Capítulo VIII: Crash

Advertencia: Escenas de violencia y muchas groserías, Sorry.

En el cuarto piso del colegio MCKingley High se encontraban en la sala común o mirador como muchos les llamaban, Finn caminando lentamente intentando no hacer ruido, James apuntando a Quinn y Rachel en el suelo herida.

- Estás loco – replicó Quinn asustada.

- Loco no, loco no ¡ - gritó él con rabia – sólo enamorado – añadió dedicándole una dulce sonrisa – mira lo que hice por ti, por nosotros – replicó abriendo los brazos y señalando al lado, contodo el poder que creía tener.

- Una mierda, no te pedí nada, ni te conozco – dijo Quinn y eso enojó mucho a James, que se acercó mucho a Quinn hasta casi estar rozándola.

- Te mataría, te mataría sin pensarlo – dijo temblando con ira – si no te amara – replicó luego suavemente.

Una dualidad de emociones que estaba asustando hasta la médula a Quinn, ya que le dio a entender que podía ser explosivo en un segundo y matarlos a todos de a una.

Quinn viendo que Finn se acercaba y James iba a girar le cogió el rostro y le dio un beso para distraerlo, Rachel miró incrédula del piso con la boca muy grande abierta de la sorpresa, Finn pudo acercarse más, ahora con prisa de cogerlo, pero James se dio cuenta, girando rápidamente y disparándole en el hombro, para después girar y darle un cabezazo a Quinn por la jugada rompiéndole la nariz.

- Ahhhhhhhh ¡ - con Finn y Quinn gritando, los equipos acercándose, el círculo cerrándose.

- Mira lo que me acabas de hacer ¡ - le gritó a Quinn que se sujetaba la nariz apoyada en el piso.

James se golpeó la cabeza con la mano derecha varias veces en entendimiento de lo que había hecho – no, no mi amor, no llores, vas a estar bien – le decía a Quinn intentando cogerla, cosa que sólo la aterraba más, ella arrastrándose hacia atrás.

Finn en el piso sujetándose el hombro, retorciéndose de dolor y de susto al ver la sangre salir profusa de su herida, manchando su suéter y el piso.

Para ese entonces escuchándose los pasos de los militares en camino, muchos de ellos.

- Mierda, mierda ¡ - gritó James asustado de que lo cojan antes de matarlos – se mueren todos – dijo antes de apuntar a Finn en la cabeza apunto de disparar – menos tú mi amor, a ti no te puedo matar – le dijo a Quinn.

Quinn sintiéndose de lo más impotente desde el piso hizo lo único que pensó podía detener a James, pensando que igual los militares no iban a llegar a tiempo, al ellos, estar recién entrando al piso, James mataría a Finn y Rachel sin dudas.

Él mataría a Rachel.

El amor aullenta al miedo.

Quinnla tomó impulso y ante la sorpresa de todos, corrió hacia el gran ventanal, estrellándose contra él, rompiéndolo en mil pedazos cayendo desde el cuarto piso al primero.

Sonando un gran "crash" al su cuerpo impactar al piso.

Joder.

- Ahhhhhhhhhhh ¡ - fue el gran grito de James, quién superó al de Rachel, Finn miraba todo tremendamente confundido y con mucho miedo al presenciar todo eso y pensando en lo que podría venir después para Rachel y él.

- Alto ahí ¡ - gritaba el equipo swat desde muy lejos en el pasadizo, corriendo prácticamente y con para nada un disparo limpio sobre el tirador, al encontrarse él moviéndose, estando expuesto y no, al ocultarse sin pretenderlo en una columna de la entrada – alto ahí ¡ - volvieron a gritar los militares.

James tambaleante de un lado a otro, adelante y atrás.

James estaba en shock al ver el cuerpo de Quinn en el suelo casi en posición fetal todo roto, escuchando de fondo el llanto de Rachel, el silencio de Finn quién tenía los ojos grandes del susto, los gritos del equipo swat.

Él los escuchó por escasos segundos antes de acercarse mucho más al enorme agujero que había en lugar del ventanal.

