Naruto Y Hinata en:
EL LENGUAJE DE LAS FLORES
ORQUÍDEA ROJA
Lujuria y Seducción
El domingo, Hinata acudió con los Uchiha a casa de sir Asuma y lady Kurenai para tomar el té y, como era de esperar, el principal tema de conversación fue su tan ilustre vecino.
─Ayer me enteré de una suculenta noticia ─dijo la señora Uchiha introduciendo así el tema─. Mi buena amiga Karui Treves me ha escrito desde Londres para contarme lo que el duque fue a hacer en su última visita a la capital. ─Se acercó más a sus oyentes, ansiosa por dar la noticia─. Se dice que llevó las esmeraldas ducales a una joyería de Bond Street para que las limpiaran. Eso sólo puede significar una cosa.
─ Sí ─interrumpió Moegi─, las notas de sociedad llevan semanas especulando sobre quién será la afortunada. Casi todos creen que lady Shion es la opción más segura. Hinata apretó tan fuerte la taza ante la confirmación de lo que ella ya había oído aquel día en la sala de música que temió que se rompiera.
─Ah, sí, la hija mayor del marqués de Monforth ─dijo lady Kurenai─. Sí, supongo que podría desempeñar bien el papel, pero no creo que sea su tipo.
─Una mujer bella siempre es el tipo de un hombre ─dijo sir Asuma, y se ganó la mirada de reprobación de su esposa.
Hinata cerró los ojos y recordó lo que Ino había dicho esa noche:
«Tú eres el duque de Konohagakure y tienes que casarte de acuerdo con tu posición, aunque ello implique renunciar al amor y al cariño.»
Ya hacía tiempo que Hinata sabía que él iba a casarse con lady Shion Monforth, pero aun así no pudo evitar enfadarse de nuevo. Él no la amaba, sólo iba a casarse con ella por cumplir con sus obligaciones. Abrió los ojos, se sacudió el enfado y dejó la taza encima de la bandeja. No era asunto suyo.
─¿Su amiga le contó más detalles? ─preguntó lady Kurenai a la señora Uchiha─. A sus veintinueve años, el duque ya tiene edad para casarse, pero ¿han anunciado ya el compromiso?
─No, aún no, pero reconozco, lady Kurenai, que no sé nada más.
─Bueno, estoy convencida de que elegirá a la dama adecuada.
─Oh, ojalá no lo hiciera ─exclamó Mirai─. Una dama inadecuada sería mucho más interesante.
─¡Mirai! ─la amonestó lady Kurenai.
─Dicen que lady Shion es muy aburrida ─continuó ella sin inmutarse. ─Mirai ─intervino ahora sir Asuma─, no nos corresponde a nosotros criticar su elección de esposa.
─Supongo que tienes razón. Lo que a mí me gustaría sería que asistiera a los bailes del pueblo. Nuestra prima Charlotte me contó que lord y lady Snowden acuden con sus hijos a las fiestas de Dorset cada año. ¿Por qué no podría nuestro duque hacer lo mismo? Papá le ha visto en varias ferias de agricultura y en las carreras, pero yo he vivido toda mi vida en Wychwood y apenas le he visto en un par de fiestas.
─Al parecer, no le gusta mucho asistir a actos sociales ─reconoció la señora Uchiha─, pero eso es muy raro en un duque.
─Cierto ─convino lady Kurenai Al viejo duque le encantaba asistir a las fiestas locales, pero no a todo el mundo le gustan las mismas cosas, y es perfectamente aceptable que al nuevo duque no le guste.
─Pero mamá ─replicó Mirai ─, ¿no crees que es extraño que pase tan poco tiempo en su casa, o que nunca haya celebrado un baile o una cacería? Es muy raro, especialmente siendo como es un duque.
─El peso de sus obligaciones debe ser difícil de soportar ─dijo sir Asuma mirando a su hija ─. Quizá cuando viene a Konohagakure Hall lo hace para descansar con privacidad y no para pasearse por todo el condado.
