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TODOS LOS PERSONAJES, ESCENARIOS Y HECHIZOS CONOCIDOS PERTENECEN A JK ROWLING, YO SÓLO LOS TOMO, LOS MEZCLO Y AGREGO COSAS

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Capitulo 17:

Como todas las mañanas desde que consiguiera su ansiada nueva oportunidad, Ronald Weasley visitaba a Pansy cuando iba camino a la tienda de bromas.

Como todas las mañanas desde hace un mes, le dejaba en su escritorio un aromático café con especias y una porción de pastel de moras. El nieto de Florean Fortescue conocía de memoria su pedido y siempre lo tenía listo para que el pelirrojo no demorase su rutina.

-Buenos días Pansy.

-mmmm…

Parecía que ese día tampoco obtendría un saludo decente. Pansy tenía varios alfileres en su boca, y trataba colocarlos inútilmente en el amplio vestido de novia. Cuando, una vez más, la bella pieza se resbaló de su soporte, la morena tiró los alfileres y se desplomó en un sillón cercano. La tarea era titánica.

-¿Qué sucede?

- tengo que terminar este vestido para mañana y no logro hacer los ajustes porque la novia no vendrá y mi soporte es pequeño.

- ese es un gran vestido, ¿Para quién es?, si se me permite la indiscreción.

- Millicent Bulstrode, se casa mañana con Goyle y aun no logro terminar su vestido.

- ¿deseas que te ayude?

- ¿Cómo lo harías?, necesitaría una modelo de las proporciones de Millicent.

- Pansy, he usado ropa ajena desde que tengo memoria, sospecho que soy coranaptico y mi cuerpo se modifica de acuerdo a la prenda que debo usar.

- ¿usarías un vestido de novia?

- ponme a prueba.

Pansy lo guió hasta un probador y le indicó la forma en la que debía colocar la delicada prenda. Y estalló en risas al ver a su futuro esposo enfundado en un vaporoso vestido de organza y pedrería.

-¿Cómo me veo?

- estupendamente.

-por supuesto que me veo fabuloso, ¿mis caderas se ven gordas?

Pansy continuó riendo cuando Ron comenzó a caminar en una pasarela imaginaria y a lanzar besos a espectadores imaginarios.

- te ves cómodo en vestido Weasley.

- por supuesto Wilson, es más, estaba pensando que podría ser yo el del vestido en nuestra boda. Tu usaras un traje de gala, aun conservo el que llevé al baile del torneo de los tres magos. Con esta cosa, las joyas de la corona se mantendrían frescas.

- preferiría que no. Mi reputación no soportaría esa horrenda túnica.

Las risas continuaron mientras Pansy realizaba las modificaciones de último momento en el vestido de Millicent.

Aquel encuentro con Ron había sido el primero en el que sintió que ambos podían llegar a ser amigos en un futuro cercano.

Antes de irse, parado bajo el dintel de la puerta, Ronald lanzó una propuesta al aire. De la respuesta dependería el avance o retroceso en su proceso de acercamiento.

- ¿Cenarías conmigo esta noche?

- pásame a buscar a la hora de cierre, ven con una botella de vino y pregunta nuevamente.

Ron salió sonriendo de la tienda, por primera vez las cosas le salían bien, y por primera vez nadie lo estaba ayudando. Su nuevo yo era bastante afortunado

-o-

Hay amores eternos, y algunos son fugaces como un suspiro. Hay amores que tardan en venir, también hay otros que llegan tan rápido y son tan fuertes que generan un sismo que mueve el eje del mundo. Hay personas que jamás se enamoran y otras que viven enamoradas de la vida, del amor.

Hay parejas que viven juntas veinte o treinta años y jamás llegan a sentir nada más que amistad o costumbre, y otras que vuelven a enamorarse cada día por el resto de sus vidas. También hay otras que habiéndose casado enamoradas, pronto pasan a la rutina y dejan morir lo que sentían al principio…

Hay amores frenéticos, prohibidos, escandalosos, vibrantes, platónicos o completamente apasionados. Y luego están los amores obsesivos, la forma más oscura del amor, ya que por su similitud al odio, muchas veces se tornan peligrosos y trágicos.

