Mei estaba acostumbrada a la soledad, al silencio, Yuki-onna la había acostumbrado al silencio como parte de su entrenamiento, tenía que permanecer así, en silencio, sin amar, sin enamorarse, de ser posible sin formar vínculos.

Pero cierto Santo de Sagitario se metió en su vida y ella acabó oyendo una hermosa sinfonía, que reemplazaba todo ese silencio. Una rapsodia que se formaba entre ella y el hermoso arquero.

Una melodía misteriosa y eterna.

Ella solía vivir atada, atada a lo que era, la hija de Yuki-onna, una Kunoichi entrenada, una maestra de la manipulación, no podía amar, no podía crear vínculos. Tener sexo, casarse y tener hijos no podía significar nada para ella, simplemente lo que se debía hacer para cumplir una misión.

Ella tendría que hacerlo todo sola, para alguien como ella la soledad era la mejor vía de escape. Sin compañía, sin cargas, cantar totalmente sola.

Para bien o para mal, él llegó, la liberó de aquellas ataduras y aunque tuvo que cortar los lazos con su gente y con su progenitora. Ahora ella era libre, libre de sentir y de amar. Y a la vez ya no estaba sola, ahora lo tenía a él, siendo una nota indispensable para su voz, para su vida.

Él era como una canción, una hermosa canción en constante repetición, canción que la había cautivado y ahora su alma bailaba al ritmo de aquella canción.

Ella bailaba al compás de los latidos de Aioros.

Por muy extraño que pareciera, él la complementaba, le brindaba la paz que ella tanto necesitaba y el afecto que, sin saberlo ella siempre había deseado. No se imaginaba una vida sin él, si él no estuviese ella se sentiría vacía, incompleta.

Lo cierto es, que lo único que ella deseaba era ser parte de él, de su sinfonía. Deseaba que él la tomara en sus brazos y nunca la soltara.

Él era una hermosa sinfonía, igual que una canción de amor de esas que suenan en la radio.

Ella lo amaba, sólo quería estar con él...

En verdad tenían que disculparla si estaba siendo demasiado ambiciosa, si de verdad el corazón de Aioros estaba muy fuera de su alcance, había que disculparla por desearlo.

Pero es que, con su compañía y su sonrisa, él sanaba con cada día una herida de su alma, él la revitalizaba de una manera que ni diez mil corazones podrían.

Para ella, que no corría precisamente con suerte no podía hacer daño ambicionar a algo como eso. Desear el amor de un ángel como Aioros.

Ella había crecido tan sólo para seducir, manipular y matar. Ella jamás en la vida imaginó que acabaría sintiendo algo como esto.

Pero dicen que en la vida nada es como nosotros queremos, también dicen que el amor siempre te coge desprevenido, cosa que Mei descubrió, para bien o para mal, que era verdad.

Sí, ella estaba enamorada de Aioros de Sagitario, el héroe del Santuario y el poseedor de la (En su opinión) más hermosa alma, melodía y energía vital.

Una bella melodía que eventualmente se unió a la de ella, formando una hermosa canción..

La canción de la ternura y la sinfonía del amor, dulce, devoto y apasionado.


He aquí el extra a pedido de la bella SailorFighter, además de que yo quería incluir esta canción.