─Espero que se case pronto ─suspiró lady Kurenai─. Seguro que todo irá mejor cuando haya una duquesa en la mansión. Su madre era una mujer muy bella y considerada y mientras vivió, se celebraron muchas fiestas a las que asistía multitud de gente. Era una mujer muy generosa. El viejo duque quedó destrozado con su muerte. Aún me acuerdo de cómo lloraba en el funeral, como un niño desconsolado, mientras su hijo se mantenía allí de pie, estoico, sin decir ni una palabra, sin derramar ni una lágrima. Se te rompía el corazón sólo de verle.
Hinata se mordió el labio y bajó la mirada hasta su taza. Eso era tan propio de Naruto, estar sufriendo por dentro y ocultarlo. Ella le entendía perfectamente, a ella tampoco le gustaba perder el control de sus emociones.
─¡Pobre hombre! ─dijo la señora Uchiha─. No me sorprende que no le guste pasar mucho tiempo aquí. Demasiados malos recuerdos.
─Demasiados ─asintió Moegi─, yo haría lo mismo. No me puedo imaginar algo más horrible que perder a tu madre y que tu padre se vuelva loco.
Incapaz de dar crédito a sus oídos, Hinata miró sorprendida a la chica.
─¡Moegi! ─le riñó lady Kurenai─. El viejo duque acababa de perder a su amada esposa. Pobre hombre, la pena hizo que se comportara de un modo un poco extraño, nada más. No se volvió loco.─ Los criados de la mansión decían que solía hablar con ella ─dijo la señora Uchiha─. De noche recorría los pasillos de arriba abajo gritando su nombre. Hablaba de ella como si aún estuviera viva. Se dice que el viejo duque llegó a azotar a un lacayo que se atrevió a decirle que ella estaba muerta. Su hijo se vio obligado a encerrarlo en una parte de la casa, y también dicen que ésa fue la única vez que vieron llorar al chico. Después de eso, todas las responsabilidades recayeron sobre él.
Oh, Dios. Hinata pensó en ese chico, en el coraje y la valentía que debió de tener, y luego pensó en el hombre en que se había convertido. Alguien que odiaba los chismes y que luchaba por mantener su privacidad. Miró la taza que tenía en la mano y algo dentro de ella despertó.
─No creo que debamos hablar de esas cosas ─dijo mientras dejaba la taza sobre la mesa─. Perdió a su madre y a su padre. La pena y el duelo son algo muy íntimo, y no un acontecimiento social.
Lady Kurenai se volvió hacia ella y le apoyó una mano en el hombro. ─Ha hecho muy bien en reprendernos, querida. No volveremos a hablar de ello.
Hinata no contestó y la conversación se encaminó hacia temas mucho más tranquilos a los que ella no prestó ninguna atención. Se acordó de su padre, de cuan profundamente había sentido la pérdida de su esposa, pero logró encontrar consuelo en su trabajo y en su única hija. El padre de Naruto en cambio se abandonó a esa pena, perdió la cordura y dejó huérfanos a sus dos hijos.
«El amor nunca debe estar por encima de la razón.»
Ahora entendía a qué se refería cuando hablaba de las trágicas consecuencias del amor, y también por qué tenía miedo de enamorarse.
«Oh, Naruto.»
─Señorita Hyuga ─la distrajo Mirai de sus pensamientos─, háblenos de sus viajes. Hinata agradeció el cambio de tema y tomó aliento.
─¿Qué le gustaría saber, señorita Mirai?
─Muchas cosas. ¿Es verdad que en África se comen el corazón de las personas?
─Sólo los leones ─contestó intentando sonreír.
Durante las tres semanas siguientes, las clases de baile con Naruto se desarrollaron en la más absoluta corrección entre un caballero y una dama; sus cuerpos a la distancia apropiada. Hinata comprobó que Naruto tenía razón. Si le miraba a la cara y hablaba con él, no se tropezaba tanto, aunque las conversaciones que ahora mantenían eran totalmente inocentes. Hinata echaba de menos las negociaciones, las insinuaciones, las caricias y, cuando él se fue de viaje de negocios a Surrey, vio que estar sin Naruto era peor de lo que había imaginado.