No hay un plazo establecido para el amor, así como no hay una medida del amor. Pociones como la amortentia pueden imitar burdamente los efectos mas no crearan algo verdadero, pues el amor es la magia más extraordinaria y poco conocida que existe.

Algunos pueden pensar que dos personas que se odiaron toda la juventud no pueden enamorarse en solo tres meses, pero no hay que hacerles caso, pues seguro hablan desde la envidia. Porque las personas cambian y dos enemigos pueden volverse amantes.

Al menos esa era la filosofía que Hermione Granger había adoptado para su relación con Draco. La prensa había hecho todo tipo de especulaciones con respecto a la salud de Draco y el grado de culpabilidad que ella tenía. Y no fue hasta que el ministro hiciese una declaración pública, que el acoso incesante de los reporteros terminó.

Kingsley había dado una ronda de prensa explicando que Draco había sufrido un episodio depresivo, debido a la presión mediática de su boda, y que por el bien de la pareja no habría más cobertura publicitaria hasta el día del enlace civil. También había anunciado que Draco no solo no levantaría cargos judiciales en contra de Claudius March, sino que pagaría los gastos médicos que necesitase mientras estuviera recluido en el ala mental de San Mungo.

Draco no estaba dispuesto a enviar a la cárcel a un hombre que lo había perdido todo en la guerra. Ese hombre necesitaba ayuda y no un castigo por intentar vengar a su familia.

Rita Skeeter no había creído la versión oficial y fue la misma Hermione quien la entregó en Azkaban en su forma animaga no registrada. La condena fue de tres años y un día de cumplimiento efectivo.

Luego de que Draco despertara de lo que los muggles llaman coma, había permanecido en cuidados intensivos durante un par de días más. Y luego, a pedido suyo, fue ingresado al ala mental donde los medimagos tratarían de ayudarlo a superar lo que pasó en la guerra.

Hablar con un extraño sobre todas las cosas que le tocó ver ayudaba mucho al rubio. Con relatos crudos y muchas lágrimas iba exorcizando uno a uno todos sus demonios. Luego de cada sesión, Draco sentía que el peso sobre sus hombros era más liviano.

La terapia ayudaba mucho pero el mejor remedio, era sin dudas, lo que sentía al ver llegar a Hermione. Cada tarde su novia llevaba un nuevo juego de mesa, ya sea mágico, ya sea muggle y ambos lo compartían mientras conversaban sobre su día.

La rutina había durado un mes. Ese día los medimagos le darían el alta y al fin podría conocer la casa que Hermione había elegido para que vivieran luego de casarse. Quedaban escasos dos meses para la boda y el por fin se sentía digno de su futura esposa.

Su madre había dicho que la casa era bonita aunque le faltaban algunos arreglos, pero Hermione se había negado rotundamente a contratar personas que la pusieran en condiciones. Su futuro hogar quedaba a las afueras de Ottery St Catchpole a escasos kilómetros de los Weasley y los Lovegood.

Quizá no fuera el sitio preferido de Draco, pero la Mansión Malfoy y cualquier sitio cercano a ella quedaban completamente descartados. Más aun luego de lo que habían denominado como "el episodio", en referencia a su intento de suicidio.

Hermione y Narcissa habían visitado casas por gran parte del país, pero sin embargo, fue la casa de campo cercana a los Weasley la que la cautivó por completo. En un estilo mediterráneo todo en aquella mansión gritaba hogar, y podía imaginar el columpio bajo el añoso árbol del amplio parque lateral. Por desgracia, aquella casa sobrepasaba por muchos galeones el presupuesto de Hermione. Pero finalmente habían bajado el precio lo suficiente como un favor a la heroína de guerra.

Narcissa había confesado, tiempo después, que terminó sobornando a los dueños para que dijeran un precio mucho menor. Así Hermione podía pagar la mitad como habían acordado con él con la primera cita. Treta que la castaña descubrió enseguida, pero que había aceptado cuando su futura suegra la convenció de que su aporte era para que sus nietos tuvieran una mejor herencia el día de mañana. Así que técnicamente no estaba comprando una casa para Hermione, sino para sus futuros nietos.

