¡Hola! Perdonad la tardanza en publicar este capítulo, pero tengo un par de problemas con la línea del fic, por eso de estar escribiendo sobre la marcha. Uno de ellos, como implica spoilers, lo menciono al final bajo la advertencia de "spoiler" por si no leeis el manga, no lo leais para evitar disgustos. El otro problema va de la trama en sí, y es que aunque no tenía una idea fija, hay dos caminos que se me presentan en la mente totalmente opuestos y tengo que decidirme por uno antes de que se me vaya de las manos xD Entonces eso complica escribir, porque aún no sé qué hacer.
EN FIN. Gracias enormes. A quienes me escribís, de verdad, os lo agradezco hasta el infinito. Puede que no tenga un enorme seguimiento, pero no me importa, porque un sólo lector leyendo mis movidas ya es genial. Así que pienso terminarlo, salvo que caiga un meteorito sobre mi domicilio. Aunque tuviese cero lecturas y cero reviews lo terminaría igual, aunque obviamente una review es la vida y siempre da ánimos para escribir. Pero soy más cabezota que Deku xD
Un abrazo!
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Capítulo 10. Donde las dan, las toman
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—¿Seguro que no necesitas nada? ¿Que te lleve los deberes, o que te acerque algunos libros, o...?
Midoriya llevaba hablando algo así como diez minutos, sin parar, enlazando una cosa con otra, al principio con un poco de timidez pero después se fue animando. A lo largo de la conversación Todoroki miró dos veces el teléfono fijo, comprobando que no se fuese a gastar la batería o algo. Funciona por electricidad, se recordó, mirando el cable. Era lo primera vez que lo usaba en los últimos diez años. Al parecer era más barato cuando alguien quería hablar contigo durante horas y horas.
—Tal vez algo de ropa —dijo al final, pasando el peso del cuerpo a la otra pierna; habían comprado algunas cosas en el centro comercial, lo justo para sobrevivir lavando todos los días—. Pero no hay prisa.
—¡C-claro! —exclamó Midoriya al otro lado de la línea, en un grito que le dejó medio sordo—. ¿Me haces una lista? ¿Me la mandas por Line? O si prefieres un email... ¡Ah, no, sigues sin ordenador! ¿Cómo vas a hacer para buscar información para los trabajos? ¿Quieres que pase por allí y los hacemos juntos?
—No es necesario; se lo pediré a mi hermana —dijo, sin pensar. Fuyumi no tenía ordenador, nadie en su casa lo tenía, aunque podría hacer las búsquedas en el teléfono móvil. No tenía ganas de enredar a nadie más en su problemas, y encontrarse a Midoriya en su casa sería lo último para que Endeavor encendiese otra vez su llama competitiva, ahora que parecía pasar un poco de él y centrarse en sus jodidas cosas.
¿Qué se siente como número uno accidental, viejo?
¿Qué se siente cuando el sueño de tu vida se resquebraja ante tu cara?
—...Y el lunes tenemos un seminario de Historia del Heroismo a segunda hora, tiene buena pinta porque lo va a impartir el Héroe Memorión que conoce todas las fechas y todos los detalles más guais que no salen en los libros y además es simpático y puedes hacerle preguntas sin que te mire mal— Midoriya hablaba y hablaba—. Había pensado que a lo mejor podría, ya sabes, grabarlo para que luego lo escuchases. Aunque igual te parece una tontería, porque seguramente sea muy aburrido para ti y-
—Estaría bien —le cortó Shoto. En verdad le encantaba la Historia del Heroismo, y si hubiese nacido sin un don adecuado para ser héroe le habría gustado dedicarsea a algo así; trabajar en algún archivo recopilando información sobre dones poderosos y sus aplicaciones, o sobre grandes héroes que cambiaron la historia; una profesión tranquila e interesante. Una profesión sin padres locos rezumando fuego por cada poro de su piel —. Oi, Midoriya. ¿Cómo está Bakugo?
—Ah, ehm, bueno. Está bien físicamente, pero él... Bueno, parece que tiene un poco de ganas de matarte y todo eso.