Mientras él estuvo fuera, Hinata no pudo dejar de pensar en la tarde que pasó en casa de los Sarutobi. Cuando estaba trabajando en la biblioteca, aprovechaba cualquier excusa para dar un paseo por la galería donde colgaban los retratos de la familia. Ahora, con todo lo que sabía, los veía distintos. Se paraba más rato frente a los de Naruto de niño, y se le partía el alma al imaginar el dolor que debió sentir al tener que encerrar a su padre.
El trabajo le ocupaba gran parte del día, pero las tardes sin él se le hacían cada vez más largas. Era una tonta, echaba de menos a un hombre que la consideraba una máquina. Pero de un modo extraño se habían convertido en amigos, y cada día, mientras restauraba el mosaico o reparaba vasijas, miraba por la ventana de la antika para ver si llegaba.
Por la noche, cuando estaba en la cama, volvía a pensar en él, en sus caricias y en sus insinuantes palabras. Se acordaba de cómo había intentado convencerla de que le diera un beso y se arrepentía de no haberlo hecho. Pensaba tanto en él y le costaba tanto dormirse que llegó a sentir la tentación de cambiar de idea, y quedarse, pero eso sería una tontería aún mayor. Él iba a casarse, si se quedaba lo único que conseguiría sería que le rompieran el corazón.
Una semana después de su partida, Hinata estaba tan obsesionada con sus pensamientos que, harta de dar vueltas en la cama, y a pesar de que aún no había amanecido, se levantó y se vistió.
A lo mejor el trabajo conseguía tranquilizarla un poco. De camino a la antika pasó por la cocina y cogió un bollo. «Ojalá ya estuviéramos en diciembre», pensó. Cuando entró en la antika oyó a alguien en el almacén y vio que el señor Uchiha había llegado allí antes que ella. Se sorprendió al verle, ya que nadie empezaba a trabajar a esas horas.
Se dio cuenta de que él pensaba lo mismo.
─Buenos días, señorita Hyuga, ─la saludó respetuosamente levantándose el sombrero─. No sabía que se levantara al romper el alba.
Hinata notó que estaba tenso y un poco incómodo.
─Soy madrugadora. ─Ella miró perpleja las estanterías que había detrás de él. Volvían a estar llenas de trozos de fresco cuando ella estaba convencida de que ya los había restaurado todos─.¿De dónde ha salido todo eso? ─preguntó sorprendida señalando las estanterías.
El señor Uchiha pareció aún más incómodo, ni siquiera se atrevía a mirarla a la cara.
─Oh, las encontraron hace unas semanas. Su señoría ordenó que las almacenaran aquí, pero esta mañana me ha pedido que las prepare para ser trasladadas a Londres, junto con las piezas que usted y yo hemos restaurado durante su ausencia.
Al oír esas palabras a Hinata le dio un vuelco el corazón.
─¿El duque ha vuelto?
─Sí, llegó anoche.
Ella se mordió el labio y apartó la mirada, no debía demostrar tanta alegría. Cuando hubo controlado sus emociones volvió a concentrarse en el arquitecto.
─Pero ¿por qué van a llevarse estas piezas a Londres? ¿Acaso no quiere que las restaure y las catalogue?.
El hombre se sonrojó.
─Creo que su señoría quiere que estas piezas formen parte de su colección privada. Más adelante ya encargará que las restauren en Londres. Ahora lo más importante es lo que va a ir al museo, y usted ya tiene mucho que hacer. Hinata lo entendió al instante y apretó los labios para evitar reírse.
─Me alivia saber que no tendré que encargarme también de ellas ─le contestó intentando sonar agradecida─.Tiene razón al decir que ahora el museo es mucho más importante que la colección privada del duque, así que me voy a poner manos a la obra. Salió de la habitación y él continuó preparando las piezas. De vuelta a su mesa, Hinata empezó a dibujar el fresco de Orfeo. El señor Uchiha le recordaba tanto a su padre que no pudo evitar sonreír. A veces los hombres eran tan inocentes.