Era mediado de marzo y el frio estaba cediendo terreno ante la inminente llegada de la primavera. Contrario a la costumbre, los medimagos habían dejado que Draco se fuera del hospital vía red flú, para que evitase a la prensa. Aunque debería volver cada semana a su terapia, por tiempo indeterminado.

Al salir de la marmórea chimenea, un amplio salón casi vacío lo recibió. Lo único que pudo ver en aquel sitio, fue una mesa ratona cubierta por una sábana blanca, un sofá en iguales condiciones y no mucho mas.

A sabiendas de que Hermione estaría esperándolo, se tomó la libertad de recorrer el que sería su nuevo hogar. Eligió una de las puertas que daban al salón y dio a una precaria pero amplia cocina. Un refrigerador muggle, algunos implementos de los que no recordaba el nombre y una pequeña encimera que no cubría ni la mitad del espacio que debería. En el centro de la estancia, una pequeña mesa para cuatro personas se encontraba cubierta con un bonito mantel rojo.

Volvió sobre sus pasos y en la siguiente puerta encontró el recibidor de la casa, completamente vacío, y una vez más sin Hermione. La amplia escalera, que conducía al segundo piso, situada enfrente de la puerta de entrada le pareció el mejor sitió para seguir con su exploración. Ya que había comprobado que la siguiente puerta del salón daba a un baño de visitas.

Aparentemente, los únicos sitios pintados de la casa eran los que ya había visitado. Puerta tras puerta solo hallaba habitaciones vacías, polvorientas y con la pintura caída.

La habitación ganadora fue la última. Subida a una escalera muggle, con un extraño overol celeste de esa tela gruesa que usan para hacer pantalones, su cabello atado en un moño desprolijo y con un gran pincel en la mano, Hermione pintaba la habitación.

- creo que este no es el recibimiento que tenía en mente.

-Draco!, llegaste al fin.

Rápidamente la castaña descendió de la monstruosa cosa a la que estaba subida y se arrojó a los brazos de Draco. Todo su rostro tenía pequeñas gotitas de pintura, y su ropa estaba igual.

- ¿que hacías Hermione?

- pinto la pared de nuestro cuarto. ¿No es obvio?

- me refiero a ¿por qué lo haces tú?, y ¿por qué sospecho que lo estás haciendo a la manera muggle?

-lo hago porque quiero que todo en esta casa diga que es un hogar, quiero que sea algo nuestro, hecho con amor. Será nuestro primer hogar Draco, aquí nacerán y se criarán los hijos que debemos tener, quiero hacerlo yo misma.

-¿pero sabes que somos magos no?, podrías encantar esa cosa que tienes y hacer que el trabajo sea menos duro.

-si lo sé, pero pintar las paredes me recuerda a mi madre, todos los años solía pintar la casa por dentro y yo ayudaba en eso. ¿Quieres probar?

Draco no tuvo corazón para seguir insistiendo en el uso de empleados o magia en la labor. Así que arremangó su camisa y sin dilaciones se puso a disposición de Hermione. Pronto la blanca piel del aristócrata mago estuvo repleta de pequeñas salpicaduras de pintura, de la que después supo, era color vainilla.

Para el medio día, él y Hermione habían terminado el cuarto principal y abrieron los amplios ventanales que daban a un bonito balcón, para que la pintura se secara naturalmente.

En un pequeño descanso, durante el refrigerio, Hermione le comentó que todos los muebles que había en la casa eran sus antiguos muebles del departamento que había compartido con Ginny y luego con Luna, y aprovechando que ninguna viviría mas con ella, decidió poner en venta su antiguo departamento y mudarse sin demoras a la nueva casa. Con el tiempo, ambos elegirían nuevos muebles para cada habitación.

- ¿y ahora que sigue?

- mmm veamos, cocina, salón y su baño, recibidor, el baño de nuestra habitación y nuestra habitación ya están listos.

-¿hiciste todo eso sola?, debiste esperarme

- Harry, Bill y Charlie Weasley ayudaron con el salón y la cocina. Quería darte una sorpresa Draco, no sabía que te entusiasmaría hacer estas labores tan duras.