—Ya. ¿Le han puesto el mismo castigo?
—¿A qué te refieres?
—Si le han puesto sólo expulsión, como a mí —aclaró, apoyándose mejor contra la pared. Se había olvidado la muleta apoyada en la engawa de madera, junto al cubo de agua. Serían ya cerca de las doce, y empezaba a escuchar a Fuyumi hablar sola rondando la cocina, lo que implicaba que pronto entraría en crisis nerviosa y él tendría que asumir el control del cocinado.
Hasta que llegue ella.
—¿N-no has... leído el mail...? ¡Ah, rayos! ¿Tienes el correo en el móvil?
—No, ¿por qué?
Ni siquiera sabía que eso pudiese hacerse, en verdad. Lo anotó mentalmente en "cosas que aprender sobre la tecnología", para indagar sobre ello más adelante.
—Veras, Aizawa-sensei puso... Puso en el foro de la clase un post con vuestro castigo, para que todo el mundo supiese las consecuencias de usar los dones para dañar a otro compañero y esas cosas. Era un post que se titulaba... Creo que era algo así como "donde las dan, las toman" o parecido. No sé. Creo que es un refrán. Bueno, no importa, debió llegarte un aviso o un anuncio a tu correo, pero como no lo tienes en el móvil ni tienes ordenador tú no-
—¿Hay algo más? —preguntó, frunciendo el ceño. Lo peor que podría pasar era que les expulsasen definitivamente, y ya no había sucedido. Todo lo demás era problemático, pero podría afrontarlo.
—Eh. Sí. Verás. Ajá. Ehm.
—¿Qué pasa?
—Pues...
—¡SHOTO!
Todoroki separó la oreja del teléfono y miró hacia el pasillo. Su hermana estaba allí de pie, con el moño que solía prepararse para cocinar, un delantal negro con demasiadas manchas de harina y una sonrisa de emoción que le ocupaba prácticamente toda la cara. Y ese grito no había sido nada normal.
—¿Qué?
—¡Un amigo! —su gesto no debió decir nada, porque Fuyumi cogió aire y volvió a gritar— ¡HAY UN AMIGO EN LA PUERTA!
¿Un amigo? ¿Un amigo de quién?
—Ehh —oyó decir a Midoriya al otro lado del teléfono, recordando que todavía tenía una conversación entre medias—. De eso quería hablarte.
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Las palmas le sudaban y eso nunca era bueno, pero cómo mierda no le iban a sudar. Dios, todavía se preguntaba cómo había llegado hasta allí por su propia voluntad.
"Tienes dos opciones, Katsuki. O mueves tu propio culo, o te llevo yo. Atado de pies y manos. Y después lo subo a Youtube y lo mando a los medios de comunicación".
Ah, su madre podía ser una auténtica perra.
Aizawa-sensei le había dado las indicaciones en forma de coordinadas GPS como si fuese un crío capaz de perderse, como si fuese Deku o alguno de esos extras de su clase, y le sorprendió que estuviese tan en las afueras, pero hasta que no estuvo allí había albergado la esperanza de que la expresión "casa estilo japonés" del mitad y mitad significase algo así como "hemos puesto tatami en los dormitorios y comemos tirados en el puto suelo". Pero no.
Estaba en una zona de la ciudad donde las casas eran todas así, lo que cualquiera habría llamado "antiguo". Arcaico. De otro jodido planeta. La puerta exterior, de madera, alta, como si un carro tuviese que pasar por ella, estaba abierta. Puertas abiertas, se dijo, atravesándola en un gruñido. Como una invitación engreída a medirse con ellos. Con los Todorokis. Con Endeavor.
Bienvenido a la casa del nuevo héroe número uno. Si quieres tocarme las narices, te meteré un puño en llamas por el culo.