Tan pronto como el arquitecto abandonó la antika para ir a desayunar, Hinata entró para inspeccionar de cerca aquellos misteriosos frescos. Sacó uno de los fragmentos de la cesta donde estaba y rápidamente confirmó sus sospechas: se trataba de pinturas eróticas.
Probablemente, el fresco completo no tendría nada que Hinata no hubiera visto antes, pero no pudo evitar empezar a juntar los trozos e intentar adivinar qué representaban. Pasados unos minutos, había reunido los suficientes como para hacerse una idea del dibujo final. En los frescos romanos, la imagen de una pareja desnuda haciendo el amor no era inusual. En aquel fresco en concreto, la mujer estaba encima del hombre y rodeaba con las piernas sus caderas mientras él le acariciaba los pechos.
Una postura común, pero al verla allí pintada, Hinata empezó a notar cómo el calor inundaba todo su cuerpo. Era el mismo calor que sentía cada vez que Naruto la tocaba, cuando soñaba con sus besos o cuando lo espiaba sin camisa.
«Le devolveré las gafas si me da un beso.»
Pero no lo había hecho, y la satisfacción que sintió al ganarle en ese momento ya no la reconfortaba. Cuanto más miraba la imagen de la pareja más se arrepentía de no haberlo besado. Sólo tenía que rodearle el cuello con los brazos y acercar sus labios a los de él, así habría satisfecho su curiosidad.
Había tenido la oportunidad de besar a Naruto y la había dejado escapar. Tres semanas de lecciones de baile, noche tras noche, y ni una sola vez él había vuelto a intentarlo. Se había comportado como un perfecto caballero, educado y distante, como si nunca le hubiera pedido algo semejante.
Ella se iría en pocas semanas, y sabía que, probablemente, nunca volvería a tener oportunidad de besar a un hombre como él. Lo lamentó profundamente, y se juró que si volvía a pedírselo no dudaría en aceptar. Miraba la pintura y, pensando en Naruto, se acarició los labios con los dedos, como él había hecho. Cerró los ojos y se imaginó que la besaba, que la acariciaba y mucho más.
El ruido de la puerta al abrirse la sobresaltó y la obligó a despertarse de ese sueño tan maravilloso. Vio cómo Naruto entraba en la antika y se dirigía al almacén. Al verla allí se detuvo y, tras un breve instante, cerró la puerta y se encaminó hacia Hinata.
Ella se dio cuenta de lo descuidada que había sido al dejar la puerta del almacén abierta, ahora ya no podía esconder las piezas.
─Buenos días ─le dijo, intentando disimular─. Veo que ya ha vuelto.
─Anoche ─respondió él.
Cruzó la habitación y, cuando se paró ante ella, Hinata sintió como si tuviera miles de mariposas en el estómago. Carraspeó e intentó ocultar el fresco con su cuerpo.
─¿Ha tenido un viaje agradable? ─Rezó por no sonrojarse.
Él se movió un poco hacia un lado y en su boca se dibujó su picara sonrisa ladeada. ─Se suponía que usted no tenía que ver esto ─dijo, mirándola directamente a los ojos─. El señor Uchiha fue tajante al respecto.
─Sí, estoy convencida de ello ─ contestó ella mirando el mentón de Naruto─. Pero yo soy una restauradora profesional.
─Creo que el señor Uchiha pensaba en usted como en una joven dama, y no como en una restauradora.
─He visto docenas como éste en varias ocasiones ─susurró. Que Dios la ayudara. No podía dejar de pensar en el hombre que tenía delante y en cómo quería que la tocara igual que en la sensual pintura.
─Excelente ─comentó él y, antes de que ella se diera cuenta, le dio la vuelta y la colocó de cara al fresco ─Me gustaría oír su opinión sobre éste, señorita Hyuga.