- Hermione, he ido a una discoteca, un café, un parque de diversiones y te he ayudado a cocinar. Si eso no te da una idea de todo lo que estoy dispuesto a hacer si lo pides, no sé qué puede hacerlo.

Los ojos de Hermione brillaron con esa sencilla declaración de intenciones. Durante el último mes, su relación con Draco no había avanzado demasiado dado que él estaba internado en San Mungo. Sin embargo el amor que sentía el uno por el otro solo había crecido día tras día.

La intensa mirada de su novia hizo que su cuerpo reaccionara instintivamente. Durante el tiempo que estuvo enfocado en curarse, sus necesidades de hombre habían quedado relegadas a un tercer o cuarto plano. Pero ahora que los médicos lo consideraban funcional nuevamente, sus ansias volvían con mayor intensidad. Hermione notó esto y rápidamente cambió de tema.

- ¿ahora qué has salido de san Mungo, volverás a la mansión o donde vivirás?

El deseo que Draco sentía desapareció instantáneamente. No tenía idea de donde viviría ahora que la mansión estaba completamente vedada para su salud mental.

- si te soy sincero, no tengo idea, no tengo un plan.

- puedes quedarte aquí, esta también es tu casa Draco. Solo hay una cama pero creo que podremos arreglárnosla hasta que compremos mas muebles.

Y la palabra cama regresó con más fuerza el deseo a los tormentosos ojos de Draco. Su futura esposa aun no comprendía su capacidad para enloquecerlo. Y esa inocente invitación a compartir cama, le parecía a Draco una invitación al paraíso.

Por la tarde pintaron una habitación grande que sería una biblioteca y estudio. Solo quedaban las habitaciones de los niños, y el cuarto de invitados. El sótano sería un buen laboratorio casero para los experimentos de pociones. Pero ese sitio seria acondicionado en otro momento.

Cuando la noche cayo, Narcissa apareció en la casa con una suculenta cena para los tres, y luego de la misma, se retiró hacia la casa de Andrómeda Tonks, su residencia momentánea.

Luego del arduo día de trabajo, Hermione y Draco tomaron un baño en puntos distantes de la nueva casa. Hermione fue la primera en terminar su ducha nocturna, y poniéndose el pijama más inocente que encontró, se metió en la cama esperando a que Draco fuera también a acostarse.

Haciendo gala de su seguridad masculina, y sabiéndose atrayente para el sexo opuesto, Draco emergió del baño de la habitación, solo con un pantalón de pijama y el torso cubierto de cicatrices al descubierto.

- Granger, en algunas culturas quedarse viendo a la gente resulta ofensivo. ¿Te gusta lo que ves?

- cállate Malfoy.

La almohada dio de lleno en el rostro de Draco. Y como si de una declaración de guerra se tratase, el contraatacó con un amplio arsenal de cosquillas que llenaron la habitación de la melodiosa risa de su castaña favorita.

Cuando ella se rindió pidiendo clemencia, ambos estaban agitados por el esfuerzo. Y como sucediese tantas veces antes, sus ojos se conectaron en una muda conversación de alma a alma.

El primer beso fue lento y suave. El fragante aroma del cabello femenino embriagaba los sentidos de Draco y pronto sintió la necesidad de profundizar aquel encuentro.

Arrodillados en la pequeña cama de dos plazas, el beso se volvió más urgente, y el camisón se volvió un estorbo rápidamente. Centímetro a centímetro, con una lentitud enloquecedora, Draco retiró la prenda para dejar a Hermione solo en ropa interior.

La recostó sobre aquella cama, y se tomó el tiempo de observarla como tantas veces había soñado. Su sinuoso cuerpo se le antojó perfecto. Y como tantas veces había imaginado durante la vigilia, recorrió con sus labios la curva de su cuello. La dorada piel se le antojó un fresco manantial y se sintió un hombre que había caminado largamente por un desierto abrasador.

Los rojos labios debido a los besos, recientemente otorgados, se entreabrían dejando escapar suaves gemidos que solo animaban a que continuara su tarea. Besó y lamio su cuello y la línea de su clavícula. Sus labios tendrían para siempre una memoria táctil de aquel dulce sitio.

