Fue justo en ese momento, justo después de que cada Dean le confesara al otro que estaba enamorado de Cas, cuando el búnker entero empezó a temblar. Las alarmas se dispararon y las luces cambiaron a rojo con insistentes y constantes parpadeos.
Se levantaron rápidamente de sus respectivos sillones y salieron corriendo por la puerta. Se encontraron con Cas en la sala del mapa, donde el temblor parecía aun más fuerte.
—¿Qué está pasando? —Preguntó el ángel.
—¿Dónde está Sam? —Respondieron a coro los dos Dean.
—Se han quedado con Jack. —Dijo Cas.
Los temblores se detuvieron de golpe y una fisura dorada rasgó el aire que quedaba por encima de los tres escalones que llevaban a la biblioteca. Genial. Otra puerta interdimensional. Pensó Dean, cogiendo el arma de la funda que escondía dentro de su camisa de cuadros. Por el rabillo del ojo, vio aparecer la espada de Cas, deslizándose suavemente desde dentro de la manga de su gabardina.
Durante un segundo, cuando todo brillaba con esa cegadora luz dorada, Dean se preguntó si vería aparecer al doble de su padre. Y, si era así, ¿qué se suponía que debía decirle? También sería una decepción para aquel hombre, que sin duda lo vería como de una clase inferior a la suya. Dios… odiaba sentirse así. Como si aun le debiera algo a John Winchester. Incluso a uno que no era su padre.
Pero, cuando la fisura se cerró y la luz disminuyó hasta volver a ser la de las lamparas a las que estaba acostumbrado, no vio el ceño fruncido de John, ni sus duros ojos, ni sus puños apretados. Encima de esos tres escalones, estaba nada más ni nada menos, que el doble de Cas. Y, joder, si era espectacular. Botas militares, pantalones rotos apretados, camiseta de Iron Maiden, chaqueta tejana, pero las mismas facciones, los mismos cabellos negros, los mismos ojos azules que su Cas.
El hombre los miró. Y no le extrañó su confusión. Ante él debía de ver una versión de sí mismo vestido de contable y dos copias de su mejor amigo.
—¿Qué coño es esto?
—¿Cas? —Dijo su doble sin responder.
El Cas punk miró al Dean que lo había llamado y luego lo miró a él. Volvió su atención al primero y frunció el ceño.
—¿En qué te has metido ahora, Dean?
Increíble. Lo ha reconocido aunque llevemos la misma ropa. El hombre bajó los tres escalones despacio, sin apartar la vista del doble de Dean.
—Tranquilo. Son amigos. Estamos en otra dimensión.
El Cas punk había llegado al lado de su amigo y, tras mirarlo a los ojos un momento, soltó un suspiro, levantó una mano, y le propinó una buena colleja.
—¡Ya sé que estamos en otra dimensión! Maldita sea. ¡Venía con vosotros! ¿Recuerdas? Pero la habréis cagado porqué se nota que has estado aquí más tiempo que yo.
Dean y Cas se lo quedaron mirando como si vieran a un perro verde. ¿Le acababa de dar una colleja? Viendo como Dean-2 se rascaba la cabeza, sí y una bien buena.
—¿Y qué haces con esta ropa? No te pega.
—¿No te gusta? —Prgeuntó Dean-2, claramente decepcionado.
—Le queda mejor a él. —Dijo Cas punk, girándose a mirar a Dean.
Cas dio un paso hacia él, frunciendo el ceño y llamando la atención del recién llegado doble. Aquello se estaba convirtiendo en una pesadilla.
—¿Y a ti qué te pasa? ¿Quieres pelea?
Wow. Dean-2 había tenido razón. Era completamente diferente a Cas. Pero, sinceramente, aquello empezaba a parecerle divertido.
—Cas, tranquilízate. —Le dijo Dean-2.
—¡Estoy tranquilo! ¡Habría estado más tranquilo si no te hubieras separado de mí como el idiota que eres!
Oh, y Dean-2 se estaba sonrojando. ¿Haría él esa cara si Cas le dijera cosas como aquella? Venga ya. A quién intentaba engañar. La ponía por mucho menos.
—Oye, oye, —decidió interrumpir Dean— qué te parece si nos llevamos todos bien y nadie se pelea contra nadie, ¿eh?
Apoyó una mano en el hombro de Cas, porqué su amigo no había dicho nada, pero estaba claramente preparado para saltar a la que le dieran la oportunidad.
—Cas, ve a buscar cervezas para todos y hablaremos, ¿vale?
El ángel se fue, aun con el ceño fruncido, y soltando una última mirada de advertencia hacia su doble, el cual levantó al barbilla.
Una vez volvieron a estar los cuatro, esta vez sentados alrededor de la mesa del mapa, cada uno con una cerveza en la mano, Dean volvió a hablar.
—Siento decirte que lo más probable es que vuestro mundo haya desaparecido.
—No me digas. —Le soltó el Cas punk con sarcasmo.— Veo que eres igual de lumbreras que mi Dean.
Y Dean-2 se estaba volviendo a sonrojar. El Cas punk se había quitado la chaqueta tejana, quedándose solo con la camiseta de Iron Maiden, mostrando unos brazos llenos de tatuajes. Las tres abejas y el patrón hexagonal le hicieron sonreír con ternura. También tenía un montón de símbolos que se parecían a su propio tatuaje de antiposesión demoníaca, aunque Dean no supo reconocerlos. Vio un cuervo con las alas abiertas, unos eslabones de cadena rotos, una herradura de la suerte, alguna palabra en latin y números romanos. Siguió su observación subiendo la mirada por los brazos del cazador hasta que captó sus ojos, que lo miraban con una sonrisa de soberbia bailando en ellos.
—No es por nada, pero la última persona que me miró así… bueno, nos enrollamos.
Los colores se le subieron a las mejillas durante un segundo, hasta que un recuerdo apareció detrás de sus ojos como si lo estuviera viviendo en ese mismo momento. Muchos años atrás, le había dicho algo parecido a Cas. Y, sin poder evitarlo, soltó la segunda carcajada del día. Dean-2 y Cas estaban tan sorprendidos que no dijeron nada. Pero el Cas punk no tardó en unirse a la carcajada.
En ése momento, una cosa le quedó clara como el agua: el Cas punk era una de las personas más atractivas que había visto en su vida, de verdad, como un dios del rock and roll y el sexo, pero no era su Cas.