Dentro, en el jardín -estilo japonés, pero japonés trasnochado, porque Bakugo también era un japonés pero uno joven, moderno y fuerte, no un maldito samurai con coleta y katana-, una fuente. Con peces dentro. En serio. Si hubiese un tour turístico en plan "Conoce el japón antiguo" la casa de los Todorokis sería parada obligatoria. Apartó una piedra de una patada y se detuvo frente a la puerta principal. Una entrada tradicional. Una jodida engawa de madera, ¿por qué Endeavor con toda la pasta que amasaba en su maldita agencia número uno no vivía en uno de esos edificios autosuficientes del centro, donde la ducha te rasca las pelotas y una voz te pregunta si quieres las tostadas con mermelada un poco quemadas por el centro?
Recargó el peso de la mochila en su hombro derecho. Le dolía el izquierdo, aunque no lo había querido reconocer en la enfermería. Se lo calló, que para eso era un hombre. En vez de eso, Kirishima le ayudó después a colocárselo. Fue doloroso, pero más habría dolido reconocer que el puto mitad y mitad podía causarle el más mínimo daño. Bajo amenaza de muerte si abría la maldita boca, Kirishima le colocó una de esas vendas deportivas para tensar bien los músculos. No aceptaría que ni una sola persona más supiese que ese imbécil de dos colores había conseguido tocarle un pelo.
Había oído que estaba herido, una pierna rota.
Que te jodan. Tienes lo que buscabas, bastardo.
Y todo, ¿para qué? Para averiguar cuatro mierdas de su familia. Para ver un vídeo de su madre haciendo hielo con las manos. Para regodearse en la mierda, en vez de afrontarla directamente. Si fuese él... Si fuese él no sería así. No sería un puto corderito degollado. Si fuese el hijo de Endeavor, le habría apagado las llamas a cañonazos.
No hizo falta tocar ningún timbre, aunque en verdad dudaba que lo hubiese. Una chica de pelo blanco y ojos grises salió a recibirle como si le conociese de toda la vida, como si le esperase. Por su pinta, era claramente la hermana del imbécil. Bastante guapa, de unos veinte años. Por lo menos tenía los dos ojos del mismo color.
—¡Hola! —gritó. Bakugo se echó dos pasos hacia atrás, valorando si la UA le permitiría defenderse explotando un poquito alguna cosa si la tipa esa intentaba algo contra él. Algo como vengarse por su hermano. Algo como defender el honor Todoroki lanzándole un glaciar de veinte metros. Porque seguro que podía hacer eso. Según le había oído al mitad y mitad, él era el único de sus hermanos que tenía los dos poderes, así que ella sería toda de hielo. Ya había ganado contra el hielo una vez, así que apretó el puño, dispuesto a pelear.
Ah, pero esa tía loca le estaba abrazando.
—¡Eres amiguito de Shoto!
Eh, espera.
Estaba más fría de lo esperado, no como un témpano de hielo pero sí como cuando abres una nevera para coger un huevo en pleno agosto. Solo que no era agosto, y Bakugo tenía en las venas un 1% de paciencia y un 99% de nitroglicerina.
—Oe —dijo, intentando soltarse sin agarrarla para evitar volarla por los aires. Eso habría sido perjudicial para su carrera de héroe. ¿Quieres morir?, pensó, pero no lo dijo en voz alta, porque estaba todavía flipando. ¿Esa era en serio la jodida hermana del mitad y mitad monoexpresivo?
Entonces la tipa le soltó, sujetándole por los hombros y mirándole. Demasiado cerca. ¿Es que no conocía las distancias?
—¡Ah, ya sé quién eres! ¡El chico del festival deportivo! ¿Tú no eres con el que se peleó?
Bakugo abrió la boca lo necesario para gruñir su respuesta.
—Seh.
Preparó la mano derecha. Una explosión hacia el suelo podría mandarla a tomar por culo sin matarla. A lo mejor con eso era suficiente. Quizás ella preparaba su ataque secreto. Nunca puedes fiarte de alguien que tiene como singularidad el puto agua congelado.
.—¡Eres más grande en persona! —gritó ella, apretando el hombro. No, espera, ¿qué me tocas? Las palmas le sudaban y quería explotar cosas. Cosas con pelo blanco. Aizawa-senseile había amenazado con que la expulsión sólo se revocaría cuando él y el bastardo fuesen coleguitas, y se preguntaba cómo podía incidir negativamente si convertía a su hermana en una barbacoa con mechas. Entonces, la tía loca se alejó— ¡ESPERA AQUÍ!
