Este Fic es una adaptación del libro "AMA" de Keyla Leiz la cual les comparto sin fines de lucro,

sino para dar vida a mis personajes favoritos de Bleach pertenecientes a Tite Kubo. Espero lo disfruten.

Dentro de esta adaptación se han realizado algunos cambios para que se ajusten a los personajes de Bleach.

Advertencia: En este fic algunos capítulos contienen material BDSM, si no te gustan estos temas, sigue de

largo y disfruta de algunas de mis otras historias.

Capítulo 8

Pasión es el nombre que susurran mis labios en el momento en que tu

boca se entierra en mi sexo envolviendo mi excitación en el poder de tu

mente.

Ichigo se giró al escuchar la voz de Rukia. La había visto por la mañana,

aunque, en esos momentos, le parecía diferente. Llevaba unos

pantalones y una camisa blanca, un look de oficina normal y corriente.

Pero esa melena negra que se dejaba suelta era como un símbolo de

lujuria, de trasgresión.

— Inspector Kurosaki, ¿puedo saber qué hace aquí? —le preguntó Rukia

directamente cruzándose de brazos y apoyándose en el marco de la puerta.

— ¿Lo conoces? —preguntó a su vez Momo—. Le he dicho que no estabas

pero no dejaba de decir que tu coche estaba aquí y que tenía que verte. Y yo...

Rukia alzó la mano para detener a su amiga. Estaba nerviosa, quizá porque

sabía lo que ocurría cuando la molestaban sin que ella quisiera que lo

hicieran.

— No te preocupes, Momo.

— ¿De verdad? —La cara de perplejidad de Momo hizo que sonriera. De

haber sido otro, seguramente habría respondido de otra manera. Sin embargo,

le intrigaba lo que ese policía había venido a hacer en su empresa. Y, en

cierta forma, también ella se había recreado al verlo.

Vestía de manera casual, con unos vaqueros y una camiseta negra que escondía

bajo una chaqueta de cuero. En su mano llevaba un casco por lo que intuía que

habría una moto no autorizada en su aparcamiento.

— Sí. Déjanos solos, Momo. Ah, y ocúpate de que la grúa no se lleve la

moto de nuestro invitado, por favor —añadió entrando al despacho y

soltándolo.

— ¿Cómo? —intervino por fin Ichigo. Su moto era sagrada, si alguien le

ponía las manos encima...

— Sí, enseguida... Pero, ¿estarás bien, Rukia? —Ya no la llamaba señorita

Kuchiki por lo que la pregunta la hacía más como amiga que como empleada.

Rukia se volvió y la miró.

— Estaré bien. No te preocupes.

La vio asentir y esperó a que se marchara antes de voltearse de nuevo

hacia su escritorio.

— No estoy para perder el tiempo, señor Kurosaki.

— Ni yo —comentó él entrando, por fin, en el despacho de Rukia.

Al igual que había hecho en la casa, también allí comenzó a observar las

estanterías, los cuadros y demás elementos que formaban parte de la

decoración.

Cuando se dio cuenta que Rukia lo miraba, tosió y bajó la mirada.

— Lo siento, es algo que hago de manera involuntaria.

— Por su trabajo, supongo.

— Sí, nos enseñan a no dejar nada al azar y estar en alerta en todo

momento. Por eso no puedo evitar fijarme en los detalles.

— Me parece que realiza un buen trabajo, inspector —lo elogió ella

echándose sobre la silla y colocando una de sus piernas sobre la otra—.

Pero eso, lamentablemente, no me aclara el motivo por el que está aquí

ahora.

— Vengo a... El capitán Urahara ha hablado conmigo.

— Oh, entonces supongo que estará aquí por esa denuncia que quise poner y que

su capitán me pidió que no lo hiciera.

— Sí —contestó él. Se iba acercando lentamente hacia el escritorio.

