Hermione subió las escaleras de la torre, sabía que allí estaba la sala común de Ravenclaw porque Luna se lo había contado muchas veces.

Al llegar al último piso se acercó a la puerta sin pomo que daba acceso a la sala y esperó hasta que alguien entrara o saliera.

Se apoyó en una columna, agitando la pierna con impaciencia mientras cierto Slytherin daba vueltas en su cabeza.

Para su suerte a los pocos minutos salió un chico de tercer año, pero la puerta se cerró rápidamente tras él.

-¡Eh, espera! ¿Sabes si Luna está dentro? Es de último año, una chica rubia de ojos azules que suele llevar pendientes muy llamativos- dijo Hermione, acercándose.

Él la miró de forma extraña.

-Sí, sé quién es y está dentro. Puedes pasar si quieres-.

Hermione alzó las cejas.

-¿En serio? pero si yo no soy de Ravenclaw-.

-No importa. Todos te conocemos y confiamos en ti, Granger-.

Hermione se ruborizó ante las palabras del chico, todavía le costaba acostumbrarse a la admiración que despertaba en casi todos los estudiantes.

No había persona en el mundo mágico que no supiera lo que Hermione Granger había hecho para vencer al malvado Lord Voldemort.

Él se giró hacia la puerta, desde donde surgió una voz gutural haciendo una pregunta.

-¿Qué fue primero, el ave fénix o la llama?-.

-Un círculo no tiene principio- respondió.

Se oyó un chasquido y la puerta volvió a abrirse.

Hermione le dio las gracias al chico y entró en la sala.

Se quedó con la boca abierta al ver que el altísimo techo tenía estrellas pintadas, todo estaba cubierto de tonos azules y plateados y había varios alumnos charlando en los sillones o leyendo sentados en la enorme alfombra azul que había junto a la chimenea.

Reconoció el pelo de su amiga y se acercó a ella, Luna estaba sentada en el alféizar de una ventana mirando los últimos rayos de sol del atardecer.

-Luna- la llamó Hermione.

Ella se giró y sonrió al ver a su amiga.

-¿Qué haces por aquí? Es la primera vez que vienes a verme- dijo con voz alegre.

-No sabía que me iban a dejar entrar si venía- respondió Hermione.

Se sentó junto a su amiga y miró con recelo a los estudiantes que tenían a su alrededor.

-Necesito hablar contigo sobre algo... ¿podemos ir a algún sitio donde estemos solas?-.

Luna asintió y se levantó, indicándole que la siguiera con la mano.

Hermione salió de la sala común tras su amiga, bajaron un tramo de escaleras y caminaron hasta un balcón de la torre que estaba bastante alejado.

Por allí no parecía haber nadie a esas horas.

Luna se sentó en el suelo y apoyó la espalda en la baranda de piedra.

-Aquí nadie escuchará lo que quieras decirme- aseguró.

Hermione se sentó a su lado y suspiró.

¿Cómo podía explicarle todo lo que estaba pasando entre Draco y ella?

-No sé por dónde empezar... es algo que no le he contado a nadie-.

-Pues empieza por el principio- la animó su amiga rubia.

Hermione resopló y le contó todo, la primera vez que se había cruzado con Draco en el tren, sus clases juntos y los coqueteos de él, su conversación en la biblioteca... hasta llegar a lo que acababa de ocurrir junto al lago.

También le explicó lo que sentía al estar cerca de él, esa sensación de angustia y vergüenza que no podía controlar.

Luna escuchó atentamente sin interrumpirla en ningún momento, aunque hizo varios gestos de sorpresa con el rostro.

Al terminar de hablar Hermione contempló a su amiga con ansiedad, sabía que no iba a juzgarla pero necesitaba saber lo que ella pensaba sobre todo el tema de Draco.

-¿De verdad te ha besado?-.

-Sí, ha sido solo un segundo, un pequeño roce... pero me ha besado-.

Luna hizo una mueca.

-Sabes, he oído muchas historias sobre las chicas con las que Malfoy ha tenido algo... y nunca las besa. Por lo visto se niega a hacerlo-.

-¿Qué?- chilló Hermione, sorprendida.

-Es lo que he oído. Deberías preguntarle, a ver que te dice-.

Hermione torció el gesto, no estaba segura de si sería capaz de preguntarle eso a Draco pero sentía mucha curiosidad.

¿No le gustaba dar besos? ¿Y entonces por qué a ella le había dado uno?

-Entonces... ¿él te gusta?- preguntó Luna.

-Eso creo, aunque todo esto es muy raro- respondió Hermione.

-¿Es a él a quien miras tanto muchas veces en el gran comedor?- preguntó su amiga de nuevo, sonriendo.

Hermione resopló con fastidio.

-Sí, te diste cuenta enseguida... el día que me pillaste fue de los primeros días que lo estuve mirando-.

-Es fácil darte cuenta de las cosas cuando eres tan observadora como yo- contestó su amiga sin dejar de sonreír.

-Y... ¿Qué opinas entonces?- preguntó Hermione.

Luna meditó unos segundos su respuesta.

-Por como actúa contigo y las cosas que te dice, creo que no miente y de verdad ya no le importa eso de que seas hija de muggles... pero lo que de verdad importa es lo que piensas tú, Hermione. Él te está ofreciendo algo que no has probado nunca-.

-Sí lo he probado, sabes de sobra que Ron y yo nos acostamos un par de veces antes de romper- murmuró Hermione en voz baja.

Luna negó con la cabeza.