Y por algún motivo, Bakugo estaba esperando. Allí. En ese pasillo de madera. Había un cubo con agua, así que alguien estaba limpiando. Y una muleta. Esperaba que el puto Todoroki se arrastrase con sus heridas unos cuantos días, recordándole quién era el más fuerte de los dos.
—¿Qué haces aquí? —su voz le hizo levantar la vista. Estaba en la otra punta del pasillo, vestido con una especie de chándal de viejo, y tenía cara no haber dormido en un milenio.
Jódete.
—Shoto, ¡no hables así a tu amigo!
—¿Crees que estoy aquí por gusto, bast-... Todoroki? —El nombre salió de sus labios como un insulto, y tal vez era la primera vez que lo usaba para dirigirse a él; realmente estaba reprimiendo un poco de ira, porque esa chica loca le miraba con los ojos demasiado abiertos y si su madre se enteraba de que había sido brutal delante de una tía seguramente le arrastraría de la furgoneta pero colgando de los huevos. "¿Y yo para qué he gastado el tiempo en educarte, mendrugo?", ah, casi podía oírla. "¡Debí hacer caso a tu tía y mandarte a ese reformatorio con tu primo, para que te metieran en cintura!¡Salvaje!"—. Es parte del castigo.
—¿El qué? —. Bakugo le lanzó una mirada asesina y Todoroki pareció captarla, porque se giró hacia su hermana—. Fuyumi, tenemos que hablar a solas.
¿Qué nombre de mierda es ese, Fuyumi? El jodido Endeavor ni siquiera había sabido poner nombres de verdad a sus hijos. Shoto apestaba, pero ¿Fuyumi? ¿En serio?
—¡Ah, claro! ¡Perdona, hermanito! Voy a la cocina. ¡Momo-chan llegará en cualquier momento! —exclamó, correteando hacia el fondo de la casa. Bakugo soltó un soplido parecido a una risa de indignación, avanzando hacia Todoroki.
—No pierdes el tiempo, bastardo —dijo, y la palabra se le hizo grande en la boca, después de tanto rato de retenerla. Todoroki no se inmutó. Caminó hacia él sin apoyar la pierna, sujetándose con la pared. Iba hacia la muleta que estaba a una estirón de brazo de Bakugo, pero no pensaba ponérselo fácil. Le dio una patada, alejándola un poco más, y su mirada se cruzó con la de él; impasible. Ah, imbécil. Que la cogiese por sí mismo si tanto la necesitaba.
—Explícame esta parte del castigo —dijo Todoroki, desplazándose despacio pero sin detenerse. Bakugo le miró con más asco que otra cosa.
—Aizawa-sensei quiere que entremos de la manita en la UA. Antes muerto que ser tu colega, ¿entiendes eso? —. Todoroki le miró fijamente, llegando hasta su lado y sujetando la muleta. Al verle de cerca se dio cuenta de que tenía heridas en varios puntos de la cara, como cortes poco profundos—. Pero tengo que pasarme aquí ocho horas todos los días.
—¿Ocho horas?
Ese tío era jodidamente espeso.
—Ocho. Una menos que siete, una más que nueve —aclaró, apartándole de un empujón en el hombro; se desequilibró y le vio aguantarse con la muleta, pero eso sólo le hizo sentir más ganas de patearle el culo. Por su culpa había perdido toda su colección de One Piece, llevaba una jodida vida recopilando esos tomos para que el imbécil le hubiese atacado en los dormitorios. Encima de que le estaba ayudando con su inutilidad tecnológica. Encima—. Aizawa-sensei me ha dado esto. Es un sensor. Tienes que poner tu huella para activarlo, y yo la mía. A partir de ahí tenemos que volver a activarlo cada dos horas y después marcar otra vez a las ocho.