- Va a saltar, va a saltar ¡ - gritaba uno de los militares.

- Ah no, ese cabrón no se me escapa ¡ - gritó otro al ver al chico sosteniendo en una mano todavía el arma, disparándole y llegando a impactarle.

Después de eso, James viendo que el amor de su vida yacía en el suelo talvez muerta, él se tiró, buscando alcanzarle y tener el mismo destino que ella.

- Hijo de puta ¡ - gritó alguien.

Más disparos se oyeron, ninguno de aquellos impactó en James.

Frente a ellos, en el suelo yacía un lío de vidrios rotos por todo el lugar y más perturbador, el cuerpo aparentemente inerte de una chica, no mayor de 16 años, en posición fetal, bajo de ella un charco de su propia sangre, y ambos podían apostar que también partes de su propio cuerpo, pequeños pedazos de piel o amasijo de algo más, con varias fracturas evidentes si el indicio de huesos expuestos era prueba de ello, con sangre saliendo de todos los lugares imaginables.

A su lado, el cuerpo de un chico, este en igual o peor estado, quién lucía un poco consciente, él con los ojos abiertos intentando y sin lograrlo alcanzar la mano de la chica, él haciendo ruidos de gorgoteos y demás, que escarapeló hasta la médula a ambos policías, con un disparo en el pecho.

- Ay carajo, ¿acaban de caer del cuarto piso? – preguntó sin esperar respuesta Gonzales al ver el gran ventanal roto del mismo y la pareja yacer en el piso, con Carpenter pateando un par de armas, que él juró debía pertenecer a uno de los dos, eso perturbándole en demasía - ¿acaso está sonriendo? – preguntó aterrorizado Gonzales por la chica que parecía esbozar una pequeña sonrisa en sus labios, aún en medio de toda esa tragedia, ella con los ojos cerrados.

Carpenter, no respondió, aterrado de igual manera de poder confirmar aquello, no, no podía ser ella, ella jamás estaría involucrada en el tiroteo que ocurrió ese día en este colegio.

Pero sí, sí, la chica parecía estar intentando sonreír, aún ella al estar con los ojos cerrados y con la cara tan ensangrentada y desfigurada por la propia grave contusión de su caída y talvez más.

- ¿Capitán, no es ella la hija de uno de sus amigos? – preguntó Gonzales, al creer haber identificado a esta chica.

- Sí, es ella, la hija de uno de los abogados de la firma esa, que está en el centro – contestó Carpenter arrodillándose frente a ella, demasiado preocupado del estado de ella.

- Cuidado capitán – pidió Gonzales al ver la acción de él, aun apuntándole a ambos a pesar de todo.

- No Gonzales, jamás con ella, no sé qué mierda está pasando o si hay algún infeliz que aún esté activo – un(a) tirador(a) pensó él aparte del que ya yacía en el piso – ella es tutora de mi hija, por ella pongo las manos al fuego, ella no pudo ser– afirmó él tomando el pulso de la chica, en medio del silencio sepulcral que estaba siendo perturbado por los intentos de este chico de querer tomar la mano de la chica en el suelo y por los pasos intensos de alguien corriendo por las escaleras de incendio.

- De todas maneras, capitán, las personas siempre nos pueden sorprender – dijo Gonzales moviendo el foco de su atención para después apuntarlo a la salida de emergencias, desde el suelo Carpenter se giró bruscamente haciendo lo mismo.

- Al piso ahora ¡ - gritó Gonzales apuntando su arma y moviéndose nerviosamente – manos a la cabeza ¡ - añadió

- Por favor, por favor – le rogó la chica entre lágrimas, con la vestimenta ensangrentada arrodillándose en el suelo colocando sus manos en la cabeza – por favor – siguió rogando, ahora llorando mirando intensamente a la primera chica en el suelo.

Segundos después, todos fueron interrumpidos por el equipo swat que entraba sigilosamente hacia todas las direcciones del colegio, muy encabronados al ver que los policías se le habían adelantado y arriesgado sus vidas de esa manera, existiendo protocolos para cuándo era posible que ocurriera este escenario, y muchos otros más.