Como un explorador, dirigió su camino hacia los altivos pechos de rosadas areolas. Hambriento, saboreó uno y mentalmente prometió que pronto atendería a su compañero.

La sinfonía de gemidos crecía con las atenciones que el rubio le prodigaba. Con un camino de besos siguió bajando como un caudaloso rio corre sin cesar hacia el mar. Al llegar a la última prenda, pidió permiso con una mirada. Y como quien recibe un precioso regalo, desenvolvió el tesoro que largamente había deseado poseer.

El monte de Venus fue declarado su nuevo patio de juegos. Dibujó abstractas figuras con sus hábiles manos, haciendo crecer la humedad, mientras sus labios besaban los de Hermione. Cuando los dedos gentiles dieron con el punto exacto, la ola comenzó a crecer. Recordaba haberla cabalgado muchas veces, casi siempre en solitario, pero esta amenazaba con ser un tsunami destructivo.

En su bajo vientre, el fuego liquido y el cumulo de sensaciones crecía como una supernova a punto de colapsar sobre sí misma. Y los ojos de Draco le demostraban la satisfacción de ser él el culpable de la próxima explosión.

No contento con la labor que sus manos realizaban, fueron sus labios los que tomaron el puesto y con el hambre acumulada sació su necesidad devorando la intimidad femenina, suave néctar que ningún dios ha podido probar.

Cuando la ola rompió contra las costas de su cuerpo, los gemidos que Hermione profería casi lo hacen dejarse ir como un adolescente inexperto ante su primer experiencia sexual.

Su mujer era una leona, y como tal, cuando el oleaje hubo terminado, lo dominó a punto tal que pronto estuvo tendido de espaldas sobre la cama. Era su turno de explorar.

Hermione se tomó el tiempo de besar una a una las cicatrices del amplio pecho y de recorrer con sus labios el tatuaje con su número de prisionero de Azkaban, ese acto calentó aun más el corazón de Draco, pues con su ternura sanaba las viejas heridas del alma. Luego, como el hiciera un minuto antes, descendió por el camino de vellos dorados que aseguraban que al final habría un gran premio.

Y así lo era, de una dimensión lo suficientemente generosa como para no caer en el promedio, la expectante hombría emergió rauda cuando el pantalón de pijama fuera desplazado de su sitio.

Hermione deseaba devolver las atenciones, pero Draco se lo impidió. Aunque amaría cada instante de sus labios recorriendo su longitud, él sabía bien que la noche terminaría pronto si le permitía salirse con la suya.

Haciendo gala de la fuerza masculina pronto estuvo de nuevo en posición dominante, dejando otra vez a Hermione tendida en la cama. Lentamente tomó las bronceadas piernas y las envolvió entorno a su cintura. Nuevamente pidió permiso con la mirada y como única respuesta oyó su nombre escapando de los sugerentes labios.

Centímetro a centímetro, se introdujo en ella. Carne rosada y húmeda, rincón cálido y oscuro, yuxtaposición de sexos. Vaivén de cóncavos y convexos que se mueven en completa armonía, sonidos que se escapan sin permiso de de la garganta del propietario y son amortiguados por labios ajenos. La estrechez denominada nuevo hogar, anunciaba con espasmos estimulantes, la inminente llegada de otra pequeña muerte.

El calor abrasador, la humedad intensa, el placer en su máxima expresión y la suave sinfonía del idioma universal del placer fueron el detonante de su propio éxtasis. Sus fuertes caderas solo necesitaron un par de movimientos más para arrastrarlo tras Hermione en su profundo goce.

Solo la luz lunar fue testigo de la comunión de dos almas que habían sido creadas para encontrarse cuando estuvieran listas. En esa cama, donde no se podría adivinar donde iniciaba uno y terminaba otro. La expresión de la pasión y el deseo dio rienda suelta a los bajos instintos de dos amantes nuevos.

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N.a: les he traído una limonada para que me perdonen por el mal rato de los capítulos anteriores… como siempre espero sus opiniones. Espero que les haya gustado, HASTA LA PROXIMA!