—Qué exhaustivo —dijo Todoroki, mirando el aparato; después alzó la mirada hacia él, impasible, con sus ojos de husky siberiano apaleado—. Pero hoy no puedo. Empezamos mañana.
—¿Pero qué cojones te crees, bastardo? —susurró Bakugo, agarrándole del brazo de la muleta, haciendo que la soltase y cayese al suelo, golpeando el suelo de madera—. ¿Crees que he venido hasta aquí para verte la jeta? Esta mierda empieza hoy, y son quince putos días, sábados y domingos incluidos, así que pon tu jodido dedo ahí y no me hagas que te lo arranque y lo use de colgante—. Todoroki le examinó unos segundos con gesto serio, pero después, sin decir nada, subió la mano y posó su dedo índice derecho sobre la huella digital—. Genial. Y ahora olvídame.
—¿Dónde vas? —preguntó, agachándose a coger la muleta a su espalda. Bakugo inspeccionó los alrededores con la mirada. Una casa japonesa tradicional. Si hubiese sido un décimo piso en el centro igual se hubiese arrojado por la ventana explotándolo todo a su paso.
—A correr. Tienes un puto jardín. No vengas a joder y todo irá bien.
—¿Vas a correr durante ocho horas?
—Voy a correr lo que me salga de la polla.
Quince días. Dios, se acabaría pegando un tiro.
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Fueron veinte vueltas. Veinte vueltas y estaba ya mareado y su odio por la familia Todoroki se había multiplicado como por mil, y si en ese momento un villano hubiese llamado a la puerta le habría abierto y le habría dicho por favor despáchese agusto con esta familia de subnormales.
Además, habían sucedido cosas en la parte trasera de la maldita casa. Cosas que implicaban un par de explosiones incontroladas con un resultado de unos seis o siete enanitos de jardín destruidos. Bakugo no hablaba de eso con nadie, pero a veces, solo a veces, cuando la tensión se le acumulaba debajo de la piel y se le enredaba en las vísceras, tenía algo así como pequeñas explosiones incontroladas. Muy pequeñas. Era capaz de dirigirlas -al menos cuando estaba despierto, porque también le había ocurrido durmiendo- hacia el suelo, o hacia cualquier lugar, así que no le causaban especiales problemas. Obviamente, no había imaginado que en ese jodido suelo de tierra oscura hubiese escondidos, entre la hierba, un ejército de enanos de jardín. Quién en su sano juicio hubiese imaginado a Endeavor coleccionando enanitos.
Putos tarados.
Ocultó los restos calcinados empujándolos con el pie de su bota hasta que la hierba -perfectamente cortada, perfectamente medida- los tapó lo suficiente, y después giró otra vez hacia la entrada de la casa, con el sudor escurriéndole por el cuello y el corazón empezando a notar los efectos del ejercicio. Le encantaba ese momento, sentir los músculos pesados pero la mente más despierta que nunca. Quería seguir corriendo, pero se estaba meando. Sopesó descargar la vejiga contra la fuente del jardín, pero pensó que sería mejor dejarlo para el último día de los quince. Cuando el castigo estuviese casi levantado. Como recompensa privada por aguantar tantos días.
Estaba a punto de entrar en la casa cuando chocó con algo -contra alguien- y estuvo a punto de hacerlo reventar. Las palmas le sudaban, deseosas de hacer volar cualquier cosa por los aires.
—Yayoyoya —dijo, sin evitar su cara de asco. Ella dio un paso hacia atrás, como si acabase de ver una aparición.
—Bakugo-san —dijo, frunciendo el ceño. Llevaba el pelo suelto y una mini falda vaquera tan corta que parecía un cinturón; bajo la falda llevaba unas medias negras gruesas y ¿estaba maquillada, en serio?— ¿Qué haces aquí?
—¿Qué haces tú aquí?
—Yo eh... Bueno, voy a ayudar a Todoroki-san con los deberes de clase, y eso.
—Ya. Deberes —dijo, riendo con mala sangre. Fue interesante ver cómo la cara de ella alcanzaba las distintas tonalidades del rojo en un par de segundos—. Si has venido a darte el lote, lo siento pero no me va eso de mirar. Mejor déjalo para otro día.