Rukia le señaló las sillas para que tomara asiento y así lo hizo, dejando el

casco en la otra. Ahora que estaban cerca, podía observarla mucho mejor. Y lo

que veía en ella era poder. Todo su cuerpo lo exudaba. No parecía tensa, ni

furiosa porque estuviera allí. Tampoco la veía sorprendida, alegre o

incómoda. Era como si no pudiera leer a través de sus movimientos, como si

controlara cualquier reacción y esperara lo que el otro hiciera para actuar.

— Como comprenderá, no permito que nadie me juzgue o quiera utilizar

información privada sacada, a saber con qué interés, en mi contra. No voy a

tolerar...

Ichigo levantó la mano en un mismo gesto al que Rukia había hecho con

Momo. Eso hizo que arqueara una ceja. ¿La acababa de cortar?

— No estoy aquí para hablar sobre el porqué de esa denuncia —lanzó

Ichigo. Rukia cerró la boca y esperó a que prosiguiera—. Estoy aquí porque...

quiero pedirle disculpas —terminó.

Rukia lo miró. ¿Había escuchado bien? ¿Ese hombre que había entrado en

su casa horas antes y había cuestionado sus gustos o lo que hacía en su día a

día ahora le pedía perdón por haber actuado de esa forma?

— Susuke ha sido tajante, ¿me equivoco?

— No. Pero esto no viene por él... Más o menos.

La risilla de Rukia hizo que él la mirara de nuevo. Le encantaba cuando

sonreía.

— ¿Ah, no?

— Reconozco que me enfureció que fuera a poner una denuncia después de...

— ¿De cómo me trató en mi propia casa donde venía para pedirme colaboración

ciudadana? —acabó ella.

— Sí, bueno... Mi fuente no fue muy concienzuda en cuanto a darme todala información

que necesitaba y, por motivos personales, mi reacción fue excesiva —comentó él.

— Más bien diría que fue lo bastante bueno como para dar con datos que prefiero

sigan estando en el más absoluto secreto. No tanto por mí, sino porque en esos

clubes hay otras personas que pueden sentir violada su intimidad, y son mucho más influyentes que yo.

— ¿En serio? —preguntó sin dar crédito a lo que le escuchaba. Sacudió la cabeza al

ver la forma en que Rukia lo miraba—. Quiero decir, por supuesto — rectificó.

Los dos se miraron y rompieron a reír.

— Creo que hemos empezado mal —comentó Rukia.

— ¿Borrón y cuenta nueva? —propuso Ichigo tendiéndole la mano.

Rukia miró la mano del policía. Era ancha, de dedos largos. Parecía una mano que

había soportado mucho. Levantó la suya y la unió a la de Ichigo sintiendo con ello

un cosquilleo en todo su cuerpo. No podía describirlo, pero se sentía bien con ese

hombre, algo extraño pues no solían caerle bien personas como él.

— Trato hecho, señor Kurosaki.

— Llámeme Ichigo —le dijo él.

— Entonces, es justo que a mí me llame Rukia. Y ahora que hemos solucionado nuestros... problemas.

¿Hay algo más que pueda hacer por ust... ti? —rectificó en último momento.

— En realidad, me gustaría hablarte de nuevo sobre lo de esta mañana. Sé que Kaien,

mi compañero, te lo dejó todo claro, aunque...

— Adelante —le incitó.

— Verás, el hombre al que perseguimos es muy peligroso. Y también un hijo de puta

que siempre sabe cómo salirse con la suya. Desde que llegó a la ciudad tiene gente vigilándole y apenas

encontramos nada que pueda incriminarlo.» Una de mis fuentes es experta en ordenadores así que le

pedí que hackeara el ordenador y nos diera algo de información extra. A pesar de todo, el tío es bueno, no

guarda nada sucio en él.

— Es lógico. Es una persona inteligente —alabó Rukia.

— Sí, aunque si fuera para una conducta adecuada, lo sería. Sin embargo, sí que

encontró los datos de un club y empezó a tirar del hilo hasta...