-No me refiero a eso. Tú nunca has tenido sexo sin estar en una relación con esa persona. ¿Crees que podría interesarte algo así?-.

Hermione apoyó la cabeza en la baranda de piedra y suspiró.

-No lo sé... lo único que sé es que Draco me atrae mucho- reconoció, mordiéndose el labio inferior.

Solo de pensar en su olor y en lo bien que se sentiría tener esos labios recorriéndole el cuello la sangre le empezó a arder dentro de las venas.

-Pues si te apetece hacerlo... hazlo, yo no lo veo como algo malo. Te servirá para ganar experiencia y descubrir lo que te gusta- dijo Luna mientras levantaba las dos cejas varias veces.

Las dos amigas se rieron.

-Me cuesta creer que tú me estés diciendo esto- respondió Hermione.

Luna se encogió de hombros.

-Que a mí no me interese probarlo no significa que no entienda a la gente que sí lo hace. Si yo conociera a un chico que me hiciera sentir lo que tú estás sintiendo... probablemente me dejaría llevar-.

Hermione le dio un codazo.

-¡Pero si tú tienes a Neville!-.

Luna sonrió.

-Lo sé, estoy hablando en el caso de que Neville y yo no estuviéramos juntos y apareciera un Draco Malfoy que empezara a volverme loca-.

Hermione se puso de pie y extendió una mano para ayudar a su amiga a levantarse.

-Lo pensaré... no sé qué hacer- dijo mientras volvían hacia las escaleras.

-Tienes que seguir contándome todo lo que te vaya pasando con él- pidió Luna con ojos brillantes.

Hermione asintió.

-Claro, pero no se lo digas a nadie. Ginny no se lo tomaría nada bien, ni Harry... y no quiero que Ron se entere-.

Luna le dio varias palmadas en la espalda.

-Tranquila, esto se queda entre tú y yo. Solo te diré una cosa más... si crees que corres el riesgo de enamorarte de él no sigas adelante. No quiero que Malfoy te haga daño-.

-Todavía estoy muy lejos de sentir algo así por él, no te preocupes- la tranquilizó Hermione.


Draco levantó la vista y vio a Hermione entrar al gran comedor junto a su amiga rubia.

Se le escapó un siseo al ver que ella se sentaba al lado de Potter.

-¿Qué pasa?- preguntó Pansy, que estaba a su lado.

-Nada que te interese- respondió él, volviendo a mirar su cena.

-Tan simpático como siempre- murmuró Zabini, que estaba devorando un plato de pasta.

Draco gruñó pero siguió comiendo, ignorando los comentarios de sus amigos sobre su mal humor.

Cuando volvió a mirar hacia la mesa de Gryffindor vio que Hermione le estaba observando.

Le dedicó una sonrisa torcida y se sorprendió cuando ella le sonrió de vuelta.

Hermione movió los labios, y Draco pudo entender algo como "tenemos que hablar".

Asintió y se dio prisa en terminar la cena, estaba deseando saber qué era lo que Hermione quería decirle.

Al dejar su plato totalmente vacío volvió a mirarla, cuando sus ojos conectaron Hermione se levantó y salió del gran comedor sola.

Draco se despidió de sus amigos con la excusa de que necesitaba ir a la biblioteca un momento y corrió detrás de ella.


Encontró a la chica Gryffindor en el enorme pasillo del castillo, que en esos momentos se encontraba prácticamente vacío porque la mayoría de estudiantes y profesores aún estaban cenando.

Ella se escondió detrás de una de las estatuas de piedra y Draco la siguió con una sonrisa dibujada en su rostro.

Cuando llegó hasta ella la atrapó entre sus brazos y bajó la cabeza hasta su cuello, oliendo su perfume.

-No me digas que ya has cambiado de idea, tenía pensado todo un plan para convencerte- murmuró, alejándose un poco para mirarla a los ojos.

Hermione soltó una risita y negó con la cabeza, usando sus brazos para apartar al chico de ella.

Draco frunció el ceño.

-¿Entonces qué es lo que quieres decirme?-.

Hermione se mordió el labio con nerviosismo.

-Más bien quiero hacerte una pregunta, me han contado algo sobre ti y quiero saber si es verdad-.

Draco se cruzó de brazos y resopló, eso no era lo que se esperaba.

-Está bien, pregunta lo que quieras- gruñó entre dientes.

Hermione apartó la mirada, se sentía algo incómoda al preguntarle eso a Draco.

-¿Es verdad que, cuando estás con una chica... no la besas en los labios?-.

Draco la fulminó con sus ojos grises y apretó los dientes.

¿Cómo cojones lo sabía? Maldita Millicent, seguro que se lo iba contando a todo el mundo.

-¿Quién te ha dicho eso?-.

-Por lo visto es de dominio público, tus amiguitas no se quedan calladas después de estar contigo- respondió ella, encogiéndose de hombros.

Él apartó la vista.

-No me gusta que hables así de mí, tampoco me he acostado con tantas y odio que me juzguen por eso- gruñó, molesto.

Hermione suspiró.

-Tienes razón, lo siento. Además es tu vida y puedes hacer lo que quieras. Pero... me gustaría que me respondieras- susurró ella, buscando su mirada.

Él volvió a mirarla y resopló con fastidio.

Total, al final iba a descubrirlo si aceptaba tener algo con él por lo que si lo sabía ya... mejor para todos.

-Lo que te han dicho es verdad- respondió en voz baja.

Hermione abrió mucho los ojos, sorprendida.

-¿Entonces por qué me has besado a mí hace un rato?-.