—¿Perdona, cómo dices? —preguntó, con su voz educada de niña pija millonaria. Ah, Bakugo odiaba a los pijos con todo su ser. Era incluso posible que durante la escuela secundaria hubiese dirigido una pequeña brigada llamada Exterminapijos con la que amedrentaban a los niños de escuela privada de su vecindario. Sólo posible.
Bakugo emitió un soplido y cogió la mochila que había dejado junto a la entrada de la casa, volviendo a ponérsela sobre el hombro. De verdad que si le hubiesen dado a escoger, habría elegido veinte latigazos.
—¡MITAD Y MITAD! —gritó, mirándola a ella a los ojos—. ¡Tu follaamiga!
Todoroki apareció agarrado a su muleta, con la misma ropa que llevaba antes, solo que ahora también vestía un delantal y tenía manchas pegajosas en la cara. Manchas. Pegajosas. Qué jodido asco.
—Todoroki-san —dijo Yaoyoloquesea, bajando la cabeza en una reverencia pequeña, y sonrió. Bakugo la miró como si fuese de una especie desconocida. ¿De verdad estaba completamente roja como un tomate? ¿De verdad se sonrojaba viendo a ese idiota tullido todo sucio y con toda la pinta del abuelo de Goku?
—Yaoyorozu —saludó Todoroki. Él, por supuesto, ni se sonrojó ni mostró expresión alguna. Bakugo bufó ante el silencio.
—Me estoy meando —dijo en voz alta, mirando a Todoroki. Éste abrió más los ojos, comprendiendo, y señaló con la muleta el interior de la casa.
—Te indicaré dónde está el baño —dijo, con voz pausada—. Yaoyorozu, estoy con mi hermana en la cocina, es la primera puerta, esa que ves desde ahí.
—V-vale, muchas gracias —dijo ella, visiblemente nerviosa. ¿Nerviosa por qué? ¿Por ese subnormal? Bakugo la observó caminar por la engawa, pasando junto a Todoroki y, al fondo de la casa, frente a la puerta, vio cómo se deslcazaba con algo parecido a ¿elegancia?
Putos pijos, qué asco me dan.
—Ven —dijo Todoroki. Una sola palabra, una orden.
—Iré si me sale de los huevos —contestó, y en vez de seguirle se puso a su lado, a la par, porque no iba a ir detrás de él como un jodido perro.
Todoroki no le contestó, y le guió en silencio hasta puerta.
—Aquí —dijo, mostrándola. Parecía que iba a añadir algo más, pero no lo hizo. Le miró unos segundos y después se giró, cojeando de vuelta por la engawa y desapareciendo en lo que presumiblemente era la cocina.
Bakugo chistó y abrió la puerta con poca delicadeza.
Era -cómo no- uno de esos baños tradicionales donde estaba separado el retrete del ofuro, y la calidad de la madera era un grito mudo que decía "aquí cagamos dinero". Otra forma de ser pijo, distinto a la de Yaoyucosas. Una forma que le daba todavía más asco, porque era en plan "podria tener lo que quisiera pero quiero ser sencillo". Porque podéis elegir, hijos de puta. Como pequeña venganza personal, después de mear registró todos los cajones. No es que le interesase una mierda saber con que tipo de papel higiénico se limpiaba el culo Endeavor -bueno, en verdad eso igual sí le parecía interesante- pero seguro que al mitad y mitad le molestaba que lo hiciese. Podía oír la voz de Deku en su cabeza, "Kaaacchan por favor, ¡no está bien!". Ah, mosca cojonera.
Desodorante antitranspirante. Un secador de pelo. Unos cepillos de dientes. Peines de diferentes formas y tamaños. Pinzas. Una única cuchilla de afeitar. Compresas -aj, santo Dios-, Gomina -mierda, era de las caras. A lo mejor no pasaba nada si se echaba un pegotito en la cabeza; la suya no era tan buena. Nadie lo sabría jamás. Ah. Era mucho más resistente y logró en un segundo ese efecto puntiagudo total que tanto le molaba. Puto Endeavor. A lo mejor podría hacer las prácticas en su agencia. A lo mejor podría mandarle un mensaje en plan
"Eres un tío asqueroso y un padre de mierda pero si quieres ver a los villanos arder, yo soy mejor que tu hijo".