Hinata miró la imagen, incapaz de razonar y totalmente desbordada de deseo. Él se había colocado tras ella. Sintió que le empezaba a arder la piel, y que las rodillas ya no la sostenían.
─¿Qué opina de la técnica del artista? ─le susurró al oído─. ¿Cree que sólo tiene interés histórico o cree que podría tener valor artístico?. Ella se sonrojó e intentó apartarse, pero él le colocó las manos sobre los hombros y se lo impidió.
─Vamos, señorita Hyuga, deme su opinión. ¿Estamos ante la representación de unos dioses o son simplemente un hombre y una mujer haciendo el amor?
─Él se apretó contra su espalda─.Hágame un análisis intelectual. Yo lo encuentro bastante erótico, pero me imagino que a usted no le afectan este tipo de cosas. Esas palabras la encendieron como si hubieran arrojado licor sobre una llama ardiendo.
─¿Por qué cree que no me afecta la sensualidad de este fresco? ─preguntó ella intentando darse otra vez la vuelta, pero él la tenía bien sujeta y de nuevo se lo impidió─. ¿Cree que soy tan fría? ¿Cree que no tengo sentimientos?.
─No puede culparme ─susurró él en su oído─. Es muy hábil escondiendo sus sentimientos, señorita Hyuga. Ella respiró hondo y se abrazó a sí misma para controlar sus temblores.
─Pero los tengo. Tengo los mismos deseos y los mismos sueños que cualquier mujer. ¿Cómo puede pensar que no es así?.
─Quizá sea porque no quiso besarme ─murmuró, y le rozó la oreja con los labios─. Yo lo deseaba, deseaba con todas mis fuerzas que me besara, pero no lo hizo. Y como ya le dije, yo soy un caballero, y como tal, no me está permitido besarla. Al ver que ella no contestaba, él se apartó y separó las manos de sus hombros.
─Me ha distraído de nuestra conversación, señorita Hyuga ─dijo él, y la rozó al señalar los frescos─. ¿Cree que este color rojo del fondo se logra con ocre o con cochinilla?.
Ella miraba cómo él acariciaba con los dedos una de las piezas. ─Ocre ─suspiró─. ¿Yo estoy atormentándole con la promesa de un beso?.
─Profundamente. Pero hizo bien al recordarme que los amigos no se aprovechan de situaciones como aquélla. Es lo que hubiera hecho cualquier joven dama. Ella miró al hombre y a la mujer que aparecían en el fresco.
─Supongo que sí ─susurró─, pero ¿qué cree que habría hecho Cleopatra?
Hubo un largo silencio y, tras lo que pareció una eternidad, él bajó la cabeza y le susurró al oído.
─¿Por qué, señorita Hyuga? ─ murmuró─. ¿Han cambiado las cosas?, ¿Me está pidiendo que la bese?
─No, no se lo estoy pidiendo.
─Me ha parecido que sí, la habré malinterpretado. ─Se acercó al fresco para reseguir la forma de la mujer y, al hacerlo, rozó de nuevo a Hinata─. Este dibujo es especialmente bueno. ¿No está de acuerdo?
─No sabía que una mujer tuviera que pedirle a un hombre que la besara. Aguantó la respiración y esperó ansiosa su respuesta mientras el dedo de él se deslizaba arriba y abajo de la mujer pintada.
─Y no es así, a no ser que ese hombre ya haya intentado besarla y haya sido rechazado. Entonces, la mujer tiene que dar el siguiente paso. ─Apartó el dedo y avanzó hacia ella─. Si quiere que la bese, señorita Hyuga, sólo tiene que pedírmelo, alto y claro.
En realidad ya no estaba enamorada de él, ni tampoco le importaba lo que pensara de ella. Seguro que, habiendo besado a tantas mujeres, sería un gran experto. Odiaría que su primer beso fuera decepcionante.
Ella era consciente que entre ellos no había nada más que un juego. Un juego al que él ahora le estaba dando entrada, y Hinata la aceptó. Tomó aire y se volvió para mirarlo de frente. Se apoyó en la estantería que había tras ella, levantó la barbilla y lo miró a los ojos.