Quinn yacía muy herida en el suelo junto al tirador, ella con toda la seguridad de que James le había seguido y por tanto no había hecho daño a Rachel ni a Finn, eso era el por qué esbozaba una sonrisa que a esos términos podría interpretarse rápidamente cómo escalofriante.

El equipo swat dio por terminado todo, determinó que la zona era segura y con ello empezaron a entrar toda la ayuda posible, bomberos y doctores, los familiares eran contenidos afuera, los estudiantes que podían ser evacuados a pie así lo hacían, los que no, esperaban la asistencia médica.

Queda de más decir que aquel día infame, en aquella hora todos, los hospitales fueron saturados, más no colapsados, al tener la intervención de clínicas privadas.

Quinn y James fueron evacuados al mismo hospital, poniendo énfasis en James, vigilancia policiaca al horas más tarde saber que él era un tirador y Jhon que yacía muerto, era el segundo.

Lo primero en mente de la policía, determinar si había más, cosa que no, contenerlos, luego hacer todas las preguntas existentes.

- Ese hijo de puta, tiene que sobrevivir – soltó Carpenter colgando el teléfono, de lo más encabronado en la delegación, aliviado en gran parte porque su niña estaba muy sana, junto a Sam en la oficina, esperando a los padres del muchacho.

Finn que tenía una herida de bala en la cabeza, una que le rozó, una bala en el hombro, Rachel una bala en la pierna, Puck una bala en el estómago, fueron junto a Quinn y James al mismo hospital.

Sue intervino en eso, fregó y fregó muchísimo hasta que lo consiguió, haciendo muchas llamadas de por medio, haciendo uso de todos sus amigos de por medio, para que todos los chicos del club Glee estuvieran juntas y sus porristas también.

Quinn, habiendo impactado el concreto con el lado izquierdo, lo tenía completamente destrozado, pierna rota en tres pedazos, brazo roto en dos pedazos, muñeca destrozada, además de tener el brazo izquierdo, un área de ella cerca al codo raída con el roce tremendo, habiéndose salido la piel de esa zona, dos a tres costillas rotas que no perforaron ningún órgano sólo por escasos milímetros de distancia, lesiones cerebrales, hombro dislocado, todo ello en el lado izquierdo, la nariz rota, el rostro muy magullado, por el momento con el rostro desfigurado, del lado derecho no tuvo fracturas de importancia más sí, mucho dolor, intenso, aparte que le recordaron a Quinn el intenso dolor que ella había sentido en el accidente que tuvo al asistir a la fallida boda de Rachel, en la zona de su espalda baja, en aquel punto que le hacía ver al diablo, en cuanto al dolor.

James, se dislocó la cadera, se partió ambas piernas en varios pedazos, el tobillo izquierdo en unos más, él impactó de frente, usando sus brazos y píernas para absorver el impacto, por ellos ambas estaban fracturadas, ni que decir del traumatismo cerebral que tenía, aparte de una hemorragia interna muy peligrosa, producto de la bala que perforó su pulmón izquierdo.

Tanto Quinn cómo James tuvieron un daño intenso muy preocupante, por lo que inmediatamente después de encontrarlos, fueron llevados a cirugía, en el hospital donde trabajaba Hiram, que palideció al ver llegar a todos estos chicos, de uno a uno, entrar a las diferentes zonas del hospital, él muy asustado al no ver a su nena, no sabiendo si eso era bueno o no, en ese momento.

Bueno, porque no estaba entre los heridos por lo que talvez se encontrara bien.

Malo, porque no estaba entre los heridos y podría estar muerta.

Su preocupación luego de verla, bajo de nivel, al ver que sí, estaba viva y sí también, estaba muy herida, un disparo en la pierna.

- Ohhh mi amor, joder – dijo él yendo a recibirla en la ambulancia y cargándola hacia una camilla disponible a fin de chekarla, todo, con Rachel llorando, contándole a su papá de sopetón lo que había ocurrido.

Él no entendió ni mierda, pero el asentir cada tanto le ayudó para que su nena se entretenga contándole lo que había pasado y no preocupándose por la sangre que salía de su pierna.