Sonrió al espejo imaginándose su cara. Porque era la verdad. Él era mejor que Todoroki.
—¡Bakugo-kun! —gritó la chica de pelos blancos, abrazándole. Otra vez. Por Dios. Ni su padre tenía tanto valor—. Toma, corta esta verdura. Momo-chan dijo que eras bueno en la cocina. Aunque no sé si serás mejor que mi hermanito.
Una llama se encendió en su pecho.
—Por supuesto que soy mejor —gruñó, arrebatándole las hortalizas de las manos y lanzando una mirada de odio a Todoroki. Pero no estaba mirando hacia él. Estaba en la encimera, codo con codo con Yaoyoyuya. Literal. Sus codos -mangas remangadas, los dos casi de la misma altura, el mitad y mitad un poco más alto- se rozaban. Ella hablaba todo el tiempo, y él estaba amasando algo. Bakugo quería cometer un millón de asesinatos, porque ¿qué tenía ese jodido bastardo, que encima era de dos-putos-colores? —. Oe, tú.
—Qué —dijo Todoroki, mirándole por encima del hombro. Esa cara de superioridad. Ese gesto, para matarlo a hostias. Estás cojo para lo que quieres, capullo.
—La pasta para soba no se amasa así.
—La hemos amasado así siempre, Bakugo-kun —dijo Fuyumi, sonriendo a su lado mientras le colocaba unos cuantos cuchillos de diferente tamaño junto a la tabla de madera.
—Pues siempre lo habéis hecho mal.
—Bakugo-kun, ¿por qué no te encargas tú del sushi y nosotros de esto? —propuso Yaoyoloquesea, sonriéndole. Bakugo quería matarla. A mí no me sonrías, que no soy tu puto amigo—. El que gane decidirá el plan para por la tarde.
—¿El plan? —preguntó Todoroki, confundido. Bakugo apretó los dientes en una mueca terrorífica.
—¡Qué guay! —gritó Fuyumi, dando un saltito.
—Pero luego no lloréis —gruñó Bakugo, remangándose el brazo derecho y empezando a cortar la verdura con rapidez profesional—. Os vais a cagar.
Ah, tenía una puta idea genial.
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***Spoiler***
Los tres primeros capítulos de este fic, que iba a ser una cosa corta y que acabé alargando porque soy un desastre en el asunto de calcular extensiones, los escribí antes de leer el arco nuevo del manga. Con lo cual, es evidente que algunas cosas que iniciaron ahí y que luego van desarrollándose "libremente" (no tengo guión definido, salvo cuatro cosas), van a ir adaptándose un poco para no quedar OoC pero como no puedo ir cambiando todo a medida que van pasando cosas en el manga, hay un alto riesgo de que muchas cosas, referentes a Endeavor, queden OoC para quien lleve el manga al día.
En el manga sigue un arco de redención (yo no lo llevo al día, pero sí bastante avanzado), y en mi fic, al menos por ahora, todavía está en fase "malvado", y me resulta complicado porque en mi mente ya está redimiéndose pero aquí tengo que hacer como que no XD Por otro lado, me encuentro haciendo equilibrismos para no ignorar la existencia de Touya y alejarme del canon, pero sin mencionarlo expresamente porque no quería. Pero es posible que acabe metiéndolo más adelante, si el anime sale en marzo y se desarrolla un poco su arco, porque ahora mismo es uno de mis personajes favoritos y me está doliendo ignorar que existe.
Sin embargo, ya digo, por ahora no voy a hablar de él abiertamente porque dije que no haría spoilers. Si no lo meto, probablemente acabe haciendo un fic para él. Porque es genial. Le adoramos.
Pero recordemos siempre: ama a Touya, odia el spoiler xD
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Gracias por leerme!