─Me gustaría mucho que me besara ─le dijo con una tranquilidad que no sentía en absoluto. Apretó los puños y su cuerpo se tensó ansioso, esperando su respuesta. Vio cómo él empezaba a sonreír, cómo le brillaban los ojos.
─Eso ha sido bastante claro. Dio un paso hacia ella y el corazón de Hinata empezó a latir con la fuerza de un tambor somalí cuando él le quitó las gafas y las dejó en la estantería. Él le acarició la mejilla y acercó su boca a la suya. Ella sintió una extraña sensación en el estómago, como si acabara de saltar por un precipicio. Sus labios se juntaron.
Nunca en toda su vida había experimentado algo tan especial, tan dulce como aquello. Era como si tuviera miles de mariposas aleteando por todo su cuerpo. En ese momento se sentía viva, tenía todos los sentidos a flor de piel, quería concentrarse en cada caricia, en cada beso hasta que nada más importara. El resto del mundo desapareció en un instante.
Ella absorbió su aroma a jabón de limón junto con su sabor. Se fue sintiendo menos tensa, y abrió los puños para poder tocarle. Quería notar sus fuertes músculos contra sus palmas, su respiración, el latido de su corazón. Él le cogió la barbilla y, al acariciarle la mejilla, ella notó que tenía una callosidad en el dedo índice. Con el otro brazo la rodeó por la cintura y la levantó, para tenerla así más cerca, para sentir todo su cuerpo contra el suyo. Le separó los labios con los suyos de un modo sensual, bebiendo de ella completamente y ofreciéndose por entero. Oh, ¿cómo podía algo tan simple dar tanto placer?
Hinata le rodeó el cuello con los brazos y se aferró a él. La invadía una sensación que nunca antes había sentido pero extrañamente familiar. Sí, su cuerpo parecía decirle que era de aquello de lo que escribían los poetas y pintaban los artistas; de aquella necesidad, del placer que le causaba sentir su cuerpo tan cerca del suyo.
Ella le acarició el pelo y se apretó contra él, rodeándolo con la pierna en un intento de sentirlo aún más cerca. Era como si su cuerpo supiera exactamente lo que tenía que hacer, aunque su cerebro no tuviera ni idea. Frotó la pierna de Naruto con su pie, y él emitió un sonido de placer que se entremezcló con el suyo.
Con una brusquedad que la sorprendió, él se apartó de repente y, con la respiración entrecortada, finalizó el beso. Aflojó un poco el abrazo y empezó a soltarla. Ella no tuvo más remedio que bajar la pierna y apoyarse en el suelo de nuevo.
Acariciándole todavía la cara, bajó la cabeza hasta apoyar su frente contra la de ella.
─¿Se da cuenta ─preguntó, mirándola directamente a los ojos y aún con la respiración acelerada─ del poder que tiene sobre mí cuando decide utilizarlo?.
Se daba cuenta. Ella que había malvivido por todo el mundo siguiendo a su padre, que se había resignado a no tener nada ni a nadie en la vida, que había adorado a un hombre que la ignoraba, ella tenía ahora poder, y lo tenía sobre ese hombre. De repente, la corriente y predecible Hinata se sentía tan seductora y misteriosa como Cleopatra, y una gran alegría floreció en su interior.
─Gracias ─susurró─ por hacer que mi primer beso haya sido uno de los mejores momentos de mi vida.
─Es un gran cumplido, pero creo que debería soltarla ahora que aún me siento capaz de hacerlo. ─Apartó la mano de su mejilla y dio varios pasos atrás─. Me siento muy honrado de que me hayas escogido a mí para tu primer beso, Hinata ─dijo en voz baja.
Hinata vio entonces cómo abandonaba la seriedad y aparecía en su cara la picara expresión de nuevo.
─A cambio de darle uno de los mejores momentos de su vida, ¿se quedará un mes más?
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Continuará...
