará creyéndolo -predijo el profesor Sarutobi con cierta satisfacción maliciosa -. Todos ustedes lo hacen después de tratar a Hinata durante un tiempo.

-¿A quién se refiere con todos?

-A los policías. Son ustedes las personas más escépticas del mundo, pero con el tiempo no podrán negar lo que Hinata es capaz de hacer. Volviendo a su pregunta: también es un poco clarividente, aunque desde luego no en el mismo grado que su empatía. Tiene que concentrarse para bloquear sus capacidades empáticas, algo que nunca ha conseguido del todo, mientras que tiene que concentrarse para hacer uso de su clarividencia.

-¿Quiere decir que predice cosas que van a suceder?

-No, eso es precognición.

Naruto se frotó la frente, pues notaba que se le avecinaba un dolor de cabeza.

-No creo que pueda asimilar todo esto de una sola vez. Siempre he creído que un clarividente era una persona que tenía una bola de cristal y que predecía el futuro.

El profesor Sarutobi soltó una carcajada.

-No, ese es un charlatán.

-Entiendo. De acuerdo, una persona empática es alguien que recibe y siente las emociones de otras personas.

El profesor asintió.

-Un clarividente percibe los objetos lejanos y conoce los acontecimientos que tienen lugar en sitios alejados. Un precognitivo es alguien que conoce acontecimientos futuros. Un telequinético es el que puede mover objetos con la fuerza de la mente.

-Los que doblan cucharas.

-Ésos son charlatanes en su mayoría. -Los dobladores de cucharas quedaron descartados con un gesto de la mano--. No quiero decir que no haya uno o dos que posean capacidad telequinética, pero en general son simples exhibicionistas. No es posible clasificar con claridad las capacidades extrasensoriales, porque dichas capacidades varían de una persona a otra, igual que la capacidad para leer.

-¿Y esa particular mezcla de talentos que posee Hinata la capacita para encontrar personas ?

-Mmnn. Extraordinariamente. Su empatía era tan fuerte, que cuando se centraba en una persona concreta veía. ..bueno, ella las llamaba «visiones», pero yo la he observado mientras sucedían, y preferiría utilizar un término más fuerte. Una visión es algo que puede interrumpirse fácilmente. Era como si su mente la abandonase, aunque por supuesto no lo hacía. Pero era totalmente absorbida por el suceso en sí, experimentaba una empatía tan completa con el sujeto que no se daba cuenta de nada más. Resultaba terriblemente agotador para ella, como es natural. Prácticamente se derrumbaba. Pero mientras estaba conectada, observaba los alrededores lo suficiente como para indicar el lugar, y siempre conseguía mantener a raya el cansancio el tiempo suficiente para pasarles los detalles a las autoridades locales.

-¿Qué más ocurrió con Momoshiki Otsutsuki?

El semblante del profesor Sarutobi se trocó en una expresión de dolor y odio a la vez.

- Otsutsuki era un monstruo. Un pedófilo, un sádico, un asesino. Lo que más le gustaba eran los niños pequeños. Los raptaba, los llevaba a un lugar remoto y abusaba de ellos durante un día o dos antes de matarlos. Por desgracia, en una ciudad pequeña no hay secretos y cuando el sheriff pidió ayuda a Hinata, antes de que se pusiera el sol ya se había propagado la noticia por todas partes. Al día siguiente apareció un prominente artículo sobre ella en el periódico local, en el que se mencionaba su éxito y el momento en que debía llegar. Otsutsuki la estaba esperando: En cuanto la pilló a solas, la secuestró..

-Pero si es tan empatlca como usted dice, ¿por que no lo sintió llegar?

-Para entonces había aprendido a bloquear la percepción, y lo hacía de modo automático cada vez que se encontraba en una ciudad. Era la única forma de vivir con normalidad. Además, algunas personas bloquean de forma natural sus propias transmisiones; tal vez Otsutsuki fuera una de ellas. Tal vez fuera simplemente un sociópata y no sentía nada que ella pudiera captar. Ella nunca lo ha dicho; de hecho, nunca ha hablado de ello.

Naruto estaba empezando a experimentar una sensación desagradable, de algo demasiado probable.

-¿La violó? -Su tono fue grave y áspero.

El profesor negó con la cabeza.

-No pudo.

Naruto exhaló el aire y cerró los ojos un instante.

-Pero lo intentó. - Sarutobi se miró las manos, con los labios apretados-. La llevó a donde tenía escondida su última víctima. El niño había sufrido horribles malos tratos. Otsutsuki le había atado a una cama. Creo que el niño tenía unos cinco años. Otsutsuki arrojó a Hinata al suelo, la desnudó e intentó violarla. Pero ella no era un niño pequeño, de modo que él no pudo conseguir la erección necesaria. Cada vez que fallaba, la golpeaba y se enfurecía más. Quizá pensara que el hecho de infligir dolor lo excitaría. Pero no fue así, y en su furia se volvió contra el niño. Lo mató a puñaladas delante de ella. Encontraron veintisiete heridas en la cara, el pecho y el abdomen del pequeño. Y mientras tanto, Hinata estuvo todo el tiempo conectada al niño. Lo sintió morir.

Continuará...