Rachel se alteraba mucho al ver sangre.

- Un disparo limpio – dijo un interno que estaba ayudando a Hiram a asistir a su hija.

La bala había entrado y salido, sin dañar un nervio, ni tocar un hueso, eso alivió mucho a todos, ya que sanaría más rápido, y no necesitaría yeso u operación alguna, salvo medicamentos.

- Papá, Finn, Quinn ¡ - pidió su hija sentada en la camilla mientras él le vendaba la pierna y aplicaba inyecciones para básicamente todo, Rachel todavía sollozando.

- Están en buenas manos amor, doctores calificados.

- Pero, quiero ir, quiero verlos – pidió ella sabiendo que ese hospital tenía galerías de dónde estudiantes miraban.

- No, no es buena idea, tienes que dejar trabajar a los doctores – le explicó su papá – si estás emocional y alterándoles a ellos, pues todo saldrá mal.

- ¿Entonces tengo que esperar? – preguntó ella con los ojos rojos del llanto y con su muy adorable puchero.

- Si mi amor, tienes que esperar – le contestó él dándole un beso en la cabeza y limpiando su carita, Rachel asintió reconociendo a regañadientes, que eso era lo que tenía que hacer.

- Carajo, carajo ¡¿por qué mierda, nadie me atiende?¡ - gritó Russell llegando él con una bala en el muslo derecho, cerca de su cadera.

- Joder no – soltó Hiram mirándole, sabiendo que a él le iba tocar ayudarle.

- ¿Puedo ir? – preguntó Rachel y su papá sabiendo que ella tenía que distraerse o moriría, así de dramática cómo era su niña, él asintió.

Ambos se dirigieron a Russell, Rachel sentada en una silla de ruedas empujada por su padre, ambos se dirigieron al espacio dónde habían puesto a Russell en una camilla.

- Hola Russell, qué forma de encontrarnos ¿eh? – soltó Hiram y Russell talvez lo iba a mandar a la mierda, pero al ver a Rachel se contuvo, la miró con compasión, lo que confundió a ambos Berrys.

- Te ruego salves a mi niña Hiram – le pidió él y Hiram asintió diciéndole que ya estaba en cirugía con excelentes médicos, para después añadir – ahora vamos a ver esa herida tuya y esta vez Russell asintió diciéndole a Rachel que si esto le ayudara a ocupar su mente que podía quedarse, eso volvió a sorprender a ambos Berrys, la inteligencia emocional en él y su propia actitud compasiva.

Después de un rato de inspección Hiram le dijo – creo que te han disparado en el culo – en broma, eso hizo sonreír a Rachel y a Russell voltear los ojos divertido, mientras Hiram reía añadiendo – esta noticia le gustaría a Leroy.

- Probablemente – respondió Russell escuetamente.

- Amor, quédate aquí un rato más ok, no quiero perderte – le pidió Hiram a su hija - voy a programar estudios y cirugía para Russell, quédate aquí, no quiero perderte en todo el caos, y la mucha gente.

- No me voy a ningún lado, corazón – respondió Russell con ironía

- Era a mi hija, capullo – acotó Hiram antes de salir.

Rachel asintió, para después darse cuenta que se había quedado sóla con Russell, él recostado en la cama de lado mirándole y ella en la silla de ruedas a su lado.

Incómodo.

- No te odio, ¿sabes? – le dijo Russell mirándole, él aún en la camilla recostado de lado.

- No te creo – replicó ella intentando mantenerle la mirada.

- Eres valiente y dices lo que piensas, eso me gusta – acotó él asintiendo, eso, era algo que él podía respetar – no te odio Rachel – repitió y se contuvo de decir más.

Él no podía decir:

- Odio que reduzcas a mi hija a balbuceos y a un lenguaje primario y primitivo.

- Odio que no te des cuenta que ella podría ser tu todo.

- Odio que Quinn se reduzca a un cachorrito enamorada que adore el piso que pisas.

- Odio que ambas no se den cuenta de su sentimiento.

- Y sobre todo odio que creas que soy homófobo.

Eso último sí se lo dijo.