— Hasta que dio con la información de lo que era.

— Así es. Una vez me dijo el tipo de club que era y que había una tal White Moon

con la que conversaba siempre, supuse que, si hablábamos con ella, podríamos tenderle

una trampa.

— Entiendo lo que me pides, Ichigo. Pero como le dije a tu compañero, en ese club no

se habla... Así que no sé nada de esa persona. Además, mis normas...

— Sí, las sé, las sé. Nada de nombres, nada de relaciones fuera del club... Pero eso

no quita que él no pueda contarte cosas.

Rukia negó con la cabeza.

— Procuro no inmiscuirme en la vida de las personas con las que... juego

—acabó la frase—. Ellos buscan algo más que hablar en esos sitios.

— Pero puedes quedar con ellos... —propuso él.

— Aunque quedara con él, ¿qué os importaría? Iría a tomar un café con un

conocido, no sería ningún delito. Y dudo mucho que ese hombre fuera

contando lo que hace a cualquier persona —razonó Rukia.

Ichigo suspiró derrotado. Su idea cuando había ido a verla por la mañana

era sonsacarle la información, o que esta pudiera tenderle una trampa. Pero

quedaba claro que no era posible. No podía seguir por ese camino.

— Tienes razón, Rukia. Y de nuevo siento haberte molestado. —Ichigo se

levantó de la silla—. No te preocupes por lo del club, esos datos están

seguros...

Rukia asintió. No estaba muy segura de ello pero se encargaría de que lo estuvieran

en cuanto hiciera una llamada.

— Gracias por atenderme cuando estabas... ocupada —comentó despidiéndose de ella.

— Era eso o seguir escuchando los gritos y finalmente que abrieras mi

puerta sin ser invitado —le contestó ella con lo que podía haber ocurrido de

no haber ido a averiguar lo que pasaba.

Ichigo sonrió pícaro.

— Eso habría pasado —le desveló.

Rukia le devolvió la sonrisa. Sus ojos brillaban por lo que en su mente

ocurría con ese hombre.

Vio cómo Ichigo se daba la vuelta, caminaba unos cuantos pasos y se detenía.

— Rukia...

La forma en que susurró su nombre hizo que el vello se le erizara.

— ¿Sí?

— Si tuvieras problemas... podrías contar conmigo.

— ¿Problemas? —No entendía a qué venía eso.

— Ese tipo de clubes son peligrosos. Se hace daño a la gente.

Cuando Rukia quiso preguntarle, el sonido del teléfono hizo que girara la

cabeza hacia la mesa. Descolgó y pulsó el botón de silencio para pedirle a

Ichigo que esperara pero este ya estaba abriendo la puerta y saliendo.

Vio a Momo en su mesa con el auricular en la oreja. Primero lo miró a él y

luego hacia ella. Se levantó deprisa y entró en el despacho.

— Rukia, tienes la cita de las cuatro esperando —le recordó Momo.

Ella respiró hondo. Mandó un wasap y se preparó. Ya aclararía ese

asunto en otro momento, ahora necesitaba encargarse de la casa de subastas.

El sonido personalizado que le había puesto a su móvil hizo que levantara

la cabeza de los papeles que examinaba y mirara la pantalla. Descolgó sin

más.

— Dime.

— ¿Qué querías decir con tu mensaje? —preguntaron al otro lado de la

línea.

— ¿Podéis quedar? No es un asunto del que hablar por teléfono —dijo Rukia.

— Hoy no. Mañana por la mañana.

— Pues nos vemos en el café de siempre —citó Rukia—. A las nueve.

Colgó tras despedirse de la otra persona y miró hacia una de las ventanas.

Ya había anochecido y seguía en la empresa revisando documentos. Momo hacía

tiempo que se había ido, como muchos de la plantilla. Ella solía ser la última

y, ese día, debido a que no podía concentrarse por las últimas frases que había

tenido con Ichigo, iba a salir más tarde de lo habitual.