CAPÍTULO 7: "Decídete… Asesino O Violador"
Se rio, pero esta vez su risa tenía un aire de burla en ella.
—¿Asustada? —preguntó burlón.
Tragué saliva. Su voz era algo ronca y grave. De alguna manera logró des concentrarme de mis pensamientos mortales.
—¿Qué? ¿Te mordió la lengua en gato, bebita? —volvió a burlarse. ¡Si venía a matarme al menos podría no burlarse de mí ante dé!—. Te pregunte, ¿Estás asustada, primor?—lo único que se me ocurrió fue asentir con la cabeza. Sentía que me había quedado muda.
—¿Últimas palabras? —volvió a levantar su hacha
—No me mates —genial, moriré y antes de eso quedaré como una estúpida frente a mi asesino.
¡La historia de la que fue mi vida, señores!
Volvió a reírse, pero yo no le veía la gracia a nada de esto.
—Que últimas palabras más pobres, pero en fin, no quiero retardar más esto —y justo antes de que lograra siquiera atacarme alguien abrió la puerta de cuarto y ese chico se fue antes de que la persona que entró lo viera. Era Ethan.
¡Maldito idiota, al fin sirves de algo!
—¿Fuiste tú quién dejo todas esas...? —en ese momento corrí a abrazarlo. No lo sé, sólo fue un impulso— ¿Qué demonios te pasa?
Me separé.
—Nada sólo... Q-quería ver si así te callabas y, al parecer funcionó —le inventé.
Me miró raro.
—Muy bien... Loca —dijo—. Oye, si tú fuiste quien dejó esas pisadas te juro que mamá se va a enterar., ¿Me oíste? Así que será mejor que te pongas a limpiarlas.
—¿Qué eres, mi jefe? —contesté de mala gana— Yo no las dejé, digo, mira la suela de la marca; obvio no son mis zapatos, imbécil.
—Más te vale —advirtió para después irse a su habitación.
Me di la vuelta. Aquél chico ya no estaba. Vi a la ventana que se encontraba abierta, y no solo las cortinas esta vez. «Quizá se fue por ahí —pensé—. Será mejor que vuelva a la cama y me olvide de todo este asunto. Sino no podré dormir». Me dirigí a la cama y me deje caer en ésta. Hacía calor esta noche por lo que no necesité usar una sabana para taparme. Cerré lo ojos y sentí como la cama se iba sumiendo, el sonido de los resortes del colchón crujían ante el tacto de lo que sea que estaba en mi cama; algo se había trepado en ésta y ahora estaba sobre mí. Abrí los ojos y me encontré con el chico de hace unos instantes. No, por desgracia no era mi hermano; sería extraño si así fuera pero créanme que preferiría eso a la persona que en realidad estaba sobre mí. Empecé a gritar pero apenas lo hice me tapó la boca con una de sus manos enguantadas. Sentía como mis ojos se llenaban de lágrimas; en cualquier momento comenzaría a llorar. Mi respiración se volvió algo acelerada y como consecuencia mi pecho empezó a subir y bajar a un ritmo anormal. Él se dio cuenta y dejó su vista unos segundos en mi escote; pude notarlo apenas por los googles.
Lo alejé de un empujón y lo miré indignada y mi cara ardiendo levemente.
—¡Pervertido! —le grité pero no en un volumen tan alto para no despertar a nadie y no causar un lio aún más grande.
Se volvió a reír.
—¿De qué te ríes, psicópata urgido? ¿Qué no te han enseñado a respetar a una mujer? —sé que ponerme a discutir con un asesino en este momento no es la mejor idea pero ¡Una mujer primero se da a respetar!
—¿A quién llamaste psicópata urgido?—volvió a colocarse encima de mí y desee haberme mordido la jodida lengua—. ¿Qué? ¿Se le acabó la valentía a la damisela? Seguro y zorreas con todos —le di una patada pero pareció no sentirla
—Yo no "zorreo" con nadie. No sé tú a que chicas estás acostumbrado a matar pero yo no soy una de ellas. ¡Asesino grosero!
—¿Te han dicho que te ves sexy cuando te enojas?—invadió más mi espacio personal y... ¡¿Por qué demonios estoy narrando esto? Debería llamar a la maldita policía!
—¿D-disculpa? —mi voz apenas si fue audible...
—Te demostraré que si eres una maldita zorra —se quitó el bozal y los googles. ¡Dios, él si que es guapo!
Empezó a besar mi cuello y deslizar sus manos por debajo de mi blusa. Me puse nerviosa. ¡Genial, perderé mi virginidad y después moriré!. A la próxima diré que si soy una zorra para evitar este tipo de situaciones... Si es que hay, claro. Gemí involuntariamente cuando clavo los diente en mi pobre clavícula.
Okay... ahora si quede como una zorra. Peeerooo, podría ser peor... Y sí damas y caballeros, se puso peor. Se quitó su sudadera y a mí casi se me cae la mandíbula al piso al ver semejante cuerpazo... ¿Es normal pensar que tu asesino es tremendamente sexy?. Si voy a morir me alegró de que lo último que vea sea un chico buenote semi desnudo y... Encima mío... ¡TN, ¿en qué perversiones estás pensando?! ¡Quítate lo de encima!.
—¡¿Qué c—crees que haces?!—mi voz era temblorosa.
No contesto. En vez de eso volvió a dirigir sus labios a mi cuello y metió de nueva cuenta sus manos bajo mi blusa. Empecé a lanzar le de patadas y pellizcar lo pero parecía no tener ningún efecto en él. ¿Qué era este idiota, masoquista?. Por un momento mi mente no funcionó, o por lo menos no coherente mente, pues una parte de mí (Una muy pequeña he de suponer) disfrutaba —vagamente— de aquél roce contra mi piel.
Tremenda cachetada mental que me di por ese minúsculo y demencial pensamiento.
Paró.
—¿Quieres que siga? —su voz salió de sus labios más ronca de lo que era hace unos momentos al momento de susurrarme lo al oído.
Me paralicé y tragué saliva. ¿Qué clase de pregunta era esa?. No dije nada, me límite a mirarlo a los ojos. Se echó a reír. Okay... ¿Ahora qué le parecía tan gracioso?. Maldito lunático que era.
—¿De verdad creías que te iba a violar? —volvió a echar su cabeza para atrás riéndose—. Lo siento lindura... Yo no cumplo fantasías ni últimos deseos.
Lo fulminé con la mirada y me incorporé en la cama sentándome frente a él.
—¿Fantasía? Qué va. Si yo lo último que quiero es que un imbécil como tú me ponga las manos encima. Créeme que no estoy deseosa de toparme con miniaturas como tú.
Se colocó de nueva la sudadera.
—¿Miniatura? Te morirías de ganas de probar lo que tengo si lo vieras
—Quisieras...
—Supongo que eso no lo pensabas cuando gemiste.
—Me tomaste desprevenida. Clavaste tus asquerosos dientes sobre mi pobre pielecita.
—¿Pielecita?
—¡Yo digo lo que quiera, ¿Sí?!
—¿Sabes qué? Sólo por eso te dañaré más en asesinarte —callé de golpe.
Oh, mierda...
